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23.7.26

Tenía ganas de leer algo así: los servicios no turísticos crecen a un ritmo extraordinario, y ya superan al turismo como nuevo motor exportador ... los más tradicionales, como el transporte, la construcción o el mantenimiento, pierden peso relativo, mientras los que pueden prestarse digitalmente ganan terreno en todos los frentes... destacan tres partidas. La primera son los servicios a empresas, la segunda son los servicios TIC, que suponen ya el 3,6% de las exportaciones totales, la tercera es el uso de la propiedad intelectual, que ha duplicado su peso en las exportaciones desde 2015. Es, de hecho, la más sorprendente, dada la debilidad tecnológica estructural de nuestra economía. Buena parte de este avance se explica por el extraordinario proceso de internacionalización del sector audiovisual español, consolidado como uno de los principales productores de contenidos de ficción televisiva a nivel mundial... estos avances responden a ventajas competitivas: costes laborales unitarios contenidos; posición geográfica privilegiada para las redes de conexión; y un nivel de digitalización que sitúa a España por encima de la media europea en fibra óptica, redes de alta capacidad y competencias digitales de la población. Todo ello ha facilitado el posicionamiento de las empresas españolas como proveedoras de servicios avanzados en el espacio europeo... Los servicios no turísticos son ya la gran realidad emergente de la exportación española. Merecen ocupar el lugar central en el debate sobre la competitividad de nuestra economía, así como en las políticas que la sustentan (Antonio Bonet Madurga)

" En los últimos años se están produciendo cambios de calado en el sector exterior español que suponen transformaciones de fondo para nuestra economía y su proyección internacional.

El más relevante es que las exportaciones de servicios no turísticos (servicios financieros, consultoría, ingeniería, transporte, etc.) superaron en 2024 los 100.000 millones de euros, con un crecimiento a una tasa media anual del 9,9% desde 2019, cuatro puntos por encima de su ritmo previo a la pandemia. Este dato no es sino el reflejo de una tendencia estructural: el turismo, que en el año 2000 representaba el 60% de los ingresos por servicios, ha cedido protagonismo, hasta el 47% en 2025, no porque haya perdido vigor, ya que sus ingresos también superaron por primera vez los 100.000 millones ese año, sino porque los servicios no turísticos crecen a un ritmo extraordinario.

La pandemia fue, paradójicamente, un acelerador de esta tendencia. Cuando el turismo se desplomó, los servicios no turísticos resistieron mucho mejor, recuperando su valor previo en solo un año. Esa resiliencia demostrada refuerza el argumento central: diversificar las fuentes de ingresos exteriores es una apuesta estratégica.

Si nos centramos en el ranking mundial de exportadores de estos servicios, vemos que España ocupa el puesto 16 y, mientras que desde 2019 la mayor parte de las economías avanzadas, como Alemania, Japón, Estados Unidos o Países Bajos, han retrocedido en cuota, la española se ha mantenido estable en torno al 1,6% de las exportaciones mundiales. Entre los países europeos, solo Irlanda, gracias a su capacidad de atraer grandes multinacionales tecnológicas, ha conseguido ganar posiciones. España aguanta el tipo ante una competencia creciente y ello no es un logro menor. En bienes, por el contrario, España está perdiendo cuota de mercado mundial.

Dentro de los servicios no turísticos, el análisis sectorial revela un desplazamiento muy significativo: los más tradicionales, como el transporte, la construcción o el mantenimiento, pierden peso relativo, mientras los que pueden prestarse digitalmente ganan terreno en todos los frentes. Esta digitalización no solo abre nuevos canales de comercialización, sino que reduce los costes de la prestación del servicio y elimina la exigencia de proximidad física entre proveedor y cliente.

En este contexto, destacan tres partidas. La primera son los servicios a empresas que, con 46.581 millones de euros en 2025, se acercan ya a las exportaciones de automóviles, la gran referencia exportadora española durante medio siglo, y representan el 7,6% de las exportaciones totales de bienes y servicios. Su avance se explica por la liberalización del comercio de servicios, la expansión de las cadenas globales de valor y la creciente demanda de soluciones especializadas que el mercado doméstico de muchos países no puede satisfacer.

La segunda son los servicios TIC, que suponen ya el 3,6% de las exportaciones totales y se sitúan prácticamente a la par de las exportaciones de productos de alta tecnología, con la diferencia notable de que los servicios TIC generan superávit comercial, mientras que las manufacturas de alta tecnología acumulan déficits sistemáticos.

La tercera es el uso de la propiedad intelectual, que ha duplicado su peso en las exportaciones desde 2015. Es, de hecho, la más sorprendente, dada la debilidad tecnológica estructural de nuestra economía. Buena parte de este avance se explica por el extraordinario proceso de internacionalización del sector audiovisual español, consolidado como uno de los principales productores de contenidos de ficción televisiva a nivel mundial. Sin embargo, es importante recordar que el aporte de los ingresos vinculados a la propiedad intelectual sigue teniendo cierta presencia marginal en el patrón exportador español.

En cualquier caso, estos avances responden a ventajas competitivas: costes laborales unitarios contenidos; posición geográfica privilegiada para las redes de conexión; y un nivel de digitalización que sitúa a España por encima de la media europea en fibra óptica, redes de alta capacidad y competencias digitales de la población. Todo ello ha facilitado el posicionamiento de las empresas españolas como proveedoras de servicios avanzados en el espacio europeo.

Margen de mejora

El resultado de todo ello es un saldo exterior en servicios no turísticos que ha pasado de ser deficitario a principios de siglo a tener una tasa de cobertura del 144%. En contraste, las exportaciones de bienes siguen incurriendo en déficits comerciales.

En términos de PIB, los servicios no turísticos suponen el 7,1% del Producto Interior Bruto. Sin embargo, la comparación con Alemania o Francia revela que los servicios no turísticos españoles aún tienen un peso relativo inferior al de estas economías, especialmente en los servicios más intensivos en tecnología, como I+D o patentes, donde persiste una brecha significativa que solo se cerrará con más inversión en innovación y cualificación. A ello se suma el entorno proteccionista exterior y las barreras restrictivas al comercio de servicios que, incluso dentro de la UE, equivalen según el FMI a un arancel del 110%. Avanzar hacia un verdadero mercado único de servicios, como reclama el informe Draghi, es una condición necesaria para que este potencial se desarrolle plenamente.

Los servicios no turísticos son ya la gran realidad emergente de la exportación española. Merecen ocupar el lugar central en el debate sobre la competitividad de nuestra economía, así como en las políticas que la sustentan." 

(Antonio Bonet Madurga , Cinco Días, 23/07/26)  

9.6.26

Goldman Sachs: ¿Por qué la economía española crece tres veces más rápido que la de la zona euro? Se espera que la economía de España supere significativamente a la zona euro en su conjunto este año, ya que el país se beneficia de una mayor productividad laboral y una posición fiscal fortalecida... España ha registrado el mayor crecimiento de productividad por empleado y por hora entre las cuatro principales economías de la UE desde 2021... La tasa de desempleo de España ha caído a su nivel más bajo desde 2008, y su tasa de empleo está en un máximo histórico... los bonos del gobierno español, a diferencia de los de otras naciones europeas, han sido relativamente estables en medio del aumento vertiginoso de los precios de la energía, y está demostrando una "resiliencia estructural" en medio del shock energético global... "La macro-superioridad de España sigue siendo visible en la actividad económica y en la fijación de precios de la deuda soberana"... La acogida de grandes flujos netos de migración por parte de España ha sido un factor clave que ha apoyado el crecimiento económico, incluso cuando su apertura a la inmigración ejerce presión sobre un mercado de vivienda cada vez más ajustado... Al mismo tiempo, las ganancias de empleo están cada vez más concentradas en sectores de mayor valor añadido, como los servicios profesionales, las finanzas y la tecnología de la información y las comunicaciones. En España, esos tipos de empleos han aumentado más del 20% desde 2019, aproximadamente el doble de la tasa en Francia o Italia, y parecen estar conectados con un mayor crecimiento de la productividad... El gasto adicional, que supera los programas similares en Alemania, Francia e Italia, no socavó la posición fiscal más amplia del gobierno... Una razón clave fue la decisión del gobierno de no priorizar un aumento de la defensa. Esta política ha preservado la credibilidad de la nación con el mercado de bonos (tenía muchas, pero que muchísimas ganas, de leer algo así)

"¿Por qué la economía española crece tres veces más rápido que la de la zona euro?

- Se prevé que el PIB de España crezca un 2,1% en 2026, lo que es tres veces la tasa pronosticada para la zona euro en general, según Goldman Sachs Research.

- España ha registrado el mayor crecimiento de productividad por empleado y por hora entre las cuatro principales economías de la UE desde 2021.

- Los inversores en bonos no están aumentando los rendimientos de la deuda española, a pesar de que la nación está gastando más que otras economías principales de la zona euro para hacer frente a los crecientes costos de energía.

- El aumento de los precios de la energía puede perjudicar los viajes aéreos y el turismo este verano y afectar el crecimiento del PIB de España.

Se espera que la economía de España supere significativamente a la zona euro en su conjunto este año, ya que el país se beneficia de una mayor productividad laboral y una posición fiscal fortalecida, según Goldman Sachs Research.

España, la cuarta economía más grande de la zona euro, se prevé que aumente su PIB en un 2,1% en comparación interanual, lo que es tres veces el aumento del 0,7% esperado para la unión monetaria.

Basándose en su desempeño líder en la región en 2025, la economía de la nación del sur de Europa está demostrando una "resiliencia estructural" en medio del shock energético global, escribe Filippo Taddei, economista senior de Goldman Sachs para el sur de Europa, en un informe.

¿Por qué son estables los diferenciales de los bonos españoles?

El país está avanzando en varios frentes. La tasa de desempleo de España ha caído a su nivel más bajo desde 2008, y su tasa de empleo está en un máximo histórico. La productividad está creciendo más rápido que en las otras tres principales economías de la Unión Europea: Alemania, Francia e Italia. Y los bonos del gobierno español, a diferencia de los de otras naciones europeas, han sido relativamente estables en medio del aumento vertiginoso de los precios de la energía. Aunque los diferenciales soberanos españoles se han ampliado junto con la inflación generalizada y el crecimiento global más lento, los inversores siguen confiando en la posición interna del país, escribe Taddei.

"La macro-superioridad de España sigue siendo visible en la actividad económica y en la fijación de precios de la deuda soberana," escribe Taddei. "La actividad económica ha continuado superando a la de la zona euro y a la de Estados Unidos desde mediados del año pasado, mientras que los diferenciales soberanos se han mantenido comparativamente ajustados, lo que indica la confianza de los inversores en las perspectivas de España."

Aún así, Taddei escribe que el shock energético está ralentizando la economía de España y destaca dos riesgos clave que pueden oscurecer su perspectiva. Este verano, el aumento de los costos de energía podría disuadir los viajes en avión y afectar al turismo, una fuente significativa de actividad económica en España. Y la volátil situación política del país—gobernada por una frágil coalición minoritaria—podría minar la confianza de los inversores con las elecciones generales de 2027 en el horizonte, escribe.

