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17.9.26

Casi el 25% de la deuda pública europea está ahora en manos de su banco central...Nos debemos el 25% de nuestra deuda a nosotros mismos. Si devolvemos este dinero, tendremos que encontrarlo en algún lado, ya sea volviendo a pedir prestado para refinanciar la deuda en lugar de pedir prestado para invertir, ya sea subiendo los impuestos o recortando el gasto. Hay otra manera... Sabemos que las cancelaciones de deuda son momentos decisivos. Así ocurrió en la Conferencia de Londres de 1953, cuando Alemania se benefició de la condonación de dos tercios de su deuda pública, lo que le permitió volver a la prosperidad... el BCE podría ofrecer hoy a los Estados europeos los medios para su reconstrucción ecológica... contamos con la suerte de tener un acreedor que no teme perder su dinero: el BCE. Por tanto, nuestra propuesta es sencilla: hagamos un contrato entre los Estados europeos y el BCE. Este último se compromete a condonar las deudas públicas que posee (o a transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social... Sin duda, el BCE puede permitírselo... un banco central puede operar con capital propio negativo sin dificultad. Puede incluso crear dinero para compensar estas pérdidas: así lo establece el Protocolo nº 4 anejo al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea... La anulación de las deudas públicas que tiene, a cambio de inversiones de los Estados, sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino (Thomas Piketty) Mélenchon propone BORRAR la deuda de Francia con el Banco Central Europeo... No es que sea una propuesta original de Melenchón, ya lleva tiempo encima de la mesa... sería una medida muy buena para reducir en muchos puntos porcentuales la deuda pública de Francia y la de cualquier otro país que hiciese lo mismo, como España. ¿Y sabéis cuál sería el impacto económico? Cero... la deuda pública no es mala, es simplemente el dinero que ha inyectado el Estado en la economía a través del déficit público. Y eso puede ser bueno o malo porque puedes inyectar dinero para la corrupción o para rescatar a la banca, pero puede ser bueno porque estás mejorando la vida de la gente... De hecho, si Francia tiene un problema es más de deuda privada... la deuda privada de las empresas es 156%. Eso es lo que a mí me preocupa... Diríamos, ostras, el Banco Central Europeo tendría una pérdida, ¿no? Pero qué me estás contando, si el BCE crea el dinero. No hay ninguna pérdida por ningún lado... Melenchón? dices, si el 19% de la deuda del Estado francés se le debe a un organismo que crea los euros, vamos a cancelar esto cuando venza contrato o ya mismo (Eduardo Garzón)

"El líder de la izquierda francesa, Melenchón, ha propuesto como una de sus medidas estrellas cancelar, es decir, quitar, borrar la parte de deuda pública de Francia que tiene con el Banco Central Europeo.

A muchos economistas ortodoxos seguro que les talla la cabeza al escuchar esto. No es que sea una propuesta original de Melenchón, ya lleva tiempo encima de la mesa, pero obviamente no quieren ni oír hablar de ella.

¿Por qué? Es lo que vamos a ver a continuación, pero ya os adelanto que sería una medida superbuena para reducir en muchos puntos porcentuales la deuda pública de Francia y la de cualquier otro país que hiciese lo mismo, como España.

¿Y sabéis cuál sería el impacto económico? Cero. El coste económico de hacerlo sería 0 cer.

Así que, por Dios, ¿por qué no quieren hacerlo? es lo que vamos a ver al final de este vídeo, pero creo que os podéis imaginar por dónde van los tiros, ¿no?

Las políticas y las propuestas de Melenchon y de su plataforma de Francia insumisa me parecen muy buenas para combatir a la amenaza de la ultraderecha porque ofrecen soluciones reales, pragmáticas y muy progresistas que mejoran la vida de la gente. y cancelar la deuda pública de Francia no es a cambiar mucho las cosas, pero de cara a la visión ortodoxa sí, porque a ellos les preocupa mucho que haya una deuda pública muy grande de Francia. A mí no me preocupa tanto, pero a ellos sí.

¿Cuál es la mejor forma de que no haya tanta deuda pública? Bórrame una buena parte que es casi el 20% de la deuda. Ahora vamos a ver los datos. Pero no quieren. No quieren.

¿Por qué? Lo vamos a ver luego.

Fijaos, aquí tenéis, eh, por supuesto, la prensa eh de economía en España, pues tirándose de los pelos, ¿no? La receta, estoy hablando ahora del economista, un titular, la receta de la izquierda en Francia para borrar la deuda pública que aterroriza al Banco Central Europeo y a Bruselas, un tachón que la dejaría por debajo del 100% del PIB.

¿Qué problema hay si está precisamente diciendo que va a bajar la deuda pública sin ningún tipo de coste? sin ningún tipo de coste. Bueno, le da urticaria a todo esto, ¿no? Ya sabéis cómo funciona el tema.

Os recuerdo la deuda pública de Francia, igual que la de muchos otros países, por supuesto, en porcentaje del PIB, está aumentando, ¿vale? En los últimos años está aumentando un poquito más de lo normal, pero esta es la tónica habitual de todos los países del mundo y no tiene por qué ser negativo. Como hemos hablado tantísimas ocasiones, la deuda pública está denominada en euros. Si el Banco Central Europeo quiere, puede mantenerla sostenible todo el tiempo que quiera, porque el Banco Central Europeo crea euros sin ningún tipo de lima, ¿vale? Y ojo, esto que estoy diciendo no es ninguna locura porque lo ha hecho por la puerta de atrás.

Como veremos a continuación, la deuda pública de Francia está subiendo mucho en los últimos años, que ha subido ya hasta el 117% cuando la de España lleva 5 años bajando y ya está en torno al 103%. Entonces, eh la de Francia ha vuelto a superar a la de España, que hacía tiempo que no la superaba, pero ahí está. Si comparamos los demás países, tenemos a, perdón, a Grecia, número uno de deuda pública sobre el PI. Ya sabéis por qué le sigue muy de cerca a Italia, cerca del 140% y después está Francia, que hace tiempo que superó a Bélgica y está pues unos niveles muy muy elevado. Después de Bélgica estaría España, que la lleva reduciendo un tiempo, ¿vale?

Esto son datos sin más, porque ya sabéis que la deuda pública  no es mala, es simplemente el dinero que ha inyectado el Estado en la economía a través del déficit público. Y eso puede ser bueno o malo porque puedes inyectar dinero para la corrupción o para rescatar a la banca, pero puede ser bueno porque estás mejorando la vida de la gente, ¿no?

Bien, en la deuda pública de Francia, como ha subido, pues mucha gente dice, "Esto es lo que explica que esté subiendo su tipo de interés de la deuda pública porque cada vez mayor, los inversores se fían menos y te exigen mayor tipo de interés." Eso no es así. Lo hemos hablado en multitud de ocasiones. El tipo de interés de la deuda pública está subiendo en todos los países, quizá con la excepción de Suiza, ahí lo veis, y por supuesto la de China que está yendo hacia abajo encima. Pero esto responde al hecho de que todos los bancos centrales han dicho, "Voy aumentar el tipo de interés oficial." y por lo tanto también están afectando el tipo de interés de forma indirecta de la deuda pública, ¿no? Es algo que pueden controlar de forma indirecta, insisto, y tiene que ver con el conflicto en Irán, que no acaba, que creen que va a provocar inflación y entonces se están adelantando dentro de esos márgenes que permiten los bancos centrales porque establecen dónde está el techo y dónde está el suelo, de por dónde pueden ir los tipos de interés dentro de ese margen, resulta que sí hay flexibilidad, hay margen para que los inversores exijan más o menos tipos de interés, pero siempre se van a mover en esos márgenes. Y en Francia están exigiendo más de la cuenta, más que en Italia, más que en Grecia, más que en España y más que en Portugal. Si es que resulta que al final los pics, los llamado cerdo, están mejor que Francia, ¿vale? En términos de de tipo de interés de la deuda pública.

¿Por qué? Porque dentro de este margen, los inversores financieros en Francia están nerviosos porque hay mucha inestabilidad política. Llevan un mogollón de tiempo sin un gobierno estable. Encima hay amenaza de que llegue la extrema derecha, amenazas para ello de que llegue la extrema izquierda como Melenchó, la Francia Insumisa. Y entonces están ahí nerviosos, nerviosos, ya está. No es algo que debería preocupar a un banco central como el europeo que puede crear todos los euros que quiera.

Comparación con España, pues siempre ha sido más cara la deuda pública de España, exceptuando los últimos tiempos, por lo que os estoy diciendo, ¿no? Esto es lo que genera tantísimos titulares de Francia está al borde de la quiebra, tonterías que ya hemos demontado en alguna que otra ocasión. De hecho, si Francia tiene un problema es más de deuda privada, que esto no se habla nunca, pero aquí os pongo un gráfico en el que podéis ver que lo rojo es la deuda pública, que si está denominada la misma moneda no tiene por qué ser ningún tipo de problema, pero tenemos luego la naranja, que es la deuda de la familia y la amarilla que es la deuda de las empresas. Y esos agentes económicos no crean su dinero, no tienen Banco Central por ningún lado. Y fijaos, la de Francia es del 59% de la deuda privada de la familia, que no está mal nada mal, pero las empresas es 156%. Eso es lo que a mí me preocupa, eso sí, ¿no? La deuda pública, que eso está chupado pagarlo, ¿no? Pero bueno, de momento esto no lo tengo estudiado, no sé si que vaya a explotar en algún momento. Lo comento aquí como información interesante.

Vamos con la propuesta de Melenchón, no sin antes recordar que es una propuesta, entre otras muchas más. Y aquí os traigo alguna para que veáis cómo suena la música. Dice Jen Jen Luke Melenchon. Un gobierno insumiso decretará el estado de emergencia social con medios para responder a él. Aquí está lo que haremos, bloquear los precios de los productos de primera necesidad, bloquear o congelar los márgenes de beneficio para que las empresas no ganen más dinero, congelar los alquileres para que los rentistas no sigan haciéndose de oro por la cara. Aumentar el salario mínimo, aumentar los salarios abriendo una nueva negociación anual obligatoria, restablecer la escala móvil de salarios. Cuando los precios suben, los salarios deben subir subir y establecer la cantina escolar biológica y gratuita para todos los niños. Estos son simplemente unas cuantas propuestas que aquí os traigo para que entendáis por dónde van los tiros, ¿no?

Y ahora vamos con nuestra propuesta. Para poder entenderla hay que explicar, y lo voy a hacer con dibujitos para que todo el mundo lo tenga clarísimo, de qué forma tiene el Banco Central Europeo ahora deuda pública de Francia. Eso, ¿cómo es? ¿Eso cómo es? Pues lo explico. Deuda pública es emisión de bonos públicos. Es simplemente que el Estado francés dice, "Oye, voy a sacar aquí un bono público que es una opción de inversión." Si alguien quiere rentabilizar su dinero, sea una familia, sea una empresa, incluso otro estado, puede darme el dinero, como veis aquí en el dibujito. A cambio, le doy un bono público que viene recogido contractualmente lo que va a ocurrir, que es que yo le voy a ir pagando anualmente una cantidad de dinero, que son los intereses y así se está revalorizando este dinero que han metido. ¿Vale? Es una inversión financiera. Es como si alguien en vez de invertir en acciones o en vez de invertir en, yo que sé, una criptomoneda, pues invierte en un bono público. Ya está, eso es lo que es. No vamos aquí a entrar si es diferente para un país con soberanía monetaria que no. De momento esto es lo que nos interesa, ¿vale?

Entonces, ¿qué pasa cuando el plazo de vencimiento vence? Es decir, cuando llegas a su final, porque esto hay que registrar por el contrato, ¿cuánto va a durar? 3 meses, un año, 10 años, 40 años. Bien, ¿qué pasa cuando llega ese tiempo? se rompe el contrato, el bono público se tacha y el Estado le va a devolver todo el dinero que en su día le prestó. Entonces, la ganancia del inversor es todo lo que le ha ido pagando en intereses durante todo este tiempo. ¿Vale? Sencillo, sencillo de enter.

