17.1.11

Solo queda reestructurar las deudas... y rezar

"La reestructuración de la deuda -amortizar las deudas de los propietarios de viviendas y, en algunos casos, las de los gobiernos- será fundamental. Tarde o temprano, se hará, pero el retraso resulta muy costoso... y en gran medida innecesario.

Los bancos nunca han querido reconocer sus créditos fallidos y ahora no quieren reconocer las pérdidas, al menos no hasta que puedan recapitalizarse mediante sus beneficios comerciales y el gran margen entre sus altos tipos de interés y los mínimos costos de su endeudamiento.

El sector financiero presionará a los gobiernos para lograr el pago completo, aunque provoque un despilfarro social en gran escala, un enorme desempleo y un gran sufrimiento social... e incluso cuando sea consecuencia de sus errores en la concesión de créditos.

Pero, como sabemos por experiencia, no se acaba la vida después de la reestructuración de la deuda. Nadie desearía a cualquier otro país el trauma por el que pasó la Argentina en 1999-2002, pero este país también padeció en los años anteriores a la crisis -años de rescates por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de austeridad- a consecuencia de un enorme desempleo y tasas de pobreza y crecimiento bajo o negativo.

Desde la reestructuración de la deuda y la devaluación de su divisa, la Argentina ha tenido años de crecimiento del PIB extraordinariamente rápido, de casi el 9% por término medio de 2003 a 2007. (...)

Solo podríamos conjeturar lo que habría ocurrido, si no hubiera aplazado el día del juicio final durante tanto tiempo... o si hubiese intentado retrasarlo aún más.

Así, pues, esta es mi esperanza para el nuevo año: que dejemos de prestar atención a los supuestos magos financieros que nos metieron en este embrollo -y que ahora piden austeridad y una reestructuración retardada- y empecemos a usar un poco el sentido común. Si tiene que haber sufrimiento, el mayor deben arrostrarlo los responsables de la crisis y quienes más se beneficiaron de la burbuja que la precedió." (JOSEPH STIGLITZ: Contra toda esperanza, la esperanza de 2011. El País, Negocios, 16/01/2011, p. 12)

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