 ¿Cómo está afectando la alta inmigración al crecimiento de España?

La economía de España se está beneficiando de políticas que difieren de las de sus vecinos europeos, escribe Taddei. La acogida de grandes flujos netos de migración por parte de España ha sido un factor clave que ha apoyado el crecimiento económico, incluso cuando su apertura a la inmigración ejerce presión sobre un mercado de vivienda cada vez más ajustado.

Al mismo tiempo, las ganancias de empleo están cada vez más concentradas en sectores de mayor valor añadido, como los servicios profesionales, las finanzas y la tecnología de la información y las comunicaciones. En España, esos tipos de empleos han aumentado más del 20% desde 2019, aproximadamente el doble de la tasa en Francia o Italia, escribe Taddei.

Y parecen estar conectados con un mayor crecimiento de la productividad.

"La reciente superación de España probablemente refleja una mejora gradual en la calidad—no solo en la cantidad—de la demanda laboral," escribe Taddei.

¿Cómo está España reduciendo su ratio de deuda sobre el PIB?

España también ha adoptado un enfoque fiscal contundente ante el aumento de los precios del petróleo y el gas natural provocado por el conflicto en el estrecho de Ormuz. Aunque la nación mediterránea es la menos expuesta de las cuatro principales economías de Europa a la crisis de los hidrocarburos, los responsables políticos españoles han proporcionado una serie de recortes fiscales y otras medidas para ayudar a los hogares y las empresas.

El gasto adicional, que supera los programas similares en Alemania, Francia e Italia, no socavó la posición fiscal más amplia del gobierno, escribe Taddei. Una razón clave fue la decisión del gobierno de no priorizar un aumento de la defensa. Esta política ha preservado la credibilidad de la nación con el mercado de bonos, y España es ahora la única nación entre las cuatro principales de la UE que se espera que reduzca su ratio de deuda sobre PIB en los próximos tres años, escribe el economista.

¿Se desacelerará la industria turística de España?

A medida que comienza la temporada de vacaciones de verano, Taddei está atento a lo que suceda con el turismo, un sector que representa el 12.6% del PIB, según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística. Teniendo en cuenta la proporción de llegadas de turistas internacionales por aire en el gasto total, Taddei encuentra que cada reducción del 10% en las llegadas de turistas por aire podría reducir el PIB en aproximadamente un 0.3%.

Y aunque el gobierno ha logrado dar forma a la política fiscal y reducir el déficit, el gobierno español no ha podido aprobar un presupuesto anual completo desde una elección anticipada en 2023, escribe Taddei. Ahora, con unas elecciones previstas para el próximo año, los inversores están destinados a volver a centrar su atención en la política.

"La prolongada incertidumbre política probablemente reduciría la confianza de los inversores en la continua transformación de la economía española y debilitaría el caso para nuestra perspectiva constructiva," escribe Taddei."

 (Goldman Sachs , 04/06/26, traducción Quillbot, enlaces y gráficos en el original)

31.3.26

Tenía ganas de leer algo así... La inversión extranjera en España supera los 627.000 millones de euros y consolida más de una década de crecimiento... La inversión española en el exterior alcanzó en 2024 un volumen cercano a los 650.000 millones de euros, reflejo del dinamismo y la creciente internacionalización de las empresas españolas... Por sectores, destacan la industria manufacturera, el sector energético, el comercio y los servicios financieros, ámbitos clave para la transformación y competitividad de la economía... En conjunto, estos resultados confirman el atractivo de España como destino inversor de referencia y la capacidad de sus empresas para competir y crecer en los mercados internacionales, contribuyendo de forma decisiva al desarrollo económico y al empleo (El Obrero)

 "El Registro de Inversiones Extranjeras ha actualizado las cifras posición de inversión exterior -extranjera en España y española en el exterior- correspondientes al ejercicio 2024.

De ellas, en los relativo a la inversión extranjera directa en España, se extrae que el stock de inversión extranjera directa (IED) productiva en España alcanzó los 627.795 millones de euros en 2024, consolidando una década de crecimiento ininterrumpido.

Esta evolución confirma la confianza sostenida de los inversores internacionales en la economía española, así como en la calidad de su entorno empresarial.

Las empresas con participación extranjera continúan desempeñando un papel esencial en el tejido productivo, con más de 2 millones de empleos, lo que equivale a cerca del 10% del empleo total. Este dato pone de relieve la contribución de la inversión internacional al crecimiento económico y a la creación de oportunidades en España.

Por origen, Estados Unidos, Alemania, Francia y Reino Unido se mantienen como los principales países inversores en España.

Por sectores, destacan la industria manufacturera, el sector energético, el comercio y los servicios financieros, ámbitos clave para la transformación y competitividad de la economía. 

Inversión española en el exterior

En paralelo, España continúa reforzando su papel como inversor global. La inversión española en el exterior alcanzó en 2024 un volumen cercano a los 650.000 millones de euros, reflejo del dinamismo y la creciente internacionalización de las empresas españolas.

Los principales destinos de la inversión española siguen siendo Estados Unidos y Reino Unido, junto con mercados estratégicos como México y Brasil, lo que pone de manifiesto la diversificación geográfica y la vocación global de nuestras empresas.

Asia y Oceanía concentran el 2,8% de la inversión española en el exterior, alcanzando cerca de 18.000 millones de euros. Por su parte, África concentra el 1,2% del total, con más de 7.700 millones de euros, lo que supone un crecimiento de casi el 15% respecto al stock de 2023. 

En conjunto, estos resultados confirman el atractivo de España como destino inversor de referencia y la capacidad de sus empresas para competir y crecer en los mercados internacionales, contribuyendo de forma decisiva al desarrollo económico y al empleo.

Origen de los datos: sitio web de lamoncloa.gob.es. Ministerio de la Presidencia, el 30 de marzo de 2026." 

(El Obrero, 31/03/26) 

26.3.26

Nunca creí leer algo así: El crecimiento económico de España, el mayor entre las grandes economías europeas, ocupa desde hace tiempo los titulares de la prensa francesa, que mira con envidia y cierto asombro lo que han bautizado como “el milagro económico ibérico”. Los economistas y la clase política se plantean si parte de la fórmula es aplicable en Francia... ¿Cuál es la receta de crecimiento económico que hace soñar a Francia?”, titula France Info... Los expertos coinciden en que si España ha logrado sostener tasas de crecimiento elevadas es gracias a algunas reformas, como la del mercado laboral de 2021, a la apuesta por las energías renovables, que le ha dado mayor independencia energética, y también por la integración de la inmigración en el mercado de trabajo. “España ha disfrutado de una coyuntura favorable y ha sabido jugar bien las cartas que tenía. Ha sido de los principales beneficiarios de las ayudas posteriores a la crisis de la covid, y las ha invertido bien, en sectores de futuro. Ha habido una conjunción de factores favorables, pero también elecciones acertadas y adaptadas a las circunstancias”... (Raquel Villaécija)

 "El crecimiento económico de España, el mayor entre las grandes economías europeas, ocupa desde hace tiempo los titulares de la prensa francesa, que mira con envidia y cierto asombro lo que han bautizado como “el milagro económico ibérico”. Los economistas y la clase política se plantean si parte de la fórmula es aplicable en Francia, que busca cómo hacer ajustes presupuestarios para reducir su elevado déficit con un crecimiento limitado.

“¿Cuál es la receta de crecimiento económico que hace soñar a Francia?”, titula France Info en un análisis. Otro medio, Le Nouvels Obs, habla de España como la “economía faro de Europa”, y los economistas Cecilia García-Peñalosa y Alain Trannoy firmaron una tribuna reciente en el periódico Le Monde en la que desgranaban las medidas que han hecho que España, uno de los países más golpeados por la crisis de 2008, triplique el crecimiento francés, con un auge del PIB del 2,8% en 2025, frente al 0,9% galo.                              

“Hay un contexto político que, aunque para algunos no sea el ideal, si lo comparamos con países como el Reino Unido, Alemania o Francia, en España es más favorable. Francia piensa ya en las próximas elecciones presidenciales, lo que no facilita la cooperación ni apertura al diálogo entre la clase política”, explica García-Peñalosa, economista de la Universidad de Aix en Provence.

Francia ha cambiado de primer ministro varias veces en el último año y acaba de aprobar los presupuestos de 2026 por decreto, tras meses de arduas negociaciones en las que los grupos parlamentarios no han conseguido ponerse de acuerdo para sacarlos adelante. España lleva prorrogando los suyos desde 2023, pero, como explica a este periódico Alain Trannoy, economista del Cercle des Economistes, “se hace de manera automática, mientras que en Francia no hay cultura de pactos y sacar adelante reformas, incluso las cuentas, es costoso”,

España, según Claudia Ramírez, economista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), tiene un crecimiento muy superior al de la zona euro, impulsado por el consumo y la inversión privada. “Esta demanda interior, por ejemplo, está muy debilitada en Francia, donde pesa mucho más la incertidumbre política y se tiende al ahorro”, recuerda.

Los expertos coinciden en que si España ha logrado sostener tasas de crecimiento elevadas es gracias a algunas reformas, como la del mercado laboral de 2021, a la apuesta por las energías renovables, que le ha dado mayor independencia energética, y también por la integración de la inmigración en el mercado de trabajo. “España ha disfrutado de una coyuntura favorable y ha sabido jugar bien las cartas que tenía. Ha sido de los principales beneficiarios de las ayudas posteriores a la crisis de la covid, y las ha invertido bien, en sectores de futuro. Ha habido una conjunción de factores favorables, pero también elecciones acertadas y adaptadas a las circunstancias”, explica Alan Trannoy.

Estos son los pilares de la economía española más analizados por los franceses:

Reforma laboral

La reforma del mercado laboral “ha funcionado. Era un mercado rígido que hacía daño tanto a los trabajadores como a las empresas”, dice García-Peñalosa. Para Trannoy, se han “equilibrado los desajustes al hacerse más contratos indefinidos. Se ha logrado un buen mix, que ha sido bueno para la inserción laboral y no ha degradado las relaciones entre empresarios y asalariados a largo plazo”.

La izquierda francesa ha defendido algunas medidas adoptadas por el Gobierno español, como el aumento del salario mínimo, “que ha tenido un efecto positivo y ha integrado en el mercado laboral a gente que había salido, a la que les salía más rentable cobrar un subsidio, y ha aumentado el consumo”, dice García-Peñalosa. En Francia el salario mensual bruto es de 1.800 euros, más elevado que en España (1.184 euros), aunque el salario real ha aumentado un 3,3% desde la pandemia, mientras que en Francia ha caído un 1,2%, cifra Ramírez.

Inmigración

La inmigración, destacan los economistas franceses, ha sido clave en el crecimiento español. “Es una carta que otros países no podían jugar, pues hay más oposición política. Pedro Sánchez ha sabido sacarla en el buen momento, y esto ha beneficiado al sector del turismo y de la construcción”, admite Trannoy.

