"–Euro o no euro. Esa ha sido la gran disyuntiva a través de la
cual se le presentó a Grecia y, particularmente, al movimiento Syriza
que usted dirige. ¿Cómo analiza el momento de crisis que atraviesa
Europa y que parece poner en tela de juicio mucho más que la sacrosanta
estabilidad del euro?
–Creo que el modelo europeo debe
reconstruirse desde abajo. No podemos estar satisfechos con lo que hoy
se llama Europa. La crisis actual no es una crisis europea sino mundial.
Europa no cuenta hoy con los mecanismos para hacerle frente y controlar
el ataque financiero mundial contra sus pueblos.
Esto explica por qué
Europa se convirtió en un continente donde el ataque del sistema
financiero mundial fue feroz. Estamos sin defensa.
–¿Acaso el
euro, la moneda única, no es una moneda imposible, es decir, una divisa
que no representa el nivel real de los 17 países que componen la Zona
Euro y que, por consiguiente, impone sacrificios a muchas naciones que
no están a la altura de lo que el euro necesita para existir?
–El
euro no es la única razón de la crisis, pero sí es parte de ella. El
resorte de la crisis es la arquitectura del euro dentro de Europa.
Necesitamos tener una moneda única, pero no una moneda controlada, que
lo único que hace es hacerles favores al gran capital y a los ricos.
Lo
que nos hace falta es una moneda que responda a la necesidad de los
pueblos. Tenemos una moneda única, pero nos falta contar con la
capacidad de tener políticas para todos los países, en especial para los
países de la periferia, que están sufriendo en este momento. El euro es
un fenómeno mundial único: tenemos una moneda única, o sea, una unión
monetaria, pero carecemos de unión política y de un Banco Central
Europeo capaz de ofrecer ayudas a todos los países de Europa.
–¿No hay una contradicción en su postura: ser de izquierda y al mismo tiempo defender el euro?
–La
contradicción existiría si uno defendiera de qué manera funciona el
euro, qué es lo que representa y cuál es la arquitectura y la hegemonía
dentro de esa moneda única. El problema no es la moneda única sino las
políticas que acompañan esta moneda. El euro se ha convertido en una
cárcel para los pueblos de Europa, en especial para las economías más
débiles de la periferia que están enfrentando la crisis.
La
contradicción está en la base con que se construyó el euro. El euro es
un polvorín que va a explotar si seguimos con este rumbo. Las políticas
de ajuste que van mano a mano con el modelo neoliberal dentro del euro
nos van a conducir a la destrucción del euro. Pero esta perspectiva la
van a pagar los pueblos y no los bancos, que van a salvarse, o a tratar
de salvarse.
El sectarismo dogmático de las elites europeas que
defienden ese modelo conduce a Europa muchas décadas hacia atrás.
–El
grado de diagnóstico que usted y la izquierda hacen de la problemática
es brillante. Pero no se encuentra la misma eficacia en la forma de
gestionar la confrontación con el sistema liberal. ¿Cómo salir entonces
de la poesía del diagnóstico y entrar de verdad en un proceso de reforma
contundente?
–Una buena manera consiste en empezar cambiando
las correlaciones de fuerzas en la sociedad. En mayo y junio pasado el
partido Syriza estuvo muy cerca de romper esa correlación de fuerzas que
existía. Grecia se convirtió en un experimento ultraliberal, en el
conejillo de Indias. Aquí se puso a prueba la política del shock para
luego ampliarla al resto de Europa. Pero tenemos la reacción de la
sociedad.
La gente ya no tiene ahora la vida cotidiana que tenía antes y
es esa misma gente la que reaccionó para que las cosas cambien. Con su
movilización la sociedad amenazó a las elites de nuestro país. Eso
significa que sí estamos cambiando la correlación de fuerzas mediante el
comportamiento crítico de las masas.
Hay que recordar que, después de
la ocupación nazi y fascista de nuestro país, pocos años después, en
1958, la izquierda estuvo a punto de llegar al poder. Las últimas
elecciones las perdimos por un estrecho porcentaje. Pero hay que tener
en cuenta que del otro lado no tenía como adversarios solamente a las
fuerzas políticas, sino también a un sistema financiero mundial y
europeo muy poderoso que nos combatió con todas sus armas de manera
feroz.
Pero si ganábamos las elecciones quizá Grecia se hubiese
convertido en el eslabón débil capaz de romper la cadena que sujeta a
Europa. Tal vez Grecia pueda pasar así de ser un conejillo de Indias a
ser el futuro bebé, el embrión de la esperanza. Esa oportunidad
histórica no la hemos perdido todavía. Los pueblos no han dicho su
última palabra.
–¿Grecia fue un poco el paradigma de Chile en Europa? –Si
ganábamos las elecciones nos hubiésemos convertido en el Chile de
Europa. Pero no lo sabemos hoy. Las experiencias latinoamericanas de los
últimos años son muy ricas para nosotros.
Lo que pasó en Chile cuando
cayó la dictadura, lo que pasa en Venezuela hoy, lo que pasó en la
Argentina hace diez años, cuando el FMI se fue de la Argentina, todo eso
constituye experiencias que nos hacen mucho más ricos y ayudan a
perfeccionar y a concretizar nuestra estrategia, tanto en Grecia como en
Europa." (...)
–¿Qué lecciones saca usted del desastre argentino del 2001?
Tuve que responder en el Parlamento al ministro griego de Economía cuando atacó de forma muy racista a la Argentina. El ministro dijo: “Noso-tros no somos como los argentinos”, y yo le respondí que estábamos mucho peor que Argentina. Esa es la verdad." (Entrevista a Alexis Tsipras, Rebelión, 19/09/2012,Eduardo Febbro, Página 12)
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