10.5.26

El 5 % de crecimiento interanual registrado por el PIB chino en el primer trimestre indica que se ha revertido la desaceleración sostenida que se observó durante la segunda mitad de 2025... pero persiste el problema fundamental de una demanda efectiva insuficiente... El aspecto más sorprendente (y alentador) es la inversión en infraestructuras, cuyo crecimiento anual muestra un aumento explosivo... el gobierno puede no solo regular el crecimiento de la inversión en infraestructuras, sino también usarlo como herramienta de política para la estabilización macroeconómica, una estrategia anticíclica que ha demostrado ser eficaz... cuando en 2009 China puso en marcha su enorme paquete de estímulo por 586 000 millones de dólares, la estrategia fue promover el consumo a través de la inversión y usarlo como motor del crecimiento económico, sin un énfasis en el consumo de los hogares... La inversión en infraestructuras tiene un efecto multiplicador mucho mayor que el estímulo al consumo... genera en primer lugar nuevos ingresos para las empresas, y luego esas ganancias se amplifican al actuar el efecto multiplicador del consumo y sumarse la inversión privada. El resultado es un impulso mucho más fuerte a la economía en su conjunto... Además, no hay que preocuparse por un exceso de capacidad como resultado de una mayor inversión en infraestructuras, porque en cuanto cedan las presiones deflacionarias, el gobierno podrá moderar el ritmo de expansión de las infraestructuras para reducir la tasa de inversión y aumentar la tasa de consumo. A largo plazo, el crecimiento de la inversión y del consumo convergerán hacia el crecimiento potencial del PIB de modo tal que las tasas de inversión y consumo se mantengan en niveles socialmente aceptables y estables... la inversión total en infraestructuras en este plan quinquenal alcanzará la gigantesca cifra de 40 billones de yuanes, con una inversión media anual superior a los 7 billones de yuanes... la situación fiscal de China, su elevada propensión al ahorro, sus vastos activos sociales y sus tenencias netas positivas de activos extranjeros garantizan la financiación de estos proyectos. Es decir que el regreso estratégico de China a la estabilización del crecimiento basada en infraestructuras se justifica plenamente (Yu Yongding)

"El 5 % de crecimiento interanual registrado por el PIB chino en el primer trimestre indica que se ha revertido la desaceleración sostenida que se observó durante la segunda mitad de 2025. En marzo, el índice de precios al productor subió un 0,5 % interanual, tras 41 meses consecutivos en territorio negativo. Sin embargo, persiste el problema fundamental de una demanda efectiva insuficiente, de modo que es probable que las autoridades mantengan políticas fiscales y monetarias proactivas, sin perder de vista los efectos de las variaciones de precio del petróleo y otras perturbaciones externas.

El aspecto más sorprendente (y alentador) de la economía china en lo que va del año es la inversión en infraestructuras, cuyo crecimiento anual muestra un aumento explosivo, desde ‑2,2 % en el primer trimestre de 2025 a 8,9 % entre enero y marzo.

Esto diferencia a China de economías avanzadas como Estados Unidos y los países europeos, donde el énfasis de la política macroeconómica está puesto en el pleno empleo y la estabilidad de precios, sin atención a componentes de la demanda específicos. En este modelo, el consumo y la inversión son resultado de las decisiones de los hogares y de las empresas, que buscan maximizar utilidades y beneficios en un entorno macroeconómico dado, configurado por los tipos de interés, las condiciones de liquidez y el nivel general de ingresos y gastos fiscales.

La estructura institucional china, en cambio, permite al gobierno no solo regular el crecimiento de la inversión en infraestructuras, sino también usarlo como herramienta de política para la estabilización macroeconómica, una estrategia anticíclica que ha demostrado ser eficaz. Desde el inicio en 1978 de la era de «reforma y apertura», la respuesta de las autoridades chinas a una demanda efectiva insuficiente ha sido aumentar la inversión en infraestructuras (y reducirla durante períodos de sobrecalentamiento).

De modo que cuando en 2009 China puso en marcha su enorme paquete de estímulo por cuatro billones de yuanes (586 000 millones de dólares), la estrategia fue promover el consumo a través de la inversión y usarlo como motor del crecimiento económico, sin un énfasis directo en el consumo de los hogares. Así pues, la inversión en infraestructuras creció un 44 %, lo que permitió a China (a diferencia de las economías del G7) superar la crisis financiera global sin una caída del PIB. Entre 2007 y 2011, la participación de China en el PIB mundial aumentó del 6,2 % al 10,3 % a tipos de cambio actuales y del 11,5 % al 14,5 % en términos de paridad de poder adquisitivo.

