28.3.25

El Parlamento israelí aprueba un proyecto de ley que somete los nombramientos judiciales a control político... El proyecto de ley sustituirá a los representantes del Colegio de Abogados israelí por abogados designados por la coalición gobernante y la oposición, y otorgará a los políticos poder de veto sobre los nombramientos de los tribunales inferiores (Middle East Eye)

 "La Knesset de Israel ha aprobado un proyecto de ley que permite un mayor control político sobre el nombramiento de jueces, lo que reduce de hecho el poder del Tribunal Supremo.

La medida, que entrará en vigor tras las elecciones generales de octubre de 2026, supone la primera vez en la historia de Israel que el proceso de selección de jueces estará controlado por políticos.
    
Cambiará la composición del comité de nueve miembros que selecciona a los jueces, formado por jueces, legisladores y representantes del colegio de abogados, y supervisado por el ministro de Justicia.

El proyecto de ley sustituirá a los representantes del Colegio de Abogados israelí por abogados designados por la coalición gobernante y la oposición, y otorgará a los políticos poder de veto sobre los nombramientos de los tribunales inferiores.

También eliminará cualquier influencia de los tres jueces que forman parte del comité que supervisa los nombramientos para el Tribunal Supremo.

El comité está tramitando actualmente peticiones contra la destitución por el primer ministro Benjamin Netanyahu del jefe del Shin Bet, Ronen Bar, y el nuevo nombramiento de Itamar Ben Gvir como ministro de Seguridad Nacional.

El proyecto de ley fue aprobado casi por unanimidad después de que la oposición boicoteara la votación, con 67 votos a favor y 1 en contra.

 El ministro de Justicia, Yariv Levin, impedirá al comité nombrar nuevos jueces hasta que la ley entre en vigor, lo que dejará al país con sólo 11 magistrados del Tribunal Supremo, por debajo de los 15 que lo componen.

Los líderes de la oposición en la Knesset condenaron la ley, afirmando que su único objetivo es «garantizar que los jueces estén sometidos a la voluntad de los políticos».

«Esto ocurre mientras 59 rehenes siguen retenidos en Gaza. En lugar de centrar todos los esfuerzos en traerlos de vuelta a casa y sanar las divisiones de la nación, este gobierno se dedica una vez más a la misma legislación que dividió a la opinión pública antes del 7 de octubre», añadieron.

Una «dirección peligrosa

Poco después de su aprobación, los partidos de la oposición y un organismo de control del gobierno presentaron ante el Tribunal Superior de Justicia una serie de recursos contra el proyecto de ley.

En una de ellas, el partido Yesh Atid, del líder de la oposición Yair Lapid, declaró que la aprobación de la ley «no es una enmienda, sino la erradicación de todo un sistema».

El presidente del partido Unidad Nacional y ex miembro del gabinete de guerra, Benny Gantz, advirtió a los legisladores antes de la votación que la nación se dirigía en una «dirección peligrosa».

Mientras tanto, miles de israelíes se congregaron frente a la Knesset para protestar contra la legislación.

Antes de octubre de 2023, el gobierno de Netanyahu impulsó un paquete de proyectos de ley que pretendían reformar el sistema judicial, lo que provocó protestas masivas en todo el país.

 El 1 de enero de 2024, el Tribunal Supremo anuló la controvertida legislación aprobada por el gobierno en julio de 2023 que eliminaba la capacidad del tribunal para anular decisiones gubernamentales.

La legislación eliminaba la cláusula de razonabilidad del Tribunal Supremo, una facultad otorgada al tribunal para anular resoluciones gubernamentales consideradas irrazonables.

El partido político del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el Likud, calificó de desafortunada la decisión del tribunal y dijo que se oponía a «la voluntad de unidad del pueblo, especialmente en tiempos de guerra».

Netanyahu está siendo juzgado por corrupción. Desde que fue acusado en 2019, ha arremetido públicamente contra el sistema judicial, calificándolo de parcial en su contra."

(Middle East Eye, 27/03/25, traducción DEEPL)

Occidente: el nuevo fascismo... Occidente ha decidido que no sólo va a financiar el genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino, a declarar la guerra a cualquier país u organización que intente frenar la masacre y bloquear toda iniciativa en el marco de Naciones Unidas que busque detener la maquinaria de exterminio de Tel Aviv. Ahora también se criminalizará y perseguirá a quien denuncie estas atrocidades, suprimiendo la libertad de expresión... Ante los ojos del mundo, se ha instalado un consenso fascista-sionista con el que se justifica la clausura de las libertades de expresión, de reunión, de movimiento, de manifestación y de pensamiento... En Estados Unidos, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha terminado cualquier disimulo en el embate contra la libertad de expresión... Como resultado, Columbia, donde una parte de la comunidad estudiantil se había negado a voltear la mirada mientras tiene lugar la más atroz limpieza étnica del siglo, se comprometió a militarizar sus instalaciones, designar a un censor en sus departamentos de estudios de relaciones con Medio Oriente, cambiar sus políticas de admisión y expulsar a estudiantes o académicos críticos. Alemania ha seguido un camino similar, normalizando expresiones de odio que hace poco nadie habría imaginado fuera de los círculos de la extrema derecha. En este país, que rivaliza con Washington en su apoyo a Tel Aviv y donde la islamofobia está siempre latente bajo las buenas maneras cultivadas por la clase política y los grandes medios, se han girado instrucciones para que las escuelas persigan toda manifestación verbal de apoyo a la resistencia del pueblo palestino... Hoy las principales víctimas son el pueblo palestino, sus simpatizantes y las personas migrantes no blancas, incluso las que cuentan con documentos. Sin embargo, ya ha iniciado el embate contra las mujeres, el colectivo de la diversidad sexual, los afroestadunidenses y otros grupos que no deberían esperar a un recrudecimiento de la intolerancia para tejer redes de solidaridad y resistencia (Editorial de La Jornada)

 "Occidente ha decidido que no sólo va a financiar el genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino, a declarar la guerra a cualquier país u organización que intente frenar la masacre y bloquear toda iniciativa en el marco de Naciones Unidas que busque detener la maquinaria de exterminio de Tel Aviv. Ahora también se criminalizará y perseguirá a quien denuncie estas atrocidades, suprimiendo la libertad de expresión de toda persona que conserve la suficiente humanidad para condolerse con los niños, mujeres y ancianos destrozados por las bombas, con los recién nacidos que mueren entre los escombros, con los periodistas cazados sistemáticamente, con los cineastas linchados por turbas de sionistas fanáticos, con un pueblo entero humillado por las burlas de sus asesinos.

En Estados Unidos, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha terminado cualquier disimulo en el embate contra la libertad de expresión. El secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que se han cancelado las visas de más de 300 personas por participar en protestas contra el genocidio, y amenazó con expulsar del país a todo extranjero que exprese su disidencia con el gobierno israelí. En los últimos días la policía ha secuestrado a Mahmoud Khalil y Rumeysa Ozturk e iniciado trámites para deportarlos por sus posturas políticas, pese a que el primero cuenta con una residencia permanente. Asimismo, Trump anunció que retiraría fondos federales a todas las instituciones educativas que no tomen medidas para imponer el sionismo como pensamiento único en sus campus. Como resultado, Columbia, donde una parte de la comunidad estudiantil se había negado a voltear la mirada mientras tiene lugar la más atroz limpieza étnica del siglo, se comprometió a militarizar sus instalaciones, designar a un censor en sus departamentos de estudios de relaciones con Medio Oriente, cambiar sus políticas de admisión y expulsar a estudiantes o académicos críticos.

Alemania ha seguido un camino similar, normalizando expresiones de odio que hace poco nadie habría imaginado fuera de los círculos de la extrema derecha. En este país, que rivaliza con Washington en su apoyo a Tel Aviv y donde la islamofobia está siempre latente bajo las buenas maneras cultivadas por la clase política y los grandes medios, se han girado instrucciones para que las escuelas persigan toda manifestación verbal de apoyo a la resistencia del pueblo palestino. A las personas se les puede impedir la libre circulación por portar la kufiya, la prenda icónica de Palestina, que, como todos los símbolos de dicha nación, son calificados por las autoridades como una apología del terrorismo en lo que constituye una estigmatización por motivos étnicos y religiosos de la que se supondría más precavida a la sociedad alemana. Con diversos matices, la islamofobia y la feroz persecución contra los denunciantes del genocidio se repiten en todo Occidente.

Ante los ojos del mundo, se ha instalado un consenso fascista-sionista con el que se justifica la clausura de las libertades de expresión, de reunión, de movimiento, de manifestación y de pensamiento. La principal responsable de hacer frente a este oscurantismo es la sociedad estadunidense, cuya aceptación de la Ley Patriótica promulgada en 2001 por George W. Bush la condenó a sí misma, pero también al resto del planeta, a una degradación de las libertades que hoy se encuentra totalmente naturalizada. Debe recordarse que esa ley habilita la detención indefinida de personas sospechosas de terrorismo sin necesidad de presentar cargos formales, otorga a las agencias gubernamentales amplios poderes para realizar vigilancia electrónica y acceder a registros financieros y de comunicación de ciudadanos estadunidenses sin una orden judicial. El espionaje fuera de Estados Unidos ya era una actividad rutinaria de Washington, y lo sigue siendo.

En suma, es necesario reconocer que la regresión desatada por el trumpismo se inscribe en una larga erosión de las libertades en nombre de la seguridad nacional y el combate a enemigos reales o imaginarios, en una senda prohibicionista que se asemeja de manera notoria al macartismo de la guerra fría. Hoy las principales víctimas son el pueblo palestino, sus simpatizantes y las personas migrantes no blancas, incluso las que cuentan con documentos. Sin embargo, ya ha iniciado el embate contra las mujeres, el colectivo de la diversidad sexual, los afroestadunidenses y otros grupos que no deberían esperar a un recrudecimiento de la intolerancia para tejer redes de solidaridad y resistencia."

(Editorial de La Jornada, 28/03/25)

En medio de un asedio total y bombardeos masivos, los habitantes de Gaza están al borde de la inanición mientras buscan comida, agua y productos básicos... Los residentes han recurrido a la búsqueda de plantas silvestres para sobrevivir... Tras la muerte de su marido en un ataque aéreo israelí, Taghreed al-Habeel es la única que mantiene a su familia de siete miembros. «No tenemos otra opción. Vivíamos de comida enlatada, pero ya no queda nada. No podemos comprar verduras en el mercado porque los precios son una locura. Ahora buscamos plantas silvestres como la malva y la verdolaga para llenar la barriga de nuestros hijos»... Ali Musbah se encontró una tortuga marina arrastrada por las olas. La desesperación le llevó a sacrificarla y comérsela. «La tortuga pesaba unos 50 kilos. Conseguí sacarle entre 5 y 6 kilos de carne. Mi mujer la cocinó como un shawarma, y compartimos la comida con otras cinco familias desplazadas hambrientas... Sé que la tortuga es una especie en peligro de extinción, pero el hambre es más cruel que la culpa. Yo no elegí este camino, nos lo impusieron»... El acceso al agua también se ha restringido gravemente, ya que Israel ha atacado pozos de agua y redes de alcantarillado, provocando sed generalizada y brotes de enfermedades (Rasha Abou jalal, Gaza)

 "GAZA CITY-Wael al-Masri está sentado sobre los escombros de un edificio derruido y observa cómo sus hijos adolescentes se esfuerzan por sujetar una lámina de plástico para crear algún tipo de magro refugio. En medio de la reanudación por parte de Israel de su campaña de tierra quemada iniciada el 18 de marzo, este hombre de 52 años se vio obligado a huir con su familia de Beit Hanoun, en el extremo nororiental de Gaza, a la ciudad de Gaza el 21 de marzo.

«Antes vivíamos seguros en nuestra casa, y ahora vivimos sobre los escombros de las casas destruidas. No tenemos electricidad, ni agua, ni siquiera un cuarto de baño privado», declaró al-Masri a Drop Site News.

Durante la última semana, las calles de los barrios occidentales de la ciudad de Gaza se han transformado en un denso laberinto de tiendas de campaña, con tendederos que se entrecruzan entre ellas y la cacofonía de las voces de los niños llenando el aire. Según las Naciones Unidas, entre el 18 y el 23 de marzo más de 142.000 personas se vieron desplazadas en Gaza. Muchos viven ahora en la calle y necesitan desesperadamente alimentos, agua potable y refugio básico.

Samar, la esposa de Wael, estaba sentada frente a su tienda de campaña, intentando encender un pequeño montón de leña para cocinar las sobras de arroz que le había dado una familia vecina. «Dormimos en el suelo, sin colchones ni mantas. Cuando llueve, la tienda se inunda», dice mientras se esfuerza por encender el fuego. «No tenemos nada con lo que tapar a los niños, salvo nuestra ropa vieja».

 Señaló las aguas residuales que se extienden por las calles y alrededor de las tiendas como resultado de la destrucción sistemática de la infraestructura civil por parte de Israel. «El mal olor nos asfixia», afirmó. «Sólo queremos sentirnos humanos: beber agua limpia, que nuestros hijos duerman con el estómago lleno. ¿Es mucho pedir?».

El ejército israelí ha matado a más de 830 palestinos en Gaza desde el 18 de marzo, entre ellos más de 320 niños, según el Ministerio de Sanidad. La gobernación de Gaza, donde se encuentra la ciudad de Gaza, ha registrado el mayor número de víctimas: más de 250 muertos y casi 500 heridos.

Además de los bombardeos aéreos y de artillería, el ejército israelí ha emitido nuevas órdenes de desplazamiento en zonas de toda Gaza -incluidas Beit Hanún, Beit Lahia, Rafah y Yabaliya- que abarcan un total de 55 kilómetros cuadrados, o el 15% de la Franja de Gaza, según la ONU.

El miércoles, el ejército israelí emitió nuevas órdenes para que la población huyera de varios barrios de la ciudad de Gaza, entre ellos Zeitoun al-Gharbi, Tal al-Hawa y Sheikh Ajlin, inmediatamente al sur de los barrios a los que se desplazaron recientemente la familia al-Masri y miles de personas más.

El ejército israelí también ha vuelto a desplegarse a lo largo de la parte oriental y central del «corredor de Netzarim», anunciando que sólo se permite la circulación entre el norte y el sur de Gaza a través de la carretera costera de Al Rashid.

 Además de los bombardeos y los desplazamientos forzosos, el asedio israelí está descontrolando rápidamente una crisis humanitaria cada vez mayor. Desde el 2 de marzo, el gobierno israelí ha prohibido la entrada de ayuda humanitaria y de cualquier otro tipo de suministros por todos los pasos fronterizos de Gaza, el cierre más prolongado desde octubre de 2023.

