20.2.12

¿Cuáles serían los culpables a disciplinar? Los trabajadores, los ciudadanos, los del 'ladrillo'... todos, menos los banqueros

"¿Cómo explicar esta preferencia por la agresividad política antes que por la eficacia económica? (...)

La retórica de la agresividad tiene que ver con la idea de que hay que castigar y disciplinar conductas díscolas que nos habrían llevado a la crisis. La misión del Gobierno sería actuar como un dictador benevolente, imponiendo disciplina a una sociedad adolescente, sin necesidad de buscar su comprensión y aceptación. (...)

¿Cuáles serían los culpables a disciplinar? Tres. Los trabajadores y sindicatos que con sus presiones salariales y la defensa de un marco laboral rígido impedirían que nuestra economía fuese competitiva. Los ciudadanos, acostumbrados a vivir de gorra, abusando de las prestaciones de desempleo, pensiones, sanidad, dependencia y otras políticas sociales.

 Y, los promotores inmobiliarios, que con su espíritu especulativo habrían conducido a la economía a la situación presente. Estas conductas exigirían ahora disciplina agresiva.
En realidad, los responsables primeros de la situación que padecemos son otros.

Están en un comportamiento negligente del sistema financiero europeo, con gran protagonismo del alemán, y en la ceguera y pasividad, digámoslo así, de los organismos públicos de vigilancia y supervisión que permitieron que la banca tomase un nivel de crédito y de riesgo absolutamente irresponsable. No olvidemos que el problema de la deuda radica especialmente en la bancaria. (...)

Desde Berlín se ha difundido una visión equivocada e interesada de las causas del sobreendeudamiento que culpabiliza a ciudadanos, sindicatos, promotores y sector público. Una visión que ha sido descalificada por muchos economistas y analistas, pero que han hecho suya de forma acrítica nuestros Gobiernos. (...)

Para crecer, nuestras empresas han de ser más competitivas. (...)

Pero las mejoras de competitividad no se pueden apoyar solo, ni fundamentalmente, en reducciones agresivas de salarios, olvidando la dimensión más relevante, que es la productividad. Es decir, la capacidad y habilidad de nuestras empresas para producir más y mejores bienes y servicios por hora trabajada.

 Eso no tiene relación con los bajos salarios. Al contrario, los bajos salarios pueden desincentivar la mejora de la productividad del trabajo."           (Antón Costas: El 'síndrome de Berlín' de los Gobiernos. El País, Negocios, 19/02/2012)

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