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17.11.25

Un acuerdo para destruir la industria argentina... El desigual acuerdo con Estados Unidos, parece una devolución de favores de Milei a Estados Unidos por el salvataje del Tesoro... Argentina otorgaría preferencias arancelarias en siete sectores relevantes de nuestra industria (medicamentos, productos químicos, maquinaria, productos de tecnología de la información, dispositivos médicos, vehículos automotores y una amplia gama de bienes agrícolas) y Estados Unidos lo haría en solo dos sectores con difuso impacto y con capacidad productiva local incierta (ciertos recursos naturales no disponibles y artículos no patentados para su uso en aplicaciones farmacéuticas). Argentina también eliminaría todo tipo de barreras no arancelarias, sin contrapartida por parte de Estados Unidos, asumiendo que los estándares estadounidenses son apropiados a las condiciones de consumo y producción locales... A cambio, lo principal que estaría consiguiendo Argentina son promesas de consideración de reducciones arancelarias y de un mayor cupo de importación en tres rubros de interés real de sectores de poder nacionales: ganadería, siderurgia y aluminio. De lograrse algo en este sentido el impacto sería marginal a nivel macroeconómico... Se trata de un ansiado intento de los sectores de poder en Argentina de normalización de nuestro país hacia lo peor de los estandares productivos y distributivos regionales, donde predomina la explotación de recursos naturales sin valor agregado industrial, la desorganización y disciplinamiento de los trabajadores por parte de los grandes grupos de poder sin tensiones distributivas que garantizan la estabilidad, pero también el sometimiento, la ausencia de una resistencia social amplia y sostenida ante el empeoramiento de las condiciones de vida, la desigualdad distributiva, la ausencia de un sistema de desarrollo científico y tecnológico liderado por el Estado y acentuados límites de acceso a la enseñanza universitaria de alto nivel. Allá vamos (Mariano Kestelboim)

 "Lo más llamativo del comunicado sobre el principio de acuerdo con Estados Unidos es el enorme grado de desigualdad en términos de compromisos ofrecidos por cada parte y que elude todo tipo de referencia al MERCOSUR. Luce mucho más como una devolución de favores por el decisivo salvataje previo a las elecciones pasadas que un acuerdo comercial de mutuo beneficio. O peor aún. Asoma como una nueva versión del "Estatuto Legal del Coloniaje", tal como Arturo Jauretche bautizó al tristemente célebre Pacto Roca-Runciman, firmado en los albores de la "década infame" que consolidaba una relación de subordinación con una Inglaterra en decadencia como potencia hegemónica.

Según el comunicado de la Casa Blanca, Argentina otorgaría preferencias arancelarias en siete sectores relevantes de nuestra industria (medicamentos, productos químicos, maquinaria, productos de tecnología de la información, dispositivos médicos, vehículos automotores y una amplia gama de bienes agrícolas) y Estados Unidos lo haría en solo dos sectores con difuso impacto y con capacidad productiva local incierta (ciertos recursos naturales no disponibles y artículos no patentados para su uso en aplicaciones farmacéuticas).

Argentina también eliminaría todo tipo de barreras no arancelarias, sin contrapartida por parte de Estados Unidos, incluyendo entre ellas la bonificación de la tasa estadística aduanera a las importaciones de ese origen. El tributo tiene por objeto específico financiar el funcionamiento del sistema aduanero argentino y esos gastos no se discriminan según la procedencia de las compras externas. El porcentaje que dejaría de recaudarse sería ni más ni menos que el 3% (sí, como el de Karina) de los montos totales de importación. En 2024, la recaudación por esos gravámenes a las compras provenientes de Estados Unidos totalizó 194 millones de dólares. La medida, además, implicaría una alevosa discriminación respecto al resto de los países que le venden a Argentina, incluso iría en contra de nuestros socios del MERCOSUR. El favoritismo por Estados Unidos podría dar lugar a justificados reclamos ante la OMC.

Además, entre otras concesiones, resignaríamos la capacidad de control de las importaciones asumiendo que los estándares estadounidenses son apropiados a las condiciones de consumo y producción locales. Esta imposición desatiende que nuestro país posee condiciones diferentes, por ejemplo, a nivel geográfico y de infraestructura. Los estándares de los reglamentos técnicos de Estados Unidos para la certificación y comercialización de alimentos, productos farmacéuticos y dispositivos médicos, por caso, no necesariamente son compatibles con los de nuestro mercado.

A cambio, lo principal que estaría consiguiendo Argentina son promesas de consideración de reducciones arancelarias y de un mayor cupo de importación en tres rubros de interés real de sectores de poder nacionales: ganadería, siderurgia y aluminio (en estos dos últimos productos recae el 50% de arancel aplicado desde junio pasado y en carne vacuna rigen cupos exiguos). De lograrse algo en este sentido el impacto sería marginal a nivel macroeconómico.

El principio de acuerdo con Estados Unidos luce mucho más como una devolución de favores por el decisivo salvataje previo a las elecciones pasadas que un acuerdo comercial de mutuo beneficio. O peor aún. Asoma como una nueva versión del "Estatuto Legal del Coloniaje", tal como Arturo Jauretche bautizó al tristemente célebre Pacto Roca-Runciman.

En consecuencia, en caso de ser publicado el texto del acuerdo y ratificado legislativamente (son los pasos siguientes), como resultado de una situación desfavorable en materia tributaria, tecnológica y de escalas productivas descendientes por la baja del consumo y el aumento de la importación que padece la industria nacional, el efecto del acuerdo, sin negociación ni consulta a los sectores afectados, profundizaría el proceso de primarización productiva local, a la vez que golpearía nuevamente la frágil situación fiscal por la reducción arancelaria prevista.

El mercado estadounidense tampoco ha sido un destino de demanda importante de bienes de alto valor agregado local. Por el contrario, representa solo el 8% de las exportaciones totales considerando el promedio de los últimos tres años y un 63% de las ventas se concentran en petróleo crudo, oro, metales, químicos y grasas y aceites, productos de nula o baja agregación manufacturera de valor.

El convenio fue negociado en el marco de una opacidad que ya se ha transformado en un penoso clásico del gobierno de Milei. En menos de dos años de gestión, escondió el envío y el uso del oro de Argentina, ha mantenido enigmáticas intervenciones del Tesoro en el mercado cambiario y ha ocultado las condiciones de la trama financiera con Estados Unidos. Y el resultado de esta nueva entrega fue presentada vagamente, sin el desarrollo y publicación de estudios de impacto y sin los necesarios entendimientos con los actores interesados e involucrados directamente. Operan impunemente en una clandestinidad impropia para la administración de recursos públicos y con resultados que desalientan el desarrollo productivo.

El nivel de sumisión de Argentina y el abuso en la relación vuelve consistente el agrupamiento de lo negociado por Estados Unidos, que nos incluyó en un paquete de presentación pública con tres países pobres, mucho más pequeños y sin capacidades industriales, como El Salvador, Ecuador y Guatemala.

Además, sorprende que el entendimiento viola el Tratado de Asunción, normativa internacional que creó el MERCOSUR. El artículo 1 del tratado establece que las negociaciones comerciales se realizan en conjunto y, de hecho, así ha sido desde los casi 35 años de vida del bloque regional. Si bien Uruguay intentó negociar de forma individual desde 2021 tratados de libre comercio, todavía no ha presentado un acuerdo de preferencias arancelarias.

En la última reunión del Grupo Mercado Común -es el órgano ejecutivo más activo del MERCOSUR-, celebrada el 3 y 4 de noviembre pasados, las delegaciones de Brasil y Paraguay reiteraron la importancia de las negociaciones en bloque, en línea con los estándares del MERCOSUR y sus objetivos consagrados en sus instrumentos fundacionales. Y, como consta en el acta del encuentro realizado en Brasilia, los Estados Parte recordaron el fuerte ritmo de negociaciones que el MERCOSUR ha venido marcando recientemente, con la conclusión de varios acuerdos, como el MERCOSUR-Unión Europea, el MERCOSUR-AELC (bloque integrado por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza) y el MERCOSUR-Singapur, además de otras negociaciones en curso. O sea, en un escenario en el que el bloque viene siendo marcadamente aperturista, operar de forma individual y descoordinada, con tratados con resultados desiguales vulnera su institucionalidad y empobrece a nuestro país.

El convenio fue negociado en el marco de una opacidad que ya se ha transformado en un penoso clásico del gobierno de Milei. En menos de dos años de gestión, escondió el envío y el uso del oro de Argentina, ha mantenido enigmáticas intervenciones del Tesoro en el mercado cambiario y ha ocultado las condiciones de la trama financiera con Estados Unidos.

Lo negociado podría romper también el nivel máximo de las excepciones acordadas en el Arancel Externo Común del MERCOSUR (para confirmarlo hace falta que se publique el texto completo del acuerdo, pero con llegar a más de cien las posiciones arancelarias a 8 dígitos del NCM exceptuadas ya provocaría la ruptura). Poner en peligro la relación con nuestro espacio regional de pertenencia también implica una degradación como país que destruiría la principal plataforma de integración regional de inserción internacional, donde en términos comerciales genera la mayor demanda de bienes industriales con más alta generación de empleo formal. El 58,3% de lo que exportó Argentina al MERCOSUR en los primeros nueve meses de 2025 fueron manufacturas de origen industrial y recibió el 20,4% de la exportación total.

Las concesiones sectoriales que demandó Estados Unidos coinciden con rubros donde Argentina tiene capacidades tecnológicas y exporta de bienes no tradicionales que la distingue positivamente del nivel general de Latinoamérica y donde la plataforma de inserción internacional del MERCOSUR fue fundamental para el desarrollo de escalas mínimas de exportación. Ahora ese desarrollo corre peligro.

En definitiva, la pretensión del gobierno de Milei, coronada por el empuje de Estados Unidos, parece buscar acelerar el proceso de latinoamericanización de nuestra estructura productiva y social. Se trata de un ansiado intento de los sectores de poder en Argentina de normalización de nuestro país hacia lo peor de los estandares productivos y distributivos regionales. Lo característico de la normalidad latinoamericana es un esquema productivo donde predomina la explotación de recursos naturales sin valor agregado industrial, la desorganización y disciplinamiento de los trabajadores por parte de los grandes grupos de poder sin tensiones distributivas que garantizan la estabilidad, pero también el sometimiento, la ausencia de una resistencia social amplia y sostenida ante el empeoramiento de las condiciones de vida, la desigualdad distributiva, la ausencia de un sistema de desarrollo científico y tecnológico liderado por el Estado y acentuados límites de acceso a la enseñanza universitaria de alto nivel. Allá vamos." 

(Mariano Kestelboim , La Política Online, 17/11/25)

5.11.25

Milei ganó por el temor a la debacle. Se impuso por la generalizada percepción que, si se devaluaba al día siguiente de la elección, sobrevenía el desastre económico. Vivimos en una sociedad con mucha memoria de esos desmoronamientos y la población se previno con un voto conservador. Optó por mal menor, para mantener lo que hay frente a una posibilidad de colapso... El pánico al desastre económico fue muy evidente en todas las jornadas previas de corrida cambiaria, con la sensación de una próxima inflación si se disparaba el dólar. Ha sido muy paradójico, porque el colapso económico del gobierno determinó su salvación. Se impuso el generalizado temor al caos. Fue una elección con el chantaje de Trump sobrevolando las urnas. El magnate lo dijo sin ningún disimulo: votan a Milei o retiro el auxilio y se todo se va al diablo. Fue una amenaza directa. Anuncio que solo sostendrían el dólar si su vasallo ganaba los comicios y la extorsión fue directa: sin Milei, derrumbamos la economía. Con ese mensaje generó un pánico total porque recreó el miedo a volver al 2001 y entre el ajuste de Milei y ese desmoronamiento, los votantes optaron por el ajuste. No fue elección, sino un chantaje... Hay un ajuste brutal y muy pocos se engañan con las mentiras oficiales o con los delirios de Milei. También se pudo ver con total nitidez las estafas con las criptomonedas, las coimas del Carina y el escándalo del narcotráfico de Espert. Todo eso fue percibido, pero el miedo al colapso económico fue más fuerte y por eso, el grueso de los votantes prefirió no dar salto al vacío. El sostén de Trump y el temor popular definieron el resultado (Claudio Katz)

 "Después de lo ocurrido el domingo pasado en que el oficialismo ultraderechista se alzó con un inesperado triunfo electoral, surgieron numerosas conjeturas, explicaciones varias que sin embargo no conforman un cuadro certero de lo ocurrido. Desde Resumen Latinoamericano preferimos recurrir a nuestro compañero de Economistas de Izquierda, Claudio Katz, autor de varios libros sobre la realidad latinoamericana, la economía y la geopolítica. Estas son sus opiniones en diálogo con Carlos Aznárez.

-¿Qué ocurrió en las elecciones?

-Primero los datos. Fue un triunfo contundente de un gobierno que parecía hundido. Pintaron el mapa electoral de violeta, lograron el 40 por ciento, dieron vuelta el resultado en la Provincia de Buenos Aires, donde hace 50 días habían perdido por 14 puntos. En esa remontada se quedaron con los votantes ausentes en setiembre y con los sufragios de otras opciones conservadoras. Además, el oficialismo ganó en la Capital Federal por 20 puntos, dio la sorpresa en Córdoba y Santa Fe y ratificó su primacía en Mendoza. En cambio, el peronismo salvó apenas la ropa en las provincias que siempre tuvo mayoría.

Hay muchas interpretaciones de lo sucedido, pero en mi opinión existe una explicación central que es el miedo al colapso económico. Milei ganó por el temor a la debacle. Se impuso por la generalizada percepción que, si se devaluaba al día siguiente de la elección, sobrevenía el desastre económico. Vivimos en una sociedad con mucha memoria de esos desmoronamientos y la población se previno con un voto conservador. Optó por mal menor, para mantener lo que hay frente a una posibilidad de colapso.

¿Ese escenario fue visible en las semanas previas?

-Sí. El pánico al desastre económico fue muy evidente en todas las jornadas previas de corrida cambiaria, con la sensación de una próxima inflación si se disparaba el dólar. Ha sido muy paradójico, porque el colapso económico del gobierno determinó su salvación. Se impuso el generalizado temor al caos.