El bloqueo total ha agotado gravemente los suministros médicos y los medicamentos disponibles y ha cortado el combustible para que los generadores produzcan electricidad. Esto ha provocado una escasez extrema de alimentos, lo que ha disparado los precios de los productos básicos.

Debido a estas condiciones económicas tan desfavorables, los mercados locales han aumentado drásticamente los precios de las verduras, y la carne y las aves de corral se han vuelto completamente inaccesibles. El precio de las patatas, por ejemplo, se ha disparado de 4 shekels (1,1 $) por kilo a 45 shekels (13 $), mientras que las cebollas subieron de 6 shekels (1,7 $) a 35 shekels (10 $) por kilo.

Los residentes han recurrido a la búsqueda de plantas silvestres para sobrevivir. Tras la muerte de su marido en un ataque aéreo israelí en la ciudad de Gaza en junio, Taghreed al-Habeel, de 42 años, es la única que mantiene a su familia de siete miembros. «No tenemos otra opción», dijo a Drop Site. «Vivíamos de comida enlatada, pero ya no queda nada. No podemos comprar verduras en el mercado porque los precios son una locura. Ahora buscamos plantas silvestres como la malva y la verdolaga para llenar la barriga de nuestros hijos», explica. «Mis hijos me preguntan cuándo volveremos a comer pollo o carne, y no tengo respuesta».

 El Programa Mundial de Alimentos advirtió el jueves de que cientos de miles de personas en Gaza «corren el riesgo de padecer hambre y desnutrición extremas a medida que disminuyen las reservas de alimentos humanitarios en la Franja y las fronteras permanecen cerradas a la ayuda. Mientras tanto, la expansión de la actividad militar en Gaza está perturbando gravemente las operaciones de asistencia alimentaria y poniendo cada día en peligro la vida de los trabajadores humanitarios».

El asfixiante asedio ha empujado a la gente a buscar otras fuentes de alimentos no convencionales. Tras la destrucción de su hogar en la guerra, Ali Musbah, un joven desplazado a una tienda de campaña cerca de la costa al oeste de la ciudad de Gaza, se encontró hace poco con una tortuga marina arrastrada por las olas. La desesperación le llevó a sacrificarla y comérsela.

«La tortuga pesaba unos 50 kilos», dijo Musbah a Drop Site. «Conseguí sacarle entre 5 y 6 kilos de carne. Mi mujer la cocinó como un shawarma, y compartimos la comida con otras cinco familias desplazadas hambrientas.»

Musbah trabajaba como pescador antes de la guerra. «Solíamos pescar pescado fresco, gambas y calamares. Ahora, sólo soñamos con ellos», dijo. «Con la pesca prohibida y los pasos cerrados, lo único que nos queda son conservas llenas de conservantes que han destrozado nuestra salud».

«Sé que la tortuga puede ser una especie en peligro de extinción», añadió. «Pero el hambre es más cruel que la culpa. Yo no elegí este camino: nos lo impusieron».

 El bloqueo ha provocado el cierre de panaderías y cocinas debido a la falta de gas para cocinar, mientras que la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) dijo que las reservas de harina que le quedaban sólo durarían unos días más.

«Cada día que pasa sin la entrada de ayuda significa que más niños se acuestan con hambre, las enfermedades se extienden y las privaciones se agravan», dijo Philippe Lazzarini, director de la UNRWA, en un comunicado. «Cada día sin alimentos acerca a Gaza a una crisis aguda de hambre».

Mientras tanto, el diezmado sistema sanitario de Gaza, que ha sido blanco sistemático del ejército israelí, se esfuerza por hacer frente a cientos de víctimas, a una grave disminución de las reservas médicas y a la falta de equipos, unidades de sangre y personal. El Ministerio de Sanidad de Gaza ha declarado que el 80% de los pacientes de Gaza no pueden encontrar los medicamentos más básicos. El domingo, las fuerzas israelíes bombardearon una unidad quirúrgica del Hospital Nasser de Khan Younis, el mayor hospital en funcionamiento de Gaza, matando a dos personas, entre ellas un muchacho de 16 años.

 El acceso al agua también se ha restringido gravemente, ya que Israel ha atacado pozos de agua y redes de alcantarillado, provocando sed generalizada y brotes de enfermedades. Una declaración conjunta de la Autoridad Palestina del Agua y la Oficina Central Palestina de Estadística informó de que Israel ha destruido más del 85% de las instalaciones de agua y saneamiento de Gaza, total o parcialmente, dejándolas inoperativas. El 9 de marzo, Israel también cortó el suministro de electricidad a Gaza, lo que obligó a una importante planta desalinizadora a reducir drásticamente su producción de agua, limitando gravemente la cantidad de agua potable disponible para 600.000 personas en Deir al Balah y Khan Younis.

La Oficina de Medios de Comunicación del Gobierno advirtió del aumento de las tasas de hambre y desnutrición como consecuencia del bloqueo israelí. «La Franja de Gaza está al borde de una catástrofe humanitaria en medio del genocidio en curso y del silencio internacional», afirmó la oficina gubernamental en un comunicado. «Esta política agrava el empeoramiento de la crisis, en un momento en que nuestro pueblo palestino sufre una política sistemática de hambruna»."

( Rasha Abou jalal , blog, 27/03/25, traducción DEEPL)

Cousas veredes... Estados Unidos luchará para que Europa acate la exigencia de Putin de dejar de armar a Ucrania... Es posible un compromiso por el cual Estados Unidos presione a los europeos para que almacenen sus armas destinadas a Ucrania en Polonia y Rumanía para su rápido envío a través de la frontera si las hostilidades vuelven a estallar en algún momento después de que se acuerde un alto el fuego, un armisticio o un tratado de paz (Andrew Korybko)

 "El comunicado oficial del Kremlin sobre la última llamada telefónica de Putin con Trump compartía la exigencia de Putin de que «el cese total de la ayuda militar extranjera y de la inteligencia a Kiev debe convertirse en la condición clave para evitar una escalada del conflicto y avanzar hacia su resolución». La suspensión temporal de dicha ayuda por parte de Trump demuestra que tiene la voluntad política de cortarla definitivamente si obtiene lo que quiere de las negociaciones con Putin, pero los europeos son otra historia.  

El secretario de Estado, Marco Rubio, le dijo a Trump durante una reunión del gabinete el lunes, antes del final de las conversaciones ruso-estadounidenses de 12 horas de duración en Riad ese día, que «Usted ha [promovido a pesar de] los impedimentos de otros países», lo que podría considerarse una alusión a la belicista actitud de los europeos. Aunque deliberadamente vago, bien podría haberse referido a los planes de la UE y el Reino Unido de seguir armando a Ucrania a pesar de la exigencia de Putin de que esto cesara como una de sus condiciones más importantes para la paz.

Polonia, Rumanía y el Mar Negro, en orden descendente, sirven como puntos de entrada de armas extranjeras en Ucrania, sobre ninguno de los cuales Estados Unidos tiene pleno control. Opera conjuntamente el centro logístico de Rzeszow, en el sureste de Polonia, a través del cual pasa entre el 90 y el 95 % de todas las armas destinadas a Ucrania, pero esta instalación puede seguir funcionando incluso si EE. UU. se retira. La situación es similar con la recién construida «Autopista de Moldavia» de Rumanía para facilitar el envío de armas desde los puertos griegos a Ucrania.

El ejército estadounidense solo opera conjuntamente las instalaciones portuarias locales de Alejandrópolis, sin tener influencia directa sobre la «Autopista de Moldavia», y ambas pueden seguir funcionando sin él. En cuanto al Mar Negro, el nuevo acuerdo sobre cereales que Estados Unidos está negociando con Rusia podría dar lugar a controles internacionales de la carga para detectar el tráfico de armas o crear una tapadera plausible para este comercio. En cualquier caso, al igual que los dos anteriores, la cuestión es que otros países además de Estados Unidos también pueden utilizar esta ruta.

Es poco probable que Trump amenace con sanciones económicas contra aliados nominales de la OTAN cuyos países continúen armando a Ucrania, incluso si el suyo decide cortar el suministro definitivamente como parte de la serie de compromisos pragmáticos que está negociando con Rusia para poner fin al conflicto de manera sostenible. El único escenario en el que podría conseguir que el Congreso apruebe otro paquete de armas es si Rusia amplía significativamente su campaña terrestre más allá de las regiones que reclama como propias, como se ha discutido aquí.

Mientras eso no suceda, la ayuda de EE. UU. en la era Biden se agotará pronto y Ucrania dependerá por completo de la ayuda europea, pero no está claro si esa drástica reducción de la ayuda (teniendo en cuenta también sus ya muy mermadas reservas) sería suficiente para que Rusia cesara las hostilidades. Putin podría estar de acuerdo como parte de la serie de compromisos pragmáticos que está negociando con Trump, o podría seguir presionando a su homólogo para que ejerza más presión sobre los europeos para que sigan sus pasos.

Trump tendría las manos atadas en el segundo escenario, como se acaba de explicar, pero también podría liderar desde el frente sugiriendo que los europeos almacenen en Polonia y Rumanía el equipo que quieren enviar a Ucrania según sus compromisos de «garantía de seguridad» con Kiev. Estos se refieren a los pactos bilaterales alcanzados el año pasado por los que los principales países como el Reino Unido, Francia, Polonia, Italia y el propio Estados Unidos acordaron básicamente reanudar su nivel de apoyo existente a Ucrania si las hostilidades vuelven a estallar.

Las armas que los europeos pudieran seguir enviando a Ucrania no compensarían la interrupción de la ayuda estadounidense, por lo que estarían transfiriendo su equipo para que fuera destruido sin otro propósito que retrasar la inevitable resolución política del conflicto, momento en el que Rusia podría incluso ganar más terreno. Por supuesto, Putin podría preferir que la OTAN no almacene nada cerca de las fronteras de Ucrania para su rápido envío en caso de que continúe la guerra, pero Rusia no puede controlar lo que hacen en su territorio.

Por lo tanto, Trump y su equipo harían bien en transmitir estos puntos a los europeos para facilitar el proceso de paz en Ucrania. Es posible que Putin no acepte un alto el fuego o un armisticio mientras los europeos sigan armando a Ucrania, lo que sería inútil por su parte en cualquier caso, ya que solo estarían desperdiciando sus armas que, de otro modo, podrían utilizarse mejor si las hostilidades vuelven a estallar y Estados Unidos restablece así su nivel anterior de apoyo a Ucrania. Esta propuesta de compromiso podría conducir a un avance."

(Andrew Korybko , blog, 27/03/25, traducción DEEPL)

Jamás, jamás pensé que podría leer algo así, algo como el mundo al revés: "Hablan los científicos que quieren emigrar a España por Trump: “Tengo miedo al fascismo”. Centros punteros de Barcelona y Madrid reciben decenas de solicitudes de investigadores en Estados Unidos"

 "En las últimas semanas, algunos de los centros de investigación más punteros de España han recibido decenas de solicitudes de científicos en EE UU que quieren mudarse a Europa huyendo de las políticas de Donald Trump. Este diario ha recabado varios de sus testimonios.

Ray Brown [nombre supuesto] es un biólogo molecular de 50 años que lleva buscando trabajo en Europa desde que Donald Trump ganó las elecciones, el 6 de noviembre. “A mi alrededor, todo el mundo habla de irse”, explica este jefe científico que dirige un equipo de nueve personas en una prestigiosa universidad de la costa este. Habla con EL PAÍS con un nombre ficticio por miedo a represalias contra él y su familia.

“Mi esposa es de ascendencia china”, explica. “En algún momento, los trumpistas irán a por las personas de origen étnico chino. Ella nació en Estados Unidos y es ciudadana estadounidense, pero ya no creo que eso nos proteja”, explica. “No veo muy probable que me deporten a mí, pero sí que si leen mi nombre me cancelen la financiación [tiene dos proyectos pagados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH)] y también la de toda mi institución. Esos son mis temores. Supongo que realmente tengo miedo al fascismo”, reflexiona.

De la NASA a los NIH, pasando por las universidades más prestigiosas del país, existe terror a hablar por miedo a perder el trabajo o que el Gobierno la emprenda contra la institución a la que pertenecen, como ha sucedido ya con Columbia. Este campus neoyorquino que fue muy crítico con la invasión israelí de Gaza se arriesgaba a perder unos 400 millones de euros de financiación federal si no se plegaba a las peticiones del Gobierno de Trump, lo que ha acabado haciendo, a pesar de tener un presupuesto total de más de casi 15.000 millones con el que podría haber plantado cara. Otros campus han sufrido deportaciones de profesores y recortes de decenas de millones por sus programas de inclusión de personas transgénero.

Brown habla de las razones que le empujan a buscar trabajo en Barcelona, Copenhague u Oxford, incluso cobrando un tercio de su salario actual. “Los fascistas odian a las personas con educación y tratan de destruir el sistema educativo en los países que controlan”. “Es lo que estamos viendo en los ataques de Trump a las universidades y en todas sus políticas relacionadas con los Institutos Nacionales de Salud [NIH]”.

El NIH es el mayor organismo público de investigación del mundo. Cada año dedica unos 40.000 millones de euros a financiar grupos de investigación de todo el país, y también del extranjero. Es una de las agencias federales más castigadas por la incertidumbre y los recortes impuestos por Trump. “La financiación de costes indirectos ha caído del 60% al 15%”, explica Brown. “Las universidades ya afirman que pierden dinero con la investigación básica, porque no pueden pagar el coste de personal y de administración. Sé de varias instituciones que no podrán sobrevivir mucho tiempo”, alerta. La universidad en la que trabaja es una de las muchas que han paralizado por completo la entrada de nuevos alumnos este año; toda una promoción en el alero.

El investigador cree que miles de científicos de alto nivel perderán sus empleos, y muchos no tendrán cabida en Estados Unidos, especialmente los que no sean hombres blancos, los gais y otras minorías. “Dentro de cinco años ya no quedará investigación básica en Estados Unidos. Va a haber una enorme oleada de solicitudes en Europa”, asegura.

Un segundo científico de prestigio que ya tiene un pie en Europa advierte: “Las cosas aquí están mucho peor de lo que pensáis los europeos”. Los que más van a sufrir son los más jóvenes, que no tendrán otra salida que emigrar, advierte. Paradójicamente, los portavoces del primer movimiento científico que salió a las calles para protestar contra Trump son todos estudiantes jóvenes que no tienen miedo a dar sus nombres.“Es una tragedia para Estados Unidos y una gran oportunidad para Europa”, considera este segundo investigador, con décadas de experiencia en lo más alto de su campo. No quiere dar su nombre por miedo al impacto en su universidad, una de las más prestigiosas de la costa Oeste, y en su familia. Los “paralelismos” entre el Gobierno de Trump y el auge del nazismo en Alemania en el siglo XX son “asombrosos”, razona. “Mi mujer es muy activa en política, y además es judía. El hecho de tener ya un visado de trabajo y poder mudarnos rápidamente a Europa era muy importante para mí. En Alemania, si eras judío y te lo pensabas demasiado, ya era demasiado tarde”, añade.

