"Esta semana se han conmemorado dos aniversarios importantes: la caída de las Torres Gemelas y la caída de Lehman Brothers. (...)
¿Quién ha salido ganando con estas tragedias? La respuesta es desconcertante: un Estado supuestamente democrático ha seguido los intereses de una oligarquía de privilegiados: los señores feudales de la globalización -que poseen el poder económico y financiero, y controlan la información- y los de una pequeña casta de servidores suyos.
En defensa de la democracia feudataria estadounidense y so pretexto de guerra contra el terrorismo, Bush pone en marcha la política del miedo. Se magnifica la amenaza de Bin Laden para justificar una serie de intervenciones armadas que no pretenden tanto erradicar la mala hierba como relanzar el papel hegemónico de Estados Unidos. (...)
El objetivo es otro: defender los intereses próximos a la Administración de Bush y relanzar a Estados Unidos como única superpotencia. Basta poco para conseguirlo: el precio del petróleo se dispara hacia las estrellas, hasta los 150 dólares el barril, casi 10 veces los 18 que costaba en vísperas de la tragedia. Y las multinacionales estadounidenses del petróleo, que no sólo producen el oro negro sino que lo refinan y lo comercializan para los productores árabes, registran enormes beneficios. También la industria bélica va viento en popa. (...)
Y llegamos a la caída de Lehman Brothers, que hace un año hacía presagiar una avalancha de bancarrotas en las altas esferas de las finanzas mundiales. No ha pasado nada de eso. Gran parte de los principales bancos estadounidenses -con Goldman Sachs a la cabeza- e internacionales han publicado beneficios astronómicos en el segundo trimestre de 2009. Y las primas no tienen precedentes.
Como es natural, este "milagro" es fruto de nuestros ahorros repartidos por los bancos centrales. (...)
Esta lectura "alternativa" de las dos caídas de septiembre nos hace pensar que las causas son mucho más serias y están mucho más arraigadas, no se limitan a la locura religiosa de un puñado de exaltados árabes y la codicia incontrolable de unos jóvenes banqueros en ascenso. Ni el deseo de vivir como vivía Mahoma ni el de poseer un Ferrari Testarossa bastan para producir crisis políticas y económicas como las que hemos experimentado. En el origen, por desgracia, está el deterioro de las democracias modernas y el desplazamiento progresivo hacia formas de gobierno premodernas. ¿Qué hacer? Despertémonos antes de que sea demasiado tarde." (LORETTA NAPOLEONI: Democracias feudatarias. El País, ed. Galicia, Opinión, 13/09/2009, p. 35 )
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