“La de España es una inmigración de fácil asimilación, pues hay una cultura y una lengua común, que ha hecho que se ocupe cierta mano de obra y crezca el consumo interno”, explica Claudia Ramírez, de la OCDE. En Francia hay muchas más reticencias a integrar a los extranjeros en el mercado laboral, incluso en los puestos que los franceses no quieren ocupar, pues hay más problemas de integración.

Energía

España, gracias a la apuesta por las renovables, no se ha visto tan afectada por la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania, que ha golpeado sobre todo a Francia, que ha redoblado su apuesta por la nuclear para tratar de alcanzar una soberanía energética. España “tiene una independencia que le ha permitido tener unos precios bajos. No ha sido visión política, sino suerte y casualidad. Una decisión que se tomó en el buen momento”, según García-Peñalosa.

Resiliencia

Para los expertos, España ha sabido hacer reformas en su momento, mientras que en Francia hay una gran resistencia. La de las pensiones, aprobada en 2023 con una fuerte oposición en la calle porque elevaba la edad de jubilación a los 64 años, ha quedado suspendida. Fue la condición de la izquierda para no censurar al primer ministro, Sébastien Lecornu. España fue uno de los países más afectados por la crisis de la deuda soberana de 2008, y “hubo una toma de conciencia y se hicieron reformas. En situación de crisis, los franceses miran al Estado como el salvador, eso es una especificidad de este país que impide la sostenibilidad de las finanzas públicas, pues debilitar el sistema de ayudas tendría un altísimo coste político”, dice Trannoy. El gasto público en Francia se come el 57% del presupuesto, “es un 10% superior, y el reparto está menos compensado entre las regiones y el Estado, que es el que tiene el control”, añade.

Para los expertos, es una cuestión de resiliencia. Y coinciden en que España sale más fuerte de las recesiones, en parte porque a Francia ninguna crisis le ha afectado tanto. “Además, no hay cultura de pactos. En Alemania o España, los partidos que ganan están obligados a pactar con los regionales”, dice García-Peñalosa.

“Es una sociedad en la que no hay confianza en el otro, el obrero con el jefe y viceversa, en la clase política, en la oposición, la élite en el resto de la población. Esta falta de confianza no existe en España o el Reino Unido, por ejemplo. Esto crea una oposición a hacer reformas porque hay miedo a que el otro esconda algo. Toda decisión económica se ve como “si yo gano, tú pierdes”, añade la profesora de la Universidad de Aix en Provence.

Hay problemas comunes, como los altos precios de la vivienda, que merman el poder adquisitivo y, coinciden los expertos, hace falta una política rigurosa a ambos lados de los Pirineos. Además, recuerda la experta de la OCDE, aunque París se inspire en las cifras españolas, el ingreso per capita sigue estando un 10% por debajo de la media de los países de la OCDE, la tasa de empleo está por debajo de la media de la zona euro y la de paro (10%) sigue siendo superior para los estándares europeos (6% de promedio)." 

(Raquel Villaécija , El País, 01/03/26)   

6.3.26

El crecimiento económico per cápita en España se ha traducido en un aumento de la productividad por hora del 0,7% anual y en un crecimiento del 2% anual de la ratio entre horas trabajadas y población total, y la remuneración real por hora trabajada ha crecido por encima del crecimiento de la productividad por hora, y el peso de las rentas del trabajo en el PIB se ha elevado hasta el 62,5%... algunos factores que podrían explicarlo no son meramente coyunturales, y están relacionados con los cambios en el mercado de trabajo (creación de empleos indefinidos y reducción de la temporalidad, aumento de las ocupaciones técnicas y del empleo en sectores de alto valor añadido y en empresas de mayor tamaño); con un giro de la inversión hacia un mayor peso de los activos intangibles y relacionados con las tecnologías de la información, y un aumento de la actividad innovadora (por ejemplo, patentes) y, finalmente, con el impulso de la inversión pública asociada a los fondos europeos (Jorge Uxó, Un. Complutense)

"Durante más de veinte años, los salarios españoles se "desacoplaron" del crecimiento real de la economía, castigando el poder adquisitivo de los hogares. Sin embargo, los datos recientes revelan un cambio de rumbo. El profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense Jorge Uxó expone cómo la remuneración por hora trabajada ha logrado superar, al fin, al avance de la productividad. ¿Bastarán las políticas actuales para mantener este reparto y asegurar una verdadera "prosperidad compartida"? 

 España está registrando tasas de crecimiento del producto interior bruto (PIB) muy por encima de la zona euro: 2,8% en 2025, o una media del 3,8% en los últimos cuatro años (2022-2025, para no incluir los años de la pandemia). Y aún es más relevante que, en un contexto de aumento de la población (1% anual, asociado a la entrada de personas migrantes), crezca también el PIB per cápita (2,7% de media en estos cuatro años), se haya elevado 3 puntos la tasa de empleo y exista una tasa de paro por debajo del 10% por primera vez en 17 años. Por comparar con las expansiones anteriores de este siglo, en los años de la burbuja inmobiliaria (2000-2008) el PIB per cápita creció un 1,8% anual y en la recuperación que siguió a la crisis financiera (2014-2019) lo hizo al 2,4% anual.

¿Está mejorando también la productividad? La reciente publicación del primer Informe Anual del Consejo de la Productividad de España (disponible aquí) es una oportunidad para reflexionar sobre ello.

¿Cómo se reparte el crecimiento del PIB per cápita entre empleo y productividad en España?

Empecemos por decir que, para atender el crecimiento de su demanda, las empresas elevan la producción con una combinación (variable) de más horas de trabajo y de mayor productividad por hora trabajada. Pero este reparto está condicionado por algunas circunstancias que no pueden modificarse de manera inmediata: la estructura productiva y la composición sectorial de esa demanda; la dotación de capital disponible y sus características tecnológicas; la organización empresarial; o las características de las personas que trabajan en esas empresas. A la vez, la productividad puede crecer por factores muy diversos: la propia dinámica económica, que permite aprovechar mejor las economías de escala e incentiva la ampliación del capital y la incorporación de mejoras tecnológicas; el aumento del peso de sectores y empresas más productivas, o de las ocupaciones más cualificadas; la introducción de innovaciones o de decisiones organizativas por parte de las empresas, o mejoras en la cualificación y experiencia de la mano de obra.

Es habitual hablar de crecimiento "intensivo" o "extensivo" para referirse a situaciones en las que el crecimiento se materializa principalmente en aumentos de la productividad por hora, en el primer caso, o de las horas trabajadas, en el segundo. En ocasiones se expresa de forma categórica una preferencia por el crecimiento intensivo, considerándolo mejor que el crecimiento extensivo, pero es necesaria una mayor prudencia.

En los últimos cuatro años, el crecimiento económico per cápita en España se ha traducido en un aumento de la productividad por hora del 0,7% anual y en un crecimiento del 2% anual de la ratio entre horas trabajadas y población total. Pues bien: lejos de confrontar ambas cifras, estas son —conjuntamente— las dos primeras buenas noticias.

Por un lado, el crecimiento del empleo (más personas trabajando y mayor intensidad laboral, por la extraordinaria reducción de la temporalidad) es una de las vías más importantes que permite ampliar las personas que se benefician de los frutos del crecimiento del PIB. Sin el aumento del empleo, esas personas quedarían excluidas de esa mejora. En un país caracterizado históricamente por tasas de paro elevadas, su reducción debe seguir siendo un objetivo prioritario de la política económica. La creación de empleo ha permitido que el porcentaje de hogares con personas activas en los que todas estaban desempleadas se haya reducido en 2,6 puntos a finales de 2025 respecto al que había a finales de 2021, y que el porcentaje de hogares en los que todos sus miembros activos tenían un empleo se haya incrementado en 5,6 puntos. El porcentaje de personas que viven en hogares con baja intensidad laboral —un indicador frecuentemente asociado con el riesgo de pobreza— también se ha reducido: desde el 11,7% en 2021 hasta el 8% en 2025. Todas estas cifras también son mejores que en 2019, antes de la pandemia.

Por otro lado, el crecimiento de la productividad por hora registrado en estos años (0,7% anual) es mayor que el observado durante la burbuja inmobiliaria (0,4% anual) o en el periodo anterior a la pandemia (0,5%). Solo fue más alto durante la Gran Recesión (2009-2013, cuando creció un 2%), pero se debió a la masiva destrucción de empleo y se acompañó de una caída del PIB per cápita. Hablando de crecimiento intensivo o extensivo, de hecho, los últimos años son el periodo de crecimiento en que el aumento de la productividad por hora representa el mayor porcentaje de avance del PIB per cápita (26%, frente al 21% en 2014-2019 y 18% en 2000-2008).

El mayor crecimiento de la productividad tiene, indudablemente, efectos positivos. Por ejemplo, permite alcanzar las mismas tasas de crecimiento del PIB per cápita a la vez que se reduce la jornada laboral (por eso es una mala idea usar el PIB por persona ocupada, en vez de por hora trabajada, para medir los avances de la productividad). Y también es necesario para garantizar un ritmo adecuado de crecimiento una vez que la economía se vaya acercando al pleno empleo, especialmente si el peso de la población en edad de trabajar se reduce.

Aunque todavía es necesario que transcurra más tiempo para confirmar que este mejor desempeño de la productividad se consolida, algunos factores que podrían explicarlo no son meramente coyunturales, y están relacionados con los cambios en el mercado de trabajo (creación de empleos indefinidos y reducción de la temporalidad, aumento de las ocupaciones técnicas y del empleo en sectores de alto valor añadido y en empresas de mayor tamaño); con un giro de la inversión hacia un mayor peso de los activos intangibles y relacionados con las tecnologías de la información, y un aumento de la actividad innovadora (por ejemplo, patentes) y, finalmente, con el impulso de la inversión pública asociada a los fondos europeos.

Que la productividad crezca es importante, pero no suficiente para que las familias se beneficien del buen desempeño macroeconómico: además, debe repartirse adecuadamente. Para la mayoría de los hogares, las rentas del trabajo son la fuente principal de sus ingresos. Por tanto, la traducción de los crecimientos de la productividad en crecimientos de los salarios es muy relevante para que podamos hablar, realmente, de una "prosperidad compartida".

Es un hecho conocido que la tendencia más o menos paralela que habían seguido la productividad y los salarios durante buena parte del siglo XX en las economías desarrolladas se quebró a partir de los años ochenta de ese siglo. Aunque en la literatura académica hay debate sobre sus causas, lo cierto es que los salarios se "desacoplaron" desde entonces del crecimiento de la productividad y las rentas del trabajo perdieron peso en la renta nacional. España no ha sido una excepción.

Fijándonos en este siglo, los datos que ofrece AMECO muestran que el peso de las rentas del trabajo en el PIB pasó del 65% en el año 2000 al 59% en 2017, cuando alcanzó su punto más bajo. Es decir: durante estos años, los crecimientos de la productividad solo se tradujeron (muy) parcialmente en mejoras salariales.

