Jose Ángel y Rosa, este jueves en el balcón de su domicilio
"Los problemas que ahogan a José Ángel y Rosa María han dado un
pequeño respiro a la pareja este jueves. La familia, con una hija de
cinco años con alergia alimentaria y un bebé de diez días con
hidronefrosis (una afección renal), iba a ser desalojada hoy, pero la
orden no se ha llevado a cabo.
Es una alegría temporal, ya que un juez
debe decidir su destino. La familia ocupa su antigua vivienda en la
calle Florit del barrio de Can Puiggener de Sabadell, que abandonaron
hace más de un año después de conseguir la dación en pago. El banco los
había denunciado por ocupación ilegal y se había dictaminado la orden de
desalojo para hoy.
Pero la familia recurrió pidiendo al juez que se les
incluyera en la moratoria que aprobada por el Gobierno para que no se
desahuciara a ninguna familia con discapacitados o hijos pequeños.
El matrimonio es un ejemplo de cómo la crisis se ha ensañado con los
sectores de población más vulnerables: jóvenes y con trabajos no
calificados. José Ángel del Río, de 31 años, trabajaba en la
construcción (uno de los pocos objetos que adornan el comedor de su casa
es un trofeo ganado en un concurso de albañiles hace cinco años) y Rosa
María Navarrete, de 27 años, era cajera de supermercado. Justo antes
del estallido de la crisis, en 2007, se compraron una casa en este
barrio humilde de Sabadell por un precio de 240.000 euros. El BBVA le
concedió una hipoteca a 40 años con una mensualidad de 1.200 euros.
Las cosas empezaron a ir mal para la pareja cuando en 2010 Rosa se
quedó sin trabajo. Pocos meses después el paro también alcanzó a su
marido. Los números empezaron a no cuadrar pronto: ingresaban 800 euros
mensuales de la prestación de paro, muy por debajo de los 1.200 que
debían pagar al banco.
En 2011 dejaron de pagar la hipoteca y a finales
de ese año acordaron la dación en pago con la entidad. Pero debían dejar
la casa. “No concedemos alquileres sociales”, confirman fuentes del
BBVA.
La pareja encontró un piso de alquiler de 20 metros cuadrados por 200
euros mensuales. “Pero ni eso no podíamos pagar. Entonces, ya se nos
había acabado el paro, no ingresábamos nada”, explica José Ángel. El
ayuntamiento les dio una ayuda de 400 euros. En febrero del año pasado,
viendo que su antigua casa continuaba vacía, decidieron ocuparla.
Desde
entonces, sobreviven como pueden. “Hacemos trabajillos sueltos. Mi
marido se dedica ahora a la chatarra. Unos días trae dinero, pero otros
no. Hay días que nos da de comer la familia”, explica la madre. Desde
hace dos meses también reciben ayuda del banco de alimentos local.
Rosa se queja de que, a pesar de su desesperada situación, la beca
comedor de su hija le fue denegada el año pasado. La de este curso,
asegura la pareja, también se la rechazaron. Una decisión que no
entienden, así que en diciembre la volvieron a solicitar. Esta vez, sí
se la han concedido.
“Empezará a cobrarla en breve”, asegura una
portavoz del Ayuntamiento de Sabadell. También han solicitado la renta
mínima de inserción (RMI). “No la pedimos antes porque los servicios
sociales del Ayuntamiento nos dijeron que estaban paralizadas”, lamenta
Rosa. Desde el Consistorio aseguran que están buscando “alternativas de
vivienda” para la familia.
La burocracia quiso que hoy la pareja no fuera desalojada de la casa,
aunque la pesadilla todavía no se ha acabado para la familia. “Os
llegará un nuevo aviso seguro que en pocos días”, les alertaba Elvi,
miembro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en Sabadell.
Pese a tener la espada de Damocles encima, José Ángel prefirió
disfrutar de esta inesperada buena noticia. “Desde hace dos semanas no
conseguimos conciliar el sueño. Hoy estoy feliz y vamos a seguir
peleando para parar el desahucio”, comenta emocionado agradeciendo su
apoyo a la PAH." (El País, 01/02/2013)

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