8.10.12

La crisis económica europea se está convirtiendo en una crisis de la democracia

"La sociedad española no aguantara mucho tiempo más la cura de austeridad a la que se ve sometida, una terapia fatal que no resuelve el problema del desequilibrio de las cuentas públicas. 

Con todos los motores del crecimiento parados, con las empresas, las familias y el sector publico reduciendo a la vez su endeudamiento y disminuyendo su demanda, con el crédito cerrado y la tremenda fuga de la inversión extranjera, no hay forma de retomar una senda de crecimiento. Y sin crecimiento no hay austeridad que sirva para reducir el déficit público ni para recuperar el empleo perdido.

Y cuando las cosas van mal la solidaridad se hace más difícil. Con la exacerbación del sentimiento nacionalista catalán y la demanda de independencia tiene mucho que ver el brutal efecto que han tenido los recortes en sanidad, educación y otros componentes del Estado del bienestar, junto con la reducción de salarios públicos y el aumento del paro.

 El “España nos roba” y los 16.000 millones de déficit fiscal que pregona el gobierno de la Generalitat se hacen más creíbles y sobre todo menos soportables cuando se sufren esos recortes que cuando la economía crece al 4 % y parece que hay recursos para todo.


Y así Mas ha conseguido que su política social y fiscal hayan desaparecido del debate. Este ha sido ocupado por el mantra de la independencia como el nuevo bálsamo que resolverá todos los problemas. La convocatoria de elecciones es un acto de oportunismo político pero ha sido saludado en Cataluña como una valiente decisión de un hombre de Estado que percibe la ocasión histórica.

 Hay que tener cuidado con los vientos que siembran tempestades y aunque ahora Mas llame a la templanza y advierta que la independencia no es para mañana, lo cierto es que ha encendido la mecha de un proceso de difícil control que no se resuelve apelando a la Guardia Civil como en pasadas experiencias secesionistas. (...)

No es solo España donde las tensiones sociales se agudizan y se producen protestas que derivan en explosiones de violencia. No hay más que ver lo que ocurre en Grecia y Portugal, sacrificados todavía más que nosotros a la política de austeridad contra la que clama en el desierto Paul Krugman. 

Y en Francia, Hollande pierde el apoyo social porque al final también tiene que aplicar la austeridad contra la que predico para ser elegido. Él al menos aplica una política fiscal mucho más progresista para repartir los costes del ajuste.

Y así la crisis económica europea se está convirtiendo en una crisis de la democracia. La Europa unida nació para desterrar la violencia y para borrar o difuminar las fronteras. Pero las políticas que esta Europa impone están volviendo a hacer emerger la violencia en sus sociedades y reclamando nuevas fronteras.

Y en esa transformación de la naturaleza de la crisis tiene mucha responsabilidad Alemania. Como decía hace poco el que fuese ministro de Exteriores alemán, J Fisher, sería una ironía de la Historia que por tercera vez Alemania destruyese el orden europeo aunque esta vez fuese por medios pacíficos y animada de mejores intenciones."      (Josep Borrell, Repúblico.com, 08/10/2012)     

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