"Wall Street es más que el siguiente paso. Las personas que se
congregan en el puente de Brooklyn no son simples manifestantes hartos
de los mercados ni, como otros aseguran, jóvenes ociosos que pierden su
tiempo en montar follón, sino que forman parte de una nueva fase de la
política.
No podemos analizar lo que ha ocurrido en diferentes ciudades
europeas, y ahora en las americanas, en términos de movimientos
minoritarios, sino que debemos ser lo suficientemente perspicaces para
darnos cuenta de las demandas que subyacen bajo estas formas de
movilización. (...)
Hablamos de
un mundo, el del siglo XXI, en el que las circunstancias vitales son muy
diferentes de las que construyeron las naciones de clase media del
siglo pasado. Si en aquella época las personas definían sus identidades
por la pertenencia a un territorio o por el trabajo que realizaban, hoy
han perdido ese sentido de la identidad.
Según Standing, hay un conjunto
de trabajadores, el precariado, que “tienden a sentirse subempleados, que saben que su trabajo carecerá de continuidad y estabilidad
y que tienen una peculiar relación con el tiempo, ya que lo viven mucho
más apresurado y constreñido que en épocas anteriores”.
Las
consecuencias de esta falta de identidad, asegura Standing, pueden ser
graves y llevar "a desaprovechar las energías, a los comportamientos
anómicos, a la enfermedad social o a la drogadicción. Y si uno no forma
parte de una comunidad en la cual se vivan valores de solidaridad, se puede caer muy fácilmente en el comportamiento oportunista con los vecinos o compañeros”.
Por eso, cuando hablamos del Precariado,
por utilizar el término propuesto por Standing, debemos entender que no
nos estamos refiriendo a esa clase media que se siente exprimida, a los
excluidos de la sociedad o a un nuevo tipo de clase trabajadora, sino
que estamos principalmente ante un conjunto de sentimientos y ansiedades que afecta a toda la sociedad y al que hay que dar respuesta.
Y en un doble sentido, porque, como afirma Standing, el precariado
es algo funcional para el sistema de mercado global, que precisa de él,
pero no podrá servir a sus fines mientras experimente sentimientos tan
negativos. “Por eso quienes están dentro del precariado (y los que están relacionados con ellos, de una u otra manera) se sienten frustrados y a menudo enfadados.
Sin embargo, sería igualmente erróneo percibir a quienes forman el precariado como simples víctimas. Mucho de ellos rechazan abierta y orgullosamente el laborismo en el que se criaron las últimas generaciones de trabajadores. Ellos no quieren volver atrás, no quieren trabajos alienantes que duren toda la vida. Quieren tener vidas productivas”. 7
Para
Standing, hablamos de personas que quieren construir un futuro en el
que puedan sentirse realizadas y trabajar en empleos que les permitan
ser creativas. Se les pide que sean flexibles y que estén en situación
de empleabilidad, pero eso no debe implicar, como lo hace a menudo, que
deban renunciar a controlar sus vidas y a disponer de un sentido del
desarrollo personal”.
El precariado es la nueva clase peligrosa, salvo que sepamos dar las respuestas precisas.
“Hablamos de millones de personas que se sienten crónicamente
inseguras, a quienes el trabajo no proporciona una identidad estable,
que carecen de un sentimiento de seguridad económica y que saben que
nunca encontrarán un lugar seguro en el que desarrollar su vida”. Pero,
dentro de esas características generales, podemos distinguir tres
grupos.
En el primero están aquellos que sienten que ha
desaparecido la vida que esperaban. “No tienen un alto nivel de
formación pero pensaban que, como la generación de sus padres, iban a
tener una vida laboral estable. Y ya no será así.
En este grupo abundan las personas enfadadas que escuchan las voces del populismo,
que no ven con buenos ojos a los inmigrantes y que son políticamente
peligrosos porque probablemente se convertirán en seguidores de los
populistas de extrema derecha”.
El segundo grupo consiste en
gente que no está comprometida políticamente. No se identifican con los
socialdemócratas, los conservadores o los cristiano-demócratas de la
vieja escuela. “Se sienten inseguros y separados de la sociedad, pero de un modo anárquico.
Tampoco están fuera del sistema, porque son parte de un sistema laboral
emergente. Incluyen muchos grupos, entre los que están los inmigrantes.
Su activismo político se limitará a salir a la calle a protestar por
los recortes en los presupuestos o en los servicios sociales”.
El
tercer grupo sí nos ofrece una perspectiva diferente, que es en cierta
manera esperanzadora, afirma Standing. La mayoría de las personas que lo
forman son jóvenes con estudios superiores, que viven situaciones
inseguras pero que ni buscan ni quieren los viejos trabajos de por vida
que ocuparon sus padres.” Y son peligrosos porque rechazan el viejo estilo de los partidos políticos. Probablemente sean idealistas, y su descontento está encauzado en el sentido de intentar buscar una sociedad mejor”.
Según Standing, cuando hablamos de precariado,
hablamos de una clase en formación, de un conjunto de personas que
comparten características similares y sobre las que actúan fuerzas muy
parecidas. “De ellos se espera que provean al mercado trabajo flexible y
que entren y salgan del empleo como si fueran nómadas urbanos. Pero no
son una clase en sí misma porque no ven la solución a sus inseguridades
de un modo similar”. (...)
En el curso de las manifestaciones de las plazas de las grandes
ciudades, en Atenas, Madrid, Hamburgo o Milán, estamos viendo el
surgimiento bastante rápido de una agenda que puede transformar una gran
parte del precariado en una fuerza política. Escuchando las
voces de los indignados, o de su equivalente en los distintos países,
estamos viendo una nueva y excitante visión de cómo otra sociedad está
tomando forma”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario