"La guerra entre Rusia y Ucrania llevará a la mundialización del
conflicto a través de los sistemas alimentarios y agrícolas. El poder
alimentario -esa capacidad que determinados países tienen de ganar
influencia a través de los alimentos- será determinante y cambiante en
los próximos años. Es un eslogan que tiene más de un siglo, pero sigue
siendo más actual que nunca: la comida ganará la guerra.
Un campo de girasoles en el Mar Negro
“Solo Indonesia puede salvar a los consumidores.” Así se refirió, el pasado 23 de febrero, en declaraciones a Reuters, un negociante de materias primas agrícolas de Bombay (India), al deseo, más que a la posibilidad, de que Indonesia levantara las restricciones a las exportaciones de su producción de aceite de palma. ¿Por qué son importantes Indonesia e India, países tan alejados de Rusia y Ucrania? Porque, como en la teoría del caos, la seguridad alimentaria mundial depende tanto o tan integralmente del comercio internacional de alimentos que lo que pasa en un punto del mundo, como una tormenta o una corriente submarina, afecta al otro lado del planeta. La única demostración plausible de la teoría del caos es el propio caos, es decir, la guerra. Y estamos en guerra.
Dentro de los llamados aceites comestibles, solo el aceite de palma -entre cuyos principales productores se encuentra Indonesia- es capaz de sustituir al aceite de girasol que, con toda probabilidad, va a dejar de llegar del Mar Negro. (...)
La otra alternativa sería el aceite de soja. Pero tres de los principales productores mundiales de soja -Argentina, Brasil y el Paraguay- están sufriendo una sequía extrema, lo que implica cosechas inferiores a las esperadas y proyectadas. Luego, escasez y subida de precios. Pero hay que volver al Mar Negro: entre el 60 % y el 65 % de las exportaciones de cereales de Rusia y Ucrania se hacen a través de seis puertos en la costa del Mar Negro: Novorosíisk e Tuapsé (Rusia), Odesa e Ilyichevsk (Ucrania), Constanza (Rumanía) y Burgas (Bulgaria).
Entre el 24 y el 25 de febrero tres navíos mercantes fueron atingidos -presumiblemente por ataques rusos- en las inmediaciones del puerto de Yuzhne y en la costa de Odesa. Las fuerzas armadas ucranianas anunciaron la suspensión de todos los movimientos de navíos comerciales en
cinco puertos de Ucrania. Obviamente que esto solo va a empeorar lo que
ya estaba mal: 380 mil toneladas de aceite de girasol -con destino a
India- están retenidas en los puertos de la región. Y de las 510 mil
toneladas contratadas por India que deberían salir del Mar Negro entre
febrero y marzo de 2022, solo 130 mil toneladas llegaron a India. En la búsqueda de nuevos proveedores, compradores indios reservaron un volumen récord de 100 mil toneladas de aceite de soja de EE.UU.
El trigo en el Mediterráneo
Si India importa de Ucrania y Rusia la mayor parte del aceite de girasol que consume, Indonesia -el único país que, según el negociante de Bombay, puede salvar a los consumidores indios abriendo su mercado de aceite de palma- es uno de los principales destinos -junto con Egipto, Turquía, Pakistán y Bangladés- de las exportaciones de trigo de Ucrania, el quinto mayor exportador de trigo del mundo. El primero es Rusia, cuyos principales compradores fueron, en 2021, Turquía, Egipto y Kazajistán. En un contexto de guerra, con los puertos del Mar Negro bloqueados, el trigo es, entre los granos y cereales, la materia prima agrícola clave. Junto con los fertilizantes. Pero vamos por partes. (...)
Esta puede ser otra consecuencia previsible de la guerra: las ventas de alimentos rusos a China aumentaron un 123 % entre 2017 y 2020 (...)
No es posible determinar qué impacto tendrán las sanciones económicas a Rusia en su estrategia de exportación de trigo -por no hablar de las repercusiones que la invasión de Ucrania pueda tener en sus infraestructuras de exportación-. Pero, el caso de India en relación al aceite de girasol puede ser un patrón. Los países importadores serán los más afectados: Indonesia, Turquía, Pakistán, Egipto y Bangladés. Y los países del norte de África que conforman la cuenca mediterránea necesariamente tendrán que buscar alternativas al trigo ruso y ucraniano. (...)
Una de esas fuentes alternativas de suministro identificada por el gobierno egipcio puede ser Australia -con la estimación de una cosecha récord de trigo- y la Unión Europea que, probablemente, en 2022, liderará las exportaciones de trigo en el mercado mundial. En buena medida debido a Francia. (...)
En un contexto de aparente desglobalización, con las cadenas de suministro rotas, la autosuficiencia es tan determinante como alcanzar acuerdos – la mayoría bilaterales – con nuevos socios comerciales. El caso de Rusia es ejemplar en cuanto al impacto que las sanciones económicas -que vienen siendo aplicadas desde 2014- tuvieron en su sistema alimentario: Rusia se ha vuelto más autosuficiente. (...)