Fue una elección con el chantaje de Trump sobrevolando las urnas. El magnate lo dijo sin ningún disimulo: votan a Milei o retiro el auxilio y se todo se va al diablo. Fue una amenaza directa. Anuncio que solo sostendrían el dólar si su vasallo ganaba los comicios y la extorsión fue directa: sin Milei, derrumbamos la economía.

Con ese mensaje generó un pánico total porque recreó el miedo a volver al 2001 y entre el ajuste de Milei y ese desmoronamiento, los votantes optaron por el ajuste. No fue elección, sino un chantaje, que el gobierno reforzó equiparado el retorno del peronismo con el desastre económico. Ese pavor caló entre la población.

Por eso, al otro día Trump se adjudicó correctamente el triunfo. Con todo con descaro dijo “ganamos” y añadió que “ganamos mucha plata”. Y lo celebró porque es el verdadero triunfador. Ya comenzaron a quedarse con la Argentina por muy poca plata.

¿Pero es la única explicación de lo ocurrido?

-Yo creo que es la principal, porque las otras interpretaciones pierden de vista lo esencial. Señalan hechos ciertos, pero no determinantes y no dan cuenta de lo más llamativo que fue el viraje en 50 días. El gobierno parecía acabado y resucitó y esos giros obedecen a cambios en el estado de ánimo, que habitualmente no registran las encuestas. Por eso nadie anticipo el resultado. Había tres escenarios: derrota grave, derrota leve y salvar la ropa. El triunfo de Milei había quedado descartado y se produjo.

Yo creo que la gente vive en carne propia el profundo deterioro económico y social. Hay un ajuste brutal y muy pocos se engañan con las mentiras oficiales o con los delirios de Milei. También se pudo ver con total nitidez las estafas con las criptomonedas, las coimas del Carina y el escándalo del narcotráfico de Espert. Todo eso fue percibido, pero el miedo al colapso económico fue más fuerte y por eso, el grueso de los votantes prefirió no dar salto al vacío. El sostén de Trump y el temor popular definieron el resultado.

Muchos analistas consideran, en cambio, que lo más importante fue la reaparición del anti peronismo estructural, la épica gorila y el odio al kirchnerismo, que revitalizó a ese 40 % del electorado, fiel a las opciones conservadoras.

Me parece que debemos tener cuidado con ese razonamiento. Lo veo estático. El elemento ideológico existe, pero tiene una gravitación variable según los escenarios políticos. Es un dato de genérico, que no impidió el largo período de gobierno de Néstor, Cristina y Alberto Fernández.

También se destaca mucho que fue determinante el desdoblamiento que Cristina objetaba, porque efectivamente desmovilizó a los intendentes, que se desinteresaron del resultado. Pero si se jerarquiza ese determinante o el cambio hacia la boleta única, no se registra el dato central que fue el chantaje de Trump.

Lo mismo pasa con la idea que el peronismo quedó afectado por la multiplicidad de sellos nacionales y que por eso quedó en el 31 por ciento a nivel nacional, que es un piso histórico. Pero el desastre del gobierno de Alberto Fernández, más bien nos indica que el peronismo queda más afectado a veces por su unidad que por su fragmentación.

¿Y el enorme ausentismo cómo incidió?

-Yo creo que existe un hastío general con la manipulación que introducen n tantas elecciones provinciales a gusto de los gobernadores. Manipulan las fechas a su gusto y comodidad. Hay una fatiga electoral, en un año que incluyó comicios provinciales en ocho distritos y ese malestar fue uno de los determinantes del ausentismo, que alcanzó el 66 por ciento del padrón. Fue el mayor desde el 1983. Más de 12 millones de argentinos habilitados para votar no lo hicieron.

Se están exponiendo también muchos argumentos sociológicos o ideológicos para explicar el resultado electoral, porque ciertamente la sociedad ha cambiado mucho. Hay más individualismo, uberización, capitalismo de plataformas y penetración ideológica neoliberal.

Pero esas mutaciones no impidieron la derrota de Milei en Buenos Aires el mes pasado y la derrota de Macri hace seis años. Tampoco impidieron que Lula, Petro o Scheinman ganaran las elecciones contra la derecha, en países tan relevantes como Brasil, Colombia y México. Hay que ser cuidadoso con ciertas observaciones generales, como la errónea tesis que el fascismo se impuso en Argentina.

Me parece que en las circunstancias adversas hay que profundizar y refinar el análisis político, evitando el mero desánimo o la inútil descarga de culpas sobre el conjunto de la sociedad.

¿Y cuáles son las conclusiones que extraes de tu balance electoral?

-Si centramos lo ocurrido en un chantaje que asustó al electorado, podemos deducir varias observaciones más provechosas que el mero desencanto. La primera es que fue un voto resignado. No fue entusiasta, ni convencido. Milei celebra como una ratificación popular, computando tan solo el visto bueno de uno de cada tres argentinos. Consiguió un voto pasivo, temeroso y gran medida vergonzante.

Y eso ocurrió porque continúa sin construir una base propia significativa. Los actos públicos que hizo fueron paupérrimos. Y ni siquiera pudo concretar caravanas por el malestar que existe con su figura. Los que estudian el sufragio dicen que el seguidor libertario no habla, es despolitizado, no toma partido y vota por sensaciones. También notan que no fueron determinantes esta vez las redes o las campañas digitales.

La segunda conclusión es que se ratificó la polarización entre las fuerzas tradicionales y se desplomó Provincias Unidas. Con el 5,12 por ciento de los votos, quedó como fuerza marginal y se diluyó como tercera vía competitiva. El cordobesismo, Pullaro, Ignacio Torres o Florencio Randazzo, todos cayeron ante el mileismo, que absorbió gran parte del macrismo. Y este escenario es un gran problema para las clases dominantes, que apostaban a contar con una fuerza conservadora tradicional para manejar el Estado.

Milei sigue rodeado de lumpenes, delincuentes, marginales y arribistas. No ha podido gestionar el Estado y es causante de muchas crisis autoinfligidas. Las 64 bancas que ahora tiene puede ser un sostén o derivar en otro grupo de díscolos inmanejables.     Habrá que ver ahora si envalentonado con el triunfo, sigue con su gestión caótica o inaugura el proyecto de alianza con los gobernadores y los macristas, que le exige el gran capital. Hay un antecedente de triunfo electoral en el medio término y declive posterior que se verificó con Macri. Entre las generales de 2015 y las legislativas de 2017, creció más que Milei entre 2023 y 2025 y después se desplomó.

¿Qué pasó con el peronismo?

-Con unos 100 diputados retuvo la primera minoría en la Cámara Baja y aún con bajas, mantiene la primera minoría en el Senado. Pero sin un gran daño en el Congreso, sale de estas elecciones en un estado de ebullición y reaparecerán las internas. El liderazgo de Kicillof que parecía afianzado vuelve a ser una incógnita.

El peronismo sigue cargando con la memoria del fracaso de Alberto Fernández y no logra aportar alguna explicación coherente de ese desastre. Tampoco dice que corregiría y está a la defensiva frente a las acusaciones del gobierno. Todo su programa se limita a proclamar la necesidad de frenar a Milei, pero la población sabe que ese enunciado no es un proyecto. Si Milei ganó por un chantaje de Trump, el peronismo no puede afrontarlo sin decir que haría. Y cómo elude esa respuesta pierde credibilidad.

El discurso del peronismo es puro titubeo, pasividad y moderación. Ningún balance de la capitulación frente a Vicentín, el FMI, las empresas remarcadoras de precios o los financistas que fugaron capital. Por lo tanto, transmite la idea que, si vuelve, será tan impotente como con Alberto Fernández. Y queda flotando el problema que, si en la próxima elección vuelve a afrontar un chantaje de Trump y la derecha, no tendrá respuesta.

Por lo tanto, se enfrenta a una disyuntiva muy seria…

-Sí. Pero el trasfondo del problema es la magnitud de la crisis argentina, que no comparable a otros países de la región. Por eso, hay poco espacio para repetir aquí lo que hacen Lula, Scheiman o Petro. En nuestras condiciones, la batalla contra la ultraderecha requiere demostrar firmeza, autoridad y decisión, que son atributos que el peronismo no transmite.

Es la diferencia con la época de Braden o Perón. Ningún líder del peronismo genera la impresión que puede plantarse frente Trump, como lo hizo Perón en el pasado. Todos tienen miedo de quedar identificados con Chávez o Evo Morales si asumen esa actitud y por eso optan por la moderación, que es una postura de derrota frente a la agresividad de la ultraderecha.

Esa actitud se verifica en el abandono de las calles. El peronismo habla de frenar a Milei, pero se ha desmovilizado una y otra vez en los últimos dos años. El exponente más acabado de esa actitud es la CGT, que después de un empujón inicial se resignó a no hacer nada.

Si sigue por ese camino, el peronismo convalidará la agresión que prepara Milei contra los sindicatos, especialmente ahora que se avecina la gran batalla de la reforma laboral. El gobierno prepara un proyecto de demolición de derechos para que la informalidad sea la nueva formalidad, se extienda la jornada laboral 12 y las negociaciones salariales sean por empresa, con criterios de productividad individual. Para frenar a Milei hay que luchar, como ocurrió siempre.

¿Y cómo ves en ese marco la elección que hizo la izquierda?

-Fue muy buena. Logró 900 mil votos en todo el país, tres diputados, la tercera fuerza en la Ciudad y la figura de Myriam Bregman quedó consolidada. Lo importante es que canalizó un voto de organización de la lucha. Ese fue el mensaje explícito del FIT. Dijeron «vamos a resistir en el Congreso y en la calle». Señalaron que no debe haber tregua, ni resignación. Que se deben afrontar los atropellos que prepara Milei y la represión que anticipa Bullrich. Me parece que es un mensaje esperanzador, recordaron que, si le ganamos al macrismo podemos lograrlo con Milei

Recogen una tradición de lucha, que por ahora la separa del peronismo. Es una diferencia de actitud. La ideología no estuvo en el centro del debate electoral. No hubo controversias entre nacionalismo y socialismo, sino de posturas frente al ajuste. El gran desafío ahora es construir poder con la lucha. Se abre una nueva etapa y veremos cómo se desenvuelve." 

(Entrevista a Claudio Katz, Resumen Latinoamericano, 30/10/25)

2.11.25

Eduardo Garzón: Milei no habría ganado las elecciones sin el rescate de Trump... la economía argentina tuvo que ser rescatada por Estados Unidos de la mano del mismo Donald Trump, quien aseguró que cancelaría su apoyo financiero multimillonario (20.000 millones de dólares en un swap y 1.800 millones en compras de pesos argentinos) “si Milei perdía las elecciones”... la gente no votó a Milei por la buena marcha de la economía, porque justamente está herida de gravedad... El único aspecto positivo del que puede sacar pecho Milei -y que muchos argentinos valoran- es que su moneda nacional se mantiene fuerte, lo que no solo permite mantener más controlada la inflación, sino también que el 24% de los argentinos más ricos del país (los únicos con capacidad de ahorro regular) puedan comprar productos del extranjero a precios mucho más competitivos y viajar a otros países sin gastarse tanto dinero... Milei decidió utilizar hasta el último dólar de sus reservas para mantener el peso fuerte y llegar en buena posición a las elecciones de octubre. Esta estrategia no solo era muy arriesgada y peligrosa, puesto que es “pan para hoy y hambre para mañana”, sino que también era imposible de realizar sin contar con los dos rescates multimillonarios del Fondo Monetario Internacional y de Estados Unidos, que suman más de 40.000 millones de dólares entre los dos... Milei pudo llegar a las elecciones presentándose el garante de una cierta estabilidad macroeconómica solo porque hipotecó salvajemente al país, secándolo de dólares y recurriendo a deudas externas y extraordinarias. Especialmente importante fue el rescate de Trump durante todo el mes de octubre, quién ha estado tirando a la basura más de 1.8000 millones de dólares con tal de mantener artificialmente apreciado el peso argentino. Sin esa cuantiosa ayuda, el régimen cambiario de Milei habría saltado por los aires unas semanas antes de los comicios, y el ruido financiero y político se habría traducido sin duda en un mucho peor resultado electoral... el peaje es terrible: Argentina está sumida en la recesión, con la industria destruida, con la población empobrecida, sin ningún dólar propio en las reservas y, encima, debiendo miles de ellos a Estados Unidos y a otros organismos internacionales. Mientras los liberales celebran victorias, la Argentina paga con su futuro

 "Trump sella con Milei en la Casa Blanca un rescate de 20.000 millones a dos semanas de las elecciones legislativas en Argentina

Javier Milei obtuvo una victoria contundente en las elecciones legislativas de Argentina del pasado domingo 26 de octubre, superando en 9 puntos a la candidatura peronista. Esto contrasta fuertemente con los resultados de las elecciones provinciales de Buenos Aires de hace apenas un mes y medio, cuando fue precisamente el peronismo el que superó a la candidatura de Milei por más de 14 puntos. ¿Qué es lo que cambió de una elección a la otra para que los resultados fueran tan dispares?

En primer lugar, es importante tener en cuenta que los códigos y la lógica de votación es muy diferente en las dos convocatorias electorales. Por ejemplo, en las elecciones provinciales juegan un papel fundamental los intendentes (alcaldes), muchos de los cuales son peronistas, quienes se esforzaron mucho en la contienda electoral para retener sus municipios y ayudar a sus gobernadores gracias a su maquinaria territorial, mientras que esos incentivos no se dieron en la convocatoria nacional. Esta diferencia podría explicar que las elecciones provinciales de septiembre fueran una anomalía puntual dentro de un escenario de importante apoyo (aunque rápidamente decreciente) a la formación liderada por Milei.

En segundo lugar, el mismo hecho de que el peronismo obtuviera una victoria holgada en septiembre probablemente despertó los miedos de los antiperonistas, quienes hasta entonces habían creído que dicho movimiento estaba herido de gravedad, movilizándose entonces en octubre para votar en masa a la alternativa, representada por Milei.

En tercer lugar, entre una elección y otra, la economía argentina tuvo que ser rescatada por Estados Unidos de la mano del mismo Donald Trump, quien aseguró que cancelaría su apoyo financiero multimillonario (20.000 millones de dólares en un swap y 1.800 millones en compras de pesos argentinos) “si Milei perdía las elecciones”. Esto, que supone una injerencia electoral en toda regla, pudo llevar a mucha gente a votar a Milei simplemente pensando en la marcha de la economía del país y no tanto en la simpatía que le pudiera generar.

