"Lo que, sin embargo, sigue siendo una
posibilidad abierta –de la que se hace eco la propuesta “Nau”
de Gerald Holtham— es caminar hacia la conversión del euro en una versión
continental de los Derechos Especiales de Giro.
El euro podría ser la moneda del comercio intereuropeo e
internacional, mientras que los “sub-euros” creados por cada una de las
naciones europeas podrían usarse en el comercio interior y –cosa muy
importante— en los regímenes financieros nacionales.
Los aspectos disciplinarios de Maastricht, centrados ahora en el déficit público de manera harto impropia, pues amplifican la recesión, se reorientarían, en cambio, hacia los déficits comerciales en el seno de Europa (complementados con presiones para minimizar, asimismo, los excedentes comerciales intraeuropeos).
Los aspectos disciplinarios de Maastricht, centrados ahora en el déficit público de manera harto impropia, pues amplifican la recesión, se reorientarían, en cambio, hacia los déficits comerciales en el seno de Europa (complementados con presiones para minimizar, asimismo, los excedentes comerciales intraeuropeos).
El euro-dracma, la euro-peseta, el euro-marco podrían
introducirse con paridad uno-uno respecto del euro, y todos los activos y todos los pasivos financieros serían denominados
en esas monedas nacionales, no en euros. Esas monedas nacionales
comenzarían entonces a flotar libremente por un período de tiempo (digamos, un
año), transcurrido el cual quedarían fijadas en proporción al euro.
La obvia devaluación que esto traería consigo para el euro-dracma
y la euro-peseta reduciría su deuda exterior y forzaría a las naciones cuyos
bancos prestaron más de la cuenta a cargar con las consecuencias. Se pondría
fin a la fuga de depósitos a la que estamos asistiendo ahora mismo: un
euro-dracma seguiría siendo un euro-dracma, ya estuviera depositado en un banco
griego o en uno alemán.
La introducción de un sistema así proporcionaría una rápida
solución a la actual crisis. No resultaría seguramente indoloro, pero es
difícil imaginar que causara más dolor que el que actualmente experimentan
Grecia y España y el que terminarán experimentando otros países cuando les
llegue el contagio.
Por lo demás, el sistema introduciría lo que de otro modo
resulta imposible en el euro: flexibilidad en las tasas de cambio. Economistas
tan alejados ideológicamente entre sí como Wynne Godley y Milton Friedman
observaron, mucho antes de que arrancara, que el euro estaba condenado al
fracaso:
a) porque presuponía que una economía de mercado podía alcanzar un equilibrio armonioso por sí mismo, sin intervención pública (lo que Godley correctamente describió como una engañosa fantasía neoclásica;
y b) porque juntaba naciones harto diferentes, manifiestamente incapaces –como observó Friedman— de integrar una unión monetaria.
a) porque presuponía que una economía de mercado podía alcanzar un equilibrio armonioso por sí mismo, sin intervención pública (lo que Godley correctamente describió como una engañosa fantasía neoclásica;
y b) porque juntaba naciones harto diferentes, manifiestamente incapaces –como observó Friedman— de integrar una unión monetaria.
Dar un paso atrás en esa fantasía distópica de la moneda
única y pasar a una mini-versión de lo que Bretton Woods habría podido ser,
podría significar para Europa una vía factible de salida de su crisis y un paso
en la dirección del sueño político de una Europa sin fracturas." (Sin Permiso, 10/09/2012, 'Una salida realista de la crisis del euro: convertir la moneda única en un conjunto de Derechos Especiales de Giro' de Steve Keen)
No hay comentarios:
Publicar un comentario