“Hace pocos meses, la colombiana Luz Marina A., de 51 años, acudió a un locutorio para poder ver, por primer vez en siete años, a sus dos hijos en Bogotá, de 18 y 12 años, a través de una cámara conectada a Internet. "No pude decir una palabra. Lloraba. Yo no les reconocía físicamente, ni ellos a mí. Y lo peor de todo es que me preguntaban por el dinero". Luz Marina no puede viajar a su país porque, al estar irregularmente en España, si sale, no podrá entrar. (…)
"Son mujeres a las que se exige y que se exigen adaptarse a los tiempos, a los ritmos, a las demandas y a las necesidades de los otros", señala Gema de Cabo, jefa de proyectos del Centro de Estudios Económicos Tomillo (CEET). "Sus intereses, sus necesidades, sus sentimientos, como mujer o como persona quedan en segundo término", añade.
Muchas no encuentran sentido a su presencia en España, se arrepienten de haber venido, viven solas y tristes, y creen que su trabajo no les permitirá alcanzar sus sueños. "Son mujeres que se sienten cada día más lejos de los suyos, atrapadas y sin futuro: ni en su país, ni en España", resalta De Cabo.
La vulnerabilidad emocional y la sensación de desamparo son tan intensas, que Sandra, una inmigrante ecuatoriana, se dejó embarazar por un pelanas para tener un hijo y mitigar su soledad. A los tres meses, lo pensó mejor y abortó. (…)
La presidenta de la Asociación Hispano-Ecuatoriana Rumiñahui, Dora Aguirre, conoce bien el drama, causado por las fuertes presiones psicológicas y emocionales a las que están sometidas las mujeres de la inmigración. "Nuestras vidas, sociales, familiares, de pareja, están rotas, y nuestros códigos de asimilación de la nueva realidad que vivimos están sometidos a una constante evolución", subraya. "Y en estos casos, las circunstancias laborales en que nos encontramos inmersas son criminales. Hay casos de internas que se han suicidado, y mujeres que sufren profundas depresiones, ansiedad, bulimia y anorexia".
Hijos que ya no quieren vivir con sus padres, parejas rotas, y mujeres que han cambiado su personalidad en España: se han hecho más libres. El desarrollo de esa individualidad, sin embargo, entra en colisión con el secular machismo del esposo. (…)
"Yo quiero lo mejor para ellos, pero no dejan de pedir. El otro día tuve una gran bronca con mi hija adolescente porque no quiero mandarle dinero para un ordenador y un móvil. Hay otras necesidades más urgentes", señala la paraguaya Elvira, empleada en el servicio doméstico. (…)
"Se enfrentan a la paradoja de estar junto a unos niños extraños ganando dinero para sus propios hijos, que en el 70% de los casos vive todavía en los países de origen, y a los que no pueden ver muchas veces por años" (El País, ed. Galicia, Sociedad, 23-03-08, p. 30)
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