"Hace ahora más o menos dos años que los mercados, léase los demás
gobiernos europeos al dictado de la gran patronal y de la banca,
impusieron las primeras reformas y medidas severas de recortes que llevó
a cabo Rodríguez Zapatero.
Se dijo entonces que eran las imprescindibles para cambiar el rumbo
peligroso que tomaba la economía española y que el sacrificio que
suponían se vería compensado porque con ellas saldríamos de la crisis. (...)
Se pusieron en marcha urgentemente porque la prima de riesgo, que a
primeros de junio estaba a 170, se consideraba desorbitada. Pero en los
últimos días hemos llegado a los 575.
Se justificaron también porque la deuda era demasiado elevada. Pero
la de las administraciones del Estado al finalizar el segundo trimestre
de 2010 era del 56,6% del PIB y dos años después supera el 72%. (...)
Se han dado todo tipo de ayudas a los bancos, se han hecho reformas
financieras afirmando que con ellas volvería a fluir el crédito e
incluso a bajar los precios de las viviendas. Pero nada de eso ha
ocurrido. (...)
Lo que ha sucedido en estos dos años últimos de aplicación continuada
de reformas y recortes ha sido que nuestro PIB per capita se ha situado
por debajo de la media europea, lo que no había ocurrido desde hace
diez años.
Y no solo ha disminuido la riqueza monetaria que mide el PIB sino que
han empeorado realmente las condiciones de vida de la inmensa mayoría
de las personas. La pobreza ha aumentado considerablemente hasta llegar a
afectar, en 2011, al 22,2% de los hogares españoles, dos puntos más que
en 2009, y lo que hace pensar que ha seguido subiendo (Cáritas,
“Exclusión y Desarrollo Social. Análisis y Perspectivas 2012). (...)
Las medidas de austeridad que se vienen tomando (que en realidad no son
de racionalización inteligente del gasto sino simplemente de pérdida de
impulso público y freno a la actividad) son completamente inútiles para
resolver los problemas que tiene nuestra economía.
Es una evidencia que
las políticas impuestas no han conseguido que vuelva a fluir el crédito,
ni que se cree empleo, ni incluso que se reduzca la deuda, porque al
deprimir la actividad disminuyen los ingresos fiscales. Y, como es
igualmente evidente, tampoco sirven para disminuir la prima de riesgo.
Son un fracaso, salvo en un aspecto que es lo que se quiere ocultar:
llevan inexorablemente a la declaración de default, de impago y, por tanto, de rescate a lo grande que es lo que se viene buscando por los acreedores europeos." (Ganas de escribir, 27/06/2012,
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