La tercera buena noticia (aunque aún insuficiente) es precisamente el cambio que se observa en esta tendencia: en los años 2018 a 2025, la remuneración real por hora trabajada ha crecido por encima del crecimiento de la productividad por hora, y el peso de las rentas del trabajo en el PIB se ha elevado hasta el 62,5% (una cifra que es todavía inferior a la registrada a principios de siglo).

Aún no disponemos de suficientes datos para poder afirmar categóricamente cuáles son las causas de este cambio de tendencia, pero las políticas laborales desplegadas estos años han podido jugar nuevamente un papel relevante (en particular, la subida del SMI y la reforma laboral para reducir la temporalidad) junto al mayor peso de las ocupaciones técnicas —mejor remuneradas— en el empleo que se ha creado. Estos factores han compensado, a partir de 2023, la reducción de los salarios reales durante la crisis inflacionista, cuando las empresas trasladaron a sus precios finales los aumentos en los costes de la energía y materias primas (manteniendo o aumentando los márgenes de beneficios).

Tres desafíos para consolidar la productividad y su reparto

Una de las principales razones que explican el malestar que se observa en amplias capas de la sociedad española a pesar del crecimiento económico reciente tiene que ver con el estancamiento que han experimentado los salarios reales en las primeras dos décadas de este siglo. En parte, esto está relacionado con la desaceleración del crecimiento de la productividad que se registró a partir de los años noventa. Pero también, como vemos, con el hecho de que ni siquiera ese menor crecimiento se ha trasladado durante buena parte de este periodo al crecimiento de los salarios. En los últimos años, esto se ha empezado a corregir: la productividad ha crecido más y se ha repartido mejor. Según los datos de contabilidad nacional, el salario real por persona asalariada en 2025 es un 1,7% mayor que en 2021 (y un 4% mayor que en 2019), aunque la subida de los precios de compra de viviendas y de los alquileres ha absorbido seguramente una parte importante de estas ganancias.

Los datos que hemos presentado hasta aquí reflejan que el panorama de la productividad ha cambiado a mejor en España en estos últimos años. Lejos de la complacencia (nuestra productividad sigue siendo aproximadamente el 77% de la de media de la zona euro), el reto para los años que vienen es consolidar este cambio mediante las políticas públicas adecuadas. En este sentido, cabe destacar tres desafíos especialmente relevantes. 

En primer lugar, la inversión empresarial ha sido uno de los componentes de la demanda que ha registrado un menor dinamismo en estos años. Esto es en cierta medida sorprendente, porque, aunque las empresas contaban con capacidad productiva todavía sin utilizar, ocurre en un contexto de fuerte expansión de la demanda. Además, el sector de sociedades no financieras ha acumulado en estos años recursos, producto de los beneficios obtenidos, que se han dedicado a reducir la deuda o adquirir activos financieros antes que activos productivos. Por eso cabe valorar positivamente iniciativas como el anunciado fondo público soberano España Crece, vinculado a los fondos europeos, en la medida en que puedan servir de marco estratégico estable para un relanzamiento de la inversión hacia sectores especialmente relevantes.

El segundo desafío tiene que ver con la inversión pública, que ha tenido en estos años un mejor desempeño que la privada, gracias al impulso de los fondos europeos. Sin embargo, sigue situándose por debajo de la media europea en porcentaje del PIB, por lo que en los próximos años debe mantenerse este esfuerzo inversor. En este sentido, los PERTE son un instrumento novedoso de política industrial cuya continuidad puede ser útil para dirigir recursos hacia sectores con un mayor potencial de cambio estructural y crecimiento de la productividad. Por eso es tan relevante evaluar su diseño, su gobernanza y su impacto final sobre la productividad y la inversión productiva privada.

Por último, para que los crecimientos de la productividad se traduzcan realmente en mejoras para la mayoría de la población, es necesario romper con el estancamiento que los salarios reales han sufrido en las últimas décadas. La experiencia pasada nos enseña, sin embargo, que no se puede dar por seguro que el aumento de la productividad se traslade, en la misma medida y de forma automática, a mayores salarios o menores jornadas laborales. Cualquier estrategia para incrementar la productividad debe ir acompañada por políticas públicas para seguir favoreciendo su reparto adecuado." 

(Jorge Uxó , Un. Complutense, Agenda Pública, 05/03/26)  

26.2.26

El déficit comercial español está en máximos ¿Y qué se está importando? Principalmente bienes de capital y semi-manufacturas. Es decir: maquinaria, equipos, componentes industriales. Esto no es consumo exuberante: es inversión. Son inputs ligados al ciclo expansivo empresarial... Los crecimientos de la inversión históricamente siempre han venido de la mano de un incremento de las importaciones de estas dos partidas, y esta vez volvemos a ver el mismo patrón... El mayor déficit comercial español puede ser el reflejo de mayor inversión Si el aumento del saldo negativo viene por más bienes de capital, lo que estamos viendo es ampliación de capacidad productiva hoy para crecer más mañana. El déficit, en este caso, es síntoma de dinamismo (Ángel Talavera)

Ángel Talavera @atalaveraEcon

El déficit comercial español está en máximos, 57 mil millones en 2025. ¿Es automáticamente una mala noticia? No necesariamente. El problema no es el déficit en sí, sino qué lo está provocando. Y los datos apuntan a algo más interesante que un simple deterioro externo.

 Las exportaciones están prácticamente estancadas: crecimientos de menos del 1% en 2025. Eso es el punto débil, y no debería ser sorpresa. Pero el fuerte aumento del déficit no viene por colapso exportador, sino por el lado de las importaciones, que crecen 5% el año pasado.

 ¿Y qué se está importando? Principalmente bienes de capital y semi-manufacturas. Es decir: maquinaria, equipos, componentes industriales. Esto no es consumo exuberante: es inversión. Son inputs ligados al ciclo expansivo empresarial.

 Los crecimientos de la inversión históricamente siempre han venido de la mano de un incremento de las importaciones de estas dos partidas, y esta vez volvemos a ver el mismo patrón.

 Resumen: mayor déficit comercial puede ser el reflejo de mayor inversión. Si el aumento del saldo negativo viene por más bienes de capital, lo que estamos viendo es ampliación de capacidad productiva hoy para crecer más mañana. El déficit, en este caso, es síntoma de dinamismo. 

5:07 p. m. · 24 feb. 2026 ·25 mil Visualizaciones

19.2.26

El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española... destaca la robustez de la economía española en un contexto geopolítico convulso... las causas: el crecimiento económico y la reducción del déficit... En los últimos cinco años, el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química. No se trata de una casualidad ni de un simple arrastre por tendencias globales, sino de una ganancia real de cuota en los mercados internacionales. Esta evolución demuestra la importancia de la estrategia frente al azar en la consolidación de España en sectores dinámicos. En resumen, la Universidad de Harvard considera alentador el patrón exportador actual, ya que la mayor parte del crecimiento procede de productos de complejidad media y alta, con especial protagonismo de los bienes intermedios y farmacéuticos. Dadas sus exportaciones actuales, algunos de los sectores con mayor potencial para la diversificación productiva en España son la maquinaria industrial y la maquinaria y equipos eléctricos. Avanzar en la diversificación y complejidad de la estructura productiva permitirá a la economía española gozar de salarios reales más altos... la economía española ha sabido navegar, de manera que ha sido —y es— observada como un modelo en política económica desde espacios mediáticos y políticos en Italia, Francia, Alemania y el Reino Unido... los factores esenciales que destacan son: el crecimiento potente del PIB, la diversificación económica (los servicios no turísticos con cuota exportadora), el gran dinamismo del mercado laboral, la efectiva atracción para los inversores extranjeros, la confianza en los mercados financieros y la relevancia de la economía turística (Carles Manera)

"Carles Manera: El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española

ENERO 2026

Resumen

Desde plataformas mediáticas conservadoras se han ido publicando análisis económicos que destacan una situación calamitosa de la evolución económica de España, con un vector clave de divulgación: la mala actuación del Gobierno de coalición en política económica, reflejada —se indica— en las nega tivas cifras de la evolución del PIB per cápita. Estos apuntes aguantan poco el espejo implacable de los datos, pero han sido recogidos por los voceros de la oposición política, por boca del líder de la derecha conservadora. El presente trabajo persigue contrarrestar esas afirmaciones, a partir de la presentación y el análisis de variables de toda solvencia, de manera que se destaca la robustez de la economía española en un contexto geopolítico convulso.

1. Introducción

Desde plataformas mediáticas conservadoras se han ido publicando análisis eco nómicos que destacan una situación calamitosa de la evolución económica de España, con un vector clave de divulgación: la mala actuación del Gobierno de coalición en política económica, reflejada en las negativas cifras de la evolución del PIB per cápita. Estos apuntes, que aguantan poco el espejo implacable de los datos, han sido recogidos por los voceros de la oposición política, por boca del líder de la derecha conservadora, Alberto Núñez-Feijóo. Se habla, entonces, de que 2025 cierra el “peor año de la democracia” (sic), con frases incendiarias que hablan del “colapso del sanchismo” (sic), de su año final1. Una hiperventilación exacerbada, sin que se aporte dato alguno. De nuevo, cabalgan para las derechas los jinetes del Apocalipsis, abocados a destruir todo lo que se les cruza, espoleados por una retórica tremendista que vomita de manera reiterada todo tipo de mensajes fatalistas, corrosivos, de un pretendido final de ciclo que dará paso, ahora sí, al nirvana de la gran recuperación de la mano de unas formaciones ultraconservadoras cuya política económica propositiva es, lo afirmamos sin tapujos, meridianamente desconocida. Un erial. Estamos, una vez más, ante una cuestión de fe. Podemos intuir, sin embargo, por dónde irían los caminos de una alianza de las derechas para gobernar España si oteamos lo que están desplegando en las comunidades autónomas donde ya tienen responsabilidades de gestión: reducción de impuestos a las rentas altas y procesos graduales de privatización de servicios públicos estratégicos, como la sanidad y la educación. Ese es el frontispicio en el que, además, se habla de una excesiva presión fiscal en España, y ello se vincula a una mala gestión de la economía pública. Otra afirmación que no se sustenta en la realidad.

Frente a esos asertos, debemos acudir a los datos oficiales: los que ofrecen instituciones respetables, tanto nacionales como internacionales, variables que deberían conocer los propagadores de ese infierno que describen. Si no saben de esas cifras, su ignorancia es supina; si las conocen —nos tememos que sí—, entonces esa fe a la que aludíamos se convierte en algo distinto: en mala fe, en tergiversación, en mentira, en bulo. Y todo ello les invalida. Nada, por otra parte, que no conozcamos ya.

