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3.6.16

Juan Ignacio Crespo: “No creo que la futura recesión vaya a ser tan devastadora para España”, pero el paro podría llegar al 27%... pues vaya

"Juan Ignacio Crespo fue el único economista español que predijo la crisis de 2008. Después de dos años sin publicar un libro, vuelve a la carga con un nuevo pronóstico a través de la obra ¿Por qué en 2017 volveremos a entrar en recesión? (Deusto), (...)

 P: ¿Cuáles son los indicios a nivel internacional que le llevan a pronosticar ese futuro económico?

R: En primer lugar, la trayectoria de la economía americana, que es en la que me suelo fijar porque es la que está mejor documentada. Al ver los ritmos, te das cuenta de que la expansión del ciclo económico está durando mucho tiempo, por lo tanto se puede decir que ya toca, porque cuanto más tiempo pase más próxima está esta recesión.

Además de esto, hay dos elementos o indicios muy preocupantes. Uno de ellos es la desaceleración de la economía china, que empezó en el año 2007 o 2008, cuando se metió en una crisis fuerte como todo el mundo pero a la que hicieron frente inyectando un montón de dinero. 

Sin embargo, ya en el rebote, no alcanzaron el nivel del 15% al que venían creciendo antes y se quedaron en torno al 10%. Desde el 2011 han empezado a retroceder de nuevo y ahora las cifras oficiales del Gobierno chino dan un crecimiento del 6,7%. 

En este proceso de crisis, que fue muy malo para España, el crecimiento chino ha caído a menos de la mitad. Eso provoca una crisis enorme en los países emergentes al ser el país asiático el principal consumidor de todas las materias primas que te puedas imaginar. 

Por ejemplo, en materias primas metálicas consumen la mitad ellos solitos. Eso tiene un impacto muy malo en los países emergentes, que viven de exportar materias primas: Rusia, en recesión profunda; Canadá, que de vez en cuando se pone con una tasa de crecimiento negativo; Taiwán, que depende mucho de las exportaciones; Singapur, con una economía sin crecimiento; Hong Kong...
 Podríamos hacer un repaso de muchas economías que ya están con dificultades grandes por la caída del precio de materias primas o el desplome del comercio internacional.

En otra línea, hay que destacar que en EEUU los beneficios empresariales llevan tres trimestres cayendo. Cuando se produce esto, practicamente siempre hay una recesión. Excepto en 1986, pero lo que vino después fue un crack de la bolsa y una crisis económica. 

 En este sentido, el pasado jueves se publicaron en Estados Unidos los datos de los nuevos pedidos de bienes duraderos, que aparentemente eran muy buenos pero que estaban distorsionados por algún pedido especial de aviones o material de Defensa. Sin embargo, si quitas esos dos elementos, se aprecia una caída de la inversión empresarial, que en EEUU lleva estancada más de 15 años.

Durante años yo, y la mayoría de la gente, pensamos que la caída de beneficios empresariales está motivada por una recesión. Sin embargo, la recesión viene por el desplome previo de estos beneficios. ¿Por qué? Porque cuando caen, las empresas dejan de contratar, dejan de invertir, cierran factorías, provocan que gente se vaya al paro y cae el consumo... Ese círculo vicioso.

Esta inversión empresarial, que en suelo americano no está tirando, es un elemento clave para el aumento de la productividad, que también se encuentra estancada.

Los frenazos y estancamientos en la productividad suelen ir seguidos de recesiones. Ese es, a grandes rasgos, el panorama que hace que la economía mundial tenga aspecto de ir hacia una nueva recesión. Tú puedes estar hablando de un crecimiento fuerte en el presente y que sea compatible con que yo acierte el año que viene.  (...) 

P: Según el análisis de los datos que hace en su libro, ¿cómo sería la nueva recesión económica?

R: Yo no creo que la futura recesión vaya a ser tan devastadora para España. Principalmente porque ya no tenemos ninguna burbuja que pinchar, ya no hay ese crédito promotor que ha quebrado a la banca española. Sin embargo, la parte mala es que no nos va a pillar con el 8% de paro como entonces, sino con el 20-21%. Por ello, mi idea es que en el peor de los casos se alcancen los máximos de tasa de desempleo a los que llegamos aquí en el año 2012-2013, con el 27%.

