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21.4.26

Pues para hacer un vaquero 100% de algodón, ecológico, hay que dar más vueltas que una peonza... es casi imposible (Karelia Vázquez)

 "L a prenda más usada del mundo es un auténtico ecodesastre. En el libro Unraveled. The Life and Death of a Garment (Portfolio, 2021) Maxine Bédat narra la vida de un par de vaqueros, desde la granja donde se cultiva el algodón, el proceso de hilado, lavado y teñido, la costura, la venta en tiendas, hasta su más que probable final en un vertedero. Es un viaje que recorre el mundo de América a Asia, para terminar en África.

Los pantalones, creados en 1873 como ropa de trabajo resistente para los mineros, son, según Bédat, fundadora del think tank New Standard Institute, la prenda de vestir más común en los armarios contemporáneos. Como promedio, y según Fashion United, las mujeres tienen siete pares, y los hombres, seis. La producción de un vaquero requiere casi 6.000 litros de agua. Esto equivale a 70 duchas de 10 minutos o a 937 descargas del retrete que se consumen en el cultivo del algodón y en los procesos de teñido y lavado que se repiten durante todo el proceso.

Varias marcas de moda llevan décadas intentando rehabilitar la reputación del denim, pero cambiar hábitos y procesos muy implantados en la industria ha resultado más difícil de lo que parecía. Javier Goyeneche, fundador y presidente de Ecoalf, que se ha lanzado a la aventura de hacer un vaquero sostenible, dice que varias compañías le habían propuesto crear una licencia de Ecoalf para denim. “Pero lo que solían proponernos no nos compensaba. No tenemos necesidad de abrir nuevas líneas si no suponen un paso adelante en la sostenibilidad”, cuenta desde sus oficinas ubicadas en el imponente número 1 de la Gran Vía de Madrid. Asegura Goyeneche que viendo que la filosofía de su marca no encajaba en ninguno de los proyectos de vaqueros limpios que estaban en marcha, en 2021 se propusieron imaginar cómo sería el vaquero según Ecoalf. Pensaron desde la materia prima hasta los acabados y patronajes. “Si al final del proceso hubiera tenido la sensación de que no estábamos aportando algo valioso a la industria, no hubiéramos lanzado el denim”, asegura. La línea, que se compone de un vaquero masculino, dos femeninos, y varias camisas, llega a sus tiendas y corners de El Corte Inglés en un momento en que la prenda vive un momento dorado. En 2024 el mercado global del denim tenía un valor de 86.700 millones de dólares, y se cree que para 2030 superará los 121.000 millones de dólares, beneficiándose del agotamiento del chándal y las prendas deportivas, que alcanzaron su popularidad máxima en la pandemia.

El denim ha recuperado su condición de zeitgeist y ha retornado a las alfombras rojas —Julia Roberts y Amanda Seyfried los llevaron en el festival de cine de Venecia—; ha vuelto a renacer en monumentales campañas publicitarias con nombres como el de Lady Gaga para Gap; y apareció en la portada de septiembre de Vogue, donde Emma Stone defendía un jean firmado por Louis Vuitton. No es mal momento para apostar por una línea de vaqueros.

El denim de Ecoalf estaba programado para salir casi medio año antes, pero el camino a la sostenibilidad, si se emprende en serio, está plagado de tropezones y malentendidos.

“En 2021 nos propusimos crear un producto que no existía en el mercado: un vaquero absolutamente reciclable: sin elastano, de algodón regenerativo, con un pigmento índigo natural con cero químicos, que consumiera una cantidad mínima de agua y con botones desmontables”, describe Julie Sohn, directora creativa y de producto. Sohn y su equipo montaron una red de detectives para buscar proveedores de confianza que fabricaran hilos de algodón resistentes (los vaqueros siempre se cosen con fibras de poliéster, este no), tejidos fiables y pigmentos índigo naturales. Sobre todo, buscaban cómplices, gente en la industria que estuviera alineada con sus principios y se implicara en el reto de fabricar el vaquero más limpio del mercado.

El primer problema llegó cuando un proveedor les coló una hebra de poliéster. Era 2023 y descubrieron una fibra T-400, sintética y con elastano en el tejido. “Paramos la producción porque queríamos hacerlo todo con fibras naturales y seguimos buscando”, recuerda Sohn. En la feria Pitti Uomo les presentaron a Gigi Caccia, fundador de Pure Denim. “Fue una bendición, nos dio confianza porque había desarrollado el denim más sostenible del mundo. Le encargamos otra vez nuestras telas”.

La meticulosidad de la firma española alcanza los bolsillos interiores de los vaqueros y todas las etiquetas y los hilos. Ángela Pérez Calleja, responsable de innovación y desarrollo de materiales, examinó el mercado hasta que encontró a Coats, una compañía experta en hilos de coser. “Habían desarrollado un proceso de circularidad de los hilos, y buscábamos uno de algodón resistente para usarlo en tejido denim y que garantizara la durabilidad de la prenda”, explica.

La monomaterialidad es el patrón oro para conseguir que una pieza pueda reciclarse por completo. “Era uno de nuestros objetivos. Si trabajábamos con tejidos y fibras de la misma composición o con mezclas como la del algodón regenerativo con el reciclado, facilitábamos el reciclado al final de la vida útil del vaquero”, razona Pérez Calleja.

Una vez elegido el tejido se probaron los colores, un proceso muy delicado. “No todos los colores funcionan bien en todos los tejidos”, apunta Pérez Calleja. Viajaron a las fábricas de Italia y a la de Marruecos donde se cosían los vaqueros. “Era importante estar allí y ver con nuestros propios ojos cómo se hacían las cosas”. Precisamente en una fábrica de Fez llegó el segundo contratiempo. “Estábamos esperando que pararan las lavadoras, una espera larga y tediosa, y nos dio por quemar con un mechero un hilo de los que se estaban usando. Se nos cayó el alma a los pies. El hilo de poliéster se hace una bolita cuando se quema y este era, sin dudas, poliéster. No era lo acordado”, cuenta Rocío Tinao, diseñadora y project manager. Ella misma había hecho muchas pruebas de resistencia hasta desarrollar el hilo adecuado y había percibido miedo en los responsables de confección. No sabían si el vaquero aguantaría o no. “Yo tampoco lo sabía”, confiesa Tinao.

La quema del hilo no dejaba dudas, no se estaba cosiendo con algodón. Goyeneche recuerda perfectamente ese día. “Era agosto de 2025, en septiembre teníamos contratada la campaña y preparado el lanzamiento, y acabábamos de descubrir que se estaba cosiendo con hilo de poliéster, había que parar toda la producción. Recuerdo tener en mi despacho al fabricante diciéndome: ‘¿De verdad me vas a echar para atrás los 8.000 vaqueros por un hilo? ¿Pero quién se va a dar cuenta?’. Ciertamente nadie, ni nosotros si no hubiéramos quemado un hilo, pero lo hicimos y el asunto no iba de que nos pillaran mintiendo o no, sino de hacer un vaquero sostenible según nuestra filosofía. Paramos la producción porque para ser coherente a veces hay que tomar decisiones drásticas”.

Así que empezamos de cero. “Encontramos otra fábrica en Marruecos y fue una bendición”, cuenta Sohn. “Están más metidos que nosotros”, indica Tinao.

Una de las fases más contaminantes de la producción de un vaquero es el acabado. Viajamos a Valencia a ver cómo Ecoalf lidia con el exceso de consumo de agua y los lavados consecutivos. Jeanologia, una compañía que desde 1999 desarrolla tecnologías para hacer las prendas más sostenibles, es su socio. En una gran nave y dentro de lavadoras enormes los vaqueros dan vueltas pero dentro no hay agua. “La prenda se confecciona con el tejido sin lavar y en el proceso convencional los efectos de desgaste (bigotes se llaman los de las piernas) se simulan a base de lavados continuos o con una lija que elimina el índigo superficial para dejar salir el blanco”, explica Amor Cardona Fortea, experta en textiles sostenibles de Jeanologia. Todos estos procesos, contaminantes y lesivos para los operarios y el medio ambiente (con el lijado el índigo desprende potasio permanganato), se sustituyen en Jeanologia por el láser, que consigue pasar el pigmento de sólido a gaseoso y eliminar el color. Con esta técnica se hacen además los rotos del vaquero, los efectos de camuflaje y animal print y las texturas. El lavado tradicional a la piedra consume 70 litros de agua por prenda, con la tecnología valenciana se queda en un litro por tejano, utilizan una lavadora de aire y se reducen los tonos de índigo con ozono en lugar de con agua. “Luego el ozono se descompone dentro de la lavadora y se devuelve a la atmósfera como oxígeno”, detalla Carmen Silla, directora global de marketing. El ahorro de agua es del 96%.

Sohn y Goyeneche coinciden en que producir un vaquero con esta meticulosa sostenibilidad puede ser hasta tres veces más caro que hacerlo con el modo convencional, pero el precio de su vaquero será de 129 euros. “Ecoalf nació con un margen bruto muy pequeño, si hubiéramos tenido que aplicar todos los costes, por ejemplo de sacar la basura del océano, recogerla, categorizarla y convertirla en polímero, todos los productos serían entre un 30% o un 35% más caros”, razona el fundador de la marca.

¿Estamos ante el vaquero más sostenible del mercado? Ante esta pregunta la respuesta es más conservadora. “No somos perfectos, pero entendemos que hay una mejora brutal respecto al denim tradicional”, argumenta Goyeneche. “Digamos que es el vaquero más sostenible que hemos sido capaces de hacer”, matiza Ángela Pérez Calleja. Es un vaquero que sienta bien, pensado para durar mucho tiempo, ha contaminado poco y apenas va a dejar huella de su paso por este mundo. Usted solo tendrá que usarlo mucho y desatornillar los botones a la hora de tirarlo. No es poco para la prenda más contaminante y que más nos pondremos a lo largo de la vida." 