Sea como fuere, lo que sí está más que claro es que la gente no votó a Milei por la buena marcha de la economía, porque justamente está herida de gravedad: Argentina lleva en recesión todo el año 2025 y el indicador principal de actividad económica volvió a caer intensamente justo el mes anterior a las últimas elecciones; los tipos de interés se dispararon en septiembre y octubre hasta llegar a superar el 30% en términos reales, borrando de un plumazo el crédito bancario; más de 18.000 empresas han echado el cierre y más de 230.000 trabajadores han perdido su puesto de trabajo desde que Milei llegó al gobierno; los ingresos reales de los trabajadores y pensionistas se han desplomado un 15% y un 10%, respectivamente (con la única excepción de los asalariados del sector privado registrado, bien protegidos por unos sindicatos que Milei amenaza con debilitar); el pluriempleo, necesario para llegar a fin de mes, está registrando récords; el ahorro de las familias está en mínimos históricos; el consumo en supermercados y en tiendas es un 18% inferior a la época pre-Milei; las prestaciones sociales han sido recortadas en un 18,6%...

El único aspecto positivo del que puede sacar pecho Milei -y que muchos argentinos valoran- es que su moneda nacional se mantiene fuerte, lo que no solo permite mantener más controlada la inflación, sino también que el 24% de los argentinos más ricos del país (los únicos con capacidad de ahorro regular) puedan comprar productos del extranjero a precios mucho más competitivos y viajar a otros países sin gastarse tanto dinero. Estos argentinos ricos, a quienes los recortes de Milei apenas afectan, están encantados con disponer de un peso fuerte, con mayor libertad para realizar inversiones financieras tras la apertura parcial del cepo, y con tipos de interés estratosféricos que solo multiplican su patrimonio financiero. Por otro lado, hay argentinos no tan ricos que también están contentos con tener menos inflación que antes, incluso aunque ahora tengan menos capacidad económica, porque prefieren ser algo más pobres pero no tener que preocuparse tanto por los precios a ser menos pobres pero estar mirando cada semana la evolución de los mismos. Los dos perfiles pueden perfectamente conformar la mayor parte de ese 27% del electorado que se ha decantado por Milei. No es un gran porcentaje, pero ha sido suficiente para alcanzar la victoria en un país sumido por el desencanto político y el antiperonismo.

Ahora bien, ¿cómo ha conseguido Milei mantener durante casi dos años un peso argentino tan fuerte? Dilapidando desesperadamente todos los dólares que obtenía la economía argentina sin ningún tipo de miramiento, e incluso dilapidando dólares que no eran suyos y que tomaba prestados. Frente a una actitud conservadora, propia de otros países latinoamericanos como Brasil, México o Colombia y caracterizada por acumular dólares para afrontar los imprevistos del futuro, el gobierno de Milei decidió utilizar hasta el último dólar de sus reservas para mantener el peso fuerte y llegar en buena posición a las elecciones de octubre.

Esta estrategia no solo era muy arriesgada y peligrosa, puesto que es “pan para hoy y hambre para mañana”, sino que también era imposible de realizar sin contar con los dos rescates multimillonarios del Fondo Monetario Internacional y de Estados Unidos, que suman más de 40.000 millones de dólares entre los dos, así como con un blanqueo de capitales histórico y una supresión de las retenciones al campo que le permitió adelantar los dólares de la cosecha (que son medidas extraordinarias y de un solo uso). Es decir, Milei pudo llegar a las elecciones presentándose el garante de una cierta estabilidad macroeconómica solo porque hipotecó salvajemente al país, secándolo de dólares y recurriendo a deudas externas y extraordinarias. Especialmente importante fue el rescate de Trump durante todo el mes de octubre, pues estamos hablando de que el Estado más poderoso del mundo ha estado tirando a la basura más de 1.8000 millones de dólares con tal de mantener artificialmente apreciado el peso argentino. Sin esa cuantiosa ayuda, el régimen cambiario de Milei habría saltado por los aires unas semanas antes de los comicios, y el ruido financiero y político se habría traducido sin duda en un mucho peor resultado electoral.

En resumen, Milei priorizó su objetivo electoral a cualquier otra cuestión económica y, aunque le ha salido bien la muy arriesgada jugada -solo posible gracias a la inusual ayuda de Estados Unidos-, el peaje es terrible: Argentina está sumida en la recesión, con la industria destruida, con la población empobrecida, sin ningún dólar propio en las reservas y, encima, debiendo miles de ellos a Estados Unidos y a otros organismos internacionales. 

Mientras los liberales celebran victorias, la Argentina paga con su futuro."

(Eduardo Garzón, eldiario.es, 31/10/25) 

1.11.25

Milei ha aumentado su base, su organización territorial, y su peso político en estas elecciones... no fueron a votar 12,9 millones de personas, el 32% del padrón. Además, 1,2 millones de personas votaron en blanco... el gobierno de Milei abre un escenario de mayor unidad en la clase capitalista y sus partidos, con respaldo, por ahora, de Trump. Concretamente, la demanda a Milei es que sea factor de unificación para sostener el ajuste fiscal y las reformas “pendientes”... tras la corrida cambiaria y el efecto amenaza de Trump... con la salida de divisas, con un banco central con reservas en negativo, entraron a jugar las ventas de dólares del Tesoro de EEUU., lo que terminó frenando la corrida... El gobierno llegó entonces a las elecciones sostenido en tubos de oxígeno estadounidenses... Es en este marco que deben considerarse las advertencias de Trump a los argentinos: “si no votan bien, nos retiramos, no les damos dinero”... Esto en un país con una larga saga de crisis cambiarias, financieras, profundas recesiones, desvalorizaciones masivas de activos, inflación crónica y episodios de hiperinflación (desde fines de los 1960 la moneda argentina perdió13 ceros)... el chantaje de Trump es una expresión particular de la presión y amenaza de los capitales, globalizados y nacionales, los organismos internacionales y los Estados más poderosos, sobre los países dependientes y atrasados... Hace décadas, en Argentina, la amenaza era “si votás a la izquierda habrá guerra civil y caos”. Ahora el mensaje es “si no votás bien, la economía del país estallará y tendremos hiperinflación”, etcétera... El gobierno y la prensa anuncian que una de las primeras reformas a encarar por el gobierno es la laboral... aflora el chantaje “o los trabajadores ceden posiciones, o seguimos sin invertir, o contratando en negro”... El conflicto es de clase (Rolando Astarita)

 "En lo que sigue pasamos revista a datos de las elecciones del 26 de octubre y agregamos algunas reflexiones sobre la coyuntura política y la táctica socialista.

El primer dato es que, con 9,2 millones de votos -40,7%-, LLA ha aumentado su base, su organización territorial, y su peso político. Se impuso por un punto en provincia de Buenos Aires, donde 50 días antes había perdido por 14 puntos. Triunfó en Córdoba y Santa Fe, con votaciones que superaron el 40% de los votos. Ganó con gran ventaja en CABA. Y se impuso en Mendoza, Entre Ríos, Misiones, Chaco, Salta, Jujuy, La Rioja, San Luis, Neuquén, Río Negro, Chubut y Tierra del Fuego. Obtuvo 64 nuevas bancas en Diputados y 13 en Senadores. Mucha gente de izquierda tiende a minusvalorar estos avances. Deberían reflexionar sobre estos números.

En segundo lugar, el peronismo con Fuerza Patria y listas aliadas se impuso en Catamarca, La Rioja, Formosa, La Pampa, San Juan, Santa Cruz y Tucumán. En total, 7,28 millones de votos, el 31,7%. Por fuera de LLA y Fuerza Patria quedaron, con el 28% de los votos a nivel nacional, el rejunte Provincias Unidas, el FIT-U (casi 900.000 votos) y partidos provinciales.

El otro dato destacable es que no fueron a votar 12,9 millones de personas, el 32% del padrón. Además, 1,2 millones de personas votaron en blanco o anularon su voto.

Avance de la ultraderecha, demanda de unidad en la clase dominante

 El triunfo electoral lleva a que el gobierno de Milei sea ahora la apuesta de los empresarios, los grandes medios de comunicación, el FMI, la banca internacional (J.P. Morgan) y el gobierno de EEUU. Todo indica que se abre un escenario de mayor unidad en la clase capitalista y sus partidos, con respaldo, por ahora, de Trump. Concretamente, la demanda a Milei es que sea factor de unificación para sostener el ajuste fiscal y las reformas “pendientes”, en primer lugar la laboral (véase más abajo).  

De ahí la agenda de negociaciones de LLA con fuerzas que apoyan lo fundamental de su política: con Pro, (24 diputados); con Provincias Unidas (11 diputados), UCR y la Liga del Interior (7); Coherencia y MID (6, ex libertarios). Más diputados del “peronismo peluca” de Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán). Además, LLA ya tiene acuerdos con los gobernadores Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza), Claudio Poggi (San Luis), Leandro Zdero (Chaco) y Jorge Macri (CABA).

La crisis, corrida cambiaria y el efecto amenaza de Trump

En los días previos a las elecciones la suerte de Milei parecía sellada. “El sueño de Milei de una Argentina violeta está hecho trizas”, escribió un analista de la izquierda radical apenas 24 horas antes de las elecciones. Había elementos para esa afirmación. Entre ellos, la economía estancada en los dos últimos trimestres; el gobierno sufrió derrotas en el Parlamento (a los vetos a las leyes de Emergencia en Discapacidad, de Emergencia Pediátrica en el Hospital Garrahan y de Financiamiento a las Universidades); las denuncias por corrupción (3% para Karina); la vinculación con el narcotráfico (Espert y Villaverde); y antes la estafa $LIBRA. También el creciente descontento social por la caída de los ingresos de los trabajadores y de las jubilaciones.

En ese escenario, se sumó una persistente y cada vez más amplia demanda de dólares. El gobierno recurrió primero a los dólares del blanqueo (festival para el lavado de dineros sucios); luego a los US$ 20.000 millones del FMI; y siguió el adelanto de liquidación de las exportaciones con la reducción hasta mitad de año de las retenciones. Pero continuó la salida de divisas, con un banco central con reservas en negativo. Se agregaron entonces ventas del Tesoro por US$2200 millones; emisión de títulos dólar link por US$ 5300 millones; ventas de futuros por US$ 6700 millones. Todo era devorado por la demanda, nada parecía bastar. Fue en ese maremágnum que se insertó el auxilio de Trump y el Tesoro de EEUU a Milei.

Aquí entraron a jugar las ventas de dólares del Tesoro de EEUU. Fueron intervenciones de, se calcula, unos US$ 400 millones diarios, hasta totalizar US$ 2000 millones, aproximadamente. Se acompañó de la inyección de US$ 7000 millones en los tres días que duró el levantamiento de las retenciones. La demanda se comió rápidamente también esos dólares. Aunque lo que terminó frenando la corrida, y en el techo de la banda cambiaria, fue la intervención de EEUU. El gobierno llegó entonces a las elecciones sostenido en tubos de oxígeno estadounidenses.

Es en este marco que deben considerarse las advertencias de Trump a los argentinos: “si no votan bien, nos retiramos, no les damos dinero”. Acoplado al mensaje de Milei “si no votan a LLA es el caos”. Esto en un país con una larga saga de crisis cambiarias, financieras, profundas recesiones, desvalorizaciones masivas de activos, inflación crónica y episodios de hiperinflación (desde fines de los 1960 la moneda argentina perdió13 ceros). Además, con un creciente descreimiento de las masas trabajadoras en lo que fue su tradicional referente ideológico y político, el peronismo. Significativamente, Fuerza Patria no presentó alternativa alguna frente al chantaje de Trump. Apenas intentó con el slogan “Braden – Tump versus Perón – Axel”, que no movió a nadie.

El chantaje de “la huelga de inversiones”

En la nota anterior, “Soberanía, capitalismo, dependencia”, señalamos que el chantaje de Trump es una expresión particular de la presión y amenaza de los capitales, globalizados y nacionales, los organismos internacionales y los Estados más poderosos, sobre los países dependientes y atrasados. En otros términos, el chantaje no es producto de alguna “maldad” particular de Trump y de Bessent, (aunque sean sujetos despreciables), sino es una expresión de la naturaleza de la relación de explotación capitalista. Después de todo, el obrero acepta entregar “libremente” trabajo gratis al capitalista so pena de morirse de hambre. El capital es, esencialmente, poder del propietario sobre el que no dispone más que de su fuerza de trabajo. Trasladado al plano de las relaciones entre países, el capital internacionalizado es poder sobre los Estados atrasados y dependientes. Esa es la lógica que encierra la amenaza de Trump. Hace décadas, en Argentina, la amenaza era “si no votás de manera adecuada vienen los militares y se acaba la democracia”; también “si votás a la izquierda habrá guerra civil y caos”. Ahora el mensaje es “si no votás bien, la economía del país estallará y tendremos hiperinflación”, etcétera.

La reforma laboral

El gobierno y la prensa anuncian que una de las primeras reformas a encarar por el gobierno es la laboral. Ente las medidas que se barajan: reducción de las indemnizaciones; su pago en cuotas de hasta 12 meses; facilitación de las contrataciones y los despidos; límites al derecho de huelga (con la excusa de “servicios esenciales”); ampliación de la jornada laboral; posibilidad de que las patronales fragmenten el período de vacaciones; posibilidad de que se establezcan convenios por empresas; subas de salarios condicionadas al aumento de la productividad.

Estos programas están siendo elaborados en los equipos del gobierno en colaboración con estudios jurídicos, algunos ligados a grandes grupos económicos y cámaras empresarias. Todo indica que hay un acuerdo y unidad de clase sustancial en torno a estos objetivos. No solo de las grandes empresas. Amplios sectores del empresariado medio y pequeño acuerdan. El conflicto es de clase. Incluso aflora el chantaje “o los trabajadores ceden posiciones, o seguimos sin invertir, o contratando en negro”.

