"(...) El 63% de las personas ocupadas a final de 2014 expresaba, según datos
de la EPA, que trabajan a tiempo parcial porque no hay otra opción.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), España es
uno de los países de Europa con más trabajo a tiempo parcial no deseado,
donde el 29,6% de las personas con estos contratos no los quieren.
Es el caso de Rafa, “condenado” a sus 20 horas semanales por imposición del mercado laboral. Con 28 años, no ha tenido opción a independizarse ni previsión de ello en un futuro a corto plazo. “Hace años pensaba que con mi edad tendría mi casa, mi trabajo y hasta una familia. Pasan los años y ves que no tienes nada”.
Estudió un grado superior de la rama sanitaria que no le aportó ninguna salida laboral. “En Madrid no salen oposiciones desde el 2003. La bolsa de trabajo está cerrada y cuando la abren tienes que tener méritos. Te van dando puntos por experiencia. Si no te dan la opción, difícilmente podrás tenerla. Es un sinsentido”.
Cansado de entregar currículums, de los que sospecha que no eran leídos, decidió seguir formándose. En esta ocasión, tampoco hubo suerte. “En la empresa donde hice las prácticas estaban muy contentos conmigo, pero no había opción de contratarme porque justo acababan de hacer un ERE. Si hubiese sido hace años, ahora estaría allí, trabajando de lo mío, de lo que me gusta, y no en un hipermercado por 400€ al mes”, declara.
La suya es una generación castigada. Dicen que la mejor preparada de la historia. Pese a ello, las únicas puertas que se abren son las de la precariedad. Rafa lleva dos años de empleo en empleo —en los últimos meses ha pasado por cinco—, se conoce casi todas las ETT y ha hecho un máster en compaginar varios trabajos a la vez. Ha fregado platos, preparado pedidos y doblado ropa.
Es el caso de Rafa, “condenado” a sus 20 horas semanales por imposición del mercado laboral. Con 28 años, no ha tenido opción a independizarse ni previsión de ello en un futuro a corto plazo. “Hace años pensaba que con mi edad tendría mi casa, mi trabajo y hasta una familia. Pasan los años y ves que no tienes nada”.
Estudió un grado superior de la rama sanitaria que no le aportó ninguna salida laboral. “En Madrid no salen oposiciones desde el 2003. La bolsa de trabajo está cerrada y cuando la abren tienes que tener méritos. Te van dando puntos por experiencia. Si no te dan la opción, difícilmente podrás tenerla. Es un sinsentido”.
Cansado de entregar currículums, de los que sospecha que no eran leídos, decidió seguir formándose. En esta ocasión, tampoco hubo suerte. “En la empresa donde hice las prácticas estaban muy contentos conmigo, pero no había opción de contratarme porque justo acababan de hacer un ERE. Si hubiese sido hace años, ahora estaría allí, trabajando de lo mío, de lo que me gusta, y no en un hipermercado por 400€ al mes”, declara.
La suya es una generación castigada. Dicen que la mejor preparada de la historia. Pese a ello, las únicas puertas que se abren son las de la precariedad. Rafa lleva dos años de empleo en empleo —en los últimos meses ha pasado por cinco—, se conoce casi todas las ETT y ha hecho un máster en compaginar varios trabajos a la vez. Ha fregado platos, preparado pedidos y doblado ropa.
“Hace tiempo que no tengo un contrato a
tiempo completo y mucho menos indefinido. Eso ahora es un mito. En mi
trabajo actual me hacen contratos de tres meses, cuando se me
acaba estoy sin trabajar 15 días o un mes y me vuelven a llamar. Cuando
esos contratos sumen el año, significará que me tienen que hacer
indefinido y como es algo que está en desuso me echarán y a buscar otra
cosa”, augura.
El panorama actual ha hecho que las esperanzas se hayan perdido y las
ambiciones quedado en el camino. “No pido mucho. Sólo que me amplíen la
jornada y llegar a los 800€. Antes esto era impensable. ¿Quién iba a trabajar por 400€?
Muchos decían que por menos de 700€ no se movían.
Se consideraba a los
mileuristas mal pagados, ahora eso es un lujo”, admite. Aun así, no será
suficiente para la emancipación. Rafa lo tiene claro: “Sin trabajo fijo
no se puede optar a un alquiler, y mucho menos a una hipoteca, eso ya
es impensable. Lo primero que te van a pedir es un aval. La
inestabilidad que hay ha creado desconfianza. Nadie te va a dar
oportunidades sin garantías”, asegura.
De los que sueñan con independizarse a los que han visto truncada la realidad. “Después de casi 10 años fuera de casa de mis padres, he vuelto hace unos meses”. Es la voz de Manuel. Tiene la misma edad que Rafa, pero la diferencia es que él sí ha tenido suerte en su profesión.