(Karelia Vázquez , El País Semanal, 18/04/26)  

9.12.25

Un año de gobierno Sheinbaum: la presidencia de Sheinbaum podría definirse como un mandato con dos objetivos principales: supervisar el surgimiento de un nuevo institucionalismo que canalice el poder democrático y reanimar el desarrollismo capitalista impulsado por el Estado, una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones adaptada al siglo XXI... su apoyo sigue siendo relativamente sólido en todos los grupos demográficos. A pesar de los temores de que careciera del carisma de su predecesor, su estilo más tecnocrático ha demostrado tener su propio atractivo... La continuidad de los pilares fundamentales del programa de AMLO —ampliación del bienestar social, lucha contra la corrupción, economía nacionalista— se ha combinado con nuevos énfasis que reflejan los diferentes antecedentes de Sheinbaum. La elevación de las cuestiones relacionadas con la mujer a la importancia de un ministerio, por ejemplo, o la reducción de la edad de jubilación de las mujeres en reconocimiento de las disparidades laborales entre géneros, han consolidado a Sheinbaum como una líder por derecho propio... La recién elegida Corte Suprema presenta interesantes posibilidades para una verdadera independencia judicial... Sheinbaum ha continuado con la orientación asistencialista de su predecesor, con la introducción de becas universales para la escuela primaria el próximo año y el aumento de las pensiones en función de la inflación... y se ha comprometido a construir 1,1 millones de viviendas en seis años. Las viviendas cuestan entre 35 000 y 60 000 dólares, con préstamos sin intereses disponibles para los trabajadores que ganan hasta el doble del salario mínimo, y se da prioridad a las poblaciones desfavorecidas. Se prevé que el programa genere aproximadamente 600 000 puestos de trabajo en la construcción al año. Una peculiaridad de esta renovada prestación pública es que se está llevando a cabo sin un crecimiento económico significativo y sin estar impulsada por la deuda. En cambio, se basa en la reestructuración presupuestaria y el aumento de la recaudación de impuestos... El Plan México, presentado en enero, representa un renacimiento selectivo de la industrialización por sustitución de importaciones adaptada a la era contemporánea de las cadenas de suministro y el comercio globalizados. Con una inversión de 277 000 millones de dólares, distribuida en 2000 proyectos que abarcan objetivos económicos, sociales e industriales, la iniciativa es una de las estrategias de desarrollo más ambiciosas de México en las últimas décadas... Influenciado por el marco del «Estado emprendedor» de Mariana Mazzucato, la idea es que el Estado configure activamente la dirección económica de México a través de objetivos orientados a misiones, al tiempo que despliega «capital paciente» en sectores estratégicos... Por el momento, Sheinbaum cuenta con el apoyo necesario para perseguir estos objetivos (Edwin F. Ackerman)

 "Claudia Sheinbaum tomó el mando hace un año en plena euforia. Con el 60 % de los votos y una mayoría cualificada para su partido MORENA en ambas cámaras, la presidenta mexicana asumió el cargo en octubre de 2024 con un índice de aprobación de alrededor del 70 %, una cifra que no solo ha mantenido, sino que durante algunos meses ha superado, alcanzando el 80 %, lo que la convierte en una de las líderes más populares del mundo. Con un mandato claro, Sheinbaum ha impulsado una serie de reformas constitucionales, ha ampliado los programas de bienestar social y ha sabido manejar con éxito la tensa relación con la Administración Trump. Sheinbaum, cuyo mandato como alcaldesa de Ciudad de México (2018-2023) se caracterizó por una reducción del 40 % en la tasa de homicidios, también ha hecho avances en el notorio problema del crimen organizado en el país: aunque la violencia regional sigue siendo elevada y el reciente asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, ha empañado cualquier triunfalismo, el Gobierno de Sheinbaum puede presumir de una reducción del 37 % en los homicidios.

El ciclo político que comenzó con la elección en 2018 del predecesor y mentor político de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador, se ha caracterizado por una importante legitimidad democrática. Según la Encuesta de Confianza de la OCDE, publicada recientemente, el 54 % de los mexicanos tiene una confianza alta o moderadamente alta en el Gobierno federal, muy por encima de la media del 39 %. Una encuesta de Gallup del año pasado indicaba que la «confianza en el Gobierno nacional» había aumentado del 29 % al 61 % desde que MORENA llegó al poder, y que la «confianza en la honestidad de las elecciones en México» había aumentado en 25 puntos. El Pew Research Center también ha demostrado que la «satisfacción de los mexicanos con su democracia» se ha disparado en 36 puntos entre 2017 y 2019. Esta legitimidad se basa en los logros del pacto social posneoliberal de MORENA: la «Cuarta Transformación» de AMLO, una renovación nacional concebida en la línea de los levantamientos históricos, comenzando por la lucha por la independencia en el siglo XIX. Durante el mandato de López Obrador, los salarios reales aumentaron casi un 30 % y más de 13 millones de personas salieron de la pobreza.

Sin embargo, la construcción de la «segunda planta» de la transformación, como Sheinbaum ha descrito su misión, ha puesto de manifiesto tensiones cruciales que acosan al proyecto populista de izquierda: ampliar el bienestar con un aparato estatal en ruinas; aplicar estrategias neodesarrollistas en medio de una crisis ecológica cada vez más grave; aprobar una reforma fiscal progresista en un contexto de estancamiento del crecimiento económico; liberar a la economía mexicana de su condición de subordinada en los circuitos transnacionales del capital sin abandonar los mercados globales tout court. Estas cuestiones interrelacionadas ponen de manifiesto no solo las particularidades del caso mexicano, sino también los límites estructurales y los dilemas estratégicos a los que se enfrentan las fuerzas progresistas en todo el mundo.

Las segundas plantas también requieren una ingeniería diferente y una adaptación a tensiones que no eran evidentes en la planta baja. Sheinbaum ha tenido que lidiar, en primer lugar, con el clásico problema de los titulares de tener que hacer campaña y gobernar, como ella misma dice, «con continuidad y cambio». Como abanderada de la Cuarta Transformación, posee un peso simbólico que la empodera y la limita a la vez. Debe ser una líder, debe renovar y reconstituir el bloque gobernante, pero tiene que hacerlo al tiempo que redobla su adhesión al legado de AMLO. A nivel político, esto implica no solo poner a prueba si el obradorismo puede funcionar sin su homónimo, sino también establecer la infraestructura institucional necesaria para un orden político transformado. A nivel económico, esto ha supuesto un equilibrio entre la soberanía y la integración en el mercado global, agravado por las presiones contradictorias que emanan del vecino del norte de México. Hasta ahora, la presidencia de Sheinbaum podría definirse como un mandato con dos objetivos principales: supervisar el surgimiento de un nuevo institucionalismo que canalice el poder democrático y reanimar el desarrollismo capitalista impulsado por el Estado, una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones adaptada al siglo XXI.

¿Cómo sobrevive un movimiento construido en torno a una figura carismática tras su marcha? AMLO, que fundó MORENA en 2011 y fue una figura omnipresente en la política mexicana hasta que cedió la presidencia el año pasado, ha abandonado el centro de atención y se ha retirado a su bucólica finca de una hectárea en Palenque, Chiapas. Hasta la reciente publicación de un vídeo promocionando la publicación de un libro, no había hecho ninguna declaración pública desde que dejó la presidencia. El vacío ha provocado sin duda incertidumbre y una reorganización de las alianzas políticas, y ha avivado el temor entre la base del partido de que MORENA esté siendo invadida por oportunistas influyentes. Pero las intrigas políticas han sido sorprendentemente leves. Mientras tanto, aunque los datos son escasos, las bases de apoyo de Sheinbaum parecen ser similares a las de AMLO. Según la encuesta de Mitofsky/El Economista, que desglosa el apoyo por categoría profesional, Sheinbaum es más popular entre las amas de casa, con un 81 %, seguidas de los trabajadores del sector informal, los jubilados y los campesinos, todos ellos por encima de la media nacional del 72 %. En marcado contraste, su apoyo es más débil entre los empresarios (55 %) y los profesionales (56 %), con una diferencia de 26 puntos entre el extremo superior e inferior de la escala de ingresos. Esta estratificación se cruza con el nivel de estudios: el 75 % de las personas con un nivel educativo más bajo apoyan a Sheinbaum, frente al 69 % de los titulados universitarios. Pero su apoyo sigue siendo relativamente sólido en todos los grupos demográficos. A pesar de los temores de que careciera del carisma de su predecesor, Sheinbaum ha demostrado que no solo puede mantener, sino también aumentar el número de seguidores de MORENA. Su estilo más tecnocrático ha demostrado tener su propio atractivo entre los sectores acreditados que se habían alejado en la segunda mitad del mandato de AMLO.

La continuidad de los pilares fundamentales del programa de AMLO —ampliación del bienestar social, lucha contra la corrupción, economía nacionalista— se ha combinado con nuevos énfasis que reflejan los diferentes antecedentes de Sheinbaum. La elevación de las cuestiones relacionadas con la mujer a la importancia de un ministerio, por ejemplo, o la reducción de la edad de jubilación de las mujeres en reconocimiento de las disparidades laborales entre géneros, han consolidado a Sheinbaum como una líder por derecho propio. Sin embargo, la tarea más urgente ha sido avanzar en el marco institucional necesario para la Cuarta Transformación. Lo más destacado es que Sheinbaum ha supervisado la aplicación de una importante reforma judicial, que ha transformado la forma de seleccionar a los jueces en todos los niveles, desde los tribunales locales hasta el Tribunal Supremo.

La confianza de la ciudadanía en los tribunales, conocidos por sus arraigadas redes nepotistas, es baja. A finales de 2022, las revelaciones sobre reuniones secretas entre la ex presidenta de la Suprema Corte de Justicia, Norma Piña, y líderes de partidos de la oposición sugirieron una coordinación política inapropiada. La Suprema Corte también ha anulado leyes clave, como la relativa a la soberanía energética, por motivos procesales superficiales. Cuando AMLO anunció su «Plan C» —buscar una mayoría de dos tercios en el Congreso en las elecciones de 2024 para aprobar dieciocho reformas constitucionales— vinculó explícitamente la participación democrática al cambio institucional. La posterior victoria aplastante de MORENA, que le aseguró no solo la presidencia, sino también la mayoría cualificada necesaria en el Congreso y las legislaturas locales, proporcionó lo que sus partidarios consideran un mandato claro para la reforma sistémica.

La esencia de las reformas es sencilla. Todos los cargos judiciales están ahora sujetos a elección popular. Si bien las elecciones judiciales existen en diversas formas en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos, donde los jueces hacen campaña abiertamente siguiendo las líneas del partido para puestos electivos en algunos estados, y aproximadamente la mitad de los estados eligen a sus tribunales supremos, el alcance del enfoque de México no tiene precedentes, ya que abre todos los cargos judiciales a la elección, incluidos los puestos en la Suprema Corte de Justicia. Las críticas se han centrado en varias preocupaciones clave. La pésima participación del 13 % en las primeras elecciones judiciales, celebradas en junio, plantea serias dudas sobre la legitimidad democrática, un problema que, según los partidarios de MORENA, refleja la falta de promoción de las nuevas elecciones por parte del Instituto Nacional Electoral (que también impone restricciones estrictas a los titulares de cargos públicos, incluido el presidente, para promover el voto). La continuidad de la baja participación sin duda deslegitimaría la reforma, pero cabe señalar que los bajos índices de participación en las elecciones judiciales son un problema en las democracias consolidadas. Los temores sobre la influencia de los cárteles de la droga en la selección judicial —aunque graves, dados los retos de seguridad a los que se enfrenta México— se aplican igualmente a las elecciones locales existentes, al igual que las afirmaciones de que los votantes carecen de los conocimientos suficientes para evaluar a los candidatos.

La principal objeción a las elecciones judiciales hace hincapié en el riesgo de «captura política». El Financial Times observó que «la nueva Corte Suprema de México estará compuesta exclusivamente por jueces nombrados por la coalición gobernante», mientras que The Economist advirtió que los veteranos están siendo sustituidos por «novatos y partidistas». Si bien es lógico suponer que la mayoría de los jueces elegidos tienen cierta afinidad ideológica con el Gobierno —aunque no necesariamente una conexión partidista orgánica—, esto no es consecuencia del diseño de la reforma, ni necesariamente un signo de «captura política»: al fin y al cabo, los altísimos índices de aprobación de Sheinbaum hacen que no sea de extrañar que los jueces de izquierdas también sean populares. En cuanto a la acusación de que la coalición de Sheinbaum monopolizó las nominaciones, los procedimientos de selección de candidatos fueron boicoteados sistemáticamente por la oposición, que se retiró cínicamente del proceso para luego alegar que había sido excluida. La reforma estipula que los candidatos se seleccionan al azar de listas separadas elaboradas por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del Gobierno. Pero el poder judicial se negó a elaborar una lista de posibles candidatos en señal de protesta; su poder de preselección se transfirió entonces al Senado, donde la coalición gobernante tiene una mayoría cualificada.

