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22.4.26

Thomas Piketty: 1789, 1945, 2026: Tres crisis de deuda... La primera lección de esta larga historia es que hay varias formas de salir adelante, incluso en pocos años y con deudas más elevadas que las actuales... Tanto en 1920 como en 1945, la deuda pública francesa superó en ambas ocasiones el 200 % del producto interior bruto, el nivel más alto registrado hasta la fecha. En ambos casos, la deuda se redujo considerablemente en pocos años, con una miríada de exacciones excepcionales sobre los más ricos, al igual que en 1789... en 1945, se adopta un impuesto en Alemania con un tipo que alcanza el 50 % sobre los patrimonios más elevados, y en Japón del 90 %... Pasemos al año 2026. Nadie sabe cuándo llegará la crisis... La idea de que el ajuste se llevará a cabo gravando discretamente a las clases medias y populares (a través de los impuestos o de la inflación) o reduciendo los servicios públicos y las prestaciones sociales a las que tienen derecho, no resiste un análisis riguroso. Al igual que en 1789 y 1945, los gobernantes no tendrán más remedio que recurrir a los más ricos, y esto deberá hacerse con tipos impositivos mucho más elevados que el impuesto mínimo del 2 % sobre los ultra ricos que se debatió el otoño pasado. Terminemos con una nota optimista. Francia nunca ha sido tan rica, en gran parte gracias a la igualación de condiciones. Los patrimonios privados están floreciendo, cuando en 1945 estaban exangües. Si logramos superar el conservadurismo político imperante, es posible encontrar colectivamente soluciones justas y eficaces que nos permitan volver a avanzar

 "Al igual que muchos países, Francia no es ajena a las crisis de deuda pública. Se pueden distinguir tres grandes episodios: 1789, 1945 y 2026. La primera lección de esta larga historia es que hay varias formas de salir adelante, incluso en pocos años y con deudas más elevadas que las actuales. Pero esto siempre pasa por grandes convulsiones políticas, a la altura de los intereses contradictorios en juego.  

Retrocedamos en el tiempo. La primera gran crisis de la deuda es, por supuesto, la que condujo a la Revolución Francesa. Incapaz de hacer pagar impuestos a las clases privilegiadas, el Antiguo Régimen acumuló una deuda considerable —aproximadamente un año de renta nacional, una cantidad cercana al nivel actual, pero en un contexto en el que la economía estaba poco monetizada y los impuestos no superaban unos pocos puntos porcentuales de la producción anual. 

 Luis XVI acabó convocando a los Estados Generales para salir del punto muerto. Ya se sabe lo que pasó después: fin de los privilegios, implantación de un sistema fiscal universal que gravaba todas las propiedades (impuesto sobre la propiedad y sobre sucesiones, lamentablemente proporcional y no progresivo, a pesar de las innovadoras propuestas ya formuladas en aquella época) y, sobre todo, nacionalización sin compensación de los bienes eclesiásticos, que se subastaron para sanear las arcas. En la práctica, las clases nobles y burguesas que poseían títulos de la deuda pública se convirtieron a menudo en los nuevos propietarios de los bienes de la Iglesia. Para gran disgusto de los campesinos pobres, que esperaban que la Revolución les permitiera por fin acceder a la tierra y dejar de trabajar para otros.  

La segunda gran crisis de la deuda tuvo lugar tras las guerras mundiales. Tanto en 1920 como en 1945, la deuda pública francesa superó en ambas ocasiones el 200 % del producto interior bruto, el nivel más alto registrado hasta la fecha. En ambos casos, la deuda se redujo considerablemente en pocos años, con una miríada de exacciones excepcionales sobre los más ricos, al igual que en 1789. 

En 1920, una de las mayorías más conservadoras de la historia de la República, el Bloque Nacional —procedente de las corrientes políticas que hasta 1914 se oponían al impuesto sobre la renta del 2 %—, acabó votando a favor de un tipo impositivo del 72 % para los más ricos. Prueba, si es que hace falta alguna, de que a veces es difícil prever desde la oposición lo que se hará en el poder, y de que el peso del contexto histórico puede conducir a innovaciones imprevistas. Lamentablemente, el Senado —que bajo la Tercera República usa y abusa de su derecho de veto sobre toda la legislación (tanto sobre el presupuesto como sobre el voto de las mujeres)— bloquea en 1925 el proyecto de gravar con un 10 % el capital privado, aprobado por el Cartel de las Izquierdas. Sin embargo, era la única forma de resolver el problema de la deuda sin inflación, que en el fondo no es más que un impuesto injusto y regresivo sobre las clases medias y populares.   

 En 1945, las relaciones de poder cambiaron. La deuda volvía a superar el 200 % del PIB, pero el Senado había perdido su derecho de veto, y la Asamblea Nacional, de mayoría de izquierdas, aprobó sin oposición un impuesto de solidaridad nacional (ISN) que gravaba con un tipo del 20 % los patrimonios más elevados y alcanzaba hasta el 100 % en el caso de quienes habían experimentado un enriquecimiento nominal entre 1938 y 1945. El ISN puede pagarse en títulos, que se ingresan entonces en las «sociedades de inversión nacional» (una especie de fondo soberano de la época) creadas a tal efecto. En la práctica, sin embargo, la inflación atenúa los efectos del ISN, que resulta menos eficaz que el impuesto equivalente adoptado en Alemania (con un tipo que alcanza el 50 % sobre los patrimonios más elevados) y en Japón (90 %).  

Pasemos al año 2026. Nadie sabe cuándo llegará la crisis. Es posible que los tipos de interés reales, históricamente muy bajos, de los que se benefician actualmente los países ricos (en parte debido al exceso de ahorro mundial y en parte debido a un sistema financiero que los favorece) se mantengan durante algún tiempo. Pero es probable que acaben subiendo, en cuyo caso la crisis será brutal. La idea de que el ajuste se llevará a cabo gravando discretamente a las clases medias y populares (a través de los impuestos o de la inflación) o reduciendo los servicios públicos y las prestaciones sociales a las que tienen derecho no resiste un análisis riguroso. 

 Al igual que en 1789 y 1945, los gobernantes no tendrán más remedio que recurrir a los más ricos, y esto deberá hacerse con tipos impositivos mucho más elevados que el impuesto mínimo del 2 % sobre los ultra ricos que se debatió el otoño pasado, y que, lógicamente, debería haberse aprobado por unanimidad. Quienes repiten sin cesar que un gravamen tan minúsculo sería una expropiación no hacen más que poner de manifiesto su rechazo a cualquier debate sereno y racional, basado en la historia. Al dedicar tanta energía a defender los intereses de los poderosos, contribuyen a desviar la ira social hacia los conflictos identitarios y los discursos antimigrantes y antipobres. Esto no resolverá nada en absoluto (los miles de millones no están en ese lado) y solo retrasará el momento de la verdad, pero puede ocupar la atención política durante un tiempo, causando mientras tanto daños considerables. Más allá de los juegos de roles de unos y otros, la realidad es que nacionalistas y liberales tienen intereses comunes y nos están llevando a lo peor.  

 Terminemos con una nota optimista. Francia nunca ha sido tan rica, en gran parte gracias a la igualación de condiciones, a las infraestructuras colectivas y a la democratización social y educativa que se han producido a lo largo de un extenso período. Los patrimonios privados están floreciendo, cuando en 1945 estaban exangües. Los fundamentos económicos son mucho más favorables que en crisis anteriores. Si logramos superar el conservadurismo político imperante, es posible encontrar colectivamente soluciones justas y eficaces que nos permitan volver a avanzar. "

(Thomas Piketty , blog, 14/04/26, traducción DEEPL, enlaces en el original)

4.12.25

Tenía ganas de leer algo así: La economía española, en proceso de desendeudamiento... La deuda pública está estabilizada, la deuda privada se reduce con gran intensidad y la deuda externa de España está en su cifra más baja desde hace 25 años... Estamos reduciendo —de forma intensa y rápida— el elevado nivel de deuda que se disparó en la década de la austeridad... en 2025 la deuda pública es del 103,4% del PIB, esto es, prácticamente la misma cifra que hace diez años... La mayor transferencia de fondos del Gobierno central —gracias al aumento de los ingresos públicos— explica la reducción en tres puntos de la deuda autonómica... en 2025, la deuda privada está en su cifra más baja desde hace 25 años... Los hogares están destinando una parte significativa del aumento de su renta —tienen más ingresos porque hay más gente trabajando y con mejores empleos y salarios— a desendeudarse... Y lo mismo está sucediendo con las empresas, que están reduciendo su deuda todavía con más rapidez e intensidad... Este desendeudamiento de las empresas y las familias permite que también se reduzca la deuda externa de nuestro país. Nuestra deuda neta con el exterior equivale al 44% del PIB, su cifra más baja desde 2001. En 2019 la deuda neta de España con acreedores extranjeros era del 72 % del PIB. Por lo tanto, en estos cuatro años se ha reducido en casi 30 puntos, gracias a los saldos positivos de nuestro sector exterior... conformando así un proceso de saneamiento del elevado nivel de deuda acumulado en la década anterior (Manuel Lago)

 "Uno de los bulos más recurrentes de la derecha sobre la economía española es que crecemos dopados por la deuda, esto es, que nuestro PIB crece por una supuesta explosión del endeudamiento. La realidad es exactamente la contraria: España está en un intenso proceso de desendeudamiento, tanto público como privado. Estamos reduciendo —de forma intensa y rápida— el elevado nivel de deuda que se disparó en la década de la austeridad.

Empecemos por el análisis de la deuda pública, la que es responsabilidad del conjunto de las administraciones. En 2008, la deuda pública era equivalente al 40% del PIB, pero se disparó hasta el 102,5% en 2015.  A pesar de los recortes del gasto, de la mal llamada austeridad, la deuda se disparó en 62 puntos de PIB.