 Los conflictos obreros

En los meses que antecedieron a las elecciones en diversas publicaciones de izquierda se sostuvo que el gobierno estaba golpeado y hasta acorralado por movilizaciones masivas. Entre ellas, por la defensa de la universidad pública; en solidaridad con los trabajadores del Garrahan; contra el desfinanciamiento a los discapacitados; los paros de docentes; las marchas de los jubilados; las manifestaciones contra el genocidio palestino; los conflictos en defensa de puestos de trabajo o contra suspensiones en la industria (como fue el caso Acindar). De ahí había un paso a caracterizar la situación como de “ascenso de luchas generalizadas”. Sin embargo, el cuadro de conjunto apuntaría a una caracterización más moderada. Veamos:

En 2024: Según registros de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social del Ministerio de Capital Humano, el nivel de conflictividad laboral en el sector privado observado durante el segundo semestre de 2024 ha sido el más bajo de los últimos 19 años. Esta información surge del análisis de la evolución histórica de los conflictos con paro, incluyendo las jornadas individuales, y la cantidad de trabajadores huelguistas.

Se registraron 14 conflictos con paro en promedio por mes durante el segundo semestre de 2024, el menor número desde 2006. En comparación con el pico de 47 conflictos en 2014, esto representa una disminución del 71%.

Asimismo, el promedio mensual de trabajadores huelguistas ha sido de 15.155, lo que representa el mínimo verificado durante el mismo periodo y una disminución drástica respecto del 2008, cuando el número ascendía a más de 100 mil. En 2024, también se registraron 42.575 jornadas individuales no trabajadas por paros, una de las cifras más bajas de la serie histórica en contraste con las 180.000 jornadas de 2009.

Junio de 2025: El Ministerio de Capital Humano, a través de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, informa que durante el mes de junio de 2025 hubo una reducción del 10% respecto al mismo mes del año anterior y una caída del 22% en comparación con mayo de 2025, dichas cifras positivas en el sentido de la baja sobre la conflictividad laboral, se dan en el marco del registro de 46 conflictos laborales con paro.

Sobre la cantidad de trabajadores huelguistas hubo un descenso del 34% interanual y del 61% en relación a mayo de 2025, esto surge de un total de 249. 709 personas. En cuanto a las jornadas individuales no trabajadas, las mismas registraron una caída del 28% respecto a junio de 2024 y del 57% frente a mayo de 2025, sobre un total de 338.721.

En el ámbito privado se registró un descenso en los tres indicadores: los huelguistas se redujeron un 94%, las jornadas no trabajadas disminuyeron un 73% y los conflictos con paro retrocedieron un 44%, lo que amplió la proporción estatal del total de conflictos del 67% en junio de 2024 al 78% en junio de 2025. En contraste, en el ámbito público hubo un descenso del 1% en la cantidad de huelguistas y una caída del 15% en las jornadas no trabajadas.

 Por otro punto, y muy claramente en los últimos meses, han disminuido en número y masividad las movilizaciones de desocupados y movimientos sociales.

Cerramos este apartado señalando que esta situación no puede explicarse solo, ni tal vez principalmente, por “la traición” de los dirigentes sindicales. ¿O es que ya no rige aquella vieja advertencia «setentista” de “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”?

La pérdida de poder del peronismo

La votación que obtuvo el peronismo no puede calificarse de “desastre”. Más de 7 millones de votos no es una cifra desdeñable. Pero se inscribe en una lenta pendiente descendente. Después de todo, el peronismo tuvo casi 2 millones de votos menos que los obtenidos en 2023. Y en algunos lugares de influencia tradicional el desempeño fue decisivamente malo. En Salta, Jujuy y Misiones Fuerza Patria salió tercera, con menos del 20% de los votos.

Hay pues un proceso de desgranamiento en militancia y apoyos. Además, estamos ante una llamativa ausencia de algún programa y estrategia que puedan atraer y convencer a las masas populares. En 2023 Kicillof llamó a “dejar de lado los discursos y las propuestas nostálgicas del peronismo”, a “dejar de vivir de Perón, Evita, Néstor y Cristina”, y a “componer una canción nueva, no una que sepamos todos”.

Pasaron dos años. ¿Qué compuso? ¿Acaso la “nueva canción” es la alianza con los dirigentes de la CGT? ¿Es el homenaje a Rucci? ¿O son intendentes como Fernando Espinoza (el feminismo agradecido)? ¿O acaso es el “frente patriótico” con lúmpenes como Insaurralde? ¿Qué programa, qué alternativa progresista para las masas trabajadoras es esa supuesta “nueva canción”? Respuesta: cero, por donde se lo mire.

Un problema fundamental

En una nota de mayo de este año, refiriéndonos también a las elecciones, escribimos:

“… el problema fundamental que afrontamos, como militantes socialistas, es explicar por qué, ante el callejón sin salida al que el peronismo ha conducido a las masas trabajadoras, estas giran hacia la derecha, o consienten, con la abstención, el avance de la ultraderecha y de partidos patronales que llevan adelante la ofensiva sobre salarios, jubilaciones, regímenes laborales, educación y salud, etcétera”.

El problema sigue planteado. Millones de trabajadores han votado por LLA y por partidos y candidatos afines a las ideas de LLA, o dispuestos a colaborar con ella. Entre ellos, partidos y movimientos provinciales, e incluso gobernadores peronistas amigos de LLA, como son los casos de Jalil, de Catamarca, y Jaldo de Tucumán. Millones no fueron a votar porque no ven salida, están desanimados y defraudados. De nuevo, ¿por qué la crisis política e ideológica no es capitalizada (o apenas lo es), por la izquierda?

Una cuestión a la que debería prestarse atención –la hemos planteado en otras notas- es que a los ojos de las masas trabajadoras, en Argentina y en el mundo, no hay alternativa al sistema capitalista. En especial, la caída de la URSS y el resto de los “socialismos reales”, y el giro de China y Vietnam al capitalismo, jugaron un rol crucial para que se instalara esa conciencia. Situación que se agravó con el desastre, una verdadera tragedia, a la que ha conducido el chavismo a Venezuela. Más de ocho millones de venezolanos emigrados que “certifican” que el socialismo es un desastre. A lo que se suma el fracaso del MAS en Bolivia; la restauración de una dictadura en Nicaragua; la crisis y estancamiento de la economía cubana, para citar algunos de los casos más relevantes. Y, como si todo eso no bastara, en ese cambalache que suele armar la derecha, se suman “los comunistas Alberto Fernández, Cristina Fernández y Axel Kicillof”.   

Muchos compañeros de izquierda, sin embargo, piensan que basta con llamar a la lucha, agitar algunas (pocas) “consignas solución” (del tipo “no pagar al FMI”) y presentarse como consecuentes nacionalistas, para revertir la situación. Pero no es así. En periodos de confusión, de retroceso de los ideales socialistas, incluso de desánimo, hay que dar importancia a la lucha ideológica (la “batalla cultural”), poner en primer lugar lo que Trotsky llamaba “el trabajo preparatorio”, la propaganda y la crítica. Naturalmente, esta posición no niega la importancia de las luchas reivindicativas y en defensa de conquistas (como las que va a atacar la reforma laboral). Pero es imprescindible acompañarlas de la crítica que vaya al hueso, a las cuestiones esenciales. En este punto las (a veces increíbles) vulgarizaciones del marxismo en aras de ganar votos y bancas, son de nula ayuda.   

Terminamos repitiendo el final de la nota de mayo: es importante abrir un debate sobre estas cuestiones. El voto de millones de explotados a LLA, al Pro, a alianzas provinciales ultra reaccionarias; el consentimiento de millones de trabajadores a las direcciones sindicales conciliadoras; el giro hacia salidas individualistas –apoliticismo, desesperanza en que se pueda cambiar algo- son datos que no se pueden desconocer. Hay que mirar de frente a las dificultades. Es la base y condición para establecer una política socialista." 

(Rolando Astarita, blog, 30/10/25) 

29.10.25

Un 40% del electorado argentino sigue fiel a las opciones conservadoras, sin importar crisis ni escándalos. El mileísmo solo recoge esa herencia... Este 40% no falla. Siempre vota igual. Siempre elige la misma opción política. Siempre hay 4 de cada 10 argentinos que prioriza la alternativa conservadora, más allá de todo lo que haga mal en el día a día... La gran mayoría de ese 40% no vive mejor. Todo lo contrario. Sin embargo, le da igual, porque está votando por un corpus de ideas y valores, que siempre antepone el odio y el miedo a que gane el adversario político... La victoria de Milei, más allá de la mirada coyuntural, reside en haber logrado cohesionar y representar -al menos por ahora- a este 40%... pero Milei no ha podido ampliar ese núcleo societal conservador. A menos de dos años como presidente, ya queda lejos su 55% de la segunda vuelta de las presidenciales del año 2023... el mileísmo se queda con lo que siempre fue ese espacio político argentino... pero existe otra sociedad argentina, el otro 60% que no comulga con ese modelo mileísta. Pero que no encuentra un espacio común, ni política ni electoralmente... se trata de un bloque heterogéneo, no mileísta y no conservador, con rasgos sociodemográficos disimiles... en esa amalgama sí que hay algo que les une más allá de no votar a Milei: sus preocupaciones cotidianas, mayoritariamente las económicas. Seguro que en ese 60% hay mucho más interés por escuchar propuestas certeras para resolver el problema de su vivienda habitual en vez de escuchar hablar tanto de los turistas que van al extranjero a comprar barato... esta desatención parcial de lo que le preocupa a la mayoría, explica la bajísima participación de las últimas elecciones legislativas intermedias. Y, así, la alta abstención más la fragmentación anti mileísta ocasionó el resultado que ya todos conocemos en Argentina (Alfredo Serrano Mancilla)

 "En las elecciones presidenciales del año 2003, en primera vuelta, la suma de votos de Carlos Menem y Ricardo López Murphy fue del 40,8%. Es decir, después de la debacle neoliberal, había un sector de la ciudadanía argentina que seguía optando por esta vía conservadora. 

En el año 2019, en el peor momento del macrismo, luego de cuatro años de un muy mal Gobierno, en primera vuelta, Juntos por el Cambio obtuvo el 40,2%. De nuevo, un porcentaje parecido que seguía optando por esa misma opción conservadora. 

Y, ahora, en las legislativas intermedias, el mileísmo obtiene el 40,8% a nivel nacional para Diputados a pesar de los múltiples escándalos de corrupción, de una economía intervenida desde Estados Unidos e insostenible financieramente y de un Mal Vivir generalizado. 

Este 40% no falla. Siempre vota igual. Siempre elige la misma opción política. Siempre hay 4 de cada 10 argentinos que prioriza la alternativa conservadora próxima a sus convicciones ideológicas más allá de todo lo que haga mal en el día a día. 

Este 40% no es un 40% favorecido por el mileísmo. No lo es ni económica ni socialmente. La gran mayoría de ese 40% no vive mejor. Todo lo contrario. Sin embargo, le da igual, porque está votando por un corpus de ideas y valores, que siempre antepone el odio y el miedo a que gane el adversario político. 

Este resultado electoral de Javier Milei, en un contexto actual tan adverso (y teniendo en cuenta que venía de una derrota importante hace menos de dos meses en la Provincia de Buenos Aires a nivel legislativo), se explica por un surco profundo de la sociedad argentina que se cuantifica en este 40%.

La victoria de Milei, más allá de la mirada coyuntural, reside en haber logrado cohesionar y representar -al menos por ahora- a este 40%. 

Pero también es importante mirar la contracara política de toda cita electoral. Milei no ha podido ampliar ese núcleo societal conservador. A menos de dos años como presidente, ya queda lejos su 55% de la segunda vuelta de las presidenciales del año 2023; o el 53,9% que sumaron la Libertad Avanza y Juntos por el Cambio en las legislativas del año 2023; o el 47,6% de la suma de las mismas fuerzas en las legislativas del año 2021. 

En otras palabras, el mileísmo se queda con lo que siempre fue ese espacio político argentino: un 40% fiel y dispuesto a todo para que no gane su rival histórico. 

Se trata de un 40% al que no le molesta que Trump hablé de los ‘muertos de hambre de la Argentina’, ni que sea una economía totalmente intervenida desde el FMI y el Tesoro de los Estados Unidos, ni que se empobrezca y apalee a los jubilados, ni que el precio del litro de leche haya pasado de 450 a 1.600 pesos, ni que el candidato estrella liberal Luis Espert haya sido vinculado con el narcotráfico, ni las coimas de la hermana del presidente, ni la criptoestafa del presidente, ni que la deuda en dólares esté por encima de los 300 mil millones de dólares, ni que exista un centenar de muertos por fentanilo contaminado, ni que le quite dinero a las universidades públicas o desfinancie al Hospital Garrahan, ni que el encaje bancario sea de los más altos del mundo, ni que el salario mínimo real haya caído un tercio, ni el derrumbe de las ventas minoristas, ni la reducción del consumo interno de carne, ni del cierre de empresas, etc. 

No obstante, aunque ese 40% sea significativo, es importante no confundir el todo con la parte, por muy importante que sea esta parte, y por muy determinante que sea esta parte en clave electoral en estos momentos. 

Toda la sociedad argentina no piensa como ese 40%. 

Es por ello que no hay que eclipsar que existe otra sociedad argentina, el otro 60% que no comulga con ese modelo mileísta. Pero que no encuentra un espacio común, ni política ni electoralmente. 

En el seno de este bloque hay una fuerza electoral mayoritaria, que por el momento no es suficiente por sí sola para ponerle freno al mileísmo. Fuerza Patria logró el 35%, un valor muy parecido a la media obtenida por esta fuerza en las últimas ocho citas legislativas a nivel nacional. El resto, el 25%, votó a otras alternativas. 

Es por ello fundamental entender y asimilar que se trata de un bloque heterogéneo, no mileísta y no conservador, con rasgos sociodemográficos disimiles, con culturas políticas variadas, que no tiene preferencias coincidentes respecto a los liderazgos, con códigos y lenguajes diferenciados, y que se informa no siempre por las mismas vías. 

