26.6.13

Mentar el relativo éxito alemán en la crisis, para desmontar el derecho laboral y de pensiones en España, es, pura y simplemente, un fraude

"El “milagro del empleo” alemán tiene también que ver con el hecho de que gracias a la dinámica expansión de los trabajos precarios y mal pagados, el mismo trabajo se repartió entre más personas, al convertirse empleos a tiempo completo en empleos a tiempo parcial.

 Lo demuestra el hecho de que al día de hoy en Alemania se trabaja lo mismo –medido en millones de horas- que hace trece años, pese a que ahora se ocupa a 3,3 millones más de trabajadores en ese mismo tiempo.

Fenómeno preocupante, tradicional en el Reino Unido pero que aquí se vive como novedad, es que tener empleo ya no es garantía de no caer en la pobreza: solo 2 millones de los 4,5 millones de receptores de subsidio social (Hartz IV) son parados, el resto es gente que no llega al mínimo a pesar de que trabaja.

 Otro espejismo del empleo alemán es que, según estimaciones sindicales, casi un millón de parados ha sido barrido debajo de la alfombra por la contabilidad oficial, que no cuenta a los parados enfermos, ni a los mayores de 58 años, ni a los que asisten a cursos de formación u otras categorías.

Un claro éxito: el Kurzarbeit

Pero incluso con un millón más de parados, Alemania sigue teniendo una tasa de desempleo y un vigor en la crisis envidiable ¿A qué se debe? En lo que respecta al empleo, al hecho de que en 2009, con una recesión del 5% aplicó una exitosa y eficaz estrategia: el “Kurzarbeit”, la jornada laboral reducida a la que se acogieron muchas empresas exportadoras, mediante acuerdos y subvenciones estatales, que salvó 1,2 millones de empleos y con ellos el consumo.

 Para lo demás hay que hablar de factores estructurales como la organización y gestión de las empresas, un equilibrio territorial sin grandes desigualdades regionales, un sistema educativo bien acoplado a la economía y el peso del corporativismo.   (...)

Pero nada de ese vigor puede entenderse sin atender a dos hechos estructurales fundamentales.

Factores de solidez

Uno es la solidez de la economía alemana. Alemania es la economía más industrial entre las de los países desarrollados. Sin contar la construcción, un 20% de su población activa aún está empleada en la industria, mucho más que en cualquier otro país europeo. El otro es el aspecto de Alemania como “sociedad organizada”: por doquier un tupido tejido de cámaras de comercio, asociaciones industriales, sindicatos, educación y administración, estrechamente vinculado e integrado.

 No hay en Europa un país mejor preparado para afirmar una ventaja competitiva sobre sus socios y para formular estrategias económicas. En el mundo solo países asiáticos como China la superan en capacidad de planificación estratégica – con la enorme diferencia de que en China la política todavía manda a las empresas, mientras que en Alemania, como en Bruselas, son los intereses de los grandes consorcios y monopolios los que determinan al gobierno la línea a seguir. 

En cualquier caso es muy difícil trasladar el “modus operandi” alemán allí donde no hay una estructura industrial pareja ni una sociedad organizada.

Dentro de esa mayor organización se incluye el poder de los sindicatos. Los sindicatos alemanes tienen más poder que en cualquier otro país de Europa, allí donde hay comités de empresa. El 40% de los trabajadores alemanes operan en empresas que tienen tales comités.

 Gracias a la llamada “cogestión” (Mitbestimung) los comités de empresas alemanes tienen poder de decisión en asuntos que en otros países son mucho más exclusivos del empresario: jornada laboral, organización del trabajo, salarios y rendimientos. 

El empresario costea todo el gasto de los comités de empresa. Allí donde hay comité de empresa, los despidos deben ser consultados, de lo contrario son nulos. Evidentemente, todo eso apenas existe en el sector precario.

A esa fortaleza estructural se suman también factores coyunturales. En la eurozona la industria alemana dejó en la cuneta a sus competidores europeos a base de practicar un intenso dumping salarial en un nuevo contexto de mercado y moneda común donde el superávit de uno es déficit de otros. 

Además, Alemania se beneficia del aumento sin precedentes de la demanda de los países emergentes por que se acopla muy bien a su industria.

Todo esto no tiene nada o muy poco que ver con la “flexibilización del mercado laboral”, la involución que tiende a volatizar el derecho laboral. En el mundo científico nadie ha demostrado nunca que un mercado laboral más flexible genere empleo. 

Mentar el relativo éxito alemán en la crisis, para desmontar el derecho laboral y de pensiones en España, es, pura y simplemente, un fraude.

El trágico despropósito del momento es que se pretende imitar de Alemania los aspectos más dudosos, sino negativos, de su desmonte socio-laboral -¡y con el único objetivo “estratégico” de poder pagar a bancos en gran parte alemanes atrapados por sus pésimas inversiones en las subprime y los ladrillos español e irlandés a costa del bienestar de las clases medias y bajas!- mientras se ignoran las verdaderas claves de su éxito, por no hablar de su gran apuesta de futuro completamente ignorada: la transición energética hacia renovables que navega a toda vela en plena crisis."               (Rafael Poch, La Vanguardia, Rebelión, 20/06/2013)

No hay comentarios:

Publicar un comentario