Por el contrario, en 2025 la deuda pública es del 103,4% del PIB, esto es, prácticamente la misma cifra que hace diez años: en concreto, un punto porcentual más. Para que se entienda mejor: en la década de la crisis financiera, la deuda pública creció 60 veces más que entre 2015 y 2025. Es evidente que la deuda pública no es el factor que explica el crecimiento de nuestro PIB.

La positiva evolución de la deuda pública es especialmente destacable en el caso de las comunidades autónomas. En la crisis financiera, la deuda autonómica se multiplicó casi por cuatro, pasando de menos del 7% en 2008 a situarse por encima del 24% de su PIB en apenas siete años. Hoy, en 2025, la deuda de las comunidades es del 21% de su PIB: lejos de aumentar, la deuda se ha reducido en tres puntos.

La mayor transferencia de fondos del Gobierno central —gracias al aumento de los ingresos públicos— explica esta reducción de la deuda autonómica en un escenario tan complejo como el que hemos vivido desde 2020 hasta ahora.

Menos deuda publica pero, sobre todo, menos deuda privada, porque el endeudamiento del sector privado el de las empresas y los hogares se ha reducido de forma significativa. De hecho, en 2025, la deuda privada está en su cifra más baja desde hace 25 años.

Entre 1995 y 2007, la economía española vivió un ciclo expansivo —a caballo de la burbuja inmobiliaria— que se construyó sobre una montaña de deuda. Y la gran recesión posterior agravó aún más el problema, llevando la deuda de los hogares españoles hasta el 76% del PIB.

Hoy, en 2025, la deuda está por debajo del 44%, casi la mitad, porque las familias llevan diez años amortizando deuda. Los hogares están destinando una parte significativa del aumento de su renta —tienen más ingresos porque hay más gente trabajando y con mejores empleos y salarios— a desendeudarse. Hoy, el endeudamiento de las familias españolas se sitúa por debajo del valor medio de los países de la UE.

Y lo mismo está sucediendo con las empresas, que están reduciendo su deuda todavía con más rapidez e intensidad. La deuda empresarial se disparó hasta alcanzar el 97% del PIB en 2014, como resultado de los años disparatados de la especulación, primero, y de la larga recesión, después. Por el contrario, desde 2014 la deuda empresarial se ha reducido en 34 puntos hasta situarse por debajo de la media de la UE.

Este desendeudamiento de las empresas y las familias permite que también se reduzca la deuda externa de nuestro país. Nuestra deuda neta con el exterior equivale al 44% del PIB, su cifra más baja desde 2001. En 2019 la deuda neta de España con acreedores extranjeros era del 72 % del PIB. Por lo tanto, en estos cuatro años se ha reducido en casi 30 puntos, gracias a los saldos positivos de nuestro sector exterior.

Esta es la realidad de las cifras: la deuda pública está estabilizada, la deuda privada se reduce con gran intensidad y la deuda externa de España está en su cifra más baja desde hace 25 años, conformando un proceso de saneamiento del elevado nivel de deuda acumulado en la década anterior. Desde 2018, al menos, estamos resolviendo un grave problema de deuda que sufrían las empresas, los hogares, las administraciones publicas y España como país."                 (Manuel Lago , 20Minutos, 02/12/25) 

14.9.25

Marruecos: ¿Cómo se manifiesta la nueva crisis de la deuda que afecta a los países del Sur? Desde la pandemia de la Covid-19, los países del Sur se enfrentan a una explosión de su deuda pública. En Marruecos, esta situación es aún más crítica debido a una persistente sequía hídrica, que está aumentando las presiones económicas y sociales... Este aumento se explica, en particular, por el uso masivo del endeudamiento para hacer frente a la crisis sanitaria y económica en un contexto de subida de los tipos de interés en los mercados financieros internacionales. Esta deuda genera un servicio de la deuda que ha aumentado del 13% del PIB en 2019 al 19% del PIB en 2023. Esto reduce los presupuestos sociales: el servicio de la deuda equivale a más de 9 veces el presupuesto de salud pública en 2023... Marruecos se prepara para albergar dos prestigiosos eventos deportivos: la Copa Africana en 2026 y la Copa del Mundo en 2030. Detrás de estos grandes proyectos de infraestructura hay un proceso programado de disipación de recursos públicos... Estas inversiones solo sirven a los grandes inversores capitalistas, las multinacionales y para ofrecer una visión de marketing de país «emergente». Es un Marruecos falsamente modernizado, escenario de inversores extranjeros, mientras la mayoría del pueblo sufre... Nos enfrentamos a una situación en la que las prioridades se invierten, la deuda se vuelve más importante que la vida, la imagen más importante que la justicia social... En ATTAC- CADTM Marruecos consideramos que las deudas públicas y privadas de los hogares obreros son deudas ilegítimas (Asma El Mandour)

 "Situación de la deuda en Marruecos

Desde la pandemia de la Covid-19, los países del Sur se enfrentan a una explosión de su deuda pública. En Marruecos, esta situación es aún más crítica debido a una persistente sequía hídrica, que está aumentando las presiones económicas y sociales.

Marruecos, como muchos otros países, ha visto aumentar su deuda pública total (externa, interna y garantizada) del 78% del PIB en 2019 (antes de la COVID) al 91% del PIB en 2023 (datos del Ministerio de Finanzas marroquí).

Este aumento se explica, en particular, por el uso masivo del endeudamiento para hacer frente a la crisis sanitaria y económica en un contexto de subida de los tipos de interés en los mercados financieros internacionales.

Esta deuda genera un servicio de la deuda que ha aumentado del 13% del PIB en 2019 al 19% del PIB en 2023. Esto reduce los presupuestos sociales: el servicio de la deuda equivale a más de 9 veces el presupuesto de salud pública en 2023.

Una fuerte intervención de las Instituciones Financieras Internacionales (IFI)

El FMI y el Banco Mundial intervinieron en Marruecos con el pretexto de apoyar la recuperación económica y social. En realidad, sus líneas de financiación y crédito han servido principalmente para garantizar la estabilidad macroeconómica y tranquilizar a los mercados financieros, a costa de una nueva deuda masiva. Detrás de este discurso de ayuda hay condicionalidades y reformas estructurales que acentúan la liberalización, debilitan la soberanía económica y hacen que las clases trabajadoras carguen con el costo de la crisis. La intervención de estas instituciones ha reforzado el control de Marruecos sobre la deuda y la dependencia de los dictados neoliberales: recortes en los presupuestos sociales, recortes de puestos de trabajo en la función pública, generalización de los contratos de duración determinada, congelación y reducción de salarios, pensiones y subvenciones para los principales productos de consumo, desmantelamiento de los servicios públicos en beneficio de las grandes empresas extranjeras y locales a través de la gestión delegada y la asociación público-privada (APP), facilitación para que los grandes capitalistas monopolicen los recursos naturales del mar, la tierra (minas y agua) y el cielo (plantas de energía solar y eólica) en detrimento de las poblaciones locales, orientación de la producción hacia la exportación y destrucción de la agricultura de subsistencia...)

Estas dos instituciones han elegido Marruecos para acoger sus reuniones anuales celebradas en Marrakech en octubre de 2023. Es una decisión política para promover el modelo de desarrollo neoliberal seguido por el régimen de Marruecos.

ATTAC CADTM Marruecos, la red CADTM Internacional y varios socios en la lucha iniciaron una contracumbre a estas asambleas que reunió en Marrakech a más de 300 representantes de movimientos sociales de cuatro continentes: Europa, África, Asia y América. Fue un espacio real para discutir, desde el punto de vista de la gente, la dictadura financiera del FMI-BM y sus impactos sociales y ambientales, las crisis del capitalismo y las alternativas.

Una aguda crisis social: las mujeres y los jóvenes son los más afectados

Son las mujeres y los jóvenes los que están pagando el precio más alto por esta crisis. Para las mujeres, ya sobrecargadas de trabajo invisible, la eliminación de los servicios públicos, el descuido de los cuidados o de las infraestructuras básicas, es una forma constante de violencia.
En cuanto a los jóvenes, su futuro ha nacido muerto: empleos inexistentes, educación descuidada y precariedad exacerbada.

El verdadero costo de esta deuda se puede medir sobre el terreno:

  • La tasa de desempleo general alcanzó el 13,3% en 2024 [1], con un 36,7% entre los jóvenes [2]. Para los graduados, es del 19,6% [3] y para las mujeres del 19,4%. [4]
  • En el mercado laboral, casi 8 millones de mujeres no tienen un empleo remunerado, a pesar de tener a veces un alto nivel de educación.
  • Los jóvenes son víctimas de las políticas públicas fallidas y las mujeres se ven afectadas por los recortes en los servicios sociales, ya sea salud, educación o asistencia básica.

Los microcréditos en Marruecos

Los dictados neoliberales impuestos por las instituciones financieras internacionales y aplicados por el régimen en beneficio de una minoría, han acentuado el deterioro de las condiciones de vida de amplias capas populares: aumento del desempleo, caída de los ingresos, precariedad, colapso de microproyectos y pequeñas actividades de subsistencia... Todo ello en un contexto marcado por el aumento de los precios de los alimentos y los servicios esenciales. Hoy en día, la mayoría de los hogares de clase trabajadora luchan para satisfacer sus necesidades diarias más básicas y se encuentran sobreendeudados con las instituciones de microcrédito.

En 2011, el sector del microcrédito experimentó un gran movimiento de protesta con una mayoría de mujeres (más de 4.500), particularmente en el sureste de Marruecos, una de las regiones más pobres del país. Estas víctimas denunciaron las tasas de interés exorbitantes (30 a 40% y a veces más) y los abusos de las instituciones de microcrédito.

