"El comentario de un profesional vinculado a la promoción
inmobiliaria durante años ilustra el ambiente de alegría que rodeaba
todas las vertientes del negocio de la construcción residencial hasta
que pinchó la burbuja. (...)
La rentabilidad para el accionista no dejaba de crecer. En 2004 fue del 65%.(...)
La legislación autonómica valenciana ofrecía fórmulas para promover
suelo sin necesidad de ser titular del mismo y la rentabilidad de la
construcción desbordaba cualquier otro negocio.
La inversión crediticia del Banco de Valencia crecía a ritmos del 30% anual. (...)
El banco cerró 2007 con un crecimiento de los beneficios del 20% y el
crédito seguía creciendo por encima del 25%. Pero ya se detectaban
algunos síntomas de alarma. Olivas calificó 2007 como "un año especial".
El primer golpe severo y público por su dimensión se registró a
mediados de 2009 cuando el Grupo Polaris, una inmobiliaria con
gigantescos proyectos en Murcia, colocó entre sus acreedores propiedades
por valor de 970 millones de euros. Bancaja y el Banco de Valencia (y
Murcia) fueron de los más afectados.
Los quebrantos se han
multiplicado desde entonces y el Banco de Valencia ha acumulado entre
sus activos algunas promociones incompletas y demasiado suelo cuyo valor
pone ahora en cuestión el Banco de España. (El País, 22/11/2011, p. 29)
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