"Sankt Gallen es una preciosa ciudad situada al pie de los Alpes
suizos, famosa por su universidad y una abadía patrimonio de la
humanidad. Esta localidad de 73.000 habitantes no suele aparecer en el
mapa global de las finanzas.
Sin embargo, a principios del año, San Galo
–su nombre en castellano–se convirtió en el epicentro de un terremoto
que ha sacudido al sector bancario suizo.
Allí se encuentra la sede de Wegelin & Co, un pequeño y discreto
banco privado cuya sede, con contraventanas de madera verde y macetas de
flores, podría pasar perfectamente por la residencia veraniega de Clara
y la Señorita Rottenmeier. Es la primera entidad helvética que ha
admitido sin tapujos haber ayudado a ciudadanos norteamericanos a evadir
impuestos en el marco de una investigación por parte de la Hacienda de
Estados Unidos.
Sus directivos contaron cómo se recomendaba a los
clientes abrir empresas pantalla en otros paraísos fiscales para desviar
la atención de los inspectores, así como no hacer llamadas telefónicas o
mandar correos electrónicos desde EEUU. En casos urgentes bastaba con
mandar un mensaje de texto críptico.
Este servicio para fomentar el fraude fiscal es “una práctica muy
extendida en la banca suiza”, reconocieron los directivos Konrad Hummler
y Otto Bruderer ante las autoridades estadounidenses.
A cambio de esta
confesión, la entidad sólo tuvo que pagar una multa de 58 millones de
dólares, obteniendo además el compromiso de que sus directivos no serán
procesados. Aun así, el banco más antiguo de la República Helvética,
fundado en 1741, se vio forzado a echar el cierre.
Las confesiones de los responsables de la pequeña entidad de San Galo
cayeron como una bomba entre sus colegas en Zúrich y Ginebra,
provocando un verdadero escándalo público en el país alpino. El líder
cristianodemócrata, Christophe Darbellay, acusó a los dos directivos de
“traidores” por haber “difamado el sector bancario suizo”.
El político
recibió amplio apoyo de otros partidos y de gran parte de la prensa. Los
otros bancos, entre ellos gigantes como UBS o Crédit Suisse, temen que
sus colegas de Wegelin hayan complicado mucho su defensa ante las
acusaciones del fisco de EEUU, que está persiguiendo ferozmente a las
entidades helvéticas que dan cobijo al dinero evadido de estadounidenses
pudientes.
Suiza sigue ocupando el puesto número uno en la lista de paraísos
fiscales en todo el mundo, con fondos de no residentes por valor de más
de dos billones de dólares, según algunos cálculos.
Es también el
destino predilecto para las grandes fortunas españolas que pretenden
ocultar su patrimonio, como ha demostrado el descubrimiento de la cuenta
suiza del extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, o la
“regularización” de un depósito antiguo por parte de la familia Botín
del Banco Santander.
Unas 3.000 cuentas de propietarios españoles figuran en la lista de
clientes del banco HSBC, extraída en secreto por un exempleado, Hervé
Falciani. La Justicia suiza le acusa del robo de los datos personales de
130.000 cuentas de clientes de la filial en Ginebra de esta entidad
británica, por lo cual emitió una orden de búsqueda y captura. En julio,
Falciani fue detenido en Barcelona y pasó medio año en prisión. Ahora
está en libertad condicional a la espera de que la Audiencia Nacional
decida si concede o no la extradición que reclama Suiza*.
La dimensión del dinero negro en el medio centenar de países y
territorios coloniales considerados como paraísos fiscales es galáctica,
aunque difícil de cuantificar.
Hay por lo menos 21 billones de dólares
de capital fuera del alcance del fisco de sus respectivos países, el
tamaño conjunto de las economías de EEUU y Japón, según un informe de
Tax Justice Network, una de las ONG más potentes en la lucha contra el
fraude y la evasión fiscal, elaborado por el ex economista jefe de la
consultora McKinsey James Henry.
Esta cifra sube hasta 32 billones si se
aplican parámetros menos conservadores. Los expertos de Tax Justice
Network, con sede en Londres, calculan que el fraude podría traducirse
en la pérdida de entre 190.000 millones y 280.000 millones de dólares en
recaudación fiscal." (Thilo Schäfer, La Marea, Rebelión, 03/07/2013)
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