ATTAC-CADTM Marruecos y la red internacional CADTM llevaron a cabo grandes muestras de solidaridad y apoyo a las luchas de las víctimas de microcréditos de 2011 a 2015. ATTAC- CADTM Marruecos ha realizado y publicado un estudio sobre el sistema de microcréditos en Marruecos. La red CADTM ha producido un gran número de análisis publicados en su sitio web y ha organizado varios seminarios internacionales, regionales y nacionales en África y Asia del Sur para consolidar la formación, compartir experiencias de lucha y estudiar alternativas contra el microcrédito y las deudas ilegítimas.

Costosas puestas en escena: eventos deportivos y deudas

Marruecos se prepara para albergar dos prestigiosos eventos deportivos: la Copa Africana en 2026 y la Copa del Mundo en 2030. Detrás de estos grandes proyectos de infraestructura hay un proceso programado de disipación de recursos públicos.

Estas inversiones solo sirven a los grandes inversores capitalistas, las multinacionales y para ofrecer una visión de marketing de país «emergente». Es un Marruecos falsamente modernizado, escenario de inversores extranjeros, mientras la mayoría del pueblo sufre.

Es esta puesta en escena la que nos asfixia, un desarrollo de fachada, financiado por una deuda que las generaciones tendrán que pagar.

Hacia un cambio radical

Nos enfrentamos a una situación en la que las prioridades se invierten: la deuda se vuelve más importante que la vida, la imagen más importante que la justicia social.

Deudas ilegímas

En ATTAC- CADTM Marruecos consideramos que las deudas públicas y privadas de los hogares obreros son deudas ilegítimas. Exigimos la cancelación de estas deudas ilegítimas para recuperar nuestra soberanía popular y alimentaria. También exigimos la ruptura de los vínculos de dependencia con los centros de decisión externos, ya sean instituciones financieras y comerciales internacionales o las diversas fuerzas imperialistas.

Auditar la deuda para abolirla

El papel de la auditoría de la deuda pública es determinar sus diversas partes para repudiarlas. La auditoría de la deuda es un paso necesario para una amplia movilización contra la deuda y sus implicaciones y para preparar las condiciones subjetivas para exigir la cancelación de la deuda pública.

Anclar la demanda de abolición de la deuda en el centro de las protestas populares y obreras.

Nuestro desafío fundamental en ATTAC- CADTM Marruecos sigue siendo nuestra capacidad y la de las organizaciones obreras y populares de lucha para anclar la demanda de auditoría de la deuda, para abolirla, en el corazón de las protestas y luchas populares y obreras contra el despotismo, el alto costo de la vida y la austeridad y trabajar para que sea asimilada por las diversas víctimas del sistema de la deuda. ATTAC- CADTM Marruecos está tratando de contribuir a este trabajo con sus modestas capacidades."

(Asma El Mandour , CADTM, 11/09/25) 

17.7.25

La motosierra se pone en marcha en Francia, allí también con mentiras... El recorte afectará al gasto en educación, sanidad, pensiones y ayudas sociales y a la creación de empleo público, aunque no al gasto militar, pues se ha anunciado que este aumentará en 6.000 millones de euros en los próximos dos años... se nos hace creer que con recortes en el gasto social se va a reducir la deuda pública de 3,3 billones de euros, un 114% de su PIB... En 1973, Francia tenía una deuda pública muy baja, unos 80.000 euros de la época equivalentes a menos del 20’% del PIB... desde 1973 a la actualidad ha crecido 3,2 billones... Francia ha pagado 2,33 billones de euros de intereses desde 1995... En 2024, fueron 60.200 millones de euros, 16.200 millones más de lo que se quiere recortar... Francia ha pagado esa cantidad astronómica de intereses no como efecto de una ley natural e inevitable, sino por una ley de Pompidou, que prohibió que el Banco de Francia siguiera financiando sin interés al Estado, como hasta entonces había hecho... Sin esa ley, y si el Estado francés hubiera gastado lo mismo que ha gastado desde 1973, pero sin pagar intereses, la deuda pública francesa no sería hoy día del 114% del PIB que preocupa a Bayrou, sino que estaría entre el 17 y el 20% del PIB... lo que hace que la deuda francesa crezca sin cesar (como la de los demás países que renunciaron a la financiación del banco central) es el pago de intereses y no que el Estado gaste mucho en otras partidas. Y si eso ocurre es porque se concedió a las finanzas privadas el mayor negocio de todos los tiempos: financiar a los gobiernos a intereses de mercado... Al aplicar la motosierra a su economía para llevar a cabo un recorte tan brutal del gasto público social, lo que Bayrou provocará será una recesión, una importante caída de la actividad económica, puesto que cada euro recortado se convertirá en una caída mayor en el ingreso de las empresas privadas y en la renta de los hogares... Bayrou lo sabe y por eso miente. Lo que busca el presidente francés con su motosierra no es reducir la deuda, sino provocar un shock para producir desmovilización social y favorecer la privatización de servicios públicos... Si el presidente francés estuviera de verdad preocupado por la deuda actuaría de otra forma. En primer lugar, tomaría medidas para evitar la sangría permanente que supone en pago de intereses, y trataría de reducirla como se ha hecho en otras ocasiones, sin necesidad de recortar gasto esencial para el bienestar o la inversión, con más equidad y racionalidad... Bayrou se dispone a poner en marcha la nueva economía de la motosierra que no es exclusiva de Milei o Trump, sino el signo de nuestros tiempos, los de un capitalismo cada vez más degenerado e incompatible con la democracia (Juan Torres López)

 "El primer ministro francés, François Bayrou, acaba de anunciar un recorte de 44.000 millones de euros en el Presupuesto de 2025 que presentará el próximo mes de octubre.

El recorte afectará al gasto en educación, sanidad, pensiones y ayudas sociales y a la creación de empleo público, aunque no al gasto militar pues. Prácticamente al mismo tiempo, se ha anunciado que este aumentará en 6.000 millones de euros en los próximos dos años.

Como ocurre siempre que los políticos y economistas neoliberales hablan de deuda, ahora en Francia se vuelve a engañar a la gente. Se le hace creer que, con recortes como los de Bayrou, se va a reducir y que lo más adecuado para lograrlo es disminuir el gasto social.

Vayamos por parte y supongamos por un momento que de verdad fuese necesario reducir la deuda.

El presidente Bayrou ha justificado los recortes por el enorme volumen de deuda que acumula Francia: 3,3 billones de euros, un 114% de su PIB. Sin embargo, no ha hecho referencia a algo fundamental.

En 1973, Francia tenía una deuda pública muy baja, unos 80.000 euros de la época equivalentes a menos del 20’% del PIB. En 1995, ya era de 696.236 millones de euros, según Eurostat. En total, por lo tanto, desde 1973 a la actualidad ha crecido 3,2 billones y, desde 1995, 2,6 billones. Lo que olvida Bayrou es que Francia ha pagado 2,33 billones de euros de intereses desde 1995 y unos 2,75 billones desde 1973, siempre según Eurostat y los datos oficiales franceses. En 2024, fueron 60.200 millones de euros, 16.200 millones más de lo que se quiere recortar.

El presidente francés se queja de que la deuda pública de su país es muy elevada, pero no menciona que el 86% de su incremento desde 1973 y el 89,6% desde 1995 se debe al pago de intereses. Y, por supuesto, olvida también que Francia ha pagado esa cantidad astronómica de intereses no como efecto de una ley natural e inevitable, sino por una de 3 de enero de 1973, impulsada por el gobierno del presidente Georges Pompidou, que prohibió que el Banco de Francia siguiera financiando sin interés al Estado, como hasta entonces había hecho.

Sin esa ley, y si el Estado francés hubiera gastado lo mismo que ha gastado desde 1973, pero sin pagar intereses, la deuda pública francesa no sería hoy día del 114% del PIB que preocupa a Bayrou, sino que estaría entre el 17 y el 20% del PIB, según las diferentes estimaciones.

En resumen, lo que hace que la deuda francesa crezca sin cesar (como la de los demás países que renunciaron a la financiación del banco central) es el pago de intereses y no que el Estado gaste mucho en otras partidas. Y si eso ocurre es porque se concedió a las finanzas privadas el mayor negocio de todos los tiempos: financiar a los gobiernos a intereses de mercado. No es casualidad que Georges Pompidou hubiese sido director general del Banco Rothschild antes que presidente de la República.

El segundo engaño de Bayrou a su pueblo consiste en decirle que reduciendo el gasto público con su motosierra disminuirá la deuda.

Al aplicar la motosierra a su economía para llevar a cabo un recorte tan brutal del gasto público social, lo que Bayrou provocará será una recesión, una importante caída de la actividad económica, puesto que cada euro recortado se convertirá en una caída mayor en el ingreso de las empresas privadas y en la renta de los hogares. Esto último y el desempleo en aumento, forzosamente obligarán a que empresas y hogares aumenten su endeudamiento y provocarán,  a la postre, que siga aumentando la deuda pública, pues disminuirán los ingresos del Estado. Ha sucedido siempre y volverá a ocurrir ahora en Francia, sin ningún tipo de duda.

Bayrou lo sabe y por eso miente. Lo que busca el presidente francés con su motosierra no es reducir la deuda, sino provocar un shock para producir desmovilización social y favorecer la privatización de servicios públicos que van a empezar a funcionar aún peor cuando tengan menos financiación, manteniendo a salvo el negocio financiero.