Por cierto, ¿qué es lo que suele ocurrir? Que el inversor cuando recibe su dinero de vuelta dice, "Pues yo lo vuelvo a meter porque así lo revalorizo. Es la inversión más segura de todas porque los estados raramente quiebran y me suele ofrecer un tipo de interés que está cerca de la inflación, ¿vale? Eso suele hacerlo inversores, fondos, eh, sobre todo fondos de inversión muy garantistas, ¿no? Sobre todo relacionados con planes privados de pensiones porque es mucho dinero que no quieren arriesgarlo, sino simplemente que se revalorice para asegurarle la pensión a sus clientes, ¿no? Entonces, insisto, cuando termina el contrato suele ocurrir eso, pero ¿y si no termina el contrato, es decir, estamos en un momento en el que el inversor tiene el bono público en su posición y está cobrando los intereses regularmente? ¿Qué pasa si antes de que venza el contrato ocurre esto? ¿Qué es lo que pasó en Europa desde el año 2015 a través de lo que se conoce como quantitive easing o expansión cuantitativa en español? que es, oye, el Banco Central Europeo, que es el único que puede crear los euros y los crea sin ningún tipo de límite ni de coste, crea dinero y lo utiliza para comprarle el bono público a ese inversor. Ese inversor, lo recuerdo, bancos, eh fondos de inversión, etcétera, etcétera, ¿no? No solo bonos públicos, también bonos privados, etcétera, etcétera. Pero la clave es que la mayoría fueron bonos públicos. Pues esto es lo que ocurrió a partir del año 2015. Entonces, cuando lo hizo, que ocurre que el bono público se queda en posesión del Banco Central Europeo y el inversor ha recibido ya el dinero de vuelta y ya está, el inversor ya no tiene ninguna relación contractual con el Estado francés. Ahora es el Estado francés que le tiene que pagar intereses al Banco Central Europeo porque ahora es ese organismo el que tiene el bono público en su posesión. Y cuando termine el plazo de vencimiento, ¿qué es lo que ocurre? Pues obviamente que tiene que devolverle el dinero al Banco Central Europeo, ¿vale? Y ya está. Pero durante todo ese tiempo le ha tenido que estar pagando intereses.

Aquí tenéis los datos de la cantidad de dinero tan loca, que no nos podemos ni imaginar, tan loca que ha creado el Banco Centroeuropeo desde el año 2015 para comprar este tipo de bonos. Ya está. Estamos hablando de que para 2016 ya había creado 1 billón de euros para comprar bono. Para el año 2020 había casi 3 billones de euros que habían sido creados para comprar esto. Dinero que le llega a los inversores por la cara antes de tiempo. A los inversores les iba a llegar el dinero, pero les llega antes de tiempo porque el Banco Central Europeo ha sido muy generoso.

Bien, para 2020 está la cosa calmada hasta que pandemia y tienen que volver a crear dinero. Fijaos, para el año 2022 ya se habían creado 5 billones con B, que es una locura. Es que de verdad que no nos podemos imaginar con nuestra mente simple lo que significa esa cantidad de dinero. Siempre pongo el mismo ejemplo. Desde el año cero de nuestra era hasta eh la actualidad no han pasado ni un billón de segundos. Y fijaos, si ha pasado tiempo. Pasarán en el año 32,000 después de Cristo. Toma ya. Eh, pues eso lo multiplica por cinco y es la cantidad de dinero que ha creado el Banco Central Europeo en apenas 7 años, ¿no? Para dárselo a la gente más necesitada, ¿no? Para dárselo a los inversores, los fondos de inversión, para que hicieran dinero y rentabilidad.

Fijaos, a partir del año 2022 la cosa cambia y se empieza a reducir, pero muy lentamente. Aquí lo podéis ver, eh, Banco Central Europeo diciendo, "Vamos a dar marcha atrás, sí, pero muy lentamente." Por eso no ha generado tantos problemas de prima de riesgo y tal. Y ahora estamos en 2026 casi terminando y la cosa sigue bajando lentamente, ¿no?

Bien. ¿Cuáles son los países? Por curiosidad que más han recibido este tipo de ayuda. Pues aquí lo tenéis, ¿no? Que no son los países, son los fondos de inversión de cada uno de estos países. Alemania, Italia, Francia, España, Países Bajos, ahí lo tenéis, ¿no? Por por tamaño. En términos relativos son en Eslovenia, Países Bajos, Eslovaquia, Alemania, Finlandia, Austria, Bélgica, Portugal, España, Italia y luego Francia. El 19% de toda la deuda pública de Francia la tiene el Banco Central Europeo.

Os recuerdo, el Banco Central Europeo creó dinero y compró el bono público. Se lo podría haber comprado directamente a Francia, al Estado francés. Eso está prohibidísimo por los estatutos del Banco Central Europeo, porque es monetizar deuda, porque es crear dinero para financiar las políticas públicas y eso supuestamente genera hiperinflación. Sí, claro, pero sí lo puedes hacer a través del intermediario, ¿no? Que el intermediario es un fondo de inversión que se hace de oro por la cara, os recuerdo, billones de euros.

¿Y qué hace con todo ese dinero? Ahí lo tenéis. Dice, "Me voy a lo más rentable, que es el sector de del inmuebles, al sector inmobiliario. Genero burbujas, inflo el precio de las viviendas. Con todo ese dinero que me sobra, eh, lo dedico al alquiler, a la inversión de para rentabilizar por alquileres o también la burbuja de inteligencia artificial. Eh, la empresa Bitcoin, oro, ahí es donde tenemos todas las burbujas por culpa de los bancos centrales que crearon dinero no para financiar las políticas públicas, ni para dársel a la gente más necesitada, ni para crear empleo, sino para los fondos de inversión, sus coleguitas, sus coleguitas, porque en los fondos de inversión lo que hay son gente que ha estado trabajando en los bancos centrales o que van a trabajar en algún momento. Hay una puerta giratoria tremenda de la que hablaremos en algún otro momento.

Bueno, entonces, insisto, recordad, es el Banco Central Europeo que crea dinero de la nada, pero en vez de dárselo directamente al Estado francés, se lo da al inversor privado, que luego ya hará con el dinero lo que quiera. Y cuando venza el contrato, pues el Estado francés tiene que devolverle todo el dinero. Pero claro, normalmente no lo tiene porque operan todos en déficit público. Así que o se tiene que endeudar otra vez en el mercado privado porque ya no hay expansión cuantitativa y entonces le sale más caro endeudarse para poder pagarle al Banco Central Europeo o recurre a medidas draconianas como la de mi ley que sería recorto en todo y aumento los impuestos y le robo a la gente dinero para hacer frente al pago de esa deuda para pagar al Banco Central Europeo en euros. que el Banco Central Europeo crea los euros a libre voluntad sin ningún tipo de coste y de límite.

¿Me explicáis qué sentido tiene esto? Ya os lo digo yo. Ninguno. Ninguno. Ortodoxia económica, liberal, monetarista de el Banco Central no puede crear dinero. ¿Por qué lo hicieron de esta forma por la puerta de atrás a partir del año 2015? porque se le iba todo a la con la primera del rigo subiendo muchísimo, la economía no prosperaba, no arrancaba, había miedo de deflación y dijeron, "No nos vamos a atrever a hacer la monetización de deuda directa, pero vamos a ir por la puerta de atrás, que sí que mejora la prima de riesgo de todos estos países, etcétera, etcétera." Sí, correcto, pero con el coste de inundar de dinero los mercados financieros y de aquellos polvos los lodos de la burbuja inmobiliaria, tecnológica, etcétera, etcétera.

¿Qué es lo que propone Melenchón? dices, si el 19% de la deuda del Estado francés se le debe a un organismo que crea los euros, ¿por qué le tenemos que pagar? Dice, vamos a cancelar esto cuando venza contrato o ya mismo, pum, borrón y cuenta nueva. Ese 19% que le debo al Banco Central Europeo, pues ya no se lo debo. Y lo quitamos, lo borramos, pum, pam, 19% menos. Que ya estamos hablando que tenía 117% sobre el PIB, ¿no? La deuda pública de Francia, pues bajaría menos de 100%. A ver, los obsesionados con que quieren bajar la deuda pública, esta es la mejor forma de hacerlo. Y nadie pierde.

¿Por qué? Diríamos, ostras, el Banco Central Europeo tendría una pérdida, ¿no? Todo este dinero, pero qué me estás contando, si el BCO central europeo crea el dinero. No hay ninguna pérdida por ningún lado. ¿Por qué entonces no quieren hacerlo ni en pintura? Pues ya creo que os podéis imaginar por dónde van los tiros, porque mostraría su vergüenza, porque estaría dándose cuenta a la gente de que todo esto ha sido una pantomima durante años. Nos han dicho, desde 1993, concretamente después del tratado de Mastrich, que los bancos centrales no pueden crear dinero para financiar los estados, pero bien que lo han hecho por la puerta de atrás. Entonces ahora dicen, "Esto no podemos consentirlo, que sería lo lógico, lo eficiente, lo eficaz. Es que que alguien me explique por qué no. Simplemente es por lo que os digo, algunos dirán, "El Banco Central Europeo tendría pérdidas." He escuchado algún economista supuestamente de izquierda decir eso, no tienen ni pies ni cabeza porque el Banco Central Europeo crea euros, puede tener todos los beneficios en euro que quiera. Eso es lo que dicen algunos y la realidad es que no quieren demostrar que el Banco Central es el Banco de los Estados y que puede financiar toda la política pública que dé la gana. Otra cosa es que luego eso pueda tener consecuencias porque los recursos reales no son infinitos y puede haber tensión inflacionaria incluso de depreciación de la moneda. Pero lo que está claro es que el Banco Central Europeo no tiene sentido que que les esté demandando dinero a los estados porque tienen deuda pública de ellos. No tiene ningún tipo de sentido, de verdad.

Por eso algunos economistas que no son muy de izquierda como Thomas Piquetty o Cristina Narbona, que no sé si es economista, pero bueno, se sumó con Nacho Álvarez y redactaron un artículo para el país hace ya más de 3 años, eh, ojo, para pedir esto, anular la deuda pública. os haciendo una especie de propuesta pragmática decía, anulamos este 20% que le debemos al Banco Central, que no tiene sentido, y os prometemos que ese 20% lo invertimos [carraspeo] y así como que contablemente te salen las cuentas, ¿no? Y que no se está el estado aprovechando.

Aquí la lógica o la excusa que utilizan es Sí, claro, si ahora los estados se les perdona la deuda, entonces van a seguir gastando como manirrotos porque en algún momento se le perdonará la deuda. Y es que eso se llama riesgo moral y se puede abordar de mil formas diferentes, como por ejemplo, gastan lo que hay que gastar, pero no me pongas aquí una restricción por la cara en la que el organismo creador de los euros ahora tiene que estar diciendo, "Dadme euros, que no tiene sentido." No tiene ningún tipo de sentido.

El sentido, insisto, es el que os comento. Estarían, si cancelaran la deuda, estarían demostrando que todo esto ha sido un teatro. Durante años nos han dicho que no podían crear dinero para financiar las políticas públicas de los países. Mentira, mentira. De hecho, eso está prohibido en los estatutos del Banco Central Europeo. Y encontraron la manera para sortearlo dándoselo a los fondos de inversión para lograr más o menos el mismo efecto. Entonces, ahora no quieren demostrar que nos han estado engañando durante todo este tiempo y utilizan esa excusa del Banco Central con pérdida, de la el riesgo moral. Uy, y si se te perdona la deuda, luego vas a gastar mucho y tal, contrólalo de otra forma. Pero esto es una vergüenza. Esto no tiene pies ni cabeza y es la consecuencia y el resultado de que la Unión Europea se creara al albor del neoliberalismo, del monetarismo y de las concepciones sobre dinero público absolutamente erróneas y anticientíficas, pero eso sí, que sirven a los intereses de los poderosos y concretamente de la banca.

