15.2.13

El Banco de España fué un “supervisor incapaz de corregir el rumbo”. Fué culpable

"De Barrón da noticia de la borrachera inmobiliaria, de la negligencia profesional con que actuaron muchos gestores y de las amistades peligrosas que se fueron estableciendo entre banqueros y políticos.

 Pero el verdadero protagonista de su relato es el supervisor, el Banco de España. De Barrón es inmisericorde, tachándolo de ser un “supervisor incapaz de corregir el rumbo”.

Lo intrigante de esta conducta es que no puede ser atribuida a que careciese de información de que algo estaba funcionando mal. De Barrón cuenta cómo los inspectores del Banco de España, que tienen la función de la supervisión in situ, dentro de las propias instituciones, avisaron del mal rumbo que estaban tomando algunas instituciones. 

Y de cómo, frustrados por no ser escuchados dentro del Banco de España, elevaron sus avisos al ministro de Economía de la época, Pedro Solbes.

A pesar de esos avisos, la dirección de supervisión y la Comisión Ejecutiva del Banco de España mantuvieron una conducta complaciente que les llevó a sostener que el sistema financiero español era el más solvente. 

Personaliza esa complacencia en los dos gobernadores que lidiaron con la burbuja y la crisis, Jaime Caruana y Miguel Fernández Ordóñez.

¿Cómo explicar esta complacencia del supervisor? De Barrón parece inclinarse por la hipótesis de que fue para no contrariar a los Gobiernos de turno, el de José María Aznar y el José Luis Rodríguez Zapatero.

 Pero esa complacencia puede tener otro origen. Puede haber sido el resultado de una ceguera inducida por una determinada ideología económica.

Vale la pena tomar en consideración esta hipótesis para no autoflagelarnos demasiado creyendo que solo nos pasó a nosotros. Vean este comentario sacado de las memorias del presidente en aquel momento de la Reserva Federal (Fed), el banco central de EE UU, Alan Greenspan: “Al asumir el cargo me esperaba una agradable sorpresa. 

Sabía por mis contactos con miembros de la plantilla de la Fed (…) lo muy cualificados que estaban. De lo que no había sido consciente era de la orientación pro libre mercado del personal que caracterizaba (…) a la División de Supervisión y Regulación bancaria”.

Fue la creencia acrítica de muchos supervisores en la capacidad de los mercados financieros para gestionar el riesgo y asignar eficientemente los recursos de capital lo que les hizo complacientes y arrogantes. Y lo que provocó una ceguera autoinducida.  (...)

Es una manifestación de lo que los psicólogos llaman “disonancia cognitiva”, la conducta consistente en no querer ver todo aquello que de ser visto nos obligaría a cambiar nuestras creencias más profundas."             ( , El País,  10 FEB 2013 )

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