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14.5.19

Europa debe responder a China con subsidios propios a los sectores basados en el conocimiento. La industria automotriz europea es un candidato obvio a recibir esa clase de apoyo. La IA será esencial en el futuro de la industria automotriz. Algunos dirán que si China puede fabricar autos por menos costo... pero Europa todavía puede desarrollar la producción de baterías, apelando al reciclado de dispositivos electrónicos usados y al desarrollo de nuevos procesos...

"A principios de este año, el ministro de economía alemán Peter Altmaier reveló su “Estrategia Industrial Nacional 2030”, que busca proteger a las empresas alemanas contra competidoras chinas que reciben subsidios estatales. La estrategia identifica sectores industriales clave que recibirán apoyo especial del gobierno, pide establecer en Europa la producción de baterías para autos eléctricos y defiende la fusión de empresas como forma de obtener economías de escala.

Es un plan controvertido. Lars Feld, del Consejo Alemán de Expertos Económicos, dijo que esta estrategia es una aberración y acusó a Altmaier de pretender instituir la planificación central. Pero este no es un debate ideológico (como insinúa Feld); la pregunta, más bien, es si esa política industrial puede funcionar. 

Y aunque el plan de Altmaier contiene aspectos poco convincentes, hay buenos motivos para que el Estado dé apoyo a sectores (como la industria automotriz) que se basarán cada vez más en la inteligencia artificial (IA).  (...)

Los argumentos para una intervención estatal son mucho más fuertes en sectores que tienen economías de escala, y donde el “aprender haciendo” crea conocimiento que subsistirá incluso después de cancelado el subsidio estatal. Esto vale especialmente en los muchos sectores que pronto se basarán en la IA: cuantos más datos produce una empresa o un sector, más aprende y más mejoran los algoritmos.

Debido a su gran tamaño, China tiene una ventaja comparativa en estos sectores. Las autoridades chinas lo saben, y han usado los subsidios estatales hábilmente para promover la IA y dar apoyo a las empresas locales. Para contrarrestar este desafío, Alemania y Europa deben responder con subsidios propios a los sectores basados en el conocimiento.

La industria automotriz europea es un candidato obvio a recibir esa clase de apoyo. Por eso el plan de Altmaier para desarrollar la producción europea de baterías para autos eléctricos tiene sentido, e incluso puede acelerar un renacimiento industrial en todo el continente.

Producir baterías para autos eléctricos en Europa atraería a más empresas automotrices y abarataría los autos, porque reduciría enormemente la necesidad de los productores de importar baterías de Asia. 

A su vez, ese crecimiento puede crear un efecto de aglomeración en cascada, conforme más automotrices trasladen la producción a Europa para estar cerca de otras fabricantes de autos y de sus proveedores. Paul Krugman y Anthony J. Venables describieron hace más de dos décadas estos vínculos entre empresas en un artículo muy conocido.

Una industria automotriz europea importante generaría un aumento de la demanda de mano de obra y del ingreso per cápita real. Y cuanto más incidan las celdas de baterías en el valor total de los autos eléctricos, más fuerte será el efecto de aglomeración.

Esto supondría un cambio trascendental. En la actualidad China controla toda la cadena de valor de los autos eléctricos, incluido el suministro de cobalto, una materia prima esencial para la fabricación de baterías. El resultado es que China posee el 69% de la producción mundial de celdas de baterías para autos eléctricos, Estados Unidos el 15% (en la “Gigafábrica” de Tesla en Nevada) y Europa sólo el 4%. 

Pero Europa todavía puede desarrollar la producción de baterías, apelando al reciclado de dispositivos electrónicos usados, al desarrollo de nuevos procesos que permitan ahorrar cobalto y al descubrimiento de depósitos de minerales alternativos.

Algunos dirán que si China puede fabricar autos por menos costo, Europa debe permitir la migración gradual de su industria automotriz a ese país. Al fin y al cabo, los consumidores quieren autos de calidad razonable al menor precio posible. Según este argumento, si los chinos son más eficientes produciendo autos, deben hacerlo ellos. 

Pero aun sin tener en cuenta la tremenda reacción política y económica que esa decisión generaría en Europa, es una idea muy simplista. La IA será esencial en el futuro de la industria automotriz, y cualquier avance en este campo tendrá efectos derrame positivos en muchos otros sectores.

Si Europa renuncia a su industria automotriz, perderá conocimiento y futuro crecimiento. Por eso, el gobierno alemán no se equivoca al apoyar a sus automotrices. Más que reliquia de la planificación central socialista, a veces la política industrial puede ser la opción inteligente."
(Dalia Marin is Professor of Economics at the University of Munich and a research fellow at the Centre for Economic Policy Research, Project syndicate, 09/05/19)

19.10.16

La tecnología ha permitido que países en vías de desarrollo adelanten a los desarrollados

"(...) ¿No cree usted que puede haber campos tecnológicos en los que el líder mundial sea un país en vías de desarrollo?  (...)

¿Podría usted decir en qué capital africana resulta más fácil pagar un taxi con el móvil que en el mismo Manhattan? Como puede leer usted en este artículo de The Economist, estamos hablando de Nairobi, capital de Kenia.