Hasta aquí el vídeo de hoy. Muchas gracias por estar ahí y si te ha resultado interesante, no dudes en comentar, darle like y compartir, que la teoría económica dominante no se combate sola." 

(Eduardo Garzón, You tube, 10/09/26) 

  

"Anular la deuda pública mantenida por el BCE para que nuestro destino vuelva a estar en nuestras manos. En la zona euro nos debemos el 25% de nuestro endeudamiento a nosotros mismos. Su cancelación a cambio de inversiones de los Estados sería un primer signo fuerte de que el continente está recuperando su destino

 El debate sobre la anulación de las deudas en manos del BCE se ha desarrollado en Francia, pero también en Italia, Luxemburgo y Bélgica, en los pasillos de las instituciones europeas, entre los representantes del propio BCE y los distintos ministerios de finanzas de la zona euro.

Este debate es positivo y útil. Por primera vez desde hace mucho tiempo, las cuestiones monetarias se plantean como discusión pública. El dinero deja de ser por un momento este tema, sustraído a la deliberación colectiva y confiado a un banco central independiente de los poderes políticos, aunque dependiente de los mercados financieros. Los ciudadanos están descubriendo, algunos de ellos con consternación, que casi el 25% de la deuda pública europea está ahora en manos de su banco central.

Nos debemos el 25% de nuestra deuda a nosotros mismos. Si devolvemos este dinero, tendremos que encontrarlo en algún lado, ya sea volviendo a pedir prestado para refinanciar la deuda en lugar de pedir prestado para invertir, ya sea subiendo los impuestos o recortando el gasto.

Hay otra manera. Como economistas, dirigentes y ciudadanos comprometidos de varios países, nos toca advertir que el BCE podría ofrecer hoy a los Estados europeos los medios para su reconstrucción ecológica, pero también para reparar los daños sociales, económicos y culturales causados por la terrible crisis sanitaria que sufrimos.

Esto no significa que los Estados miembros no hayan actuado, ya que se han adoptado medidas de protección. Pero siguen siendo muy insuficientes. El plan de rescate europeo, con una dotación de apenas 300.000 millones de euros en subvenciones durante tres años, está muy lejos de los dos billones de euros solicitados por el Parlamento Europeo. ¿Hace falta recordar que, antes de la crisis sanitaria, el Tribunal de Cuentas Europeo ya indicaba en 2018 una necesidad mínima de entre 300.000 y 400.000 millones de euros de inversión adicional al año para financiar la transición ecológica en Europa? Estamos muy lejos de esto, sobre todo con la crisis sanitaria.

No consideramos que la cancelación de la deuda pública, aunque esté retenida por el BCE, sea un hecho insignificante. Sabemos que las cancelaciones de deuda son momentos decisivos. Así ocurrió en la Conferencia de Londres de 1953, cuando Alemania se benefició de la condonación de dos tercios de su deuda pública, lo que le permitió volver a la prosperidad y afianzar su futuro en el espacio europeo. Pero, ¿no está Europa atravesando hoy una crisis de proporciones excepcionales que exigiría medidas igualmente excepcionales?

Por otro lado, contamos con la suerte de tener un acreedor que no teme perder su dinero: el BCE. Por tanto, nuestra propuesta es sencilla: hagamos un contrato entre los Estados europeos y el BCE. Este último se compromete a condonar las deudas públicas que posee (o a transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. Estas cantidades alcanzan ya casi 2.500.000 millones de euros para toda Europa. Esta cantidad es suficiente para satisfacer las expectativas del Parlamento Europeo y, sobre todo, para salvaguardar el interés general.

Sin duda, el BCE puede permitírselo. Como reconoce un gran número de economistas, incluso entre los que se oponen a esta solución, un banco central puede operar con capital propio negativo sin dificultad. Puede incluso crear dinero para compensar estas pérdidas: así lo establece el Protocolo nº 4 anejo al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. En segundo lugar, jurídicamente, en contra de lo que afirman algunos responsables de instituciones europeas, en particular el BCE, la anulación no está explícitamente prohibida por los tratados europeos. Por un lado, todas las instituciones financieras del mundo pueden renunciar a sus créditos y el BCE no es una excepción. En cambio, la palabra “cancelación” no aparece ni en el Tratado ni en el Protocolo sobre el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). Tal vez sería “contrario al espíritu del Tratado”, pero ¿no era también el caso del quantitative easing de Mario Draghi? En este asunto, solo cuenta la voluntad política: la historia nos ha demostrado muchas veces que las dificultades jurídicas se ven superadas por los acuerdos políticos.

Por último, queremos aclarar un malentendido: queda claro que la cancelación de la deuda pública por parte del BCE, aunque esté condicionada a su reinversión, no puede ser el alfa y el omega de cualquier política económica. En primer lugar, el BCE sólo intervendría para liberar el margen fiscal de los Estados miembros y, obviamente, no invertiría por sí mismo. Algunos piensan que las tasas de interés bajas o negativas en toda Europa son suficientes para empujar a los Estados a endeudarse para invertir. Esto no es lo que muestra la reducción constante del nivel medio de deuda pública en la Unión Europea entre 2015, cuando aparecieron las tasas negativas, y el inicio de la crisis sanitaria. Muchos Estados han reducido su nivel de endeudamiento en lugar de pedir préstamos para invertir, aunque las tasas sean negativas. ¿Por qué cambiaría esto? El pacto suscrito entre los Estados y el BCE impedirá esta estrategia de escape de responsabilidad. Pero, por supuesto, no será suficiente: hay que tomar otras medidas en materia de reforma de los criterios de deuda y déficit, de proteccionismo ecológico y solidario, de reformas fiscales destinadas a reducir el nivel de desigualdad… También hay que implementar una nueva gobernanza europea, en particular mediante la transición al voto por mayoría cualificada en asuntos fiscales.

Europa ya no puede permitirse el lujo de verse sistemáticamente bloqueada por sus propias normas. Otros Estados del mundo utilizan al máximo su política monetaria, en apoyo de la política fiscal, como China, Japón o Estados Unidos. El Banco de Japón utiliza su poder de creación monetaria para comprar acciones directamente en el mercado a través de fondos cotizados (ETF), convirtiéndose así en el mayor inversor del país. También deberíamos considerar la posibilidad de utilizar el poder de creación monetaria del BCE para financiar la reconstrucción ecológica y social bajo control democrático. La anulación de las deudas públicas que tiene, a cambio de inversiones de los Estados, sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino.

Thomas Piketty es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Cristina Narbona es vocal de la junta directiva de Economistas Frente a la Crisis. Nacho Álvarez es secretario de Estado de Derechos Sociales y secretario de Economía de Podemos. Steve Keen es profesor de Economía y Finanzas en la Universidad de Kingston. Firman además este texto: (...)"

(Thomas Piketty. Cristina Narbona, Nacho Álvarez , El País, 05/02/21) 

16.9.26

Se podría aprobar un programa de monetización de la deuda pública adquirida por el BCE y destinar los recursos adicionales generados a vivienda, servicios públicos y garantizar el pleno empleo... La propuesta no es nueva, de hecho, Izquierda Unida lo incluyó en su programa electoral en 2023... Por cada punto porcentual de reducción de coste de la deuda, se transferirían más de 55.000 millones anuales a los estados... la cancelación de deuda pública en manos del BCE no afecta al resto de los tenedores de bonos. Únicamente afecta al BCE (que puede crear euros sin coste)... Un programa de compra y cancelación posterior de deuda pública por parte del BCE y situar a los países en el 60% del PIB podría proporciona hasta 5 billones. Un margen enorme para que los estados impulsasen políticas de vivienda y pleno empleo. Así se lucha contra la ultraderecha (Carlos Sánchez Mato)

Carlos Sánchez Mato @carlossmato

¿Qué os parecería aprobar un programa de monetización de la deuda pública adquirida por el BCE y destinar los recursos adicionales generados a vivienda, servicios públicos y garantizar el pleno empleo? Aquí lo propusimos @edugaresp y yo hace 5 años.

 https://drive.google.com/file/d/17glnn3q8mf5j6--ASDu7hhRXZAr3Z0zr/view

drive.google.com
ProgramaCancelacionDeudaCap3LibroEsteban.pdf

 El líder de @FranceInsoumise@JLMelenchon ha defendido en el arranque de la campaña para las presidenciales en Francia cancelar o transformar en deuda perpetua a tipo cero la deuda francesa que está en manos del Banco Central Europeo. Muy buena propuesta.

 La propuesta no es nueva. Algunos hemos defendido la intervención del BCE desde antes de 2010 cuando ni siquiera compraba deuda pública en el mercado secundario y las primas de riesgo estaban disparadas. De hecho,  @IzquierdaUnida lo incluyó en su programa electoral para 2023.

 Un programa de cancelación de la deuda adquirida sería muy útil. Por cada punto porcentual de reducción de coste de la deuda, se transferirían más de 55.000 millones anuales a los estados. Bien dirigidos, sería una vacuna muy contra la extrema derecha izquierdaunida.org/wp-content/upl

 ¿Riesgo moral? En absoluto. Siempre y cuando se dirigieran los recursos a las políticas de vivienda, servicios públicos, políticas de cohesión de la UE, programas de empleo garantizado y a la reducción de las disparidades entre los niveles de desarrollo de sus distintas regiones.

 Como aquí indicaba @edugaresp la cancelación de deuda pública en manos del BCE no afecta al resto de los tenedores de bonos. Únicamente afecta al BCE (que puede crear euros sin coste).

 En julio de 2026, el BCE tenía 3,4 billones de euros en valores de deuda pública, un 31% menos que los máximos alcanzados hace cuatro años porque ya no reinvierte lo que va venciendo. Aún así, todavía es una cantidad considerable que puede cancelarse o convertir en deuda perpetua

 La deuda pública adquirida por el BCE suponía en julio de 2026 casi la cuarta parte de la que tienen en total los países del Eurosistema. Cuatro años antes llegó a alcanzar el 40% del total. Hace quince años nos decían que era imposible algo así porque sería una ruina

 Un programa de compra y cancelación posterior de deuda pública por parte del BCE y situar a los países en el 60% del PIB podría proporciona hasta 5 billones. Un margen enorme para que los estados impulsasen políticas de vivienda y pleno empleo. Así se lucha contra la ultraderecha

12:34 a. m. · 16 sept. 2026·1.716 Visualizaciones

11.9.26

Melenchon propone borrar de un plumazo el 20% de la deuda pública de Francia... Los titulares de la prensa económica hablan de "terror" y "catástrofe". Pero la realidad es que el coste sería de CERO euros... Francia le debe dinero a un organismo que puede crear euros ilimitadamente y sin coste alguno. Pregunta obvia: ¿tiene algún sentido que Francia tenga que devolver esos euros al BCE? Eso es exactamente lo que pregunta Mélenchon. Y su respuesta es no. Propone cancelar esa deuda: borrón y cuenta nueva. El BCE tendría "pérdidas contables", sí, pero el BCE crea euros. No puede quebrar. Una pérdida en euros para quien fabrica los euros no es una pérdida real. Es un apunte contable... El efecto inmediato: la deuda pública de Francia bajaría del 117% a menos del 100% del PIB de golpe. Sin recortes. Sin subir impuestos. Sin empobrecer a nadie. Para los obsesionados con reducir la deuda pública, esta es la forma más rápida, limpia e indolora de hacerlo. Y la rechazan. ¿Por qué la rechazan? Si se cancela esa deuda, se pone en evidencia que durante décadas nos mintieron. Desde el Tratado de Maastricht de 1992 nos dijeron que los bancos centrales no podían financiar a los estados. Que crear dinero para políticas públicas era hiperinflación segura. Pero bien que crearon 5 billones de euros para dárselos a fondos de inversión privados (y no apareció la inflación, por cierto). (Eduardo Garzón) Los ciudadanos están descubriendo, algunos de ellos con consternación, que casi el 25% de la deuda pública europea está ahora en manos de su banco central. Nos debemos el 25% de nuestra deuda a nosotros mismos. Si devolvemos este dinero, tendremos que encontrarlo en algún lado, ya sea volviendo a pedir prestado para refinanciar la deuda en lugar de pedir prestado para invertir, ya sea subiendo los impuestos o recortando el gasto... contamos con la suerte de tener un acreedor que no teme perder su dinero: el BCE. Por tanto, nuestra propuesta es sencilla: hagamos un contrato entre los Estados europeos y el BCE. Este último se compromete a condonar las deudas públicas que posee (o a transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. La anulación de las deudas públicas que tiene, a cambio de inversiones de los Estados, sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino (Thomas Piketty)

Eduardo Garzón @edugaresp

El líder de la izquierda francesa, @JLMelenchon, propone borrar de un plumazo casi el 20% de esa deuda de Francia, que está actualmente en el 117%. Los titulares de la prensa económica hablan de "terror" y "catástrofe". Pero la realidad es que el coste sería de CERO euros. Lo explico

Para entender la propuesta hay que entender primero cómo funciona la deuda pública. Un Estado emite bonos. Un inversor —banco, fondo de pensiones— compra ese bono y le presta dinero al Estado. A cambio, el Estado le paga intereses periódicos y al vencimiento le devuelve el principal. Hasta aquí, todo claro.

