"¿Y cómo paramos el pánico? ¿Quién puede hacerlo? Solo una institución,
el Banco Central Europeo, tiene los recursos ilimitados requeridos para
parar esto. Simplemente debe anunciar, como propusimos en agosto en
estas páginas Fernández Villaverde, Santos y yo, que, para los países
que cumplan ciertas condiciones, los tipos de interés de su deuda no
superarán en ningún caso el 4%.
Con alta probabilidad, no será necesario
ni siquiera comprar mucha deuda: una vez que el objetivo exista, los
mercados saben que poco podrán frente la capacidad ilimitada del BCE.(...)
Y sin embargo, el BCE se niega a hacer esto. ¿Por qué?
Hay dos
hipótesis posibles. La primera es la de la superstición. Bajo esta
hipótesis, el BCE, al igual que la opinión pública alemana, es presa de
las supersticiones. Pese a la evidencia en contrario proveniente de las
masivas compras de bonos en Japón, en Reino Unido y en EE UU, el BCE
persistiría en la creencia de que la compra temporal, pero de forma
ilimitada, de la deuda de un país solvente en una situación como la
actual generaría inflación. Esto, simplemente no es cierto, ni en
teoría, ni en práctica. (...)
La alternativa es que el BCE esté jugando una peligrosa, pero racional,
partida de cartas. El BCE sabe que, en los buenos tiempos, las economías
del sur de Europa no hicieron ningún esfuerzo por modernizarse.(...)
Y sabe que, sin estas reformas, el jugar con la misma moneda seguirá
generando desequilibrios insostenibles. Bajo esta hipótesis, el BCE sabe
lo que hace, que es asegurarse que los problemas estructurales de fondo
se atacan y resuelven, aunque, eso sí, juega con fuego. (...)
Para saber cuál es la realidad, vale comprobar algo muy sencillo en los
próximos días: si nos mantienen en la caldera con el fuego constante,
quemando pero soportable, es la segunda. Si el fuego incrementa sin fin,
nos hemos casado con unos supersticiosos, y la situación no tiene
remedio." (El País, 20/11/2011, p. 26; Luis garicano: La actitud del BCE: dos hipótesis)
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