"Aun habiéndonos estallado en la cara la burbuja inmobiliaria, los
responsables políticos perseveran en tropezar una y mil veces en el
mismo ladrillo. En términos de interés general (otra cosa es el
particular), están actuando como el tonto del pueblo (de la “aldea global”, más bien), al insistir en un modelo de crecimiento que se cae a trozos por todas partes. (...)
En los últimos cinco años, la facturación de este sector en España ha
caído notablemente (si bien, con toda seguridad, el proyecto no cuenta
con la demanda interna, sino con el desembarco masivo de la barbarie del
turismo). Por otro lado, a pesar de toda la fraseología acerca del
“cambio de modelo productivo”, se sigue apostando por la
descualificación de la mano de obra y la incentivación del abandono y fracaso escolares. (...)
Aproximadamente dos tercios de la financiación de esta cosa habrá de
ser aportada por la banca, unos 4.000 millones de euros. Lo noticiable
no habría de ser esta inversión, sino su retirada de los circuitos
económicos no especulativos, la imposibilidad de acceder a este crédito
por parte de empresas y familias. El coste de la construcción y
mantenimiento de las infraestructuras, así como las expropiaciones,
corren generosamente a cargo de las administraciones públicas, lo que
incrementará su déficit.
Las reformas legislativas que promueve Las Vegas Sands Corporation son
sencillamente inaceptables; entre otras: revocación o modificación de
las garantías laborales, la ley del tabaco y ley de blanqueo de
capitales; reducción del pago de impuestos y de las cuotas a la
Seguridad Social.
El trato discriminatorio que ello supone para otras
empresas podría utilizarse para la extensión de cierto igualitarismo, a
saber: igualar a la baja todas las condiciones socioeconómicas y
jurídicas. Estas reformas van directas hacia la creación de “un paraíso
fiscal en el corazón de España”, entrando de lleno en el juego del
dumping social y medioambiental a escala global, como buen país
tercermundista. (...)
Cuando nos estábamos recuperando de la intuición de Esperanza
Aguirre, Mas contraatacó con “Barcelona World”, que se construirá,
coherentemente, en Tarragona. Lluis Recoder, consejero de Territorio y
Sostenibilidad, expuso, junto al consejero delegado de la empresaVeremonte, Xavier Adserà, y el subdirector de La Caixa,
Lluís Rullan, un proyecto que, en palabras de aquel, “nos va como
anillo al dedo”, dijo durante el rito nupcial entre la clase
político-financiera catalana y la empresa valenciana presidida por
Enrique Bañuelos, “uno de los máximos símbolos de la época dorada del
boom inmobiliario español”. [5]
La genial idea consiste en la
construcción de seis complejos turísticos temáticos sobre diferentes
áreas geográficas: Europa, EUA, China, Brasil, Rusia e India. Habrá
hoteles, restaurantes, centros de convenciones y “quizá”, casinos. El
emplazamiento es idóneo en cuanto a sus infraestructuras de transporte.
Cuenta con tres campos de golf y está muy próximo al exitoso Parque
Temático Port Aventura y una de las “playas más bonitas”.
El
desafío es recibir cada año diez millones de visitantes, siendo el
centro de “ocio familiar” más grande de Europa. És tot tan bonic...
Se prevé que la inversión sea de 4.500 millones de euros de nada,
creando 20.000 puestos de trabajo directos.
La situación es tan absurda
que, probablemente, si de incentivar la economía se tratara (y no de
seguir succionando recursos públicos hacia manos privadas, al punto que
este capitalismo bandolero le va a terminar dando la razón a Proudhon:
la propiedad es el robo), si de eso se tratara, decimos, la mejor idea
sería repartir esos 4.500 millones de euros entre 200.000 personas.
Hemos asistido en estos meses a una patética subasta que, aun en la
oscuridad de sus gestiones privadas, ha ejemplificado la rendición
incondicional de la política ante el, literalmente hablando,
“capitalismo de casino”. El patetismo se convierte en algo grotesco
cuando, de forma paternalista, entran a saco, a menudo de forma teatral,
impostada, en la capitalización emocional del sufrimiento de los
parados.
“¡Dos cientos mil, dos cientos cincuenta mil, dos cientos
setenta mil puestos de trabajo y dos huevos duros!”, agita la chulapona
presidenta ma-dri-le-ña, cebándose en el miedo y ansiedad de miles de
trabajadores. El President retaba de forma soberbia a la oposición de Iniciativa-EUiA a
explicar en las colas del INEM su rechazo al proyecto. Para quienes no
tienen nada, para quienes han sido abandonados por el Estado a la
intemperie del mercado laboral, un sueldo lo es todo.
Estaremos
dispuestos a firmar, junto al salario base, la amputación de una mano o
la adquisición de un enfisema pulmonar o un cáncer a cambio de “un
puesto de trabajo” (amianto, benceno, arsénico, cadmio, sílice,
radiaciones, aluminio, carbón, caucho…). Exhibir la aquiescencia
respecto del proyecto de quienes dependen a vida o muerte de un salario
como muestra de su idoneidad es obsceno y perverso. (...)
Ay, Alcorcón… mi Alcorcón… con sus descampados, las chicas de las que
nos enamoramos de pequeños, la cadena trófica del matonismo en los
recreos, el fútbol en los parques, los bocadillos interminables de la
tarde, la amistad, el alcoholismo de nuestros padres, la adicción a las
benzodiacepinas de nuestras madres, sus silencios… Alcorcón…
“Ciudad-dormitorio”, periferia obrera, pueblo vertical, extremeño,
andaluz y castellano, ¡proletariado! No sé yo ya qué quedará de eso…
Quizá llevamos entonces una vida de mierda. Lo que viene ahora, en
expresión de Ferlosio, es “puro infierno”. [6]" (Attac Madrid, 12/09/2012)
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