Pero en esa amalgama sí que hay algo que les une más allá de no votar a Milei: sus preocupaciones cotidianas, mayoritariamente las económicas. Seguro que en ese 60% hay mucho más interés por escuchar propuestas certeras para resolver el problema de su vivienda habitual en vez de escuchar hablar tanto de los turistas que van al extranjero a comprar barato (que son como mucho un 10% del país, que en buena parte vota a Milei); seguro que prefieren que mejore el sistema público de salud que sufren a diario en vez de escuchar hablar tanto de las prepagas privadas (que son como mucho un 10% del país, que en buena parte vota a Milei). Y, así, se podrían encontrar muchos otros ejemplos de ‘cosas’ potenciales para ‘juntar’ esa heterogeneidad antimileísta. 

En buena medida, este hecho, esta desatención parcial de lo que le preocupa a la mayoría, explica la bajísima participación de las últimas elecciones legislativas intermedias. 

Y, así, la alta abstención más la fragmentación anti mileísta ocasionó el resultado que ya todos conocemos en Argentina." 

 , CELAG, 27/10/25)

28.10.25

Ernesto Ekaizer: Un 40% del voto en Argentina es invariablemente antiperonista... Milei ha ganado, sí. Que electores voten contra su propio interés ya no es una novedad... Pero tiempo al tiempo... La inflación llegó al 21% mensual en diciembre de 2023, dos meses después de las elecciones presidenciales que llevaron a Milei a la Casa Rosada. Y ahora la tasa mensual está en el 2,1 %. Es decir: tras dos años de una política de austeridad extrema -un experimento de liquidación o destrucción, que provocó una desinflación, una recesión de caballo y una caída del poder adquisitivo de los salarios, la hidra de la inflación, como en la mitología griega, mostraba una de sus múltiples cabezas. ¿No era que Milei le había cortado la cabeza? Y ahora, como en la leyenda, ¿resulta que iban a aparecer otras cabezas? Pues esa doble percepción aterrorizó a Milei. Y ahí entra Trump... Porque aplicar el programa que Scott Bessent y Donald Trump dirigiden para que sus amigos consigan salvar sus inversiones supondrá avanzar en la liquidacion de lo que queda de los derechos sociales que todavía a duras penas subsisten. Para que las apuestas especulativas de las inversiones extranjeras no resulten, que diría Bessent, fallidas... El problema de fondo - porque también Maurizio Macri ganó las elecciones legislativas de 2017 y dos años después estaba fuera de juego- sigue siendo el experimento de Milei. La estrategia de sobrevalorar el peso para frenar la inflación puede funcionar cierto tiempo. Pero, como dice Krugman, “es un método inútil y ya ha demostrado ser ineficaz. destinado al fracaso, que conduce a la fuga de capitales, el aumento vertiginoso de las tasas de interés y a un eventual devaluación de la moneda, poniendo en riesgo el dinero de los contribuyentes estadounidenses

 "Argentina transmitió durante el último mes, antes de las elecciones del domingo 26 de octubre, un fenómeno de ilusión óptica, sustentado en dos percepciones. las elecciones locales de Buenos Aires, celebradas deliberadamente en fecha diferente – desdoblada- de las elecciones legislativas previstas para este pasado domingo, 26 de octubre, La Libertad Avanza (LLA), el partido del presidente Javier Milei, sufrió una derrota catastrófica ante el peronismo, representado por el gobernador peronista Axel Kicilof, potencial candidato a las presidenciales de 2027. Fueron 13 puntos a favor del segundo. El peronismo, pues, volvía.

La segunda percepción fue que la inflación levantaba cabeza. No es un secreto que los argentinos son especialistas en seguir minuto a minuto, por así decir, la cotización del dólar. Y a pesar de que todos saben que el peso ha estado sobrevaluado a fuerza de intervenciones oficiales, resulta que en los últimos tres meses el freno al dólar había perdido su efecto como bálsamo de fierabrás: la inflación volvía a las andadas.

La inflación llegó al 21% mensual en diciembre de 2023, dos meses después de las elecciones presidenciales que llevaron a Milei a la Casa Rosada. Y ahora la tasa mensual está en el 2,1 %.

Es decir: tras dos años de una política de austeridad extrema -un experimento de liquidación o destrucción, vaya- que provocó una desinflación, una recesión de caballo y una caída del poder adquisitivo de los salarios, la hidra, como en la mitología griega, mostraba una de sus múltiples cabezas. ¿No era que Milei le había cortado la cabeza? Y ahora, como en la leyenda, ¿resulta que iban a aparecer otras cabezas?

Pues esa doble percepción aterrorizó a Milei. Y ahí entra Trump que aspira a construir, también (aparte de Gaza y Ucrania), un nuevo orden en el que ha sido históricamente el patio trasero de Estados Unidos: América Latina.

Trump advirtió la posibilidad (percepción) de una derrota de su aliado y su proyecto libertario a la luz de los resultados de Buenos Aires. Y ambos negociaron un pacto para frenar la cotización del dólar y provocar un frenazo en seco de la tasa de inflación.

El Tesoro de EEUU se comprometía a comprar pesos argentinos por valor de 20.000 millones de dólares a través de un swap de divisas (una permuta de divisas a un precio predeterminado, equivalente a una línea crediticia bajo cláusulas confidenciales). A este pacto se unía otro por el cual, según se anunció, un consorcio de bancos liderado por J.P Morgan compraría deuda argentina por otros 20.000 millones de dólares.

Trump encomendó a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, la negociación. El 10 de octubre, Bessent anunció el acuerdo y confirmó que habían comenzado a comprar pesos argentinos. El 14 de octubre, Trump escenificó el acuerdo con Milei en la Casa Blanca, doce días antes de las elecciones previstas para este pasado domingo 26.

Trump fue muy claro. No se rescataba a Argentina. “Si pierden en las elecciones [Milei] no vamos a ser tan generosos”.

Fue el 20 de octubre cuando el economista norteamericano Paul Krugman puso el dedo en la llaga al explicar que el acuerdo no suponía, en efecto, como ya había advertido Trump. rescatar a los argentinos.

Según explicó, las motivaciones de Trump y Bessent son dos. En primer lugar, apoyar a Milei. “Quieren que un político de derecha y antiestatista triunfe, sin importar cuánto dinero de los contribuyentes norteamericanos se necesite”.

Y, más sugerente, apuntó que “algunos multimillonarios de fondos de cobertura (hedge funds), personalmente cercanos a Bessent, apostaron fuerte por Milei y compraron bonos argentinos. Es casi seguro que el paquete de rescate no logrará revertir la economía argentina y probablemente no rescatará políticamente a Milei. Pero podría dar tiempo suficiente a los amigos de Bessent para retirar gran parte del dinero antes de que la economía argentina se derrumbe”.

Precisamente, el 21 de octubre, Bessent calificó el acuerdo financiero como “un puente para un futuro mejor, no es un rescate”. Pero subrayó: “EE.UU no quiere otro estado fallido en América Latina”.

Trump no disminuyó el dramatismo de la situación, cinco días antes de las elecciones del pasado domingo al contestar a una periodista a bordo del avión presidencial rumbo a Japón. “Argentina…No tienen dinero, no tienen nada, se están muriendo”.  

   La idea de que se está apostando fuerte en lo que parece haberse convertido en el casino internacional argentino es evidente. J.P.Morgan, el primer banco por activos del mundo, ha celebrado su reunión anual en Buenos Aires, con una gran fiesta en el gran Teatro Colón, con la presencia de celebridades como su presidente, Jamie Dimon, y Toni Blair, el exprimer ministro británico, asesor y miembro del consejo asesor de J.P.Morgan.

    Milei ha ganado, sí. Pero para aplicar el programa que ahora dirigen Scott Bessent y Donald Trump para que sus amigos consigan salvar sus inversiones. Para que no sean, que diría Bessent, fallidas.

Trump no disminuyó el dramatismo de la situación, cinco días antes de las elecciones del pasado domingo al contestar a una periodista a bordo del avión presidencial rumbo a Japón. “Argentina…No tienen dinero, no tienen nada, se están muriendo”.

Comparen queridos lectoras y lectores estas terribles palabras con la euforia artificial de Trump, quien afirma que las elecciones del domingo 26 de octubre - pese a la pérdida de millones de votos que ha experimentado la La Libertad Avanza respecto a las presidenciales de octubre dd 2023- las ganado Milei gracias a la ayuda anunciada en la Casa Blanca. Vamos, al ultimátum y chantaje de Trump a los argentinos para que votasen por Milei o se quedarán sin los 20.000 millones de dólares pactados.

El problema de fondo - porque también Maurizio Macri ganó las elecciones legislativas de 2017 y dos años después estaba fuera de juego- sigue siendo el experimento de Milei.

La estrategia de sobrevalorar el peso para frenar la inflación puede funcionar cierto tiempo.

Pero, como dice Krugman, “es un método inútil y ya ha demostrado ser ineficaz. destinado al fracaso, que conduce a la fuga de capitales, el aumento vertiginoso de las tasas de interés y a un eventual devaluación de la moneda, poniendo en riesgo el dinero de los contribuyentes estadounidenses”.

La idea de que se está apostando fuerte en lo que parece haberse convertido en el casino internacional argentino es evidente.

J.P.Morgan, el primer banco por activos del mundo, ha celebrado su reunión anual en Buenos Aires, con una gran fiesta en el gran Teatro Colón, con la presencia de celebridades como su presidente, Jamie Dimon, y Tony Blair, el exprimer ministro británico, asesor y miembro del consejo asesor de J.P.Morgan.

Blair regresaba de su viaje a Egipto donde participó en la “cumbre de paz” de Gaza con el objetivo de ser el futuro consejero delegado de la junta que se hará cargo, segun el plan Trump, del futuro de la Franja.

Milei ha ganado, sí. Que electores voten contra su propio interés ya no es una novedad. Un 40% del voto en Argentina es invariablemente antiperonista.

Eso tampoco es una novedad.

Pero tiempo al tiempo.

Porque aplicar el programa que ahora dirigen Scott Bessent y Donald Trump dirigido a que sus amigos, como sugiere el Nobel de Economía, Paul Krugman, consigan salvar sus inversiones supondrá avanzar en la liquidacion de lo que queda de los derechos sociales que todavía a duras penas subsisten.

Para que las apuestas especulativas de las inversiones extranjeras no resulten, que diría Bessent, fallidas."

(Ernesto Ekaizer  , blog, 28/10/25)

20.10.25

Cómo el FMI y Estados Unidos ayudaron a saquear y atrapar a Argentina con deuda... El apoyo a Milei debe entenderse como una continuación de los préstamos anteriores a los presidentes Macri (2015-2019) y Menem (1989-1999). El propósito es consolidar el neoliberalismo en Argentina y atraparlo con deuda en dólares, apoyado por las élites locales porque pueden saquear al estado argentino a través del proceso de trampa de deuda... El proceso de saqueo se centra en el tipo de cambio sobrevalorado que artificialmente hace que el peso sea más valioso. Eso significa que aquellos con exceso de pesos (es decir, la élite argentina) pueden beneficiarse de la sobrevaloración comprando dólares a un precio subsidiado. La factura la paga el estado argentino, que vende dólares que ha tomado prestados y se endeuda en dólares. Este proceso ha sido utilizado repetidamente por los gobiernos argentinos pro-empresariales y pro-estadounidenses del pasado. Explica cómo el préstamo anterior del FMI de $40 mil millones al presidente Macri en 2019 se evaporó sin dejar rastro... Argentina suspendió temporalmente el impuesto a la exportación de granos y soja, y hubo una inundación masiva de exportaciones de inmediato... Dado el debilitamiento de los controles de capital, esas ventas de exportación récord podrían luego convertirse en dólares, lo que representaría un doble golpe. Los exportadores agrícolas evitaron impuestos y compraron dólares subsidiados. El estado argentino perdió ingresos fiscales y se endeudó en dólares... para detener el saqueo adicional y la trampa de la deuda en dólares de Argentina, la oposición política debería declarar que las nuevas deudas con el FMI y Estados Unidos serán tratadas como odiosas y no se pagarán. Incluso si la declaración carece de fuerza legal inmediata, debería desalentar el préstamo adicional y deslegitimar aún más cualquier préstamo adicional que se lleve a cabo (Thomas Palley)

 "Argentina vuelve a estar en las noticias con una renovada agitación financiera impulsada por la mala situación política del presidente Milei. Ese mal estado es producto de la ira por el pésimo desempeño económico de Argentina y la masiva corrupción dentro de la administración de Milei, y augura un mal desempeño para su partido en las próximas elecciones de octubre de 2025.

En respuesta, el FMI y Estados Unidos han tomado medidas para salvar al gobierno de Milei. El FMI ya había proporcionado un rescate de 0 mil millones en abril de 2025. Ahora, el gobierno de los Estados Unidos ha proporcionado otros 0 mil millones (en forma de una línea de intercambio de divisas del banco central). Además, Estados Unidos ha expresado su disposición a proporcionar crédito adicional de respaldo e incluso a comprar deuda del gobierno argentino.

Los medios se han centrado en la larga y problemática historia financiera de Argentina, la difícil situación inflacionaria que el presidente Milei heredó y la afinidad política del presidente Trump con Milei. Sin embargo, eso no explica por qué el FMI y Estados Unidos han proporcionado una ayuda tan enorme a Argentina, dada su falta de solvencia crediticia.

El apoyo a Milei debe entenderse como una continuación de los préstamos anteriores a los presidentes Macri (2015-2019) y Menem (1989-1999). El propósito es consolidar el neoliberalismo en Argentina y atraparlo con deuda en dólares. Es apoyado por las élites locales porque son los beneficiarios del Neoliberalismo, y también pueden saquear al estado argentino a través del proceso de trampa de deuda.

1. La complicada verdad en Argentina

Llegar a la verdad en Argentina es como "pelar una cebolla." Primero hay que descubrir la verdadera situación económica, que es fundamentalmente diferente de la descrita por los medios de comunicación convencionales. A continuación, se debe introducir la política y sacar a la luz las verdaderas agendas que impulsan los eventos. Luego, se debe explicar cómo funcionan esos eventos y sus consecuencias.

Una vez pelada la cebolla, la imagen que emerge es que la asistencia financiera del FMI y de EE. UU. es una interferencia electoral destinada a salvar al presidente Milei y su programa neoliberal extremo; disminuir la influencia económica de China; y poner a Argentina en una situación financiera comprometida mediante la trampa de la deuda en dólares. Además, la asistencia permite el saqueo tácito del estado argentino por parte de las élites argentinas y las multinacionales estadounidenses. Ese es un panorama muy diferente al presentado por los medios de comunicación y los economistas convencionales.