P: ¿Cuánto podría prolongarse este nuevo ciclo?

R: Quince meses. De quince a dieciocho meses

P: ¿Y cómo podría afectar a Europa?

 R: Europa tendría muchos más problemas de los que ya tiene para mantenerse unida, porque donde no hay harina todo es mohína, y se generarían intereses egoístas. Pero creo que finalmente a Europa le servirá para avanzar en su proceso de integración, porque cuando las cosas se ponen muy feas no puedes retroceder. Creo que con esta nueva crisis puede llegar el Tesoro Único Europeo.

P: ¿Existe algún factor que pueda agravar esta recesión?

R: Sí, China. El factor más importante es que el país asiático entre en un descontrol económico. Están haciendo una transición muy complicada, tratando de pasar de una economía en la que el crecimiento se basa en la inversión, además en la industria pesada. Tienen que hacer una reconversión como la que se hizo en España en los años 80.  (...)

 P: "En los momentos de escribir este libro, casi ocho años después de la quiebra de Lehman Brothers, nadie tiene la seguridad de si la normativa desarrollada en EEUU y Europa desde entonces servirá de dique de contención capaz de salvaguardar la estabilidad financiera". ¿Se atreve a pronosticar si funcionará a nivel europeo?

R: Yo creo que servirá para algo, pero no totalmente. A la vez creo que se conocerá un poco mejor qué es lo que tienen los bancos, si eso será útil, los pillará mejor capitalizados... Pero si se producen los eventos que hemos comentado, que China implosione porque su banca en la sombra falla, eso es un huracán, no hay quien lo contenga.

 P: El sistema bancario europeo está débil en estos momentos...

R: Necesita una ronda de recapitalización. No hay más que pensar que la banca americana, que tenía un balance que era como un tercio de la europea, le metió un chute de 750 millones de dólares. Y la europea, que tenía un balance cercano al triple, no se ha capitalizado en esa proporción. Por eso hay dudas sobre el Deutsche Bank, sobre banca italiana... 

Y es por eso por lo que la gente se pone histérica por lo del jueves del Banco Popular. Si viene ese huracán de China, en cualquiera de sus dos variantes –devaluación muy fuerte del yuan o quiebra de su banca–, es imposible de contener.

P: ¿España, y sobre todo su sistema bancario, son capaces de hacer frente a un nuevo periodo de recesión?

R: Sí, pero con una recapitalización. Una recesión aumentaría la tasa de morosidad, que anda cercana al 10%, y la situaría en el 13-14%, con lo cual ya tienes pérdidas tan importantes como para necesitar una inyección de capital.

 Pero ya no sería esa cosa de barrer a la mitad del sistema, a prácticamente todas las cajas de ahorros. Principalmente porque la asunción de riesgos ya ha sido muy inferior, y porque muchos de esos riesgos ya están en el balance de la Sareb. (...)"             (Entrevista a Juan Ignacio Crespo, Info Libre, 30/05/16)

19.10.15

China: desaceleración económica y luchas obreras

"La desaceleración económica de China, y en particular la caída de sus exportaciones, constituye el marco de la reciente ola de conflictos laborales en el sector industrial.  (...)

Y no se ve ninguna solución fácil. En efecto, el gobierno esperaba potenciar la producción industrial y hasta cierto punto cerró los ojos ante el declive de la producción de baja tecnología para la exportación.

Esta situación favorece una tendencia a largo plazo a la deslocalización del capital industrial tanto en el interior de las mismas regiones industriales como de la costa meridional al interior del país, o incluso al sudeste asiático. Debido al aumento de los salarios y de la conflictividad laboral, en particular a lo largo de la última década, algunas fábricas simplemente han cerrado. 

La consecuencia inmediata ha sido la proliferación de huelgas y manifestaciones combativas en los últimos dos años en los casos en que las empresas han tratado de evitar el pago de indemnizaciones por el cierre o el traslado.

 Los trabajadores reclaman la indemnización por despido y una compensación por el impago durante años, a veces incluso decenios, de los seguros sociales y de las contribuciones al fondo para la vivienda, tal como obliga la ley a las empresas.  (...)

centenares de trabajadores migrantes de la empresa de calzado Lide se declararon en huelga a finales de 2014 después de que llegaran rumores de un traslado de la fábrica. Muchos de ellos no estaban dispuestos a trasladarse y, a cambio, esperaban el pago de una indemnización por despido y otras compensaciones.