 ¿Qué pasó a partir de 2015? Que el BCE comenzó a crear euros de la nada y se los dio a esos inversores privados a cambio de sus bonos públicos (expansión cuantitativa). El BCE adquirió los bonos. Los fondos de inversión recibieron el dinero antes de tiempo. Y el Estado pasó a deberle al BCE.

 ¿Cuánto dinero creó el BCE? En 2016 ya había creado 1 billón de euros. En 2020, casi 3 billones. Tras la pandemia, llegó a casi 5 billones. Para hacerse una idea: desde el año 0 de nuestra era hasta el año 32.000 no habrán pasado ni un billón de segundos. El BCE creó 5 veces eso en apenas 7 años.

 Y ese dinero, ¿a quién fue? No a la gente. No a financiar servicios públicos. Fue a fondos de inversión privados, que lo metieron en inmobiliario, en tecnología, en Bitcoin, en oro. De aquellos polvos vienen estos lodos: la burbuja de vivienda, la burbuja de IA, la burbuja de activos financieros...

 Resultado: el 19% de toda la deuda pública de Francia está ahora en manos del BCE. Es decir, Francia le debe dinero a un organismo que puede crear euros ilimitadamente y sin coste alguno. Pregunta obvia: ¿tiene algún sentido que Francia tenga que devolver esos euros al BCE?

 Eso es exactamente lo que pregunta Mélenchon. Y su respuesta es no. Propone cancelar esa deuda: borrón y cuenta nueva. El BCE tendría "pérdidas contables", sí. Pero el BCE crea euros. No puede quebrar. Una pérdida en euros para quien fabrica los euros no es una pérdida real. Es un apunte contable.

 El efecto inmediato: la deuda pública de Francia bajaría del 117% a menos del 100% del PIB de golpe. Sin recortes. Sin subir impuestos. Sin empobrecer a nadie. Para los obsesionados con reducir la deuda pública, esta es la forma más rápida, limpia e indolora de hacerlo. Y la rechazan.

 ¿Por qué la rechazan? El argumento oficial es el "riesgo moral": si les perdonamos la deuda, los estados gastarán sin control esperando otro perdón futuro. Pero ese riesgo se puede gestionar de mil maneras. Es una excusa, no una razón.

 La razón real es otra. Si se cancela esa deuda, se pone en evidencia que durante décadas nos mintieron. Desde el Tratado de Maastricht de 1992 nos dijeron que los bancos centrales no podían financiar a los estados. Que crear dinero para políticas públicas era hiperinflación segura.

 Pero bien que crearon 5 billones de euros para dárselos a fondos de inversión privados. Lo hicieron por la puerta de atrás, respetando la forma pero violando el espíritu de la norma (y no apareció la inflación, por cierto). Cancelar la deuda ahora significaría reconocer que el teatro duró décadas.

 No es una propuesta radical ni nueva. Thomas Piketty, Nacho Álvarez y Cristina Almeida firmaron hace años un artículo en El País proponiendo exactamente esto: anular la deuda con el BCE e invertir ese margen liberado en política pública. Una propuesta pragmática de gente que no es precisamente antisistema.

 Resumen: el BCE creó billones de euros para los fondos de inversión. Esos fondos inflaron burbujas. Los estados se quedaron debiendo ese dinero al BCE. Ahora el BCE pide que se lo devuelvan. En euros que él mismo crea. Y cuando alguien propone cancelar esa deuda absurda, le llaman irresponsable. Éste es nuestro mundo...

 Desarrollo todo esto en vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=s68vbYotSTY

 12:42 p. m. · 11 sept. 2026 ·2.314 Visualizaciones

 

 "Anular la deuda pública mantenida por el BCE para que nuestro destino vuelva a estar en nuestras manos. En la zona euro nos debemos el 25% de nuestro endeudamiento a nosotros mismos. Su cancelación a cambio de inversiones de los Estados sería un primer signo fuerte de que el continente está recuperando su destino

 El debate sobre la anulación de las deudas en manos del BCE se ha desarrollado en Francia, pero también en Italia, Luxemburgo y Bélgica, en los pasillos de las instituciones europeas, entre los representantes del propio BCE y los distintos ministerios de finanzas de la zona euro.

Este debate es positivo y útil. Por primera vez desde hace mucho tiempo, las cuestiones monetarias se plantean como discusión pública. El dinero deja de ser por un momento este tema, sustraído a la deliberación colectiva y confiado a un banco central independiente de los poderes políticos, aunque dependiente de los mercados financieros. Los ciudadanos están descubriendo, algunos de ellos con consternación, que casi el 25% de la deuda pública europea está ahora en manos de su banco central.

Nos debemos el 25% de nuestra deuda a nosotros mismos. Si devolvemos este dinero, tendremos que encontrarlo en algún lado, ya sea volviendo a pedir prestado para refinanciar la deuda en lugar de pedir prestado para invertir, ya sea subiendo los impuestos o recortando el gasto.

Hay otra manera. Como economistas, dirigentes y ciudadanos comprometidos de varios países, nos toca advertir que el BCE podría ofrecer hoy a los Estados europeos los medios para su reconstrucción ecológica, pero también para reparar los daños sociales, económicos y culturales causados por la terrible crisis sanitaria que sufrimos.

Esto no significa que los Estados miembros no hayan actuado, ya que se han adoptado medidas de protección. Pero siguen siendo muy insuficientes. El plan de rescate europeo, con una dotación de apenas 300.000 millones de euros en subvenciones durante tres años, está muy lejos de los dos billones de euros solicitados por el Parlamento Europeo. ¿Hace falta recordar que, antes de la crisis sanitaria, el Tribunal de Cuentas Europeo ya indicaba en 2018 una necesidad mínima de entre 300.000 y 400.000 millones de euros de inversión adicional al año para financiar la transición ecológica en Europa? Estamos muy lejos de esto, sobre todo con la crisis sanitaria.

No consideramos que la cancelación de la deuda pública, aunque esté retenida por el BCE, sea un hecho insignificante. Sabemos que las cancelaciones de deuda son momentos decisivos. Así ocurrió en la Conferencia de Londres de 1953, cuando Alemania se benefició de la condonación de dos tercios de su deuda pública, lo que le permitió volver a la prosperidad y afianzar su futuro en el espacio europeo. Pero, ¿no está Europa atravesando hoy una crisis de proporciones excepcionales que exigiría medidas igualmente excepcionales?

Por otro lado, contamos con la suerte de tener un acreedor que no teme perder su dinero: el BCE. Por tanto, nuestra propuesta es sencilla: hagamos un contrato entre los Estados europeos y el BCE. Este último se compromete a condonar las deudas públicas que posee (o a transformarlas en deudas perpetuas sin intereses), mientras que los Estados se comprometen a invertir las mismas cantidades en la reconstrucción ecológica y social. Estas cantidades alcanzan ya casi 2.500.000 millones de euros para toda Europa. Esta cantidad es suficiente para satisfacer las expectativas del Parlamento Europeo y, sobre todo, para salvaguardar el interés general.

Sin duda, el BCE puede permitírselo. Como reconoce un gran número de economistas, incluso entre los que se oponen a esta solución, un banco central puede operar con capital propio negativo sin dificultad. Puede incluso crear dinero para compensar estas pérdidas: así lo establece el Protocolo nº 4 anejo al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. En segundo lugar, jurídicamente, en contra de lo que afirman algunos responsables de instituciones europeas, en particular el BCE, la anulación no está explícitamente prohibida por los tratados europeos. Por un lado, todas las instituciones financieras del mundo pueden renunciar a sus créditos y el BCE no es una excepción. En cambio, la palabra “cancelación” no aparece ni en el Tratado ni en el Protocolo sobre el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). Tal vez sería “contrario al espíritu del Tratado”, pero ¿no era también el caso del quantitative easing de Mario Draghi? En este asunto, solo cuenta la voluntad política: la historia nos ha demostrado muchas veces que las dificultades jurídicas se ven superadas por los acuerdos políticos.

Por último, queremos aclarar un malentendido: queda claro que la cancelación de la deuda pública por parte del BCE, aunque esté condicionada a su reinversión, no puede ser el alfa y el omega de cualquier política económica. En primer lugar, el BCE sólo intervendría para liberar el margen fiscal de los Estados miembros y, obviamente, no invertiría por sí mismo. Algunos piensan que las tasas de interés bajas o negativas en toda Europa son suficientes para empujar a los Estados a endeudarse para invertir. Esto no es lo que muestra la reducción constante del nivel medio de deuda pública en la Unión Europea entre 2015, cuando aparecieron las tasas negativas, y el inicio de la crisis sanitaria. Muchos Estados han reducido su nivel de endeudamiento en lugar de pedir préstamos para invertir, aunque las tasas sean negativas. ¿Por qué cambiaría esto? El pacto suscrito entre los Estados y el BCE impedirá esta estrategia de escape de responsabilidad. Pero, por supuesto, no será suficiente: hay que tomar otras medidas en materia de reforma de los criterios de deuda y déficit, de proteccionismo ecológico y solidario, de reformas fiscales destinadas a reducir el nivel de desigualdad… También hay que implementar una nueva gobernanza europea, en particular mediante la transición al voto por mayoría cualificada en asuntos fiscales.

Europa ya no puede permitirse el lujo de verse sistemáticamente bloqueada por sus propias normas. Otros Estados del mundo utilizan al máximo su política monetaria, en apoyo de la política fiscal, como China, Japón o Estados Unidos. El Banco de Japón utiliza su poder de creación monetaria para comprar acciones directamente en el mercado a través de fondos cotizados (ETF), convirtiéndose así en el mayor inversor del país. También deberíamos considerar la posibilidad de utilizar el poder de creación monetaria del BCE para financiar la reconstrucción ecológica y social bajo control democrático. La anulación de las deudas públicas que tiene, a cambio de inversiones de los Estados, sería un primer signo fuerte de que Europa está recuperando su destino.

Thomas Piketty es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Cristina Narbona es vocal de la junta directiva de Economistas Frente a la Crisis. Nacho Álvarez es secretario de Estado de Derechos Sociales y secretario de Economía de Podemos. Steve Keen es profesor de Economía y Finanzas en la Universidad de Kingston. Firman además este texto: (...)"

