"Europa no está en crisis, está muriéndose.
No Europa como territorio, naturalmente.
Sino Europa como Idea.
Europa como sueño y como proyecto. (...)
Se deshace en Atenas, una de sus cunas, en medio de la indiferencia y
el cinismo de sus naciones hermanas: hubo un tiempo, el del movimiento
filohelénico de principios del siglo XIX, en el que desde Chateaubriand
hasta el Byron de Missolonghi, desde Berlioz hasta Delacroix, desde
Pushkin hasta el joven Victor Hugo, todos los artistas, poetas, grandes
mentes de Europa, volaban en su auxilio y militaban en favor de su
libertad.
Hoy estamos lejos de eso; y da la impresión de que los
herederos de aquellos grandes europeos, mientras los helenos libran una
nueva batalla contra otra forma de decadencia y sujeción, no tienen nada
mejor que hacer que reprenderles, estigmatizarlos, despreciarlos y —con
el plan de rigor impuesto como programa de austeridad, que se les
conmina a seguir— despojarles del principio de soberanía que, hace tanto
tiempo, inventaron ellos mismos.
Se deshace en Roma, su otra cuna, su otro pedestal, la segunda matriz
(la tercera es el espíritu de Jerusalén) de su moral y su saber, el
otro lugar en el que se inventó esta distinción entre la ley y el
derecho, entre el ser humano y el ciudadano, que constituye el origen
del modelo democrático que tanto ha aportado, no solo a Europa, sino al
mundo: esa fuente romana contaminada por los venenos de un berlusconismo
que no acaba de desaparecer, esa capital espiritual y cultural a veces
incluida, junto a España, Portugal, Grecia e Irlanda, en los famosos
"PIIGS" a los que fustigan unas instituciones financieras sin conciencia
ni memoria, ese país que enseñó a embellecer el mundo en Europa y que
ahora parece, con razón o sin ella, el enfermo del continente. ¡Qué
miseria! ¡Qué ridículo!
Se deshace en todas partes, de este a oeste, de norte a sur, con el
ascenso de los populismos, los chauvinismos, las ideologías de exclusión
y odio que Europa tenía precisamente como misión marginar, debilitar, y
que vuelven vergonzosamente a levantar la cabeza.
¡Qué lejos está la
época en la que, por las calles de Francia, en solidaridad con un
estudiante insultado por el responsable de un partido de memoria tan
escasa como sus ideas, se cantaba "todos somos judíos alemanes"! ¡Qué
lejanos parecen hoy los movimientos solidarios, en Londres, Berlín,
Roma, París, con los disidentes de aquella otra Europa que Milan Kundera
llamaba la Europa cautiva y que parecía el corazón del continente! (...)
Y además, Europa se viene abajo por culpa de esta interminable crisis
del euro, que todos sentimos que no está resuelta en absoluto (...)
Antes se decía: socialismo o barbarie.
Hoy debemos decir: unión política o barbarie.
Mejor dicho: federalismo o explosión y, en la locura de la explosión,
regresión social, precariedad, desempleo disparado, miseria.
Mejor dicho: o Europa da un paso más, y decisivo, hacia la integración política, o sale de la Historia y se sume en el caos.
Ya no queda otra opción: o la unión política o la muerte.
Una muerte que podría adoptar muchas formas y dar varios rodeos.
Puede durar dos, tres, cinco, 10 años, y estar precedida de numerosas
remisiones que den la sensación, una y otra vez, de que lo peor ha
pasado.
Pero llegará. Europa saldrá de la Historia. De una u otra forma, si
no se hace algo, desaparecerá. Esto ha dejado de ser una hipótesis, un
vago temor, un trapo rojo que se agita ante los europeos recalcitrantes.
Es una certeza. Un horizonte insuperable y fatal.(...)
*Firmantes: Vassilis Alexakis, Hans
Christoph Buch, Juan Luis Cebrián, Umberto Eco, György Konrád, Julia
Kristeva, Bernard-Henri Levy, Antonio Lobo Antunes, Claudio Magris,
Salman Rushdie, Fernando Savater y Peter Schneider.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia." (El País, 25/01/2013)
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