7.10.26

Al mundo no solo le falta petróleo; le falta también capacidad para transformar el crudo en los productos refinados que demanda el mercado internacional, como el diésel... El 22 de septiembre el precio medio del diésel en Estados Unidos alcanzó un máximo histórico de 1,7 dólares el litro... El aumento de los precios afecta a agricultores y transportistas, convirtiéndose en un problema político en vísperas de las elecciones de mitad de mandato... cuanto más diésel exporta Estados Unidos para apoyar a sus socios y reforzar su cuota en el mercado mundial, más pagan las regiones estadounidenses en las gasolineras. Esto empieza a determinar la línea política de Washington. Trump ha confirmado que va a prohibir las exportaciones de diésel... No se trata sólo de los cuellos de botella en los Estrechos de Ormuz, Bab El Mandeb, Bósforo o Malaca. Las refinerías también lo son. En el Golfo Pérsico, los ataques iraníes han dañado nueve refinerías de toda la región, reduciendo los volúmenes de materias primas a partir de las cuales otros países destilan los productos refinados... tres de las seis mayores refinerías rusas productoras de diésel detuvieron por completo su actividad o reducido drásticamente su producción debido a los daños causados ​​por los drones ucranianos... Europa, que prescindió de los productos petrolíferos rusos tras 2022, cuenta con pocas alternativas... Para los países importadores más pobres, la situación es mucho más grave. El fuerte aumento del precio del diésel repercute rápidamente en el coste de los alimentos... La escasez no desaparecerá aunque se acaben las guerras. Las reservas estadounidenses de refinados se mantendrán por debajo del mínimo de los últimos cinco años hasta finales de este año y durante la mayor parte del siguiente. Incluso en el escenario más favorable, el retorno a los niveles de precios anteriores podría llevar años. La rehabilitación de las instalaciones dañadas requiere tiempo (mpr21)

"Al mundo no solo le falta petróleo; le falta también capacidad para transformar el crudo en los productos refinados que demanda el mercado internacional, como el diésel. La carestía de petróleo sólo explica una parte del aumento de los carburantes, el resto se debe a la escasez mundial de productos refinados.

El 22 de septiembre el precio medio del diésel en Estados Unidos alcanzó un máximo histórico de 1,7 dólares el litro. Los contratos de futuros europeos del diésel marcaron un récord a mediados de septiembre —tras haberse duplicado con creces desde enero—, mientras que los precios en Asia se mantienen cerca de sus propios máximos.

El indicador más revelador del precio de los combustibles es la diferencia entre el coste del crudo y el coste del refinado que, el 1 de septiembre superó el récord de 106 dólares por barril.

No se trata sólo de los cuellos de botella en los Estrechos de Ormuz, Bab El Mandeb, Bósforo o Malaca. Las refinerías también lo son. En el Golfo Pérsico, los ataques iraníes han dañado nueve refinerías de toda la región, reduciendo los volúmenes de materias primas a partir de las cuales otros países destilan los productos refinados.

Los ataques ucranianos a las refinerías rusas

En Rusia los ataques de drones ucranianos se dirigieron contra las refinerías. La estrategia de Kiev es bastante evidente. El petróleo crudo puede seguir extrayéndose y vendiéndose, pero es en las refinerías donde se produce el combustible destinado al mercado internacional y los ingresos por exportación.

El diésel ha sido para Rusia durante mucho tiempo uno de los pilares de su diplomacia comercial. Rusia abastece cerca de una décima parte del suministro mundial de diésel y tradicionalmente lo vendía por debajo del precio medio mundial, lo que le convertía en un proveedor natural para los importadores sensibles a los precios. Este verano, el Kremlin decidió dar prioridad al mercado interno.

En julio Rusia prohibió la exportación de diésel como parte de las medidas destinadas a estabilizar el mercado interno de combustibles. En septiembre, tres de las seis mayores refinerías rusas productoras de diésel detuvieron por completo su actividad o reducido drásticamente su producción debido a los daños causados ​​por los drones ucranianos.

Sin embargo, sería erróneo interpretarlo como una retirada definitiva de Rusia de los mercados de exportación. Rusia no abandona el mercado, sino que hace una pausa. La cuestión es qué harán mientras tanto sus clientes.

Turquía convierte la escasez en una herramienta de influencia

Turquía ha dependido siempre de los suministros rusos. El año pasado Rusia cubría el 85 por cien de las importaciones turcas de diésel: unos 281.000 barriles diarios. También era un pilar clave del comercio de exportación ruso y, en junio, había adquirido —junto con Brasil— al menos la mitad de los cargamentos rusos disponibles en el mercado.