(Thomas Piketty. Cristina Narbona, Nacho Álvarez , El País, 05/02/21) 

21.8.26

Paul Krugman: están subiendo los tipos de interés en todo el mundo... es un problema real... pero no hay pruebas de que Estados Unidos se enfrente a una crisis de deuda inminente al estilo de la griega... es importante que la futura administración demócrata (suponiendo que tengamos elecciones libres y justas en 2028) no ceda al pánico ante la magnitud de la deuda federal... no creo que Estados Unidos se enfrente a una crisis de deuda... no creo que vayamos a sufrir una crisis económica generalizada provocada por la pérdida de confianza de los inversores en que el Gobierno estadounidense, fuertemente endeudado, no pagará lo que debe... a diferencia de Grecia, que forma parte de la zona del euro, la economía estadounidense funciona con dólares y la deuda pública estadounidense está denominada en dólares... Esto es importante porque resulta muy difícil plantear un escenario de crisis de deuda al estilo griego en un país que se endeuda en su propia moneda. Por lo que yo sé —y he estudiado el tema a fondo—, no hay ejemplos históricos en los que esto haya ocurrido... Y el mensaje para los demócratas es claro: no dejéis que la «gente muy seria» haga lo que le hicieron a Obama, utilizando el alarmismo sobre una crisis de deuda para bloquear una agenda progresista... No estoy diciendo que los demócratas deban actuar como Trump e ignorar alegremente la deuda y los déficits. Por supuesto que deben impulsar subidas de impuestos a las rentas más altas, cerrar las lagunas legales que aprovechan las multinacionales, reforzar la aplicación de la normativa por parte del IRS y otras medidas... nuestro déficit sería mucho más manejable si primero Bush y luego Trump no hubieran impuesto a toda costa recortes fiscales que favorecían enormemente a los estadounidenses con rentas altas... Por lo tanto, los demócratas deberían proponerse restablecer la progresividad del sistema fiscal estadounidense, lo que contribuiría tanto a revertir nuestro descenso hacia la oligarquía como a hacer que el déficit presupuestario sea más manejable... la lección de los años de Obama es que no deben dejarse intimidar

"Argumentos contra el pánico en el mercado de bonos... No dejemos que la «gente muy seria» socave la agenda progresista… otra vez

Ayer escribí sobre cómo están subiendo los tipos de interés en todo el mundo. Reconocí que el aumento de los tipos supone un problema real, pero sostuve que no hay pruebas de que Estados Unidos se enfrente a una crisis de deuda inminente al estilo de la griega. Hoy hablaré de por qué es importante que la futura administración demócrata (suponiendo que tengamos elecciones libres y justas en 2028) mantenga la perspectiva y no ceda al pánico ante la magnitud de la deuda federal.

Sí, tal y como nos dicen los titulares de todos los periódicos, la deuda de EE. UU. acaba de alcanzar los 40 billones de dólares —una cifra redonda y enorme, pero que, por lo demás, no tiene ningún significado especial—. Más relevante es la increíble irresponsabilidad de la administración Trump, con sus recortes fiscales sin financiación que benefician de forma abrumadora a los ricos, los miles de millones en gasto militar superfluo —¡rediseñar portaaviones porque a Trump no le gusta su aspecto!— y mucho más. Sin embargo, no creo que Estados Unidos se enfrente a una crisis de deuda. En concreto, no creo que vayamos a sufrir una crisis económica generalizada provocada por la pérdida de confianza de los inversores en que el Gobierno estadounidense, fuertemente endeudado, no pagará lo que debe.

 En la entrada de ayer respaldé esa afirmación citando datos de mercado que muestran que a los inversores les preocupa poco que Estados Unidos incumpla el pago de su deuda o que intente inflar el valor real de la misma para diluirla. Sin embargo, aunque esos datos son importantes, como han señalado algunos lectores, no son definitivos, ya que los mercados a menudo no ven venir ni siquiera las crisis previsibles. Algunos recordamos muy bien la complacencia del mercado respecto al sector inmobiliario en la década de los 2000, a pesar de que las señales de una burbuja gigantesca estaban por todas partes.

Pero a cualquiera que afirme que los mercados están pasando por alto una crisis de deuda inminente habría que pedirle que explicara cómo, exactamente, podría desarrollarse dicha crisis. No se valgan de las crisis de deuda que afectaron a Grecia y a otros países del sur de Europa alrededor de 2010, porque nuestra situación es muy diferente: a diferencia de Grecia, que forma parte de la zona del euro, la economía estadounidense funciona con dólares y la deuda pública estadounidense está denominada en dólares.

Esto es importante porque resulta muy difícil plantear un escenario de crisis de deuda al estilo griego en un país que se endeuda en su propia moneda. Por lo que yo sé —y he estudiado el tema a fondo—, no hay ejemplos históricos en los que esto haya ocurrido. La lógica detallada y técnica de por qué no somos ni hemos sido nunca Grecia se explica en un artículo que presenté en la conferencia anual de investigación del FMI hace algunos años.

 Sin embargo, la cuestión de si se avecinaba una crisis de deuda en EE. UU. era de gran relevancia en el momento en que presenté ese artículo. ¿Por qué? Porque los «gente muy seria» utilizaban historias alarmistas sobre una posible crisis de deuda para exigir medidas de austeridad fiscal que retrasaron la plena recuperación de la crisis financiera mundial hasta el final del mandato de Obama, por no hablar de que exigían recortes en Medicare y la Seguridad Social.

¿Quiénes eran los «gente muy seria»? Algunos eran republicanos decididos a sabotear a Obama. Otros eran centristas engreídos. Y los medios de comunicación desempeñaron un papel importante. Como escribió Ezra Klein en 2013:

    "Por razones que nunca he llegado a entender del todo, las normas de neutralidad periodística no se aplican cuando se trata del déficit. En esta cuestión concreta, a los periodistas se les permite apoyar abiertamente un conjunto concreto de soluciones políticas muy controvertidas."

Los VSP, también conocidos como los «reprensores de la deuda», guardaron un extraño silencio una vez que Trump asumió el cargo por primera vez. De alguna manera, los recortes fiscales que suponían una enorme pérdida de ingresos y que enriquecían aún más a los que ya eran ricos no les alarmaron tanto como el estímulo fiscal destinado a combatir el desempleo masivo.

 Pero si los demócratas controlan el Congreso y la Casa Blanca en 2029, puedes estar seguro de que la «gente muy seria» volverá.

Paul Waldman publicó recientemente un excelente artículo sobre este tema, en el que hacía una predicción:

    "Sabemos exactamente lo que va a pasar en cuanto se elija a un demócrata como presidente; de hecho, ya se sentarán las bases durante la campaña de 2028. De repente, el déficit se convertirá en un asunto urgente que los demócratas tendrán que abordar, objeto de una cobertura mediática interminable y de una falsa preocupación por parte de los republicanos. Los planes demócratas para programas como la sanidad se enfrentarán una vez más a la pregunta: «Pero, ¿cómo vais a pagarlo?». Se barajarán propuestas para crear nuevas comisiones que recomienden recortes presupuestarios drásticos. Los críticos profesionales del déficit, procedentes de organizaciones como el Instituto Peterson, se verán una vez más inundados de solicitudes de los medios de comunicación. Y como los demócratas desean desesperadamente que se les considere «gente seria», tienden a reaccionar diciendo: «Oh, sí, nos tomamos el déficit muy en serio y estamos comprometidos a abordarlo», para luego verse maniatados en su capacidad de gobernar."

Exactamente. Y el mensaje para los demócratas es claro: no dejéis que la «gente muy seria» haga lo que le hicieron a Obama, utilizando el alarmismo sobre una crisis de deuda para bloquear una agenda progresista.

No estoy diciendo que los demócratas deban actuar como Trump e ignorar alegremente la deuda y los déficits. Por supuesto que deben impulsar subidas de impuestos a las rentas más altas, cerrar las lagunas legales que aprovechan las multinacionales, reforzar la aplicación de la normativa por parte del IRS y otras medidas. Esto podría marcar una gran diferencia: tal y como han demostrado Jared Bernstein y Bobby Kogan, nuestro déficit sería mucho más manejable si primero Bush y luego Trump no hubieran impuesto a toda costa recortes fiscales que favorecían enormemente a los estadounidenses con rentas altas: (gráfico)

Por lo tanto, los demócratas deberían proponerse restablecer la progresividad del sistema fiscal estadounidense, lo que contribuiría tanto a revertir nuestro descenso hacia la oligarquía como a hacer que el déficit presupuestario sea más manejable. Pero la lección de los años de Obama es que no deben dejarse intimidar por las alarmistas advertencias sobre una crisis de deuda inminente. Estas advertencias eran totalmente erróneas hace 15 años, y seguirán siéndolo en 2029, incluso si los tipos de interés se mantienen relativamente altos.

En resumen, no hay que ceder al pánico por la deuda."

(Paul Krugman , blog, 20/08/26, traducción DEEPL, gráfico en el original)

7.7.26

La comunidad internacional debe centrarse en crear mecanismos exigibles que puedan brindarles a los países una mayor autonomía fiscal... La arquitectura actual de la deuda obliga a países como Malaui a destinar el 43% de sus ingresos al pago de intereses. Eso cambiaría si los deudores pudieran sentarse a la mesa... un mecanismo de la ONU podría imponer requisitos que obligaran efectivamente a todos los acreedores a seguir un proceso único. Entre ellos podrían figurar moratorias automáticas de los pagos una vez iniciadas las negociaciones de reestructuración, pérdidas comparables entre acreedores públicos y privados, y una evaluación independiente de la sostenibilidad de la deuda que considere el gasto de los prestatarios en salud y clima como un crédito preferente, en lugar de subordinado... Una convención ambiciosa establecería una tasa impositiva mínima efectiva sobre las sociedades que contrarrestara el traslado de beneficios y les exigiría a todos los países el intercambio automático de información financiera... La convención también debería establecer un impuesto coordinado sobre la riqueza extrema, similar al que propuso Brasil como parte de su presidencia del G20 en 2024. Un gravamen anual del 2% a los multimillonarios del mundo permitiría recaudar cientos de miles de millones de dólares para la inversión pública. Las herramientas existen; el problema es determinar quién las controlaría... Un proceso auspiciado por la ONU para identificar y anular las deudas contraídas mediante fraude o en contra del interés público trasladaría el riesgo a quien corresponde: a los prestamistas irresponsables, no a las personas que fueron estafadas... El orden internacional se ha convertido en un sistema que le exige a la mayoría global pagar por un conjunto de reglas que no ha redactado. Diseñar uno nuevo requiere poner el bolígrafo en sus manos (Jenny Ricks)

 "El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en su intervención en la primera reunión de la Movilización Progresista Global celebrada en abril, destacó la conexión entre democracia y dignidad material. Si los ciudadanos no creen que sus vidas vayan a mejorar, la democracia seguirá viéndose amenazada por populistas y otros autoritarios que esgrimen la falsa promesa de que solo ellos pueden mejorar la situación de la gente de a pie.

Asimismo, existe una creciente conciencia de las desigualdades arraigadas en el orden internacional. A menos que las personas que soportan el costo de las decisiones y acciones ajenas puedan influir en el sistema multilateral y exigir responsabilidades a los actores poderosos, el orden internacional se considerará injusto e ilegítimo.

Afortunadamente, está cobrando impulso un reordenamiento global. En mayo, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, presentó el informe “Contar lo que cuenta”, que aborda un punto ciego de larga data a la hora de medir el progreso. Si bien reconoció que el PIB sigue siendo un indicador importante, Guterres subrayó la necesidad de un sistema de contabilidad más sofisticado y humano que “alinee conscientemente los indicadores con nuestros objetivos reales, y no con medidas sustitutivas que empañen u oculten los desafíos a los que se enfrenta nuestro mundo”.

