"El Ministerio del Interior ha restringido por falta de presupuesto un
tratamiento que duplica las opciones de curación para los presos que
sufren la forma más habitual de hepatitis C, una enfermedad que afecta a
casi el 25% de la población reclusa, según los datos que maneja la
Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria.
En diversos escritos
remitidos a los responsables médicos de las prisiones, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias
asume que no hay dinero para tratar a todos los reos que pueden
beneficiarse de los nuevos fármacos, por lo que ha establecido un “cupo”
de pacientes y ha creado una lista de espera para irles tratando en
función del presupuesto.
La Agencia Española del Medicamento
aprobó a finales de 2011 un nuevo tratamiento que aumenta las
expectativas de curación de los enfermos de hepatitis C, especialmente
los infectados por el genotipo 1, que es la forma más común en la que se
presenta el virus (el 75% de los casos).
El tratamiento se basa en una
triple terapia que une un nuevo fármaco (boceprevir o telaprevir) a los
medicamentos habituales que se empleaban hasta ahora para este tipo de
hepatitis (interferón pegilado y ribavirina).
La agencia estableció en febrero de 2012 unas recomendaciones de uso de
este tratamiento en las que especifica para qué tipo de pacientes es
apropiado. Estos son los criterios que emplean los servicios públicos de
salud de las comunidades autónomas, donde la triple terapia lleva
administrándose un año, aunque, según una denuncia de la Asociación Española para el Estudio del Hígado,
algunas comunidades como Asturias, Baleares, Aragón o Canarias están
poniendo pegas para que los enfermos accedan a la nueva terapia, que
incrementa el coste del tratamiento.
Expertos consultados cifran el
precio de la medicación clásica en unos 6.000 euros por año (que es la
duración estimada de la terapia). Con los nuevos fármacos, aumenta entre
44.534 y 59.629 euros, según una publicación de la Dirección General de
Farmacia de la Comunidad Valenciana.
Pero la incidencia de la hepatitis C en las cárceles es muy superior a
la que se da fuera de ellas. Los datos recogidos por la Agencia
Española del Medicamento sitúan la tasa de infectados por este virus en
el mundo occidental entre el 1,5% y el 3% de la población. Entre los
presos, cuya atención sanitaria depende de Instituciones Penitenciarias,
la tasa es superior al 25%.
La Subdirección General de Coordinación de
Sanidad Penitenciaria asumió las recomendaciones de la agencia del
medicamento para el nuevo tratamiento contra la hepatitis C, pero impuso
nuevas condiciones. Entre otras, que los pacientes sean “penados”, es
decir, que no estén en prisión preventiva, y tengan “una expectativa de
permanecer en prisión el tiempo necesario para completar el
tratamiento”.
En una circular remitida el 1 de agosto de 2012 a todas las cárceles,
Prisiones avisa de las restricciones para estos fármacos: “En la
Institución Penitenciaria se ha establecido un cupo de pacientes a
tratar, en función de la disponibilidad presupuestaria”.
Desde entonces,
según Antonio López Burgos, presidente de la Sociedad Española de
Sanidad Penitenciaria, en las cárceles españolas se han cursado, al
menos, una quincena de peticiones para que se autorice la administración
del fármaco a enfermos que cumplen los requisitos y a los que un
especialista ha prescrito el tratamiento, pero, según López Burgos, solo
se ha autorizado uno.
El médico asegura que Interior ha llegado a
adelantar la puesta en libertad de un reo para eludir el gasto y ha
negado el tratamiento a otro al que respaldó un juez de vigilancia
penitenciaria.
En Cataluña, la única comunidad que tiene transferida las
competencias en prisiones, se han autorizado cinco tratamientos de la
triple terapia para una población de 10.000 presos, frente a los más de
65.000 reclusos que albergan el resto de cárceles españolas. “Son
pacientes muy delicados.
Tenemos que intervenir ahora o podemos
perderlos”, señala López Burgos, que advierte que, sin tratamiento, la
hepatitis C suele derivar en cirrosis y cáncer hepático, en cuyo caso la
única opción de supervivencia puede ser un trasplante de hígado, que es mucho más caro de afrontar." (El País, 25/02/2013)
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