29.2.12

Una Unión Europea con un centro rico y dinámico y una periferia estancada y pobre...que daría lugar a dos flujos permanentes: uno de emigración de la periferia hacia el centro, y otro, de signo inverso, de financiación del centro hacia la periferia

"Se romperá el euro? ¿Iría mejor a algunos países abandonarlo? Este tipo de preguntas no se las plantean ya solo los economistas del otro lado del Atlántico. En los últimos meses, y cada vez con más frecuencia, las escucho en conferencias y coloquios en los que participo. (...)

A mi juicio, es más determinante preguntarse si la moneda única acabará siendo un instrumento para el progreso económico y social de todos los países de la Unión o, por el contrario, se convertirá en una camisa de fuerza para alguno de ellos. Una camisa de fuerza que acabe abocando a los menos competitivos al retraso económico permanente, al menos en relación con los países más avanzados.

Eso daría lugar a una Unión con un centro rico y dinámico y una periferia estancada y pobre. Algo que daría lugar a dos flujos permanentes: uno de emigración de la periferia hacia el centro, y otro, de signo inverso, de financiación del centro hacia la periferia. (...)

Nos asusta pensarlo, pero no es un escenario descabellado. La historia nos dice que es posible. Fue el resultado de alguno de los procesos de integración monetaria asociados a la construcción de los Estados-nación del siglo XIX. (...)

La austeridad y esas reglas, unidas a la imposibilidad de ganar competitividad mediante la devaluación al estar en el euro, son una camisa de fuerza sobre las economías sobreendeudadas. En esa situación, ganar competitividad es como pretender ganar una carrera de velocidad con los pies atados.

 Ante esta limitación objetiva, la retórica del sacrificio que piden las élites añade injuria al dolor de los que ya sufren la crisis.
Si no se cambian esas políticas, el euro no será camino de progreso, sino instrumento de servidumbre para los países débiles. (...)

Probablemente el euro fue un error, dadas las tremendas diferencias en competitividad existentes entre las economías del euro. Pero, en todo caso, como dice el profesor Antonio Torrero, fue un "error inevitable", dado el clima generalizado de confianza financiera excesiva en el que nació y creció el euro.

 Ahora se trata de no comportarse como avestruces y tener la valentía moral de atrevernos a pensar lo impensable: la posibilidad de que unas malas políticas puedan provocar o la ruptura del euro o una Unión con un norte y un sur permanentemente enquistados."        (Antón Costas: Pensar lo impensable, El País, 31/12/2011)

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