No se trata de defender el incremento de la deuda pública como un fin en sí mismo. La deuda es una esclavitud y el gasto público debe realizarse con austeridad auténtica, con transparencia y eficacia, no con la corrupción propia del capitalismo de amiguetes y extractivo de nuestros días. Pero eso es una cosa y otra no entender que el gasto del Estado es un motor fundamental de la economía y que, cuando se frena, esta se viene abajo. O que si la deuda aumenta tanto es, como he dicho, a causa del pago de intereses.

Si el presidente francés estuviera de verdad preocupado por la deuda actuaría de otra forma. En primer lugar, tomaría medidas para evitar la sangría permanente que supone en pago de intereses, y trataría de reducirla como se ha hecho en otras ocasiones, sin necesidad de recortar gasto esencial para el bienestar o la inversión, con más equidad y racionalidad. Y, en segundo lugar, se preocuparía por otra deuda mucho más peligosa para la economía francesa y el planeta, la climática que podría llegar a suponer el 61 % del PIB de Francia en 2050, según un estudio reciente.

Bayrou se dispone a poner en marcha la nueva economía de la motosierra que no es exclusiva de Milei o Trump, sino el signo de nuestros tiempos, los de un capitalismo cada vez más degenerado e incompatible con la democracia, como explico en el libro que pronto estará en la calle publicado por Ediciones Deusto."              (Juan Torres López, blog, 16/07/25

18.4.25

¿Podemos salir de un mundo de deuda? La deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023)... este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de sus ingresos por exportaciones... La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto al pago de intereses de la deuda que a la educación o la salud... los países del Sur Global simplemente venden sus bienes y servicios para saldar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el desplome de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de covid-19 y la inflación derivada de la guerra de Ucrania... La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, dispuesto a devorar los restos de nuestras sociedades... Atrapados en la red de deuda, austeridad, bajo crecimiento, endeudamiento externo y deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en aras de la supervivencia a corto plazo... Con la inestabilidad del orden global, ahora podría existir la oportunidad de crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo centrada en cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social... si un país invierte para aumentar su capital fijo, experimentará un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esta es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, los del Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (Vijay Prashad)

 "En las últimas dos décadas la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante comprender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de sus ingresos por exportaciones. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco o tenedor de bonos extranjero. Por lo tanto, los países del Sur Global simplemente venden sus bienes y servicios para saldar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el desplome de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de covid-19 y la inflación derivada de la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto al pago de intereses de la deuda que a la educación o la salud. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, dispuesto a devorar los restos de nuestras sociedades.

¿Por qué están endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
  • Pidieron prestado dinero a sus antiguos gobernantes coloniales a tasas elevadas para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible devolverlo ya que los fondos se utilizaban para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • Los términos comerciales desiguales (exportación de materias primas a bajo precio a cambio de importación de productos terminados a alto precio) agravaron aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de organismos multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional – FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público interno, tanto en consumo como en inversión, y en su lugar a pagar la deuda externa. Esto desencadenó un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la red de deuda, austeridad, bajo crecimiento, endeudamiento externo y deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en aras de la supervivencia a corto plazo. La agenda a su disposición para lidiar con esta trampa de la deuda estaba motivada exclusivamente por la conveniencia del pago y no del desarrollo. Típicamente, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio y reestructuración de la deuda . Buscamos reducir la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos a largo plazo.
  2. Un llamado a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones . Aumentando la capacidad de los países para generar ingresos para pagar esta deuda, pero sin un cambio real en la capacidad productiva nacional.
  3. Recortes al gasto público , en gran medida una reducción del gasto social . Modificar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar una mayor proporción de su riqueza social para pagar a sus tenedores de deuda extranjeros y ganarse la confianza en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficiaron a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudicaron a los trabajadores . Recortes de impuestos para incentivar la inversión de los ricos en la sociedad —algo que rara vez ocurre— y una modificación de las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra y así aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para reducir la corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Ninguno de estos planteamientos por separado ni todos ellos en conjunto proporcionaron una evaluación de los problemas subyacentes que produjeron la deuda ni ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.

En efecto, si este es el mejor planteamiento disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

Ya se entiende que la entrada de IED y la exportación de materias primas de bajo precio no incrementan por sí solas el producto interno bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una era de liberalización financiera y sin control de capitales, puede generar enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de capital especulativo.

Una investigación de Global South Insights (GSI) y el Instituto Tricontinental de Investigación Social muestra que no es la IED la que incrementa el PIB a largo plazo, sino que existe una alta correlación entre el aumento de la inversión neta en capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta en capital fijo es el aumento del gasto en capital fijo por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte para aumentar su capital fijo, experimentará un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esta es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, los del Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (en particular, considerando el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial coincide en que la salida de la «trampa del ingreso medio» pasa por aumentar la inversión, incorporar tecnologías extranjeras e innovar en tecnologías internamente (lo que denominan el «método 3i»). El eje central del proyecto debe ser un aumento de la inversión neta en capital fijo.

Nuestra investigación muestra que, a medida que crece el PIB, también aumenta la esperanza de vida. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué impacto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB implica plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de relieve la importancia de una planificación económica sólida y una política fiscal adecuada, motivada no por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la creación de capital fijo neto en un país a largo plazo.

Pero ¿cómo se consigue la financiación necesaria tanto para el servicio de la deuda como para la creación de capital? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las desiguales relaciones de poder en el mundo. Con la inestabilidad del orden global, ahora podría existir la oportunidad de crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. Debería, en cambio, centrarse en cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta perspectiva la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de esta o aquella política económica para salvar una situación difícil, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto."               

( Vijay Prashad , Rebelión, 18/04/25, fuente peoples dispach)

29.3.25

Cuando, tras la crisis de 2008, se anunció el primer plan de austeridad la deuda estaba en 46,4% del PIB y cuando se puso fin a los recortes superaba el 100% del PIB. Las falsas intuiciones ('si estamos en crisis, el Estado tiene que reducir el gasto') pueden salir muy caras (Daniel Fuentes Castro)

Daniel Fuentes Castro @dfuentescastro

Cuando, tras la crisis de 2008, se anunció el primer plan de austeridad la deuda estaba en 46,4% del PIB y cuando se puso fin a los recortes superaba el 100% del PIB. Las falsas intuiciones ('si estamos en crisis, el Estado tiene que reducir el gasto') pueden salir muy caras.



4:17 p. m. · 28 mar. 2025    6.254 Visualizaciones

¿Podemos salir de un mundo de deuda? En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo... los países del Sur Global se limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación debida a la guerra de Ucrania... La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades... Atrapados en la red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la supervivencia a corto plazo... debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social (Vijay Prashad)

 "En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco extranjero o a un tenedor de bonos. Por lo tanto, los países del Sur Global se limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación debida a la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto a pagar los intereses de la deuda que a financiar la educación o los servicios sanitarios. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades.

¿Por qué están endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
  • Pidieron dinero prestado a sus antiguos gobernantes coloniales a tipos de interés elevados para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible el reembolso, ya que los fondos se utilizaron para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • Las desiguales condiciones comerciales (exportación de materias primas a bajo precio para importar productos acabados a alto precio) agravaron aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de las organizaciones multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional, FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público nacional tanto para consumo como para inversión y, en su lugar, pagar la deuda externa. Esto puso en marcha un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la supervivencia a corto plazo. La agenda de la que disponían para hacer frente a esta trampa de la deuda estaba totalmente motivada por la conveniencia del reembolso y no del desarrollo. Por lo general, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio y reestructuración de la deuda. Buscar una reducción de la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos de la deuda a largo plazo.
  2. Un llamamiento a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones. Aumentar la capacidad de los países para obtener ingresos para pagar esta deuda, pero sin ningún cambio real en la capacidad productiva del país.
  3. Recortes en el gasto público, en gran medida una merma del gasto social. Cambiar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar más de su riqueza social para pagar a sus tenedores de bonos extranjeros y ganarse la «confianza» en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficien a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudiquen a los trabajadores. Recortes de impuestos para animar a los ricos a invertir en su sociedad, lo que ocurre muy pocas veces, y un cambio en las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra a fin de aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para garantizar una menor corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Cada uno de estos enfoques por separado y todos ellos juntos no proporcionaron ninguna evaluación de los problemas subyacentes que produjeron la deuda, ni ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.

Efectivamente, si este es el mejor enfoque disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

A estas alturas se entiende que la entrada de IED y la exportación de productos básicos a bajo precio no aumentan por sí solas el producto interior bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una época de liberalización financiera y sin control de capitales, puede crear enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de dinero especulativo.

La investigación de Global South Insights (GSI) y Tricontinental: Instituto de Investigación Social muestra que no es la IED la que aumenta el PIB a largo plazo, sino que existe una alta correlación entre el aumento de la inversión neta de capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta de capital fijo es el aumento del gasto en capital social por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte dinero para aumentar su capital social, verá un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esa es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, en el Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (sobre todo si se tiene en cuenta el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial está de acuerdo en que la salida de la «trampa del ingreso medio» consiste en aumentar la inversión, introducir tecnologías del extranjero e innovar internamente en materia de tecnología (lo llaman el «método 3i»). En el centro del proyecto debe haber un aumento de la inversión neta de capital fijo.

Nuestra investigación muestra que a medida que el PIB crece, la esperanza de vida también aumenta. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué efecto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB es plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de manifiesto la importancia tanto de una planificación económica sólida como de una política fiscal adecuada que no esté motivada por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la construcción del capital fijo neto en un país a largo plazo.