 La legislación laboral china contempla una serie de compensaciones de este tipo, pero como no se aplica, quien decide qué reciben y qué no reciben los trabajadores es la patronal. En el caso de Lide, la negativa inicial de la dirección a negociar honestamente dio lugar a una serie de huelgas y negociaciones que duraron muchos meses.

La huelga de Lide es un caso singular. Mientras que la mayoría de huelgas terminan en cuestión de días y pocas veces duran más de un par de semanas, los trabajadores de Lide no consiguieron que la patronal aceptara la mayor parte de sus reivindicaciones hasta mediados de 2015. 

Durante el mismo periodo, otra huelga, en muchos aspectos similar a la de Lide, saltó a los medios de comunicación a raíz de una campaña de solidaridad que reveló que la empresa era contratista de la compañía de confección japonesa Uniqlo, una marca popular que cuenta con más de 400 tiendas en China.

 La Shenzhen Artigas Clothing and Leather Company, conocida localmente por el nombre de Qingsheng, se fundó en 1992 con capital de Hong Kong, poco después de que Deng Xiaoping acelerara la apertura de China a la inversión extranjera directa y, principalmente, estaba orientada a la exportación. En 2014 se propuso trasladarse a otro polígono industrial sin consultar ni negociar previamente con la plantilla, lo que desencadenó una huelga de nueve días de duración en diciembre, a la que puso fin por la fuerza de la represión policial.

El 9 de junio de este año, cuando la empresa trató de cerrar la fábrica y llevarse la maquinaria, más de 900 trabajadores iniciaron la protesta ocupando los talleres para impedir que la dirección echara el cerrojo. Reclamaron que se negociara la indemnización por despido y otras compensaciones. 

En particular, los impagos a la seguridad social se convirtieron en una cuestión significativa de dichas huelgas, ya que muchos obreros llevan trabajando durante más de una década en la misma fábrica. Algunos trabajadores iniciaron una huelga de hambre para presionar todavía más a la patronal. La plantilla tuvo que soportar duras medidas represivas, incluido el acoso y la detención por parte de la policía local.

Tan solo después de tres semanas de ocupación persistente de la fábrica, la dirección aceptó finalmente sentarse a negociar. No obstante, se negó a mantener una negociación colectiva y pretendió tratar únicamente con cada trabajador a título individual. Los trabajadores rechazaron este intento de la empresa de dividirles y mantuvieron la huelga. Cuando esta parecía hallarse en un punto muerto, unos 200 trabajadores viajaron a Guangzhou y se manifestaron repetidamente ante el gobierno provincial de Guangdong. 

Después de manifestarse durante varios días y dormir en un parque cercano, intervino la policía para disolver el grupo y detener brevemente a sus componentes. La empresa también incrementó la presión sobre los demás trabajadores, que seguían ocupando la fábrica, cortando el suministro de agua y luz. Finalmente, con ayuda de la policía local consiguió desalojar a los trabajadores de la fábrica.

En contraste con la huelga de Lide, que logró imponer la mayoría de las reivindicaciones de los trabajadores, la de Qingsheng finalizó sin conseguir forzar a la empresa a negociar. Estos dos casos, y otros similares de los últimos meses, son reflejo del efecto negativo de la caída de las exportaciones para los trabajadores industriales. Las empresas que operan con un escaso margen de beneficio han decidido trasladarse, reducir la producción, recortar la plantilla y proponer a los trabajadores una modificación del contrato. (...)

La característica clave de estas huelgas estriba en el desarrollo de una movilización constante y una organización disciplinada durante un prolongado espacio de tiempo. Los trabajadores tienen que crear una organización específica e informal con representantes elegidos partiendo de cero y sostenerla durante meses sin perder la confianza del conjunto de la plantilla. 

Dado que además la ley no les protege, cuanto más tiempo dura una huelga, tanto mayor será el riesgo para los dirigentes de la misma. Sin duda, la ayuda de las ONG laborales chinas aporta experiencia y asistencia jurídica a los organizadores, pero la fuerza motriz de estas huelgas son siempre los propios huelguistas y no cualquier influencia externa. Cuando la empresa y la policía local actúan conjuntamente para forzar a los trabajadores a volver al trabajo, la movilización y la solidaridad de la plantilla son cruciales para la resistencia.