Efectivamente, en Kenia se lanzó en 2007 M-Pesa, un exitoso medio de pago por móvil que encontró hueco en un mercado en donde la población no podía tener acceso a las exigentes condiciones impuestas por las entidades bancarias para poder abrir una simple cuenta corriente u obtener una tarjeta de débito o crédito. 

Pero la necesidad estaba ahí, si cabe acrecentada en una economía en donde la inmensa mayoría de la población no tenía medios alternativos a las tarjetas para realizar pagos y cobros de forma rápida y ágil. A día de hoy, como pueden leer en el artículo anterior, M-Pesa es usado por dos tercios de los adultos de Kenya, y alrededor de un 25% del Producto Interior Bruto del país se mueve por este servicio.

 Las cifras que arroja M-Pesa no sólo son impactantes, sino que son literalmente la envidia de muchas compañías occidentales que llevan años tratando de conseguir sin éxito un lanzamiento similar en los autosuficientes mercados supuestamente más evolucionados.  (...)

Tenemos ejemplos que van desde el fulgurante despliegue de los drones de uso comercial en Ruanda, cuyo prometedor futuro ha sido frenado en seco en el primer mundo por las regulaciones, pasando por cómo durante la reciente epidemia de Ébola los países afectados utilizaron una tecnología genética puntera para secuenciar en 24 horas las nuevas mutaciones del virus y así poder combatirlo, hasta el gran potencial tecnológico que supone que en 2007 ya hubiese en el África subsahariana mayor penetración de la telefonía móvil que población con acceso a sanidad, y arrojando unas cifras de penetración del móvil en todo el continente de un sorprendente 74 por ciento.

 Es lo que el World Economic Forum ha dado en llamar la cuarta Revolución Industrial según pueden leerles en este link. (...)"               ( , El blog salmón, 27/08/16)

29.1.16

La ‘Cuarta Revolución Industrial’ eliminará 7 millones de empleos hasta 2020

"(...) un informe sobre los efectos de la denominada Cuarta Revolución Industrial. 

Tras la automatización de la industria en el siglo XVIII (considerada Industria 1.0), la división del trabajo y la producción en cadena de principios del siglo XX (Industria 2.0), y la revolución tecnológica de finales del siglo XX (Industria 3.0), ahora estamos hablando de la digitalización de los sistemas de producción que impactará enormemente en las empresas y en la manera en la que la economía afecta a las personas, la sociedad y los países.

El documento de Davos analiza las transformaciones que la economía mundial y el mercado de trabajo padecerán en el próximo lustro. Entre sus advertencias se afirma que, a causa de la automatización, se perderán el mundo unos siete millones de empleos “de oficina”. 

El estudio predice el desarrollo en las áreas de inteligencia artificial, robótica, nanotecnología e impresión 3D. Esta transformación provocará que algunos empleos sean superfluos e innecesarios, pero al mismo tiempo abrirá la oportunidad a otra gran gama de empleos.

Los economistas que firman el estudio advierten que esta pérdida se compensará con la creación de otros dos millones de nuevos empleos en las áreas de computación, ingeniería, arquitectura y matemática. La entidad basa su análisis en decenas de entrevistas a directores de recursos humanos de una quincena de países que cuentan con el 65% del mercado laboral mundial.

No obstante, la diferencia entre creación de nuevos empleos y destrucción de oficios obsoletos se salda con una destrucción neta de empleo. Caminamos, pues, hacia el modelo que se ha descrito como sociedad 20-80. En la que bastará el trabajo del 20% de la población activa para hacerla funcionar. 

Esa minoría de trabajadores cualificados será suficiente para asegurar el control de las máquinas y procesos productivos. El 80% restante de la población sólo tendrá acceso a empleos de bajísima cualificación, serviles en su mayoría, o se verá condenada al desempleo estructural.

Es obvio que hay que definir otro modelo de reparto de la riqueza generada gracias al imparable avance tecnológico. Sin necesidad de ser profeta, simplemente observador de la realidad, en este blog ya hemos comentado que las cúpulas dirigentes del mundo son perfectamente conscientes de la colosal avería sufrida por el artefacto convencional del empleo. 

Y son conscientes también de que, tarde o temprano, tendrán que establecerse sistemas de rentas mínimas extensibles a sectores mucho más amplios que los contemplados por las actuales rentas de indigencia.  (...)"            (Cive Pérez, Attac España; 26/01/16)

24.10.14

¿Cómo afrontar la próxima ‘recesión’? Si tuviéramos algo que exportar, si hubiéramos preparado los cimientos con tecnología, ahora estaríamos exportando conocimiento

"(...) Cuando leáis que se detiene la máquina exportadora alemana, que los americanos han dejado de consumir, que cae la demanda en los supermercados, que la deflación avisa, que China se embarranca, que falta gas o que no hay manera de ofrecer empleo a tantos millones de personas que llevan años esperando un milagro, aceptad que todo ello no es más que reflejo de cuanto llevamos tiempo diciendo y que se trata de cómo el mundo se adapta a este cambio absoluto de patrones. (...)

