"En el desbarajuste que rodea a la eurocrisis, el alemán Jens Weidmann,
presidente del Bundesbank, ocupa un lugar central. Es el más joven
presidente que ha tenido nunca esa institución.
Nacido en 1968, con 38
años se convirtió en el principal asesor económico de la canciller
Angela Merkel y en el 2011 esta le designó para dirigir, con 43 años, el
Bundesbank con un sueldo de 400.000 euros anuales. (...)
Aunque el Banco Central Europeo (BCE) se diseñó a imagen y semejanza del
Bundesbank, es decir, como guardián independiente de la estabilidad de
precios, el BCE se encuentra con que la eurocrisis y el sentido común le
empujan a salirse un poco de ese guión.
Al frente del Bundesbank, Weber
denunció tal sacrilegio y acabó dimitiendo de su cargo por ese motivo.
Pero Weidmann sigue estrictamente los pasos de Weber y se ha convertido
en un adversario del presidente del BCE, Mario Draghi, especialmente
desde que este dio a conocer en septiembre su programa de compra
“ilimitada y condicional” de deuda de países en dificultades.
La moneda europea está en crisis por los altos costes que dejó la crisis financiera, los defectos de nacimiento del euro y toda una serie de problemas nacionales de los países de la eurozona; desde el dumping salarial y el desequilibrio en competitividad entre socios, hasta los embellecidos presupuestos griegos, la corrupción y el clientelismo mediterráneos...
La moneda europea está en crisis por los altos costes que dejó la crisis financiera, los defectos de nacimiento del euro y toda una serie de problemas nacionales de los países de la eurozona; desde el dumping salarial y el desequilibrio en competitividad entre socios, hasta los embellecidos presupuestos griegos, la corrupción y el clientelismo mediterráneos...
Ignorando esos motivos y la interrelación nacional que
toda crisis sistémica tiene, la eurocrisis prefirió explicarse a sí
misma como un problema de deuda de países meridionales mal
administrados. Y Weidmann encaja muy bien con ese esquema que el
economista Heiner Ganssmann denomina “Merkelantismus” –o, en latín,
furiosa Teutonicorum insania– y que define como “una específica doctrina
alemana contemporánea con fuertes connotaciones morales”.
El Bundesbank y su presidente son los máximos representantes de esa doctrina, así que no era casualidad que Weidmann se opusiera a Draghi. Weidmann defiende el papel clásico del BCE con la intransigencia de un Thomas Becket ante Enrique II de Inglaterra, ha reconocido quien fue su mentor, Manfred Neumann. (...)
El Bundesbank y su presidente son los máximos representantes de esa doctrina, así que no era casualidad que Weidmann se opusiera a Draghi. Weidmann defiende el papel clásico del BCE con la intransigencia de un Thomas Becket ante Enrique II de Inglaterra, ha reconocido quien fue su mentor, Manfred Neumann. (...)
¿Cuales son las raíces del empecinamiento de Weidmann y su banco? La
respuesta obliga a explorar el mundo académico alemán de los años 60,
cuando se forjó la ortodoxia económica alemana.
El economista alemán más
influyente de la posguerra, Herbert Giersch, renegó de la teoría de la
demanda de Keynes en la que el Estado tenía mayor credibilidad que el
mercado y que había dominado el pensamiento económico desde la crisis
del 29, para abrazar un dogmatismo neoliberal. Su centro fue el
Instituto de Economía Mundial de Kiel.
“El Instituto de Kiel, el consejo de sabios que asesora al gobierno y el Bundesbank crearon la santísima trinidad que durante casi 40 años dominó el debate económico alemán”, dice el periodista económico Robert von Heusinger, autor de un ensayo sobre Weidmann titulado El impasible. Keynes fue demonizado, y se estableció un particular dogmatismo monetarista. “Quien quisiera llegar a ser algo como economista en Alemania debía adaptarse a las instituciones y ser un poco dogmático”, explica Von Heusinger. (...)
“El Instituto de Kiel, el consejo de sabios que asesora al gobierno y el Bundesbank crearon la santísima trinidad que durante casi 40 años dominó el debate económico alemán”, dice el periodista económico Robert von Heusinger, autor de un ensayo sobre Weidmann titulado El impasible. Keynes fue demonizado, y se estableció un particular dogmatismo monetarista. “Quien quisiera llegar a ser algo como economista en Alemania debía adaptarse a las instituciones y ser un poco dogmático”, explica Von Heusinger. (...)
Mientras los esquemas neoliberales eran puestos a prueba por la práctica
y daban lugar a las desastrosas experiencias mundiales de los 80 y 90
que aún se pagan hoy en algunos países, en Alemania, la reunificación
nacional de 1990 impuso una experiencia completamente diferente, lo que
el execonomista jefe del Deutsche Bank Norbert Walter describe como “el
mayor programa keynesiano de la historia”: dos billones de euros (un 8%
del PIB alemán a lo largo de 25 años, desde 1995 hasta el 2015) gastados
en la anexión y absorción de la RDA.
Aquello generó cierta alergia al
gasto público y al endeudamiento y es mucho más significativo que la
siempre citada memoria de la inflación de la República de Weimar. En la
época de Weimar, no ya Weidmann, que nació casi 40 años después, ni
siquiera su padre había nacido.
En cualquier caso, esa mezcla alemana de dogmatismo académico y alergia empírica al gasto público y las cuentas desmadradas que Weidmann y su institución encarnan, está de capa caída.
En cualquier caso, esa mezcla alemana de dogmatismo académico y alergia empírica al gasto público y las cuentas desmadradas que Weidmann y su institución encarnan, está de capa caída.
En el contexto de la crisis, hasta algunos prominentes
discípulos del fallecido profesor Giersch han cambiado un poco el chip y
apoyan las compras de deuda decididas por el BCE. La santísima trinidad
alemana se tambalea, pero Weidmann se mantiene impertérrito.
“Dos de los cinco miembros del consejo de sabios y el director del
Instituto de Kiel se han pronunciado a favor de la compra de deuda a
corto plazo”, explica Von Heusinger. También la canciller Merkel ha
tenido que flexibilizar su postura. Sólo el Bundesbank de Weidmann se
opone. Weidmann dice que comprar deuda es una “droga peligrosa”, un
factor de inflación y una manera de destruir la disciplina de los países
“culpables”.
¿Y el público alemán? Como dijo en cierta ocasión Jacques
Delors, “no todos los alemanes creen en Dios, pero todos creen en el
Bundesbank”. “Weidmann contra todos”, podría ser el título de la
película de la que el jovial presidente del Bundesbank es protagonista." (Rafael Poch, magazinedigital.com . Rebelión, 17/11/2012,
No hay comentarios:
Publicar un comentario