Un factor clave para la movilización es una firme convicción de tener derecho a lo que se reivindica por haber trabajado tantos años en la misma empresa, lo cual proporciona a los trabajadores una sólida razón moral y legal para actuar con decisión. En estas huelgas suele ocurrir que los trabajadores ponen el acento en el hecho de que la empresa se ha apoderado del fruto de su trabajo, situando de este modo su acción dentro de un marco de derecho tanto moral como legal. 

Además, el hecho de que muchos trabajadores se enfrenten a la rescisión de su contrato o prefieran irse de la empresa puede haber contribuido a su disposición a asumir riesgos. Y dado que el empleo industrial sigue siendo boyante, nadie tendrá muchos problemas para encontrar trabajo en otra empresa.

Seguramente, las huelgas relacionadas con el traslado y cierre de fábricas proliferarán en el sector industrial a lo largo de los próximos meses. Este fenómeno plantea una cuestión más general sobre la evolución del movimiento obrero chino. 

Los estudios sobre las acciones colectivas de los trabajadores señalan que en la última década, más o menos, a medida que los obreros han adquirido conciencia de sus derechos y su fuerza colectiva, el movimiento de la clase obrera migrante ha pasado de ser un movimiento principalmente defensivo frente a los atrasos en el pago de los salarios para convertirse en un movimiento ofensivo que reivindica aumentos salariales y en algunos casos la democratización de los sindicatos de fábrica, que suelen estar controlados por la patronal. 

Aunque esta formulación es por fuerza una generalización –de hecho, la demanda de salarios impagados sigue siendo el principal motivo subyacente de la mayoría de conflictos laborales actuales–, resulta útil para discernir una importante tendencia del movimiento.  (...)

Hay motivos para el pesimismo, pero también para el optimismo. En realidad, el hecho de que los trabajadores formulen reivindicaciones relativas a los seguros sociales y las contribuciones al fondo para la vivienda que las empresas no han pagado y que legalmente se les debe es igual de importante que su lucha por un aumento salarial. Dado que la contribución a la seguridad social y al fondo para la vivienda a cargo de la empresa está consagrada desde hace tiempo en la legislación laboral, reclamarla constituye un paso adelante importante. 

Es cierto que los trabajadores migrantes han sido reacios a la seguridad social porque ellos también han de pagar una cotización que se descuenta de sus magros salarios y tampoco están seguros de que se beneficiarán de las prestaciones cuando sean viejos. Sin embargo, dado que muchos de ellos ya se acercan a la edad de jubilación, esta cuestión está cobrando cierta urgencia para ellos.

Además, los trabajadores han planteado entre sus reivindicaciones la de la baja de maternidad pagada y el plus de altas temperaturas, entre otras cuestiones. Aunque la patronal suele pasarlas por alto en las negociaciones, estas demandas reflejan la mayor conciencia de los trabajadores de sus derechos laborales. (...)

Es probable que la desaceleración del sector exportador continúe, y el gobierno considera que el abandono de la dependencia de las exportaciones es esencial para reequilibrar la economía china. La deslocalización y la reestructuración del capital en la industria transformadora seguramente pondrá en tela de juicio algunas de las conquistas obreras que tanto ha costado obtener. Comportará el desplazamiento de mano de obra y también puede desorganizar y fragmentar hasta cierto punto el naciente movimiento obrero.  (...)

Sin duda esta es una experiencia inevitable y necesaria para un movimiento obrero todavía joven. (...)"                   (Kevin Lin, Solidarity-us.org, en Jaque al neoliberalismo, 16/10/2015)

6.5.12

¿Cómo ha gestionado China la crisis?

"China fue el único país que era consciente de su crítica posición en la globalización antes de la aparición de la crisis. En 2002, cuando llegue a Pekín, sus dirigentes ya pensaban en cambiar el modelo: en pasar de un modelo puramente exportador, muy dependiente del mercado global y expuesto a sus vaivenes, a un tipo de desarrollo más endógeno y basado en el consumo interno. 

 Para ello era necesario invertir más en la población pobre, para que ésta pudiera consumir y alimentar el nuevo esquema con su consumo. De ahí nació la recuperación del concepto confucioniano de "pequeño bienestar" (Xiakoang) y la retórica de la "sociedad armoniosa". China se propone ahora crear un sistema de seguridad social para su enorme población.