2. Una economía robusta

Dejemos que los caballos apocalípticos sigan relinchando. Y vayamos a las magni tudes económicas centrales. Empecemos con el último informe del Banco de España sobre previsiones económicas para 2026, presentado en diciembre de 20252. Se señala un crecimiento del PIB esperado del orden del 2,2 %, tras un cierre previsto para 2025 del 2,9 %. Una economía sólida que crece por encima de la media de la eurozona. Una segunda variable, la inflación, se estima en el 2,1 % para 2026, de manera que se acerca al objetivo determinado por el Banco Central Europeo del 2 %. En paralelo, el mercado laboral crea empleo: este es un gran motor del crecimiento —con 21,8 mi llones de afiliados a la Seguridad Social—, que no excluye aumentos salariales en 2026; la tasa de paro previsible: 10 %, descendiendo desde el dato de 2025 (10,6 %). Otros dos vectores, el déficit público y la deuda, aportan guarismos importantes. En relación con el primero, se prevé una reducción hasta el 2,1 % sobre el PIB, desde la cifra del 2,5 % para 2025; en cuanto al segundo, la deuda pública puede ubicarse por debajo del 100 % sobre el PIB en 2026. Las causas: el crecimiento económico y la reducción del déficit.

Diversos análisis procedentes de servicios de estudios van en la misma dirección. A título de muestra, CaixaBank Research expone el repunte del consumo privado, la fortaleza del mercado laboral y la moderación de la inflación, junto con la revisión al alza de los cálculos sobre el PIB, como elementos explicativos de la perspectiva ma croeconómica española: las nuevas estimaciones plantean un escenario positivo para la economía, con la demanda interna como primordial motor3. En líneas similares, tenemos los informes de FUNCAS y de BBVA4. Por su parte, AIReF señala que la economía española crecerá en torno al 2 % en 2024 y que el déficit público se reducirá hasta el 3 % sobre PIB5.

Los datos presentados por el regulador español se alinean con los publicados por otras entidades internacionales de referencia, tal y como se comprueba en la tabla 1. Las cifras correspondientes al PIB per cápita, un tema que ha suscitado enorme revuelo, habida cuenta de que se ha afirmado que el PIB per cápita se encuentra congelado al nivel de 2019, manifiestan, a partir de la base de datos de Eurostat, que esa hibernación no parece nada clara si se consultan la tabla 2 y los gráficos 1 y 2. En el apartado de euros constantes, y adoptando como índice base 2020, el avance es notable desde 2021, con un crecimiento previsible del 25 % para 2025 (con variables del FMI todavía provisionales en este último caso, y a la espera del dato estadístico que divulgue Eurostat).

Las comparaciones con medias comunitarias permiten observar varios factores (véanse gráficos 3 y 4):

El crecimiento del PIB per cápita en euros constantes, con base 100 en 2020, señala el mayor avance de la economía española con relación a la UE-27. La recuperación poscovid ha sido más intensa en el caso de España.

Ahora bien, si adoptamos el criterio de paridad de poder adquisitivo (PPA), se constata que España se encuentra a ocho puntos de la media comunitaria, si bien se corrobora la recuperación a la que remitíamos antes desde 2020. Es decir, se ha ido aproximando al nivel medio de los países de la eurozona.

3. Sobre la redistribución de la renta 6

Los datos anteriores deben sumarse a los disponibles sobre la distribución funcional de la renta entre salarios, beneficios y rentas7. Esto condiciona profundamente la distribución de la renta disponible personal, porque cada renta funcional se asocia a un grupo de población: el trabajo es la principal fuente de ingresos de la mayoría de los hogares; las rentas y los beneficios lo son únicamente para los más ricos, que acaparan casi la totalidad de aquellos, aunque en el capitalismo moderno las capas sociales más privilegiadas también perciben los salarios más altos, un fenómeno que Branko Milanovic denominó homoploutia y que contribuye asimismo a explicar el incremento de la desigualdad interpersonal de la renta8. La distribución funcional también afecta a la personal por vías indirectas, como a través de la tasa de crecimiento del PIB, el empleo, el endeudamiento de los hogares, etc.

Por todo ello, la caída de la participación de los trabajadores en la renta se asocia con un aumento de la desigualdad de la renta personal y de la riqueza. En el mundo occidental, así ha ocurrido desde los años setenta, y de manera especialmente destacada en España, donde dicha participación ha descendido unos 14 puntos porcentuales del PIB a precios de factores desde mediados de los años setenta. Este descenso implica que los salarios reales han crecido a un ritmo inferior al de la productividad real por ocupado. En conjunto, puede deducirse que la caída de la participación salarial en el VAB desde 2010 ha contribuido al aumento de la desigualdad personal. Ahora bien, la participación salarial en la renta aporta informaciones de interés, como se recoge en el gráfico 5.

La participación de los salarios cayó notoriamente durante la Gran Recesión. Con la recuperación de tasas positivas de crecimiento económico y la creación de empleo a partir de 2014, la caída del wage share en España se frena, y este permanece estable hasta que inicia una etapa de crecimiento en 2019. A partir de este año, se observa un cambio de tendencia significativo: la participación de la remuneración de los asalariados aumentó con fuerza, impulsada por la recuperación del empleo, el dinamismo del salario mínimo interprofesional y la reducción de la temporalidad tras la reforma laboral. En los años 2021 y 2022, sin embargo, la participación de los salarios volvió a caer debido, en buena parte, al proceso inflacionario que siguió a la crisis de la COVID-19. En 2023, los salarios nominales aumentaron considerablemente, lo que supuso una recomposición parcial de la distribución funcional de la renta a favor del trabajo, aunque sin revertir completamente las pérdidas acumuladas durante 2021 y 2022. Hablamos, entonces, de mejoras en la capacidad de consumo del factor trabajo, un elemento clave que nos acerca a aspectos más microeconómicos9.

Ahora bien, en cuanto a la distribución personal de la renta, la desigualdad en España es sensiblemente superior a la media de la Unión Europea. La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), oficial para el conjunto de la UE-27, sitúa a España entre el cuarto y el octavo puesto de los países más desiguales en el período 2014-2023. La regresión a estas posiciones se explica por los efectos de la crisis de 2008-2014 y su gestión: la desigualdad se disparó hasta niveles muy elevados, tanto por la fuerte caída de las rentas más bajas y la progresiva pérdida de peso de las rentas medias como por la resiliencia de las rentas altas. Todo ello revirtió los avances en la movilidad intergeneracional de ingresos, lo que hizo descender a España hasta el tramo medio-bajo a escala global. Por tanto, la desigualdad es contracíclica: aumenta de forma intensa durante las crisis económicas y disminuye más lentamente y con cierto retraso como subproducto del crecimiento económico.

Los gráficos 6 y 7 señalan un desafío claro para la economía española: la sociedad padece más la pobreza que la europea. Esto también lo indica la tasa de población en riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE, por sus siglas en inglés)10. No obstante, la tasa ha caído desde la pandemia, en línea con el índice Gini, y presenta una tendencia generalmente descendente desde que la economía comenzó a experimentar tasas de crecimiento económico positivas. Lo macro impacta en lo micro.

Las contribuciones que se han presentado se visualizan con claridad en las previsiones para 2025 y 2026, con el contraste entre España, su espacio geoeconómico y algunos de los países más relevantes en la economía europea. Esto es lo que se expresa en el gráfico 8.

Los datos son incuestionables: desde instituciones comunitarias y desde el FMI, se indica que el crecimiento económico español, tanto para 2025 como en el esperado para 2026, va a superar con creces la media de la UE-27, y va a ser más consistente que las cifras recogidas para Alemania, Francia e Italia. España es, por tanto, la economía más dinámica del entorno europeo, y esto es lo que ha promovido comentarios elogiosos desde ámbitos dispares en Italia, el Reino Unido y Francia. Las características fundamentales de este crecimiento diferencial las hemos expuesto en otro lugar —al que remitimos—, con una importante batería de datos oficiales, de carácter nacional e internacional11.

Siguiendo con las comparativas que se han señalado en las extemporáneas declaraciones que se han ido divulgando, la afirmación de que España es un país con enormes impuestos, un “infierno fiscal” (sic)12, según dirigentes y economistas conservadores (abonados a la fallida curva de Laffer todavía13), el gráfico 8 es ilustrativo de la falsedad de esas aseveraciones.

La cifra española está por debajo de naciones de referencia —que siempre se invo can— y, en el gráfico, está por encima de Estados Unidos y del Reino Unido, dos países —sobre todo el primero— que, desde la década de los ochenta, se han definido como los principales artífices de los recortes tributarios a las rentas más elevadas, con claras con secuencias negativas en sus servicios públicos. Y con desenlaces no deseados: aumentos del déficit público y de la deuda. Laffer en estado puro. Por otro lado, desde el ámbito de la economía financiera, los datos son positivos, tal como se recogen en dos indicadores básicos: la prima de riesgo de la deuda española en relación con el bono alemán a diez años y la evolución del mercado bursátil. Esto se dibuja en los gráficos 9, 10 y 11.

El descenso de la prima de riesgo para España es palmario; lo es desde junio de 2012, tras la declaración solemne de Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo. Pero esa variable ha ido perdiendo fuerza a partir de 2022, y su contraste con otros países determinantes de la Unión Europea delata el grado de confianza y solvencia que provoca la deuda española en los mercados financieros14.

En paralelo, la evolución de la bolsa en su índice primordial, el IBEX-35, ha registra do un incremento notable en el cierre de 2025 (superando, según Bloomberg, al EURO STOXX y al S&P 500), en una senda de empuje desde 2023 y tras una etapa complicada entre 2020 y 2022 por la crisis vírica y el estallido de la guerra de Ucrania. El aumento del valor agregado del índice es cercano al 50 % en 2025 respecto a 2024; y del 81 % si la referencia es 2015, una década atrás. Se trata, por tanto, de un indicador clave de los beneficios empresariales y de la confianza inversora.

5. Una sólida economía destacada en el contexto internacional

Los datos expuestos demuestran, una vez más, que las visiones catastrofistas sobre la economía española tienen escaso fundamento, y obedecen más a planteamientos ideológicos que científicos. Tales ideas, además, se enfrentan no solo a lo que exponen las estadísticas oficiales, sino que también chocan contra lo que se está señalando, desde Europa, sobre la solidez y relevancia de la economía española. Sin embargo, sería importante adoptar más medidas valientes que sigan trasladando lo macro a lo micro para dar el impulso que necesitan los años de legislatura que restan hasta 202715. Así, la vivienda —que exige mayor claridad y contundencia para frenar y contener sus altos precios, consecuencia de una escasa oferta pública de vivienda de alquiler social—, las pensiones —que vuelven a ser objetivo de ataques por parte de intereses que buscan su privatización recurriendo al falso e interesado argumento del “enfrentamiento generacional”—, la prestación universal para la crianza —que contribuya a mitigar la pobreza infantil que sufre España—, los impuestos a los muy ricos —que permitan hacer realidad la fiscalidad que necesita un Estado de bienestar propio de un país moderno y avanzado—, la sanidad y la enseñanza públicas —que sufren la asfixia de las comunidades autónomas que gobiernan las derechas de este país—. Un empuje decidido en lo que queda de legislatura, que completaría y daría sentido a los aciertos del Gobierno en la gestión macro de la economía. Un aspecto que, como señalábamos, se resalta en la esfera internacional. Unas muestras representativas:

— En la BBC se afirma que la economía española es la “envidia de Europa […] tiene el mejor desempeño del mundo” (10 de febrero de 2025).