Cuando la oferta comenzó a contraerse, Ankara no perdió tiempo y se dedicó a buscar alternativas a los suministros rusos. Los importadores turcos diversificaron sus fuentes de abastecimiento con gran rapidez.

Estados Unidos se ha situado en el centro del nuevo mapa del mercado del diésel desempeñando un doble papel: el de proveedor en última instancia y el de víctima de la escasez. Brasil va a comprar cada vez más diésel procedente de la costa estadounidense del Golfo de México, tal como ocurrió durante la prohibición rusa de 2023. Esto otorga a Washington una nueva forma de influencia sobre los países importadores.

Sin embargo, esta influencia en el exterior conlleva un coste interno. A finales de septiembre, las reservas de destilados en Estados Unidos habían caído a 100 millones de barriles, situándose aproximadamente un 14 por cien por debajo de la media de los cinco años anteriores. El aumento de los precios afecta a agricultores y transportistas, convirtiéndose en un problema político en vísperas de las elecciones de mitad de mandato.

Aquí reside la paradoja: cuanto más diésel exporta Estados Unidos para apoyar a sus socios y reforzar su cuota en el mercado mundial, más pagan las regiones estadounidenses en las gasolineras.

Esto empieza a determinar la línea política de Washington. Trump ha confirmado que va a prohibir las exportaciones de diésel y ha exigido a sus aliados europeos que liberen parte de sus reservas estratégicas de combustible, advirtiéndoles de posibles restricciones a la exportación por parte de Estados Unidos.

Lo primero es el mercado interno

Europa, que prescindió de los productos petrolíferos rusos tras 2022, cuenta con pocas alternativas. Tras la entrada en vigor de la prohibición rusa, el margen europeo del diésel superó por primera vez los 60 dólares por barril en julio; a principios de septiembre, el diferencial de refinado del diésel en el nudo de Ámsterdam-Roterdam-Amberes alcanzó un nuevo récord: cerca de 98 dólares por barril.

Por su parte, India se ha convertido en uno de los grandes ganadores de la nueva era del refinado. Sus grandes refinerías orientadas a la exportación abastecen ahora a Turquía y a Europa, e incluso Rusia comenzó a importar gasolina india este verano. Esta capacidad otorga al país un peso diplomático que las reservas de crudo por sí mismas nunca habrían podido proporcionarle.

China, por el contrario, ha optado por proteger su mercado interno. El 1 de octubre las refinerías chinas suspendieron sus exportaciones de combustible para preservar las reservas locales. La decisión de Pekín restringe aún más la oferta en un mercado mundial que es ya deficitario.

El Tercer Mundo tiene que someterse a los precios más altos

Para los países importadores más pobres, la situación es mucho más grave. El fuerte aumento del precio del diésel repercute rápidamente en el coste de los alimentos, ya que los tractores, las bombas de riego y los camiones de reparto funcionan con diésel. Cuando el diésel se convierte en un recurso estratégico, gran parte del Tercer Mundo se encuentra en la posición de un comprador obligado a aceptar el precio en una guerra comercial que no puede ganar.

La capacidad de refinado constituye ya por sí misma un activo estratégico, tan importante como el petróleo del subsuelo, pero mucho más vulnerable a los ataques. Los países que disponen de capacidades de refinado flexibles y orientadas a la exportación —principalmente India y Estados Unidos— gozan de una ventaja que actualmente los productores cuyas infraestructuras están destruidas no pueden aprovechar.

Las prohibiciones de exportación se están convirtiendo en un instrumento de gestión de la crisis. Rusia ya las ha utilizado para proteger su mercado interno, y otros países podrían seguir su ejemplo. Esto cuestiona uno de los postulados fundamentales del comercio mundial de energía: que un comprador dispuesto a pagar siempre encontrará un vendedor.

La escasez no desaparecerá aunque se acaben las guerras. Las reservas estadounidenses de refinados se mantendrán por debajo del mínimo de los últimos cinco años hasta finales de este año y durante la mayor parte del siguiente. Incluso en el escenario más favorable, el retorno a los niveles de precios anteriores podría llevar años. La rehabilitación de las instalaciones dañadas requiere tiempo.

Durante la mayor parte de la última década, el debate sobre la energía y el poder mundial se centró en la transición energética, el litio, los paneles solares y los vehículos eléctricos. Este año ha recordado una verdad más antigua: los ejércitos, la agricultura y las cadenas de suministro siguen dependiendo del diésel, y quien controla el refinado controla algo mucho más inmediato que el futuro: controla el presente."

(mpr21, 07/10/26)

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