 Adam Siepel, bioinformático del Laboratorio Cold Spring Harbor de 52 años, es uno de los pocos entrevistados que accede a dar su identidad real. Todavía no ha decidido si se mudará a Europa, pero está buscando opciones en Barcelona. “Tenemos miedo a decir cualquier cosa que pueda convertirnos en blanco de represalias”, reconoce. Pero “al mismo tiempo, es muy importante que el mundo sepa lo que está ocurriendo”. El científico, que lidera un grupo de nueve personas, dice que los recortes anunciados por Trump tendrán consecuencias “devastadoras”. “Cuando los políticos dicen que estamos en una carrera contra China por la supremacía científica, les tomo la palabra, porque creo en la importancia de la preeminencia científica para una sociedad libre y democrática”, explica. “Por eso no puedo entender por qué están tomando medidas que, en la práctica, desmantelarán la mayor infraestructura científica del mundo. Y puede que se sorprendan al ver lo rápido que todo esto se pierde, porque la ciencia es altamente internacional y móvil. Muchos científicos ya viven lejos de sus hogares y han hecho sacrificios personales para dedicarse a la ciencia. Si Estados Unidos no está dispuesto a apoyarlos, se irán a otro lugar. El liderazgo científico de Estados Unidos podría evaporarse sorprendentemente rápido”, alerta.

Todo este miedo y malestar empieza a llegar a Europa. El Centro de Regulación Genómica de Barcelona (CRG) ha recibido una docena de solicitudes de científicos en Estados Unidos en unas pocas semanas, algunas de ellas de alto nivel. El Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de la misma ciudad, unas 10. El Centro Nacional de Supercomputación, al menos cinco. Se trata sobre todo de científicos del área de biomedicina que se concentran en instituciones de Barcelona y Madrid, explican desde Somma, la alianza de centros de investigación más punteros del país.

“Nos contactan investigadores con financiación del NIH y del Departamento de Defensa que tienen los fondos congelados”, explica el biólogo madrileño Luis Serrano, director del CRG. En su mayoría son europeos que se marcharon a Estados Unidos, aunque también hay estadounidenses, entre ellos Brown. “La última vez que se planteó algo así fue tras la caída del Muro de Berlín, pero la mayoría de científicos potentes se marcharon a Estados Unidos”, advierte Serrano, que ha sido un visible representante de la comunidad científica española. El científico cree que España debería hacer un esfuerzo presupuestario para atraer este talento. “Con unos 200 millones de euros podemos traer a unos 30 científicos de primer nivel. Solo falta voluntad política”, aventura.

El bioquímico Francesc Posas, director del IRB, destaca: “Estamos recibiendo muchas más solicitudes de la que esperaríamos, gente muy potente, algunos excepcionales en su campo”. Esta situación es consecuencia directa de las políticas de Trump que está haciendo “implosionar” muchos laboratorios del país, razona. El investigador coincide en que es el momento de aprovechar el tirón con más presupuesto y coordinación: “Los centros más punteros pueden atraer a estos científicos con programas ya creados, pero hace falta darles recursos adicionales. Necesitamos una estrategia de país”, destaca.

España es uno de los 10 países que han pedido a la Unión Europea que pase a la acción en este terreno con un plan coordinado y más financiación. La Comisión Europea ya está trabajando en ese proyecto y quiere duplicar el presupuesto existente para fichar científicos extranjeros de primer nivel con un ojo puesto en el bum de talentos que emigren de Estados Unidos, como publicó EL PAÍS. No se trata solo de más dinero, también de facilitar los visados, por ejemplo.

 España ya está cerrando acuerdos con al menos ocho científicos en Estados Unidos o de origen estadounidense para que muden sus investigaciones a nuestro país. Lo hace gracias al programa Atrae, que aporta ayudas de entorno a un millón de euros por candidato. El programa ha permitido repatriar a investigadores españoles, como la astrónoma española Noemí Pinilla, o acoger a estadounidenses, como la hidróloga estadounidense Audrey Sawyer. El año pasado, se dedicaron 30 millones de euros a este programa, y en 2025 el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades que dirige Diana Morant quiere aumentar el presupuesto. Pero el programa no siempre funciona.

 La física teórica Giily Elor, nacida en California hace 40 años, recibió en noviembre una buena noticia: le habían dado una ayuda Atrae. Cuatro meses después, la científica asume que nunca podrá venir a España. Elor explica por videoconferencia que no ha conseguido establecer una vía de comunicación estable con los gestores de la ayuda, que le dicen que hay un problema con su visado. “La única opción que me queda es contratar a un abogado para que se haga cargo del papeleo, y no tengo dinero para esto”, confiesa. Su caso es especialmente sangrante, pues Elor ya perdió un contrato Ramón y Cajal para establecerse en Madrid, en este caso porque las autoridades españolas no reconocían su título de doctora, emitido por la prestigiosa Universidad de California en Berkeley. El proyecto de Elor es demostrar con aceleradores de partículas una explicación para un pequeño desequilibrio entre partículas elementales de materia y antimateria que permitieron que el Universo pueda existir. Es una investigación arriesgada que de confirmarse significaría probablemente un premio Nobel. La investigadora espera que contando su historia pueda solucionarse el problema antes de la fecha tope para venir a España, en septiembre. ¿Y qué opina de las políticas de Trump? “Dado que es muy posible que tenga que quedarme en Estados Unidos, no voy a hacer ningún comentario”, contesta."              (Nuño Domínguez , El País, 27/03/25)

Estados Unidos empieza a tratar a Europa como siempre ha tratado al resto del planeta... ¿Por qué a nosotros? Esta es la incómoda pregunta que se formulan dirigentes y parlamentarios, empresarios y políticos, intelectuales, consultores y ciudadanos de a pie en casi todas las capitales de Europa... como si nadie acertara a comprender que Donald Trump los trate… como Estados Unidos ha tratado, a lo largo de dos siglos, al resto del planeta... Europa insiste en subrayar su relación especial para ser considerada de modo diferente, como si en la geopolítica hubiese lugar para las alianzas eternas... Los latinoamericanos tenemos, por desgracia, una visión menos sesgada —y tal vez más lúcida— de la naturaleza de Estados Unidos: su modo de actuar, desprovisto de la menor empatía o generosidad, posee una larga historia de abusos y violencias que solo encuentra en Trump a su más reciente encarnación... La humillación sufrida por Zelenski a manos de Trump y Vance resume mejor que ningún otro episodio la manera como Estados Unidos ha decidido zanjar su alianza con Europa para llegar a una entente con Rusia que le permita enfrentarse a China... Como si fuera otra nación latinoamericana del siglo XX, primero quiso aprovecharse de la dependencia ucraniana para apoderarse de sus recursos naturales y luego ha usado como pretexto su falta de gratitud a fin de imponerle una paz que se acerca a la capitulación... la Unión Europea no consigue darse cuenta de que encarna justo aquello que Trump y los suyos más detestan: sus estados de bienestar y su parlamentarismo, su apuesta por los derechos humanos y su combate al calentamiento global, su multiculturalismo, su protección a la diversidad y a las minorías... convendría que Europa dejase de llorar el abandono estadounidense para asumir que a partir de ahora está sola, si aspira no solo a sobrevivir, sino a defender los valores que hasta ahora la definen (Juan Volpi)

 "¿Por qué a nosotros? Esta es la incómoda pregunta que se formulan dirigentes y parlamentarios, empresarios y políticos, intelectuales, consultores y ciudadanos de a pie en casi todas las capitales de Europa. ¿Por qué a justo a nosotros? El azoro, que se aproxima a los celos del amante despechado, no se borra un instante de los rostros de Macron o Merz, Starmer o Von der Leyen, Tusk o Sánchez —por no hablar, por supuesto, de Zelenski—, como si ninguno de ellos acertara a comprender que Donald Trump los trate… como Estados Unidos ha tratado, a lo largo de dos siglos, al resto del planeta.

En buena parte de la imaginación europea, América continúa siendo la amable potencia que salvó al Viejo Continente de sí mismo tras dos guerras y, por si fuera poco, financió su reconstrucción y el desarrollo de sus admirables estados de bienestar, al tiempo que se aprestaba gallardamente a defenderlo de la amenaza soviética. Solo aquí su clase política continúa exhibiendo una simpatía y una admiración sin paliativos —salvo en Francia, donde el desdén y la envidia se exacerban— hacia una nación que aún consideran, más que como su principal aliado, como el guardián de su supervivencia.

Imposible no detectar un trasnochado eurocentrismo en estos reproches —¿de veras me lo haces a ?—, como si las vertientes más cínicas del imperialismo estadounidense se reservasen solo a las infelices naciones del sur global, pero nunca, nunca, a la cuna de la civilización. Empeñada en olvidarse de su pasado colonial, Europa insiste en subrayar su relación especial para ser considerada de modo diferente, como si en la geopolítica hubiese lugar para las alianzas eternas —¿cuántas no se firmaron en el pasado?— o la ayuda desinteresada. Cada vez que un analista se lamenta aquí de que Trump está acabando con una era de consensos y cooperación internacional se refiere a esa suerte de complicidad que preservaba a Europa Occidental, primero, y a la Unión Europea, después, de la realpolitik que Estados Unidos siempre ha ejercido en cualquier otro lugar.

Los latinoamericanos tenemos, por desgracia, una visión menos sesgada —y tal vez más lúcida— de la naturaleza de Estados Unidos: su modo de actuar, desprovisto de la menor empatía o generosidad, posee una larga historia de abusos y violencias que solo encuentra en Trump a su más reciente encarnación. Pese a la zafiedad de su estilo —o a las ficciones criminales en las que sustenta sus acciones, como la criminalización de los migrantes o la idea de que el desbalance comercial equivale a una afrenta—, el actual ocupante de la Casa Blanca no es una anomalía, sino el eslabón más reciente en una tradición que privilegia el uso de la fuerza a favor del propio interés.

México fue, a mediados del siglo XIX, la primera víctima del expansionismo estadounidense: la forma en que Washington alentó la secesión de Texas, primero, y desató una guerra injusta, después, anticipa paso a paso lo hecho por Putin en Ucrania. La joven república mexicana debió aceptar la pérdida de Texas y luego la de la mitad de su territorio, más o menos lo que ahora se le exige a Zelenski. Si ya la Doctrina Monroe establecía sibilinamente la idea de que América era para los americanos, a fin de eliminar cualquier injerencia europea, a partir de la guerra contra España de 1898 quedó claro que Estados Unidos estaba dispuesto a imitar —y superar— las prácticas coloniales europeas con el objetivo de forjar su nuevo imperio global.

Poco después, Theodore Roosevelt se valió del lema Speak soflty and carry a big stick para modelar la política exterior que Estados Unidos ejercería desde entonces. Bastaba con amenazar al otro con un gran garrote —con una fuerza militar creíble— para obtener las concesiones que se esperaban de él. El “corolario Roosevelt” a la Doctrina Monroe dictaba que, si a juicio de Estados Unidos un país atentaba contra los intereses de sus nacionales o de sus empresas, su gobierno no dudaría en reaccionar de la manera más dura y expedita. Como resulta fácil advertir, si hoy se sustituye la amenaza del poder militar por los aranceles, la estrategia es idéntica.

A lo largo del siglo XX, Estados Unidos intervino, a veces con una acción directa, en otra financiando grupos subversivos o golpes de Estado, en casi todas las naciones latinoamericanas: en Colombia, para propiciar la independencia de Panamá y apoderarse del Canal (1903), Haití (1905), México (1914), República Dominicana (1916 y 1965), Honduras (1919 y 1924), Nicaragua (1926 y 1985), Guatemala (1954), Ecuador (1961), Cuba (1961), Perú (1962), Brasil (1964), Chile (1970), Bolivia (1971), Uruguay (1973), Argentina (1976) y Granada (1983). A ello habría que añadir, por supuesto, sus aventuras en Asia, en particular la guerra de Vietnam (1955-1975), la primera guerra de Irak (1991) y las invasiones de Afganistán (2001-2021) e Irak (2003-2011). Y, cuando Washington no intervino por la fuerza, impuso por doquier condiciones económicas casi siempre desventajosas para sus socios.

La humillación sufrida por Zelenski a manos de Trump y Vance resume mejor que ningún otro episodio la manera como Estados Unidos ha decidido zanjar su alianza con Europa para llegar a una entente con Rusia que le permita enfrentarse a China, a quien considera su único rival —político, económico y, acaso lo más relevante, tecnológico— auténtico. Como si fuera otra nación latinoamericana del siglo XX, primero quiso aprovecharse de la dependencia ucraniana para apoderarse de sus recursos naturales y luego ha usado como pretexto su falta de gratitud a fin de imponerle una paz que se acerca a la capitulación. En 1906, el comité del premio Nobel de la Paz premió a Theodore Roosevelt por su mediación en la guerra ruso-japonesa: otro paralelismo que Trump querría actualizar.

Extraviada en sus glorias pretéritas y sus agudos dilemas internos, la Unión Europea no consigue darse cuenta de que encarna justo aquello que Trump y los suyos más detestan: sus estados de bienestar y su parlamentarismo, su apuesta por los derechos humanos y su combate al calentamiento global, su multiculturalismo, su protección a la diversidad y a las minorías. El desdén exhibido por Vance —para él, todas las naciones que la integran son random— o el rapapolvo de Musk hacia sus líderes expresan un cambio de paradigma que no hará sino profundizarse. A estas alturas, convendría que Europa dejase de llorar el abandono estadounidense para asumir que a partir de ahora está sola: si aspira no solo a sobrevivir, sino a defender los valores que hasta ahora la definen, tiene que dar un drástico giro no solo a sus políticas de defensa, sino al conjunto de su imaginación."            