Más revelador aún es el fracaso de la oposición a la hora de articular una visión alternativa coherente. Tras sufrir una derrota catastrófica en 2018 y 2024 —hasta el punto de que sus antiguos rivales, el PRI y el PAN, ahora hacen campaña en coalición—, los partidos tradicionales se vieron obligados a defender la separación de poderes de forma abstracta, sin poder explicar cómo el anterior sistema de nominación presidencial y ratificación por el Congreso garantizaba una independencia genuina. Sus intentos de equiparar el gobierno mayoritario con el autoritarismo sonaron, por tanto, huecos. ¿Denunciarían el supuesto fin de la separación de poderes si pensaran que sus jueces favoritos tienen posibilidades de ganar?

La reforma transgrede menos las normas establecidas de lo que podría parecer a los observadores internacionales: a diferencia de la reverencia cuasi religiosa que rodea al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, el máximo tribunal de México carece de profundas raíces históricas, ya que fue reconstituido en la década de 1990 bajo la presidencia de Ernesto Zedillo. No obstante, las reformas suponen una profunda reinvención de la democracia y el poder institucional. La recién elegida Corte Suprema presenta interesantes posibilidades para una verdadera independencia judicial. Su presidente, Hugo Aguilar Ortiz, un abogado indígena de la izquierda rural autónoma con un historial de representación de comunidades marginadas, puede situarse incluso a la izquierda de MORENA en determinadas cuestiones. Su reciente contratación del abogado que representa a los estudiantes de Ayotzinapa —un caso infame relacionado con la desaparición de cuarenta y tres estudiantes en 2014 que terminó en conflicto con el gobierno de AMLO— señala una posible independencia de la influencia ejecutiva. Los mandatos escalonados de 8 a 15 años, determinados por la proporción de votos, crean un amortiguador contra los rápidos cambios políticos y evitan la sustitución total de los tribunales con cada ciclo electoral. Detrás de estas batallas institucionales se esconde una pregunta fundamental: ¿quién determina los límites de la participación democrática en una era de creciente desigualdad y captura institucional por parte de la clase alta? The Economist lamenta la cesión del tribunal a «partidistas», pero la protección que la anterior Corte Suprema otorgó a evasores fiscales adinerados, como el magnate de los medios de comunicación Ricardo Salinas Pliego, demuestra que las instituciones formalmente independientes dirigidas por expertos supuestamente imparciales pueden, de hecho, servir a los intereses de una élite reducida.

Junto con la reforma del poder judicial, Sheinbaum ha continuado con la orientación asistencialista de su predecesor, con la introducción de becas universales para la escuela primaria el próximo año y el aumento de las pensiones en función de la inflación. El Gobierno se ha comprometido a construir 1,1 millones de viviendas en seis años, muchas de ellas a través del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, que anteriormente se dedicaba principalmente a la concesión de hipotecas. Las viviendas cuestan entre 35 000 y 60 000 dólares, con préstamos sin intereses disponibles para los trabajadores que ganan hasta el doble del salario mínimo, y se da prioridad a las poblaciones desfavorecidas. Se prevé que el programa genere aproximadamente 600 000 puestos de trabajo en la construcción al año.

Una peculiaridad de esta renovada prestación pública es que se está llevando a cabo sin un crecimiento económico significativo y sin estar impulsada por la deuda. En cambio, se basa en la reestructuración presupuestaria y el aumento de la recaudación de impuestos. Esto podría situar al proyecto en una posición política más sólida que sus homólogos de la primera ola de la Marea Rosa, que dependían del auge de las materias primas y quedaron expuestos cuando este decayó. Sin embargo, añade presión para encontrar oportunidades de crecimiento. En este caso, la necesidad de un equilibrio entre la soberanía y la integración global se ha hecho especialmente evidente, agudizada por las amenazas de Trump de imponer aranceles y las disputas sobre la renacionalización del sector eléctrico, que incumple las normas comerciales del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá. Hay que reconocer que Sheinbaum no ha respondido a las payasadas de Trump defendiendo el orden neoliberal global, como han hecho muchos líderes de todo el mundo. En cambio, ha propuesto una reformulación de la relación entre el Estado y el mercado.

El Plan México, presentado en enero, representa un renacimiento selectivo de la industrialización por sustitución de importaciones adaptada a la era contemporánea de las cadenas de suministro y el comercio globalizados. Con una inversión de 277 000 millones de dólares, distribuida en 2000 proyectos que abarcan objetivos económicos, sociales e industriales, la iniciativa es una de las estrategias de desarrollo más ambiciosas de México en las últimas décadas. El plan persigue simultáneamente la sustitución de importaciones y la expansión de las exportaciones, aprovechando las tendencias de nearshoring y las tensiones entre Estados Unidos y China, en lugar de rechazar por completo los mercados mundiales. En contraste con las aleatorias bravuconadas arancelarias de Trump, la administración de Sheinbaum está reinstaurando algunos aranceles estratégicos, en particular sobre las importaciones asiáticas, acompañados de algunas políticas industriales. Su objetivo es garantizar que el 50 % del suministro y el consumo nacionales en industrias seleccionadas, como la textil, sean «Made in Mexico» .

Se hace especial hincapié en sectores estratégicos, como los semiconductores, la industria aeroespacial, los productos farmacéuticos, los dispositivos médicos y los vehículos eléctricos. El plan exige que el 54 % de la generación de electricidad siga bajo control público, al tiempo que se aceleran los permisos para las energías renovables. (Sheinbaum, antigua científica climática, ha mantenido la inversión en combustibles fósiles, con la paradójica esperanza de que sus ingresos ayuden a pagar la transición energética). La expansión de la infraestructura energética incluye 145 proyectos de la Comisión Federal de Electricidad, con el objetivo de aumentar la capacidad de generación. La inversión en infraestructura es un componente crucial, con 3000 kilómetros de nuevas vías férreas previstas, incluidas líneas de pasajeros que conectarán la Ciudad de México con Querétaro y Pachuca, y fondos para reparar 4000 kilómetros de carreteras federales. El plan de Sheinbaum también incluye la inversión en infraestructura hídrica, desde la modernización de los sistemas de riego hasta proyectos de limpieza de ríos.

Sin embargo, el Plan México no se limita a la inversión pública. Influenciado por el marco del «Estado emprendedor» de Mariana Mazzucato, que posiciona al gobierno como creador de mercado en lugar de regulador pasivo, la idea es que el Estado configure activamente la dirección económica de México a través de objetivos orientados a misiones, al tiempo que despliega «capital paciente» en sectores estratégicos. En lugar de limitarse a corregir las fallas del mercado, el objetivo es que el Estado mexicano establezca nuevos mercados mediante garantías de contratación pública e inversiones en infraestructura que «atraigan» capital privado.

Por el momento, Sheinbaum cuenta con el apoyo necesario para perseguir estos objetivos: la oposición de derecha sigue siendo relativamente débil. Sin embargo, se está radicalizando. Después de pasar las últimas elecciones presidenciales fingiendo apoyar la agenda de bienestar social de AMLO («los programas se quedan, MORENA se va» era uno de sus lemas), dos derrotas electorales masivas han dejado a la derecha buscando una nueva estrategia. En su reciente cambio de imagen, el PAN, de centro-derecha, se ha inclinado por el magnate de los medios de comunicación Salinas Pliego, que parece pasar la mayor parte del día en X repostando contenido reaccionario. Recién salido de una sentencia del Tribunal Supremo que le obliga a pagar décadas de impuestos evadidos, está listo para entrar en la contienda política. Por su parte, el PAN desempolvó un viejo eslogan en su cambio de imagen en octubre: «Patria, Familia y Libertad». Las apuestas por el éxito de Sheinbaum, ya de por sí altas, siguen creciendo."    

(Edwin F. Ackerman , New Left Review, 05/12/25, traducción DEEPL) 

5.9.25

Daniel Kral: España simplemente está haciendo quedar mal a todos los demás. Su PMI manufacturero despegó en agosto, lo que indica una recuperación en la industria. Y no, no se limita solo al turismo y al vino. La participación de su industria en el valor añadido total (15 %) es mayor que en Francia (14%), Países Bajos (13%) o Italia (12%)... La economía española sigue desafiando la gravedad, con una aceleración del crecimiento trimestral en el segundo trimestre. La composición del crecimiento mejora, desde el consumo público y las exportaciones de servicios hasta el aumento generalizado de la inversión fija y el consumo privado. Es, con diferencia, la economía avanzada con mejor rendimiento entre las principales (no solo de la UE)... o sea, que parece que tenemos la oportunidad de salir del poza tirándonos del pelo... debería ser el tema econoómico dominante... el de reindustrializarnos, dado que lo digital se nos da bien

Daniel Kral @DanielKral1

En este punto, España simplemente está haciendo quedar mal a todos los demás. Su PMI manufacturero despegó en agosto, lo que indica una recuperación en la industria. Y no, no se limita solo al turismo y al vino. La participación de su industria en el valor añadido total (15 %) es mayor que en Francia, 14%), Países Bajos (13%) o Italia (12%).

(At this point, is just making everyone else look bad. Its manufacturing PMI took off in August, signalling an upturn in industry. And no, is not just tourism and wine. Its industry's share in total value added (15%) is higher than in (14%) (13%) or (12%).)

12:55 p. m. · 4 sept. 2025 179,6 mil Visualizaciones

Daniel Kral @DanielKral1

La economía española sigue desafiando la gravedad, con una aceleración del crecimiento trimestral en el segundo trimestre. La composición del crecimiento mejora, desde el consumo público y las exportaciones de servicios hasta el aumento generalizado de la inversión fija y el consumo privado. Es, con diferencia, la economía avanzada con mejor rendimiento entre las principales (no solo de la UE).

(Spain's economy keeps defying gravity with quarterly growth accelerating in Q2. Improving growth composition from govt consumption & services exports to broad-based rise in fixed investment & private consumption. Best performing major advanced (not just EU) economy by far. )

1:06 p. m. · 29 jul. 2025 339,8 mil Visualizaciones

7.7.25

El tren del progreso vuelve a pasar por delante de nuestro país gracias a una electricidad cada vez más limpia y barata y la alta seguridad en las fuentes de abastecimiento energético (Carlos Martín Urriza)La OCDE recomienda trasladar a España parte de la industria intensiva europea... “es posible que la producción deba realizarse en lugares de la UE con menores costes energéticos”. La electricidad que genera España tiene un menor coste por la elevada penetración de las renovables, la red diversificada de proveedores de gas y el excedente de producción que no logra exportarse por su reducida interconexión con el resto del continente. Este conjunto de factores proporciona un escenario propicio para el desarrollo de actividades intensivas en consumo de energía, como son la siderurgia, la metalurgia, la producción de cemento y de vidrio, la química básica, el papel, la cerámica o el refino de petróleo... “Alemania debería permitir la migración de parte de su industria siderúrgica y química”. La alternativa, considera, es “subvencionar posiblemente a perpetuidad”. En su opinión, dicha migración permite escenarios mixtos en los que algunos nichos de producción podrían permanecer en Alemania, aunque el grueso de la actividad más intensiva en energía se trasladara (Cristina Dolz, El Confidencial) Cousas veredes... as cousas das renovables, as de Zapatero, pese ao 'impuesto al sol', o de Rajoy

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

El tren del progreso vuelve a pasar por delante de nuestro país gracias a una electricidad cada vez más limpia y barata y la alta seguridad en las fuentes de abastecimiento energético

De elconfidencial.com

12:21 p. m. · 7 jul. 2025 669 Visualizaciones


 "La industria europea, la más intensiva en energía, se encuentra en una crisis de modelo.

