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28.6.09

La opinión de un jesuita sobre el aborto

"Rechazar el mal moral del aborto es compatible con admitir que las leyes no lo penalicen como delito, afirma el autor a partir de un punto de vista católico. Propone 10 reglas para encontrar un terreno común. (...)

La opción por la aternativa mediadora frente a los dilemas extremistas se articularía en las 10 reglas siguientes:

1) Evitar el dilema entre pro-life y pro-choice. Posturas opuestas pueden coincidir en que el aborto no es deseable, ni aconsejable; hay que unir fuerzas para desarraigar sus causas; nadie debe sufrir coacción para abortar contra su voluntad, y debe mejorarse la educación sexual para prevenirlo.

2) No mezclar delito, mal y pecado. Rechazar desde la conciencia el mal moral del aborto es compatible con admitir, en determinadas circunstancias, que las leyes no lo penalicen como delito. El apoyo a esas despenalizaciones no se identifica con favorecer el aborto a la ligera.

3) No ideologizar el debate. Evitar agresividad contra cualquiera de las partes, no hacer bandera de esta polémica por razones políticas o religiosas y no arrojarse mutuamente a la cabeza etiquetas descalificadoras ni excomuniones anacrónicas. Ni el aborto deja de ser un mal moral cuando la ley no lo penaliza, ni la razón de considerarlo mal moral depende de una determinación religiosa autoritaria.

4) Dejar margen para excepciones. No formular las situaciones límite como colisión de derechos entre madre y feto, sino como conflicto de deberes en el interior de la conciencia de quienes quieren (incluida la madre) proteger ambas vidas.

5) Acompañar personas antes de juzgar casos. Ni las religiones deberían monopolizar la moral y sancionarla con condenas, ni las presuntas posturas defensoras de la mujer deberían jugar demagógicamente con la apelación a derechos ilimitados de ésta para decidir sobre su cuerpo. El consejo psicológico, moral o religioso puede acompañar a las personas, ayudándolas en sus tomas de decisión, pero sin decidir en su lugar ni dictar sentencia contra ellas cuando la decisión no es la deseable

6) Comprender la vida naciente como proceso. La vida naciente en sus primeras fases no está plenamente constituida como para exigir el tratamiento correspondiente al estatuto personal, pero eso no significa que pueda considerarse el feto como mera parte del cuerpo materno, ni como realidad parásita alojada en él. La interacción embrio-materna es decisiva para la constitución de la nueva vida naciente y merece el máximo respeto y cuidado: a medida que se aproxima el tercer mes de embarazo aumenta progresivamente la exigencia de ayudar a que éste se lleve a término. Para evitar confusiones al hablar de protección de la vida, téngase presente la distinción entre materia viva de la especie humana (p. e., el blastocisto antes de la anidación) y una vida humana individual (p. e., el feto, más allá de la octava semana).

7) Confrontar las causas sociales de los abortos no deseados. No se pueden ignorar las situaciones dramáticas de gestaciones de adolescentes, sobre todo cuando son consecuencia de abusos. Sin generalizar, ni aplicar indiscriminadamente el mismo criterio para otros casos, hay que reconocer lo trágico de estas situaciones y abordar el problema social del aborto, para reprimir sus causas y ayudar a su disminución.

8) Afrontar los problemas psicológicos de los abortos traumáticos. Es importante prestar asistencia psicológica y social a quienes su toma de decisión dejó cicatrices que necesitan sanación. No hay que confundir la contracepción de emergencia con el aborto. Pero sería deseable que la administración de recursos de emergencia como la llamada píldora del día siguiente fuese acompañada del oportuno aconsejamiento médico-psicológico.

9) Cuestionar el cambio de mentalidad cultural en torno al aborto. Repensar el cambio que supone el ambiente favorable a la permisividad del aborto y el daño que eso hace a nuestras culturas y sociedades

10) Tomar en serio la contracepción, aun reconociendo sus limitaciones. Fomentar educación sexual con buena pedagogía, enseñar el uso eficaz de recursos anticonceptivos y la responsabilidad del varón, sin que la carga del control recaiga sólo en la mujer. Sin tomar en serio la anticoncepción no hay credibilidad para oponerse al aborto; hay que fomentar la educación sexual integral, desde higiene y psicología a implicaciones sociales, e incluya suficiente conocimiento de recursos contraceptivos, interceptivos y contragestativos.

