12.9.12

Capitalismo de casino... para los amiguetes de Madrid y de Barcelona

"Aun habiéndonos estallado en la cara la burbuja inmobiliaria, los responsables políticos perseveran en tropezar una y mil veces en el mismo ladrillo. En términos de interés general (otra cosa es el particular), están actuando como el tonto del pueblo (de la “aldea global”, más bien), al insistir en un modelo de crecimiento que se cae a trozos por todas partes. (...)

En los últimos cinco años, la facturación de este sector en España ha caído notablemente (si bien, con toda seguridad, el proyecto no cuenta con la demanda interna, sino con el desembarco masivo de la barbarie del turismo). Por otro lado, a pesar de toda la fraseología acerca del “cambio de modelo productivo”, se sigue apostando por la descualificación de la mano de obra   y la incentivación del abandono y fracaso escolares. (...)

Aproximadamente dos tercios de la financiación de esta cosa habrá de ser aportada por la banca, unos 4.000 millones de euros. Lo noticiable no habría de ser esta inversión, sino su retirada de los circuitos económicos no especulativos, la imposibilidad de acceder a este crédito por parte de empresas y familias. El coste de la construcción y mantenimiento de las infraestructuras, así como las expropiaciones, corren generosamente a cargo de las administraciones públicas, lo que incrementará su déficit.

Las reformas legislativas que promueve Las Vegas Sands Corporation son sencillamente inaceptables; entre otras: revocación o modificación de las garantías laborales, la ley del tabaco y ley de blanqueo de capitales; reducción del pago de impuestos y de las cuotas a la Seguridad Social. 

El trato discriminatorio que ello supone para otras empresas podría utilizarse para la extensión de cierto igualitarismo, a saber: igualar a la baja todas las condiciones socioeconómicas y jurídicas. Estas reformas van directas hacia la creación de “un paraíso fiscal en el corazón de España”, entrando de lleno en el juego del dumping social y medioambiental a escala global, como buen país tercermundista. (...)

Cuando nos estábamos recuperando de la intuición de Esperanza Aguirre, Mas contraatacó con “Barcelona World”, que se construirá, coherentemente, en Tarragona. Lluis Recoder, consejero de Territorio y Sostenibilidad, expuso, junto al consejero delegado de la empresaVeremonte, Xavier Adserà, y el subdirector de La Caixa, Lluís Rullan, un proyecto que, en palabras de aquel, “nos va como anillo al dedo”, dijo durante el rito nupcial entre la clase político-financiera catalana y la empresa valenciana presidida por Enrique Bañuelos, “uno de los máximos símbolos de la época dorada del boom inmobiliario español”. [5] 

La genial idea consiste en la construcción de seis complejos turísticos temáticos sobre diferentes áreas geográficas: Europa, EUA, China, Brasil, Rusia e India. Habrá hoteles, restaurantes, centros de convenciones y “quizá”, casinos. El emplazamiento es idóneo en cuanto a sus infraestructuras de transporte. Cuenta con tres campos de golf y está muy próximo al exitoso Parque Temático Port Aventura y una de las “playas más bonitas”.

 El desafío es recibir cada año diez millones de visitantes, siendo el centro de “ocio familiar” más grande de Europa. És tot tan bonic... Se prevé que la inversión sea de 4.500 millones de euros de nada, creando 20.000 puestos de trabajo directos. 

La situación es tan absurda que, probablemente, si de incentivar la economía se tratara (y no de seguir succionando recursos públicos hacia manos privadas, al punto que este capitalismo bandolero le va a terminar dando la razón a Proudhon: la propiedad es el robo), si de eso se tratara, decimos, la mejor idea sería repartir esos 4.500 millones de euros entre 200.000 personas.

Hemos asistido en estos meses a una patética subasta que, aun en la oscuridad de sus gestiones privadas, ha ejemplificado la rendición incondicional de la política ante el, literalmente hablando, “capitalismo de casino”. El patetismo se convierte en algo grotesco cuando, de forma paternalista, entran a saco, a menudo de forma teatral, impostada, en la capitalización emocional del sufrimiento de los parados.

 “¡Dos cientos mil, dos cientos cincuenta mil, dos cientos setenta mil puestos de trabajo y dos huevos duros!”, agita la chulapona presidenta ma-dri-le-ña, cebándose en el miedo y ansiedad de miles de trabajadores. El President retaba de forma soberbia a la oposición de Iniciativa-EUiA a explicar en las colas del INEM su rechazo al proyecto. Para quienes no tienen nada, para quienes han sido abandonados por el Estado a la intemperie del mercado laboral, un sueldo lo es todo.

 Estaremos dispuestos a firmar, junto al salario base, la amputación de una mano o la adquisición de un enfisema pulmonar o un cáncer a cambio de “un puesto de trabajo” (amianto, benceno, arsénico, cadmio, sílice, radiaciones, aluminio, carbón, caucho…). Exhibir la aquiescencia respecto del proyecto de quienes dependen a vida o muerte de un salario como muestra de su idoneidad es obsceno y perverso. (...)

Ay, Alcorcón… mi Alcorcón… con sus descampados, las chicas de las que nos enamoramos de pequeños, la cadena trófica del matonismo en los recreos, el fútbol en los parques, los bocadillos interminables de la tarde, la amistad, el alcoholismo de nuestros padres, la adicción a las benzodiacepinas de nuestras madres, sus silencios… Alcorcón… “Ciudad-dormitorio”, periferia obrera, pueblo vertical, extremeño, andaluz y castellano, ¡proletariado! No sé yo ya qué quedará de eso… Quizá llevamos entonces una vida de mierda. Lo que viene ahora, en expresión de Ferlosio, es “puro infierno”. [6]"           (Attac Madrid, 12/09/2012)

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