"El filósofo alemán Ulrich Beck exponía hace unos
días los tres hechos del momento.
Primero: la situación mundial es tan
compleja que nadie sabe cómo desenredarla.
Segundo: sin hacer caso de la
opinión pública europea, Alemania está aplicando un extremo y violento
neoliberalismo que va a ser integrado en la constitución europea vía el
llamado pacto fiscal.
Y tercero: la política de austeridad alemana no ha
registrado éxito alguno y lleva al desastre a países como Grecia,
España, Italia y pronto Francia.
Con este panorama, la canciller Merkel tiene una cosa en mente: sus
elecciones dentro de un año. Lo decisivo será si Alemania, hoy al borde
de la recesión europea, hará agua cuando los alemanes vayan a votar, o
si aún flotará.
Como todos los países de Europa, Francia tiene muchos problemas, pero
el principal se llama Alemania. El gobierno alemán está presionando
para que París adopte contrareformas sociales como las Hartz IV con las
que Berlín inició en 2003 el desmonte de su estado social.
Pero en
Francia hay sindicatos y una sociedad que no puede ignorarse y que en un
62% se opone ala subida del IVA, por ejemplo. No es tan fácil. Por eso
el primer ministro francés, Jean Marc Ayrault, vino ayer a Berlín en
busca de “comprensión”, dijo. Buenas palabras: "Deseamos una Francia
fuerte”, le dijo Merkel. La procesión va por dentro.
La prensa alemana lleva semanas identificando a Francia como el nuevo
“enfermo de Europa”, un peligro mayor que el de Grecia y España, se
dice. El mensaje es profundamente desestabilizador porque contiene
riesgos de profecías que se cumplen por el hecho de enunciarse.
El Presidente Hollande intenta surfear entre unas cuentas más
saneadas, más competitividad y cierta tradición republicana francesa que
impide maltratar socialmente. Francia continua financiando su deuda a
niveles envidiables que sugieren que es vista por los mercados como una
apuesta estable, pero la presión teutona amenaza con llevárselo todo por
delante. “Es lo que quisieran algunos en el extranjero”, dijo Hollande
en su última conferencia de prensa.
Desafiar frontalmente la austeridad alemana significaría arruinar
definitivamente el eje franco-alemán, matriz de la Unión Europea.
Mientras el gobierno francés se siente responsable de ello, el alemán
aprieta los tornillos de un mecanismos destructor y evoca una ilusoria
“Europa federal” en la que nadie puede creer en serio.
Sin verdadero proyecto europeo, lo que hay en Alemania es un
acomplejado resentimiento histórico antifrancés que está emergiendo con
la crisis. Esta es vista como la ocasión de ajustarle las cuentas a un
vecino históricamente más sofisticado del que partieron no pocos
impulsos europeos liberadores.
Las dudas de París sobre la austeridad
forman parte de esos impulsos que hay que aniquilar. Como en el pasado,
la derecha francesa y buena parte de su prensa, toman partido por
Alemania, país que, “se preocupa por el estado de nuestra economía”,
señala Les Echos.
Pero cuando Bild se pregunta en portada, “¿Será Francia la próxima
Grecia?” no está formulando preocupación, sino más bien un oscuro deseo
freudiano. “Nunca había vivido una campaña tan intensa contra Francia”,
dice un corresponsal alemán en Bruselas con gran experiencia en París.
La vieja Europa asoma en el actual frío franco-alemán. Aunque Merkel y
Ayrault lo disimularan ayer en Berlín con buenas palabras." (Rafael Poch, La Vanguardia , Rebelión, 16/11/2012)
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