 La guerra en Ucrania iniciada en 2022 y el fin del gas ruso barato dieron la puntilla a un problema de costes de producción y de competitividad que ya existía previamente. El cambio en el entorno que hacía viables a estas actividades en determinados países coincide con una hoja de ruta decidida para la descarbonización y hace surgir el planteamiento de que mantener ciertas industrias en su localización histórica no sea lo más eficiente.

Así lo señala la OCDE en su último estudio económico sobre la Unión Europea publicado esta semana: “Algunos países de la UE con altos precios de la energía desean mantener industrias con un uso intensivo, pero solo podrían ser competitivas en regiones con bajos precios, como el sur de España o el norte de Suecia”, advierte el organismo. Por lo que sugiere que “es posible que la producción deba realizarse en lugares de la UE con menores costes energéticos”.

La electricidad que genera España tiene un menor coste por la elevada penetración de las renovables, la red diversificada de proveedores de gas y el excedente de producción que no logra exportarse por su reducida interconexión con el resto del continente. Este conjunto de factores proporciona un escenario propicio para el desarrollo de actividades intensivas en consumo de energía, como son la siderurgia, la metalurgia, la producción de cemento y de vidrio, la química básica, el papel, la cerámica o el refino de petróleo.

La diferencia se aprecia en los precios de la electricidad y del gas para los consumidores industriales. En el segundo semestre de 2024, el último periodo disponible, la electricidad para uso no doméstico en España fue un 39,6% más barata que en Alemania, el motor industrial europeo, y el gas costó un 28,9% menos. La brecha en la electricidad es sostenida desde 2010, aunque aumentó a partir de 2023 y no solo por el cambio coyuntural del corte de suministro ruso, también existen factores estructurales.

Influye el cierre nuclear, que ha llevado a importar más electricidad de Francia para no elevar la quema de carbón, y que la generación con renovables es potencialmente inferior a la que pueden tener otros países de la UE. Este es, precisamente, uno de los puntos fuertes de España. Según ejemplifica un estudio del think tank Bruegel, un panel solar en España “puede generar el doble de electricidad que uno en Finlandia”, de la misma manera que un aerogenerador en Polonia produce más de una vez y media que uno en Italia.

Por lo tanto, “se necesitaría instalar y pagar considerablemente menos aerogeneradores y paneles solares si se ubicaran en las zonas más ventosas y soleadas, respectivamente” y se mejorara la integración de los mercados eléctricos comunitarios. Hasta que los lentos avances en el aumento de las interconexiones sean una realidad, la fórmula que sugiere la OCDE para evitar pérdida de tejido industrial en la unión y mantener la seguridad de suministro es la migración dentro de la UE, aunque las políticas no parecen orientadas a explorar estas vías.

El informe advierte de que el Clean Industrial Deal aprobado en junio por la Comisión Europea fomenta las ayudas de Estado y conlleva riesgos. “Las nuevas normas para sectores estratégicos podrían dar lugar a un marco de ayudas estatales menos estricto que no impediría a los países de la UE fiscalmente más fuertes proporcionar un apoyo excesivo”, señala la OCDE. Lo que llevaría, intuyen los autores, a utilizar el margen fiscal que les permiten sus umbrales de deuda y de déficit para tratar de mantener industrias intensivas a pesar de tener precios energéticos no competitivos.

La consolidación de un escenario de este tipo podría tener implicaciones sobre el mercado único traducidas en “costes para la economía de la UE en forma de menor productividad”, anticipa la OCDE. La razón es que las políticas industriales exclusivamente nacionales alrededor de las ayudas de estado “corren el riesgo de atar recursos en empresas no competitivas, perjudicando la competencia y obstaculizando el ajuste de la industria al cambio estructural”. Lo que llevaría a que el objetivo de descarbonización de la UE finalmente entre en conflicto con su objetivo de productividad. La OCDE no repara en la viabilidad social ni política que tendría esta sugerencia.

Según Bruegel, en el escenario actual “los países tienen fuertes incentivos para implementar políticas de empobrecimiento del vecino”. En esta línea afirma que subvencionar la electricidad para consumidores industriales domésticos con el fin de superar a las empresas ubicadas en otros Estados miembros “puede derivar en carreras de subsidios perjudiciales o cierres de fronteras, con consecuencias limitadas o incluso perjudiciales para la competitividad global de la industria de la UE”.

La industria pierde peso en la producción europea

El sector industrial en su conjunto ha perdido peso en la mayor parte de las economías de la UE en los últimos años. Si se compara con 2019, el mayor desplome lo presenta Irlanda, con un descenso de 4,9 puntos de participación sobre el VAB en 2024, coincidiendo con ser también uno de los países con la energía eléctrica más cara para consumidores no domésticos. Aunque Irlanda es un caso anómalo por la distorsión que introducen en la Contabilidad Nacional las multinacionales afincadas, el fenómeno se replica en otros países con elevado peso de la industria y precios eléctricos elevados.

Ejemplos de ello son Alemania, Eslovaquia, Polonia y Hungría. En España, la industria aguanta en torno al 14% del VAB y recuperó en 2024 su nivel de producción anterior a la pandemia, por lo que no se percibe todavía una ganancia clara de tamaño a pesar de su contexto de costes más competitivo, también en el ámbito laboral. Aunque sería necesario un análisis más centrado exclusivamente en las industrias electrointensivas.

La idea planteada por la OCDE tiene respaldo también en el mundo académico. Por ejemplo, Sander Tordoir, economista jefe del Centre For European Reform, sostuvo en la red social X que España es un destino “prometedor” para la migración de industrias europeas de alto consumo energético y sugirió que “Alemania debería permitir la migración de parte de su industria siderúrgica y química”. La alternativa, considera, es “subvencionar posiblemente a perpetuidad”.

En su opinión, dicha migración permite escenarios mixtos en los que algunos nichos de producción podrían permanecer en Alemania, aunque el grueso de la actividad más intensiva en energía se trasladara. Pone el ejemplo de la sueca SSAB, productora de acero para tanques, que con una “buena línea de negocio” ayuda a “mantener a flote una capacidad central de la siderurgia alemana”.

La industria europea, la más intensiva en energía, se encuentra en una crisis de modelo. La guerra en Ucrania iniciada en 2022 y el fin del gas ruso barato dieron la puntilla a un problema de costes de producción y de competitividad que ya existía previamente. El cambio en el entorno que hacía viables a estas actividades en determinados países coincide con una hoja de ruta decidida para la descarbonización y hace surgir el planteamiento de que mantener ciertas industrias en su localización histórica no sea lo más eficiente."    

(Cristina Dolz , El Confidencial, 06/07/25)

12.5.25

Diez mil millones de dólares de inversión china en España para fabricar coches eléctricos y baterías... la empresa automovilística china Chery había llegado a un acuerdo con la española EV Motors para producir en Barcelona hasta 150.000 vehículos en 2029 (en 2027 se prevén 50.000) y la recuperación de 1.250 puestos de trabajo... las marcas chinas que se fabricarán en Barcelona son Omoda y Jaecoo... CATL, el mayor fabricante de baterías para coches eléctricos del planeta, se ha comprometido a invertir cerca de 5.000 millones de dólares en una gigafactoría en Zaragoza, en el marco de una empresa conjunta con el gigante mundial del automóvil Stellantis... En tiempos como estos, en los que los supuestos amigos, como EEUU, nos imponen aranceles del 20%, es bueno conocer que el país que en los documentos de la Cumbre de la OTAN del 2022, calificaban de “desafío” a la paz occidental, está siendo más bien una esperanza comercial para España... una relación comercial normalizada con ese país puede ser la mejor opción para el desarrollo mutuo (Pascual Serrano)

 "El discurso implantado en la ciudadanía española es que los coches chinos, especialmente los eléctricos, son una amenaza a nuestra economía en la medida es que se apropian de parte del mercado de fabricación español, lo que afecta a los puestos de trabajo en nuestro país. Es por ello que la Unión Europea impuso unos aranceles del 45,3% en octubre pasado a los vehículos eléctricos fabricados en China.

Sin embargo hay una realidad que no se difunde tanto, y es la inversión de las empresas chinas fabricantes de coches en España. El pasado abril ya contamos que la empresa automovilística china Chery había llegado a un acuerdo con la española EV Motors para producir en Barcelona hasta 150.000 vehículos en 2029 (en 2027 se prevén 50.000) y la recuperación de 1.250 puestos de trabajo.

Ahora, por los medios de comunicación chinos, sabemos que las marcas chinas que se fabricarán en Barcelona son Omoda y Jaecoo. Detrás de ellas está la empresa matriz Chery, y la inversión será de 500 millones.

Chery es uno de los mayores fabricantes de automóviles de China y está aumentando las exportaciones con más de 15 millones de vehículos vendidos en todo el mundo.

Francesco Colonnese, director de ventas de Omoda España, dijo en el canal de noticias chino CGTN que Omoda y Jaecoo son las dos nuevas marcas que entraron en España como primer mercado en Europa y quieren desempeñar un papel importante en el sector de la automoción.

Chery no es la única empresa que invierte en España. CATL es el mayor fabricante de baterías para coches eléctricos del planeta, con una cuota de mercado del 38 %. Ellos se ha comprometido a invertir cerca de 5.000 millones de dólares en una gigafactoría en Zaragoza, en el marco de una empresa conjunta con el gigante mundial del automóvil Stellantis.

El balance provisional es que las empresas chinas han invertido más de diez mil millones de dólares en España, introduciendo fondos en tecnología, desde vehículos eléctricos y fábricas de baterías hasta hidrógeno verde.

Y no olvidemos que tanto BYD -el vehículo eléctrico más vendido del mundo- como MG están explorando emplazamientos europeos para nuevas megafábricas.

Ya Moncloa anunciaba tras el viaje de Pedro Sánchez a China que se había reunido con una docena de grandes compañías chinas que están presentes en el mercado español o estaban considerando invertir en él en los ámbitos de automoción, baterías y energías renovables.

En tiempos como estos, en los que los supuestos amigos, como EEUU, nos imponen aranceles del 20%, es bueno conocer que el país que en los documentos de la Cumbre de la OTAN del 2022, calificaban de “desafío” a la paz occidental y la palabra “amenaza” era recogida en numerosas declaraciones y noticias, está siendo más bien una esperanza comercial para España.

De ahí el título del libro del que fuera jefe de la delegación de la agencia Efe en China, Javier García, China, amenaza o esperanza. García lleva varios años vivienda en China, donde da clases de Periodismo en la Universidad Renmin de Pekín. A lo largo de sus páginas descubrimos una China que no se parece en nada a la imagen que nos suelen presentar los medios de comunicación occidentales.