Sin embargo, a algunos les preocupa que los esfuerzos por diseñar un sistema multilateral en torno a la mayoría global acaben preservando la arquitectura existente, solo que con nuevas figuras decorativas. Para evitar que esto suceda, la comunidad internacional debe centrarse en crear mecanismos exigibles que puedan brindarles a los países una mayor autonomía fiscal.

¿Cómo se traduciría esto en la práctica? Para empezar, un marco vinculante de la ONU para la reestructuración de la deuda soberana trasladaría la elaboración de normas y la toma de decisiones de salas a puertas cerradas a espacios donde todos se sienten alrededor de la mesa. La arquitectura actual de la deuda obliga a países como Malaui a destinar el 43% de sus ingresos al pago de intereses. Eso cambiaría si los deudores pudieran sentarse a la mesa.

A diferencia del Club de París de acreedores soberanos, al que China no se ha adherido, o del Marco Común del G-20 para el Tratamiento de la Deuda, que se ha estancado porque la participación de los tenedores de bonos privados es voluntaria, un mecanismo de la ONU podría imponer requisitos que obligaran efectivamente a todos los acreedores a seguir un proceso único. Entre ellos podrían figurar moratorias automáticas de los pagos una vez iniciadas las negociaciones de reestructuración, pérdidas comparables entre acreedores públicos y privados, y una evaluación independiente de la sostenibilidad de la deuda que considere el gasto de los prestatarios en salud y clima como un crédito preferente, en lugar de subordinado.

En materia fiscal, las negociaciones sobre la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional constituyen una importante oportunidad para establecer reglas globales. (Si bien el Marco Inclusivo de la OCDE y del G-20 sobre la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios logró avances en la adopción de un impuesto corporativo global mínimo, las multinacionales estadounidenses han quedado eximidas desde entonces). Una convención ambiciosa establecería una tasa impositiva mínima efectiva sobre las sociedades que contrarrestara el traslado de beneficios y les exigiría a todos los países el intercambio automático de información financiera.

La convención también debería establecer un impuesto coordinado sobre la riqueza extrema, similar al que propuso Brasil como parte de su presidencia del G20 en 2024. Un gravamen anual del 2% a los multimillonarios del mundo permitiría recaudar cientos de miles de millones de dólares para la inversión pública. Las herramientas existen; el problema es determinar quién las controlaría.

Por último, la comunidad internacional necesita un mecanismo permanente para evaluar la legitimidad de los reclamos soberanos antes de que las poblaciones se vean obligadas a pagarlos. Cuando un fondo como el 1MDB de Malasia es saqueado por miles de millones de dólares con la ayuda de bancos líderes, que cobran comisiones exorbitantes por gestionar las emisiones de bonos y no se hacen responsables, la pérdida recae sobre los ciudadanos. Un proceso auspiciado por la ONU para identificar y anular las deudas contraídas mediante fraude o en contra del interés público trasladaría el riesgo a quien corresponde: a los prestamistas irresponsables, no a las personas que fueron estafadas.

Nada de esto se construye de arriba hacia abajo. Los mismos gobiernos que abogan por impuestos sobre la riqueza en el ámbito internacional suelen imponer medidas de austeridad o evitan gravar a los ricos en sus propios países, como es el caso de India, Brasil y Francia. Un nuevo orden internacional debe basarse en esfuerzos para cerrar esa brecha, lo cual requiere gobiernos que lideren con sus principios y ciudadanos que definan esas promesas y les exijan a sus líderes que las cumplan.

Los movimientos nacionales también obligan a los gobiernos a comportarse de manera diferente en la escena global, y los compromisos adquiridos allí quedan plasmados en papel hasta que existan sectores de la ciudadanía que los hagan cumplir. Por lo tanto, los ciudadanos deben organizarse al mismo tiempo en las capitales y en los centros de conferencias, porque un orden que responda a sus demandas solo puede lograrse en ambos frentes.

La empleada de limpieza que destina más de la mitad de su salario al desplazamiento al trabajo, el agricultor que no puede permitirse comprar fertilizantes y la trabajadora de cuidados cuyo trabajo nunca se refleja en las cuentas nacionales hoy reconocen que sus problemas, aparentemente dispares, son el síntoma de una falla estructural. El orden internacional se ha convertido en un sistema que le exige a la mayoría global pagar por un conjunto de reglas que no ha redactado. Diseñar uno nuevo requiere poner la pluma en sus manos.

La elección no es entre el antiguo orden y el caos, sino entre un nuevo orden construido en torno a la mayoría global y otro que simplemente sustituye a un grupo de figuras decorativas por otro ligeramente diferente. Los movimientos ciudadanos no son periféricos a este orden más equitativo; son su fuerza motriz. Estos grupos comprenden la verdadera dinámica de la economía mundial. El desafío ahora es garantizar que quienes diseñen las nuevas instituciones internacionales también lo hagan."

(Jenny Ricks is General Secretary of the Fight Inequality Alliance, Project Syndicate, 02/07/26)

20.6.26

De los generales a Milei: Argentina bajo la tutela de su deuda... En 1976, los militares argentinos derrocaron al gobierno de Isabel Perón, y multiplicó por seis su deuda externa – de 7,8 a 45 mil millones de dólares entre 1975 y 1983 – con la activa participación de grandes bancos comerciales europeos. El comienzo de un engranaje financiero sin fin, que explica incluso, cincuenta años después, la llegada al poder de Javier Milei, quien es su heredero ideológico... En julio de 2000, el juez federal argentino Jorge Ballestero concluyó que la deuda contraída por la junta es en gran parte ilegal. El magistrado identificó más de 470 actos ilícitos [8], entre los que se incluían préstamos forzosos a empresas estatales, la nacionalización de deudas privadas de grandes grupos industriales y la simultánea fuga de capitales – la deuda se evaporaba del país en el mismo momento en que se contraía. Esta sentencia no tuvo ninguna consecuencia penal internacional. Hasta la fecha, ninguna instancia judicial se ha ocupado de los archivos bancarios... En 1983, el presidente Raúl Alfonsín optó por asumir la deuda contraída por la junta. Esta transferencia, de los verdugos a sus víctimas, inauguró lo que se conoce como la "década perdida": planes de ajuste impuestos por el FMI, austeridad, colapso de los niveles de vida. Desde entonces, el endeudamiento cíclico se ha convertido en un instrumento de presión permanente sobre los gobiernos argentinos, cualquiera que sea su color político... Y así es como Javier Milei pudo acceder al poder para resolver una interminable crisis financiera heredada de la dictadura. Cuidándose mucho de señalar su origen: la deuda contraída bajo la dictadura. Más simple y eficaz culpar al último gobierno – de centro-izquierda – y a la derecha neoliberal que lo precedió, que reconocer el papel de una dictadura por la que nunca ha ocultado su simpatía (Mikaël Faujour)

"De generales a Milei: Argentina bajo la tutela de su deuda.

El 24 de marzo de 1976, los militares argentinos derrocaron al gobierno de Isabel Perón. Se sabe que la dictadura que siguió hizo desaparecer hasta treinta mil personas, pero no que multiplicó por seis su deuda externa – de 7,8 a 45 mil millones de dólares entre 1975 y 1983 – con la activa participación de grandes bancos comerciales europeos. El comienzo de un engranaje financiero sin fin, que explica incluso, cincuenta años después, la llegada al poder de Javier Milei, quien es su heredero ideológico.

**Índice**

- "Dominaron el terrorismo abierto, al precio de algunos derechos humanos."
- Bancos y Estados: una complicidad de doble nivel
- Deuda ilegal, impunidad duradera y rehabilitación de la junta

Hasta el golpe de Estado de 1976, la presencia de bancos extranjeros en Argentina se había mantenido estable durante más de un siglo. En 1863, el Bank of London and South America abrió el baile. De 1863 a 1975, una quincena de entidades se establecieron en el país. Luego, con la llegada al poder de la junta militar, las cosas se aceleraron y el número de bancos extranjeros pasó de 15 a 33 entre 1976 y 1982 [1].

El mecanismo se puso en marcha en julio de 1976, cuatro meses después del golpe. José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía nombrado por la junta – un hijo de la aristocracia terrateniente argentina, educado en Eton y Cambridge –, emprendió una gira europea para convencer a las grandes plazas financieras de prestar a Buenos Aires.

En Londres, fue recibido a cenar por los directivos de Lloyds Bank y Baring Brothers en el Brooks Club, uno de los clubes más "selectos" de la ciudad, e incluso apareció en la portada de Euromoney en septiembre de 1976. La revista financiera resumió entonces el estado de ánimo del sector: "Argentina ya no es un nombre que haga estremecer a los banqueros internacionales."

Resultado de esta gira: los bancos británicos prestaron 60 millones de dólares en pocas semanas [2]. Ese mismo año se organizó un préstamo global de 970 millones de dólares, en el que participaron bancos estadounidenses, canadienses, europeos y japoneses [3].

**"Dominaron el terrorismo abierto, al precio de algunos derechos humanos."**

Los archivos de los bancos europeos, hoy accesibles para los investigadores, atestiguan una conciencia perfectamente lúcida de la situación.

Ya en julio de 1976, Guy Huntrods, director de la división de América Latina de Lloyds Bank International, redactó un informe confidencial para los directivos del banco. En él se alegraba del derrocamiento del gobierno peronista y desestimaba las acusaciones de represión, "muy de moda en ciertos círculos demasiado propensos a emitir juicios superficiales y sesgados sobre países latinoamericanos cuyas formas de gobierno no encajan en el molde gris de la socialdemocracia".

Un año después, en septiembre de 1977, el presidente de Lloyds Bank, Sir Jeremy Morse, resumió su visita de tres días a Buenos Aires: "El gobierno militar ha dominado el terrorismo abierto a un cierto precio en materia de derechos humanos." Los resultados económicos le satisfacían más: los beneficios argentinos del banco se acercaban a los 10 millones de libras esterlinas.

La Société Générale no se quedó atrás. En marzo de 1980, su economista jefe, Yves Laulan, regresó de Argentina. En su informe interno, señaló que "la seguridad en Buenos Aires es notable, tanto de día como de noche" y concluyó: "Argentina sigue representando un buen riesgo-país para nuestro banco." Entre 1978 y 1980, los compromisos de la Société Générale en Argentina habían aumentado un 446%.

Barclays, por su parte, produjo en junio de 1977 un informe interno titulado "Regímenes opresivos en América Latina", que reconocía que "prácticamente todos los gobiernos sudamericanos son tiránicos". Esto no le impidió continuar sus actividades en la región. Las violaciones de los derechos humanos eran conocidas, documentadas en la prensa internacional y denunciadas por Amnistía Internacional desde los meses posteriores al golpe de Estado. "No se descubrieron las torturas al final de la dictadura", resume hoy Altamura.

En ocho años, unas 30.000 personas fueron secuestradas, torturadas en más de 500 centros de detención clandestinos – entre ellos la infame Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos Aires –, y luego arrojadas vivas al Río de la Plata o al mar desde aviones militares, o ejecutadas sin juicio. Cientos de bebés nacidos de madres detenidas fueron robados y entregados a otras familias; las Abuelas de Plaza de Mayo han recuperado hasta la fecha a más de 130 de ellos.

**Bancos y Estados: una complicidad de doble nivel**

Los bancos comerciales no fueron los únicos implicados. Apenas cinco meses después del golpe de Estado, en agosto de 1976, el FMI firmó un acuerdo de confirmación de 260 millones de dólares con la junta. En septiembre de ese mismo año, el Banco Mundial publicó un informe sobre Argentina – sin la más mínima mención a los derechos humanos [4]. En mayo de 1978, durante una reunión del consejo del Banco Mundial sobre un préstamo de 60 millones de dólares a Buenos Aires, un administrador intentó mencionar las "condiciones sociales" del país. Robert McNamara, presidente de la institución, zanjó: "Nos estamos desviando de la cuestión que nos ocupa, que es este proyecto específico" [5].