(Jorge Volpi , El País, 27/03/25)

Alemania ha sellado su propia desaparición... Con la aprobación de su enorme presupuesto militar la semana pasada, Alemania ha consolidado su declive económico y político... supone duplicar la deuda nacional... El gasto deficitario era necesario en Alemania desde hace tiempo. Pero estos fondos no se utilizan para reconstruir la economía alemana y hacerla sostenible... Esto significa que se gastará menos en inversiones productivas y más en inversiones destructivas improductivas. Como parte del paquete ya se ha anunciado un importante aumento de la austeridad. Esto es increíble... las recientes elecciones supusieron una derrota masiva para los partidos liberales y autoritarios... Su era ha pasado. Ha llegado la desesperación... son incapaces de aceptar políticas socialmente justas y de invertir en sus propios ciudadanos para recuperar votantes. En su lugar, para salvarse están repitiendo la historia alemana, preparando a la nación para la guerra... y es que La mayoría de los alemanes ven la guerra de Ucrania como una venganza por su derrota en la Segunda Guerra Mundial... La ministra de Asuntos Exteriores saliente de Alemania, Annalena «Butcher» Baerbock, declaró: «Estamos librando una guerra contra Rusia». Así lo reiteró el futuro canciller alemán, Friedrich Merz, la semana pasada... la OTAN -y eso incluye a Alemania- y Ucrania han sido derrotadas por los rusos, el fanatismo bélico ucraniano en Alemania se ha enfriado. Pero la sociopatía es una parte integral del fascismo, así que todo es posible en Alemania... Alemania y Europa se enfrentan a una gran crisis: política y económica. Cuanto más fracasa la eurozona, más frenética se vuelve Europa... pues están dirigidas por una élite política autoritaria liberal incompetente, delirante y corrupta que intenta aferrarse al poder... sólo les queda una baza que jugar para su supervivencia política interna: la amenaza exterior de Rusia... pero desde Ucrania han llegado repetidos informes de que las armas alemanas son de calidad inferior

 "Tras quince años en los que los partidos políticos heredados de Alemania sermoneaban a sus ciudadanos que el hausfrau suabo era el único paradigma del gasto público y que «nuestros nietos» no podían cargar con el despilfarro actual, los mismos partidos políticos alemanes han abandonado la «responsabilidad fiscal», habiendo votado más de un billón de euros en nueva deuda, desafiando no sólo su propio freno a la deuda, sino el que impuso al resto de la UE. Para comprender las dimensiones de este keynesianismo militar basta saber que la deuda nacional alemana asciende actualmente a unos 1,6 billones de euros. Esto corresponde a una relación deuda nacional/PIB del 62,4%. Con el nuevo proyecto de ley se podrían añadir ostensiblemente otros 1,7 billones de euros, lo que supondría duplicar la deuda nacional.

El gasto deficitario era necesario en Alemania desde hace tiempo. Pero estos fondos no se utilizan para reconstruir la economía alemana y hacerla sostenible. En su lugar, se destinan principalmente a gastos militares y a renovar las infraestructuras del país para que los puentes no se derrumben bajo el peso de los tanques y el ferrocarril alemán pueda transportar soldados, armas y suministros con rapidez al Frente Oriental. Esto significa que se gastará menos en inversiones productivas y más en inversiones destructivas improductivas. Como parte del paquete ya se ha anunciado un importante aumento de la austeridad. Esto es increíble.

 Antes de profundizar en los aspectos económicos, es importante comprender los elementos políticos de esta evolución. En primer lugar, las recientes elecciones generales alemanas supusieron una derrota masiva para los partidos políticos liberales y autoritarios de Alemania Occidental. En conjunto, sus votos cayeron al 60%, después de haber obtenido el 76% en las elecciones anteriores, celebradas tres años antes. Su era ha pasado. Ha llegado la desesperación. Al estar tan dogmáticamente anclados en sus políticas neoliberales, son incapaces de aceptar políticas socialmente justas y de invertir en sus propios ciudadanos para recuperar votantes. En su lugar, para salvarse están repitiendo la historia alemana, preparando a la nación para la guerra, que fue un fracaso desastroso dos veces en el siglo anterior. Para hacer palpable este pánico, este proyecto de ley fue aprobado cuestionablemente en el último minuto por un parlamento cojo votado fuera del cargo hace semanas. Como sabían que estas medidas serían bloqueadas por el parlamento recién elegido, rompieron la tradición política que no prevé que un parlamento que ha sido expulsado apruebe una ley tan emblemática.

 La delirante afirmación de que es probable que Rusia lance un ataque a gran escala contra Europa en los próximos años está siendo presentada por los partidos heredados en Alemania como un hecho inevitable. Que el nuevo-viejo enemigo sea Rusia no es una coincidencia. Durante mil años, los alemanes se han visto a sí mismos como defensores europeos de la civilización frente a los eslavos del Este, pero, como señaló A. J. P. Taylor, lo han hecho como bárbaros. Esto forma parte de la cultura alemana. Su actual apoyo a Ucrania no tiene nada que ver con la democracia o el Estado de Derecho, que ciertamente no interesan a Alemania en el caso del holocausto que Israel está llevando a cabo en Palestina. Las vidas ucranianas, como las de todos los untermenschen, son prescindibles. El fanatismo de Alemania con respecto a la guerra en Ucrania está impulsado por la sed de sangre contra Rusia, turboalimentada con la emoción de llevar a cabo vicariamente una guerra en la que Alemania no tiene bajas. No es de extrañar que, cuando se perdió la Segunda Guerra Mundial, las divisiones de las SS del Frente Oriental huyeran a Occidente para ser hechas prisioneras por los aliados occidentales tras sus atroces crímenes de guerra contra los eslavos.

 La mayoría de los alemanes ven la guerra de Ucrania como una venganza por su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Es aceptable perder una guerra contra estadounidenses y franceses, pero ser derrotado por untermenschen eslavos es una ignonimia. El ochenta por ciento de las bajas alemanas se produjeron en el frente oriental. Merece la pena navegar por Internet para ver el regocijo expresado por oficiales alemanes retirados durante la incursión ucraniana en Kursk, que veían como una retribución por su propia gran derrota allí a manos de la Unión Soviética en 1943.

La ministra de Asuntos Exteriores saliente de Alemania, Annalena «Butcher» Baerbock, no ocultó la verdadera naturaleza del apoyo alemán a Ucrania: en su discurso ante el Europarat en 2023 declaró: «Estamos librando una guerra contra Rusia». Así lo reiteró el futuro canciller alemán, Friedrich Merz, la semana pasada al declarar ante el Bundestag: «La guerra de Putin no sólo va dirigida contra Ucrania, sino también contra Europa: contra nuestra seguridad y nuestra libertad».

La pregunta es si esta retórica de guerra rusófoba va a ser tan eficaz como lo fue hace tres años. Después de tres años de guerra y de la constatación, todavía negada por el gobierno alemán así como por los medios de comunicación estatales y corporativos, de que la OTAN -y eso incluye a Alemania- y Ucrania han sido derrotadas por los rusos, el fanatismo bélico ucraniano en Alemania se ha enfriado. Pero la sociopatía es una parte integral del fascismo, así que todo es posible en Alemania.

 La siguiente pregunta es si los alemanes en edad militar, especialmente los hombres, pueden ser azuzados hasta el frenesí, dispuestos a hacer el último sacrificio por la patria. Después de haber sido programados para pensar sólo en sus carreras, en ganar dinero y en el consumismo, alistarse en el ejército y en una guerra no encaja realmente en el equilibrio de su vida laboral. En 2022 abandonaron el ejército alemán más soldados que nuevos reclutas. Como el mercado laboral sigue siendo fuerte, no es necesario alistarse en las fuerzas armadas alemanas por desesperación económica. Por lo tanto, la creación de un ejército implicaría probablemente la reintroducción del servicio militar obligatorio. Esto podría ser problemático. Una cosa es enviar a ucranianos al frente del Este a morir y otra muy distinta ordenar a tus propios hijos que hagan lo mismo.

No estoy seguro de esto, pero los jóvenes alemanes son difícilmente accesibles para la propaganda de los medios de comunicación estatales y corporativos. Como muchos de sus coetáneos, dependen de las redes sociales para informarse. No sé hasta qué punto se enfrentan a la propaganda estatal y son susceptibles a ella. Si nos basamos en los resultados de las recientes elecciones generales, más de la mitad de los jóvenes votantes no apoyaron a los partidos políticos liberales autoritarios heredados de Alemania Occidental. Pero nunca hay que subestimar el alcance de la socialización fascista alemana orientada al odio.

 Otro elemento es la creencia de muchos políticos alemanes mayores de los partidos heredados de Alemania Occidental, que crecieron con la Guerra Fría y el servicio militar obligatorio, de que aquellos fueron tiempos dorados para Alemania Occidental. Olvidan que Alemania Occidental era una nación más feliz no debido a un militarismo exacerbado, sino a las políticas socialdemócratas que sirvieron a la mayoría de la población de la nación. Esto hace tiempo que se abandonó por el neoliberalismo y por dedicar la política económica a aumentar los beneficios empresariales. Esta misma clase política no comprende que el aumento previsto del gasto militar, más allá de la desindustrialización (civil) ya en curso de Alemania, obviamente empeorará aún más las cosas para las clases de ingresos bajos y medios, aumentando el descontento manifestado en las recientes elecciones generales. Parece que están haciendo todo lo posible para que la AfD gane las próximas. En las últimas encuestas, el apoyo a la AfD vuelve a aumentar y bien podrían convertirse pronto en el partido más popular en un futuro próximo.

 El fanatismo Rusia/Ucrania no ha resuelto ninguno de los problemas de Alemania. Los ha agravado. La economía se resiente, la clase dirigente pierde el control del poder, aumenta el malestar social. Ahora piden más sacrificios por una guerra patriótica que muchos no ven venir. De hecho, la mayoría de los alemanes no saben qué hacer con la geopolítica actual. Hace medio año todo estaba claro para los alemanes: Putin era el nuevo Hitler y la encarnación del mal. Con unos Estados Unidos fuertes detrás, Alemania no solo estaba del lado de la virtud, sino también del lado ganador. Con la llegada de Donald Trump, ahora se advierte a los alemanes de una segunda encarnación del mal, ya que el presidente estadounidense admite que la reacción de Rusia a que la OTAN se acercara a su frontera era comprensible, y que la diplomacia, y no más ucranianos muertos, era la mejor manera de poner fin a la guerra. Peor aún, Trump está imponiendo más aranceles importantes a las importaciones europeas, especialmente al principal producto de exportación de Alemania, los automóviles. Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses están declarando públicamente lo geopolíticamente irrelevante que es Europa, incluida Alemania, y su élite política. Los estadounidenses también amenazan con un importante cambio de política con respecto a la OTAN. La clase política autoritaria liberal alemana ahora no sólo propaga la rusofobia, sino también el antiamericanismo.

 En otras palabras, Alemania y Europa se enfrentan a una gran crisis: política y económica. Cuanto más fracasa la eurozona, más frenética se vuelve Europa. Esto sería un reto en el mejor de los tiempos, pero Alemania y Europa están siendo dirigidas por una élite política autoritaria liberal incompetente, delirante y corrupta que intenta aferrarse al poder. Son los mismos que han metido a Europa en esta grave situación. Uno sólo puede preguntarse cómo es posible que sean capaces de sacar a Europa de ella. Por el contrario, al encontrarse en un agujero, siguen paleando. A muchos como los alemanes, británicos y franceses sólo les queda una baza que jugar para su supervivencia política interna: la amenaza exterior de Rusia.

Alemania dispone ahora de cientos de miles de millones de euros para invertir en su ejército. Aquí hay varios problemas. En primer lugar, la planificación de la economía se entregó a las empresas hace veinte años. Los políticos alemanes ya no son capaces de crear una política económica. En ninguna parte ha sido esto más obvio que en la adquisición de armas. El programa alemán de armamento se ha convertido en una cinta transportadora de fondos gubernamentales para la industria armamentística, no para una defensa eficaz de Alemania. El pasado ha sido un escándalo continuo, ya que las armas y los sistemas de armamento alemanes cuestan mucho más de lo previsto y se entregan mucho después de la fecha prevista, muchos ya obsoletos. Peor aún, muchos de ellos son disfuncionales. He aquí un ejemplo que utilicé en un artículo anterior:

    ' El gobierno alemán había enviado una de sus fragatas al Mar Rojo a principios de 2024 para demostrar su poder militar contra los Houthis. En febrero, en su primer enfrentamiento, la fragata, debido a un fallo de funcionamiento, abrió fuego por error contra un costoso dron estadounidense. Se evitó una debacle cuando los dos misiles antiaéreos disparados fallaron y se estrellaron ineficazmente en el mar. Al parecer, la marina alemana ordenó que se entregaran nuevos misiles a la fragata, sólo para descubrir que la empresa que los fabricaba había cesado la producción.'

Desde Ucrania han llegado repetidos informes de que las armas alemanas son de calidad inferior. No es de extrañar que Alemania esté tan atrasada en tecnología y producción. Lo mismo puede decirse de Europa, aunque gasta unas 4,5 veces más en defensa que Rusia.

Y no olvidemos por qué Ursula von Leyen es presidenta de la Comisión de la UE. Cuando fue nombrada para ese cargo, era ministra de Defensa alemana. Allí había abierto un nuevo campo a la corrupción: el uso masivo de empresas de consultoría. Una comisión de investigación iniciada por el Tribunal Federal de Cuentas alemán había detectado irregularidades en el modo en que el ministerio de von der Leyen adjudicaba contratos por valor de decenas de millones de euros a consultoras externas. Dos de los teléfonos móviles de von der Leyen en los que se iban a buscar pruebas relacionadas con los contratos fueron borrados antes de ser entregados. Poco después, von der Leyen fue trasladada a Bruselas. Dar cientos de miles de millones de euros a la endémicamente corrupta clase política alemana es como dar a los alcohólicos la llave de la cervecería.

Incluso en la aprobación de este nuevo paquete de gasto masivo, los sucios acuerdos de trastienda estuvieron presentes. Un día después de que se aprobara el proyecto de ley gracias al inesperado apoyo del Partido Verde, la ministra de Asuntos Exteriores saliente, Butcher Baerbock, la principal belicista alemana del conflicto en Ucrania y del holocausto israelí en Palestina, que desestimó rotundamente el Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra, y mintió descaradamente al decir que había visto una película de militantes de Hamás violando a mujeres israelíes el 7 de octubre, fue nombrada por Alemania candidata a la presidencia de la Asamblea General de la ONU (en el sistema de rotación de la ONU le tocaba a Alemania), en lugar de una diplomática de carrera de gran prestigio como estaba previsto. Así es como se corrompen las instituciones y luego fracasan. Este ha sido el destino de Alemania.

Lo que los alemanes han iniciado con esta nueva militarización no está pensado. Es desesperación. Se oyen las cosas más extrañas, como que el fabricante alemán de armas Rheinmetall puede reconvertir las fábricas de Volkswagen que se están cerrando para construir tanques y otros vehículos militares. ¿Quién va a comprar todos estos tanques? Desde luego, no los rusos, ni los estadounidenses, ni los chinos. Al parecer, la UE va a crear un mercado interior masivo de armas que van a producir sus Estados miembros, financiado no sólo por el aumento del gasto en defensa, sino también con el apoyo del Plan Rearmar Europa de la UE, que también pretende movilizar hasta 800.000 millones de euros para financiar el gasto militar. Esto suponiendo que Trump no insista en que la UE compre armas estadounidenses. La pregunta es: ¿qué tipo de futuro promete un programa económico de este tipo?

