"De repente resulta fácil ver cómo el euro —ese grandioso e imperfecto
experimento de unión monetaria sin unión política— podría venirse
abajo. Y tampoco es que estemos hablando de una perspectiva distante. El
sistema podría desmoronarse a una velocidad pasmosa, en cuestión de
meses, no de años.(...)
Y ahora llega el momento de la verdad. Grecia es, por ahora, el foco
del problema. Los votantes que están comprensiblemente enfadados por
unas políticas que han generado un 22% de paro —más del 50% entre los
jóvenes— se han vuelto en contra de los partidos que imponen esas
políticas.
Y como todo el sistema político griego estaba, en la
práctica, intimidado para que respaldase una ortodoxia económica
condenada al fracaso, la consecuencia del hastío de los votantes ha
sido el aumento de poder de los extremistas.
Aun cuando las encuestas se
equivoquen y la coalición del Gobierno consiga alcanzar de algún modo
la mayoría en la próxima votación, se acabó lo que se daba: Grecia no
continuará ni puede continuar con las políticas que Alemania y el Banco
Central Europeo le están exigiendo.
¿Y ahora qué? Ahora mismo Grecia está experimentando lo que se está
dando en llamar “pánico bancario lento”: una retirada de fondos de los
bancos a cámara lenta, a medida que cada vez más depositantes retiran
su dinero en efectivo para anticiparse a una posible salida griega del
euro.
El Banco Central Europeo está, a efectos prácticos, financiando
este pánico bancario prestando a Grecia los euros necesarios; en el
(probable) caso de que el banco central decida que no puede prestar
más, Grecia se verá obligada a abandonar el euro y a volver a emitir su
propia moneda.
Esta demostración de que el euro es, de hecho, revocable, conduciría a
su vez a retiradas masivas en los bancos españoles e italianos. Una
vez más, el Banco Central Europeo tendría que decidir si proporciona
una financiación indefinida; si dijese que no, el euro en su conjunto
saltaría por los aires.
Pero la financiación no es suficiente. A Italia
y, especialmente, a España hay que ofrecerles esperanza, un entorno
económico en el que tengan alguna perspectiva razonable de salir de la
austeridad y la depresión.
Siendo realistas, la única forma de
proporcionar un entorno así sería que el banco central dejase de
obsesionarse con la estabilidad de los precios y aceptase y de hecho
fomentase que haya unos años con un 3 % o 4 % de inflación en Europa (y
más en Alemania)." (El País, Negocios, 20/05/2012 , Apocalipsis en breve, de Paul Krugman)
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