De los que sueñan con independizarse a los que han visto truncada la realidad. “Después de casi 10 años fuera de casa de mis padres, he vuelto hace unos meses”. Es la voz de Manuel. Tiene la misma edad que Rafa, pero la diferencia es que él sí ha tenido suerte en su profesión.
Es maestro de Audición y Lenguaje y ejerce como tal. Desde su época de
estudiante compartía piso a las afueras de la capital. Para ello había compaginado siempre dos trabajos, pero con la constante “inseguridad de cuánto me durarían”. Y la racha
acabó. Manu, que así le llaman, practica la teoría de la inmovilidad
por miedo. “No puedo arriesgarme a cambiar de trabajo por uno de jornada
completa porque los que hay son temporales y en el que estoy, aunque
sean 20 horas, por lo menos soy fijo”, afirma.
Aunque las cifras reflejen la creación de empleo, la cantidad de puestos de trabajo es inversamente proporcional a la calidad del mismo. Además del crecimiento de la jornada a tiempo parcial por imposición, se ha reducido la duración media de los contratos, de los 80 días al inicio de la crisis a poco más de los 50 actuales, y han aumentado las personas con una prestación inferior al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), fijado en 648€ para 2015, uno de los más bajos de Europa.
“Espero que las cosas cambien, pero lo veo difícil”, señala Leire, otra víctima de la parcialidad involuntaria. Ella se ha incorporado al mercado laboral hace unos meses, con la ilusión de trabajar en lo que le gusta. Con un contrato de cuatro horas, cobra 430€ al mes en una guardería. “Es poco, pero aquí y en otros sitios. Si no lo quieres tú lo van a coger otros. Es lo que hay”, sostiene.
Aunque las cifras reflejen la creación de empleo, la cantidad de puestos de trabajo es inversamente proporcional a la calidad del mismo. Además del crecimiento de la jornada a tiempo parcial por imposición, se ha reducido la duración media de los contratos, de los 80 días al inicio de la crisis a poco más de los 50 actuales, y han aumentado las personas con una prestación inferior al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), fijado en 648€ para 2015, uno de los más bajos de Europa.
“Espero que las cosas cambien, pero lo veo difícil”, señala Leire, otra víctima de la parcialidad involuntaria. Ella se ha incorporado al mercado laboral hace unos meses, con la ilusión de trabajar en lo que le gusta. Con un contrato de cuatro horas, cobra 430€ al mes en una guardería. “Es poco, pero aquí y en otros sitios. Si no lo quieres tú lo van a coger otros. Es lo que hay”, sostiene.
Si se suman las horas extra que hace y no cotiza, también involuntariamente, llega con suerte a los 600€.
Vive con sus padres y por ahora no tiene pensado independizarse.
“Primero quiero ahorrar, algo que ahora no me puedo permitir, y segundo,
con esta inestabilidad uno no se puede mover.
Los trabajos que se
generan son temporales y no dan seguridad. Se crea empleo, pero puede
que dentro de dos meses ya no lo tengas. No quiero tener que volver a
casa de mis padres”, relata.
Espera poder ascender de horas en los próximos meses, mientras tanto va buscando otra cosa “por si acaso”, aunque la experiencia le dice que no descubrirá nada nuevo.
Los afortunados con trabajos a tiempo completo tampoco viven una situación más esperanzadora. Elisa es una de esas privilegiadas que llegan a los 800€ al mes “y da gracias”.
Espera poder ascender de horas en los próximos meses, mientras tanto va buscando otra cosa “por si acaso”, aunque la experiencia le dice que no descubrirá nada nuevo.
Los afortunados con trabajos a tiempo completo tampoco viven una situación más esperanzadora. Elisa es una de esas privilegiadas que llegan a los 800€ al mes “y da gracias”.
A cambio, trabaja 48 horas
a la semana en una zapatería, aunque en su contrato estén establecidas
40. “No quiero preguntar porque soy nueva y mi contrato es temporal”,
afirma. “Se aprovechan del obrero, te dicen que hay que hacer las horas sin cobrarlas y lo haces. Como tenemos necesidades no nos queda otra que aguantar”.
Su madre pertenece a esa generación de mujeres que no trabajaban por imposición del hombre y ahora, casi sexagenarias, encuentran en la búsqueda de empleo una misión imposible. Elisa, con 26 años, se ha convertido en la sustentadora de la familia. “Llevamos en esta situación desde hace unos meses. Hemos ido tirando porque yo tenía algo ahorrado. Veremos a ver a partir de ahora”, concluye." (Público, 12/02/2015)
Su madre pertenece a esa generación de mujeres que no trabajaban por imposición del hombre y ahora, casi sexagenarias, encuentran en la búsqueda de empleo una misión imposible. Elisa, con 26 años, se ha convertido en la sustentadora de la familia. “Llevamos en esta situación desde hace unos meses. Hemos ido tirando porque yo tenía algo ahorrado. Veremos a ver a partir de ahora”, concluye." (Público, 12/02/2015)
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