Desde el punto de vista político, la UE no es menos ilusa que Alemania, como quedó claro cuando la jefa de Política Exterior de la UE no elegida, Kaja Kallas, que ha pedido la disolución de Rusia, expuso la política exterior de la UE: «Si juntos no somos capaces de presionar lo suficiente a Moscú, ¿cómo podemos afirmar que podemos derrotar a China?». La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció la semana pasada que «(Rusia) ha ampliado masivamente su capacidad de producción militar-industrial... Esta inversión alimenta su guerra de agresión en Ucrania, al tiempo que la prepara para futuros enfrentamientos con las democracias europeas».

Así que ahí lo tenemos. Se está utilizando una guerra con Rusia como excusa para una escalada de la clase política liberal autoritaria en su ofensiva neoliberal contra los propios ciudadanos de la UE. Atrás han quedado los pilares de la UE: prosperidad, democracia y paz. La UE y Alemania tienen un nuevo objetivo: la guerra, no el bienestar."

(Mathew D. Rose, Brave New Europe, 27/03/25, traducción DEEPL)

El anuncio de que debe haber un kit de supervivencia en los hogares europeos es la última desvergüenza de los burócratas que gobiernan Europa... Al mismo tiempo, financian informaciones en los medios para que hablen de reclutamiento y sobre cómo hacer frente individualmente a una guerra, o difunden informes de servicios de inteligencia, como el alemán, asegurando que pronto se va a producir un ataque ruso a la OTAN... Deliran y les vale todo, con tal de hacer creer a la población que la guerra es inminente e inevitable y que la única solución es aumentar el gasto militar, su negocio... Se inventan un enemigo para justificar el gasto multimillonario del que sólo se aprovecharán, ganando aún más dinero con recursos públicos, los mismos de siempre... No se puede creer que los dirigentes europeos busquen de verdad lo que dicen: crear un auténtico ejército europeo. No pueden buscar eso de veras, como aseguran, porque -para formar un ejército europeo- lo que principalmente se necesitaría no es más dinero sino, sobre todo, que exista un único «mando», una única autoridad, una verdadera unión política, una Europa federal. Y esta es una aspiración a la que hace tiempo renunciaron para dejar a Europa reducida a ser un mercado único... No van por ese camino: bastó ver a Macron ofreciendo a los demás países la bomba nuclear de Francia pero reservándose para sí la decisión de cuándo y cómo usarla... Los países de la Unión Europea en su conjunto ya realizamos el segundo mayor gasto militar del planeta -350.000 millones de dólares- tras Estados Unidos -968.000 millones- y por delante de China -235.000 millones. Aumentando sin cesar las armas no se ha conseguido la paz... El peligro de guerra con Rusia se eliminaría si se le da el lugar que debería corresponderle en las instituciones y los acuerdos internacionales y si se negocia y se respeta, si no se provoca ni acosa, y si se cumplen los acuerdos que se firman, lo cual -hay que decirlo- no es lo que ha hecho la Unión Europea... No exculpo a Rusia bajo el liderazgo de Putin de todo lo que ha sucedido y sucede. Ni mucho menos. Sólo escribo esto porque las cosas son como son... Para defender a Europa, empecemos por construirla como algo más que un mercado, como un bastión de democracia y derechos humanos (Juan Torres López)

 "El anuncio de que debe haber un kit de supervivencia en los hogares europeos es la última desvergüenza de los burócratas que gobiernan Europa. Por ahora, y no la única. Al mismo tiempo, financian informaciones en los medios para que hablen de reclutamiento y sobre cómo hacer frente individualmente a una guerra, o difunden informes de servicios de inteligencia, como el alemán, asegurando que pronto se va a producir  un ataque ruso a la OTAN.

No explican, sin embargo, para qué querría atacar Putin a algún país europeo, qué ganaría con eso, o cuándo ha dicho que pudiera o deseara hacerlo. Deliran y les vale todo, con tal de hacer creer a la población que la guerra es inminente e inevitable y que la única solución es aumentar el gasto militar, su negocio.

Hay que dejar ya de disimular y es imprescindible que, por cualquier vía en la que sea posible, le digamos a los dirigentes de la Comisión Europea, a los parlamentarios y a los líderes de los partidos que el objetivo de prepararse para la guerra contra Rusia es una auténtica locura. La mejor forma de provocarla.

Hay que decirles que si Europa se ha quedado ahora desnuda, cuando los Estados Unidos de Trump ha girado en su posición estratégica, es porque los dirigentes europeos no han promovido nunca una auténtica política de defensa, sino que se han limitado a propiciar que el gasto militar sea lo mismo que para ellos es Europa, un negocio para las grandes empresas y bancos. Exactamente lo mismo que se proponen hacer ahora. No buscan defendernos. Se inventan un enemigo para justificar el gasto multimillonario del que sólo se aprovecharán, ganando aún más dinero con recursos públicos, los mismos de siempre.

Hay que decírselo: son los dirigentes de la Unión Europea los que está creando las condiciones para que la guerra se produzca si siguen por este camino. Exactamente lo mismo que sucedió cuando, siguiendo a Estados Unidos, apoyaron la estrategia de acorralamiento a Rusia que terminó con lo que todo el mundo sensato vaticinaba que iba a suceder.

Ya he explicado en otros dos artículos (aquí y aquí) que es imposible que, con el programa de rearme que se proponen llevar a cabo, se defienda realmente a Europa o se consiga más seguridad frente a cualquier tipo de amenaza. De hecho, en lugar de disipar las que pudieran existir, hará que aumenten y aparezcan otras nuevas.

No se puede creer que los dirigentes europeos busquen de verdad lo que dicen: crear un auténtico ejército europeo. No pueden buscar eso de veras, como aseguran, porque -para formar un ejército europeo- lo que principalmente se necesitaría no es más dinero sino, sobre todo, que exista un único «mando», una única autoridad, una verdadera unión política, una Europa federal. Y esta es una aspiración a la que hace tiempo renunciaron para dejar a Europa reducida a ser un mercado único que ni siquiera ha sido capaz de generalizar el uso de su propia moneda. No van por ese camino: bastó ver a Macron ofreciendo a los demás países la bomba nuclear de Francia pero reservándose para sí la decisión de cuándo y cómo usarla. O a los líderes europeos dejándose convocar y liderar para fijar estrategias por el único país que se ha salido de la Unión.

Y tampoco se puede creer que sea aumentando aún más el gasto militar como se disiparía la amenaza que pueda suponer Rusia. Los países de la Unión Europea en su conjunto ya realizamos el segundo mayor gasto militar del planeta -350.000 millones de dólares- tras Estados Unidos -968.000 millones- y por delante de China -235.000 millones. Aumentando sin cesar las armas no se ha conseguido la paz. El peligro de guerra con Rusia se eliminaría si se le da el lugar que debería corresponderle en las instituciones y los acuerdos internacionales y si se negocia y se respeta, si no se provoca ni acosa, y si se cumplen los acuerdos que se firman, lo cual -hay que decirlo- no es lo que ha hecho la Unión Europea, ni sus diferentes países, por su cuenta, como miembros de la OTAN.

No exculpo a Rusia bajo el liderazgo de Putin de todo lo que ha sucedido y sucede. Ni mucho menos. Sólo escribo esto porque las cosas son como son, porque me importan y les hablo a quienes me representan y gobiernan y porque creo que tengo la obligación moral de decirles que vienen actuando desde años como auténticos pirómanos y con una doble moral que avergüenza e indigna.

Para defender a Europa, empecemos por construirla como algo más que un mercado, como un bastión de democracia y derechos humanos y con las herramientas y políticas comunes que generan cohesión, bienestar e identidades, valores y sueños compartidos."        

(Juan Torres López, blog, 27/03/25)

¿La forma en que Donald Trump está tratando con Canadá llevará a que Canadá simplemente obedezca lo que Trump quiere hacer con ellos? ¿O vamos a ver una lucha de aranceles entre ellos? Es como si Trump hubiera intentado movilizar el nacionalismo canadiense, y darle una columna vertebral que no ha tenido durante más de medio siglo. Así que creo que Canadá intentará tomar represalias, porque Canadá tiene la capacidad de crear una ruptura en la cadena de suministro de Estados Unidos... el cincuenta por ciento del acero de Estados Unidos proviene de Canadá... si Trump realmente impone estos aranceles disparatados sobre el acero, va a aumentar el precio de todos los productos manufacturados hechos de acero, y la mitad de cada automóvil está hecho de acero... y ensamblado con piezas fabricadas a través de las fronteras canadienses o mexicanas... no veo cómo las empresas automovilísticas pueden seguir produciendo... la fantasía de Trump es que, bueno, hemos aumentado tanto el precio de importación del acero, que la única forma en que las empresas manufactureras y las empresas de automóviles y aviones pueden obtener beneficios es trasladándose a Estados Unidos... cree que probablemente se tardará una semana en construir aquí una nueva planta siderúrgica ¡Una semana! Y la recesión terminará instantáneamente. Esto es una locura (Michael Hudson)

"Continúa la desconexión estratégica

https://youtu.be/Mg-BLqEn0_g

NIMA ALKHORSHID: Hola a todos. Hoy es jueves, 13 de marzo de 2025, y nuestros amigos Michael Hudson y Richard Wolff están de vuelta con nosotros. Bienvenidos de nuevo. (...)

(...) NIMA ALKHORSHID: Michael, ¿cree que la forma en que Donald Trump está tratando con Canadá llevará a que Canadá simplemente obedezca lo que Donald Trump quiere hacer con ellos? ¿O vamos a ver mucho más caos en términos de aranceles, esta lucha de algún tipo de aranceles entre ellos?

MICHAEL HUDSON: Bueno, la mentalidad de Canadá es someterse y rendirse a cualquier cosa que hagan los Estados Unidos, excepto que la forma en que Trump ha establecido el antagonismo de Canadá hace que sea políticamente necesario ser asertivo, al igual que usted está haciendo que Groenlandia sea asertiva. Es como si Trump hubiera intentado movilizar el nacionalismo canadiense y darle una columna vertebral que no ha tenido durante más de medio siglo. Así que creo que Canadá intentará tomar represalias porque Canadá tiene la capacidad de crear una ruptura en la cadena de suministro de Estados Unidos. La mayor parte del acero de Estados Unidos, el cincuenta por ciento del acero de Estados Unidos, proviene de Canadá. El once por ciento del aluminio de Estados Unidos proviene de Canadá.

Y si Trump realmente impone estos aranceles disparatados sobre el acero y el aluminio, que van a aumentar el precio de todos los productos manufacturados hechos de acero y aluminio, y la mitad de cada automóvil está hecho de acero, y ensamblado con piezas fabricadas a través de las fronteras canadienses o mexicanas, como hemos comentado, no veo cómo las empresas automovilísticas pueden seguir produciendo para un mercado, y cómo otros fabricantes van a poder funcionar. Y la fantasía de Trump es que, bueno, hemos aumentado tanto el precio de importación de aluminio y acero y piezas de automóviles que la única forma en que las empresas manufactureras y las empresas de automóviles y aviones pueden obtener beneficios es marcharse, trasladarse a Estados Unidos, detrás del muro arancelario.

Trump cree que probablemente se tardará una semana en construir aquí una nueva planta siderúrgica, las veinte plantas siderúrgicas. ¡Una semana! Van a construir nuevas refinerías de aluminio que funcionan con electricidad. Creo que habrá que reducir a la mitad el consumo eléctrico doméstico de Estados Unidos para fabricar el aluminio, pero en una semana podemos hacerlo, y la recesión terminará instantáneamente. Esto es una locura.

No se puede decir: «Vale, esta es la secuencia, en orden, si quieren, para industrializar Estados Unidos, estas son las cosas que tienen que suceder». En realidad, se necesita una fábrica para producir bienes industriales. Hay que construir una fábrica. Hay que obtener el permiso de construcción. Y hay que conseguir una mano de obra que vaya a hacer esto, que de alguna manera esté capacitada. No se puede simplemente enviar a la gente a una fábrica de acero y decir: «Vale, este es el trabajo que tenéis que hacer». Será como la gente que va a trabajar para las empresas sanitarias. Les llamas y les haces una pregunta y dicen: «Oh, acabamos de incorporarnos, no sabemos realmente qué está pasando». Es una anarquía.

Y la situación de los aranceles está creando una anarquía que tiene un plan de veinte años que tiene que funcionar en dos meses. Esto es una locura, y este es el aspecto imbécil de Trump que está saliendo a la luz, no el estratega a largo plazo: ¿Cómo me deshago de todos mis enemigos en el estado profundo neoconservador? Nada encaja.

Richard Wolff: Déjeme abordar esto de otra manera. Si sigue actuando como lo hace el Sr. Trump con sus continuos vaivenes, olvídese de si la situación empeora cada vez más en términos de aranceles cada vez más altos. Incluso con la incertidumbre de cualquier nivel que sea, usted le está dando una lección al mundo, además de lo que hemos estado hablando en términos de un imperio en declive. Si el G7 representa ahora el 28 % de la producción total del mundo, pero China y los BRICS juntos representan el 35 % de la producción total del mundo, que es aproximadamente lo que dicen las cifras, entonces está entrenando al mundo para que reevalúe la situación de cada país. ¿A quién le estamos pidiendo prestado? ¿A quién le estamos vendiendo? ¿A quién le estamos comprando? Porque la propia incertidumbre del comportamiento del Sr. Trump, además de la cambiante asignación de la riqueza mundial, significa que los países necesitan, para resumir, hacer más negocios con China y los BRICS, y menos con el G7, porque todo lo demás es estúpido. Cualquier otra cosa le pone en un nivel de riesgo.

Así que es mejor vender a la creciente configuración de los BRICS. Así que Canadá. Canadá produce electricidad. ¿Quién necesita electricidad? China y los BRICS. Están desesperados por conseguir electricidad. Véndesela a ellos, que pueden hacerlo. Si tiene acero y aluminio para los que los estadounidenses son un mercado incierto, cámbiese. Y Michael tiene razón en que no hay que cambiarlo todo de golpe. Es demasiado caro. Es demasiado arriesgado.

Pero si todo el mundo cambia el cinco por ciento, el diez por ciento, de su negocio de una de estas áreas a la otra, el impacto acumulado en Estados Unidos será devastador.

