"Creer es más fácil que no creer, implica menos tiempo y menos
esfuerzo, sobre todo en esta época donde la información copa todos los
espacios públicos y domésticos, y todo lo que hace el ciudadano es
dejarla entrar, y permitir que influya en su punto de vista y en sus
decisiones.
En ese mar de datos, desprovistos de su contexto, que bulle
cada minuto en las pantallas del ordenador o del teléfono móvil o la
televisión, se nos dicen un montón de cosas en las que hay que creer, o
no, como si se tratara un dogma de fe, porque van avaladas y
amplificadas por un medio de comunicación serio, o por una institución
solemne como la banca o el Estado.
La credulidad de esa gran masa que consume información cada minuto,
es una de las piezas clave de la crisis económica. Desde luego que la
banca abusó de su clientela, pero también la clientela tiene la
responsabilidad de haber creído, de haber tenido fe en el banco en lugar
de reflexionar sobre la conveniencia de obtener dinero tan fácilmente.
La banca nos vendió a la sirena Fiji, y a la enfermera del presidente
Washington, a esta gran masa de idiotas, que nacemos cada segundo, y que
tan bien tenía identificada el listo de P.T. Barnum. (...)
Cada día recibimos información para creyentes, datos que apelan más a la
fe que a la ciencia, en todos los campos y disciplinas de la
existencia. (...)
Todo esto es información para creyentes, datos que no resisten el
análisis y que circulan por esa franja gris, donde nada es mentira ni
verdad, en la que los listos se mueven como peces en el agua.
Los creyentes servimos a todos los niveles y nuestra credulidad
resulta especialmente gravosa en un momento crítico como este, en el que
los idiotas que nacemos cada segundo, tendríamos que ser absolutamente
escépticos ante esa información abstracta, y convenientemente opaca, que
se nos administra todos los días como, por ejemplo, los indicadores
económicos, las cifras del rescate financiero, el ahorro que suponen los
recortes, las medidas que se están tomando para paliar la crisis y los
años que nos va a tomar recuperarnos, y ya montados en ese saludable
escepticismo, deberíamos pedir que alguien nos explique los detalles de
la independencia de Cataluña, un proyecto para el que la fe no parece
instrumento suficiente.
Los ciudadanos requerimos más datos que nos permitan entender lo que
está pasando, porque estos temas tan graves no podemos enfrentarlos con
la tranquilidad y la ingenuidad de los creyentes." (
Jordi Soler , El País, 4 NOV 2012)
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