 Si en los noventa realizaba experimentos capitalistas en ciertas regiones, ahora hay experimentos "sociales" como el de Chongqing, que recuperan cierto discurso maoísta nivelador. Todo eso, unido a la supremacía de lo político, al control que el partido tiene de las finanzas (el jefe del Banco central es nombrado por el partido y los jefes de los principales bancos son miembros del comité central), le permite un control de la situación y una capacidad de juego mayor que la que existe en Occidente. 

China es un país que ha protagonizado enormes cambios de línea en su historia reciente. Si fuera necesario, creo que podría volverse a poner el uniforme maoísta, no para hacer la política de los años sesenta, pero sí para cambiar radicalmente de línea... Dicho esto, hay que recordar lo más importante: que el país presenta las contradicciones planetarias en su máxima concentración. 

Si el crecimiento se detiene, el país puede inaugurar un nuevo "gran desorden" (da luan), un concepto chino parecido al ruso de "smuta" que describe las etapas de caos que jalonan su historia. Que sus dirigentes sean conscientes de la fragilidad que gobiernan, no significa que vayan a tener éxito. 
En tu libro sobre China, afirmas "Nuestro porvenir depende de China y todos los problemas de la crisis están en ella".
Mi libro intenta presentar un país que es paradigma de la crisis mundial, algo que me parece más realista y adecuado que recrearse en las leyendas de la "nueva amenaza china" y la "próxima superpotencia hegemónica", que nos vende el "mainstream" mediático. La expansión desarrollista china evidencia, en última instancia, la inviabilidad de la economía mundial inventada por Occidente. 

Los éxitos chinos de los últimos treinta años se han realizado sobre modelos en crisis, lo que contiene más certezas que sospechas de que hay muchos desastres incluidos en ellos. Lo que afirmo es que si los chinos logran salir de la crisis antropogénica, de la crisis de civilización mundial, pese a su manifiesta desventaja en población, recursos etc., entonces quiere decir que todos los demás podemos salir de ella. 

Esa es la gran "Actualidad de China", que da título a mi libro."                (Sin Permiso, 23/04/2012, '“Europa se encuentra en una divisoria: repetir 1930 o 1848.” Entrevista Rafael Poch · Àngel Ferrero)

22.11.11

El ascenso de China ha afectado al potencial de desarrollo de la periferia del capitalismo mundial con más fuerza que al núcleo del sistema

"El sistema neoliberal se basaba en explotar la mano de obra barata. Esa carrera hacia el fondo llevó primero a pérdidas de puestos de trabajo en Europa, pero pronto los trabajadores latinoamericanos, norteafricanos e incluso asiáticos se convirtieron en sus víctimas.

Muchos empleos industriales se fueron a China: en los hechos, el ascenso de China ha afectado al potencial de desarrollo de la periferia del capitalismo mundial con más fuerza que al núcleo del sistema.

Europa ya no pierde tantos puestos de trabajo hacia China, pero sí los países latinoamericanos. De muchas maneras, las revoluciones árabes de 2011 fueron provocadas por esta lógica del crecimiento sin desarrollo, se han eliminado verdaderas oportunidades de crear buen empleo industrial.

Por lo tanto, la conversión a economías de servicios y finanzas ha tenido lugar no solo en los países del núcleo sino también en la periferia. Además, no tuvo nada que ver con nuevas tecnologías.

Fue el resultado de la destrucción del Estado del bienestar, de la creciente debilidad de los mercados internos y del paso a la mano de obra barata que, en los hechos, ha bloqueado la innovación tecnológica y el desarrollo en el campo de la producción.

La innovación de la que oímos hablar estos días pocas veces tiene algo que ver con la producción de bienes. Se relaciona sobre todo con el consumo; la mayoría de los “productos innovadores, revolucionarios” que encontramos no tienen nada de nuevo, sino que solo representan maneras de vendernos diferentes versiones de las mismas mercaderías y de obligarnos a reemplazar las antiguas.

Los consumidores y el sentido común se resisten a ese absurdo, ralentizando así la economía global que no puede avanzar sin ellos. (...)