Pero eso está escrito de todos modos. Quítenle a Trump. Ha estado sucediendo antes de Trump. Continuará después de Trump. Está sujeto a fuerzas que él no puede controlar. Y el esfuerzo por controlar lo que no se puede a menudo se refleja en el tipo de trastabilles que se ven, porque se puso una tarea imposible.

Es un poco como cuando Michael dice, ya saben, no se puede tener una política de dos meses para lograr un programa de cinco años. Esto te vuelve loco porque estarás tan decepcionado con lo que consigas después de dos meses que, en lugar de reevaluar, no podrás hacerlo, probarás alguna otra política, esperando que funcione en dos meses. Pero ese no es tu problema, la política correcta. Su problema es que no entiende.

Y vivimos en un país que, ya hemos hablado de esto muchas veces, cuya reacción ante el declive del imperio, ante el auge de los BRICS, es una combinación de negación de lo que está sucediendo y luego la fantástica imaginación de que si envía la Séptima Flota al Mar de China Meridional y hace mucho ruido sobre Taiwán, va a frenar o detener este proceso. No lo hará. No ha funcionado durante veinte años, no hay razón para creer que vaya a funcionar ahora. Pueden girar hacia Asia todo lo que quieran. No es un plan.

NIMA ALKHORSHID: Sí, creo que podemos terminar ahora mismo. Y muchas gracias, Richard y Michael, por estar con nosotros hoy. Ha sido un gran placer hablar con ustedes.

Richard Wolff: Lo mismo digo. Hasta pronto.

Nima Alkhorshid: Hasta pronto. Adiós. Cuídense.

Michael Hudson: Gracias."

(Michael Hudson- Richard Wolff, blog, 25/03/25, traducción DEEPL)

Lavrov ha dicho: Bueno, vamos a tener que hacer algo así como un juicio por crímenes de guerra, un Nuremberg, y algunas personas van a ser ahorcadas. Y eso va a suceder, probablemente no solo Zelensky, sino la gente del batallón Azov, los neonazis, los partidarios de Bandera, a quienes Estados Unidos puso a cargo de las agencias de seguridad nacional, el ejército, la policía, todo eso, las áreas a las que los nazis entran para controlar un país... podemos estar seguros de que en la larga discusión de hora y media que tuvo Lavrov el otro día, dio una lista completa de los crímenes de guerra y las violaciones de todos los acuerdos que Occidente ha hecho a través de los neonazis en Ucrania... No se oye ninguna discusión de eso en ningún lugar de la prensa estadounidense... Es inconcebible que se pueda llegar a cualquier tipo de acuerdo satisfactorio para los rusos y los ucranianos, por no hablar de Europa, durante cualquier tipo de alto el fuego, en absoluto, o de cualquier otra manera que no sea la victoria militar de Rusia en la guerra de Ucrania... Me imagino que Rusia está intentando llevar a Trump a la siguiente posición, diciendo: «Mire, Trump, usted dice que quiere la paz. Vale. Va a estar amenazada por Inglaterra. Si Inglaterra trae misiles para atacarnos allí, entonces esto va a ser una lucha entre Inglaterra y nosotros, no Ucrania y nosotros... Y por eso queremos que quede claro, Estados Unidos, que si bombardeamos Inglaterra, o bombardeamos emplazamientos militares, no emplazamientos civiles, emplazamientos militares, en Francia y en otros lugares de Europa, no vamos a bombardear Estados Unidos. Usted no se verá involucrado (Michael Hudson- Richard Wolff)

 "(...) MICHAEL HUDSON: Bueno, cuando algo es tan extraño, la pregunta es: ¿son las cosas realmente como parecen? ¿O puede Trump haber cometido realmente un error de cálculo tan grande? Creo que esa fue mi primera reacción, cuando me enteré de la propuesta. Pensé: ¿no lee los periódicos? ¿No lee los discursos de Lavrov y los discursos de Putin, donde han dicho exactamente lo que quieren, cuáles son las líneas rojas y qué es absolutamente esencial? ¿Qué pasa con las elecciones? ¿Quién va a serlo? ¿Cómo puede haber un acuerdo si no hay un jefe de Ucrania legalmente facultado para firmar nada? Significa que cualquier acuerdo carece de sentido legal y diplomático.

¿Qué diablos puede estar pasando? Y hay que pensar que alguien le debe haber dicho a Trump: «No, claro que no va a funcionar». Y luego, cuando no funcione, esto es lo que vamos a hacer. La pregunta es, ¿qué es esto de «esto es lo que vamos a hacer»? Creo que Lavrov dijo varias cosas en un discurso. Dijo: «No se adelanten demasiado. No crean que esto va a llevar a ninguna parte. Asumimos que esto no va a llevar a ninguna parte. Vamos a seguir haciendo lo que hemos estado haciendo todo el tiempo. Nos ha funcionado».

Putin, Lavrov dijo que hay que garantizar los intereses nacionales. ¿Y cómo va a garantizarlos si no se deshace del régimen neonazi? Y Lavrov ha dicho: Bueno, vamos a tener que hacer algo así como un juicio por crímenes de guerra, un Nuremberg, y algunas personas van a ser ahorcadas. Y eso va a ser, probablemente no solo Zelensky, sino la gente del batallón Azov, los neonazis, los partidarios de Bandera, a quienes Estados Unidos puso a cargo de las agencias de seguridad nacional, el ejército, la policía, todo eso, las áreas a las que los nazis entran para controlar un país.

Ahora, estas son las personas que saben que si hay el tipo de paz en la que Rusia insiste como condición previa, ya sea en una posición negociada o resolviéndola en el campo de batalla, van a quedar fuera. No solo perderán sus trabajos, sino que pueden perder sus libertades. Para algunos, incluso sus vidas, para los hombres más conspiradores responsables de bombardear los centros civiles y crear crímenes de guerra. Y puede estar seguro de que en la larga discusión de hora y media que tuvo Lavrov el otro día, dio una lista completa de los crímenes de guerra y las violaciones de todos los acuerdos que Occidente ha hecho a través de los neonazis en Ucrania.

No se oye ninguna discusión de eso en ningún lugar de la prensa estadounidense. Así que de alguna manera, creo que Trump ha tenido que decir: ¿Qué va a pasar cuando todo esto salga a la luz? Ellos, los neonazis, no pueden decir: vale, tendremos la paz en los términos de Rusia. Nos entregaremos al ejército ruso, y ellos nos arrestarán y luego nos encarcelarán.

Es inconcebible que se pueda llegar a cualquier tipo de acuerdo satisfactorio para los rusos y los ucranianos, por no hablar de Europa, durante cualquier tipo de alto el fuego, en absoluto, o de cualquier otra manera que no sea la victoria militar de Rusia en la guerra de Ucrania. Así que ahí es donde va. Va hacia donde, supongo, podría decir Putin, aunque ha sido demasiado educado para decirlo, solo denos unos meses. No necesitamos negociar para hacerlo. Podemos lograr la paz por nosotros mismos. Simplemente derrotaremos a Ucrania, arrestaremos al enemigo y reharemos el país y pondremos en su lugar a nuestro propio gobierno comprometido con la paz, arreglos constitucionales. Y la pregunta, por supuesto, es, ¿qué pasará si Inglaterra, el MI6, hace el tipo de cosas que ha estado haciendo todo este tiempo?

Me imagino que Rusia está intentando llevar a Trump a la siguiente posición, diciendo: «Mire, Trump, usted dice que quiere la paz. Vale. Va a estar amenazada por Inglaterra. Si Inglaterra trae misiles para atacarnos allí, entonces esto va a ser una lucha entre Inglaterra y nosotros, no Ucrania y nosotros. Ucrania es solo el vehículo para la guerra británico-rusa que se remonta a la Guerra de Crimea, o la Guerra Franco-rusa, que se remonta a las guerras napoleónicas. Vamos a resolverlo de una vez por todas. Y por eso queremos que quede claro, Estados Unidos, que si bombardeamos Inglaterra, o bombardeamos emplazamientos militares, no emplazamientos civiles, emplazamientos militares, en Francia y en otros lugares de Europa, no vamos a bombardear Estados Unidos. Usted no se verá involucrado.

Y será entre nosotros y el nuevo surgimiento de la derecha en Europa. Quizás no debería decir derecha, porque la derecha se opone a la guerra, a la AFD y a Maloney, etcétera. Así que esa parece ser la dinámica que puedo ver. ¿Cómo habría visto esto realmente Trump? ¿Y podría haber planeado algo así todo el tiempo para dar otra aparente vuelta de tuerca y decir: «Vale, está en manos de Rusia»? Y entonces Trump dirá: «Vale, está en manos de Rusia. Que se reanude la guerra».

NIMA ALKHORSHID: Richard, esto es lo que dijo Lavrov sobre la relación entre Rusia y cómo Rusia ve la relación entre ellos, entre, entre Rusia y Estados Unidos. Esto es lo que dijo.

[Inicio del clip]

SERGEY LAVROV: Queremos relaciones normales. Relaciones normales en el sentido de que la base de la política exterior estadounidense bajo la administración Trump es el interés nacional de Estados Unidos. Esto es absoluto y sin ningún tipo de discusión. Pero al mismo tiempo, entendemos que otros países también tienen su interés nacional. Y aquellos países que tienen su interés nacional y no hacen el juego a los intereses de otros. Estamos dispuestos a mantener una discusión seria. Está muy claro.

Nos dijeron que países como Estados Unidos y Rusia nunca tendrían el mismo interés nacional. No coincidirían tal vez ni en el cincuenta por ciento, o menos. Pero cuando coincidan, esta situación, si somos políticos responsables, debe utilizarse para convertir este interés simultáneo y similar en algo práctico, que sea mutuamente beneficioso, ya sean proyectos económicos, proyectos de infraestructura, algo más.

Y luego, otro mensaje fue, pero cuando los intereses no coinciden y se contradicen, de nuevo, entonces los países responsables deben hacer todo lo posible para evitar que esta contradicción degenere en confrontación, especialmente confrontación militar, que sería desastrosa para muchos otros países.

[Fin del clip]

NIMA ALKHORSHID: Richard, su opinión sobre la forma en que él se imagina a Rusia y la forma en que Rusia ve a Occidente.

RICHARD WOLFF: Bueno, lo que dice tiene mucho sentido para mí. Estoy impresionado por su inglés. No sabía que era tan obviamente competente y claro. Y era un conjunto de ideas difíciles las que tenía que transmitir. Fue muy interesante oírle decir eso. Me llamó la atención. No quiero insistir en ello porque creo que Michael tiene razón en que aquí están sucediendo muchas cosas que o bien las personas involucradas no han pensado y resuelto, o si lo han hecho, no nos están dejando ver cuáles podrían ser.

Pero me llamó la atención una cosa más. Gran parte de lo que está sucediendo aquí es una lucha por la tierra y por quién está a cargo de ella: la península de Crimea, toda la zona de Donbass, todo el cuarto oriental, digamos, del país de Ucrania, dada su complicada historia con la Unión Soviética de antemano, y todo eso. Y no hubo ni una palabra. Si entendí bien, hubo una negociación que duró ocho horas y media. Así que, obviamente, cubrió mucho material o fue muy polémico, o ambas cosas.

Y, sin embargo, la cuestión central, que Rusia no toleraría más lo que ellos consideraban que estaba ocurriendo, a saber, el ataque a las personas de habla rusa y de cultura rusa en el cuarto oriental del país… No quiero repetir todo eso, pero ¿Crimea más Donbass? ¿Ni una palabra sobre eso? Entonces, ¿qué? Eso significa que Zelensky podría imaginar que tendríamos un alto el fuego. Y sobre esa base, él afirmaría, como lo ha hecho todo el tiempo, que ellos quieren recuperar todo ese territorio. Quieren ocupar la península de Crimea. Quieren ocupar las cuatro oblasts, o regiones, del este de Ucrania, y los rusos… Por eso fueron a la guerra, por ese tema. ¿Cómo pudo eso… ni siquiera se menciona? ¿Y vamos a tener negociaciones?

Quiero decir, me parece muy extraño, muy extraño. Tendría que haber alguna base para la negociación. De lo contrario, tendrá, de hecho, un alto el fuego durante treinta días, y está empezando de cero. Supongo que no llegarán muy lejos con sus negociaciones, ya que no se han puesto de acuerdo en nada más que en el alto el fuego. Esa es la receta para que el alto el fuego en sí no funcione, para que sea un fracaso. Y dentro de treinta días, ya sabe, para reanudar la guerra, ¿qué beneficio posible habría conseguido nadie? Todo lo que sabremos es que hay dos bandos mejor organizados, mejor armados, mejor equipados para reanudar la guerra.

MICHAEL HUDSON: Un alto el fuego es imposible por la siguiente razón, y no es Crimea, no son los oblasts. Es Odessa. Rusia ya ha dicho que necesitamos controlar toda la costa porque es por ahí por donde Ucrania está recibiendo armas. Si no pasan por el Bósforo, y si no pasan, Turquía los deja pasar, entonces tiene que ser, de alguna manera, que Europa está enviando armas a través de un puerto rumano en el Mar Negro, y un barco pacífico atravesará el Bósforo, irá a Rumanía, y conseguirá las armas para Odessa. Y, al parecer, los británicos han estado ocupando Odessa durante los últimos meses. Han estado consolidando, defendiendo Odessa. De eso se trata todo esto.

Y Lavrov dijo en el discurso que ha citado Nima, dijo: Condición número uno: Ucrania debe retirarse de todo el territorio ruso y cesar las operaciones militares. Pero no va a cesar. Estamos tratando con una organización terrorista. Los terroristas no cesan sus operaciones. Dicen: Vale, no es una operación militar. Es solo una operación terrorista individual y espontánea. Y segundo: los ucranianos deben tener un gobierno legítimo que poner en marcha. Y no hay manera de tener un gobierno legítimo sin tener elecciones. Nada de esto se puede hacer en un mes. Así que el concepto mismo de un alto el fuego de un mes es imposible solo por razones calendáricas, políticas y militares. Creo que, al final, toda la gran lucha se reducirá a la reconquista de Odessa por parte de Rusia.

Y uno de los puntos que Lavrov señaló fue que la UNESCO de las Naciones Unidas ha designado el centro de Odessa como patrimonio de la humanidad por razones culturales. Y en el centro de Odessa estaba la estatua de la reina rusa que fundó Odessa, Catalina la Grande. Los ucranianos derribaron recientemente la estatua, vendieron el metal como chatarra y, como dijo Lavrov, la ONU y la UNESCO no han dicho ni pío al respecto.

