"Otra forma de ingresos extraordinarios son las privatizaciones. El
Estado no puede cubrir el déficit con impuestos y vende el patrimonio
heredado por generaciones. En los últimos treinta años el patrimonio
público, de todos, no ha tenido grandes incorporaciones, algunas líneas
de tren de alta velocidad construídas seguramente con un criterio más
centrado en el interés particular de constructores que en le interés
general.
Sin embargo, hemos visto como se ha vendido grandísimas
empresas del sector público. Se consiguen así unos ingresos que no se
obtienen de cobrar impuestos a quienes acumulan grandes riquezas y se
venden grandes empresas con grandes beneficios posiblemente a quienes ya
se han enriquecido con las reformas laborales y fiscales.
En el periodo 1984-2011 se han vendido empresas y grandes empresas por un valor de unos45.000 millones de euros. (...)
Telefónica (1), parte del BBVA (Argentaria) (4), Repsol (6), Acerlor
(Aceralia) (7), Endesa (8), INDRA, parte de Gas Natural. Además de
grandes empresas que no cotizan en el IBEX35 como SEAT, vendida a
Volkswagen, como IBERIA, como Marsans.
El patrimonio vendido por 43.200
millones hoy, incluso en un momento de suelo bursátil por la crisis,
casi se triplica. Por lo que se refiere a los beneficios, sólo
Telefónica superó en 2010 los 10 mil millones; Endesa, los 4 mil;
Repsol, los 4 mil quinientos. En total, más de 20 mil millones en años
de crisis.
A juzgar por esos datos no parece que las
privatizaciones hayan sido un buen negocio para el Estado: no reduce
mucho la deuda (45 mil millones representan poco menos del 10% de toda
la deuda), pierde unos ingresos patrimoniales nada desdeñables, se vende
un patrimonio a un precio insuficiente a juzgar por la revalorización
experimentada (el 20% de Telefónica se vendió en 1997 por 4 mil millones
y ahora tiene un valor de 24 mil millones), se cede el control sobre
sectores estratégico, se crean unas empresas tan grandes que luego
presionan al Estado debilitado para que se comporte a su beneficio, se
cae en el riesgo de que el capital inicialmente español caiga en el
control de capitales nacionales (lo que suele doler a los responsables
de las privatizaciones, como se ve en el caso de la alianza entre Sacyr y
Pemex en Repsol).
Por lo tanto, lo que en principio se diseña
como una estrategia para cubrir el déficit estructural provocado por la
disminución de los ingresos procedentes de la clase social de rentas
altas acaba potenciando el negocio de esa clase social. Un circulo
virtuoso para ellas, en paralelo con un círculo vicioso para las clases
trabajadoras y populares.
La propiedad pública de las empresas
estratégicas era un elemento fundamental de la socialdemocracia, como la
progresividad fiscal o el estado del bienestar. En la secuencia
histórica de estos treinta años hemos visto como el PSOE ha cambiado
esos principios por los del neoliberalismo.
En medio de la burbuja, el
gobierno de Zapatero no se vio obligado a hacer privatizaciones
visibles, aunque vendiera pequeñas empresas y participaciones marginales
de grandes empresas. Sin embargo, con la llegada de las vacas flojas el
esquema financiero que han implantado el PP y el PSOE le ha obligado a
privatizar Aeropuertos y Loterías.
Con ello, continúa la tendencia de un
sector público cada vez más debiliado, frente a un sector privado (en
su mayor parte procedente de la inversión colectiva y comprado a precio
de saldo) que cada vez se pavonea más de la fuerza acumulada. Su sed
ilimitada de negocio intentará convertir en mercancia todo aquello que
se les ponga por delante, educación, sanidad y pensiones incluídas.
Sabemos que con los partidos del bipartidismo tendrán el camino
allanado." (Rebelión, 06/10/2011, 'Privatizaciones. El monstruo se hace más fuerte', de Samuel García Arencibia,sagara1977.wordpress.com)
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