"Los mercados de valores mundiales y los mercados de bonos europeos se
recuperaron a fines de julio en respuesta a tres palabras de Mario
Draghi, jefe del BCE: que el BCE haría “lo que fuese” para proteger el
euro. (...)
¿Qué significa todo esto para la gente de la calle en la Eurozona, en
España -donde la tasa de desempleo acaba de alcanzar la cifra récord del
24,6%- en Asia, África, América Latina o incluso los Estados Unidos?
Significa que el BCE siempre ha tenido, y tiene, el poder de poner fin a
la crisis inmediata de la Eurozona, pero se ha negado a hacerlo.
Y no
por las razones económicas generalmente aceptadas -como es la
intranquilidad sobre la deuda soberana o la inflación- sino porque se ha
negado a poner fin a la crisis por una razón nefaria: para forzar a las
economías más débiles de Europa a aceptar una agenda política
regresiva, lo que incluye recortes en los salarios mínimos y las
pensiones, el debilitamiento de las leyes laborales y la negociación
colectiva y la reducción de los servicios que presta el Estado.
El BCE y sus aliados temieron que si hubiesen
estabilizado estos mercados de bonos, su apalancamiento sobre los países
periféricos se reduciría. De modo que, durante más de seis meses, el
BCE se ha negado a comprar bonos españoles, lo que haría bajar la
rentabilidad, como lo hizo en las crisis similares el año pasado.
Esto
constituye un sucio juego de la gallina, porque el BCE obviamente no
quiere llegar a un punto en que la crisis esté fuera de control.
Con sólo tres palabras, Mario Draghi hizo bajar la rentabilidad de los
bonos españoles e italianos y la caída seguía el viernes [27 de julio]
cuando Hollande y Merkel emitieron una declaración conjunta -que se
interpretó como un apoyo a Draghi- de “hacer todo para proteger” el
euro.
El bono a 10 años español que sirve de benchmark [técnica que mide el
rendimiento] está ahora a más de un punto porcentual de su récord de la
semana pasada, del 6,6%. Esto es todavía demasiado alto, pero se han
disipado los temores de que el bono alcanzara los niveles en que España
ya no pudiera pedir prestado en los mercados privados, como ocurrió en
Grecia, Irlanda y Portugal.
Está claro que los mercados han exagerado la probabilidad de que España
pudiera suspender pagos. España tiene alrededor de 94 mil millones de
euros de deuda prorrogable al año próximo, de modo que incluso si
tuviera que pedir prestado con los tipos de interés tan altos como hoy,
no se incrementaría significativamente la carga de la deuda. También
podría pedir prestado a corto plazo.
España paga actualmente en torno al
2,4% del PIB en concepto de intereses sobre la deuda pública, lo que es
bastante razonable.
En realidad, son las acciones de los especuladores en los mercados
financieros las que han llevado la rentabilidad de los bonos españoles a
estos niveles. Pero el BCE lo permitía para conseguir sus propósitos
políticos.
Lo que hizo Draghi ayer fue informar a los especuladores que
su apuesta contra estos bonos podría ser doble; es decir, podrían perder
dinero cuando intervenga el BCE. (...)
En menos de 24 horas, el banco central alemán echó una jarra de agua
fría sobre la declaración de Draghi al oponerse a la compra de bonos
soberanos. Aunque es el país más poderoso de la Eurozona, el Bundesbank
no puede necesariamente vetar una decisión tomada por el Consejo del
BCE, de 23 miembros.
Pero Alemania tiene mucho peso y su oposición
indica que la lucha seguirá entre los dirigentes de Europa sobre cuánto
hará el BCE para contener la crisis actual. (...)
Todavía queda camino antes de que las autoridades europeas pongan fin a
la destructiva ingeniería social y al daño colateral que causa a la
economía mundial." (Mark Weisbrot, The Guardian, Jaque al neoliberalismo,06/08/2012)
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