"Mi primera reacción al escuchar que el capital que necesitaba la
banca española apenas ascendía a 62.000 millones de euros fue de
escepticismo. Habiendo estimado un servidor que tal cuantía debía ascender, al menos, a 150.000 millones, el fraude se antojaba evidente. Sin embargo, tras leer el informe de Oliver Wyman, los hechos se antojan muy otros.
La auditora prevé en el peor escenario adverso unas pérdidas para el
conjunto de nuestra banca de hasta 274.000 millones de euros, agujero
muy similar a los 300.000 millones de euros que meses atrás había
calculado.
Acaso la diferencia entre ambas cifras resida en que, en mi
opinión, los 300.000 millones de pérdidas suponen una estimación
conservadora, mientras que para Oliver Wyman se trataría de un escenario
muy pesimista. Pero, ¿cómo es posible que estimando pérdidas parecidas,
las necesidades de capital sean tan divergentes?
La clave del asunto está en cómo estima la auditora que nuestros
bancos van a cubrir tal montaña de números rojos: 98.000 millones
procederán de provisiones; 7.000 millones de esquemas de protección de
activos (socialización de pérdidas por parte del Estado); 68.000
millones de los beneficios operativos antes de provisiones que los
bancos amasarán en los tres próximos años (que es lo que básicamente
recogen los decretos De Guindos: que los beneficios de este año y el
siguiente vayan a provisiones); y 39.000 millones derivados de una
reducción del ratio de capital desde el 7% al 6%. Con estos cálculos, la
deficiencia de capital sería, como se ha cantado a los cuatro vientos,
de 62.000 millones de euros.
Ahora bien, esta cifra resulta engañosa por dos motivos. El primero
es que los 68.000 millones de euros en beneficios futuros no integran
hoy el capital del banco, sino que lo harán, si todo acaece según lo
deseado, a lo largo de los próximos tres años (lo cual puede ser mucho
suponer, si la economía sigue deteriorándose).
El segundo, es que los
bancos españoles no pueden permitirse ahora mismo una reducción de su
capital en 39.000 millones: al contrario, si su objetivo es el de
demostrar que van a ser capaces de resistir cualquier escenario de
estrés futuro, tendrán más bien que sobrecapitalizarse.
Dicho de otro modo, si nos planteamos cuánto capital necesitan los
bancos españoles a 31 de diciembre de 2011 para absorber todas las
pérdidas futuras de su cartera de activos sin decapitalizarse, habrá
necesariamente que añadir a los 62.000 millones de euros que estima
inicialmente Oliver Wyman, los 68.000 millones que se espera que afluyan
merced a beneficios futuros y los 39.000 que se esperan cubrir con una
reducción de capital.
En total, pues, las necesidades reales de capital a
finales de 2011 de la banca española eran de 169.000 millones de euros.
Oliver Wyman y la prensa en general han confundido deliberadamente las
necesidades de capital con las fuentes para recapitalizar a los bancos:
por las mismas, si Oliver Wyman, en lugar de incluir los beneficios de
los próximos tres años, hubiese metido los de los próximos seis años,
cabría concluir que la banca española no tiene necesidad de capital
alguna. (...)
La cuestión a resolver, pues, es si la propuesta de estructura de
fuentes de recapitalización que traza Oliver Wyman –a saber, 62.000
millones de rescate estatal; 68.000 millones de beneficios futuros;
39.000 millones de merma del core capital– sirven o no para despejar
todas las incertidumbres que pesan sobre la banca española, de manera
que el dinero, en lugar de salir de España, vuelva a entrar. Y la
respuesta es que, muy probablemente, no vaya a servir. (...)
Nos encontramos, pues, ante una especie de profecía autocumplida: si no
se recapitaliza lo antes posible a la banca, las dudas sobre la
permanencia de España en el euro proseguirán –en especial, si el sector
público tampoco equilibra sus cuentas–, de modo que la inversión seguirá
escapándose del país, asfixiando todavía más a la economía y
condenándola a un desempleo gigantesco y estructural. (...)
Si, por el contrario, se procede a sanear desde ya el sistema financiero
–y se hace lo propio con el sector público–, el capital dejará de salir
del país y, por tanto, las estimaciones actuales de pérdidas futuras
resultarán bastante acertadas. (...)
Sólo a través de un bail-in que haga afluir alrededor de 150.000
millones de euros a la banca española se lograrán simultáneamente el
doble objetivo de capitalizar de manera adecuada e inmediata a nuestras
entidades y de reducir el endeudamiento agregado de la economía.
El
rescate estatal simplemente no puede funcionar: supone un callejón sin
salida para nuestra economía. Si éste se queda corto, la banca seguirá
siendo insolvente; si se realiza en las dimensiones adecuadas, el Estado
se hundirá en el riesgo de bancarrota.
No nos dejemos engañar por las conclusiones sesgadas de las
auditoras. Leyendo correctamente sus informes descubriremos que las
necesidades de capital de la banca española son tan cuantiosas que no
hay manera de que nuestro Gobierno –ni siquiera con asistencia
comunitaria– pueda asumirlas. Tal como venimos reclamando desde hace semanas, y tal como defendió recientemente Hans-Werner Sinn, presidente del instituto alemán IFO, nuestra única salida es el bail-in." (Attac Madrid, 29/06/2012, Juan R. Rallo)
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