"No estamos mejor que hace un año. (...)
Siempre resulta peligroso enfatizar que no había alternativa, que no se podía haber hecho cosa distinta de lo hecho. (...)
En tercer lugar porque, sencillamente, no es verdad: podíamos haber
ampliado el rescate bancario para incluir a todo el país y, seguramente,
la prima de riesgo estaría a la mitad que ahora; podíamos haber creado
el banco malo en 2009 y el crédito fluiría ya a la economía real o
podíamos haber centrado la devaluación interna en una rebaja sustancial
de las cotizaciones a la Seguridad Social en lugar de hacerlo sobre
salarios y empleos. (...)
Vivimos la segunda etapa de una batalla entre acreedores y deudores,
entre quienes han tenido dinero para prestar y quienes lo han necesitado
para realizar sus proyectos, colectivos cuyos intereses no son
coincidentes.
Como país, somos deudores y, sin embargo, hemos aceptado
el relato y las medidas que emanan de los acreedores quizá, porque
nosotros también tenemos poderosos acreedores internos.
Defender los
intereses del deudor era otra posibilidad que nos hubiera llevado, por
ejemplo, a una moratoria en los desahucios cuando se producen
determinadas condiciones sobrevenidas, a una revisión de la Ley
Hipotecaria que equilibrara el tratamiento que ante un impago se le da a
una empresa y a una familia, o a una batalla más fuerte por establecer
estrategias de crecimiento en la Unión Europea. (...)
Es evidente que de una crisis por sobreendeudamiento no se sale sin
sacrificios. Pero tan evidente como que no se sale, solo, a base de
apretarse el cinturón cada vez más. Necesitamos crecer, generar ingresos
nuevos que las políticas de austeridad no son capaces de generar.
Y,
para ello, hacen falta condiciones previas en términos de estabilidad,
confianza, rentabilidad, pero también, medidas conscientes que empujen
el crecimiento. (...)
Sobre este importante asunto, que determina las perspectivas de
crecimiento para 2014, mi posición es clara: si no se hace algo distinto
de lo hecho y dicho hasta ahora, si no se rectifica, si no se adoptan
medidas de verdad y no cosméticas para fomentar el crecimiento en contra
de la lógica seca de la austeridad, nada garantiza que la recesión vaya
a finalizar este año. (...)
Estamos a las puertas de la tercera fase de la confrontación
acreedores/deudores: aquella en la que España se ponga lo
suficientemente a punto y barata, como para que empresas y fondos
extranjeros aparezcan con dinero fresco y ánimo comprador. No tengo nada
en contra de ello. Solo que me gustaría poder negociar la venta desde
una posición mayor de fuerza que la que tenemos, como país, en este
momento.
Y, para ello, hay muchas reformas que hacer, empezando por
recuperar un clima interno y externo de confianza en nuestra clase
política, demasiado golpeada por la confrontación por sistema, la
negación de la realidad como método y la falta de reacción rápida,
contundente e inequívoca ante el cúmulo de casos de corrupción que están
surgiendo y que afectan al corazón mismo de las principales
instituciones del país.
Frente a la conjunción de «paro creciente y
cuentas de Bárcenas», el futuro se derrite, ninguna campaña en defensa
de la marca España es suficiente, ni basta con ganar o perder un debate
parlamentario." (Jordi Sevilla, 24/02/2013)
No hay comentarios:
Publicar un comentario