¿Será posible este modo de debatir alternativo o se quedará en sueño? La pelota está en el tejado de dos debates: cívico y parlamentario. Quisiera apostar por una mayoría éticamente serena, capaz de independizarse de las patologías extremistas de sus respectivos partidos e Iglesias.

Juan Masiá, jesuita, es profesor de Bioética en la Universidad de Santo Tomás de Osaka (Japón)." (JUAN MASIÁ: Proponer sin imponer, cuestionar sin condenar. El País, ed. Galicia, Opinión, 26/06/2009, p. 33 )

28.4.09

El aborto, la clonación terapéutica, el preservativo...

"P. Los obispos siguen empeñados en creer que el aborto es un problema católico, que debe ser tratado católicamente. La vieja idea de que lo que es pecado es también delito y debe ser castigado como tal por las leyes.

R. Como ciudadanos los obispos tienen derecho a expresar su opinión, y como creyentes tienen derecho a proponer sus valores. Pero no deben interferir en el proceso legislativo de la manera que lo hicieron contra la ley de reproducción asistida o la de investigación biomédica, ni deben imponer al parlamentario católico una disciplina de voto.

P. En el debate se echa en falta la opinión de un bioético. Esa idea episcopal de que la ley despenaliza la matanza de niños es pura truculencia.

R. Si me preguntan por el comienzo de una vida humana individual, diré que no antes de la implantación del preembrión en el útero materno y no después, como muy tarde, de la novena semana. Pero no hay que mezclar este tema con el de la legislación. La pregunta no es si ha comenzado o no una vida humana, sino en qué casos y con qué condiciones de seguridad jurídica se puede interrumpir el proceso de una vida naciente (en camino hacia el nacimiento), sin hacer violencia al respeto debido tanto al feto como a la gestante. Es lamentable que no se pueda debatir serenamente sobre estas cuestiones. Tengo mucha confianza en que hay bastantes parlamentarios, tanto en el partido del Gobierno como en la oposición, y tanto de una confesionalidad como de otra o de ninguna, que coinciden en el sentido común, en la responsabilidad en cuestiones de Estado, en hacer compatible la defensa de la vida con la despenalización y la seguridad jurídica de madres y profesionales de la sanidad.

P. ¿Que le pareció la metedura de pata de Benedicto XVI, en África, sobre el preservativo y el sida?

R. Dijo una frase inapropiada, tuvo un lapsus linguae ante los periodistas. No es papal ni competencia de la Iglesia prohibir el preservativo, ni recomendarlo. Ciertas posiciones morales de algunos eclesiásticos chocan con las medidas relativamente eficaces para combatir la pandemia, usadas por personal sanitario católico implicado en la prevención del sida. Es cuestión de sentido común, de responsabilidad y de buen humor, tres características de la que a veces se carece en el mundillo eclesiástico. El cardenal Martini ha dicho cosas muy atinadas sobre este tema. Ha dicho que es necesario hacer todo por combatir el sida y que "en la situación de los esposos, uno de los cuales está infectado de sida, éste está obligado a proteger a la pareja y ésta también debe poder protegerse".

P. Le pregunté sobre la afirmación episcopal de que el Gobierno, si aprueba la ley del aborto, estará matando a personas.

R. Es retórica demagógica unida a exageración hispánica. Hacen un flaco favor a la vida que pretenden proteger y dan lugar a reacciones opuestas extremistas. Es el mismo error que cuando apoyan al obispo brasileño que enarbola la excomunión por el aborto de la menor violada o cuando se ponen del lado de Bush contra la investigación con células madre, o del lado de Berlusconi contra el respeto a la dignidad del morir de la joven Eluana. La ideología político-religiosa da lugar a extrañas compañías de cama.

P. La tesis episcopal es que pueden (y hasta deben) meterse en todo, como si fueran legisladores preferentes.

R. Tienen la asignatura pendiente sobre las relaciones correctas entre iglesias y Estados. No aprueban en el examen sobre el decreto conciliar acerca de la libertad religiosa. No han aprendido la lección sobre la laicidad y la religión. Necesitarían una clase de ética cívica. Es elemental entender bien la relación entre ética y derecho en una sociedad plural. Se puede estar, como estamos muchas personas, en favor de la vida, oponerse al aborto injusto y defender los derechos humanos, pero al mismo tiempo en favor de no penalizar determinados comportamientos que uno no querría adoptar y que considera éticamente cuestionables. (JUAN MASIÁ: "Se rehabilita a los Galileos del pasado y se condena a los de hoy". El País, ed. Galicia, Sociedad, 25/04/2009, p. 40)