Así que los rusos creen que no puede haber ningún llamado tercero designado por Estados Unidos para supervisar el alto el fuego porque las agencias de las Naciones Unidas están irremediablemente corruptas. Y Lavrov dio toda una serie de ejemplos de por qué y cómo la OSCE, el control de armas, la UNESCO, uno tras otro, cómo las agencias de la ONU, incluido el actual jefe de la ONU como ideólogo antirruso, no son intermediarios honestos. Entonces, ¿cómo van a conseguir intermediarios honestos?

No creo que Estados Unidos permita que el presidente Xi de China lo sea. No hay forma de administrar un alto el fuego. Así que, obviamente, todo esto tenía que haberse previsto. Hay un colapso. Vamos a ver el colapso mañana. Y creo que todo se desarrollará, y veremos si se trata del desarrollo de una especie de plan orquestado que se está desarrollando, o si va a ser simplemente anarquía por el hecho de que Trump es realmente un imbécil, una cosa u otra. (...)"                        blog, 25/03/25, traducción DEEPL)

27.3.25

Las violentas reacciones polémicas con las que políticos, intelectuales y periodistas occidentales de todo tipo ideológico (con la excepción de alguna minoría) han replicado a las acusaciones de genocidio contra el Estado de Israel son la confirmación de que tales acusaciones —más que fundadas— tocan un nervio descubierto, ya que cuestionan un mito alimentado y compartido por todos los regímenes liberal-demócratas euroatlánticos... se atribuye a la Shoah la cualidad de ser el único acontecimiento histórico susceptible de ser definido como genocidio... como un acontecimiento que no se puede reducir a ninguna explicación e histórica racional, una catástrofe única en su horrible desmesura... La historia demuestra, por el contrario, que existen innumerables otros acontecimientos comparables... fenómenos coloniales antes y más que fenómenos totalitarios... no atribuibles únicamente a regímenes totalitarios, como los genocidios de los pueblos nativos cometidos, entre otros, por Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Por eso el Occidente se apresura tanto a celebrar la memoria de la Shoah: no para conjurar la posibilidad de que se repita, sino para esconder sus propios trapos sucios, es decir, para ocultar el hecho de que es su historia la que rezuma más que ninguna otra la sangre de las masacres en masa... lo que se llama la «religión del holocausto», está destinada a eliminar las políticas criminales del imperialismo occidental... la otra «singularidad» construida por las «democracias» occidentales para ocultar bajo la alfombra el polvo de sus crímenes, es la del el nazismo como una aberración irrepetible ajena a la historia y los valores de la Europa «civilizada»... en el fondo lo que no se perdona a Hitler no es el crimen en sí, no es el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre como tal, sino el crimen contra el hombre blanco, el hecho de haber aplicado en Europa esos tratos específicos coloniales que hasta entonces habían sido prerrogativa exclusiva de los árabes de Argelia, de los culis de la India y de los negros de África... Hitler admiraba los métodos del colonialismo inglés... «ningún pueblo, escribía el Führer en Mein Kampf, ha sabido preparar sus conquistas económicas mejor que con la precisa brutalidad de la espada, ni las ha sabido defender con más desaprensividad que los ingleses» (Carlo Formenti)

"La unicidad del Holocausto y la aberración nazi. O, mejor dicho, cómo eliminar los crímenes comunes de Occidente y la memoria de los genocidios coloniales.

I. Las violentas reacciones polémicas con las que políticos, intelectuales y periodistas occidentales de todo tipo ideológico (con la excepción de alguna minoría) han replicado a las acusaciones de genocidio contra el Estado de Israel son la confirmación de que tales acusaciones —más que fundadas— tocan un nervio descubierto, ya que cuestionan un mito alimentado y compartido por todos los regímenes liberal-demócratas euroatlánticos. Por cierto, que las acusaciones estén más que fundadas no solo lo atestigua la aterradora cantidad de víctimas de todas las edades y sexos provocadas por el terrorismo aéreo practicado por el gobierno de extrema derecha de Netanyahu, sino también los pocos intelectuales israelíes que, como Ilan Pappé (1), denuncian desde hace tiempo las prácticas criminales del régimen sionista.

Más aún: lo confirma el significado original —antes de que fuera mistificado por décadas de propaganda ideológica— del término genocidio, acuñado, como recuerda el historiador Leonardo Pegoraro (2), por el jurista polaco de origen judío Raphael Lemkin en los años de la Segunda Guerra Mundial. Este definió genocidio la destrucción de una nación o de un grupo étnico, refiriéndose no solo a la aniquilación física de las víctimas, sino también a la supresión de las instituciones de autogobierno, a la destrucción de la estructura social y de la clase dirigente, a la prohibición de usar su propia lengua, a la privación de los medios de subsistencia, a la criminalización de una determinada fe religiosa, la humillación y la degradación moral. Me parece claro que muchos, si no todos, estos criterios se aplican a los crímenes que se perpetran a diario contra la población palestina.

Partiendo de esta definición, Pegoraro cuestiona la teoría «unicista» que atribuye a la Shoah la cualidad de ser el único acontecimiento histórico susceptible de ser definido como genocidio. La cultura y la práctica genocidas, argumenta, existen desde la más remota antigüedad, como atestiguan la Ilíada y (lupus in fabula) la escalofriante invitación divina del Deuteronomio que dice: «Sólo en las ciudades de estos pueblos que el Señor tu Dios te da en herencia, no dejarás con vida a ningún ser que respire, sino que los condenarás a la destrucción: es decir, a los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos» (20:16-17). Los unicistas describieron la Shoah como un acontecimiento que no se puede reducir a ninguna explicación e histórica racional, una catástrofe única en su horrible desmesura. La historia demuestra, por el contrario, que existen innumerables otros acontecimientos comparables en términos de velocidad, alcance, intensidad, eficacia y crueldad.

¿Historias antiguas, como la exterminación de los galos por parte de César o los millones de muertos causados por las invasiones mongolas? No solo eso, réplica de Pegoraro: también, e incluso más, historias modernas, no atribuibles únicamente a regímenes totalitarios e ideologías incompatibles con la cultura liberal democrática, como teorizó Hannah Arendt (3). Basti ricordare che Hitler, fervente ammiratore del colonialismo inglés e dei suoi metodi (tornerò più avanti sul punto), lo assunse come modello da mettere in pratica nell’Europa Orientale, da cui voleva estirpare le etnie Slav per rimpiazzarle con quella germanica (4). Por lo tanto, un fenómeno colonial antes y más que un fenómeno totalitario, como argumenta Pegoraro recordando los genocidios de los pueblos nativos cometidos, entre otros, por Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Por eso el Occidente se apresura tanto a celebrar la memoria de la Shoah: no para conjurar la posibilidad de que se repita, sino para esconder sus propios trapos sucios, es decir, para ocultar el hecho de que es su historia la que rezuma más que ninguna otra la sangre de las masacres en masa.

II. A Costanzo Preve (5) le debemos la más dura requisitoria que he leído contra el uso propagandístico de lo que este autor llama la «religión del holocausto», destinada a eliminar las políticas criminales del imperialismo occidental. Su análisis parte de la afirmación de que la cultura judía se erige cada vez más a menudo en símbolo del occidentalismo imperial, en nombre de una supuesta identidad judeocristiana de todo Occidente y de Europa en particular, evocada para legitimar un choque de civilizaciones (6) de inspiración racista (islamófoba y no solo). Discutir los argumentos teológicos con los que Preve niega la existencia misma de nuestra supuesta raíz judeocristiana, comenzando por la incompatibilidad entre el «tribalismo» de un culto basado en la relación exclusiva entre Dios y el pueblo elegido y el universalismo cristiano, requeriría demasiado espacio. Me limito a citar las dos tesis siguientes que considero que puedo compartir:

1) La inquebrantable alianza entre Estados Unidos e Israel se basa, además de en la convergencia de intereses económicos y geopolíticos (Israel como baluarte de la dominación occidental sobre Oriente Próximo y sus recursos), en el compartir valores religiosos secularizados que son, más que judeocristianos, judeoprotestantes (calvinistas). El «sionismo cristiano» de las élites neoconservadoras estadounidenses es, de hecho, de matriz explícitamente calvinista, se basa en la teoría de la predestinación individual que se ha secularizado en la teoría de la predestinación del pueblo anglosajón (el excepcionalismo estadounidense), asociado al pueblo judío en el papel de pueblo elegido (con las consiguientes implicaciones colonialistas y racistas).

2) Lo que acabamos de afirmar no implica en absoluto una condena de la cultura y la civilización judías en su totalidad. De hecho, esta última parece atravesada por múltiples matices y corrientes, en particular por aquellas corrientes heréticas del mesianismo en las que se manifiesta una reacción universalista a una identidad religiosa particularista. Esto vale para Jesús (de ahí la tesis de Preve sobre la incompatibilidad entre el cristianismo original y el judaísmo ortodoxo), así como para los modernos mesianismos revolucionarios: desde Spinoza hasta los diversos Benjamin, Bloch y Lukács, pasando por Marx.

Demostramos un paso atrás. Que el culto a la memoria del Holocausto presenta rasgos de una ideología religiosa, escribe Preve, está atestiguado, entre otras cosas, por la introducción del delito de negacionismo en los sistemas jurídicos europeos (un hecho excepcional, tanto porque no se aplica a otros crímenes de guerra como porque viola la libertad de opinión): un interdicto que no tiene como objetivo defender la memoria de los millones de víctimas de los campos de concentración, sino legitimar un nuevo régimen mundial de dominación. Al clavar a Europa en un complejo de culpa inexpiable, la élite estadounidense ha sancionado su subordinación a su hegemonía cultural antes que a la económico-militar.

Una hegemonía tan aplastante que ha eliminado todo rastro de oposición a los valores del orden liberal-liberal, poniendo en la picota la memoria misma de las ideologías anticapitalistas del siglo XX (véase la resolución del Parlamento Europeo que equipara el nazismo y el comunismo); una hegemonía que silencia cualquier crítica al genocidio del pueblo palestino; una hegemonía que ha arrastrado a Europa a una guerra contra Rusia contraria a sus propios intereses y que, ahora que Estados Unidos sale del conflicto después de provocarlo, induce a las élites europeas a continuarlo por inercia, desmayándose económicamente y agravando aún más su marginalidad geopolítica.

III. Pasemos a la otra «singularidad» construida por las «democracias» occidentales para ocultar bajo la alfombra el polvo de sus crímenes. Me refiero a la monstruosidad de Hitler y el nazismo como una aberración irrepetible ajena a la historia y los valores de la Europa «civilizada».

«Merecería la pena estudiar, clínicamente, en detalle, todos los pasos de Hitler y del hitlerismo, para revelar al burgués distinguido, humanista y cristiano del siglo XX, que él también lleva dentro de un Hitler oculto, reprimido; o sea, que Hitler habita en él, que Hitler es su demonio y que, aunque lo culpa, le falta coherencia, porque en el fondo lo que no perdona a Hitler no es el crimen en sí, no es el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre como tal, sino el crimen contra el hombre blanco, el hecho de haber aplicado en Europa esos tratos específicos coloniales que hasta entonces habían sido prerrogativa exclusiva de los árabes de Argelia, de los culis de la India y de los negros de África».

Las palabras recién citadas son las famosas —aunque sistemáticamente ignoradas— de Aimé Césaire en su Discurso sobre el colonialismo (7). Se trata de la denuncia más apasionada y vehemente tanto de los siglos de genocidios occidentales perpetrados contra los pueblos del Sur del mundo (y que aún continúan), como del intento de liquidar el nazismo como un «unicum» histórico que nada tiene que ver con las democracias liberales euroatlánticas, que creen haberse limpiado de toda sospecha de complicidad celebrando la farsa del proceso de Nuremberg.

Poco antes recordaba la admiración de Hitler por los métodos del colonialismo inglés («ningún pueblo, escribía el Führer en Mein Kampf, ha sabido preparar sus conquistas económicas mejor que con la precisa brutalidad de la espada, ni las ha sabido defender con más desaprensividad que los ingleses»). De esta afinidad electiva entre Hitler y el colonialismo inglés (pero también español, portugués, francés, holandés, estadounidense e italiano) eran claramente conscientes de los intelectuales negros pertenecientes al entorno del anticolonialismo militante entre las dos guerras mundiales y en la segunda posguerra, como, además de Césaire, los diversos Du Bois, Williams, Fanon, Padmore, Carmichael y Robinson (8), todos ellos de acuerdo con la afirmación de Padmore de que «cuando el pueblo británico habla de El fascismo debería mirar dentro de su imperio».

A la historiadora Caroline Elkins, que cita a estos autores en relación con el concepto de fascismo colonial (sinónimo, para muchos de ellos, de fascismo liberal), debemos la denuncia más detallada y documentada (9) de dos siglos de crímenes imperiales británicos. Siguiendo a Cedric Robinson (10), Elkins recuerda cómo el capitalismo racial británico, que había alimentado su acumulación originaria con el sacrificio de millones de esclavos en las colonias antillanas y norteamericanas (11), se dirigió, tras la pérdida de los Estados Unidos, hacia Oriente y África, sin descuidar la vecina Irlanda.

En la India, la Compañía de las Indias, antes de que el país fuera sometido al gobierno de la Corona, mató de hambre a Bengala, provocando treinta millones de muertes. Pero incluso después del traspaso de poderes, las matanzas y las represiones llevadas a cabo con métodos que no tienen nada que envidiar a los campos de concentración nazis continuarán hasta la independencia alcanzada en la posguerra. Estas atrocidades fueron legitimadas, entre otros, por un distinguido intelectual liberal como John Stuart Mill, quien escribió que los indios eran un «pueblo sin historia» (ignorando que la India y China ya eran civilizaciones milenarias cuando Gran Bretaña era una isla poblada por salvajes) caracterizada por una cultura primitiva, y añadió que el despotismo está justificado cuando se trata con bárbaros (nótese bien: Elkins informa que ninguno de los altos burócratas investigados por las atrocidades cometidas en la India fueron condenadas, sino que todos fueron absueltos y elogiados por los gobernantes, los medios de comunicación y la opinión pública como dignos paladines del Imperio).

Inspirándose siempre en el concepto de capitalismo racial, Elkins demuestra además cómo el uso del racismo como factor legitimador de los peores crímenes colonialistas no ha seguido exclusivamente la «línea del color»: Para justificar los métodos inhumanos adoptados en la guerra anglo-bóer de finales del siglo XIX y en el posterior conflicto civil irlandés, Gran Bretaña discriminó racialmente a irlandeses y afrikáner, comparando sus culturas con las de los negros y utilizando imágenes y metáforas. deshumanizadoras para describir su aspecto y estilo de vida.