Pero a pesar de haber superado a economías comparables tras la crisis de 2008, la estrategia de China produjo inevitables efectos secundarios, entre ellos construcciones innecesarias, elefantes blancos (proyectos de infraestructura costosos con escasa o nula utilidad), aumento del riesgo en el sistema bancario informal, endeudamiento desmesurado de los gobiernos locales y una burbuja inmobiliaria descontrolada.

Además, en opinión de muchos economistas el paquete de estímulo de 2009 fue un fracaso, lo que llevó a una reconsideración de la conveniencia de usar la inversión en infraestructuras como herramienta de estímulo económico. Con el tiempo se fue instalando la idea de que China está empantanada en un exceso de capacidad y que la construcción de infraestructuras llegó hace mucho al punto de saturación.

Pero entre fines de 2022 y principios de 2023 hubo un punto de inflexión importante, cuando el gobierno calificó como un problema grave la «demanda agregada insuficiente».

A partir de 2024, se puso en marcha una amplia variedad de políticas de estímulo al consumo, entre ellas subsidios y exenciones impositivas para renovación y compra de vehículos, vales para consumo, bonificaciones de intereses en préstamos para consumo personal, mejoras en la seguridad social y ayudas económicas para los sectores de bajos ingresos, además de subsidios para cultura, turismo y catering. Algunas de estas medidas ya existían desde antes en una escala mucho menor; pero en 2025, según cálculos de analistas de mercado, el presupuesto de estímulo al consumo alcanzó los 600 000‑700 000 millones de yuanes.

Pero a pesar de sus resultados positivos, estas políticas no lograron frenar la desaceleración de las ventas minoristas de 2025. El consumo de los hogares depende de los ingresos actuales, de las expectativas de ingresos futuros y del patrimonio familiar, de modo que en última instancia refleja el nivel de ingreso permanente. Sin un crecimiento constante de la renta disponible, una mejora de las expectativas de ingresos y el fin de la depreciación de la riqueza de los hogares, es difícil que estímulos transitorios puedan impulsar un crecimiento del consumo firme y duradero. Aunque una expansión mucho mayor de los subsidios al consumo y de las ayudas en efectivo podría elevar el gasto de los hogares a corto plazo, sería un crecimiento insostenible con probable efecto inflacionario más adelante.

La inversión en infraestructuras, en cambio, tiene un efecto multiplicador mucho mayor que el estímulo al consumo, como han demostrado numerosos estudios empíricos en China y el extranjero. La inversión estatal en infraestructuras genera en primer lugar nuevos ingresos para las empresas, y luego esas ganancias se amplifican al actuar el efecto multiplicador del consumo y sumarse la inversión privada. El resultado es un impulso mucho más fuerte a la economía en su conjunto.

Además, no hay que preocuparse por un exceso de capacidad como resultado de una mayor inversión en infraestructuras, porque en cuanto cedan las presiones deflacionarias, el gobierno podrá moderar el ritmo de expansión de las infraestructuras para reducir la tasa de inversión y aumentar la tasa de consumo. A largo plazo, el crecimiento de la inversión y del consumo convergerán hacia el crecimiento potencial del PIB de modo tal que las tasas de inversión y consumo se mantengan en niveles socialmente aceptables y estables.

Y sobre todo, modificar los niveles de inversión es solo una de las herramientas de China. Para tener participación plena en la Cuarta Revolución Industrial (digitalización e inteligencia artificial), unirse a los países moderadamente desarrollados en términos de ingreso per cápita en 2035 y proteger la seguridad nacional en un contexto geopolítico complejo, el 15.º Plan Quinquenal incluye un programa estratégico para la construcción de un sistema de infraestructuras moderno.

Este sistema estará compuesto por seis grandes redes nacionales: transporte integral, energía, conservación hídrica, tecnologías de la información y las comunicaciones de nueva generación, potencia de cómputo nacional integrada y canalizaciones urbanas subterráneas. Los pronósticos del mercado sugieren que la inversión total en infraestructuras en este plan quinquenal alcanzará la gigantesca cifra de 40 billones de yuanes, con una inversión media anual superior a los 7 billones de yuanes.

El impulso de crecimiento derivado de semejante gasto en infraestructuras es evidente, y la situación fiscal de China, su elevada propensión al ahorro, sus vastos activos sociales y sus tenencias netas positivas de activos extranjeros garantizan la financiación de estos proyectos. Es decir que el regreso estratégico de China a la estabilización del crecimiento basada en infraestructuras se justifica plenamente. A pesar de los desafíos institucionales y operativos presentes, nada impide a China alcanzar una tasa de crecimiento anual del PIB de entre el 4,5 % y el 5 % en 2026." 

(fuente Project Syndicate 

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