Pero, ¿cómo se consigue la financiación necesaria para pagar las deudas y crear capital social? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las relaciones desiguales de poder en el mundo. Con la agitación del orden mundial, ahora podría haber una oportunidad para crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. En su lugar, debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta idea la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de esta o aquella política económica para salvar una mala situación, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto."                     (

22.3.25

Argentina: Ejemplos y alternativas para entender la crisis de la deuda en el Sur... Macri se “benefició” de un préstamo histórico del FMI de más de 44 mil millones de dólares... Argentina todavía debe 40 mil millones de dólares al FMI... Macri “ofreció” al menos una década de austeridad a su país, dado que el gobierno de izquierda de Alberto Fernández no tuvo el valor de cuestionar los reembolsos. Fue en parte esta falta de coraje lo que condujo a la llegada de Javier Milei al poder... La deuda que empobrece a la población y que solo agrava las desigualdades debe ser auditada y cancelada. La población argentina no debe pagar un acuerdo por razones electoralistas... por una legitimidad derivada del derecho internacional para resistir a los acreedores y las condicionalidades impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial... Es posible. Por ejemplo, el gobierno maliense no dudó en detener a los líderes de grandes empresas mineras extranjeras instaladas en su suelo para recuperar los impuestos impagados... Esta resistencia debería adoptar la forma de un impago acompañado de la organización de una auditoría ciudadana de la deuda y la cancelación de su parte ilegítima (Maxime Perriot, CADTM)

 "En 2001, Argentina incumplió sus pagos de más de 70 mil millones de dólares debidos a acreedores privados. Este episodio provocó la caída de cuatro presidentes en una semana, una terrible situación económica y social durante varios meses, enormes manifestaciones y, finalmente, un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Argentina redujo luego considerablemente su deuda con el FMI durante una década (2007-2017), hasta la decisión del muy neoliberal Mauricio Macri en 2018. En grandes dificultades económicas, con un aumento de la desigualdad, la pobreza y una inflación galopante, Mauricio Macri se “benefició” de un préstamo histórico del FMI de más de 44 mil millones de dólares. Un préstamo que debía permitir a Macri salvar su mandato y ser reelegido gracias a los gastos permitidos por este préstamo desmesurado, aunque eso sumergiera a Argentina en décadas de reembolsos e imposición de las condicionalidades políticas habituales de la institución de Bretton Woods.

Mauricio Macri no fue reelegido, su sucesor, Alberto Fernández, que había prometido liberar al país de las políticas impuestas por el FMI, finalmente continuó negociando con él. (...), Argentina volvió a pedir prestado al Fondo Monetario Internacional (23.400 millones de dólares en 2022 y 12.700 millones de dólares en 2023) para reembolsar parte de los 44 mil millones de dólares prestados en 2018 y 2019. Este préstamo de 23.400 millones de dólares se utilizó para pagar los reembolsos de 18.600 millones de dólares en 2022 y 21 mil millones de dólares en 2023 (...).

El acuerdo histórico firmado por el FMI con Argentina en 2018 -y la dosis de austeridad que le acompañó- tuvo consecuencias muy concretas en las clases populares y específicamente en las mujeres. He aquí algunos ejemplos: :

  • Despido de funcionarios
  • Supresión de las pensiones de jubilacion de las mujeres que habían trabajado en el hogar toda su vida (a demanda del FMI) [1]
  • Recortes en los presupuestos públicos
  • Multiplicación de comedores populares
  • Subida de la tasa de pobreza del 27% al 40% durante el mandato de Mauricio Macri

Y esto no ha terminado, ya que Argentina todavía debe 40 mil millones de dólares al FMI (...). Al tomar una decisión para salvar su mandato, Mauricio Macri “ofreció” al menos una década de austeridad a su país, dado que el gobierno de izquierda de Alberto Fernández no tuvo el valor de cuestionar los reembolsos. Fue en parte esta falta de coraje lo que condujo a la llegada de Javier Milei al poder. Este último, partidario de un neoliberalismo llevado al extremo, sin ninguna regla, se adapta muy bien a las condicionalidades del Fondo Monetario Internacional. La deuda que empobrece a la población y que solo agrava las desigualdades debe ser auditada y cancelada. La población argentina no debe pagar un acuerdo por razones electoralistas. 

Conclusión y alternativas

El Sur global atraviesa una crisis de la deuda comparable a la de la década de 1980 porque se desprenden las mismas características: como en la década de 1970, se alentó a los países del Sur a endeudarse porque los capitalistas del Norte buscaban remuneraciones más importantes que en el Norte, el FMI y/o el Banco Mundial están en la maniobra, se aplican condicionalidades neoliberales... Como en la crisis de la deuda de la década de 1980, fue un aumento repentino de los tipos de interés lo que participó en desencadenar la crisis de la deuda. Si bien esta crisis afecta al Sur global en su conjunto, zonas o países se ven particularmente afectados, como Sri Lanka, el África subsahariana o Argentina.

Ante las consecuencias de la pandemia mundial de Covid-19 en 2020, la invasión de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022 y la decisión unilateral de los principales bancos centrales occidentales de aumentar repentinamente los tipos de interés en junio de 2022, los gobiernos del Sur podrían haber movilizado el cambio fundamental de circunstancias. Este argumento de derecho internacional podría haberles permitido suspender el pago de su deuda y situarse en una correlación de fuerzas favorable frente a los acreedores para renegociar sus deudas, organizar auditorías y cancelar parte de su deuda.

Podrían haberse apoyado en movimientos sociales muy poderosos que han tenido lugar en Sri Lanka, Nigeria, Kenia o Bangladesh desde 2022. En Nigeria y Kenia, los manifestantes apuntaron directamente al Fondo Monetario Internacional, una gran oportunidad para poner fin al sistema de dominio de las instituciones de Bretton Woods sobre los países del Sur.

Movilizar el cambio fundamental de circunstancias basándose en los movimientos sociales habría proporcionado una legitimidad popular y una legitimidad derivada del derecho internacional para resistir a los acreedores y las condicionalidades impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Es posible. Por ejemplo, el gobierno maliense no dudó en detener a los líderes de grandes empresas mineras extranjeras (https://www.cadtm.org/Mali-La-detencion-de-directivos-de-empresas-mineras-recuperar-los-impuestos) instaladas en su suelo para recuperar los impuestos impagados. No hay que dudar en tomar tales medidas contra los poderosos que saquean los países del Sur, utilizando el dinero recuperado para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones, no para pagar las deudas ilegítimas.

Esta resistencia debería adoptar la forma de un impago acompañado de la organización de una auditoría ciudadana de la deuda y la cancelación de su parte ilegítima. La cancelación de la deuda debe ir acompañada de medidas sociales, ecológicas y feministas radicales. Los presupuestos de educación, salud, bifurcación ecológica y lucha contra el patriarcado deben aumentar drásticamente. La cancelación de parte de la deuda pública permitirá liberar recursos en este sentido, al igual que la tributación de los más ricos y de las grandes empresas del norte que saquean los países del Sur. Estas medidas de justicia fiscal deberán ir acompañadas de una nueva disciplina financiera, estableciendo controles estrictos sobre los movimientos de capital y mercancías, levantando el secreto bancario, prohibiendo los paraísos fiscales, la especulación y la usura.

La deuda pública podría constituir un instrumento de financiación de un amplio programa de bifurcación ecologista-feminista-socialista, en lugar de servir para imponer políticas antisociales, extractivistas, productivistas, favoreciendo la competencia entre los pueblos [2]. Las autoridades públicas pueden recurrir al préstamo para:

  • Socializar las actividades de reproducción social mediante el desarrollo de servicios públicos gratuitos (educación, salud, cultura...);
  • Financiar el cierre completo de las centrales nucleares y térmicas;
  • Sustituir los combustibles fósiles por energías renovables respetuosas con el medio ambiente;
  • Garantizar la soberanía alimentaria y financiar una reconversión de la agricultura actual que contribuye de manera significativa a la crisis ecológica. Se trata de dar a las actividades agrícolas una orientación compatible con la lucha contra el cambio climático y con la promoción de la biodiversidad, favoreciendo en particular los circuitos cortos y produciendo en un modelo agroecológico;
  • Reducir radicaldmente el transporte por carretera y aéreo en favor del transporte público por ferrocarril;
  • Financiar un amplio programa para el desarrollo de un hábitat de mejor calidad y que consuma mucha menos energía;
  • Poner fin a la discriminación y a la criminalización de las personas migrantes, y financiar una política para su acogida respetuosa con el derecho de circulación y residencia."

( Maxime Perriot , CADTM, 21/03/25, gráficos y notas en el original)

14.3.25

Tres fenómenos (crisis de Covid, invasión de Ucrania por parte de Rusia, aumento de los tipos de interés) han provocado una disminución de los ingresos (2020) en divisas exteriores (disminución del turismo y ruptura de las cadenas de suministro) y un aumento del gasto en divisas exteriores de los países del sur global (2022: aumento del precio de los cereales y aumento de los tipos de interés)... ante las dificultades económicas de los países del Sur, los acreedores privados huyen y los gobiernos se encuentran pagando más de lo que reciben en nuevos préstamos... En resumen, los tres fenómenos explicados anteriormente provocaron una crisis económica y una crisis de la deuda en el Sur... Varios países del Sur global han entrado en suspensión de pagos... Pakistán, Egipto y Túnez se encuentran en situaciones críticas, cercanas a una suspensión de pagos... los Estados en dificultades podrían haber movilizado el cambio fundamental de circunstancias, que es un argumento de derecho internacional, para suspender el pago de sus deudas... este argumento juridico debe utilizarse para suspender el pago de la deuda, lo que permite revertir la presión de los prestatarios hacia los acreedores que temen entonces no ser reembolsados. Esta inversión de la correlación de fuerzas puede luego permitir a los Estados renegociar su deuda, realizar una auditoría ciudadana y cancelar parte de ella (Maxime Perriot)

 "La década de 2010 estuvo marcada por una política de tipos de interés muy bajos practicados por el Banco Central Europeo, la Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco de Inglaterra. Entre 2010 y 2022, los tipos de interés reales aplicados en los países del norte fueron a menudo cercanos al 0% [1]. Los acreedores privados, como los bancos o los fondos de inversión, reaccionaron prestando a los Estados y empresas del sur, donde los tipos de interés eran más altos y su dinero mejor remunerado.

