8.11.11

"Los impuestos altos no entorpecen el crecimiento y los impuestos bajos no lo estimulan"

"Mito nº3: La mejor forma de hacer crecer la economía es reducir los impuestos

Los impuestos han sido el tema tabú de la política norteamericana desde la revuelta de los impuestos de California en 1978. Incluso los demócratas se ponen nerviosos cuando les toca hablar de ello: el presidente Obama hizo un llamado famoso para que se permitiera el vencimiento de los recortes de impuestos de Bush, pero siempre ha sido muy precavido y ha dejado claro que no cambiará las tasas impositivas para nadie que gane menos de 250.000 dólares al año. En otras palabras, que revocará menos de un cuarto de los recortes de impuestos de Bush.

Es fácil de entender este miedo. A nadie le gusta pagar impuestos más altos. Pero, ¿realmente los impuestos bajos estimulan el crecimiento económico? Bruce Barlett, un economista de la administración Reagan, ha comparado las tasas impositivas en distintos países ricos en 1979 con su crecimiento económico desde entonces. ¿Cuál es su conclusión? No existe virtualmente ninguna correlación.

La historia reciente de los EEUU también apoya esta teoría. Bill Clinton incrementó las tasas impositivas en 1993 y los republicanos insistieron en que ello paralizaría la economía. Muy al contrario, la economía experimentó un tremendo auge. En 2001 y 2003, George W. Bush rebajó los impuestos y los republicanos insistieron en que la economía prosperaría.

En cambio, experimentamos la expansión más débil del último siglo. Los republicanos simplemente están equivocados en lo que a impuestos se refiere: dentro de lo razonable, los impuestos altos no entorpecen el crecimiento y los impuestos bajos no lo estimulan. (...)

Mito nº6: Si liberamos a los ricos de sus grilletes, ellos reanimarán la economía.

Hay que pensar en éste como el gran supermito, el que de verdad subyace a tantas otras falacias. Durante décadas, las políticas económicas norteamericanas se han basado en la falsa idea de que la única forma de estimular la economía es proporcionando alimento a las empresas y a los ricos.

Los republicanos han insistido hasta la saciedad en que necesitamos rescatarlos, disminuir sus impuestos, permitirles repatriar miles de millones en forma de beneficios en el extranjero y liberarles de las molestas intromisiones del gobierno. Si no lo hacemos, los “creadores de trabajo”
seguirán desanimados y la economía anquilosada.

Pero hay un hecho un tanto fastidioso que ni las corporaciones norteamericanas ni el Partido Republicano están anunciando con sus acostumbrados bombo y platillo: Los beneficios netos de las corporaciones están actualmente en su máximo histórico.

El problema al que se enfrentan las empresas no es la falta de líquido, sino más bien la falta de confianza del consumidor que afectará a la demanda en el futuro. Es decir, que no están expandiéndose o contratando al ritmo que deberían.

Los más adinerados no crean puestos de trabajo cuando les proporcionamos grandes ganancias inesperadas. Crean puestos de trabajo cuando la economía crece y tienen clientes para sus negocios. La clave a la resolución de tal problema, por lo menos durante una profunda depresión económica como la que estamos viviendo, es centrarse como un láser en mayor estímulo, dinero más fácil, mayor inflación y una moneda más débil. A no ser que queramos volver a vivir en 1937 una y otra y otra vez. Como dijo Bill Murray, “Cualquier cosa distinta será mejor”. (Sin Permiso, '¡Que los ricos creen puestos de trabajo! 6 mitos')

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