Este libro repasa y responde con rigor y humildad a todas las preguntas que cualquier lector se puede hacer sobre China. Desde los tópicos sobre su contaminación medioambiental hasta las condiciones laborales de sus trabajadores o su comportamiento en derechos humanos o trato a las minorías. Leyéndolo, uno descubre lo rápido que corre el tiempo en China y cómo cambia la situación de hace pocos años a la actualidad. Nada de lo que nos decían sobre China, como el control de natalidad, el aire contaminado en sus grandes ciudades o las regiones rurales empobrecidas, está sucediendo ahora.

Mientras desde Occidente, en el mejor de los casos, seguimos de espaldas a China o mirándola con desprecio, superioridad o temor, su desarrollo tecnológico, sus infraestructuras, su esperanza de vida, su educación o sus medidas medioambientales hace mucho que nos han alcanzado e incluso superado.

Después de leerlo podremos comprender que una relación comercial normalizada con ese país puede ser la mejor opción para el desarrollo mutuo. Diez millones de dólares de inversión en España, con sus correspondientes puestos de trabajo y el uso normalizado de coches eléctricos chinos, puede ser un modo de avanzar juntos."               

(Pascual Serrano, Ediciones Akal, 11/05/25)

21.4.25

Si escuchamos lo que dicen sus millonarios y sus expertos, EEUU está muy cerca de convertirse en un Estado fallido... dicen que no es posible reindustrializar el país porque no tiene mano de obra; puede que sus ciudadanos piensen que sería provechoso instalar fábricas, pero no quieren trabajar en ese sector. Quienes estarían más dispuestos son los inmigrantes, pero los están expulsando... En resumen, no pueden instalar fábricas porque no tienen gente y la que tienen carece de voluntad y de capacidad... y además implantar aranceles es contraproducente porque EEUU es tan dependiente de los bienes producidos fuera que cualquier guerra comercial que quiera emprender causará graves daños al país. China tiene todas las de ganar... Es curioso que las mismas personas que apoyaron y asesoraron a los derrotados demócratas y a republicanos no trumpistas suelan coincidir con las que critican la reindustrialización: quizá ese camino no sea el adecuado para ganarse la confianza de sus compatriotas. Y menos insultándolos al menospreciar su actitud y sus capacidades... Así ocurre en España también, la mayor parte de los ciudadanos verían bien que España tuviera más (o mucha más) industria, mientras que las clases profesionales gestoras estarían en contra... La reindustrialización es importante políticamente en dos sentidos. En un tiempo en el que el nivel de vida es declinante, es una promesa que puede calar en las clases con menos recursos, pero también en muchos territorios interiores... la urgencia de contar con capacidades propias es acuciante. Depender tan intensamente del exterior es un problema que España y Europa están sufriendo de continuo... la reindustrialización no es más que el símbolo de la exigencia de un cambio en las políticas económicas, y la opción política que sepa ofrecerlo de manera convincente tendrá mucho ganado... Trump logró la activación política de poblaciones que aspiran a un nivel de vida mejor y a salir del circuito de trabajos mal pagados y con malas condiciones en el que muchos de ellos viven... Más allá de los aranceles, el humor social está cambiando entre las poblaciones occidentales y este es un hecho muy relevante para el futuro europeo (Esteban Hernández)

 "Si se hace caso a los argumentos que se han utilizado estos días para oponerse a la reindustrialización que pretende Washington, es fácil concluir que EEUU es un país que está en las últimas. Si escuchamos lo que dicen sus millonarios y sus expertos, EEUU está muy cerca de convertirse en un Estado fallido, y mucho más con la clase de habitantes que lo pueblan.

La secuencia argumentativa ha sido la siguiente: no es posible reindustrializar el país porque no tiene mano de obra; puede que sus ciudadanos piensen que sería provechoso instalar fábricas, pero no quieren trabajar en ese sector. Quienes estarían más dispuestos son los inmigrantes, pero los están expulsando. Y en el caso de que los trabajadores desearan emplearse en puestos industriales, tampoco sería posible porque, como afirma Tim Cook, CEO de Apple, los estadounidenses carecen de talento: “Si quisiera reunir un grupo de ingenieros altamente formados, difícilmente se podría llenar la sala en la que estoy hablando. En China se llenarían varios campos de fútbol”. En resumen, no pueden instalar fábricas porque no tienen gente y la que tienen carece de voluntad y de capacidad.

A todo esto se le suma el hecho de que gran parte de los bienes de los que disfrutan, pero también de los que necesitan, se producen fuera de EEUU: desde medicamentos hasta armas para su ejército, pasando por alimentos o semiconductores. Sin los abastecimientos de sus suministradores, EEUU se vería en aprietos muy serios, porque tiene en sus manos la propiedad industrial e intelectual de muchos productos, pero no los productos en sí.

Si esta visión fuera cierta, EEUU no sería el Estado más poderoso del mundo, sino una inevitable víctima de su decadencia interna

En circunstancias normales, con EEUU como país hegemónico, esta situación no sería un problema, porque la fuerza de su posición y los beneficios del comercio bastarían para que los suministros siguieran fluyendo. Pero Washington ya no domina el mundo y las necesidades de seguridad se han vuelto mucho mayores. EEUU está demasiado expuesto no solo a China, sino a los vínculos exteriores. En ese contexto, implantar aranceles es contraproducente porque EEUU es tan dependiente de los bienes producidos fuera que cualquier guerra comercial que quiera emprender causará graves daños al país. China tiene todas las de ganar. En resumen, el país más importante del mundo no puede fabricar ni aunque quiera, y está tan vinculado con los países a los que pretende doblegar que no le quedará más remedio que acostumbrarse a esa situación.

Si esta visión defendida por el liberalismo del orden basado en reglas fuera cierta, EEUU no sería el Estado más poderoso del mundo, sino una inevitable víctima de la decadencia y solo le quedaría gestionar su declive de manera pausada.

Argumentos de burbuja

Esta descripción de EEUU, tan habitual en los últimos días, ha sido realizada por un buen número de figuras públicas liberales, en general clases gestoras estadounidenses y europeas. Las exageraciones sobre las debilidades de EEUU tienen el propósito de desacreditar a Trump mucho más que constatar la realidad y encontrar caminos de salida a una situación difícil. Pero, con esa actitud, no hay manera de desautorizar a Trump sin llevarse por delante muchas otras cosas.

Un buen ejemplo son las reacciones a un tuit viral en el que se reproducían dos preguntas de una encuesta realizada por el Cato Institute y publicada por 'Financial Times'. El 80% de los estadounidenses afirmaba que su país estaría mejor si más gente trabajase en el sector manufacturero, pero solo un 25% aseguraba que a ellos les iría mejor si estuviera empleados en una fábrica. La lectura obvia que el sector liberal, de izquierda y derecha, realizó de esa contraposición es que los estadounidenses estaban contentos con recuperar la industria mientras no tuvieran que trabajar en ella:Queremos llevar zapatillas Nike, no fabricarlas”.

Conclusiones tan endebles pueden provocar satisfacción en la burbuja de las clases gestoras, pero causan un daño político elevado. Son la clase de razones que dejan en evidencia a quienes las profieren.

Si se prosigue esa línea argumental hay muchas cosas que no serían factibles: puede que muchos europeos crean que es necesario apostar por un mayor gasto en defensa, pero pregunta cuántos de ellos dejarían su trabajo para ingresar en el ejército; se puede apostar por ayudar a Ucrania, pero pregunta quién estaría dispuesto a ir a la guerra. Hay ejemplos de todas clases: se puede abogar por unas calles limpias, pero pregunta cuántas personas dejarían su empleo para trabajar de barrenderos; o insistir en que es preciso contar con un Salario Mínimo Interprofesional decente, pero habría que ver cuántos de los expertos que loa apoyan preferirían cobrar el SMI a su salario. En definitiva, este tipo de razonamientos harían imposible la búsqueda de cualquier bien público, salvo que hubiera una disposición masiva a llevarlo personalmente a la práctica.

Más allá de los argumentos, es evidente que si la encuesta citada se aproxima a la realidad, su resultado dictamina que el 80% de los estadounidenses está a favor de reindustrializar. Hay pocos asuntos que alcancen un consenso tan elevado en una sociedad dividida como es la de EEUU. Y justo en uno de esos temas, las clases profesionales gestoras deciden colocarse frente a sus ciudadanos. Es curioso que las mismas personas que apoyaron y asesoraron a los derrotados demócratas y a republicanos no trumpistas suelan coincidir con las que critican la reindustrialización: quizá ese camino no sea el adecuado para ganarse la confianza de sus compatriotas. Y menos insultándolos al menospreciar su actitud y sus capacidades.

Este hecho es más complicado para los demócratas que para las derechas. El fracaso de Trump llegará si los propósitos anunciados no se cumplen y defrauda a quienes prometió trabajos mejor retribuidos y un nivel de vida más digno, pero de momento ha prometido algo que genera consenso entre los estadounidenses. Si los progresistas, para combatir a los republicanos, apuestan por avergonzar a sus poblaciones insistiendo en que son un montón de vagos que prefieren trabajos “cómodos”, como repartir paquetes, servir copas y cobrar en las cajas de Walmart, o que carecen de la formación para ocupar puestos que añadan valor, es fácil entender que esas afrentas pasarán factura.

No hay que olvidar que un 25% de los encuestados preferirían trabajar en el sector industrial que en su actual empleo. Una cuarta parte de los estadounidenses es muchísima gente, máxime cuando el porcentaje de empleo industrial actual está muy por debajo de esos porcentajes. Y son esa clase de personas las que habitualmente votaban al partido demócrata.

El caso europeo

Esta dificultad de los progresistas para captar el signo de los tiempos también tendrá efectos en Europa. Es fácil imaginar que el gobierno alemán, porque así lo ha declarado, pretenda ajustar sus presupuestos, reducir las prestaciones sociales y apostar por fórmulas que devalúen los salarios para que sus empresas puedan ser competitivas en tiempos de aranceles. Si la izquierda se presta a ese programa señalando que es una necesidad de la época, sus votantes lo comprenderán mal.

La derecha populista tiene menos dudas al respecto. En Francia, Jordan Bardella (el candidato de Rassemblement National si Marine Le Pen no puede presentarse) afirmó en una columna reciente que “ha llegado el momento de repensar profundamente nuestra política comercial e industrial, de identificar y repatriar nuestras producciones estratégicas, reindustrializar masivamente nuestro continente y hacer que el made in France y el made in Europe ya no sean lemas, sino prioridades concretas”. Mientras tanto, las izquierdas apuestan por el libre mercado, las conexiones internacionales y la continuidad de los servicios como plan laboral de la gran mayoría de los países europeos.

Así ocurre en España también, aunque aquí no ha habido una apuesta política decidida por la industrialización por parte de ninguna formación. Los progresistas han apuntado, en la línea de Biden, hacia la industria verde, y los conservadores solo se han manifestado contrarios a las importaciones de Marruecos. Es probable que en España exista la misma línea divisoria que en otros países occidentales: la mayor parte de los ciudadanos verían bien que España tuviera más (o mucha más) industria, mientras que las clases profesionales gestoras estarían en contra.

La relevancia ideológica de la industria

La reindustrialización es importante políticamente en dos sentidos. En un tiempo en el que el nivel de vida es declinante, es una promesa que puede calar en las clases con menos recursos, pero también en muchos territorios interiores. En España, las provincias que se sienten perdedoras verían bien un impulso industrial vigoroso, porque supondría un camino de salida a su declive.

En segunda instancia, en un momento internacional en el que el orden global ha saltado por los aires y regresan los imperios, la urgencia de contar con capacidades propias es acuciante. Depender tan intensamente del exterior es un problema que España y Europa están sufriendo de continuo.