— En el Global Finance Magazine y The Economist: “España: campeona tras la pospandemia” (25 de junio de 2025).

— El FMI sitúa a España como la gran economía avanzada que más crece (14 de octubre de 2025).

— En el Financial Times (27 de diciembre de 2025) se indica que “España reduce diferencias de deuda y atrae la confianza de los inversores”.

— Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea: España es ahora “una potencia económica, como la segunda economía turística más avanzada del mundo”, así como “una pionera en energías renovables y transporte sostenible […] ha ayudado a Europa a convertirse en líder mundial en energías renovables” (El Periódico, 1 de enero de 2026).

Los factores esenciales que se destacan de la economía española en estas informaciones económicas de alta divulgación son: el crecimiento potente del PIB, la diversificación económica —los servicios no turísticos, con cuota exportadora; véase el gráfico 14—, el gran dinamismo del mercado laboral, la efectiva atracción para los inversores extranjeros, la confianza en los mercados financieros y la relevancia de la economía turística —la evolución de la llegada de turistas se representa en el gráfico 13—.

En efecto, en los últimos años, la economía española está experimentando transformaciones que merece la pena destacar. Según el enfoque de la complejidad económica, impulsado desde la Universidad de Harvard, la prosperidad de un país depende en gran medida de su capacidad para sofisticar su estructura productiva. De hecho, los países que albergan una gran diversidad de conocimientos productivos, en particular conocimientos especializados y complejos, son capaces de producir una amplia variedad de productos sofisticados que los otros países no pueden fabricar. Se ha comprobado que la complejidad de las exportaciones de un país predice en gran medida sus niveles actuales de renta o, cuando la complejidad supera lo esperable para su nivel de renta, que el país experimente un crecimiento más rápido en el futuro. Además, la complejidad productiva está estrechamente vinculada a la innovación, la reducción de las desigualdades y la transición hacia sociedades más sostenibles en lo social y en lo ecológico.

Sobre estas bases, la estructura productiva española sigue marcada por sectores de baja complejidad como el turismo y la construcción; sin embargo, entre 2020 y 2023 (último año con datos disponibles), España ha mejorado su posición en la clasificación mundial de complejidad económica (según el Atlas of Economic Complexity, de la Universidad de Harvard)16, pasando del puesto 41 (con un índice de 0,53) al 34 (0,61). Es decir, ha avanzado siete posiciones en tres años. Esto sugiere que se está produciendo una transformación relevante en su estructura productiva. En los últimos cinco años, el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química. No se trata de una casualidad ni de un simple arrastre por tendencias globales, sino de una ganancia real de cuota en los mercados internacionales. Esta evolución demuestra la importancia de la estrategia frente al azar en la consolidación de España en sectores dinámicos. En resumen, la Universidad de Harvard considera alentador el patrón exportador actual, ya que la mayor parte del crecimiento procede de productos de complejidad media y alta, con especial protagonismo de los bienes intermedios y farmacéuticos. Dadas sus exportaciones actuales, algunos de los sectores con mayor potencial para la diversificación productiva en España son la maquinaria industrial y la maquinaria y equipos eléctricos. Avanzar en la diversificación y complejidad de la estructura productiva permitirá a la economía española gozar de salarios reales más altos.

En relación con esta temática, los gráficos 13 y 14 suponen sendas consideraciones. En primer término, la potente evolución del turismo desde 2020, tras el hundimiento por la pandemia, hasta llegar a cifras récord en 2025. Esto debe leerse en clave positiva —toda vez que el turismo representa cerca del 14 % del PIB nacional, y sigue siendo un sector relativamente poco considerado por la economía aplicada—, ya que el turismo de masas es capaz, también, de incentivar diversificaciones en el seno del sector terciario de la economía. Pero también existe un registro negativo, habida cuenta de las externalidades de todo tipo que está provocando la actividad turística y sus derivadas (entre estas, el incremento en los precios de la vivienda en zonas tensionadas turísticamente, junto con procesos de gentrificación). En este punto, los impactos ecológicos del turismo en España se han ido analizando, con la determinación de que urgen formas de contención en la venida de visitantes y de contrasaturación en las áreas más congestionadas17. En segundo lugar, el provechoso desempeño de las exportaciones de servicios no turísticos, un factor que, como decíamos, confirma un cierto grado de diversificación de la economía en actividades con mejores valores añadidos. Estas exportaciones, desde 2020, se han incrementado en más del 80 %, y sería importante conocer —con investigaciones específicas— el grado de correlación entre ese potente desarrollo y los proyectos Next Generation EU, al margen de otras iniciativas que se hayan impulsado en relativamente poco tiempo.

6. Conclusión: combatiendo las falacias económicas

Los datos más importantes que se han aportado en este trabajo, provenientes de bases estadísticas públicas y privadas, pero todas ellas de consulta obligada para la economía aplicada, han sido los siguientes:

1. Crecimiento del PIB, 2025-2026.

2. Inflación, 2026.

3. Afiliación a la Seguridad Social, 2025.

4. Tasa de paro, 2025-2026.

5. Déficit público, 2026.

6. Deuda pública, 2026.

7. PIB per cápita, 2010-2021 (euros corrientes y constantes).

8. Comparativa PIB per cápita con países europeos (euros constantes). 9. PIB per cápita en paridad del poder adquisitivo.

10. Remuneración de los asalariados en España, 2000-2023.

11. Índice de Gini, España, UE-27, 2007-2023.

12. Tasa AROPE, España, UE-27, 2017-2023.

13. Presión fiscal España y países OCDE, 2025.

14. Prima de riesgo España y otros países, 2025.

15. Prima de riesgo España, 2017-2025.

16. Cierre cotizaciones bursátiles IBEX 35, 2015-2025.

17. Clasificación de complejidad económica de España.

18. Llegadas de visitantes a España, 2015-2025.

19. Evolución de las exportaciones de servicios no turísticos, 2015-2025.

Las instituciones consultadas: AIReF, Banco de España, CaixaBank Research, Co misión Europea, Eurostat, Financial Times, Fondo Monetario Internacional, FUNCAS, Fundación BBVA, Instituto Nacional de Estadística, OCDE y Universidad de Harvard.

Diecinueve indicadores sustanciales con un rasgo común, y esta es la principal conclusión que se debe extraer, con datos en mano: son positivos para la economía española en diecisiete de ellos —y en los dos restantes se patentizan mejoras desde 2020, y constituyen un toque de atención para el Gobierno—, tanto en los últimos años que se han podido observar como en las previsiones anotadas para 2026. Estas magnitudes señalan un corolario más que evidente: no denotan el retroceso económico y el catastrofismo derrotista que se predica desde amplios espacios de las derechas y de la economía más conservadora. No hay un cielo apocalíptico que nos cubra, más allá de la incertidumbre que preside la economía mundial, un grado de inestabilidad propiciado por las tensiones geopolíticas en las que, urge remarcarlo, la economía española ha sabido navegar, de manera que ha sido —y es— observada como un modelo en política económica desde espacios mediáticos y políticos en Italia, Francia, Alemania y el Reino Unido. Mientras tanto, aquí, el griterío y las palabras gruesas —que incluyen insultos gravísimos y la deshumanización de los adversarios políticos— opacan la posibilidad de que sus ejecutores ofrezcan otra hoja de ruta para la economía española. Esta se ha instalado, en las comunidades autónomas en las que gobiernan las derechas, en el mantra económico de siempre: la reducción de los impuestos a los más pudientes; la privatización de servicios públicos —ejercicio realizado de forma gradual, pero tangible—; la negación de realidades incontrovertibles, como las consecuencias letales del cambio climático, la vacunación o la violencia de género, y los retrocesos en políticas sociales y culturales. No hay más política, entonces, que las actitudes crispantes, que buscan polarizar y persiguen una equidistancia inexistente —en la que suele caerse—: una politiquería en la que la economía —en el sentido aristotélico— no existe. Desde esos ángulos que destilan una constante animadversión, la Política, con mayúsculas, ni está ni se la espera. 

1 A título ilustrativo: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/espana/2025/12/29/feijoo-enume ra-diez-fracasos-peor-gobierno-historia-democratica-2025/00031767006230537562596.htm 2 (https://www.bde.es/wbe/es/publicaciones/analisis-economico-investigacion/proyecciones macro-informe-trimestral/proyecciones-e-informe-trimestral-de-la-economia-espanola-diciembre 2025.html)

3 Véase Informe mensual, 487, marzo de 2024; y 488, abril de 2024. 4 FUNCAS, Previsiones económicas para España, 2024-2025, abril de 2024 (https://www.funcas. es/wp-content/uploads/2024/04/Previsiones-economicas-para-Espana-2024-2025-abril-2024. pdf); BBVA, Previsiones económicas, marzo de 2024 (https://www.bbva.com/es/economia-y finanzas/economia/macroeconomia/previsiones-economicas/). 5 Véase https://www.airef.es/es/noticias/la-airef-preve-que-la-economia-crecera-un-2-en-2024- y-el-deficit-bajara-al-3-del-pib/

 6 Agradezco al profesor José Pérez-Montiel la proporción de datos e informaciones para la redacción de este apartado. 7 Sobre esto, véase José Pérez-Montiel, Carles Manera, Ferran Navinés y Javier Franconetti, “Cri tical globalisation: Productive capacity and capital productivity in the United States, 1945-2020”, The Economic and Labour Relations Review, 35(1), pp. 66-78. Sigo también la reciente investigación de Jacobo Ferrer y José Pérez-Montiel, “La evolución de la distribución de la renta en España”, en

 9 Otros elementos ilustrativos proceden del Banco de España (https://www.bde.es/wbe/es/ publicaciones/analisis-economico-investigacion/proyecciones-macro-informe-trimestral/proyecciones e-informe-trimestral-de-la-economia-espanola-diciembre-2025.html):

•  El vigor de la financiación de vivienda y de consumo continuó impulsando el crecimiento del crédito a hogares.

•  El repunte de la financiación a las empresas.

•  Los índices de gestores de compras (PMI) tienen un buen comportamiento en el cierre de 2025, tanto en manufacturas como en servicios, junto con un incremento de la facturación empresarial según EBAE.

•  La tasa de ahorro está a niveles elevados, del orden del 11,8 %.

•  Se aprecia un incremento de los ingresos públicos del orden del 8 % interanual. 10 La tasa AROPE se define como la proporción de habitantes que se encuentran en una o más de las tres situaciones siguientes: riesgo de pobreza relativa, hogares con ingresos por debajo del 60 % de la renta mediana de la población; carencia material grave (población que no puede permitirse consumir bienes y servicios considerados deseables o esenciales para llevar una vida adecuada), y hogares con baja intensidad de trabajo (en los que la mayoría de los miembros en edad y disposición de trabajar —personas de entre 18 y 59 años, excluyendo a quienes tienen entre 18 y 24 años y están estudiando— no trabajan o trabajan muy poco). Estos indicadores son los utilizados por la Unión Europea para realizar el seguimiento del cumplimiento de los objetivos de pobreza y exclusión social de la Agenda 2030.