Los fertilizantes en América del Sur y Europa
Hay algo que une América del Sur al Mar Negro y no es un estrecho turco: la importancia de las exportaciones de cereales y granos de ambas regiones para alimentar el comercio internacional de alimentos. En 2019, la FAO publicó un informe prospectivo sobre los equilibrios entre oferta y demanda de fertilizantes hasta 2022. Según su análisis, la oferta mundial estaría ligeramente por encima de la demanda, lo que provocaría una escasez en determinadas regiones. América Latina era el subcontinente que presentaba más desequilibrios, dada su fuerte dependencia de fertilizantes importados.
El pasado 15 de febrero de 2021, coincidiendo con el aumento irreversible de la tensión entre Rusia y Ucrania, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, inició una visita oficial a Rusia. El momento de la visita, aparentemente inapropiado, había sido programado, según la versión oficial brasileña, mucho antes del empeoramiento de la crisis. Pero la visita tuvo un carácter casi urgente: la práctica dependencia de Brasil de los fertilizantes de Rusia en un contexto de encarecimiento mundial de fertilizantes. En 2021, el 23 % del total de fertilizantes importados por Brasil procedió de Rusia, la mayoría potasa. Si las sanciones a Rusia impactan a su industria de fertilizantes -lo más probable-, Brasil se enfrentaría a una crisis de abastecimiento.
Que afectaría a los rendimientos agrícolas de cultivos como la soja y el maíz. La combinación azarosa y caótica de circunstancias se completa con la sequía que se registra en algunas regiones sojeras de Brasil. Que se extiende a Argentina y al Paraguay. En los últimos dos meses, los pronósticos de producción mundial de soja actualizados regularmente por el USDA han bajado en cerca de 23 millones de toneladas debido a las malas cosechas previstas para América del Sur.
En diciembre de 2021, Rusia anunció la introducción de restricciones a la exportación de fertilizantes que estarán vigentes hasta junio de 2022. China, en julio de 2021, anunció la suspensión temporal de las exportaciones de fertilizantes para garantizar el suministro interno. La estrategia de Rusia se enmarcaría dentro de aquello que algunos denominan “diplomacia de fertilizantes”. Por ejemplo, PhosAgro, una de las principales empresas rusas del sector, anunció -antes de la invasión rusa- que los suministros a Brasil no serían afectados y a principios de febrero Reuters reveló que la misma PhosAgro negociaba acuerdos de suministro con empresas indias.
Para completar el cuadro: Rusia y Bielorrusia son responsables de más de un tercio de las ventas mundiales de potasa. Por eso, como consecuencia de las sanciones internacionales impuestas a Bielorrusia, la compañía noruega Yara -una de las más importantes empresas de fertilizantes del mundo- anunció que comenzará a reducir sus compras de potasa bielorrusa a partir del 1 de abril de 2022. La sustituirá por los fosfatos de Marruecos.
Para fabricar fertilizantes nitrogenados es indispensable gas natural. Y Europa depende de terceros -sean cuales sean los suministradores en este momento de la guerra-. Los precios exorbitantes del gas natural en el último trimestre de 2021 llevaron a que varias fábricas de fertilizantes en Europa paralizasen o redujesen la producciónla observación publicada por los analistas de CRU Fertilizer un día después de que Rusia invadiera Ucrania: “Las ramificaciones completas de la incursión de Rusia en Ucrania aún no están claras, pero es muy probable que repercutan en los mercados durante los próximos meses, si no años”. Definitivamente, la mundialización de la guerra se hará a través de los sistemas agrícolas y alimentarios.
Mas allá de las necesidades y limitaciones comerciales, el origen geográfico de los alimentos será un factor más a tener en cuenta en las alineaciones y relaciones políticas entre estados. En esto consiste el poder alimentario, un concepto muy utilizado durante la década de 1970, tan utilizado que hasta el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de EE.UU. emitió, en 1977, un informe al respecto: ”Use of U.S. Food Resources for Diplomatic Purposes: An Exmination of the Issues”.
Una de las condiciones para el ejercicio del poder alimentario, tal
como lo definió el informe de 1977, era que el país importador se
encontrase en una situación financiera suficientemente débil que no
pudiese garantizar sus necesidades alimentarias sin sacrificar,
seriamente, su situación económica. A cambio de ayuda alimentaria o de
facilidades comerciales, el estado que ejerciese poder alimentario
obtendría concesiones diplomáticas del país receptor/importador de
alimentos. En un momento de escasez, la disponibilidad de alimentos
definirá nuevas e improbables alianzas internacionales." (Jorge Matos, Descifrando la guerra, 02/03/22)
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