2. El mito de un milagro económico de Milei

El punto de partida es el desempeño económico de Argentina, que ha sido descrito efusivamente por los medios de comunicación convencionales como un "milagro económico." Por ejemplo, The New York Times declara que Milei estaba "al borde de lograr un milagro económico" antes de la reciente agitación financiera. Ese encuadre es crítico porque distorsiona la percepción pública, otorgando legitimidad económica a los préstamos del FMI y de Estados Unidos.

La verdad es que no ha habido ningún milagro. Las políticas de Milei han sido una catástrofe tanto para los argentinos comunes como para el futuro de Argentina. Esa realidad explica la impopularidad política de Milei, que ha desencadenado temores en los mercados financieros.

Milei asumió el cargo en diciembre de 2023, y Argentina ha estado en una profunda recesión desde entonces. La recesión ha sido causada por una austeridad fiscal extrema que recortó los servicios públicos y la inversión; un tipo de cambio enormemente sobrevaluado que debilitó la balanza comercial; y la desregulación que aumentó las ganancias a expensas de los salarios.

La recesión es visible en el colapso de la producción industrial y el crecimiento del PIB. La producción industrial sigue baja, pero finalmente ha regresado algo de crecimiento del PIB (como siempre iba a suceder porque las economías no se contraen para siempre). Sin embargo, la recuperación ha sido débil y la economía se ha contraído.

Además, la situación es aún peor porque el PIB no captura la miseria, el hambre y la inseguridad. La inseguridad alimentaria y el hambre inicialmente aumentaron, con el escorbuto incrementándose entre los pobres. La tasa oficial de pobreza ha vuelto a bajar, pero subestima la situación al no reconocer los precios masivos de agua, gas y electricidad. Las pensiones de los jubilados han sido diezmadas, los precios de los medicamentos recetados han aumentado enormemente, y el gobierno de Milei también ha reprimido brutalmente las protestas de los jubilados.

No solo las políticas de Milei han causado una recesión económica, sino que también han saboteado el futuro de Argentina. El colapso de la inversión pública y privada significa un menor stock de capital. El recorte del gasto en educación y salud significa una población menos educada y más enferma. Y el recorte de apoyo a las universidades y las artes es un ataque a las industrias de alto valor del futuro (como la tecnología de la información, las ciencias médicas y la producción cinematográfica), y ha contribuido a una mayor fuga de cerebros de Argentina.

El endeudamiento externo de Milei también significa un aumento en los pagos de intereses futuros, lo que pesará sobre el presupuesto del gobierno, limitará las posibilidades de política económica y amenazará perpetuamente con una crisis financiera.

El único resultado económico positivo es la tasa de inflación, que ha disminuido significativamente, pero incluso aquí la historia es complicada. La inflación inicialmente aumentó significativamente bajo Milei. Aunque ha bajado, todavía se mantiene en un 35 por ciento anual. El gobierno anterior de Fernández perdió el control de la inflación, pero también heredó una tasa de inflación del 50 por ciento del gobierno anterior de Macri. Además, la inflación solo se aceleró en 2022 cuando comenzaron a sentirse las consecuencias de la pandemia de Covid. La tasa de inflación de Argentina se quintuplicó, como también ocurrió en otros países. Sin embargo, dada la alta inflación inicial de Argentina y su vulnerabilidad estructural a la inflación, el aumento absoluto fue mucho mayor.

En resumen, no ha habido ningún "milagro económico." El programa de Milei nunca pudo ni tuvo la intención de producir prosperidad compartida en Argentina. En cambio, es un programa ultra-neoliberal destinado a reducir la inflación mediante una profunda recesión y un tipo de cambio sobrevalorado; aumentar las ganancias a expensas de los salarios mediante la desregulación y el debilitamiento del trabajo; permitir que el capital explote los recursos naturales de Argentina; y utilizar la austeridad fiscal para desmantelar las instituciones sociales que promueven el bienestar y el progreso de la sociedad.

3. El FMI y EE. UU.: la política del saqueo y la trampa de la deuda

El carácter desastroso del programa económico de Milei plantea la pregunta de por qué el FMI y Estados Unidos se han apresurado a proporcionar un rescate. Eso introduce la política. Para Milei, un rescate es esencial para su futuro político. Las élites argentinas también apoyan, ya que son las beneficiarias del programa. ¿Pero qué pasa con el FMI y Estados Unidos?

3.a El FMI como una herramienta útil para EE.UU.

El FMI es el más fácil de entender. Está dominado por los Estados Unidos y ha sido durante mucho tiempo un bastión neoliberal, ayudando a difundir y hacer cumplir el neoliberalismo global durante los últimos cuarenta años. Eso hace que sea fácil apoyar a Milei, quien es tanto sumiso a los Estados Unidos como alineado con el neoliberalismo extremo.

El aspecto inusual del momento actual es la apertura de la complicidad del FMI, que lo lleva a violar sus propios protocolos de maneras que lo ponen en peligro legal en el futuro. Las huellas de la corrupción política están por todas partes en el préstamo de 20 mil millones de dólares del FMI.

Primero, a pesar de la significativa oposición al préstamo dentro del Consejo Ejecutivo del FMI por el hecho de que el préstamo no cumplía con los estándares de crédito, aún así fue impulsado por los Estados Unidos y sus aliados. Cuando se suman a los préstamos preexistentes, más del 40 por ciento del total de los préstamos del FMI será para Argentina, lo que potencialmente pone en riesgo la solvencia financiera del FMI.

En segundo lugar, el nuevo préstamo se otorgó sin las duras condiciones económicas que son una parte estándar de los paquetes de préstamos del FMI. Esa ausencia no se debe a que el FMI haya cambiado su disposición neoliberal. Es porque tal condicionalidad habría socavado la economía argentina, socavando así el propósito político del préstamo, que es ayudar a Milei a ganar las elecciones de octubre de 2025.

El propósito abiertamente político del préstamo del FMI es evidente en los comentarios de abril de 2025 de la Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, quien declaró públicamente en la reunión anual de primavera del FMI: "El país va a ir a elecciones en octubre y es muy importante que no descarrilen la voluntad de cambio." Hasta ahora, no vemos que el riesgo se materialice, pero instaría a Argentina: mantengan el rumbo. Sus declaraciones infringen los protocolos fundamentales del FMI que prohíben la interferencia política.

3.b Estados Unidos y la interferencia electoral en Argentina

La provisión de asistencia financiera por parte de EE. UU. no cumple con las pruebas económicas convencionales, y su propósito es político. El objetivo es salvar al gobierno de Milei, excluir a China y atrapar a Argentina con deuda en dólares.

Estados Unidos ha intervenido en favor de Milei porque es ideológicamente pro-estadounidense y pro-negocios estadounidenses, mientras que sus rivales son nacionalistas argentinos pragmáticos. Creen que los negocios (incluidas las multinacionales estadounidenses) deben rendir cuentas al estado argentino, y están dispuestos a tratar con China si es beneficioso para Argentina. Eso es anatema para Washington DC.

Para Estados Unidos, Milei es "nuestro tipo" que se alinea con Estados Unidos y trata favorablemente a las corporaciones multinacionales estadounidenses. Prestarle a Argentina es una interferencia electoral. La esperanza es que un préstamo masivo pueda evitar una crisis financiera hasta después de las elecciones legislativas de octubre, salvando así al gobierno de Milei.

Inicialmente, Estados Unidos pensó que podría llevar a Milei a la meta con préstamos del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sin embargo, eso ha resultado insuficiente, lo que ha obligado al Tesoro de EE. UU. a intervenir directamente.

A modo de paréntesis, este proceso de préstamos del FMI (y del Banco Mundial y del BID) con fines de interferencia electoral no es nuevo. Las mismas tácticas se utilizaron en 2019 para apoyar al presidente Macri, quien era el candidato favorito de Estados Unidos en ese momento. El FMI prestó $40 mil millones al gobierno de Macri, que fue el préstamo más grande en la historia del FMI. Macri perdió las elecciones, los 40 mil millones de dólares se evaporaron, y la siguiente administración se vio cargada con la carga resultante.

El animus anti-chino que motiva la política de EE. UU. es evidente en la condición de que la asistencia de EE. UU. está condicionada a que Argentina reemplace su acuerdo de intercambio de divisas existente con China por un acuerdo respaldado por EE. UU. El acuerdo de intercambio entre China y Argentina se estableció en 2009. Está arraigado en la lógica comercial, ya que los países tienen un comercio masivo y mutuamente beneficioso que involucra productos manufacturados y productos agrícolas argentinos. Estados Unidos quiere sabotear esa relación ya que protege a Argentina de Estados Unidos, reduciendo así el poder de Estados Unidos.

Por último, hay sugerencias de tratos privados inapropiados por parte del Secretario del Tesoro de EE. UU., Bessent. Se informa que Bessent impulsó tanto el préstamo del FMI de abril como la propuesta de rescate de EE. UU. de septiembre para su socio comercial de Wall Street, Robert Citrone, y otros fondos de Wall Street que habían apostado especulativamente en bonos argentinos. Esas apuestas se habían desplomado con las crecientes dificultades políticas de Milei. El rescate de Bessent impulsó un repunte en el precio de los bonos argentinos que ha salvado y beneficiado a Wall Street.

4. La mecánica del saqueo y la trampa de la deuda en Argentina

La parte obvia de estos tratos es la interferencia electoral y la trampa de la deuda en dólares. La parte menos obvia son las mecánicas del saqueo.

El proceso de saqueo se centra en el tipo de cambio sobrevalorado que artificialmente hace que el peso sea más valioso. Eso significa que aquellos con exceso de pesos (es decir, la élite argentina) pueden beneficiarse de la sobrevaloración comprando dólares a un precio subsidiado. La factura la paga el estado argentino, que vende dólares que ha tomado prestados y se endeuda en dólares. Este proceso ha sido utilizado repetidamente por los gobiernos argentinos pro-empresariales y pro-estadounidenses del pasado. Explica cómo el préstamo anterior del FMI de $40 mil millones al presidente Macri en 2019 se evaporó sin dejar rastro.

El proceso estuvo en exhibición tras el nuevo préstamo del FMI. Argentina suspendió inmediatamente la mayoría de sus controles de capital, permitiendo a las empresas y a los individuos adinerados comprar dólares subsidiados.

El proceso también se mostró tras la declaración de apoyo de Estados Unidos. Argentina suspendió temporalmente el impuesto a la exportación de granos y soja, y hubo una inundación masiva de exportaciones de inmediato. Esas exportaciones salieron libres de impuestos, beneficiando a los grandes exportadores agrícolas que apoyan a Milei. El estado argentino perdió una gran cantidad de ingresos por impuestos a la exportación, que son centrales para las finanzas públicas de Argentina. Dado el debilitamiento de los controles de capital, esas ventas de exportación récord podrían luego convertirse en dólares, lo que representaría un doble golpe. Los exportadores agrícolas evitaron impuestos y compraron dólares subsidiados. El estado argentino perdió ingresos fiscales y se endeudó en dólares.

El dólar sobrevaluado también ha sido utilizado para saquear a la clase media de Argentina. Esas familias acumulan dólares como una forma de fondo para "días de lluvia". La recesión económica causada por las políticas de Milei los ha obligado a vender dólares para llegar a fin de mes. El tipo de cambio sobrevalorado significa que han recibido menos, y sus dólares han sido absorbidos por aquellos con exceso de pesos. De esta manera, ha contribuido a una mayor redistribución adversa de la riqueza en Argentina.

5. Los préstamos del FMI y de EE. UU. son "deuda odiosa"

La deuda odiosa, también conocida como deuda ilegítima, es una doctrina en el derecho internacional según la cual la deuda contraída ilegítimamente no necesita ser reembolsada. Por lo general, se ve a través del prisma del carácter del prestatario, pero el fraude también puede ser cometido por prestamistas y prestatarios que colaboran. De hecho, es más fácil cuando lo hacen.

Para asegurar el uso adecuado del crédito, los prestamistas tienen una responsabilidad y un deber legal de garantizar que los fondos se utilicen correctamente y que los prestatarios sean capaces de reembolsar. Los préstamos del FMI y de Estados Unidos no cumplen con esa prueba fundamental, convirtiéndolos en una deuda odiosa. Los préstamos se han hecho explícitamente con fines políticos en lugar de comerciales, y no cumplen con las pruebas adecuadas de solvencia.

Además, el préstamo del FMI de abril de 2025 eludió una ley argentina de 2021 que requería la aprobación del congreso para los préstamos del FMI. Esa ley se aprobó explícitamente para evitar una repetición del saqueo que ocurrió con el préstamo del FMI de $40 mil millones al presidente Macri en 2019. Sin embargo, Milei autorizó las negociaciones mediante un decreto ejecutivo que solo puede ser anulado por una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso. El FMI y Estados Unidos son conscientes de esa maniobra política, lo que los incrimina aún más.

En esta etapa, para detener el saqueo adicional y la trampa de la deuda en dólares de Argentina, la oposición política debería declarar que las nuevas deudas con el FMI y Estados Unidos serán tratadas como odiosas y no se pagarán. Incluso si la declaración carece de fuerza legal inmediata, debería desalentar el préstamo adicional y deslegitimar aún más cualquier préstamo adicional que se lleve a cabo.

6. Colonización por deuda: ¿quo vadis Argentina?

La historia de Milei es la historia de los presidentes Macri y Menem, solo que más cruel. Cada uno persiguió políticas neoliberales extremas basadas en un tipo de cambio sobrevaluado, endeudamiento externo, estrangulamiento de la clase trabajadora y privatización y desregulación.

Cada uno fue presentado como un "milagro económico", pero nunca fue así. Cada vez se pintaba al estado argentino como el problema fundamental, y cada vez el estado era saqueado y atrapado aún más con deuda en dólares, mientras su riqueza se transfería a las élites económicas. Y cada vez, el FMI y Estados Unidos fueron los principales facilitadores.