 11 Carles Manera, “Sobre la reciente evolución económica de España”, en José Félix Tezanos y Constanza Tobío (eds.), España 2025. Estructura económica y desigualdades, Madrid, CIS, 2025, pp. 9-31. 12 https://www.abc.es/economia/ano-hacienda-recibe-200000-reclamaciones-resuelve-favor 20251224000507-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F. 13 Como justificación de la curva, José Félix Sanz-Sanz, “La curva de Laffer ¿mito o realidad? Discusión, modelización y evidencias en el IRPF español”, Papeles de Economía Española, núm. 154, 2017, pp. 179-197. Los trabajos académicos que cuestionan e invalidan la curva son abundantes; a título de ejemplo, cito el más canónico: Peter Diamond y Emmanuel Saez, “The case for a progresive tax: from basic research to policy recommendations”, Journal of Economic Perspectives, 25(4), 2011, pp. 165-190. Los informes de la OCDE de 2010, 2012 y 2018, indican que en países avanzados los tipos impositivos están muy por debajo del punto de recaudación máxima. A su vez, se asevera que subir impuestos progresivos aumenta los ingresos sin dañar el crecimiento. Y se concluye que la curva de Laffer no es relevante para la mayoría de los impuestos reales. Por su parte, el FMI, en su informe de 2015, señala que bajar impuestos a los más ricos no impulsa el crecimiento, y que los recortes fiscales a los más ricos empeoran los balances públicos e incrementan la deuda. 

 14 El rating de la deuda española, en su calificación más reciente, es A+ en S&P (12 de septiembre de 2025); A3 en Moody’s (26 de septiembre de 2025), y A en Fitch (26 de septiembre de 2025). Calificaciones consideradas estables y muy positivas. Los datos se han tomado de: https://es.finance. yahoo.com/noticias/fitch-eleva-calificaci%C3%B3n-espa%C3%B1a-panorama-211827307.html; y https://datosmacro.expansion.com/ratings/espana.

 15 Reproduzco los argumentos de Carles Manera y Jorge Fabra Utray, “El gran acoso”, Eco nomistas Frente a la Crisis, 17 de diciembre de 2025 (https://economistasfrentealacrisis.com/el gran-acoso/).

 16 Se trata de una clasificación de los países basada en el grado de diversificación y complejidad de su cesta exportadora. La complejidad económica de un país se calcula a partir de la diversidad de los productos que exporta y de su ubicuidad, es decir, del número de países capaces de producirlos (y de la complejidad de dichos países). Véase: https://direct.mit.edu/books/oa-monograph/3014/ The-Atlas-of-Economic-ComplexityMapping-Paths-to. 

 17 Sobre esto, estamos trabajando en una investigación sobre la intensidad turística y la satu ración: Carles Manera y Elisabeth Valle, “Global Tourism Intensity (1995-2022): Methodological Update and the First Regional Application to the Autonomous Communities of Spain”. Véanse también de los dos autores citados, “Tourist intensity in the world, 1995-2015: two measurement proposals”, Sustainability, 10(2), publicado en línea en 2018, 4546. Carles Manera y Antònia Mo rey, “The growth of mass tourism in the Mediterranean, 1950-2010”, Journal of Economics and Finance (IOSR-JEF), 2019, 7(4), pp. 84-91. Sobre nuevas métricas para el turismo de masas, que contemplan las externalidades ambientales: Carles Manera, Eloi Serrano, José Pérez-Montiel y Màrian Buil-Fàbrega, “Construction of Biophysical Indicators for the Catalan Economy: Building a New Conceptual Framework”, Sustainability, 13, 2020, 7462; y Carles Manera, José Pérez-Montiel y Ferran Navinés, “Non chrematistic indicators and growth in the Balearic Islands, 2000-2015”, Symphonya. Emerging Issues in Management, 1, 2021, pp. 85-99.

(Carles Manera, Catedrático de Economía e Historia Económica, Universidad de las Islas Baleares , Sistema, nº 275, enero, 2026)

¿Cómo dejó de ser España la economía europea con más paro? Que Finlandia tenga hoy más paro que España no es una prueba de fortaleza del modelo mediterráneo sobre el escandinavo. Se trata de una pista sobre cómo se está transformando la economía europea... El tipo de actividades que generaron empleo durante años está cambiando, empujado por la digitalización, la transición energética y la reorganización de los procesos productivos. No todas las economías se adaptan del mismo modo... En economías más intensivas en industria, como Finlandia, la adaptación se traduce antes en aumento del paro... El modelo español refleja una mayor capacidad para sostener el empleo en momentos de transición, gracias al peso de sectores intensivos en mano de obra y a un ajuste más flexible del tiempo de trabajo... Desde la perspectiva de la política económica española, la comparación con Finlandia sugiere tres líneas de actuación claras. En primer lugar, reforzar las políticas activas de empleo orientadas a la transición, facilitando que los trabajadores se desplacen con mayor rapidez entre sectores... avanzar en una estrategia de crecimiento que eleve la productividad de forma sostenida, apoyándose en inversión, organización del trabajo y capital humano, y no solo en la contención de costes laborales. Y, en tercer lugar, complementar los objetivos tradicionales de empleo con un seguimiento sistemático de indicadores como horas trabajadas, vacantes y productividad... Además, en una economía como la española, marcada por el envejecimiento de la población y por la coexistencia de vacantes sin cubrir y empleo de baja productividad, la inmigración no es solo una cuestión social, sino también productiva. La inmigración refuerza sectores con escasez de mano de obra, facilita la transición hacia actividades de mayor valor añadido y alivia las tensiones en el mercado laboral sin presionar a la baja la calidad del empleo (Iñaki Aliende)

 "Que Finlandia tenga hoy más paro que España no es una prueba de fortaleza del modelo mediterráneo sobre el escandinavo. Se trata de una pista sobre cómo se está transformando la economía europea.

En las últimas décadas, la comparación entre los mercados laborales del norte y del sur de Europa se ha mantenido estable. Países como Finlandia han combinado tasas de paro reducidas con niveles elevados de productividad y una fuerte especialización industrial, mientras que España ha destacado por un desempleo alto, incluso en fases de crecimiento. Esta divergencia es estructural y refleja diferencias en modelos productivos, instituciones laborales y respuesta ante los ciclos económicos. Por eso, el hecho de que en el momento actual Finlandia registre una tasa de paro superior a la española no constituye un simple dato llamativo, sino una ruptura parcial de un patrón histórico que invita a analizar cómo se están ajustando hoy las economías europeas ante el ciclo económico internacional.

Las economías europeas siguen creciendo, pero están inmersas en un proceso de transformación. El tipo de actividades que generaron empleo durante años está cambiando, empujado por la digitalización, la transición energética y la reorganización de los procesos productivos. No todas las economías se adaptan del mismo modo.

En países como España, donde el peso de los servicios es elevado, las empresas tienden a mantener el empleo ajustando horas y tareas. En economías más intensivas en industria y tecnología, como Finlandia, la adaptación se traduce antes en cambios en el número de personas empleadas. El resultado es que el desempleo aumenta con antelación en unos países que en otros, no porque su economía funcione peor, sino porque el cambio en la economía se canaliza por vías distintas.

Que el paro aumente no siempre significa que falte trabajo. En algunos casos, lo que ocurre es que hay empleo disponible, pero no encaja fácilmente con las personas que lo buscan. Esto es lo que se conoce como fricción en el mercado laboral. En Finlandia, el aumento del desempleo convive con un número apreciable de puestos sin cubrir, lo que indica que muchas empresas siguen necesitando trabajadores, aunque no siempre con el perfil adecuado o en el lugar adecuado.

El país se enfrenta a un problema de ajuste. Los trabajos que se crean o se mantienen no coinciden de inmediato con quienes pierden su puesto. En España, estas fricciones son menores, en parte porque el empleo se concentra en sectores con menos barreras de entrada, pero eso también limita la capacidad de la economía para reorientarse hacia actividades con mayor productividad que permitan a largo plazo incrementar la renta per cápita y el bienestar.

Las diferencias entre España y Finlandia no se entienden solo mirando el empleo, sino también observando cómo se produce y cuánto valor se genera con ese trabajo. En Finlandia, la mayoría del empleo se concentra en actividades que producen mucho por trabajador, como la industria avanzada o los servicios tecnológicos. Esto permite salarios más altos, pero también hace que las empresas reaccionen con rapidez cuando esas actividades cambian o se reorganizan.

En España, una parte mayor del empleo se concentra en sectores donde es más fácil mantener a los trabajadores, aunque cada hora trabajada genere menos valor. Esto ayuda a sostener el empleo en el corto plazo, pero implica que los costes laborales crezcan más rápido que la productividad, lo que puede limitar la capacidad de la economía para crear empleo de calidad en el futuro.

Comparar países únicamente a partir de la tasa de paro puede llevar a conclusiones engañosas. Que Finlandia registre hoy más desempleo que España no significa que su mercado laboral funcione peor, sino que atraviesa un periodo de ajuste a la espera de nuevos nichos de empleo. Del mismo modo, un menor paro no garantiza una mayor solidez económica como se observa en muchos países en vías de desarrollo. Las cifras reflejan resultados distintos de procesos con diferencias en cómo se ajusta el empleo, cómo se transforman los sectores productivos y qué margen existe para recolocar trabajadores. La cuestión es qué economías están mejor preparadas para adaptarse a los cambios sin deteriorar su capacidad de generar bienestar a medio plazo.

La comparación entre España y Finlandia muestra ventajas y límites en ambos modelos económicos. El modelo español refleja una mayor capacidad para sostener el empleo en momentos de transición, gracias al peso de sectores intensivos en mano de obra y a un ajuste más flexible del tiempo de trabajo. Sin embargo, esa resiliencia tiene un coste: menor productividad media y mayores dificultades para mejorar salarios y renta per cápita. El modelo finlandés, por su parte, se apoya en actividades de mayor valor añadido y productividad, lo que favorece empleos mejor remunerados y una mayor capacidad de crecimiento a largo plazo, aunque a costa de ajustes más visibles en el corto plazo cuando esas actividades se reorganizan. Ninguno de los dos modelos es plenamente superior al otro; ambos afrontan retos distintos en un contexto de evolución económica que exige combinar adaptación, eficiencia y cohesión social.

Desde la perspectiva de la política económica española, la comparación con Finlandia sugiere tres líneas de actuación claras. En primer lugar, reforzar las políticas activas de empleo orientadas a la transición, facilitando que los trabajadores se desplacen con mayor rapidez entre sectores y reduzcan los desajustes que hoy limitan la reasignación del empleo. En segundo lugar, avanzar en una estrategia de crecimiento que eleve la productividad de forma sostenida, apoyándose en inversión, organización del trabajo y capital humano, y no solo en la contención de costes laborales. Y, en tercer lugar, complementar los objetivos tradicionales de empleo con un seguimiento sistemático de indicadores como horas trabajadas, vacantes y productividad, para anticipar tensiones y diseñar respuestas más ajustadas a la transformación en curso del mercado laboral español.