Emitir bonos, valores, endeudarse en los mercados financieros, ¿qué significa?

Emitir bonos. Emitir títulos. Endeudarse en los mercados financieros. Para un Estado, estas tres expresiones son sinónimos. Concretamente, esto significa que un país anuncia que quiere pedir prestada una cierta cantidad, digamos 100 euros para simplificar. Encomienda a un banco (llamado Primary Dealer) que anuncia en un mercado financiero que busca un préstamo de 100 euros, que reembolsará los 100 euros en un cierto número de años (1, 5 o 10 generalmente). También anuncia el tipo de interés que está dispuesto a pagar para pedir prestado este dinero. Por otro lado, los bancos, las compañías de seguros y los fondos de inversión deciden prestar o no esta cantidad a ese tipo de interés. Este tipo de préstamo se denomina «emisión de valores» o de «bonos», o «recurrir a los mercados financieros». Cuando se dice que un país no tiene acceso a los mercados financieros, significa que no emite valores. Si un Estado no se endeuda a través de la emisión de valores, puede recibir préstamos directos de bancos, endeudarse con otros Estados o instituciones financieras multilaterales como el Banco Africano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etc.

Varios países, especialmente del África subsahariana, han emitido bonos del Estado en los mercados financieros por primera vez en su historia (volveremos a ello más adelante). El interés de los bancos y los fondos de inversión por los países del Sur, y por lo tanto los tipos de interés relativamente bajos, han llevado a estos gobiernos a financiarse a través de los préstamos. Pero estos tipos de interés no eran más que engaños. De hecho, el 57% de la deuda externa pendiente de los llamados países en desarrollo (excluyendo China) son préstamos a tipos variables, que fluctúan según la evolución de los tipos de interés decididos por los grandes bancos centrales occidentales [2]. Por lo tanto, los importes a reembolsar aumentan súbitamente si aumentan los tipos de interés decididos por la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra. Además, como un Estado se refinancia para pagar sus deudas cuando vencen (pide prestado para pagar los préstamos anteriores, y así sucesivamente), si los tipos de interés aumentan, endeudarse se vuelve mucho más caro para estos Estados porque la cantidad pagada en intereses se multiplica por diez. Esto es lo que sucedió a partir de 2022.

 Desde 2020 los ingresos caen, los tipos y los reembolsos se disparan

A partir de 2020 varios fenómenos han reducido los ingresos en divisas extranjeras recaudados por los Estados del sur. En el actual sistema capitalista globalizado, estos ingresos, principalmente de dólares, son necesarios para que estos países importen lo que no producen y para pagar su deuda externa. Estos ingresos externos son proporcionados en particular por las exportaciones y la afluencia de turistas (que cambian sus monedas por moneda local).

Sin embargo, varias sacudidas han agotado la afluencia de divisas a los países del Sur.

Las primeras llegaron en 2020, que coincide con la disminución de los ingresos de divisas para los países del Sur Global

  • La crisis del Covid-19 redujo drásticamente el turismo internacional durante los años 2020 y 2021 y cortó algunas cadenas de suministro del comercio internacional. Sin embargo, algunos países como Sri Lanka son extremadamente dependientes del turismo. Volveremos a ello más adelante. Así pues, 2020 marca la caída de los ingresos de los países del Sur en divisas.

Luego una segunda fase siguió en 2022, sinónimo de subida de los gastos en divisas exteriores para los llamados países en desarrollo:

  • La invasión de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022 provocó inicialmente un fenómeno de especulación sobre el precio de los cereales y los fertilizantes químicos, de los que Ucrania es uno de los principales productores. El temor a una reducción de la producción provocó un aumento de los precios, antes de que una reducción real de esta última agravara este aumento. La mayoría de los países del Sur, que se han especializado en la producción de algunos bienes de exportación en los últimos cincuenta años, son importadores netos de cereales. Por lo tanto, los precios de las importaciones de cereales aumentaron, lo que provocó un aumento del gasto en importación de los países del Sur, mientras que sus ingresos por exportación y sus ingresos por turismo se agotaban.
  • La subida de los tipos de interés, decidido unilateralmente por el Banco Central Europeo, la Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco de Inglaterra a partir de 2022, provocó un aumento mecánico de los intereses pagados por los países y las empresas del sur global (a través de los préstamos a tipos de interés variables) y una fuga de los capitales que habían prestado al Sur porque los tipos de interés eran bajos en el norte. A medida que los acreedores regresan al norte, los países y las empresas del Sur global deben ofrecer intereses más altos para refinanciar su deuda (prestar para pagar préstamos antiguos que vencieron) o para cubrir sus déficits y, por lo tanto, pagan más para endeudarse. Este efecto de bola de nieve provoca un aumento del endeudamiento y de los intereses pagados por los países del Sur.

2022 marca por tanto la subida de los gastos en divisas exteriores para los países de los Sur.

Estos tres fenómenos (crisis de Covid, invasión de Ucrania por parte de Rusia, aumento de los tipos de interés) han provocado, por tanto, una disminución de los ingresos (2020) en divisas exteriores (disminución del turismo y ruptura de las cadenas de suministro) y un aumento del gasto en divisas exteriores de los países del sur global (2022: aumento del precio de los cereales y aumento de los tipos de interés). Tuvieron que reembolsar más con menos, pagando más intereses. Ante esta situación incierta y el aumento de los tipos de interés en el Norte, los acreedores privados redujeron aún más sus préstamos en el Sur Global, se hicieron reembolsar y aumentaron sus compras de deuda en el Norte.

(...)

Los préstamos a los países del Sur concedidos a través de la compra de bonos del Estado por parte de acreedores privados se redujeron a la mitad entre 2021 y 2022 antes de subir ligeramente en 2023.

Los llamados Estados en desarrollo recibieron más préstamos de los que pagaron en el período 2009 - 2021 (porque los acreedores privados prestaban en masa para beneficiarse de mejores tipos de interés que en el norte). Pero, a partir de 2022, ante las dificultades económicas de los países del Sur, los acreedores privados huyen y los gobiernos se encuentran pagando más de lo que reciben en nuevos préstamos.

En resumen, los tres fenómenos explicados anteriormente provocaron una crisis económica y una crisis de la deuda en el Sur. Los gobiernos han tenido que pagar más con menos.

 Las consecuencias: impagos

La disminución de los ingresos en moneda extranjera combinada con la subida de los tipos de interés y el coste de las importaciones ha puesto a varios Estados en situaciones extremadamente difíciles. Varios países del Sur global han entrado en suspensión de pagos, es decir, ya no han tenido suficientes monedas extranjeras (principalmente dólares) para seguir pagando su deuda y asegurar sus importaciones. Este fue el caso de Zambia en 2020, de Ghana y Sri Lanka en 2022, y de Etiopía en 2023.

Otros países podrían seguir. Las reservas de divisas en meses de importación son un buen indicador para evaluar la situación de un país en relación con su deuda externa. En general, se considera que un país debe tener entre 3 y 6 meses de importación en reserva. La tabla 2 muestra, por ejemplo, que Pakistán, cuya situación se ha vuelto extremadamente crítica después de las terribles inundaciones del verano de 2022, está en grandes dificultades con solo 3 meses de importación de reservas. Pakistán es uno de los países que más acuerdos ha firmado con el Fondo Monetario Internacional (25 entre 1958 y 2024). Egipto y Túnez también se encuentran en situaciones críticas, cercanas a una suspensión de pagos.

Frente a estos tres choques que llegaron en 2020 y 2022, los Estados en dificultades podrían haber movilizado el cambio fundamental de circunstancias, que es un argumento de derecho internacional, para suspender el pago de sus deudas. En efecto, la disminución de los ingresos por turismo e importaciones debido a una guerra y una pandemia mundial y el repentino aumento de los tipos de interés y no son más que un cambio fundamental de circunstancias. Por lo tanto, este argumento juridico debe utilizarse para suspender el pago de la deuda, lo que permite revertir la presión de los prestatarios hacia los acreedores que temen entonces no ser reembolsados. Esta inversión de la correlación de fuerzas puede luego permitir a los Estados renegociar su deuda, realizar una auditoría ciudadana y cancelar parte de ella."                      