En todas estas circunstancias, el estado de derecho de la patria imperial, proclamado como el orgullo de la civilización anglosajona, se suspendía sistemáticamente, mientras se adoptaban leyes ad hoc que garantizaban el recurso casi ilimitado a la violencia y la coacción. La justificación siempre fue la acuñada por el cantor de la epopeya imperial británica, Rudyard Kipling, es decir, esa «carga del hombre blanco» que correspondía a la superior cultura europea para «civilizar» a los pueblos bárbaros. En pocas palabras: no es cierto que la violencia y el liberalismo sean elementos que no pueden coexistir o que coexisten solo esporádicamente y en condiciones excepcionales; al contrario: la primera es inherente a la segunda en la medida en que es fruto de sus ambiciones de modernización/civilización del mundo, de un concepto de libertad modulado sobre el individualismo propietario y de los principios clasistas/racistas incorporados en su sistema jurídico.

¿Cuál es entonces la diferencia entre los crímenes coloniales del imperialismo británico (estadounidense, francés, español, portugués, holandés, italiano, japonés, etc.) y los crímenes nazis? No es la cantidad de víctimas: los millones de negros, árabes, indios, amerindios, chinos, vietnamitas, irlandeses, etc. masacrados por las democracias liberales superan en decenas de veces a los de la Shoah. No la ferocidad: los métodos utilizados por todos los imperialismos occidentales para aplastar la resistencia de otros pueblos, descritos con detalles escalofriantes en el libro de Elkins, no tienen nada que envidiar a los practicados en los campos de concentración del Tercer Reich.

La verdadera diferencia, como escribe Césaire (véase más arriba), es la hipocresía. Es el recurso a justificaciones moralizantes (la carga del hombre blanco) en lugar de las brutales reclamaciones de dominio nazis. Es la farsa de Nuremberg, donde se celebró la justicia de los vencedores ignorando los crímenes de guerra angloamericanos (como el terrorismo aéreo sobre ciudades alemanas ya indefensas y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki), mientras en las celdas de los prisioneros alemanes (como documenta Elkins) se llevaban a cabo interrogatorios con métodos de la Gestapo. Por último, está la elevación al rango de héroe nacional y mundial de Winston Churchill, feroz reacción que simpatizó con el nazismo hasta que esperaba poder usarlo contra la URSS (no en vano había apoyado la guerra civil de los blancos contra el joven régimen soviético), partidario de los campos de concentración para los prisioneros afrikáner durante la guerra de los Bóeres, defensor de los crímenes británicos en la India, teórico ante litteram del terrorismo aéreo en la guerra colonial (luego aplicado por Estados Unidos en Vietnam y por Israel en Gaza), cómplice de la represión despiadada del movimiento de resistencia irlandesa, etc. etc. En resumen, una especie de Goering británico con puros y bombín, en comparación con el cual Thatcher parece una dulce ancianita.

IV. A modo de nota a pie de página del análisis de la contribución de Elkins a la reconstrucción de la historia de los crímenes del imperialismo inglés, cabe señalar su denuncia de la responsabilidad de los gobiernos ingleses que se sucedieron desde la primera hasta la segunda posguerra, los cuales, con sus decisiones, crearon las condiciones previas para el conflicto árabe-israelí aparentemente irresoluble y el consiguiente campo de batalla palestino que ha asolado Oriente Próximo durante más de medio siglo.

La tragedia comienza con la famosa Declaración de Balfour (1917), con la que el homónimo secretario de Asuntos Exteriores deseaba, en vista de la partición del Imperio Otomano, destinada a pagar por su alianza con los Imperios Centrales, la «constitución en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío». Según Balfour, recuerda Elkins, el sionismo, justo o injusto, bueno o malo, merecía más atención que los «prejuicios de los setecientos mil árabes que ahora habitan esa tierra antigua». Como se ve, desde entonces el racismo anglosajón, mucho más profundo (y aderezado con islamofobia) hacia los árabes que hacia los judíos, junto con lo que Elkins define como una «interacción entre el romanticismo bíblico y consideraciones geopolíticas más amplias», dejaba bastante claro de qué lado se pondría el imperialismo occidental en los conflictos regionales.

Después de que las Naciones Unidas (en 1922) confiaron a Gran Bretaña el Mandato sobre Palestina, comenzó el calvario de la población árabe, que luchó en repetidas ocasiones, y siempre en vano, para conseguir la revocación de la Declaración Balfour y la contención de la emigración judía, favorecida por las concesiones ilimitadas de compra de tierras (casi un tercio de los campesinos árabes en la miseria ya habían sido expropiados en 1930, y la expansión industrial, aunque limitada, garantizaba puestos de trabajo casi exclusivamente a los trabajadores judíos).

Las repetidas revueltas contra las autoridades británicas fueron puntualmente sofocadas en sangre, y la represión alcanzó su punto álgido con la llegada del oficial de los servicios secretos británicos Onde Wingate. Este, que ya se había distinguido como carnicero en algunas guerras coloniales, apenas desembarcó en Palestina (en la segunda mitad de los años treinta) sufrió una crisis mística y se vinculó con los círculos sionistas radicales (también fue amigo de Ben Gurion, que se distinguiría en la limpieza étnica contra los árabes en la posguerra). Devoto a la causa sionista y lleno de desprecio por la raza árabe, Wingate (aún hoy celebrado como un héroe en Israel) organizando los Squads Special Night (formaciones anglo-judías mixtas) que practicaron el terrorismo sistemático contra los rebeldes árabes.

Hoy en día, la propaganda sionista (y angloamericana) recurre a menudo al argumento del apoyo que los árabes recibieron de los nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial, pero este argumento (al igual que el utilizado contra el indio Bose y sus seguidores, que se alistaron en el ejército japonés para luchar contra los ingleses) solo puede funcionar eliminando todas las razones de odio que un pueblo ha acumulado en décadas de opresión, sometido a la presión de la doble tenaza del imperialismo inglés y el terrorismo sionista. En resumen, vuelve a surgir el motivo de la hipocresía y la doble moral que Occidente siempre ha adoptado frente a los crímenes propios y ajenos.

V. La última etapa de este recorrido dedicado a los crímenes de Occidente se refiere a un curioso libro, Barbarie Numérique (Barbarie digital), de Fabien Lebrun (12). Curioso porque se trata de un ensayo ambicioso, por no decir monumental, en el que el autor, además de ofrecer una descripción muy documentada y escalofriante del sufrimiento que siglos de opresión colonial han impuesto al pueblo congoleño (y este es el aspecto más útil e interesante de la obra), propone una crítica (compartible pero no muy original) de la utopía digital y sus mitos (a partir de la supuesta desmaterialización y virtualización de la economía y las relaciones sociales); replantea la tesis (también esta ya ampliamente compartida en el campo marxista) de la acumulación originaria como condición permanente del capitalismo desde sus orígenes hasta nuestros días; finalmente, esboza una muy discutible teoría general del capitalismo global en la que falta cualquier referencia a contra-tendencias objetivas y resistencias subjetivas.

Empiezo con la crítica de lo digital. La retórica de lo inmaterial que ha acompañado desde el principio la narración de la llamada revolución digital, argumenta Lebrun, se inscribe en esa «cultura de lo post» (postmoderna, postindustrial, etc.) inaugurada por el célebre ensayo de Jean-François Lyotard (13) y adoptada por cierta izquierda posmoderna enamorada de la supuesta función progresista de las nuevas tecnologías, que ha contribuido, junto con el culto mediático de los gurús de Silicon Valley, a descalificar y condenar como retrógrada cualquier crítica al desarrollo tecnológico (Lebrun cita lo que ya había escrito al respecto Gunther Anders (14)). El tema y los argumentos no son en absoluto nuevos (15), como ya se ha dicho, pero Lebrun los integra con una gran cantidad de datos: Los 34.000 millones de dispositivos digitales que existen hoy en día en la Tierra pesan más de 220 millones de toneladas; un teléfono inteligente contiene unos cincuenta metales diferentes y su producción requiere una cantidad desmesurada de energía, recursos naturales y agua, por lo que, si se añaden las infraestructuras necesarias para hacer funcionar las redes y los terminales, es evidente lo falso que es el concepto de «desmaterialización».

La verdad, escribe Lebrun, es que lo digital es un macro-sistema técnico que devora cada vez más electricidad (carbón, petróleo, gas, nuclear). La industria digital es inseparable de la minera y, por tanto, del extractivismo: extractivismo para lo digital (es decir, para producirlo) y desde lo digital (véase su propiedad de perfeccionar los métodos de búsqueda de los recursos que se extraen), y, por último, extractivismo «virtual» de los macrodatos que, en la medida en que promueven la fusión entre la vida privada y la vida pública, consiguen extraer valor de la vida misma, es decir, de la información que cada uno de nosotros regala. al macrosistema por el mero hecho de conectarse a la red, una forma inédita de trabajo productivo que miles de millones de personas realizan de forma gratuita, seducidas por la cultura de lo ilimitado generada por las redes sociales (16).

El extractivismo, como veremos en breve, está en el origen de las actuales desgracias del Congo (con este nombre, Lebrun connota un área más amplia de la nación que comparte el nombre de la cuenca del río homónimo: prácticamente toda el África de los Grandes Lagos y parte de África Central), un área perseguida por el «mal de los recursos naturales». Pero las desgracias de la región se remontan muy atrás en el tiempo, en la medida en que se trata del territorio más martirizado por el tráfico atlántico, desde 1500 hasta 1800, a partir de la colonización portuguesa de la isla de Santo Tomé, en el centro de las primeras rutas negreras entre Portugal, el Congo y Brasil, a las que seguirían las trazadas por ingleses y franceses hacia las Antillas y Norteamérica.

Tras recordar la lección de Eric Williams sobre la contribución del comercio triangular entre Europa, África y América a la acumulación originaria en Inglaterra y Francia, Lebrun llega a la era moderna ya la conferencia de Berlín de 1885 que repartió África entre las grandes potencias coloniales y tomó la increíble decisión de reconocer el Congo como posesión personal del rey belga Leopoldo . Este pasará a la historia como el asesino más despiadado de la historia del colonialismo occidental. Para alimentar los beneficios generados por el comercio de marfil y caucho, impuso a los negros ritmos de trabajo agotadores, castigando a los rebeldes ya los «perezosos» con la amputación de la mano, la decapitación y la destrucción de aldeas enteras y la masacre de mujeres y niños perpetrada con métodos horribles por mercados europeos de diversas nacionalidades. El costo en vidas humanas de la construcción de algunas líneas ferroviarias fue aún mayor, hasta el punto de que, entre 1880 y 1930, se calcula que hubo diez millones de víctimas (a propósito de genocidios…). Los crímenes del soberano belga eran bien conocidos y fueron denunciados por muchos intelectuales, como el escritor estadounidense Mark Twain, pero las naciones occidentales se abstuvieron de intervenir porque el Congo de Leopoldo funcionaba como un paraíso fiscal ante litteram, atrayendo inversiones financieras e industriales de todo el mundo.

Con el asesinato de Lumumba, que tras la independencia se había atrevido a hablar de nacionalización de los recursos mineros, se pasó, escribe Lebrun, del colonialismo al neocolonialismo. Y con la caída de Mobutu en los años noventa, los destinos del Congo se entrelazan inextricablemente con los de la revolución digital. Los sistemas patrimoniales —las cleptocracias— nacidos del fracaso de las guerras de independencia deben dejar paso a las políticas neocoloniales del Consenso de Washington impuestas por el FMI y el Banco Mundial. Y el Congo, que tiene la desgracia de albergar las mayores concentraciones de coltán, tierras raras y otros minerales indispensables para el desarrollo de la industria digital, se convierte en el escenario de una guerra de todos contra todos en la que participan Estados, multinacionales, mafias, bandas armadas de rebeldes y mercenarios, todos empeñados en hacerse con el control de los recursos vitales para el desarrollo de las nuevas tecnologías (entre las víctimas de estas guerras civiles que también afectan a Ruanda, Uganda y Burundi, se cuentan también el millón de tutsis asesinados por la etnia hutu y el incalculable número de refugiados provocados por las guerras civiles en Sudán, Angola y Congo Brazzaville, mientras que Francia y Bélgica se reparten el botín por un lado y Estados Unidos y Gran Bretaña por el otro). Hasta aquí la crónica de los horrores. En cuanto al intento de Lebrun de enmarcarlo en un análisis más global de la dinámica de la globalización capitalista, hay que distinguir dos niveles.

El primer nivel se refiere a la tesis de la analogía sustancial, si no de identidad, entre estas formas neocoloniales y los horrores de la acumulación originaria a través del recinto descrito por Marx en el Libro Primero de El Capital (17) . El extractivismo practicado en el Congo y en muchos otros países del Sur del mundo, argumenta Lebrun, es una reimposición a escala planetaria de la separación violenta entre trabajadores (en este caso entre pueblos y naciones enteras) y medios de producción (en este caso materias primas, territorios y otros recursos), un proceso que Harvey define como acumulación por expropiación (18), y que Samir Amin propone contrarrestar adoptando estrategias de desvinculación del mercado capitalista global (19). Una tesis totalmente compartible, aunque no original, como se ha anticipado anteriormente.

La segunda capa, es decir, el intento de Lebrun de trazar un esquema general del proceso de globalización capitalista, me deja francamente perplejo. Resumo las principales razones de esta perplejidad: 1) el poder de seducción, así como de corrupción civil, cultural, si no incluso antropológica, de la tecnología digital se describe como irresistible (no es casualidad que Lebrun cita a Günther Anders, el filósofo de la obsolescencia humana frente al poder abrumador de la técnica); 2) el proceso de globalización/mercantilización de la economía y la sociedad mundial se describe a su vez como capaz de homologar sin dejar rastro a naciones, pueblos, civilizaciones y culturas, ignorando las contratendencias, resistencias y resiliencias de todo tipo que lo frenan y se oponen a ello; 3) este marco abstracto e imaginario excluye de hecho toda capacidad de resistencia y lucha: en el análisis de Lebrun solo existen víctimas reducidas a objetos, subordinadas al proceso de valorización o reducidas ellas mismas a mercancías: las luchas de liberación nacional han fracasado, degenerando en regímenes locales al servicio del imperialismo; Fracasadas las revoluciones igualmente socialistas, que han dado lugar a formas de capitalismo de Estado (para Lebrun el capital privado y el estatal son iguales, no se prevé ninguna autonomía de lo político). En pocas palabras: el capital y la tecnología, que con lo digital han llegado a fusionarse en un poderoso megacontinuo, parecen así omnipotentes e invencibles. Todo esto no quita nada al aporte de Lebrun a la descripción de los crímenes del Occidente capitalista, «democrático» y liberal, que es el objetivo de este artículo. Con el perdón del trío europeísta Serra, Vecchioni, Scurati."              
 
 (Carlo Formenti, blog, 23/03/25, traducción DEEPL, notas en el original)