Además, en una economía como la española, marcada por el envejecimiento de la población y por la coexistencia de vacantes sin cubrir y empleo de baja productividad, la inmigración no es solo una cuestión social, sino también productiva. La inmigración refuerza sectores con escasez de mano de obra, facilita la transición hacia actividades de mayor valor añadido y alivia las tensiones en el mercado laboral sin presionar a la baja la calidad del empleo." 

(Iñaki Aliende  , Un. Complutense, Agenda Pública, 18/02/26, gráficos en el original)

17.2.26

Tenía ganas de leer algo así: España ha afrontado un importante cambio para bien en su estructura productiva en los últimos años... según un estudio de Harvard, España ha registrado una importante mejora en el desarrollo de la complejidad económica, un factor del que depende la prosperidad de un país. Según el Atlas of Economic Complexity de la universidad estadounidense, entre los años 2020 y 2023 España ha pasado del puesto 41 al 34... esta transformación ha quedado patente en que en los últimos cinco años el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química... y según el Ivie y la Fundación BBVA, “la productividad española crece un 1,4% anual desde la pandemia, reforzando su contribución al crecimiento económico frente al estancamiento de Europa”... Hay margen de maniobra para mejorar. Los aspectos positivos son la palanca para afrontar los desafíos pendientes. España, por ejemplo, tiene una presión fiscal seis y siete puntos inferior a la de Italia y Francia, respectivamente (Andreu Missé)

 "Son bien conocidos los serios problemas que no es capaz de resolver la economía española. Destacan el encarecimiento de la vivienda, la pobreza infantil y la pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, esta precaria realidad social se desarrolla al mismo tiempo en una economía que muestra una notable fortaleza y solvencia según relevantes indicadores.

En el estudio, El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española, (276, SISTEMA), Carles Manera, catedrático de las islas Baleares, concluye que existen diecinueve indicadores sustanciales que revelan un claro comportamiento positivo de la economía española desde 2020.

Algunos de estos comportamientos son bien conocidos como el mayor crecimiento económico. Otros menos divulgados señalan el menor coste de financiación de la deuda pública española que la que pagan Francia e Italia. Una situación que “delata el grado de confianza y solvencia que provoca la deuda española en los mercados financieros”, según el profesor Manera. También es significativo que el crecimiento económico per cápita entre 2020 y 2024 ha aumentado un 22% en España frente al 11% en la UE.

El trabajo destaca la importante mejora que ha registrado España en el desarrollo de la complejidad económica, que según la Universidad de Harvard es un factor del que depende la prosperidad de un país. Según el Atlas of Economic Complexity de la universidad estadounidense, entre los años 2020 y 2023 España ha pasado del puesto 41 al 34. Se ha producido una gran transformación en su estructura productiva, que ha quedado patente en que en los últimos cinco años el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química.

La transformación de la economía es registrada también por el Observatorio de Productividad y Competitividad que elaboran el Ivie y la Fundación BBVA que subrayan que “la productividad española crece un 1,4% anual desde la pandemia, reforzando su contribución al crecimiento económico frente al estancamiento de Europa”.

El profesor Manera señala que la realidad de las cifras “no denotan el retroceso económico y el catastrofismo derrotista que se predica desde amplios espacios de las derechas y de la economía más conservadora”. Ningunear los aspectos positivos de la economía es una forma de boicotear la resolución de los problemas de fondo. Hay margen de maniobra para mejorar. Los aspectos positivos son la palanca para afrontar los desafíos pendientes. España, por ejemplo, tiene una presión fiscal seis y siete puntos inferior a la de Italia y Francia, respectivamente.

Manera aboga por “adoptar medidas valientes” para dar impulso a los años que quedan de legislatura hasta 2027. Y afrontar las necesidades en vivienda, asegurar las pensiones, la prestación universal para la crianza contra la pobreza infantil, y los impuestos a los muy ricos para financiar la sanidad y enseñanza pública.

Una senda en dirección radicalmente contraria a la que ejecutan la derechas catastrofistas donde tienen responsabilidades de gestión: reducción de impuestos a las rentas altas y procesos graduales de privatización de sanidad y educación, recetas que, por cierto, no han traído nada bueno donde se han aplicado." 

(Andreu Missé, El País, 16/02/26)  

31.12.25

Tenía ganas de empezar el año así: "España enfila otro año de crecimiento... El consenso habla de un crecimiento de la economía española por encima del 2%, con una recomposición de los factores que impulsaron el PIB en ejercicios anteriores... El turismo y la llegada de mano de obra se ralentizarán, suavizando el crecimiento económico. Las exportaciones, que habían sido en la última década uno de los aceleradores de la actividad en España, han comenzado a debilitarse... La previsión de los analistas es que sea ahora esta demanda doméstica la que salga a jugar en los próximos trimestres, pivotando el crecimiento español sobre el gasto privado, que se espera que crezca un 2,8%, frente al 2% estimado apenas tres meses antes... El hecho de que el ahorro embalsado en años anteriores pueda suplir la demanda exterior marca un perfil resiliente de la economía española, que crece de forma mucho más equilibrada de lo que lo hacía antes de la burbuja inmobiliaria... Pero la vivienda ahoga el dinamismo económico español y es uno de los principales focos de incertidumbre a la hora de hacer predicciones... la posible incorporación de la IA en diferentes escalas de los procesos productivos abre una ventana de dudas sobre el empleo... si la IA aumenta la productividad tanto como auguran sus defensores, será un chute tremendo para la economía, si bien dejará un reguero de perdedores que los Estados deberán compensar rápidamente. En 2025, una de cada cinco empresas de la UE con al menos diez empleados utilizó tecnologías de inteligencia artificial" (Belén Carreño Bravo)

 "Qué ocurrirá con la economía en 2026? Cada año, las casas de análisis se hacen esta pregunta e intentan predecir el futuro escudriñando los datos por debajo de la niebla de la incertidumbre. El consenso habla de un crecimiento de la economía española por encima del 2% —de nuevo muy superior al resto de las economías desarrolladas— con una recomposición significativa de los factores que impulsaron el PIB en ejercicios anteriores.

"El consenso habla de un crecimiento de la economía española por encima del 2%, con una recomposición de los factores que impulsaron el PIB en ejercicios anteriores"
El turismo y la llegada de mano de obra se ralentizarán, suavizando el crecimiento económico. Las exportaciones, que habían sido en la última década uno de los aceleradores de la actividad en España, han comenzado a debilitarse. Tras resistir en el segundo trimestre la andanada de los aranceles de Donald Trump, ha caído de forma "inesperada", según BBVA Research, un 1,1% la venta de bienes al exterior durante el trimestre de verano. La exportación de los servicios profesionales creció menos de lo previsto y fue la demanda interna la que salió al rescate de la economía.

Esto implica un cambio importante en la tendencia registrada desde la pandemia, en la que el hogar español se había enrocado en una alta tasa de ahorro, con un consumo interno que no acababa de despegar. La previsión de los analistas es que sea ahora esta demanda doméstica la que salga a jugar en los próximos trimestres, pivotando el crecimiento español sobre el gasto privado. Tanto es así que el Banco de España revisó la semana pasada sus previsiones de septiembre, y espera que el consumo privado crezca en España en 2026 un 2,8%, frente al 2% que había estimado apenas tres meses antes.

Esta fortaleza del consumo interno compensará la caída de las exportaciones que el Banco prevé para el ejercicio que comienza, y que encontrarán su suelo en 2027. 

El hecho de que el ahorro embalsado en años anteriores pueda suplir la demanda exterior marca un perfil resiliente de la economía española, que crece de forma mucho más equilibrada de lo que lo hacía antes de la burbuja inmobiliaria. 
"La vivienda ahoga el dinamismo económico español y es uno de los principales focos de incertidumbre a la hora de hacer predicciones"
Pero la vivienda ahoga el dinamismo económico español y es uno de los principales focos de incertidumbre a la hora de hacer predicciones. El Banco de España ve signos mixtos en la evolución de la construcción que no acaba de despegar para cumplir las necesidades del mercado y relajar los precios. Arcano Research anticipa que el precio de la vivienda residencial en España aumentará "sensiblemente" en 2026, lo que supondrá el principal reto social del país. Los jóvenes y la población migrante son los colectivos más afectados por esta apreciación que puede suponer un freno al crecimiento al disuadir a estos grupos de moverse a zonas con alta actividad económica.


Funcas, el think tank de las Cajas de Ahorro, parte de la hipótesis de que la dificultad para encontrar vivienda ralentizará el flujo migratorio y la población activa extranjera aumentará en 875.000 personas durante el trienio 2025-2027, frente a 1.080.000 en el trienio precedente. 

Si se logra desatascar la entrega de nuevas viviendas durante 2026, podría haber una revisión incluso al alza en las previsiones económicas. Pero por el momento, parece que será en 2027 cuando realmente se perciba en el mercado el efecto de la nueva construcción.

Otro de los factores que aporta incertidumbre a la hora de dibujar cómo será 2026 es la progresiva digitalización de la economía española y el impacto de la IA. Las estadísticas están teniendo dificultades a la hora de recoger la inversión de las empresas en intangibles, lo que ha dado lugar a varias revisiones de las cifras y muestra que es difícil monitorear el esfuerzo que están haciendo las empresas. Pese al fuerte crecimiento de la economía en 2026 y el empuje de los fondos Next Generation, España registró uno de los peores resultados de entre los países de la UE en inversión empresarial, aún muy por debajo de los niveles prepandemia. El ciclo expansivo de la vivienda podrá contrarrestar un poco esta anemia inversora. En un reciente estudio publicado por el economista Rafael Doménech en BBVA, se recoge cómo las sociedades en las que la inversión privada es mayor crecen más, hasta 1,5 puntos porcentuales (p. p.) de crecimiento a largo plazo por cada 5 p. p. de inversión privada. El que las empresas inviertan más es un reto de país, con el tamaño como primer tapón a este impulso. 
"La posible incorporación de la IA en diferentes escalas de los procesos productivos abre una ventana de dudas sobre el empleo"
Además de la dificultad por afinar la estadística, la posible incorporación de la IA en diferentes escalas de los procesos productivos abre una ventana de dudas sobre el empleo. Sin duda, el mercado al que mirar será EE. UU., que suele anticiparse en dos o tres años a las tendencias en Europa. Los movimientos de reducción de plantillas y de readaptación de habilidades que se den durante 2026 al otro lado del Atlántico serán el espejo en el que mirarse. Aún hay muchas dudas de si la IA aumentará la productividad tanto como auguran sus principales defensores. Si es así, será un chute tremendo para la economía, si bien dejará un reguero de perdedores que los Estados deberán compensar rápidamente.


En 2025, una de cada cinco empresas de la UE con al menos diez empleados utilizó tecnologías de inteligencia artificial, según BBVA. Paradójicamente, la IA es todavía muy mala leyendo el futuro, así que aún no nos podemos fiar de cómo cambiará la economía en 2026."                             (Belén Carreño Bravo , Agenda Pública, 30/12/25)