"Pensé en la expresión "titulado universitario sin futuro" mientras
daba clases a alumnos sobre sociedad política en la Universidad de
Birmingham. Dibujé un gráfico de expectativas, en forma de curva
ascendente: estos son vuestros ingresos a los 21 años, luego, los
sueldos aumentan, lo que aumenta los precios de la vivienda una vez que
accedéis al mercado inmobiliario; los fondos de pensiones crecen y al
final de la curva, podéis disfrutar de la comodidad; además, existe un
Estado del bienestar para protegeros si las cosas salen mal.
Pero esa era la curva antigua. Entonces dibujé la nueva. Es una curva
descendente: los sueldos no suben; no podéis acceder al mercado
inmobiliario. La austeridad fiscal se come vuestros ingresos
disponibles. Os quedáis fuera del plan de pensiones de la empresa;
esperaréis hasta los setenta y tantos años para jubilaros. Y si todo
sale mal, la situación será delicada aunque la red de seguridad del
Estado de bienestar siga estando ahí. (...)
A medida que la primavera árabe estallaba a nuestro alrededor, con un
descontento que prosigue desde Atenas a Quebec, este nicho sociológico
ha sido fundamental. El titulado universitario al que se le ha negado la
formación liberal y relajada de la generación de sus padres y que en
cambio ha tenido que hacer frente, casi desde la pubertad, a una batería
de pruebas psicométricas, llamamientos a la excelencia y opciones
profesionales que limitan la vida.
Para que el futuro sea mejor, tenemos que acabar con un modelo
económico que ya no funciona. Porque la frase de titulado universitario
sin futuro es la expresión humana de un problema económico: el modelo
occidental se ha agotado.
No puede ofrecer suficientes trabajos de alto
valor para su mano de obra altamente cualificada. Y aún así, el artículo
esencial, es decir, la titulación universitaria, ahora cuesta tanto
que, con sus trabajos de baja remuneración, tardarán décadas en pagarlo.
Mientras visitaba universidades y viviendas y lugares ocupados para
hablar sobre las raíces de la crisis, ha habido veces que he tenido que
decir: "La expresión de titulado universitario sin futuro no significa
literalmente que no tengáis futuro". Porque la psicología que prevalece
entre los jóvenes se ha vuelto peligrosamente nihilista, incluso para
los activistas. (...)
Pero también hay aspectos positivos. Al igual que conozco a jóvenes
activistas ansiosos por contarme cuál va a ser su próxima acción de
protesta, casi siempre también hay otra historia: han creado una revista
en Internet. No, no se trata de una cooperativa, se trata de un
negocio.
Han montado una cafetería o un grupo de teatro o, como es el
caso de la granja andaluza que visité, se han apoderado de un terreno
abandonado y han plantado verduras. Y todos esos exámenes, ejercicios,
clases y el incesante carácter profesional de la formación, ha hecho que
esta generación sea muy emprendedora.
Al igual que crearon de la nada formas de protesta que rompían con el
pasado, esta generación está creando formas de negocio y de comercio,
de literatura y arte, que viven en las grietas que dejan el menguante
PIB y el derrumbamiento del crédito.
Esta es la primera generación capaz de tratar el conocimiento como si
fuera software: disponible para cargarse, utilizarse, ampliarse y
finalmente eliminarse. Son capaces de empezar con niveles de
conocimiento que las generaciones anteriores tuvieron que aprender a
través de un largo proceso de ingestión y adquisición de destrezas.
Ahora, lo único que necesitan es que el modelo económico se ponga a la
altura del potencial humano que ha creado la tecnología." (Presseurop,4 julio 2012,
The Guardian
Londres)
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