Los presidentes Milei, Macri y Menem son parte de una historia común. Esa historia es el saqueo neoliberal y la trampa de la deuda de Argentina. La interferencia del FMI y de las elecciones de EE. UU. podría asegurar la victoria de Milei. Si eso sucede, Argentina se convertirá en una colonia de deuda de EE. UU. También se volverá aún más desigual con el neoliberalismo extremo arraigado. Los medios de comunicación convencionales y los economistas lo describirán como un milagro, pero será una miseria para quienes vivan el milagro." 

(Thomas Palley, economista postkeynesiano, blog, 13/10/25, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

17.10.25

Varoufakis: Javier Milei no es un libertario. Está en deuda con los oligarcas argentinos... Hoy, el milagro ha sido expuesto como un espejismo. La economía de Argentina se ha desplomado y su peso está en una espiral de muerte, con una desesperada línea de vida de 20 mil millones de dólares de Estados Unidos y más préstamos de rescate del FMI manteniendo el espectáculo de Milei... La situación en Argentina es lo que llamarías un colapso, pero ¿es realmente una sorpresa? Pero, ¿por qué esta austeridad viciosa e inédita de los primeros meses de Milei en el cargo? En su mente, crear un superávit primario a toda costa demostraría a los vigilantes de bonos y a los comerciantes de divisas su determinación fanática de derrotar la inflación para que lo ayudaran a mantener el valor del peso un poco más. En resumen, era una política de tierra arrasada para ganar tiempo para el mismo atraco (reforzar-liquidar-transferir) que ha hecho que Argentina fracase nuevamente... el verdadero legado de Milei no es la libertad, sino un país aún más despojado que antes. Tuvo la oportunidad de intentar un experimento libertario de "una sola vez", pero en su lugar lo utilizó para facilitar otra venta de liquidación de activos argentinos

 "Has visto el espectáculo. Las patillas salvajes, los discursos apasionantes, la motosierra rugiente, la música heavy metal dominando sus mítines masivos. Javier Milei, el autodenominado loco anarcocapitalista que rompe cadenas, se presentó como una ruptura radical con todo lo que vino antes. Iba a volar por los aires la corrupta casta política de Argentina, abolir su banco central, adoptar el dólar y cualquier tipo de criptomoneda como las monedas competidoras de Argentina. Fue una apuesta audaz para reemplazar un siglo de fracaso peronista y neoliberal con el sueño del libertario: un mercado libre puro y sin adulterar.

 En todo el mundo, la derecha nacionalista, desde Elon Musk, Benjamin Netanyahu y Donald Trump hasta Giorgia Meloni y el Daily Telegraph de Gran Bretaña, lo ensalzaron. Niall Ferguson, el historiador de la corte de la oligarquía financiera, declaró que se estaba gestando un "milagro hecho por el hombre". Durante unos breves meses, mientras la tasa de inflación de Argentina caía desde sus picos y incluso las tasas de pobreza parecían disminuir, el coro de fanáticos se volvió ensordecedor. Hasta que todos se quedaron en silencio.

Hoy, el milagro ha sido expuesto como un espejismo. La economía de Argentina se ha desplomado y su peso está en una espiral de muerte, con una desesperada línea de vida de 20 mil millones de dólares de Estados Unidos y más préstamos de rescate del FMI manteniendo el espectáculo de Milei en marcha hasta las próximas elecciones de medio término. Un examen más detallado del sub-milagro de reducción de la pobreza también revela un espejismo: la única razón por la que el índice de pobreza relativa disminuyó fue que los ingresos medianos habían caído más rápido que los de los más pobres, con el resultado de que ahora hay menos personas que se consideran pobres. La situación en Argentina es lo que llamarías un colapso, pero ¿es realmente una sorpresa?

La explicación de Milei es que fue socavado por la casta venenosa y sus sirvientas de izquierda. La explicación alternativa de muchos de mis compañeros de izquierda es que estamos presenciando el inevitable fracaso que ocurre cuando se pone en práctica la ideología libertaria. Pero no me creo ninguna de las dos explicaciones. La verdad es, creo, mucho más simple, más siniestra y deprimente. Milei nunca rompió realmente con las tristes prácticas oligárquicas del pasado de Argentina. Simplemente volvió a etiquetar un tipo de atraco practicado por una larga sucesión de sus predecesores — desde el peronista Carlos Menem y el anti-peronista Fernando de la Rúa hasta el desafortunado Adolfo Rodríguez Saá, cuya presidencia duró apenas siete días, y, más recientemente, el neoliberal Mauricio Macri, quien ahora apoya a Milei. Mientras Milei utilizó narrativas libertarias con éxito para distanciarse de estas personas, sus políticas reales no pasan la prueba de fuego más importante del libertarismo.

Antes de que, querido lector, me descalifiques como un marxista (que admitidamente soy) con la intención de desestimar el éxito de un oponente político como un fracaso miserable (algo que evito como un pecado mortal), permíteme planteártelo en términos simples y libertarios. Si usted (a diferencia de mí) realmente cree en la superior sabiduría de los mercados y quiere liberar a Argentina de las restricciones políticas impuestas al mecanismo del mercado, ¿qué mercado liberaría primero? El mercado de dinero, sin duda. ¿Qué distorsión de precios atraviesas primero con tu motosierra? El tipo de cambio fijo (o limitado), sin duda. ¿Y qué es lo último que haces? Precisamente lo que hizo Milei: pedir prestados billones de dólares, apilarlos sobre una ya insoportable montaña de deuda pública, para evitar que el mercado de dinero elija libremente el tipo de cambio de su moneda.

¿Por qué hizo esto Milei? ¿Por qué rompió su promesa de neutralizar, e incluso abolir, su banco central y, en cambio, lo utilizó para sostener el peso a niveles que el mercado libre consideraba ruinósamente altos? La respuesta de Milei es que, si no hubiera defendido el peso, los precios de los bienes importados habrían aumentado, socavando así su lucha contra la inflación. Tal vez. Pero ese era el argumento de los presidentes argentinos anteriores cuyo legado la motosierra de Milei pretendía pulverizar. Un libertario nunca adoptaría esa lógica, que en mi opinión es en gran parte responsable de la crisis interminable de Argentina.

En otras palabras, si realmente crees que los precios de los medicamentos, el pan, la gasolina y los iPhones deben dejarse a las fuerzas implacables pero en última instancia más sabias de la oferta y la demanda, seguramente debes creer lo mismo sobre el precio o el tipo de cambio del peso. Seguramente creerías que las importaciones más caras ayudarían al peso a recuperarse automáticamente y fortalecer tu preciado proceso de desinflación de manera orgánica y racional.

Como libertario, Milei también debería saber que sostener el peso es una apuesta de tontos. Cuando se te acabe la reserva de dólares de tu banco central, necesitas hacer lo que ningún libertario con dignidad haría: entrar en un juego de gallina imposible de ganar contra financieros despiadados que siempre pueden acumular un arsenal mayor que cualquier tarjeta de crédito que el FMI o el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, te proporcionen. Bessent sabe esto mejor que nadie: como el adjunto de George Soros, ambos rompieron el Banco de Inglaterra jugando exactamente este tipo de juego.

No dispuesto a asumir que Milei es un tonto, la única explicación que queda es que sabía muy bien lo que estaba haciendo. Argentina es una sociedad altamente desigual que combina pobreza masiva, una política sofisticada y un sector industrial anticuado junto con un sector agrícola y mineral rico y altamente competitivo orientado a la exportación, cuyos ingresos en dólares permiten a un pequeño segmento de la sociedad disfrutar de estándares de vida de primer mundo. A su segmento oligárquico le encantaría que el peso fuera reemplazado, como ocurrió en Ecuador, por el dólar, para que sus activos domésticos pudieran ser infinitamente transferibles a Nueva York o Ginebra. De lo contrario, exigen un peso fuerte cada vez que sienten la necesidad de liquidar un activo doméstico y transferir su valor al extranjero. Los presidentes argentinos rara vez han dejado de hacerlo.

En 1991, Domingo Cavallo, Ministro de Economía del presidente Menem, introdujo el llamado "Plan de Convertibilidad": fijar el peso al dólar a una tasa de cambio uno a uno mientras se pedían enormes cantidades de dólares para defenderlo. El valor artificialmente alto del peso aplastó las exportaciones, desencadenando un ciclo de condena del peso que llevó a un préstamo del FMI de 40 mil millones de dólares en 2000. ¿Te suena familiar?

Durante la presidencia de Menem, la clase gobernante de Argentina sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que esos préstamos se agotaran y el peso se desplomara. Así que se entregaron al "carry trade", pidiendo prestados pesos localmente, convirtiéndolos en dólares a la tasa de cambio artificialmente alta, y enviando los dólares al extranjero. Cuanto más se retrasaba la inevitable devaluación, gracias a la creciente deuda en dólares, más riesgos asumían al comprar activos domésticos en pesos para liquidarlos un poco más tarde, con la esperanza de beneficiarse de la descontrolada inflación interna antes de que llegara el colapso. Entre 1998 y 2001, cuando el peso cayó en picada, $70 mil millones fueron transferidos fuera de Argentina por unos pocos, con una gigantesca carga en dólares de más de 00 mil millones que recayó sobre las multitudes indigentes y causó una crisis humanitaria.

Más recientemente, algo similar ocurrió bajo la presidencia de Mauricio Macri. Después de endeudarse fuertemente con los mercados internacionales para ganarse a los acreedores extranjeros (que habían comprado deuda argentina por centavos y exigían dólares) y mantener una fachada de estabilidad basada en un peso sobrevaluado, la administración de Macri se vio obligada a asegurar el mayor préstamo de contingencia en la historia del FMI, 56 mil millones de dólares. Resultó suficiente para fortalecer el valor del peso el tiempo suficiente para que los inversores institucionales y la oligarquía local completaran el mismo viejo atraco: liquidar activos y transferir los dólares al extranjero.

Como resultado, Macri perdió las elecciones de 2019 ante el peronista Alberto Fernández, cuyo gobierno reestructuró su deuda. Mientras el valor del peso se desplomaba y la inflación se desataba, los mecanismos permanecieron iguales: usar préstamos externos para facilitar una salida ordenada del capital internacional a expensas potenciales de la población doméstica no terminó.

Fue entonces cuando Milei entró en escena. Prometiendo atravesar con su motosierra las prácticas corruptas que apoyan este tipo de atracos, hizo lo contrario: siguió el guion del atraco al pie de la letra, pero con una motosierra como su nuevo logo. Su llamada revolución libertaria fue, en realidad, una operación altamente disciplinada para distorsionar los mercados al servicio de una astucia oligárquica de larga data. Aumentando nuevas deudas en dólares impagables para llevar a cabo una manipulación del mercado monetario, creó otra ventana para que los ricos y los bien conectados liquidaran activos y trasladaran capital al extranjero a una tasa favorable. El resultado será cargar con costos inimaginables, una vez que ocurra el colapso predecible, sobre los hombros de los más débiles de los argentinos que ya habían sido debilitados aún más por los recortes de austeridad anteriores de Milei.

Pero, ¿por qué esta austeridad viciosa e inédita de los primeros meses de Milei en el cargo? Si iba a llevar la deuda pública a las nubes para sostener una moneda que de todos modos se desplomaría, ¿cuál era el sentido de su poda con motosierra de los departamentos gubernamentales, la evisceración del bienestar social y la reducción del gasto en infraestructura a cero (la forma más tonta de austeridad)? En su mente, crear un superávit primario a toda costa demostraría a los vigilantes de bonos y a los comerciantes de divisas su determinación fanática de derrotar la inflación para que lo ayudaran a mantener el valor del peso un poco más. En resumen, era una política de tierra arrasada para ganar tiempo para el mismo atraco (reforzar-liquidar-transferir) que ha hecho que Argentina fracase nuevamente.

En una nota personal, si me lo permiten, soy el último político que tiene derecho a juzgar a otro por llevar una chaqueta de cuero y aparecer, casi de la nada, con una agenda de cambio radical destinada a poner fin a un ciclo fatal de deudas impagables causadas por una moneda insostenible. Pero sería negligente si no llamara la atención del lector sobre el verdadero paralelo: el de Milei con mi primer ministro de la época, en 2015, quien, aunque nunca se le vio con una chaqueta de cuero, también utilizó un lenguaje radical (aunque de izquierda) para inspirar a la población antes de terminar sirviendo perfectamente bien a la oligarquía local mediante la adopción de las tristes políticas de sus predecesores.

Como en el caso de mi ex primer ministro, cuyo verdadero legado fue una traición a los valores de la Izquierda, el verdadero legado de Milei no es la libertad, sino un país aún más despojado que antes. Tuvo la oportunidad de intentar un experimento libertario de "una sola vez", pero en su lugar lo utilizó para facilitar otra venta de liquidación de activos argentinos. Si se hubiera mantenido firme en sus convicciones libertarias, al menos habríamos tenido el placer de observar un experimento natural para juzgar si el libertarismo (contrario a lo que yo creo) puede ofrecer algún beneficio. La sumisión de Milei a la clase gobernante argentina nos negó incluso esta pequeña misericordia.

Y así, la búsqueda global de alternativas auténticas a la deprimente recapitulación de las prácticas oligárquicas continúa."