Ambos aspectos aconsejarían que la industria fuera tomada mucho más en serio por los partidos políticos, en lugar de reducir todo a la mera lucha de los trumpistas contra el orden liberal del libre comercio. Los elementos estratégicos son relevantes en esta época, tanto en lo que se refiere a la cohesión social como a las fortalezas nacionales y comunitarias. Ignorar todo eso a costa de querer preservar un sistema liberal, el que se está yendo, que ha perjudicado a las clases medias y a las trabajadoras occidentales no es buena idea.  

Quizá lo más importante en el asunto de la reindustrialización no tenga que ver con el hecho de que Trump logre o no ese propósito (si es que, en última instancia, eso es lo que pretende), sino con la activación política de poblaciones que aspiran a un nivel de vida mejor y a salir del circuito de trabajos mal pagados y con malas condiciones en el que muchos de ellos viven. Han comenzado a desafiar al statu quo de las décadas recientes preguntándose por qué los empleos mejor retribuidos se fueron a otros países, y una vez que esa impugnación se activa es difícil de detener. Trump movilizó a ese tipo de electores gracias a una promesa de mejora; los demócratas apostaron por la defensa del orden económico vigente y por resguardar la democracia de las tentaciones autoritarias, y es en lo que siguen. Convendría entender que la reindustrialización no es más que el símbolo de la exigencia de un cambio en las políticas económicas, y la opción política que sepa ofrecerlo de manera convincente tendrá mucho ganado. Más allá de los aranceles, el humor social está cambiando entre las poblaciones occidentales y este es un hecho muy relevante para el futuro europeo."                   (Esteban Hernández , El Confidencial, 19/04/25) 

30.1.25

La lección más importante de DeepSeek para España... Nuestro país carece de un contexto que favorezca la innovación, porque el dinero nacional apenas apuesta por sectores nuevos (prefiere el inmobiliario o las rentas financieras, canalizadas a través de los distintos inversores ligados a Wall Street) y el Estado no cuenta con iniciativas serias de apoyo a las empresas emergentes. Los fondos de capital de riesgo participados por el Estado han sido un arma poderosa en otros países, y serían esenciales para impulsar cambios en ese sentido... hay ámbitos, y la tecnología es uno de ellos, donde existen espacios de acción en los que el talento es determinante. De modo que, en lugar de pensar en cuántos recursos proporcionar a las empresas (grandes) existentes, sería necesario crear un contexto en el que el talento pudiera desarrollar iniciativas interesantes y significativas a través de una estrategia clara... DeepSeek demuestra que hay espacios de acción posibles en un terreno, como el tecnológico, en el que los españoles contamos poco. No contamos con el ecosistema, ni con el enfoque correcto, pero sí hay talento. Otra cosa es que decidamos volver a desperdiciarlo... China incentivó la creación de startups que gozaban de acceso a capital de riesgo respaldado por el Estado y que fueron apoyadas por planes específicos para las distintas fases de su crecimiento... Esta es una gran paradoja: DeepSeek es el producto de un gobierno estatalista que tiene una presencia continua en la vida económica, como es el chino, pero que ha construido un contexto que fomenta que sus empresas compitan entre sí. Sin embargo, los gobiernos que insisten en que lo más relevante es la iniciativa privada, como el estadounidense, han terminado por generar monopolios y oligopolios que producen altas dosis de ineficiencia (Esteban Hernández)

 "La aparición de DeepSeek ha sonado como un golpe fuerte sobre la mesa. Desde luego, ha impactado en la autoestima: EEUU era una potencia cuyo dominio tecnológico resultaba indiscutible y los cortafuegos al crecimiento chino, caso de los chips, hacían muy improbable que Pekín lograra ponerse en algún momento a su altura. DeepSeek perturba esa narrativa y lo hace en un momento relevante.

EEUU está presionando con insistencia para ganar poder en distintos ámbitos, en especial en el económico, con los aranceles como principal instrumento. En un contexto en el que la expansión geográfica queda limitada por el poder chino y por el posicionamiento de Estados que tienden a jugar a dos bandas, EEUU necesita crear nuevas oportunidades de negocio en terrenos donde su supremacía no sea discutida. El ámbito tecnológico es su principal apuesta.

La captación, por parte de su ámbito financiero, de recursos de gran parte del mundo, tiene en los mercados bursátiles una de sus mejores bazas. La tecnología es un terreno particularmente valorado: firmas como Apple, Microsoft, Amazon, Google y (hasta la aparición de DeepSeek) Nvidia, eran las más relucientes del mercado. Además, la inteligencia artificial aparecía como uno de los valores que asentaban el brillante futuro de esas compañías: su ventaja competitiva aumentaría gracias a su desarrollo en ese campo.

¿Es necesaria tanta inversión?

La línea que conecta la producción masiva de energía, la fabricación de chips (restringidos a China), los centros de datos y la inteligencia artificial es la apuesta estrella de la Administración Trump. El proyecto Stargate, en el que participan OpenAI, Oracle y SoftBank, que había previsto una inversión de 500.000 millones de dólares para desarrollar centros de datos que afinasen la inteligencia artificial, es un buque insignia. La aparición de DeepSeek ha dañado profundamente al fabricante de chips Nvidia, no porque sus productos fueran deficientes, sino porque subrayaba que no era necesario producir tantos para obtener resultados, lo que reduce enormemente su potencial de crecimiento. Y, del mismo modo, ha introducido serias dudas sobre la necesidad de tantos centros de datos, que son costosos en energía y agua: ¿Es precisa una inversión tan elevada cuando se puede obtener buenos resultados con muchas menos horas de entrenamiento de la IA y con una menor recolección de información?

EEUU continúa convencido de que, al fabricar chips mucho mejores que los chinos, la ventaja competitiva sigue de su parte

Es probable que el potencial disruptor de DeepSeek sea menor de lo que hoy se anuncia y que altere escasamente el programa previsto por la Administración Trump. EEUU continúa convencido de que, al fabricar más y mejores chips que los chinos, la ventaja competitiva sigue de su parte, y que la fuerza bruta de los centros de datos y de la capacidad de procesamiento le permitirá innovar y asegurar así su hegemonía en ese campo. Donald Trump ha señalado que el hecho ha supuesto una llamada de atención para sus tecnológicas que debería servir como acicate y Marc Andreessen, uno de los inversores tecnológicos que más ha apoyado al presidente, ha afirmado que este es “el momento Sputnik de EEUU”.

Proteger la innovación de los monopolios

Las lecciones que se pueden extraer de este asunto son significativas. Al margen de la escasa capacidad disuasoria de las sanciones y demás consideraciones geopolíticas, hay algunas de orden operativo de las que podrían tomar nota España y Europa para operar en un campo, el tecnológico, en el que van por detrás o muy por detrás.

"Necesitamos apostar por la competencia en lugar de por los campeones nacionales"

EEUU apostó por desarrollar la IA a través de sus grandes empresas, las big tech: el tamaño era una ventaja, como lo era concentrar los esfuerzos. China lo hizo de otra manera, y además de apoyar a sus gigantes, incentivó la creación de startups que gozaban de acceso a capital de riesgo respaldado por el Estado y que fueron apoyadas por planes específicos para las distintas fases de su crecimiento. Debe tenerse en cuenta que las startups, en EEUU y en Europa, suelen tener como objetivo ser compradas por las grandes, lo que lleva a especializarse en realizar tareas que resulten interesantes o complementarias a las big tech y mucho menos a focalizarse en la capacidad de innovación o de crecimiento. Se buscan más nichos que visiones nuevas.

Centrarse en los gigantes nacionales tiene un riesgo: al concentrar todos los esfuerzos en pocas manos, se generan incentivos para que las empresas actúen buscando mucho más su propio beneficio que la innovación. El modelo Boeing es un buen ejemplo de cómo sectores punteros, importantes en el terreno de la seguridad, terminan convirtiéndose en entornos coagulados, donde la capacidad de avanzar se ve frenada por la ausencia de competencia. Las grandes tecnológicas como Meta, Microsoft, Google, Amazon o Apple son máquinas de hacer dinero mucho más que compañías que apuestan por generar nuevos avances. La innovación que buscan está en el modelo de negocio mucho más que en sus productos.

Una paradoja: el Gobierno de EEUU, que insiste en la iniciativa privada, ha acabado por generar monopolios y oligopolios ineficientes

Lina Khan, la expresidenta de la Comisión Federal de Comercio de EEUU, subrayaba claramente el problema de ese enfoque: “La historia y la experiencia demuestran que los monopolios torpes, sumidos en la burocracia y en la inercia, no pueden producir los avances tecnológicos revolucionarios que suelen crear las empresas emergentes ávidas de recursos… Para mantenernos a la vanguardia a nivel mundial, no necesitamos proteger a nuestros monopolios de la innovación, sino proteger la innovación de nuestros monopolios. Necesitamos elegir la competencia en lugar de los campeones nacionales”.

Esta es una gran paradoja: DeepSeek es el producto de un gobierno estatalista que tiene una presencia continua en la vida económica, como es el chino, pero que ha construido un contexto que fomenta que sus empresas compitan entre sí. Sin embargo, los gobiernos que insisten en que lo más relevante es la iniciativa privada, como el estadounidense, han terminado por generar monopolios y oligopolios que producen altas dosis de ineficiencia.

Una oportunidad para España y para Europa

Si lo importante es la competencia y no los campeones nacionales, y DeepSeek es una demostración de ello (es posible hacer más con menos si se posee el talento preciso), la oportunidad se abre para Europa.

En lugar de apostar por la fuerza bruta (más datos, más cálculos, más potencia para entrenar el modelo), DeepSeek se ha centrado en utilizar lo existente de la mejor manera posible. Y eso es relativamente barato: requiere personas con cierto talento y una mirada diferente. Se trata mucho más de los algoritmos que de la fuerza bruta; es más la inventiva que las grandes inversiones. Es decir, se puede entrar en áreas que parecían vedadas siempre y cuando se cuente con el talento y la estrategia correcta: el dinero no es determinante. Y eso significa una oportunidad para España y para Europa.

Dado que se tiende a imitar las fórmulas que se utilizan en EEUU, se insiste en la fuerza del tamaño, cuando lo determinante es el talento

Nuestro país carece de un contexto que favorezca la innovación, porque el dinero nacional apenas apuesta por sectores nuevos (prefiere el inmobiliario o las rentas financieras, canalizadas a través de los distintos inversores ligados a Wall Street) y el Estado no cuenta con iniciativas serias de apoyo a las empresas emergentes. Los fondos de capital de riesgo participados por el Estado han sido un arma poderosa en otros países, y serían esenciales para impulsar cambios en ese sentido. Hay más opciones, por supuesto, pero todas ellas pasan por contar con una estrategia clara de país que estableciera prioridades e instrumentos.

Además, Europa está pensando en sentido contrario: lo que importa son los campeones nacionales, cuando no los continentales. Dado que se tiende a imitar las fórmulas que se utilizan en EEUU, se insiste en la fuerza del tamaño. Pero hay ámbitos, y la tecnología es uno de ellos, donde existen espacios de acción en los que el talento es determinante. De modo que, en lugar de pensar en cuántos recursos proporcionar a las empresas (grandes) existentes, sería necesario crear un contexto en el que el talento pudiera desarrollar iniciativas interesantes y significativas a través de una estrategia clara. Lo primero supone quitarse de encima el problema, lo segundo afrontarlo. DeepSeek demuestra que hay espacios de acción posibles en un terreno, como el tecnológico, en el que los españoles y los europeos contamos poco. No contamos con el ecosistema, ni con el enfoque correcto, pero sí hay talento. Otra cosa es que decidamos volver a desperdiciarlo."