El caso español es para enmarcar no obstante. Si tuviéramos algo que exportar, si hubiéramos preparado los cimientos con tecnología, ahora estaríamos exportando conocimiento y no, como sucede, lo que enviamos al exterior son jóvenes hartos de esperar. Si se hubiera decidido activar políticas destinadas a modificar un modelo de crecimiento que ya no crece y que cuando parece que lo hace es de juguete, otro gallo cantaría.

Y seguirán perdiendo el tiempo. No parece que nadie tenga intención de transformar nada. Es difícil que tomen directrices hacia un nuevo modo de entender la vida y la economía aquellos que difícilmente la entienden. (...)

Leer que el descenso de venta de mercancías retrocedieron significativamente en España por culpa de todo ese barrizal que comentamos, lo cual ponía en riesgo la ‘frágil recuperación de España’, es como un insulto a la inteligencia. Que recuperación, que fragilidad. Aquí no se ha hecho nada que pueda considerarse que está en riesgo de haberse hecho para nada. Nada es nada, aquí y en la China popular.

Todo gira en torno a una curiosa estadística inmediata, tóxica, que se esfuerza en retorcer los números cuando te concede un rédito positivo al comparar el desastre miserable absoluto con el siguiente mes algo mejor. El titular interesado suele ser ‘ya nos recuperamos’. Lo grave es que, estando muy abajo, en el comparativo inmediato sigas bajando.

No obstante, cada vez que escucho la palabra recuperación tiemblo. ¿Qué querrán recuperar? Cuando admiten que ‘sus políticas han iniciado la senda de la recuperación’ quieren decir que sus conservadores y acomodados sistemas socioeconómicos se sienten más tranquilos. El riesgo, la apuesta, el cambio de paradigma podrá esperar. Eso es la recuperación para todos ellos. (...)

Lo que hay que explorar es porque cae la demanda o, mejor dicho, porque esa demanda no satisface la expectativa. Si revisamos muchos de los negocios que hace apenas unos años tenían una cadena de valor determinada con diversos procesos físicos, humanizados y plagados de intermediaciones, ahora, cada vez más veremos procesos digitales, automáticos y huérfanos de intermediación. Algo que, por cierto, sólo hará que aumentar.

Parece mentira en que gastamos el tiempo. En que lo gastan los que deberían procurar por el futuro a medio plazo. Para los que las etapas vitales son tramos de cuatro años, es complicado ver más allá, pero haberlo haylo. Un mundo automatizándose a toda velocidad, revolucionándose y jodiéndole la vida a mucha gente que no es capaz de atrapar un tren en marcha. (...)

En la actualidad, menos del 1% de los objetos del mundo físico están conectados, lo que significa más de 10.000 millones de un total de 1,5 trillones de objetos. Y cada uno de esos objetos con acceso a redes IP de ordenadores, teléfonos, tablets, sistemas GPS, coches, TVs, máquinas, teniendo el potencial de conectarse a ese otro 99% de objetos que todavía no están conectados. 

A la vuelta de la esquina, en el año 2020, el número de conexiones ascenderá a 50.000 millones (el 2,7 por ciento del total de objetos en el mundo). Así, pasaremos de los miles de millones de objetos conectados hoy a cientos de miles de millones o incluso billones en un futuro inmediato. Ese mundo automático se lo va a llevar todo por delante, por lo menos eso que dicen que ‘se estaba recuperando’. Cuanto más malo pinte todo, más intenso estará siendo el cambio. (...)"                 (Marc Vidal, 16/10/2014)

29.4.09

La Tercera Revolución Mundial

"Jeremy Rifkin (Denver, EE UU. 1945) es incansable... recorre el mundo asesorando Gobiernos y empresas para impulsar una transición hacia la tercera revolución industrial, la tecnología verde. Habla de un "capitalismo distribuido" donde los edificios mantengan sus propias fuentes de energía y la almacenen, para terminar así con "las desigualdades geopolíticas" del suministro. (...)

P. ¿La promesa de un nuevo sistema financiero no basta?

R. Lo que el G-20 pasó por alto es que la única forma de avanzar en la economía del siglo XXI es establecer una colaboración público-privada para edificar la tercera revolución industrial. Aislar el fundido económico de la crisis energética y el cambio climático es una equivocación. Si no entienden la relación entre los tres, no seremos capaces de solucionar ninguno de ellos. (...)

P. ¿Cuáles son los pasos a seguir?

R. La tercera revolución industrial debe pasar por cuatro pilares. El primero es crear energía renovable. El segundo son los edificios, que produzcan su propia energía. Techos solares, paredes eólicas que cacen el viento cuando golpee en ellas, energía del reciclaje de la basura, etcétera. El pilar tres es cómo almacenamos la energía. A veces el día está nublado, o no brilla el sol, o el viento no sopla. Podemos recurrir a la energía de hidrógeno, que es fácil de almacenar. El pilar cuatro es cuando la revolución de la comunicación converja con la energética. Cuando empiece el capitalismo distribuido, terminarán las plantas eléctricas." (JEREMY RIFKIN: "Hay que edificar ya la tercera revolución industrial". El País, Negocios, 26/04/2009, p. 25)