(Maxime Perriot , CADTM, 13/03/25, traducción DEEPL, notas y gráficos en el original)

16.2.25

Si la deuda pública fuese un problema grave en todos los casos y para la economía mundial en su conjunto, los «expertos» tendrían que preocuparse por lo que ocurre con el país que registra la mayor deuda pública de todos: Estados Unidos... el crecimiento de la deuda pública no es un mal en sí mismo, ni para todas las economías por igual. Su efecto depende de circunstancias variadas. Fundamentalmente, de quiénes sean los acreedores (en Japón, por ejemplo, casi toda la deuda pública está en manos de japoneses) y de la capacidad que se tenga para hacerle frente. Estados Unidos puede permitírselo porque financia su deuda con su propia moneda: el dólar. Hoy en día, puede emitir prácticamente sin límite... Mientras se pueda pagar y no haya acreedores que presionen a los gobiernos, la deuda pública no es un problema grave. De hecho, puede ser un motor importante de impulso económico, sobre todo, cuando los demás –consumo privado, inversión empresarial y comercio exterior– funcionan a medio gas, como viene ocurriendo últimamente... aquello que de verdad puede provocar y ha provocado crisis peligrosas, no ha sido la evolución de la deuda pública, sino la de la deuda privada... la deuda pública elevada es muy dañina, principalmente, para los países más pobres... el crecimiento de la deuda pública, sino el coste de los intereses asociados lo que puede hacerla insoportable... el crecimiento de la deuda gubernamental que tanto les preocupa podría frenarse en gran medida si las administraciones públicas no fueran financiadas con criterios de mercado, es decir, pagando intereses, sino por los bancos centrales. Esto ocurría antes de que comenzaran a aplicarse las políticas neoliberales, a partir de los años setenta del siglo pasado. Antes de eso, la deuda pública promedio en el mundo se situaba en torno al 30% del PIB... Para controlar el incremento de la deuda, lo necesario es reformar el sistema financiero e impedir que los bancos privados se lucren financiando bienes públicos y sociales y, en el caso de los países más pobres, compensar las injusticias que se han cometido con ellos y acordar internacionalmente la reestructuración y el jubileo general de su deuda (Juan Torres López)

 "Los medios de comunicación se han hecho eco del «temor de los expertos de Davos» sobre el crecimiento de la deuda pública, tal como titulaba literalmente una información publicada en la propia web del World Economic Forum.

Sin embargo, la opinión de esos «expertos» es un engaño por dos razones. En primer lugar, porque ponen la atención donde no se encuentra el principal peligro al que pueden enfrentarse las economías en relación con la deuda. Y, en segundo, porque no mencionan las causas reales que, en todo caso, provocan el incremento de la deuda pública.

Un problema grave, pero no el principal

La deuda pública es la que acumulan las administraciones públicas de un país como consecuencia de haber gastado más de lo que ingresan a lo largo del tiempo. Es, sin duda, un problema importante, incluso podría decirse que muy grave, para muchos países y, sobre todo, para los más pobres. Es fundamental entender por qué y cuándo es grave.

Según el informe sobre deuda mundial 2024 de las Naciones Unidas, la deuda pública global fue de 97 billones de dólares en 2023, lo que equivalía al 93% del producto bruto mundial de ese año, que fue de aproximadamente 105 billones. Y, según las últimas estimaciones, en 2024 habría superado los 102 billones.

Si la deuda pública fuese un problema grave en todos los casos y para la economía mundial en su conjunto, los «expertos» tendrían que preocuparse por lo que ocurre con el país que registra la mayor deuda pública de todos: Estados Unidos. Según el Fondo Monetario Internacional, la deuda de todas sus administraciones públicas (36 billones de dólares) representa nada más y nada menos que la tercera parte de toda la deuda mundial. Y si se preocupan por países concretos, deberían poner atención, antes que nada, en Japón, cuya deuda pública representa, según la misma fuente, el 250% de su producto interno bruto (PIB).

No es casualidad que los países más ricos sean los que tienen una deuda pública más elevada. En volumen, por supuesto, e incluso casi siempre en porcentaje sobre su PIB. La que acumulan equivale, según la ONU, a casi el 70% del producto mundial.

¿Cuándo la deuda pública representa un problema?

En realidad, el crecimiento de la deuda pública no es un mal en sí mismo, ni para todas las economías por igual. Su efecto depende de circunstancias variadas. Fundamentalmente, de quiénes sean los acreedores (en Japón, por ejemplo, casi toda la deuda pública está en manos de japoneses) y de la capacidad que se tenga para hacerle frente.

Estados Unidos puede permitírselo porque financia su deuda con su propia moneda: el dólar. Hoy en día, puede emitir prácticamente sin límite, ya que es la divisa utilizada para pagar casi el 40% del comercio mundial y, además, es la principal divisa de reserva para los demás países. De hecho, representa casi el 60% del total de reservas en el mundo.

Mientras se pueda pagar y no haya acreedores que presionen a los gobiernos, la deuda pública no es un problema grave. De hecho, puede ser un motor importante de impulso económico, sobre todo, cuando los demás –consumo privado, inversión empresarial y comercio exterior– funcionan a medio gas, como viene ocurriendo últimamente. De hecho, no se ha podido probar con evidencias empíricas que volúmenes más elevados de deuda pública frenen el crecimiento económico, ni que sean una rémora para crear actividad económica y empleo.

Los «expertos» de Davos se olvidan, como ocurre siempre con los economistas convencionales, de que el peligro real de las economías, aquello que de verdad puede provocar y ha provocado crisis peligrosas, no ha sido la evolución de la deuda pública, sino la de la deuda privada. Así lo indican los datos: las crisis y recesiones se producen justamente cuando su crecimiento se frena tras un periodo de fuerte expansión.

Y se olvidan también del factor que realmente explica el aumento extraordinario, tanto de deuda privada, como de deuda pública en casi todo el mundo.

Lo que nadie cuenta sobre el aumento de la deuda

Sin necesidad de quitarle importancia a lo que ocurre en los países ricos, lo cierto es que la deuda pública elevada es muy dañina, principalmente, para los países más pobres. 54 países más empobrecidos tienen que dedicar más de un 10% de sus ingresos al pago de intereses y, según Naciones Unidas, 3.300 millones de personas viven en países donde se gasta más por ese concepto que en salud o educación.

Los «expertos» olvidan que no es el crecimiento de la deuda pública, sino el coste de los intereses asociados lo que puede hacerla insoportable. El caso de la Unión Europea, perfectamente extrapolable al resto de los países, lo demuestra: según datos oficiales de Eurostat, desde el año 2000, la deuda pública aumentó en 8,6 billones de euros en los 27 países miembros y, en ese periodo, se pagaron 6,56 billones en intereses. Eso quiere decir que tres de cada cuatro euros del aumento de la deuda en ese periodo, corresponden a este último concepto. Y, si se toma la Eurozona, resulta que 88 de cada 100 euros de aumento de la deuda pública, corresponden a intereses.

El beneficio oculto de los bancos

Los «expertos» no mencionan que el crecimiento de la deuda gubernamental que tanto les preocupa podría frenarse en gran medida si las administraciones públicas no fueran financiadas con criterios de mercado, es decir, pagando intereses, sino por los bancos centrales. Esto ocurría antes de que comenzaran a aplicarse las políticas neoliberales, a partir de los años setenta del siglo pasado. Antes de eso, la deuda pública promedio en el mundo se situaba en torno al 30% del PIB.

Por otra parte, los «expertos» se olvidan de la deuda privada porque, en realidad, no desean que se reduzca la deuda. No puede olvidarse que esta es el negocio del grupo más poderoso del planeta: la banca. Lo último que quisieran los financieros que dominan el mundo, es que se aplicaran políticas que redujeran de verdad la deuda, fuente de sus beneficios millonarios.

De hecho, la experiencia demuestra que, cuando se reclama que se reduzca la deuda pública, no se pide que baje todo el gasto público, sino tan sólo el social. Los datos históricos de los gobiernos aparentemente más enemigos del gasto público muestran claramente que, en realidad, no lo reducen en su totalidad: con la excusa de la deuda, disminuyen el gasto social y en bienestar, pero aumentan mucho más el militar y las ayudas directas o fiscales a las grandes empresas. Al final, suben la deuda más que nadie, y lo hacen con el aplauso de los bancos que se lucran con ella.

Los grandes bancos, las grandes empresas y fortunas y los políticos que defienden sus intereses utilizan el miedo a la deuda pública para recortar gastos del gobierno que no les hacen falta pero, en realidad, desean y hacen todo lo posible conseguir que la economía esté medio paralizada y endeudada porque, cuanta más deuda se genera, más renta improductiva extrae el sistema financiero en forma de intereses.

La deuda pública y privada es esclavitud. Lo ha sido siempre a lo largo de la historia, pero hay que entender bien que esta esclavitud existe porque es un negocio de los poderosos, de los que hablan de reducirla cuando, en realidad, hacen todo lo posible para que eunente porque se lucran con ella.

El conservador Mark Rutte, actual secretario general de la OTAN, es una muestra palpable de ese discurso fariseo. Reclama un aumento del gasto militar a los mismos países a los que, hasta hace poco, cuando era primer ministro de Países Bajos, regañaba porque gastaban mucho.

Para controlar el incremento de la deuda, lo necesario es reformar el sistema financiero e impedir que los bancos privados se lucren financiando bienes públicos y sociales y, en el caso de los países más pobres, compensar las injusticias que se han cometido con ellos y acordar internacionalmente la reestructuración y el jubileo general de su deuda."

(Juan Torres López, blog, 15/02/25)

23.1.25

Gravar a los ricos, reparaciones y anulaciones de deudas de los países del sur: la urgencia llama a la radicalidad

"Tanto en el Sur como en el Norte las desigualdades son enormes y si la responsabilidad de los Estados y las grandes empresas del Norte en la explotación del Sur es totalmente real, la simple oposición norte/sur es demasiado simplista.

En los países del Sur las «élites» económicas y políticas se benefician de la explotación de sus compatriotas y, claramente, tampoco comparten los mismos intereses. Por ello, las reivindicaciones que exponemos aquí conciernen, al mismo tiempo, a la imposición de los más ricos y de las grandes empresas del planeta y a la anulación de las deudas del Sur.

Índice:

-Es necesario imponer un gravamen a los más ricos y a las grandes empresas
-Anular las deudas de los países del Sur y poner en marcha un sistema de reparaciones
-Es necesario imponer un gravamen a los más ricos y a las grandes empresas

Para financiar rápidamente una bifurcación ecológica y climática justa, y reducir las desigualdades por medio de la inversión en educación, salud y prestaciones sociales, se necesita imponer un gravamen radical a los más ricos y a las grandes empresas. Este gravamen permitiría, por una parte, financiar esos gastos y por la otra, reducir los daños provocados por las clases dominantes que son, como ya hemos visto, las principales contaminadoras del planeta.