 , UnHerd, 16/10/25, traducción Quillbot, enlaces en el original)

15.10.25

Argentina: un consenso para el abismo... El paquete de rescate propuesto para la Argentina emergió como la aplicación metódica de lo que la periodista Naomi Klein bautizó como «la doctrina del shock«... El vaciamiento programado de la Argentina parece haberse echado a andar siguiendo este guion al pie de la letra... Pareciera que el tiempo que resta hasta las elecciones está destinado a transcurrir en un estado de perpetua conmoción: noticias diseñadas para desestabilizar, fugas de capitales metódicas y previsibles, el retroceso persistente de bonos y acciones, el índice de riesgo país escalando como un termómetro de la desconfianza autoinfligida, y hasta la irrupción de candidatos con presuntas financiaciones de origen narco... con un objetivo preciso: debilitar cualquier atisbo de gobernabilidad y presentar el escenario postelectoral como un abismo inevitable... el umbral de una crisis devaluatoria y de gobernanza que evoca deliberadamente el fantasma de 2001, como si la historia no solo se repitiera, sino que fuera inducida a repetirse... todos están de acuerdo en el vaciamiento diario de las reservas, en un endeudamiento acelerado que hipoteca el futuro, y en la creación de una bomba de tiempo que estallará con toda su fuerza con posterioridad a las elecciones. Lo que se vive hoy, con la teoría del caos como marco, será recordado como un cuento de hadas comparado con el colapso que se avecina... Es un guion repetido hasta el cansancio: los mismos grupos económicos que, desde la última dictadura militar hasta la actualidad, han visto cómo los economistas del establishment, de uno u otro signo, se han dedicado a estatizar sus deudas privadas... si el día después de las elecciones el dólar se libera y se dispara, la narrativa ya está preparada. Dirán que estas empresas «no pueden pagar con ese tipo de cambio», y el Estado, una vez más, se hará cargo de sus obligaciones. La privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas, el mantra definitivo del capitalismo de amiguetes, se consumará otra vez (Alejandro Marcó del Pont)

 "Élites, capitales, y el ajuste como destino (El Tábano Economista)

El grito cinematográfico de Rod Tidwell, aquel receptor de fútbol americano en la película Jerry Maguire, suplicando «!Show me the money!» (¡Muéstrame el dinero!), ha trascendido la pantalla para convertirse en un eco grotesco de la diplomacia financiera contemporánea. En un giro tragicómico de la geopolítica, es el presidente argentino quien, en la realidad, se encuentra en la posición de tener que exigirle algo similar al secretario del Tesoro estadounidense y a la sombra aún alargada de Donald Trump.    

Sin embargo, en este juego de altas finanzas, el dinero prometido es tan espectral como las condiciones que lo rodean, operando bajo una lógica perversa donde la mera expectativa de un rescate basta para mover los mercados, una teoría que el propio J.P. Morgan esgrimió en su día: el valor se crea con la promesa, no necesariamente con la materialización. Lo que ocurrió en Argentina en un solo día, con un repunte bursátil efímero, pero significativo tras el anuncio de un auxilio financiero, es un manual vivo de esta psicología económica aplicada a estados nacionales en situación de vulnerabilidad.

El paquete de rescate propuesto para la Argentina emergió, en su concepción inicial, como un artefacto de una complejidad deslumbrante, una mezcla enredada de intereses geopolíticos, alianzas ideológicas forjadas en el laboratorio del libertarismo con conexiones financieras que olían más a camarilla que a la política de Estado formal. Hubo un momento, brevísimo, en el que pareció primar una visión estratégica, aquella esbozada en la idea de un «Renacimiento hemisférico» de Estados Unidos, donde Argentina podía servir como un laboratorio de influencia contra potencias extracontinentales. Pero esa visión grandilocuente, si es que alguna vez fue sincera, se disipó con celeridad, dejando paso a una mecánica más cruda y reconocible: la aplicación metódica de lo que la periodista Naomi Klein bautizó como «la doctrina del shock«.

Esta teoría, lejos de ser una mera especulación académica, describe con precisión cómo el capitalismo contemporáneo encuentra su momento óptimo de expansión no en la estabilidad, sino en el caos. Es en el fragor de la crisis, cuando la ciudadanía, aturdida por el pánico y la incertidumbre, se le pueden implantar con menor resistencia las políticas más radicales e impopulares. La privatización de lo público, el desmantelamiento regulatorio, la estatización de deudas privadas que fueron contraídas en el ámbito de la especulación más pura, todo un menú de reformas que en condiciones normales encontrarían una feroz oposición social, se presenta entonces como la única tabla de salvación, un amargo medicamento necesario.

El vaciamiento programado de la Argentina parece haberse echado a andar siguiendo este guion al pie de la letra, pero con un agregado peculiar y adverso: la anuencia, casi unánime, de los actores que tradicionalmente encarnaban la disputa política. Los medios de comunicación concentrados, lejos de ejercer una labor de contralor, han operado como caja de resonancia de un relato catastrofista que justifica el desmontaje. La oposición política en su conjunto, con contadas y honrosas excepciones, ha subido el pulgar no contra el gobierno, sino a favor de un consenso tácito sobre los fundamentos del modelo, disputando apenas las formas, nunca el fondo. Es como si una elite, cuyos intereses trascienden las siglas partidarias, hubiera decidido poner fin a la experiencia Milei.

¿Por qué resulta plausible, incluso probable, esta hipótesis? Por la sucesión de acontecimientos insólitos, casi surrealistas, que han ido saliendo a la luz pública, pero que han sido tratados con una discreción que raya en la complicidad. Pareciera que el tiempo que resta hasta las elecciones está destinado a transcurrir en un estado de perpetua conmoción: noticias diseñadas para desestabilizar, fugas de capitales metódicas y previsibles, el retroceso persistente de bonos y acciones, el índice de riesgo país escalando como un termómetro de la desconfianza autoinfligida, y hasta la irrupción de candidatos con presuntas financiaciones de origen narco.

Cada uno de estos elementos, por separado, sería un terremoto político; en conjunto, y con la cobertura que reciben, sellan un horizonte de incertidumbre que resulta funcional a un objetivo preciso: debilitar cualquier atisbo de gobernabilidad y presentar el escenario postelectoral como un abismo inevitable. El umbral de una crisis devaluatoria y de gobernanza que evoca deliberadamente el fantasma de 2001, como si la historia no solo se repitiera, sino que fuera inducida a repetirse.

En este tablero, la Casa Blanca, o al menos algunos de sus actores clave, pareció presa de una vacilación calculada. Las dudas no surgían sobre la ortodoxia económica del gobierno argentino, que es incuestionablemente del agrado de Washington, sino sobre la capacidad política del presidente para llevar a cabo todas las reformas necesarias para coronar el salvataje prometido. Esta tensión quedó de manifiesto en los diálogos entre el secretario del Tesoro y el ministro de Economía argentino, conversaciones destinadas a establecer una hoja de ruta para activar los mecanismos de auxilio.

Una fotografía, aparentemente casual, de los mensajes de texto del secretario del Tesoro, Scott Bessent, tomada por Associated Press durante una sesión en las Naciones Unidas, actuó como un destello del trato. En ella, se podía leer un intercambio con la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, que decía: «Ayer rescatamos a Argentina y, a cambio, los argentinos eliminaron sus aranceles de exportación de granos, reduciendo su precio, en un momento en que normalmente estaríamos vendiendo a China». La confesión era tan explosiva como ingenuamente expuesta. En efecto, ¿por qué Estados Unidos ayudaría a rescatar a Argentina si, como consecuencia, esta les arrebata el mayor mercado a sus propios productores de soja?

Estas declaraciones abrieron un debate profundamente incómodo en torno al paquete de auxilio por 20.000 millones de dólares, que pretendía sonar a política de Estado duradera, pero que en este caso tiene todo el aroma de un traje hecho a la medida para beneficiar a unos pocos. La jugada maestra anunciada por Bessent significó, en la práctica, un rescate encubierto para un viejo amigo: Rob Citrone, el multimillonario dueño del fondo Discovery Capital, un actor que, según documentan de medios especializados, obtiene ganancias astronómicas de alrededor de dos millones de dólares diarios especulando con la volatilidad argentina. El dato no es menor: el 14 de abril pasado, cuando Bessent visitó a Milei en la Casa Rosada para brindarle su respaldo político, en un acto de un simbolismo abrumador, también lo hizo Citrone.

Paralelamente, y no de manera inocente, la maquinaria de los medios concentrados y las redes sociales se activó con una sincronización pasmosa para exponer un escándalo de una magnitud y una naturaleza específica. El candidato a diputado nacional por La Libertad Avanza, y actual presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, fue acusado de mantener vínculos con el narcotráfico y de recibir financiamiento ilícito para su campaña. Se exhibieron comprobantes de transferencias por 200 mil dólares desde una cuenta del Bank of America, documentos que forman parte de una investigación judicial en Texas, y hasta se mencionaron 36 vuelos en aviones vinculados al crimen organizado.

El escándalo, bautizado con el nombre del candidato, estalló con una fuerza viral calculada: 384 mil menciones en un brevísimo lapso, lo que generó una ola de rechazo que golpeó al gobierno en plena campaña bonaerense. La imagen de un presidente apostando a un candidato supuestamente financiado por el narco lo deja en una posición de extrema debilidad, no solo ante su propia sociedad, sino, y quizás esto sea lo más crucial, ante sus «socorristas» en Washington. La administración estadounidense, cuya narrativa central sobre el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela es la de que «lidera una de las redes de tráfico de cocaína más grandes del mundo», no puede permitirse, al menos en la superficie, un aliado que coquetee con esa misma sombra. La sincronía es demasiado perfecta para ser una casualidad; es el ruido de fondo necesario para el caos, un recordatorio de que existen herramientas no financieras para presionar y disciplinar.

Nada de esto ocurre en el vacío. Los mismos gobernadores que avalaron con el voto de sus diputados las leyes y decretos que iniciaron el desmantelamiento del Estado y la entrega de los recursos de la república durante 2024, se han aliado ahora en una suerte de oposición controlada bajo la bandera de «Provincias Unidas». Este frente, que debería ser sinónimo de buenos modales y consenso republicano, opera con la misma lógica fondomonetarista y los mismos preceptos macroeconómicos manejados por las elites gobernantes. El peronismo, por su parte, en su versión hegemónica, no propone mover una coma del modelo impuesto por el FMI; su crítica se limita a las formas, a la estética del ajuste, nunca a su esencia. Hay un consenso tácito y aterrador en la clase política: todos están de acuerdo en el vaciamiento diario de las reservas, en un endeudamiento acelerado que hipoteca el futuro, y en la creación de una bomba de tiempo que estallará con toda su fuerza con posterioridad a las elecciones. Lo que se vive hoy, con la teoría del caos como marco, será recordado como un cuento de hadas comparado con el colapso que se avecina.

Para sostener este castillo de naipes, el Tesoro nacional colabora con una sangría de 500 millones de dólares diarios con el único objetivo de mantener el tipo de cambio artificialmente debajo de su banda. Un cálculo sencillo arroja que faltan 16 rondas bursátiles hasta las elecciones, lo que da un total de 8.000 millones de dólares que el Tesoro, simple y llanamente, no tiene. Es una carrera contra el reloj, una apuesta desesperada donde el premio es llegar a la elección con una estabilidad ficticia, sin importar el costo humano y económico que se pague después.

Según el economista Horacio Rovelli, la fuga de capitales ejecutada desde el 10 de diciembre de 2023 hasta el 31 de julio de 2025 supera los 44.000 millones de dólares, y todo indica que esta hemorragia va a continuar imparable. En el mismo período, ingresaron al país 64.318 millones de dólares, provenientes del superávit comercial acumulado, créditos del FMI, el Banco Mundial y el BID, colocación de dos operaciones REPO y el ingreso por el Blanqueo de Capitales. El aumento neto de las Reservas Internacionales brutas del BCRA, sin embargo, fue de apenas 20.255 millones de dólares. La diferencia entre lo que entró y lo que se fugó, más el aumento de reservas, es la radiografía del drenaje: las ganancias para unos pocos son monstruosas, y el panorama para la mayoría de la población será, sin lugar a dudas, peor.

El cerco a la política económica, este modelo de país deudor y extractivista sin fondos propios, se agrava día a día con la anuencia de Washington y la complicidad activa de las elites locales que hoy gobiernan. Al igual que en 1982, en 1990 o en 2018, la nacionalización de la deuda privada se perfila como el postre final de este banquete del desastre, la socialización de las pérdidas de los grandes jugadores.

Un informe del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), basado en datos de la Comisión Nacional de Valores (CNV), revela la anatomía de este proceso. Las empresas argentinas emitieron US$ 7.619 millones en obligaciones negociables (deuda) entre enero y octubre de 2024 y unos U$S 9.831 millones en lo que va de 2025. El 90% de estas emisiones provino de un selecto y familiar grupo de grandes corporaciones: YPF, Clárin – Telecom, Pan American Energy, Pampa Energía, TGS, Generación Mediterránea, Edenor, Banco Galicia, Vista Energy, Tecpetrol, Banco Comafi, Aluar, IRSA y Compañía General de Combustible.

Detrás de estos nombres se esconden los mismos grupos económicos que, desde la última dictadura militar hasta la actualidad, han visto cómo los economistas del establishment, de uno u otro signo, se han dedicado a estatizar sus deudas privadas. Es un guion repetido hasta el cansancio: si el día después de las elecciones el dólar se libera y se dispara, la narrativa ya está preparada. Dirán que estas empresas «no pueden pagar con ese tipo de cambio», y el Estado, una vez más, se hará cargo de sus obligaciones. La privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas, el mantra definitivo del capitalismo de amiguetes, se consumará otra vez.

Durante la agonía de 2001, el profesor Rudi Dornbusch del MIT, un economista de la síntesis neoclásica –esa corriente que intenta maquillar la esencia más depredadora del neoliberalismo, un keynesianismo con salvoconducto para el explotador–, se convirtió en un oráculo siniestro para Argentina. Mientras la Ley de Convertibilidad se resquebrajaba, y el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo declaraba que el presidente se había quedado sin «apoyatura política», Dornbusch exponía su diagnóstico sin anestesia: “La verdad es que la Argentina está quebrada. Está quebrada económica, política y socialmente. Las instituciones no funcionan, el gobierno no es respetable, su cohesión social ha colapsado”.

Su receta era la humillación final: “El sistema político está sobrepasado y debe ceder transitoriamente su soberanía en el manejo de los asuntos financieros”. Argentina, argumentaba, debía reconocer humildemente que, sin una masiva ayuda e intervención externa, no podría salir del desastre. Hoy, esos ecos resuenan con una fuerza aterradora.

Siempre existe una solución antes de entregar la nación. En 2002, fue la pesificación asimétrica, una medida ortodoxa y dolorosa. Quizás esta vez, se pueda ceder «transitoriamente» el manejo financiero a alguien tan «responsable» como el secretario del Tesoro estadounidense, un funcionario que, a fin de cuentas, está a las órdenes de los vaivenes de la política de un sociópata.

Todo, se nos dirá, sea por salvarnos de convertirnos en un Estado fallido. Pero la pregunta que queda flotando, en medio de este concierto de elites unidas para facilitar el desastre económico, es si la cura no es, en realidad, una forma más lenta y tecnocrática de lograr exactamente el mismo resultado." 

, blog, 05/10/25)