"En 2008, los empresarios despidieron a más de 2’2 millones de personas[1].
Eran ya más que evidentes las dificultades económicas por las que
atravesaba nuestra economía, con lo que hubiera cabido esperar que la
mayor parte de esos despidos hubieran tenido por motivo esas mismas
dificultades.
Algo de eso hubo en los más de 1´3 millones de
despedidos/as durante ese año por extinción de su contrato temporal, ya
que empezaba el ajuste en el sector de la construcción y sabido es que,
en el mismo, la mayor parte de los trabajadores/as tenían contratos
temporales.
Pero menos explicación tiene que los despidos de trabajadores/as con contrato indefinido no estuvieran fundados en las dificultades económicas, sino en la pura y simple voluntad empresarial de despedir.
Del total de despidos de 2008, solo el
3’90% fueron despidos individuales por causas económicas y el 1’68%
despidos colectivos (más conocidos como expedientes de regulación de
empleo) por esas mismas causas.
Frente a ello hubo más de 620.000
trabajadores/as despedidos/as (el 28’06% del total) por haber cometido
un incumplimiento de su contrato (a esto se le llama despido
disciplinario) que al día siguiente el empresario reconoce que es una
invención suya para poder despedir y pagar la correspondiente
indemnización (es a esto a lo que se llamaba despido exprés).
Este mismo esquema se repite el año más
crudo de la crisis. En 2009, los empresarios despiden a más de 2’5
millones de personas. De ellas, más de 1’2 millones ven terminar su
contrato temporal; un 5’81% sufren un despido individual por causas
económicas; un 2’95% son afectadas por despidos colectivos por esas
mismas causas; y más de 670.000 (el 29’95% del total) son despedidas
mediante la estratagema de ser acusadas de un incumplimiento contractual
nunca cometido por ellas para poder ser despedidas de manera inmediata.
Es en ese tiempo cuando empieza a
hablarse del “modelo alemán”. En Alemania -se dice- las crisis
económicas no se saldan, como siempre ha sucedido en España, con el
despido de millones de personas, sino con medidas de flexibilidad
interna, como la suspensión del contrato de trabajo o la reducción de
jornada.
Así que en marzo de 2009 se hace una primera reforma laboral
que tiene como objetivo que los empresarios españoles asuman ese mismo
modelo, es decir, que dejen de despedir masivamente para reducir costes y
empiecen a ejercitar esa flexibilidad que tanto demandan.
Ello produce
un primer efecto ya ese mismo año: mientras que los despidos colectivos
por causas económicas son algo menos de 76.000, los trabajadores/as
afectados por suspensión de contrato o reducción de jornada son casi
380.000.
¿Hasta cuándo vamos a seguir así? ¿Cuántos despidos más van a realizar las empresas para salvarse de la crisis?
De modo que, cuando Mariano Rajoy, en su
entrevista en TVE, el día 10 de septiembre de 2012, se jactaba de que su
reforma laboral está produciendo efectos positivos porque son más las
personas afectadas por medidas de flexibilidad interna (cerca de
226.000) que las afectadas por despido colectivo (casi 73.000), en
realidad se estaba refiriendo a un efecto positivo que no ha producido
su reforma, sino la reforma hecha en 2009, cuando él todavía no era
Presidente del Gobierno.
Ahora bien, que nadie se engañe, entonces
y ahora, aun habiendo crecido el número de personas afectadas por
medidas de flexibilidad interna, son muchísimas más las que son
despedidas por la totalidad de las vías de despido.
En 2010, los
empresarios despiden a más de 1’9 millones de personas y son poco más de
180.000 las afectadas por suspensión de contrato o reducción de
jornada. Lo mismo sucede en 2011, año en el que también son más de 1’9
millones las personas despedidas, frente a poco más de 169.000 las
afectadas por flexibilidad interna.
El resultado de la reforma laboral de Rajoy ha provocado que cada mes haya más despidos que el mes anterior.
Como la sangría de despidos no cesa, la
reforma laboral de febrero de 2012, esta sí, hecha por el Gobierno de
Mariano Rajoy, decide incrementar los poderes empresariales para ver si
las bajadas de salario o los cambios a peor en el resto de condiciones
de trabajo actúan como vía alternativa al despido de trabajadores/as.
Claro que también rebaja la indemnización que pagan los empresarios
cuando no tienen motivo alguno para despedir (es a esto a lo que se
llama despido improcedente) y elimina la autorización de la
administración pública en los despidos colectivos por causas económicas,
esto es, abarata y facilita el despido.
Resultado de esta operación: en
cada mes de 2012 se han producido más despidos que en el mismo mes del
año anterior. Entre enero y septiembre de 2011 hubo algo más de 1’3
millones de despidos; entre enero y septiembre de 2012 ha habido más de
1’5 millones. (...)
¿Hasta cuándo vamos a seguir así?
¿Cuántos despidos más van a realizar las empresas para salvarse de la
crisis? Entre indemnizaciones por despido y prestaciones por desempleo,
ello nos está costando a todos miles de millones de euros.
Pero eso no
es lo peor. Lo peor son los costes en capital humano, los millones de
personas despedidas cuyo talento y capacidad productiva está hoy
perdida.
[1]
Datos de altas iniciales de beneficiarios de prestaciones, según causa
del derecho, disponibles en
http://www.empleo.gob.es/estadisticas/BEL/PRD/indice.htm." (eldiario.es, Economistas frente a la crisis, 01/12/2012)
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