La llamada financiarización del capitalismo global no es la causa de la actual crisis, sino que representa en sí una secuencia de cambios mucho más importantes, la degeneración y eliminación del Estado del bienestar, acompañada inevitablemente de salarios más bajos y mercados internos más débiles.

La creciente importancia de los mercados internacionales y globales es inseparable del estancamiento y declinación de sus contrapartes nacionales. Ahora, sin embargo, llegamos al punto en el cual esa decadencia interna imposibilita la continuación del crecimiento global.

Sin cambios radicales de los modelos sociales y económicos, incluida la reconstrucción del Estado del bienestar, será imposible orientar las estrategias de producción y desarrollo hacia mercados internos incluso si, dicho técnicamente, los recursos necesarios existen. Incluso en China, pronto estará claro, los mercados internos no “despegan” sin la implementación de reformas sociales y una masiva redistribución de la riqueza. (...)

Ahora enfrentamos la formidable tarea de crear un nuevo modelo de Estado del bienestar que no solo incluya la democracia como un elemento interior que funcione, sino que también se base en una expansión de prácticas democráticas fuera de la política, hacia las esferas económica y social.

Este modelo no puede depender de la actual jerarquía de Estados ricos y pobres en el sistema mundial y, por cierto, debe actuar como un medio para superarlo. ¿Es factible esa tarea? Creo que a largo plazo lo es, pero solo mediante un proceso revolucionario que debe tener lugar a escala internacional. Este proceso solo acaba de comenzar, y ahora estamos en su primera etapa.(...)

Otro aspecto de la nueva política tiene que ser la recreación y desarrollo de mercados internos. Eso no se puede lograr sin proteccionismo, ¿pero qué tiene de malo? La protección da malos resultados cuando sirve el interés creado de elites locales contra competidores extranjeros, pero no hay motivo por el cual no podamos proteger nuestro bienestar y bienes públicos contra los intentos de arrebatárnoslos.

Cuando los productos son baratos por sobre-explotación de la mano de obra y del entorno, tenemos derecho a cerrar nuestros mercados a esos bienes, contribuyendo así a la mejora de estándares laborales y del entorno en otros sitios.

El desarrollo de mercados locales no debería, sin embargo, estar basado en más consumismo; la mayor parte de la nueva demanda debería ser generada por necesidades colectivas y consumo colectivo.

Se necesita buen transporte público y viviendas asequibles, junto con acceso a Internet universalmente disponible, financiado públicamente, programas culturales, e investigación científica y desarrollo orientados hacia necesidades populares como la atención sanitaria y la limpieza del medio ambiente.

Por último, y no menos importante, se necesita nueva infraestructura para suministrar energía, agua y comunicaciones. Son las nuevas demandas que impulsarán la economía de un modo mucho más poderoso que el consumo individual.

Finalmente, no podemos tener una nueva economía sin un nuevo sector público. La mayoría de las privatizaciones de las últimas décadas han sido fracasos, algo que ahora es ampliamente aceptado por el público, por expertos e incluso por los medios.

Las elites acaudaladas ahora se ven obligadas a reconocer que la privatización no ha funcionado, pero por razones obvias no quieren revertirla. La tarea de revertirla, por lo tanto, recae sobre nosotros.(...)

Necesitamos un nuevo modelo de empresa pública basado en la franqueza, en la eliminación de las fronteras dentro del sector público y en nuevos criterios de eficiencia que incluyan la contribución al desarrollo social.

Tenemos que socializar el sistema bancario, eliminando la especulación financiera y alentando la inversión, mientras se suministran microcréditos a pequeñas empresas y a municipios para la creación de empleo y para la experimentación tecnológica a nivel local.

La energía y el transporte deben convertirse en servicios públicos, así como la atención sanitaria y la educación, y gran parte de la producción orientada hacia esos sectores también debe ser realizada por empresas públicas.

Esto debería formar parte de un esfuerzo general para lograr más interacción e integración. Productores, usuarios y consumidores deben cooperar directamente mediante redes públicas.

Si algo es público, no significa automáticamente que pertenezca al Estado. No obstante, la propiedad pública se crea mediante la propiedad estatal, y si hay que hacer nacionalizaciones (no hay otra manera de crear un nuevo sector público), tenemos que transformar el Estado."                     (Rebelión, 16/11/2011, 'Políticas económicas después de la muerte del neoliberalismo', de Boris Kagarlitsky , Links/Znet)