"Las fórmulas de rescate de la banca en apuros levantan casi más
pasiones que el fútbol. Sobre todo porque hay dos posturas muy
encontrada: los hay que defienden la libertad de las entidades
financieras para caer igual que el resto de las empresas y los que
niegan esa posibilidad por las repercusiones (temibles, se presupone)
que tendría una quiebra bancaria de cierto tamaño para toda la economía
del país en cuestión.
A eso se une otro matiz que tampoco deja indiferente a nadie: ¿quién
debe pagar el rescate en caso de que se opte por no dejar caer a la
banca en apuros? Por ahora la mayoría de las naciones (con muy pocas,
aunque sonadas, excepciones) han optado por una respuesta: el dinero
público.
Pero en este debate hay dos instituciones que están marcando
claramente que el camino puede ser distinto. La primera es la Comisión
Europea, que hace pocas semanas aprobó una propuesta de directiva que
plantea un cambio en el camino tradicional, con el objetivo de que la
liquidación de bancos sea una opción a estudiar y no el último recurso y
que abre la puerta a que los dueños de los bonos de los bancos
auxiliados asuman pérdidas, igual que hacen los accionistas. (...)
Ahora es el Banco de Pagos Internacionales
(el BIS, por sus siglas en inglés) el que pone el dedo en la llaga. El
banco central de los bancos centrales, dirigido por el español Jaime
Caruana, lo hace en el recién publicado informe anual de la institución.
Después de criticar que la banca internacional ha vuelto a las andadas y
que está recuperando el "perfil de alto riesgo previo a la crisis",
asegura que solo habrá un progreso fundamental en la estructura del
sistema financiero "cuando se permita la quiebra de grandes
instituciones sin que los contribuyentes tengan que pagar las
consecuencias".
El BIS ataca con dureza el blindaje que tienen los dueños de los
bonos de los bancos. Puesto que saben que no van a perder su inversión
porque ni van a asumir pérdidas ni verán liquidada la entidad en la que
invierten, el escrutinio y el control que hacen de las instituciones a
las que prestan su dinero es menor. Así, la banca logra financiación
casi al margen de la bondad de su gestión (al menos, en los buenos
tiempos) y luego es el dinero público el que acude al rescate.
De ahí que el BIS abogue porque los tenedores de los bonos de la
banca asuman pérdidas. "Habría una mayor sintonía entre los incentivos
de los bonistas y el interés público en general si los inversores
tuvieran más claro que deberán asumir pérdidas si los bancos se ven en
problemas".
Y va más allá: "Si los riesgos para los inversores fueran
más claros y dejaran de concederse ayudas a los bancos para paliar la
crisis, inclusive con avales públicos a sus bonos, los inversores
tendrían más interés en escrutar la situación financiera de los bancos
antes de invertir en ellos". (...)
Lo que sí se puede es liquidar entidades financieras, algo que el vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, ha dejado claro
en referencia al proceso de rescate de la banca española. Antes de
enterrar el dinero en entidades que no tienen futuro, Bruselas optará
por cerrarlas. Y ese mismo argumento es el que usan los defensores de
las pérdidas para los dueños de los bonos de los bancos: ¿por qué debe
pagar el contribuyente cuando hay inversores que asumieron un riesgo?
La
idea sería transformar esos bonos en capital, en acciones, de forma que
las necesidades de recapitalización finales con dinero público fueran
menores, como defiende Juan Ramón Rallo, director del Instituto Juan de
Mariana, en un artículo publicado en el Wall Street Journal." (Cinco días, 28/06/2012)
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