"Si todos sabemos que vamos a necesitar un banco malo, lo mejor es
hacerlo cuanto antes", dijo Alain Blinder, vicepresidente de la Reserva
Federal de Estados Unidos, al comienzo de la crisis financiera en ese
país y se puso manos a la obra.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno
dentro de un par de semanas, coincide con Blinder, y podría empezar a
organizar el banco malo a principios de 2012, aunque las certezas son
escasas tratándose del político gallego.
Tres años después de que
empezaran a caer cajas de ahorros en España, el crédito está más parado
que nunca. Las fórmulas usadas hasta ahora en la reestructuración del
sector no han devuelto la confianza al sector por el temor de que sigue
oculto su verdadero cáncer, el ladrillo. (...)
"Lo que se ha hecho hasta ahora es claramente insuficiente". Este gestor
aboga por "buscar fórmulas jurídicas para que el cambio de propiedad y
gestión se produzca simultáneamente con el saneamiento".
Su fórmula se
basa en que la reestructuración se financia a medias entre los fondos
privados de la banca, el FGD y el Fondo de Reestructuración Ordenada
Bancaria (FROB) para evitar que recaiga todo entre los ciudadanos. (...)
Crear una sociedad donde se acumulen los suelos adjudicados, los
créditos a promotores y constructores así como los morosos relacionados
con el ladrillo que están en manos del sector financiero, que eso es un
banco malo, solo es la idea inicial. La banca entrega los activos al
Estado y recibe deuda pública con la que puede obtener liquidez en el
BCE y poder dar préstamos.
A partir de ahí se abren un montón de
posibilidades y problemas: la fórmula más aconsejable por los expertos
es que el Estado pague a precio de mercado los activos inmobiliarios, es
decir, con un descuento del 60% aproximadamente sobre el coste de
adquisición.
La diferencia entre el precio al que los activos están en
el balance y el de la venta crearía un agujero de capital de tal
magnitud en algunas entidades que no podrían seguir por sí solas. El
Estado se vería obligado a quedárselas o venderlas. El suelo y los
créditos del ladrillo están provisionados en un 33% de media.
Si el
descuento es del 60%, la pérdida ascendería al 27% para las entidades.
El FROB pagará poco por el ladrillo, pero mucho por sostener entidades
débiles. La única solución sería contar con bancos fuertes que
adquirieran a los enfermos, previamente limpiados de cemento. (...)
Irlanda utilizó esta fórmula de pagar poco por los activos. Reactivó el
crédito pero quebraron muchas entidades que fueron nacionalizadas con
deuda pública. Las cifras de deuda y déficit de Irlanda se dispararon y
tuvo que pedir el rescate a Bruselas (...)
El segundo modelo es el alemán. Tiene la ventaja de que se paga a la
banca el mismo precio que tienen fijado en sus balances, restando las
provisiones realizadas. El desembolso es mayor pero no hay agujero de
capital ni traumas de fusiones forzadas.
Pero el Estado (y por tanto los
ciudadanos) asumiría el riesgo de que se tarde mucho en recuperar el
precio pagado por los activos, si es que alguna vez se recupera. En
Alemania se ha marcado un largo plazo (incluso 20 años) a partir del
cual las entidades responderán por la caída de valor. Este sistema gusta
a algunas cajas consultadas. A cambio, aceptan que se les obligue a dar
tanto crédito como ayudas reciban.
Pero el modelo presenta un problema político: en España se tomaría como una subvención a la banca.(...)
Los tres grandes, Santander, BBVA y La Caixa, rechazan un banco malo
si no obliga a que se vendan las entidades con dificultades "porque de
lo contrario se crean bancos zombis, como ya existen actualmente".
"Hoy,
lo más parecido a un banco malo es el Banco Financiero y de Ahorro
(BFA), matriz de Bankia, ya que acumula los activos inmobiliarios y la
mayor parte de su capital es de titularidad pública", afirma un experto
bancario. La frase está en línea con lo manifestado por José María
Martínez, líder de CC OO de banca: "En España ya hay varios bancos malos
funcionando, aunque no se llamen así".
"La experiencia
internacional evidencia que un banco malo puede servir al
fortalecimiento del sistema bancario o todo lo contrario. La clave es el
precio que se pague y el diferimiento de las pérdidas, como se hizo en
Alemania" (...)
¿De cuánto puede ser la factura? Según algunas entidades, como el BBVA,
el saneamiento del sector puede costar alrededor de 60.000 millones,
incluyendo activos no inmobiliarios. Esta cifra no parece exagerada
cuando el Banco de España ha situado en 176.000 millones la "exposición
potencialmente problemática" al ladrillo.
Lo más podrido de esta partida
son los 33.000 millones en suelo adjudicado, al margen de los créditos
morosos. Vicente Cuñat, de la London School of Economics, apunta: "El
banco malo solo se debe ocupar del crédito a los promotores y
constructores valorados a precio de mercado y que se penalice a los que
mantengan los activos en su balance".
Los propios bancos, incluidos los
más grandes, admiten que hay que elevar las provisiones del 30% actual
al 50% como mínimo para activos adjudicados y créditos promotores." (El País, 10/12/2011, p. 26 )
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