"Matilde, una mujer jerezana de 73 años con muchos años de residencia
en Granada, recibió a finales de 2012 su orden de desahucio, previsto
para marzo de este año. No podía seguir pagando el alquiler de su casa, de 260 euros.
Tiene a su cargo a su nieto, de siete años.
Su pensión no contributiva
de 380 euros, junto a sus ahorros, las aportaciones de otros miembros de
su familia y los trabajos puntuales que realizaba, le habían permitido
afrontar el pago del alquiler hasta ese momento, pero al perder esos
ingresos extraordinarios se vio frente al precipicio de perder su vivienda en el barrio de La Chana.
Ante ese panorama, decidió recurrir al grupo Stop Desahucios del 15M de Granada, que desde el movimiento popular de mayo de 2011 detiene desahucios, arranca acuerdos a los bancos
y abarrota de personas afectadas por el problema de la vivienda, semana
tras semana, las aulas de institutos y facultades en las que se reúne,
tanto en el centro de la ciudad como en los barrios de La Chana y
Zaidín.
En diciembre llegó la solución en forma de acto de solidaridad inesperado. Ruth M. A. llamó por teléfono a Stop Desahucios.
Ella y sus cinco hermanos (María Jesús, Susana, Manolo, Carmen e Iván)
ponían a disposición del grupo el piso del que son propietarios en
Granada. “Decidimos que fuera para Matilde porque era la situación más
difícil que teníamos en ese momento”, explica a DIAGONAL Antonio
Redondo, activista de Stop Desahucios. (...)
Tras ser contactada por este periódico, Ruth relata cómo llegaron a
hacer esa oferta tan poco habitual en los tiempos que corren. El piso
era de sus abuelos y luego de su padre y, tras su fallecimiento, la
heredaron los seis hermanos. La casa estuvo alquilada hasta hace dos
años.
En ese momento intentaron venderla, sin éxito. “Por dejadez
–continúa Ruth– siguió vacía”. Ella y otra hermana habían estado dándole
vueltas al asunto “de que no podía seguir así con la situación social
que hay”.
El suicidio, horas antes de su desahucio, de José Miguel Domingo, vecino de La Chana,
donde los hermanos tienen el piso, terminó por decidirles. Los seis, de
los cuales cuatro viven en Madrid, uno en el Pirineo y otro en Burgos,
estuvieron de acuerdo en dar el paso.
“Ninguno de nosotros es rico, tenemos una situación jodida, con contratos a tiempo parcial, temporales o en el paro, unos estamos hipotecados, otros vivimos de alquiler”, comenta Ruth.
Tras la llamada telefónica, Ruth se desplazó a Granada, donde conoció al grupo de Stop Desahucios y a Matilde,
y participó en la movilización para impedir un desahucio en el
municipio granadino de Padul. “Me muevo, voy a manifestaciones, pero
nunca lo había hecho, me pareció emotivo y precioso”, recuerda.
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