Regular el modo de vida de los más ricos (jets privados o numerosos trayectos en avión) [1] e imponerles un gravamen máximo de forma que se limite su capacidad de generar daños, es una medida realista. Pero, al mismo tiempo, controlar los movimientos de capitales para evitar sus fugas en el momento en que esa medida se efectivice, es otra solución realista.
En un contexto de urgencia ecológica, el aumento de los impuestos a los más ricos sería una medida perfectamente justificada y que encontraría, sin lugar a duda, el apoyo de la mayoría de la población.
En 1941, para financiar el esfuerzo de guerra, Franklin D. Roosevelt cambió el tipo marginal de impuesto a la renta de los más ricos al 91%. [2]

Los siguientes gráficos, sacados del World Inequality Report 2022 muestran que en la mayoría de las regiones estudiadas los esfuerzos para alcanzar los objetivos de los acuerdos de París para 2030 deben sustentarse, en gran parte, sobre el 10% más rico. Recordemos, sin embargo, que cada país heredó objetivos diferentes en función de su nivel de emisiones en el momento de la COP 21 en París en 2015.

Interpretación: Huella personal de carbono que incluye las emisiones de todo tipo de GEI (gases de efecto invernadero) provenientes del consumo doméstico, inversiones públicas y privadas, así como la importación y exportación de carbono incorporado en bienes y servicios comercializados con el resto del mundo. El cálculo se basa en el modelo de combinación sistemática de datos de la contabilidad nacional, impuestos, supervisión, modelos input-output y conjunto de datos de energía. Las emisiones se dividen equitativamente entre las familias. Los objetivos 2030 corresponden al total de emisiones asignadas por los gobiernos para 2030, dividido por la población total del país en 2030. 

En Estados Unidos el 10% más rico debe reducir 7 veces su nivel medio de emisiones de CO2 por año hasta 2030 para cumplir con los Acuerdos de París.

El 40% de la población de ingresos medios debe reducir a la mitad sus emisiones por año, hasta 2030 para respetar esos acuerdos. La mitad de la población más pobre de Estados Unidos debe mantener sus emisiones anuales al mismo nivel. Vemos que el mayor esfuerzo deben hacerlo los más ricos y, globalmente, la mitad más rica de la población. Un gravamen radical es un medio para limitar las emisiones de esas categorías de la población. Y eso movilizaría recursos para los gastos públicos necesarios para la lucha contra el cambio climático.

En Francia las proporciones son bastante similares con respecto a los objetivos de emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) más bajos (5 toneladas de CO2 de media por persona y año contra 10 toneladas en Estados Unidos). 

Si observamos el caso indio, la situación es diferente. El cumplimiento de los objetivos de los Acuerdos de París corresponde completamente al 10% más rico de la población. El 90% restante tiene incluso un «margen» para permanecer dentro de los objetivos de los Acuerdos de París para 2030. Para la India, imponer al 10% más rico y a las grandes empresas un gravamen elevado es una solución para responder de manera eficaz al urgente reto del cambio climático.

El ejemplo chino es bastante similar al de la India, aunque China haya negociado durante la COP 21 unos objetivos menos ambiciosos que la India (10 toneladas de CO2 por persona y año de media contra el 3,7 para la India). Para alcanzar esos objetivos, el 10% de la población china más rica debe dividir sus emisiones anuales entre 3,5. El 90% restante se encuentra entre los límites con respecto a los objetivos fijados.

Estos gráficos —aunque haya que recordar el límite que tiene la comparación por países, ya que todos los países citados no tienen los mismos objetivos con respecto a las emisiones individuales medias de CO2— permiten mostrar muy claramente que son los más ricos los responsables del cambio climático y, por lo tanto, deben asumir sus consecuencias.

Pero no lo harán espontáneamente. Hay que obligarles. Un gravamen es una herramienta eficaz, como lo ha demostrado la historia con tipos marginales de impuestos a la renta muy elevados en varios países occidentales antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Hay que imponer un gravamen radical a los ingresos y al patrimonio, incluido el patrimonio financiero de los más ricos, que aumentó su importancia desde los años 1980. Al mismo tiempo, es necesario evitar la libertad de movimientos de capitales para que los ricos no puedan huir de estas medidas de justicia social y climática. 

Una de las soluciones posibles es regular estrictamente las transacciones financieras. Por ejemplo: prohibir cualquier transacción internacional con los paraísos fiscales. A estas medidas de justicia social en el ámbito del país hay que agregar una medida de justicia histórica del Norte hacia el Sur: la anulación de las deudas de los países del Sur y el establecimiento de reparaciones.
Anular las deudas de los países del Sur y poner en marcha un sistema de reparaciones

Como vimos más arriba, los países del Sur son muy poco responsables del cambio climático y, sin embargo, sufren las principales consecuencias. Frente a esta constatación
es intolerable que los países del Sur subvencionen a los Estados, a las instituciones multilaterales y a los acreedores privados del Norte (estos últimos poseen cerca del 62% de la deuda externa pública de los países clasificados en desarrollo por el Banco Mundial) por la multiplicación de las deudas contraídas ante esas instituciones y el pago de intereses que conllevan.
En abril de 2023, el 93% de los países más vulnerables a la crisis climática estaban en situación de sobreendeudamiento o corrían riesgos que podían llevar al sobreendeudamiento. [3]

Con la crisis de la Covid-19 que rompió las cadenas de aprovisionamiento por el alza de los precios de los cereales provocado, en principio, por la agresión de Rusia contra Ucrania, pero después ampliamente intensificada por la especulación y el aumento de los tipos de interés decidido por la Reserva federal estadounidense y el Banco Central Europeo, los países del Sur vieron cómo explotaban sus niveles de endeudamiento. Debido a las dificultades de pago recortan sus gastos públicos, [4] especialmente en salud y educación, de nuevo llaman al FMI y sufren las condicionalidades de esa institución —aumento del IVA, reducción de presupuestos públicos, intensificación de los cultivos de exportación para obtener las divisas necesarias para el reembolso de la deuda…—. Desde el comienzo de la pandemia, el FMI firmó acuerdos con cerca de 100 países. [5]

Frente a estas injusticias, lo primero que se debe hacer es anular las deudas que son de hecho ilegítimas si tenemos en cuenta la historia de la colonización y dominación del Norte hacia el Sur. Tanto más cuando se sabe que la deuda externa pública total de los países del Sur (3.447 millardos de dólares) solo representa menos del 10% de la deuda pública total de Estados Unidos (36 mil millardos de dólares) o se aproxima a la deuda pública francesa a inicios del 2025, que asciende a 3 500 millardos de dólares o al 30% del volumen total de activos gestionados por BlackRock, es decir, 11.500 millardos de dólares [6].

Otra comparación: un pequeño impuesto del 2% sobre la fortuna de los millonarios del mundo entero, del 3% para aquellos y aquellas cuya fortuna sea superior a 50 millones de dólares y del 5% para los milmillonarios del mundo entero, reportaría 1.700 millardos de dólares cada año, [7] o sea, la mitad de la deuda pública externa total de los países del Sur. La deuda pública externa de los llamados países en desarrollo es una gota de agua en el océano de las finanzas, pero representa una carga enorme para esos Estados, para sus poblaciones y para sus ecosistemas. Esa deuda debe ser anulada para que se liberen los fondos públicos necesarios y urgentes para los servicios de salud, de educación, para la puesta en marcha de una verdadera soberanía alimentaria y para la financiación de la bifurcación ecológica.

La anulación de la deuda de los países del Sur es, por supuesto, insuficiente. Esa anulación debe estar acompañada por la puesta en marcha de las reparaciones por parte de los Estados imperialistas y neocoloniales del Norte hacia los Estados del Sur. También, debe acompañarse con la expropiación de los sectores bancarios y de la energía. Expropiación y socialización de los bancos bajo el control ciudadano, puesto que todo lo que está financiado por los bancos (proyectos que garantizan beneficios) existe y es mayoritario en la sociedad, contrariamente a lo que no está financiado, que permanece minoritario o inexistente, como las cooperativas, las asociaciones, etc. Expropiación del sector de la energía bajo control ciudadano ya que es, con la agricultura, el eje del bienestar de las poblaciones y uno de los factores principales de la destrucción del planeta, ya que se necesita energía para que se muevan los portacontenedores, los aviones y los vehículos individuales, para hacer funcionar las fábricas, calentar las viviendas, etc. Como lo explica Jawad Moustakbal, «el sector energético debe ser considerado como un servicio público, cogestionado con los trabajadores y trabajadoras del sector y por las poblaciones locales que aceptaron compartir una parte de sus territorios (tierra, agua, bosques…) para el interés colectivo. En ese marco, las poblaciones locales deben además beneficiarse de tarifas preferenciales, incluso de una gratuidad en los servicios eléctricos.» [8]

Las poblaciones del Norte no podrán prescindir de un proceso de decrecimiento. Efectivamente, la transición ecológica, tal como se está llevando a cabo ahora, reproduce los mecanismos de explotación del trabajo de la infancia, son extractivistas y neocoloniales y, por ende, intolerables. Esas medidas deben también combinarse con políticas feministas, ecologistas, sociales y populares radicales que, como ya vimos, deben gravar a los más ricos.

Traducido por Griselda Piñero

Los autores agradecen a Jawad Moutakbal, Pablo Laixhay y Christine Pagnoulle la revisión del trabajo."

(Eric Toussaint , Maxime Perriot , CADTM, 21/01/25, gráficos y bibliografía en el original)