El caso francés revela una imbricación aún más directa entre bancos y poder político. Nacionalizados desde 1945, el Crédit Lyonnais y la Société Générale fueron, durante todo el período 1976-1983, entidades públicas. Cuando estos bancos prestaban a Buenos Aires, era, por tanto, el Estado francés el que financiaba a la junta.

Como establecen Altamura y Flores Zendejas a partir de los archivos bancarios, "los grandes bancos franceses tenían al Estado como accionista único y veían cómo sus decisiones de préstamo eran a menudo impuestas directamente por el Ministerio de Finanzas […, de modo que] negarse a ciertos préstamos era casi imposible" [6]. La presión adoptaba formas explícitas: en 1980, Philippe Lagayette, director del Tesoro, advirtió a las entidades reacias que "el ministro no olvidaría a los bancos que se hubieran negado a participar".

En mayo de 1980, Martínez de Hoz fue recibido en París por el presidente Valéry Giscard d'Estaing y se reunió con los ministros de Industria, Comercio Exterior y Economía. La embajada británica comentó: Francia, "con su conocida voluntad de aumentar sus exportaciones, está a la vanguardia de los países dispuestos a hacer negocios con Argentina". Estos negocios incluían la venta de armas: aviones de combate y misiles Exocet entregados a Buenos Aires, financiados mediante operaciones bancarias garantizadas por el Estado a través de la Compañía Francesa de Seguros para el Comercio Exterior (Coface). La armada argentina figuraba en el sexto lugar entre los deudores del país, con más de dos mil millones de dólares prestados por los bancos comerciales.

En 1983, el Banco de Pagos Internacionales reconoció en su informe anual que, si bien las autoridades de supervisión fomentaban la moderación de los préstamos, "los gobiernos no siempre se oponían a solicitar la participación de los bancos en las financiaciones vinculadas a las exportaciones" [7].

**Deuda ilegal, impunidad duradera y rehabilitación de la junta**

En julio de 2000, el juez federal argentino Jorge Ballestero dictó su veredicto en el caso iniciado por el periodista Alejandro Olmos ya en 1982. Su conclusión fue contundente: la deuda contraída por la junta es en gran parte ilegal. El magistrado identificó más de 470 actos ilícitos [8], entre los que se incluían préstamos forzosos a empresas estatales, la nacionalización de deudas privadas de grandes grupos industriales y la simultánea fuga de capitales – la deuda se evaporaba del país en el mismo momento en que se contraía. Esta sentencia no tuvo ninguna consecuencia penal internacional. Hasta la fecha, ninguna instancia judicial se ha ocupado de los archivos bancarios revelados por investigadores como Carlos Edoardo Altamura.

El paralelismo entre Javier Milei, favorito de los "liberales" contemporáneos, y Martínez de Hoz viene a la mente y evoca una profunda continuidad histórica. Este último había seguido siendo "el hombre de las manos limpias" de la junta: educado en las mejores instituciones británicas, admirado por los banqueros de Wall Street y la City, había convertido a la dictadura en un interlocutor creíble para las finanzas internacionales – hasta el punto de que el magnate David Rockefeller lo saludaba públicamente como uno de los "grandes ministros de Economía" argentinos. Su foto en la portada de Euromoney en 1976 era – salvando las distancias – lo que hoy representa la cobertura mediática favorable a Javier Milei en la prensa financiera anglosajona. "Cuando Milei habla en Davos, muestra el vínculo entre las élites internacionales para defender un modelo económico que no beneficia a las poblaciones locales, con un modelo centrado en lo extranjero más que en lo doméstico", observa Altamura.

En 1983, el presidente Raúl Alfonsín optó por asumir la deuda contraída por la junta – una deuda que los acreedores se negaron a cuestionar. Esta transferencia, de los verdugos a sus víctimas, inauguró lo que se conoce como la "década perdida": planes de ajuste impuestos por el FMI, austeridad, colapso de los niveles de vida. Desde entonces, el endeudamiento cíclico se ha convertido en un instrumento de presión permanente sobre los gobiernos argentinos, cualquiera que sea su color político.

Y así es como Javier Milei, economista de televisión perentorio, que cultiva una imagen de rebelde "antisistema", pudo acceder al poder para resolver una interminable crisis financiera heredada de la dictadura. Cuidándose mucho – ¿acaso es capaz siquiera? – de señalar su origen: la deuda contraída bajo la dictadura. Más simple y eficaz culpar al último gobierno – de centro-izquierda – y a la derecha neoliberal que lo precedió (aunque sea convocando a figuras de esta última para que le apoyen en la segunda vuelta y luego ejerzan el poder...) que reconocer el papel de una dictadura por la que nunca ha ocultado su simpatía. A finales de la década de 1990, había trabajado como asesor político de un diputado que más tarde fue condenado por crímenes de lesa humanidad; su vicepresidenta, Victoria Villarruel, ha hecho de la rehabilitación de la dictadura la lucha de su vida; y el negacionismo se ha impuesto desde la cúpula del Estado tras su llegada al poder.

Un último hecho también merece ser mencionado. Bajo Milei, los presupuestos para la investigación en ciencias sociales han caído drásticamente. Así, la historiadora Victoria Basualdo, que dirigía una de las principales redes internacionales de investigadores sobre la represión y la complicidad empresarial durante la dictadura, vio interrumpido su programa al cabo de un año. Un ejemplo entre otros...

El país que aún paga las deudas de su dictadura destruye también, con un presidente que reivindica su herencia, las herramientas intelectuales que permiten comprenderla. 

Notas:

[1«  Friends in High Places  ? International Banks and the Argentinian Military Dictatorship  », Carlos Edoardo Altamura, Journal of Contemporary History, 2025.

[2«  Global Banks and Latin American Dictators, 1974-1982  », Carlo Edoardo Altamura, Business History Review, 2021.

[3«  Dirty War/Dirty Loans  », mémoire de master de David Spector, Harvard, 2026.

[4Argentina : Economic Memorandum, Banque mondiale, cité par David Spector, op. cit.

[5Procès-verbal du conseil de la Banque mondiale, cité par David Spector, op. cit.

[6«  Politics, International Banking, and the Debt Crisis of 1982  », Carlos Edoardo Altamura et Juan Flores Zendejas, Business History Review, vol. 94, n° 4, 2021.

[7BRI, Rapport annuel 1983, cité par Altamura et Flores Zendejas, art. cit.

[8«  El frente de la deuda externa en los añosde Alfonsín (1983-1985) : de la estrategiade integración internacional a laspresiones en la economía nacional  », Ignacio Andrés Rossi, Travesía, vol. 24, nº 2, juillet-décembre 2022. " 

( Mikaël Faujour , CADTM, 19/06/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original, fuente  Elucid )

23.5.26

La crisis financiera mundial de 2026: La escasez de petróleo está elevando los niveles de los precios de las materias primas, pero esto no es consecuencia de un aumento del empleo o de unos niveles salariales más altos que incrementen la demanda... Es el resultado de la guerra de Trump para mantener el control del comercio mundial del petróleo en manos de Estados Unidos... el aumento de los precios del petróleo obligarán a cerrar a importantes industrias en todo el mundo... aumentando el paro y los impagos de sus deudas... El resultado será una deflación de los mercados y de la «demanda» de los consumidores, así como una ola de impagos de deuda... volveremos a la situación de 2009, pero sin ninguna oportunidad de acumular aún más deuda, tal y como se ha venido haciendo durante los últimos 17 años... La gran pregunta que hay que plantearse es cuánto tiempo podrá la economía estadounidense soportar tipos de interés a largo plazo superiores al 5 % para los bonos del Tesoro a 30 años... ¿Cómo pueden refinanciarse estas deudas a los tipos que se avecinan? La solución debe provenir de fuera del sistema de mercado. Y eso es algo que ni la economía académica ni la ideología de relaciones públicas de los mercados libres han reconocido... El futuro exigirá pensar en lo impensable. Requiere reconocer que las deudas que no se pueden pagar y no se pagarán (Michael Hudson)

"La crisis financiera mundial de 2026

Trump amenaza con intensificar su guerra contra Irán, y este país está dispuesto a destruir la capacidad de producción y transporte de petróleo de los países árabes de la OPEP que no actúen para detener el ataque estadounidense. El resultado será agravar la depresión mundial que ya está en marcha.

Sin embargo, el mercado bursátil ha seguido subiendo, al igual que los tipos de interés. Estos últimos no pueden mantenerse al alza sin provocar el colapso de los mercados inmobiliario y bursátil.

No obstante, los medios de comunicación y muchos inversores consideran que los tipos de interés suben para compensar a los inversores por el riesgo de inflación.

La realidad es que unos tipos de interés más altos aumentarán la incapacidad de la economía para hacer frente al colapso que ya está en marcha.

¿Cómo surgió el mito de que los tipos de interés suben en respuesta a la inflación de precios?

La justificación moral es proteger el poder adquisitivo de los créditos de los acreedores sobre los deudores, medido por el poder adquisitivo de los créditos sobre los precios al consumo.

La pretensión es que los acreedores utilizan los ingresos por intereses para adquirir bienes y servicios. Pero ya en el siglo XVIII, los críticos de la financiación mediante deuda reconocieron que los tenedores de bonos reinvierten la mayor parte de su dinero en nuevos préstamos.

Cuando gastan parte de sus ingresos por intereses en la «economía real» no financiera, lo hacen principalmente para adquirir inmuebles de prestigio, sobre todo en los principales centros financieros, y en segundo lugar en bienes de lujo —importados principalmente de Italia a mediados del siglo XVIII, al igual que hoy en día.

En el siglo XIX, los acreedores buscaron alguna excusa para justificar sus cobros de intereses, describiéndolos como una compensación por el riesgo de que pudieran sufrir una pérdida debido al impago de los préstamos o a una merma de su poder adquisitivo sobre bienes y servicios a medida que subían los precios —y, más concretamente, sobre la mano de obra que producía dichos productos.

Economistas austriacos como Böhm-Bawerk llegaron incluso a afirmar que el interés era un pago por el «servicio» de abstenerse de consumir sus ingresos, pero utilizando la «preferencia temporal» para consumir más más adelante.

Tener que pagar intereses se presentaba así como el precio de la «impaciencia».

Era como si los asalariados («consumidores») tuvieran la opción de abstenerse de endeudarse, careciendo de prudencia al hacerlo. 

Esto llevó a Marx a bromear diciendo que los banqueros Rothschild debían de ser la familia más abstinente de Europa. Era como si no existiera un sector financiero de banqueros y tenedores de bonos que actuara independientemente de la economía de la producción y el consumo.

Subir los tipos de interés para frenar el empleo y mantener bajos los salarios

La lógica más reciente del siglo XX es la de Paul Volcker cuando subió los tipos de interés por encima del 20 % al final de la administración Carter en 1980.

Consideraba que los salarios subían como resultado de la política fiscal de «pan y mantequilla» de la Guerra de Vietnam, denominada keynesianismo militar en una época en la que el objetivo era aumentar los beneficios, la inversión y el empleo. 

Volcker, antiguo banquero de Chase Manhattan, quería aumentar el desempleo para evitar que los salarios siguieran subiendo. Consiguió provocar una crisis cuando los tipos de interés bancarios subieron al 20 %.

Obviamente, ese no es el objetivo de la subida actual de los tipos de interés. Pero ese es el efecto. 

Y esto es justo lo contrario de compensar el riesgo. Aumenta drásticamente el riesgo económico en toda la economía, no solo para la industria y el empleo, sino también para el sector financiero. 

Eso es lo que hace que los elevados precios actuales del mercado bursátil resulten tan desconcertantes, ya que parecen basarse simplemente en un enfoque cortoplacista centrado en la oleada de rumores difundidos por la Administración Trump sobre la probabilidad de que la paz en el Golfo Pérsico restablezca el feliz status quo ante.