(Esteban Hernández , El Confidencial, 29/01/25)

2.12.24

Cualquier país, desde Marruecos hasta China, desde Arabia Saudí hasta India, tenía claro que la victoria de Trump era probable y contaba con un plan para el cambio de gobierno. Sin embargo, en Berlín o en París, lo que ha habido, y persiste, es una preocupante desorientación. Europa que vive en un mundo que ha huido y, lo que es peor, no quiere afrontar el actual. Berlín sigue extraviado en la bruma, París continúa con sus sueños de grandeza y Madrid persiste en la guerra local... España, y Moncloa en primer lugar, debería estar trabajando en un plan para el futuro, no para 2050, sino para 2025. Es urgente un nuevo mapa de país que ponga todo el énfasis en reforzar nuestras capacidades, en impulsar la industria y la economía... suena absurdo que el Estado no juegue un papel importante a la hora de movilizar el capital nacional, entre otras cosas, a la hora de desarrollar la industria. Buena parte de los recursos españoles son invertidos en la esfera financiera anglosajona o son destinados a la compra de activos inmobiliarios... Suena ridículo que España carezca de peso en sus empresas estratégicas... Suena absurdo, además, que las grandes empresas destinen sus beneficios a dividendos y recompras en lugar de a la (cada vez más escasa) inversión productiva. Es el momento de impulsar la actividad y crear empleo; el Estado debería ejercer un papel relevante a la hora de alentar ese giro... Es evidente que un impulso a las renovables es imprescindible si se quiere generar energía en abundancia y a buen precio, lo que ofrecería una menor dependencia de los suministros exteriores. Pero, además de asegurar una parte propia de suministro, hay que aprovechar las opciones de crecimiento que ofrece. La industria necesita energía barata y España puede proporcionársela si hace las cosas correctamente... Todavía hay quienes argumentan que una acción firme del Estado sería catastrófica para la economía. Hay malas noticias para ellos. Todos los países importantes del mundo han dejado de lado esa dirección... Hay medianas empresas, y algunas pequeñas, que se han posicionado bien en sectores con posibilidades. Hay que impulsarlas. Hay ámbitos en los que tenemos potencialidad. Hay que impulsarlos. Es hora de dejar de pensar únicamente en el Ibex y de certificar que la capacidad de crecimiento viene, en buena medida, desde esos terrenos intermedios que hoy están relegados a la invisibilidad. Esa tarea de identificación, refuerzo y fomento solo se puede hacer desde el Estado (Esteban Hernández)

 "Hay un cambio en España, y especialmente entre quienes se la toman en serio, que aparece cada vez con más frecuencia en las conversaciones privadas. Es llamativo que mucho de lo que dicen tomando un café o en una comida no lo expresen en público. A veces lo apuntan, pero con tono suave y matizando mucho las afirmaciones. Y es más significativo aún cuando quienes lo formulan son personas con responsabilidades públicas o privadas, y no menores. En esa contradicción entre lo que se piensa y lo que se expresa, se está jugando la suerte de nuestro país.

La entonación rebajada es comprensible: hay un cúmulo de verdades que se han instalado en la mente de quienes cuentan con poder de decisión, de la esfera pública y privada, con las que resulta complicado confrontar de manera directa. En parte por la negativa a cambiar de visión, en parte por interés, en parte porque viven en una nebulosa, en parte porque implicaría asumir que se han equivocado: hay cosas que no quieren oír. Pero todo se abre paso, aunque sea a un volumen reducido.

Perdidos en la niebla

Un primer hecho. Frente a esa narrativa oficial según la cual Europa, forzada por las circunstancias, está tomando conciencia del momento y vive un gran despertar (una nueva y amplificada versión del "saldremos más fuertes") afirman, quienes saben de esto, que Europa está envuelta en una nebulosa. Cualquier país, desde Marruecos hasta China, desde Arabia Saudí hasta India, tenía claro que la victoria de Trump era probable y contaba con un plan para el cambio de gobierno. Sin embargo, en Berlín o en París, lo que ha habido, y persiste, es una preocupante desorientación. Europa que vive en un mundo que ha huido y, lo que es peor, no quiere afrontar el actual.

Mientras tanto, Berlín sigue extraviado en la bruma, París continúa con sus sueños de grandeza y Madrid persiste en la guerra local

Repasemos el contexto. El mundo que nos rodea señala que EEUU se está reforzando en términos nacionales, en especial a costa de sus viejos socios; que China sigue creciendo y que su fuerza y su influencia internacionales serán mayores en los tiempos que vienen, en especial en el Sur Global y quizá en Europa; que países como Arabia Saudí llevan años inmersos en una reconversión, para la que cuentan con grandes cantidades de capital, que están transformando su economía y se están preparando a marchas forzadas para el futuro; que India puede ser un gigante; que toda clase de actores con cierto peso, desde Turquía hasta Rusia, están reorganizándose para el nuevo contexto internacional.

Mientras tanto, Berlín sigue perdida en la bruma y París continúa con sus sueños de grandeza. Dicen, quienes saben de esto, que Alemania reaccionará pronto y lo hará en términos propios, con una gran insistencia en su recuperación nacional y mucha menos en la UE. En definitiva, en un tiempo de notable fragmentación, cada Estado está intentando hacer valer las bazas que le refuerzan.

En Madrid, sin embargo, se vive un momento distinto, ese que definen Aldama, la asistente de la mujer del presidente, las especulaciones acerca de qué estaba haciendo Mazón, sobre si Lobato tal o cual y sobre el papel de los jueces. En esa lucha por el poder interno, las prioridades se pierden de vista de un modo preocupante.

El momento estratégico

España, y Moncloa en primer lugar, debería estar trabajando en un plan para el futuro. No para 2030, no para 2050, sino para 2025. Es decir, debería estar intentando, al menos, ponerse a la altura de lo que el resto de países importantes está haciendo. La fórmula estándar, y la que prefieren todavía buena parte de nuestras élites, consiste en buscar espacios en los que recortar. Pero no es la época de empequeñecer, sino de reforzar y de impulsar, de ir hacia delante en lugar de regresar a los viejos y buenos tiempos. La nostalgia de las clases dirigentes, liberales de antiguo formato, es especialmente dañina hoy.

Es urgente un nuevo mapa de país que ponga todo el énfasis en reforzar nuestras capacidades, en impulsar la industria y la economía

La pregunta es evidente: mientras los Estados importantes se están reforzando en términos nacionales, ¿qué estamos haciendo nosotros? Es urgente un nuevo dibujo de país que ponga todo el énfasis posible en reforzar nuestras capacidades, en impulsar nuestra industria, en potenciar nuestra economía. Partiendo de una base innegable: un Estado, cualquiera, pero más aquel que desea tener algún papel en el nuevo escenario, necesita asentar sus capacidades estratégicas.

La hora de la inteligencia económica

Suena ridículo que España carezca de peso en sus empresas estratégicas. Si un Estado no aporta los recursos necesarios para tener poder de decisión sobre ellas, ni tampoco logra movilizar el capital nacional que pueda ejercer de protector cuando fondos extranjeros intentan tomarlas (hay varios casos recientes), es que no está entendiendo las reglas de juego contemporáneas.

Del mismo modo, suena absurdo que el Estado no juegue un papel importante a la hora de movilizar el capital nacional, entre otras cosas, a la hora de desarrollar la industria. Buena parte de los recursos españoles son invertidos en la esfera financiera anglosajona o son destinados a la compra de activos inmobiliarios, dentro y fuera de nuestro país. Es hora de poner el capital a producir, porque es el aspecto esencial que puede movilizar nuestra economía, en lugar de favorecer su huida a entornos irrelevantes. Suena absurdo, además, que las grandes empresas destinen sus beneficios a dividendos y recompras en lugar de a la (cada vez más escasa) inversión productiva. Es el momento de impulsar la actividad y crear empleo; el Estado debería ejercer un papel relevante a la hora de alentar ese giro.

El petróleo y el gas van a seguir siendo necesarios durante mucho tiempo y España carece de ellos. Sin embargo, tiene sol, viento y tierras

La diferencia entre los países que cuentan y los que no, en un entorno donde el poder es decisivo, reside en varios factores, pero uno de ellos, y de los más importantes hoy, es la industria. Es la hora de tomárselo en serio, y España cuenta con posibilidades al respecto.

La energía brinda una oportunidad. Es un elemento esencial, y más en este contexto. El petróleo y el gas van a seguir siendo necesarios durante mucho tiempo y España carece de ellos. Sin embargo, tiene sol, viento y tierras. Es evidente que un impulso a las renovables es imprescindible si se quiere generar energía en abundancia y a buen precio, lo que ofrecería una menor dependencia de los suministros exteriores. Pero, además de asegurar una parte propia de suministro, hay que aprovechar las opciones de crecimiento que ofrece.

La industria necesita energía barata y España puede proporcionársela si hace las cosas correctamente. No se puede pensar el desarrollo de las renovables sin una estrategia para que beneficie al conjunto de España. Y, para ese fin, es preciso cambiar muchas cosas desde ya. La estructura de precios es una de ellas. La red es otra. No puede haber escasez de subestaciones por motivos que no aciertan a comprenderse. España debe tener mirada larga, y eso significa un plan decidido, enérgico y pragmático para aprovechar la baza energética, que sepa evitar las trabas burocráticas, también de las comunidades autónomas, y las de intereses que no respondan a los del país, para sacar partido de ella en un instante crucial.

Hay medianas empresas, y algunas pequeñas, que se han posicionado bien en sectores con posibilidades. Hay que impulsarlas

Si la economía siempre es importante, a partir de ahora lo será aún más. Con cada país, incluidos los europeos, librados a la búsqueda de un reforzamiento interno, la capacidad de un Estado para impulsar sus fortalezas será clave. Es la hora de la inteligencia económica. Eso significa conocer los límites y ampliar las posibilidades. En tecnología, es altamente improbable que España desarrolle empresas como Google y Amazon, pero hay sectores dentro de la cadena en los que contamos con empresas que están haciendo una tarea relevante. Habría que impulsarlos. Hay medianas empresas, y algunas pequeñas, que se han posicionado bien en sectores con posibilidades. Hay que impulsarlas. Hay ámbitos en los que tenemos potencialidad. Hay que impulsarlos. Es hora de dejar de pensar únicamente en el Ibex y de certificar que la capacidad de crecimiento viene, en buena medida, desde esos terrenos intermedios que hoy están relegados a la invisibilidad. Esa tarea de identificación, refuerzo y fomento solo se puede hacer desde el Estado.

Lo que no se quiere aceptar

Es hora, pues, de repensar España desde el lenguaje que se habla hoy en el ámbito internacional, y debe hacerse con urgencia. Esto implica muchas resistencias, porque significa pensar de otra manera en muchos sentidos, por ejemplo a la hora de otorgar beneficios al capital productivo para que cree actividad y empleo, y penalizar al especulativo que pretende rentas extractivas. Implica que el Estado pase de ser un árbitro distante de un mercado que funciona por sí mismo a que se convierta en un actor, generalmente vinculado a la colaboración público-privada, que sea capaz de aumentar nuestras capacidades. Implica desvincularse de la ortodoxia económica dominante, que es justo la que ha conducido a Europa a una situación muy complicada.

