8.7.12

Los factores fundamentales que explican la burbuja inmobiliaria española son las malas prácticas bancarias que llevaron a cabo los altos ejecutivos de las cajas, consentidas por los consejos de administración de las propias entidades, y los errores gravísimos de la supervisión del sistema bajo la responsabilidad del Banco de España

"La primera cuestión que cabe destacar es que con anterioridad al impacto externo sin precedentes derivado del frenazo en seco de la liquidez a partir de agosto de 2007, en España existía ya una burbuja crediticia e inmobiliaria, que ponía en situación de grave riesgo a un sector importante del sector bancario.

 Especialmente a las cajas de ahorro, destacando por su importancia  Caja Madrid, Bancaja, CAM, Caixa Galicia, Caixa Cataluña, y en los bancos ocupaba un lugar destacado el Banco Popular, que había seguido políticas de crédito hipotecario similares a las de las cajas de ahorro.

La burbuja se vio favorecida por factores como la ley del suelo de Aznar que incrementó el suelo urbanizable con el argumento de que así se abarataba el precio de la vivienda y tipos de interés e inflación bajos (el Euribor  se redujo aproximadamente desde un 5% a un 3% entre el 2000 y 2003 y no volvió a crecer hasta 2005), igualmente influyeron los estímulos fiscales a la vivienda y la complacencia del gobierno conservador con el modelo de crecimiento basado en el ladrillo. 

Sin embargo, los factores fundamentales que explican la burbuja son las malas prácticas bancarias que llevaron a cabo los altos ejecutivos de las entidades citadas anteriormente, consentidas por los consejos de administración de las propias entidades, y los errores gravísimos de la supervisión del sistema bajo la responsabilidad del Banco de España. 

Es importante señalar la presencia en los consejos de administración de políticos municipales con fuertes intereses en el sector inmobiliario. Intereses en forma de estrechas vinculaciones empresariales con promotores inmobiliarios, y el enorme crecimiento de los ingresos fiscales que generó la burbuja inmobiliaria  en las cuentas de los ayuntamientos.

Las entidades financieras citadas cometieron graves errores de gestión bancaria.

-         Alta concentración  de riesgo promotor en las carteras de crédito.
-         Creación de empresas conjuntas con los promotores.
-         Financiación 100% a los promotores.
-         Financiación a los compradores por encima del 80% del valor de tasación.
-         Garantías sobrevaloradas.
-         Generalización de avales ficticios.
-       Amplia cartera de participaciones industriales por tomar posiciones en los consejos.
-         Aventuras fallidas en el exterior de España.
-     Sueldos astronómicos vinculados a objetivos espurios como el crecimiento del balance.

A estos errores de gestión se unieron maniobras ilícitas y graves problemas de gobierno corporativo en las cajas por el tráfico de influencias, la financiación de los negocios de los “amigos” del consejo de administración. Fundamentalmente tuvieron como consecuencia una concentración inadmisible de riesgo promotor.

A los errores del sector bancario se unen graves errores en la supervisión y regulación. A este respecto cabe decir que una parte de los mismos son compartidos con otros reguladores de Estados Unidos y de Europa. No hay que olvidar que las crisis bancarias se han dado de forma generalizada en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Bélgica y Holanda.

 Pero existen  errores específicos del supervisor español. El pilar 2 de la regulación que se engloba bajo la denominación de Basilea II, permite a los supervisores no solo que puedan exigir mayores importes de capital, sino también cambios en las políticas de crédito, cuando  detecten situaciones de riesgo excesivo en una determinada entidad financiera.

Cuando un supervisor cuenta con el suficiente respaldo institucional y revisa concienzudamente las operaciones de un banco tiene en su mano herramientas para que dejen de realizarse operaciones no ajustadas a las buenas prácticas de riesgo.

 Sin embargo, el estallido de la crisis es una prueba incontestable de que los supervisores no aplicaron las medidas que la legislación les permitía tomar, ante el excesivo crecimiento del crédito hipotecario y la enorme concentración del riesgo promotor en las carteras de las entidades financieras señaladas anteriormente. 

Por el contrario, estuvieron intensivamente dedicados a la validación de los modelos cuantitativos que el Pilar 1 de Basilea II había introducido. Entidades como Caja Madrid habían superado con éxito las pruebas para poder aplicar los modelos internos, basados en la estimación por parte de la entidad  de parámetros como la probabilidad de default de los acreditados y la tasa de pérdida dado el incumplimiento.

Sería de gran interés conocer en que han quedado todos esos cálculos, ante la devastadora crisis que ha tenido la entidad. Los equipos de validación de modelos que existen en el Banco de España tendrían mucho de que autocriticarse ante la evidencia de la crisis.

El Banco de España, aportó a la regulación internacional un producto de su propia cosecha: la provisión anticíclica. De hecho fue una innovación positiva, que ha sido incorporada por otros reguladores; la provisión anticíclica es una provisión genérica que los bancos deben dotar en función del crecimiento del crédito, bajo el supuesto razonable de que a mayor crecimiento existen más posibilidades de que se produzca un salto cualitativo en la morosidad. 

Sin embargo, se sobrevaloró el poder de la provisión anticíclica ante el riesgo de concentración del sistema bancario al sector hipotecario en general y al riesgo promotor en particular. La provisión permitió amortiguar inicialmente los efectos de la crisis, pero no se hizo para prever lo que se denominan “créditos mal dados”. La provisión anticíclica primaba a los créditos hipotecarios por el hecho de disponer de garantías reales. 

Pero existía un problema que el Banco de España no tuvo en cuenta. Las garantías hipotecarias estaban fuertemente sobrevaloradas, por lo tendría que haber establecido unas reglas de descuento sobre el valor de tasación. Esto habría supuesto aceptar la existencia de la burbuja inmobiliaria, con las implicaciones correspondientes sobre las políticas de crédito de las entidades.

Sin embargo, el diseño de la provisión anticíclica hacía que se pidiera menos provisión a los bancos que presentaban más garantías, y ahí justamente estaba el problema porque las garantías de los préstamos hipotecarios, las viviendas, estaban mal valoradas (porque sus precios eran el reflejo de la burbuja). 

El regulador tuvo la oportunidad de cortar por la vía convencional, decretando provisiones por cada crédito que excediera un 80% del valor de tasación, revisar la valoración de las garantías, adicionalmente infladas por el interés de los bancos de conceder mayor valor de los préstamos (generalmente procedentes de tasadoras del propio banco).

 Lo que ocurre es que frenar a un caballo desbocado tiene un coste en términos políticos, porque era una etapa de crecimiento y la crítica fácil es que el supervisor hubiera impedido de este modo que creciera nuestra economía.

 Ni Caruana ni Fernández Ordoñez han tenido intención de abordar este control cuando esa era su misión principal: garantizar la estabilidad financiera, objetivo en el que han fracasado de manera rotunda."      (Econonuestra, 04/07/2012)

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