8.7.13

Evasión fiscal: ¿cómo se esfuma el dinero?

"Sankt Gallen es una preciosa ciudad situada al pie de los Alpes suizos, famosa por su universidad y una abadía patrimonio de la humanidad. Esta localidad de 73.000 habitantes no suele aparecer en el mapa global de las finanzas. 

Sin embargo, a principios del año, San Galo –su nombre en castellano–se convirtió en el epicentro de un terremoto que ha sacudido al sector bancario suizo.

Allí se encuentra la sede de Wegelin & Co, un pequeño y discreto banco privado cuya sede, con contraventanas de madera verde y macetas de flores, podría pasar perfectamente por la residencia veraniega de Clara y la Señorita Rottenmeier. Es la primera entidad helvética que ha admitido sin tapujos haber ayudado a ciudadanos norteamericanos a evadir impuestos en el marco de una investigación por parte de la Hacienda de Estados Unidos. 

Sus directivos contaron cómo se recomendaba a los clientes abrir empresas pantalla en otros paraísos fiscales para desviar la atención de los inspectores, así como no hacer llamadas telefónicas o mandar correos electrónicos desde EEUU. En casos urgentes bastaba con mandar un mensaje de texto críptico.

Este servicio para fomentar el fraude fiscal es “una práctica muy extendida en la banca suiza”, reconocieron los directivos Konrad Hummler y Otto Bruderer ante las autoridades estadounidenses.

 A cambio de esta confesión, la entidad sólo tuvo que pagar  una multa de 58 millones de dólares, obteniendo además el compromiso de que sus directivos no serán procesados. Aun así, el banco más antiguo de la República Helvética, fundado en 1741, se vio forzado a echar el cierre.

Las confesiones de los responsables de la pequeña entidad de San Galo cayeron como una bomba entre sus colegas en Zúrich y Ginebra, provocando un verdadero escándalo público en el país alpino. El líder cristianodemócrata, Christophe Darbellay, acusó a los dos directivos de “traidores” por haber “difamado el sector bancario suizo”. 

El político recibió amplio apoyo de otros partidos y de gran parte de la prensa. Los otros bancos, entre ellos gigantes como UBS o Crédit Suisse, temen que sus colegas de Wegelin hayan complicado mucho su defensa ante las acusaciones del fisco de EEUU, que está persiguiendo ferozmente a las entidades helvéticas que dan cobijo al dinero evadido de estadounidenses pudientes.

Suiza sigue ocupando el puesto número uno en la lista de paraísos fiscales en todo el mundo, con fondos de no residentes por valor de más de dos billones de dólares, según algunos cálculos.

 Es también el destino predilecto para las grandes fortunas españolas que pretenden ocultar su patrimonio, como ha demostrado el descubrimiento de la cuenta suiza del extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, o la “regularización” de un depósito antiguo por parte de la familia Botín del Banco Santander.

Unas 3.000 cuentas de propietarios españoles figuran en la lista de clientes del banco HSBC, extraída en secreto por un exempleado, Hervé Falciani. La Justicia suiza le acusa del robo de los datos personales de 130.000 cuentas de clientes de la filial en Ginebra de esta entidad británica, por lo cual emitió una orden de búsqueda y captura. En julio, Falciani fue detenido en Barcelona y pasó medio año en prisión. Ahora está en libertad condicional a la espera de que la Audiencia Nacional decida si concede o no la extradición que reclama Suiza*.

La dimensión del dinero negro en el medio centenar de países y territorios coloniales considerados como paraísos fiscales es galáctica, aunque difícil de cuantificar.

 Hay por lo menos 21 billones de dólares de capital fuera del alcance del fisco de sus respectivos países, el tamaño conjunto de las economías de EEUU y Japón, según un informe de Tax Justice Network, una de las ONG más potentes en la lucha contra el fraude y la evasión fiscal, elaborado por el ex economista jefe de la consultora McKinsey James Henry. 

Esta cifra sube hasta 32 billones si se aplican parámetros menos conservadores. Los expertos de Tax Justice Network, con sede en Londres, calculan que el fraude podría traducirse en la pérdida de entre 190.000 millones y 280.000 millones de dólares en recaudación fiscal."              (Thilo Schäfer, La Marea, Rebelión, 03/07/2013)

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