Los gobiernos bajan los tipos de interés principalmente para aumentar los precios de la riqueza financiera apalancados por la deuda

La ficción que sustenta la idea de que el aumento de los tipos de interés frenará la inflación de precios al reducir la creación de crédito bancario y, por ende, la inversión y el empleo.

La ficción se basa en el mito de que los bancos ayudan a la economía industrial creando crédito para prestarlo a las empresas con el fin de expandir la economía. Pero eso no es lo que hacen los bancos en el marco del capitalismo financiero.

Conceden préstamos contra activos ya existentes y disponibles para ser pignorados como garantía, con el propósito de comprar más inmuebles, bonos y acciones. El efecto de estos préstamos es inflar los precios de los activos, no los precios al consumo.

Los gobiernos y sus bancos centrales pueden fingir que están bajando los tipos de interés para estimular la economía, pero la razón fundamental es volver a inflar los precios de los valores financieros y los inmuebles.

Ese es, al fin y al cabo, el objetivo principal del capitalismo financiero actual. Su objetivo de aumentar las fortunas mediante la generación de ganancias en los precios de los activos apalancadas por la deuda ha convertido a las economías en una gran estafa piramidal.

Esta política está abocada al fracaso, ya que evitar que bajen los precios de las garantías en poder de los bancos y otros acreedores —lo que provocaría una pérdida de las ganancias en los precios de los activos financiarizados— exige que la economía asuma cada vez más deuda.

La respuesta de la Reserva Federal de EE. UU. a la crisis bancaria de las hipotecas basura de 2008 es reveladora de cómo el Gobierno podría intentar hacer frente a la próxima crisis financiera.

Los precios de los activos inmobiliarios y de la deuda corporativa se estaban desplomando debido a los impagos de las hipotecas basura y a la red de malas apuestas de casino en derivados financieros. La respuesta de la administración Obama fue poner en marcha la política de tipos de interés cero (ZIRP).

La Reserva Federal rescató a los bancos del patrimonio negativo cargando el sistema bancario —y, a través de él, los mercados financieros— con apalancamiento de deuda a bajo interés.

El resultado fue el mayor auge del mercado de bonos de la historia, pero no un auge para la industria y el empleo. Una economía estadounidense en forma de K vio cómo la riqueza del 1 % (y, en menor medida, del resto del 10 %) aumentaba drásticamente, pero la economía industrial ha seguido sufriendo su largo declive, ya que los salarios y los beneficios industriales se están destinando al sector FIRE: finanzas, seguros (incluido el seguro médico bajo la Obamacare privatizada) e inmobiliario.

La ingeniería financiera de la «recuperación» de los precios de los activos tras 2008 —en el sector inmobiliario, de acciones y de bonos— ha dejado a la economía tan altamente apalancada por la deuda que hay poco margen para una recesión económica provocada por las interrupciones del comercio de petróleo y gas de la OPEP. 

La escasez de petróleo está elevando, en efecto, los niveles de los precios de las materias primas, pero esto no es consecuencia de un aumento del empleo o de unos niveles salariales más altos que incrementen la demanda.

Es el resultado de la guerra de Trump para mantener el control del comercio mundial del petróleo en manos de Estados Unidos. Irán ha respondido afirmando que, si otras naciones no actúan para detener el ataque de Trump, Irán destruirá la producción petrolera árabe y el mundo entero pagará el precio de verse empujado a una prolongada depresión económica.

Y gran parte del mundo se ha mantenido al margen, como si creyera que Estados Unidos puede conquistar Irán tal y como hizo con Venezuela y, de alguna manera, restablecer las relaciones normales bajo el control estadounidense y evitar una depresión mundial.

Se dice que Trump está pensando en un último gran ataque aéreo. Independientemente de que esto ocurra o no, ahora es obvio que el efecto de la escasez mundial de petróleo y el consiguiente aumento de los precios del petróleo obligarán a cerrar a importantes industrias en todo el mundo: productores químicos, empresas de fertilizantes y mineras que dependen del ácido sulfúrico, usuarios de energía como los productores de aluminio y vidrio, fabricantes de plásticos que necesitan nafta (y los hogares que necesitan energía para calefacción, iluminación y transporte).

Las cadenas de producción de estas empresas se verán interrumpidas en puntos críticos, lo que las obligará a despedir a sus empleados y a cerrar, ya que no podrán seguir produciendo ni obteniendo beneficios.

Esto también significa que dichas empresas no podrán cumplir con sus obligaciones de servicio de la deuda programadas frente a sus bonistas y banqueros, por no hablar de la necesidad de detener sus programas de recompra de acciones. Eso es lo que ocurre en una depresión.

El resultado no será solo una deflación de los precios, sino también una deflación de los mercados y de la «demanda» de los consumidores, así como una ola de impagos de deuda.

Esto amenaza con una transferencia de garantías y otros activos de los deudores a los acreedores, cuyos problemas para cobrar podrían, no obstante, dejarlos con un patrimonio neto negativo.

Así pues, volveremos a la situación de 2009, pero sin ninguna oportunidad de acumular aún más deuda para permitir que las economías «salgan de la deuda mediante nuevos préstamos», tal y como se ha venido haciendo durante los últimos 17 años.

El aumento de los tipos de interés es una solución insostenible para la inminente depresión actual

La gran pregunta que hay que plantearse es cuánto tiempo podrá la economía estadounidense soportar tipos de interés a largo plazo superiores al 5 % para los bonos del Tesoro a 30 años, al 4,6 % o más para los bonos a 10 años y en torno al 7 % para los préstamos hipotecarios. Muchos préstamos para inmuebles comerciales y también de capital riesgo vencen pronto y deben renovarse.

¿Cómo pueden refinanciarse estas deudas a los tipos que se avecinan? Además, la nueva construcción y la venta de inmuebles se verán limitadas por la incapacidad de los nuevos prestatarios para hacer frente a los mayores costes de financiación de las viviendas u otras propiedades.

El Gobierno intentará hacer lo que suele hacer: rescatar al sector financiero, no a la economía «real», que ya está siendo crucificada en una cruz de deuda. Pero los gobiernos no están tomando medidas para proteger los salarios y el nivel de vida de los trabajadores, ni siquiera la solvencia de su industria.

Los bancos centrales pretenden salvar al sector financiero, es decir, la riqueza financiarizada que se ha inflado mediante el apalancamiento de la deuda, a medida que los precios de los inmuebles, las acciones y los bonos se han disparado gracias al crédito.

Pero la Reserva Federal ya ha estado adquiriendo una enorme cantidad de bonos del Tesoro para financiar el creciente déficit presupuestario de Trump.

¿Cómo responderán los votantes ante una administración que favorece al 1 % más rico mientras deja que el resto de la economía sufra?

¿Cómo debería reaccionar Occidente ante un problema de este tipo si viviéramos en un mundo ideal?

Existe una solución ancestral para mitigar una crisis económica derivada de las interrupciones en las cosechas, y es aplicable a la actual interrupción del comercio mundial de energía. Pero esa solución no forma parte de la forma en que la civilización occidental afronta el aumento de la deuda.

Las leyes de Hammurabi, de alrededor del 1750 a. C., ejemplificaban cómo Mesopotamia y otras civilizaciones de Asia Occidental hacían frente a tales interrupciones en la producción desde el tercer milenio hasta el primer milenio a. C., restableciendo el orden económico durante miles de años.

Hammurabi dictaminó que si el dios de la tormenta Adad provocaba una mala cosecha como consecuencia de una inundación o una sequía, se cancelarían las deudas que los agricultores hubieran contraído durante el año agrícola y que esperaban pagar en la era pública en el momento de la cosecha. (Muchas de esas deudas eran con el palacio y su burocracia, por lo que esto no provocó una revuelta de acreedores enfurecidos. Las deudas comerciales entre mercaderes se mantuvieron intactas; solo se cancelaron las deudas de grano contraídas por la población agraria afectada.)

De no haberse cancelado estas deudas personales, la población agraria de Babilonia habría quedado sometida a la servidumbre por deudas frente a los acreedores y habría perdido sus derechos de tenencia de la tierra frente a lo que se habría convertido en una oligarquía acreedora emergente. He descrito todo esto en «… y perdona sus deudas» y en Temples of Enterprise.

Tales cancelaciones de deuda por parte de los gobernantes ante desastres naturales permitieron a las economías de Asia Occidental evitar el surgimiento de oligarquías de acreedores.

Pero las sociedades occidentales nunca han tenido gobernantes centrales de ese tipo, ya fuera una «realeza divina» o emperadores confucianos, que impidieran que tales oligarquías tomaran el control de los gobiernos y provocaran un descontento público generalizado.

Tal y como he descrito este fracaso de la civilización occidental en mi Collapse of Antiquity, todos los gobiernos occidentales han sido oligarquías (como señaló Aristóteles), y estos caen invariablemente en la codicia y la adicción a la riquezaque polariza las economías entre acreedores y deudores, terratenientes y arrendatarios, lo que conduce a un colapso económico como el de Roma.

Perspectivas para las economías estadounidenses y extranjeras actuales ante la crisis del petróleo

Los mercados financieros actuales parecen esperar que la Reserva Federal siga su habitual reacción instintiva ante el aumento de los precios al consumo subiendo los tipos de interés.

Como se ha señalado anteriormente, se supone que esto frenará la economía y creará un «ejército de reserva de desempleados» para mantener bajos los salarios al provocar dificultades económicas. 

Pero la economía estadounidense no se encuentra en auge ni prospera. Tanto esta como otras economías ya se encuentran en dificultades como consecuencia de la inminente crisis del petróleo y la energía.

Además de que las empresas están reduciendo su producción, los propietarios de inmuebles comerciales y viviendas se enfrentan al vencimiento de las hipotecas inmobiliarias.

El aumento de los tipos de interés elevará el coste de la refinanciación de estas hipotecas y otras deudas más allá de la capacidad de pago de los deudores, cuyos ingresos están disminuyendo.

El resultado amenaza con ser una vasta transferencia de propiedades de los deudores a los acreedores. Por lo tanto, Estados Unidos y Europa Occidental podrían experimentar algo similar a lo que vivieron los países asiáticos en su crisis monetaria de 1997-1998. Eso supondría una bonanza para que los fondos buitre se abalanzaran y adquirieran inmuebles y empresas a precios de saldo.

Nadie propone una solución «babilónica» de suspender el servicio de la deuda para las economías que no pueden pagar a escala de toda la economía. Los sistemas jurídicos occidentales, orientados a los acreedores, exigen una transferencia de la propiedad, ya que los bancos y los tenedores de bonos se hacen cargo de las garantías que se han pignorado por la deuda o de los bienes que los deudores se ven obligados a vender.

Gran parte de estas garantías consisten en créditos de otras empresas de toda la economía, por lo que la crisis engullirá todo el sistema social y político.

Esto es lo que se vislumbraba ya en 2008-2009, cuando la crisis de las hipotecas basura y el fraude bancario provocó un colapso de los precios inmobiliarios. Pero el esquema Ponzi de la economía, consistente en aumentar la riqueza mediante el apalancamiento de la deuda mediante la concesión de nuevo crédito, ha llegado a su límite.

Ahora podemos ver que el largo periodo de bonanza desde 1945, que parecía una serie de ciclos económicos autocorrectivos, ha sido un desvío fallido del capitalismo financiero respecto al capitalismo industrial, que carece de fuerzas de mercado autocorrectivas automáticas.

La solución debe provenir de fuera del sistema de mercado. Y eso es algo que ni la economía académica ni la ideología de relaciones públicas de los mercados libres (es decir, las economías desreguladas y privatizadas al estilo Thatcher-Reagan) han reconocido.

El futuro exigirá pensar en lo impensable. Requiere reconocer que las deudas que no se pueden pagar y no se pagarán." 

(Michael Hudson, Observatorio de la crisis, 22/05/26)