"Lo que es un milagro es que la calle no haya estallado todavía. Y es
que hemos descubierto que somos muy dóciles. Está costando mucho
derrumbar tanta sumisión". (...)
Ordenado en 1987, Joaquín es capellán en la prisión
provincial de Sangonera; también en tres centros psiquiátricos, dos
residencias de ancianos y un centro ocupacional tras cesar en su última
parroquia, en 2007.
Miembro de la Hermandad Obrera de Acción Católica
de la Diócesis de Cartagena, es uno de los principales responsables de
que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de la Región de Murcia
haya conseguido parar allí hasta 202 órdenes de desahucio a día de hoy,
desde mayo de 2012.
Desde entonces, tanto el cura
Joaquín como el resto de activistas de la Plataforma (alrededor de
medio centenar) ha ejercido, literalmente, de muro de contención entre
las familias al borde de perder su casa y el sistema bancario, amparado
por la ley vigente; entre las puertas de los hogares y los agentes
judiciales:
"Nos sentamos en el suelo", explica, en el mismo pasillo
del inmueble: hasta que desistan. Hasta que el banco acceda a negociar
con la familia cualquiera de las soluciones posibles, menos echarla a
la calle. Volviendo las veces que haga falta.
"Lo
primero que buscamos es que recuperen su autoestima, porque se sienten
avergonzados, fracasados". También, y sobre todo, "indefensos" ante una
nebulosa burocrática plagada de recovecos legales que apenas pueden
entender en un principio. "Imagínate –reflexiona Joaquín– lo que supone
para gente que no está acostumbrada a eso ni por asomo; gente que a lo
mejor no ha visto una multa en su vida. Se descomponen, se bloquean,
están muy perdidos. Se desesperan al hablar con el banco".
"Hay gente que no aguanta la tensión –continúa–: tienen miedo a lo que
se pueden encontrar a la vuelta, si salen a la calle; a no poder
volver a entrar en su casa, porque se modificó la ley para no poner una
fecha concreta a los lanzamientos. Muchos se vienen abajo: reciben el
buro-fax, les llaman veinte mil veces al móvil, les rompen los
nervios... Y se acaban rindiendo".
Pero, ¿qué se le
dice a alguien en esas circunstancias? "Pues que vamos a luchar, juntos.
Contra el banco si hace falta. Y cuando quedas con ellos, y te ven
aparecer por la puerta de su casa, se sienten aliviados, respaldados, en
compañía".
El expárroco lo ha hecho personalmente
en muchas ocasiones: "Vamos con ellos a hablar con el director de la
sucursal". Les asesoran para que firmen (o mejor dicho: no firmen)
ciertos documentos. Les aconsejan. "Pero su técnica –cuenta Joaquín, con
amarga ironía– es hablarte siempre de los de arriba: 'Yo es que no
puedo hacer nada', te dicen; 'es que el ordenador...'.
Esto del
ordenador es un fenómeno, como si fuera un dios con voluntad propia que
ha decidido tu destino... O te remiten a las asesorías jurídicas, cosa
que también han hecho muy bien: porque una entidad de Murcia puede
tener su asesoría en Valencia, y viceversa, y son como fantasmas que te
mandan un fax, o un correo; que no te dicen dónde están, con quién
tienes que hablar...". En una palabra: "Frustración; lo que buscan es
frustrarte", asegura.
Sin embargo, la Plataforma ha
logrado ya frenar en más de 200 ocasiones las órdenes de desahucio de
la comisión judicial: después de eso, los bancos negocian o no, pero el
porcentaje de éxitos hasta ahora supera con creces al de fracasos: "La
batalla moral ya la han perdido", asegura Joaquín. "Ya no es como
antes, que ni siquiera te escuchaban; ahora se lo piensan muchas veces
antes de decirte que no". (...)
Autor de varios libros y asiduo colaborador en la
prensa murciana con artículos de gran contenido social, deudores de su
cristianismo de base, de la Teología de la Liberación, Joaquín
considera un desahucio (cuestiones éticas aparte) la "muerte civil" de
la familia.
O al menos del titular del contrato: "Que al menos –razona–
les dejen rehacer su vida, porque con una púa de 90.000 euros, entre
deuda, intereses de demora, comisiones..., cuéntame. Pero es que además
ese nombre ya no puede aparecer siquiera en el contrato de un móvil".
Así, el objetivo al que la Plataforma apunta en última instancia es la
propia ley: por ejemplo, "que la gente se pueda quedar en su
vivienda", explica, "con un alquiler social que suponga como máximo el
30% de los ingresos de la familia". O la dación en pago, pues "el
problema es que la ley no deja margen a los jueces" para evitar que el
banco reclame la suma total de la deuda.
El
sacerdote cree que ni Gobierno ni oposición quieren hacerlo por ser
"cómplices de los banqueros". "Teníamos esperanza en el decreto aprobado
recientemente, pero es de chiste, no sirve.
Va a afectar como mucho a
un 5% de las familias en este proceso. Por ejemplo, si tienes dos
críos de cuatro años ya no entras, porque tienen que tener como mucho
tres. Y en la moratoria establecida hasta 2014 se siguen acumulando los
intereses, de modo que pasado ese tiempo se verán en las mismas".
Por su incansable compromiso
para con su entorno, por su cercanía, por la confianza que despierta,
Joaquín consigue franquear esa barrera de vergüenza que tantas veces se
autoimpone la gente en dificultades: "Hay padres echándole agua a la
leche, para que el hijo crea que se toma un vaso de leche entero.
Hay
gente recogiendo los bocadillos de los patios de los colegios. Una
mujer me contaba hace poco, porque no tenía ya más remedio, que
necesitaba dinero para las compresas de sus hijas".
Según datos de
Cáritas, la Región de Murcia cuenta ya con un 36% de la población en el
umbral de la pobreza: gente que quizás no parezca exactamente pobre a
primera vista, ni a segunda, pero que empieza a carecer de lo más
básico. Un porcentaje a todas luces "escandaloso" para Joaquín.
El término indignación se queda corto para este cura atípico, sin
complejo alguno para definir esta oleada de empobrecimiento como
"eutanasia social": "Es triste decirlo, pero es que para ellos sobra
gente, sobramos. Han abandonado la dependencia, la tele-asistencia;
implantan el copago médico; suben el IVA de los pañales ¡un 21%
también!, porque debe de ser un lujo para los bebés, los ancianos, los
discapacitados"...
Y es que siempre llega Joaquín "a la misma
conclusión: todo es la consecuencia de que el egoísmo, la codicia y la
ambición de poder se hayan institucionalizado, a través de leyes y
decisiones políticas".
Una "dictadura de los mercaderes" y un
"pensamiento único" que a su juicio terminó calando para convencernos
de la muerte de las alternativas ideológicas: "Pero no", afirma, "por
supuesto que hay políticas de derecha y de izquierda. Como hay posturas
que defienden la competitividad y otras que defienden la fraternidad".
En su opinión, una de las soluciones pasa por acabar con la lucha
social "fragmentaria" ("los médicos por su lado, los maestros por el
suyo", etc.): que "toda esa marea converja en un frente común, porque a
todos nos debe importar lo de todos".
"Oí al rey pedir solidaridad,
comprensión... Se podía aplicar el cuento. Y tener cojones a salir ahí y
decir: Señores banqueros, señores políticos, ya está bien de maltratar a
la gente".
"No", asegura Joaquín, observando su taza vacía: "La verdad es que no tengo ninguna fe en la gente que manda". (eldiario.es, 24/01/2013)
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