"Hace más de un año que Europa protagoniza una peculiar versión de Diez negritos.
El suspense ya no consiste en averiguar quién será el siguiente
invitado a la cena que caiga asesinado, como ocurría en la novela de
Agatha Christie.
Ahora se busca al próximo en declararse incapaz de
pagar su deuda. Los sospechosos están entre los 17 miembros del club de
países que comparten moneda. Tres personajes secundarios ya han caído.
Nadie sabe si habrá más víctimas y, en caso de haberlas, si será el
turno de España o Italia. Aunque lo cierto es que, si la trama avanza
hasta ese punto, poco importaría ya el orden. El peso de estas dos
economías es tan grande que la quiebra de cualquiera de ellas
arrastraría al resto de la eurozona. (...)
España ha tenido que pagar precios muy altos para financiarse en las
tres subastas celebradas. La colocación de obligaciones a 10 años se
cerró el jueves con un rendimiento superior al 7%, el más alto desde
1997. "A este nivel no podremos continuar mucho tiempo" (...)
Porque el problema español no es tanto la deuda pública como la privada.
La suma de ambas supone ya el 355% del PIB español -la cuarta mayor del
mundo desarrollado- frente al 310% en Italia, según el Banco
Internacional de Pagos.
El exsecretario de Estado de Economía y ahora
responsable del área financiera de PwC Luis de Guindos ha advertido de
que, entre el sector público y privado, los vencimientos de España a lo
largo de 2012 ascienden a más de 300.000 millones de euros.
"Los mercados nos dan la bofetada en la deuda pública, pero en realidad
lo hacen por la de las grandes empresas y bancos", resume Juan Antonio
Maroto, catedrático de Economía Financiera y vicerrector de la
Complutense.
Pese a todo, el tipo de interés medio que paga el Estado por
financiarse sigue en niveles históricamente bajos. El pasado mes de
septiembre estaba por debajo del 4% cuando a principios de los años
noventa superaba el 10%.
El problema es que este porcentaje puede ir
subiendo rápidamente si las instituciones europeas no ponen coto a las
tormentas que sobrevuelan los mercados de medio continente.
Alemania
se niega en redondo a facilitar la decisión que muchos analistas
señalan como única solución: que el Banco Central Europeo intervenga de
forma masiva -y no con cuentagotas como ahora- comprando deuda en el
mercado secundario e impidiendo que las primas de riesgo de los países
más perjudicados pasen de un determinado nivel. Y sin embargo, Berlín no
está fuera de peligro.
Además de que una eventual quiebra de
alguno de los grandes países del euro pondría en serios apuros a su
sistema financiero, Alemania arrastra una deuda elevada, del 82% del
PIB, como se encargó de señalar esta semana el primer ministro de
Luxemburgo y presidente del Eurogrupo.
"Es más alta que la de España,
pero aquí nadie habla de ello", dijo Jean-Claude Juncker, que se declaró
"muy preocupado" por este asunto." (El País, 20/11/2011, p. 26)
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