Todavía hay quienes argumentan que una acción firme del Estado sería catastrófica para la economía. Hay malas noticias para ellos

Todo esto es muy mal visto por los liberales de viejo formato, esos que se han quedado anclados en el libre mercado, el mundo basado en reglas y el libre comercio como motor de la paz mundial. Un ideal muy loable, pero que ha fracasado. Es hora de constatarlo: ese mundo solo vive en la mente de las élites europeas.

Todavía hay quienes argumentan que una acción poderosa del Estado sería catastrófica para la economía. Hay muy malas noticias para ellos. Todos los países importantes del mundo han dejado de lado esa dirección. Incluso EEUU, el garante del orden internacional basado en reglas, lleva desde 2016 dando pasos por el camino opuesto. El IRA pretendía llevarse empresas europeas a su territorio y los aranceles aspiran a abrir más los mercados a las necesidades de las firmas estadounidenses, financieras y tecnológicas principalmente. China continúa potenciando a sus empresas. Y así sucesivamente. De modo que esos hermosos y angelicales ideales chocan con una realidad que dice algo muy distinto. Persistir en el error significa concurrir al mercado global para competir con actores dopados, lo que coloca, a quien no anota ese hecho, en una situación de inferioridad que le conduce a la irrelevancia. El problema de los liberales de viejo y noble cuño no es que estén desapareciendo de los lugares de poder en el mundo; es que, con su persistencia en Europa, nos están arrastrando hacia la nada.

Este reforzamiento de las capacidades nacionales puede dar lugar a salidas ideológicas hacia la derecha o hacia la izquierda

Y todo esto no implica, como suele argumentarse, un repliegue sobre las economías puramente nacionales, lo que sería imposible. Se trata de estar en buenas condiciones para las alianzas. Ocurre en la UE: las asociaciones solo se realizan en términos positivos cuando se aporta algo a ella. Y para eso hace falta potencia, de manera que se puedan conseguir mejores condiciones en el tablero de juego actual. Lo demás es sentarse a la mesa para poner la firma en términos que redactan otros.

Es evidente, en este sentido, que la insistencia en que Europa debe asumir su defensa y que debe invertir más en armamento es una impugnación de raíz a las políticas económicas que hasta ahora se han considerado como las más adecuadas. Armamento implica gasto público. Se afirma que este es indispensable, dada la situación, y que, por tanto, debe hacerse una excepción que construya una vigorosa capacidad bélica en los países europeos. Pero si esto es así, por qué limitarse solo a la defensa. La guerra a la que Trump y China abocan es principalmente económica, por lo que debería ponerse el acento en todas las capacidades que permitirían afrontar los cambios, y no solo en una de ellas que, por importante que sea, dista mucho de ser la única. Que los Estados deban actuar para reforzar sus ejércitos y no su economía es una contradicción difícilmente salvable. Todo esto se está diciendo en España, sotto voce, pero cada vez con más frecuencia. Quizá sea el momento de que se atrevan a levantar la voz.

Una última advertencia, de carácter político. Este reforzamiento de las capacidades nacionales puede dar lugar a salidas ideológicas hacia la derecha o hacia la izquierda. Buena parte de la derecha internacional está en ello, la española se centra en derribar al gobierno y su modelo para el futuro es Argentina. La izquierda internacional todavía no ha anotado las reglas de juego del mundo en el que vivimos, y la española prefiere combatir el fascismo y los bulos."

 (Esteban Hernández , El Confidencial, 01/12/24)

15.7.24

Asturias va bien: ¡Quién nos lo iba a decir! Este buen momento de la economía asturiana pueda tener algunas razones estructurales más sólidas y de más largo aliento: el tirón del metal aplicado a las estructuras para energías renovables, paneles y torres de eólica, las empresas tecnológicas, con un notable peso en el PIB de la economía autonómica, o la agroindustria, asociada a una “marca Asturias” eco y de calidad... “El ciclo largo de la crisis de la economía asturiana puede que haya llegado a su final”... Asturias recoge ahora mismo el fruto de decisiones que fueron acertadas como el parque científico y tecnológico de Cabueñes, e incluso de otras que no lo fueron tanto como la ampliación de El Musel... la reforma laboral ha jugado un papel importante a la hora de favorecer la demanda interna y el consumo

 "Asturias va bien. Al menos desde el punto de vista macroeconómico así lo es. El paro baja, incluso más que en otras comunidades autónomas, y la economía podría crecer este año casi al mismo nivel de la media española, rompiendo de ese modo la histórica tendencia del Principado a ir muy detrás del resto del país incluso en los momentos de mayor bonanza. El informe ‘Situación Asturias 2024’ elaborado por BBVA Research prevé un crecimiento del Producto Interior Bruto de Asturias (PIB) del 2,3% en 2024 y del 2% en 2025. 

Con un crecimiento del PIB que llegó al 4,1 en 2022, los años postpandémicos han sido buenos para la economía asturiana, como en general para la economía española, en parte por un efecto rebote tras el confinamiento, en parte por la llegada de fondos europeos, y claro está, el boom del turismo, que también se ha sentido en una Asturias convertida en destino de moda. Sin embargo, más allá de coyunturas, también parece que este buen momento de la economía asturiana pueda tener algunas razones estructurales más sólidas y de más largo aliento: el tirón del metal aplicado a las estructuras para energías renovables, paneles y torres de eólica, las empresas tecnológicas, con un notable peso en el PIB de la economía autonómica, o la agroindustria, asociada a una “marca Asturias” eco y de calidad. Más inquietante, pero no por ello despreciable desde el punto de vista económico, está el desarrollo de la industria armamentística, que tiene en Asturias empresas tan importantes como Expal o General Dynamics, que se están beneficiando de los tambores de guerra que suenan en Europa y en el mundo.

Sectores tecnológicos y desarrollo de la industria de las renovables

“El ciclo largo de la crisis de la economía asturiana puede que haya llegado a su final” avanza optimista David Rivas, catedrático jubilado de estructura económica, que se muestra muy interesado por el despegue de “sectores muy tecnológicos” como la construcción naval, que vive un renacer tras haber sido dada por muerta a principios del siglo XXI.

Para el economista gijonés, Asturias recoge ahora mismo el fruto de decisiones que fueron acertadas como el parque científico y tecnológico de Cabueñes, e incluso de otras que no lo fueron tanto como la ampliación de El Musel: “Siempre fui muy crítico, pero ahora está sirviendo para acoger proyectos industriales muy interesantes, así que me alegro de que finalmente vaya a servir para algo”.

Para Rivas el momento dulce de la economía asturiana es inseparable del buen momento de la economía española, en el que cree que la reforma laboral ha jugado un papel importante a la hora de favorecer la demanda interna y el consumo: “En España hay un contraste muy fuerte entre la confrontación política y la estabilidad que luego tiene el país a la hora de la verdad. Seguimos teniendo sindicatos fuertes y una patronal relativamente razonable”.

Desde el lado sindical José Manuel Zapico también cree que a pesar de la inflación medidas como la reforma laboral, la subida del SMI y las pensiones, la creación de empleo público o los convenios laborales firmados en algunos sectores están permitiendo una buena capacidad de consumo de los hogares. El informe de BBVA Research sobre Asturias así lo constata y señala que está subiendo el gasto en transporte, alojamiento y restauración. Este ascenso del gasto también lo ha reseñado el INE a través de la “Encuesta de Presupuestos Familiares”, que estima un incremento del 14% en los hogares asturianos.

Con todo, el líder de CCOO considera que la prosperidad “va por barrios” y apunta que “ahí sigue la brecha de desigualdad que dejó la crisis de 2008”. Corregirla pasa por subir los salarios, pero no sólo. El precio de la vivienda se ha convertido en la actualidad en uno de los principales factores de empobrecimiento de la clase trabajadora. Para Zapico el Gobierno asturiano debería ser más ambicioso a la hora de redistribuir los beneficios del buen momento económico. ¿Cómo? El sindicalista apunta la necesidad de más progresividad fiscal en los tributos autonómicos para así recaudar más y mejorar la financiación de los servicios públicos: educación, sanidad, cuidados, vivienda… También para crear un fondo público de inversión que permita la participación del Principado en las empresas estratégicas de la economía asturiana y así blindar el sector industrial.

Otra desigualdad es la territorial. BBVA apunta a un dinamismo económico muy concentrado en el área central asturiana, y más en concreto en las dos principales ciudades asturianas. Noticias como la concesión de ayudas del Estado para la apertura de una fábrica de paneles solares en la antigua Vesuvius del Nalón, o la reconversión de la DANONE de Salas en una nueva planta de producción de queso mozzarella son positivas, pero insuficientes para los territorios más castigados por la transición energética a unas energías renovables cuyo despliegue genera al mismo tiempo conflictos en el medio rural y centenares de empleos en la comarca de Avilés y otras zonas industriales del área central.

Debilidades del nuevo ciclo económico

En el capítulo de sombras tanto Rivas como Zapico apuntan a la excesiva dependencia del turismo, un sector que está generando mucho empleo, pero de mala calidad, y muy frágil en caso de crisis. “Una economía basada en el turismo es una economía insegura, muy débil y vulnerable”, explica Rivas, que como parte positiva señala que Asturias esté recibiendo una gran cantidad de turismo europeo, un tipo de visitante con mayor poder adquisitivo y que de media deja más dinero que el turista español. “Asturias no está masificada todavía como destino turístico. El Gobierno debería ser inteligente y hacer las cosas bien ahora que está a tiempo” explica el economista, que señala el encarecimiento de la vivienda como uno de los principales problemas del turismo masivo.

Otras amenazas a tener en cuenta son el envejecimiento de la población y la falta de mano de obra cualificada, sobre todo en la industria. Con respecto a la primera Rivas apunta que la llamada “economía plateada” también ofrece oportunidades para Asturias, y no sólo en el sector de los cuidados: “Tenemos mucha población envejecida, pero con buena salud, buenas pensiones, la vivienda pagada y mucha capacidad de consumo”. Con respecto a lo segundo, Zapico apuesta por acelerar el desarrollo de la FP dual y aumentar el atractivo profesional de los oficios relacionados con la industria para que haya relevo generacional en los talleres.

Para el líder de CCOO la rebaja del precio de la energía y el éxito o no de la transición energética, y más en concreto de la descarbonización de ArcelorMittal, pendiente de la decisión de los magnates del acero, decidirán la suerte de la economía asturiana, razón por la que considera urgente aumentar la capacidad pública de control en los sectores estratégicos de la economía asturiana.

También BBVA considera que el futuro económico de Asturias se jugará el año que viene en la industria. Si la economía europea mejora y el precio de la energía desciende esto se notará en las fábricas asturianas. Un mantenimiento del turismo y una mejora de las exportaciones industriales podría llevar a una caída del paro al 11,6%, porcentajes insólitos en una comunidad en la que hace una década el desempleo llegó a superar el 22,8%. De la consolidación o no de estas tendencias dependerá que Asturias vaya superando cierto pesimismo adherido a menudo a la piel de sus habitantes casi como una segunda piel."                (Diego Díaz, Nortes, 05/07/24)