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2.12.24

Lo que principalmente se interpone entre nosotros y la próxima pandemia mundial es la suerte... La gripe aviar H5N1, tras mutar entre especies, está haciendo estragos sin control entre el ganado del país, infectando aproximadamente a un tercio de los rebaños lecheros solo en California... Hasta ahora, los trabajadores agrícolas han evitado la tragedia porque el virus aún no ha desarrollado las herramientas genéticas para propagarse entre los humanos. Pero Un estudio reciente de 115 trabajadores agrícolas descubrió que alrededor del 7 por ciento de ellos mostraban signos de una infección reciente por H5N1 no detectada... la gripe estacional aumentará mucho las posibilidades de que eso ocurra... también es posible que todo salga bien. No siempre los virus logran adaptarse a las nuevas especies, a pesar de todas las oportunidades. Pero si se produce una pandemia de gripe aviar pronto, será una de las catástrofes más previsibles de la historia (Zeynep Tufekci, Un. Princeton)

 "Casi cinco años después de que la covid irrumpiera en nuestras vidas, lo que principalmente se interpone entre nosotros y la próxima pandemia mundial es la suerte. Y con la llegada de la temporada de gripe, esa suerte podría estar agotándose.

La gripe aviar H5N1, tras mutar entre especies, está haciendo estragos sin control entre el ganado del país, infectando aproximadamente a un tercio de los rebaños lecheros solo en California. Hasta ahora, los trabajadores agrícolas han evitado la tragedia porque el virus aún no ha desarrollado las herramientas genéticas para propagarse entre los humanos. Pero la gripe estacional aumentará mucho las posibilidades de que eso ocurra. A medida que el clima más frío nos lleva a todos al interior de nuestras casas y lugares de trabajo mal ventilados, estaremos asumiendo una apuesta extraordinaria para la cual el país no está preparado en absoluto.

Todo eso ya sería malo, pero nos enfrentamos a estas amenazas muy perjudicados por el fracaso del gobierno de Joe Biden —incluso podría decirse que por su negativa— a responder de manera adecuada a esta enfermedad o a prepararnos para los brotes víricos que puedan sobrevenir. Y Estados Unidos acaba de registrar su primer caso conocido de una cepa excepcionalmente grave de viruela símica.

Por muy malo que haya sido el gobierno de Biden en materia de prevención de pandemias, por supuesto, está a punto de ser sustituido por algo mucho peor. Robert F. Kennedy Jr., el líder elegido por Donald Trump para dirigir la enorme agencia de salud pública del país, ya ha declarado que no le dará prioridad a la investigación ni a la distribución de vacunas si nos enfrentáramos a otra pandemia. Es posible que Kennedy incluso pueda acelerar la llegada de esta con su defensa de la leche cruda, que puede portar altos niveles del virus H5N1 y se considera un posible vector para su transmisión.

Sin embargo, también es posible que todo salga bien. No siempre los virus logran adaptarse a las nuevas especies, a pesar de todas las oportunidades. Pero si se produce una pandemia de gripe aviar pronto, será una de las catástrofes más previsibles de la historia.

Las devastadoras pandemias de gripe suelen surgir porque el virus siempre está buscando una manera de entrar, cambiando de forma para saltar entre las especies de maneras cada vez más novedosas. Los virus de la gripe tienen un truco especial: si dos tipos distintos infectan al mismo huésped —como un trabajador agrícola con gripe común que también contrae el H5N1 de una vaca—, estos pueden intercambiar segmentos enteros de su ARN, creando potencialmente un virus completamente nuevo y mortal que tiene la capacidad de propagarse entre los humanos. Es probable que la pandemia de gripe de 1918, por ejemplo, empezara como un virus de gripe de origen aviar que saltó a un nuevo huésped que fue un cerdo en el este de Kansas. Es probable que, desde allí, haya infectado a su primera víctima humana antes de dar la vuelta al mundo en un viaje mortal que mató a más personas que la Primera Guerra Mundial.

Y por eso es una tragedia que el gobierno de Biden no hiciera —o no pudiera hacer— todo lo necesario para acabar con la infección del ganado lechero estadounidense cuando el brote era más pequeño y más fácil de abordar.

El invierno pasado, cuando el ganado del Panhandle de Texas empezó a enfermar, no fueron los canales de salud pública establecidos los que lo descubrieron. Fueron los esfuerzos de una sola veterinaria, Barb Petersen, que tuvo la previsión y la determinación de obtener algunas muestras y enviárselas a un amigo de la Universidad Estatal de Iowa que podía hacer pruebas de gripe aviar.

Los resultados, y lo que se ha sabido desde entonces sobre la rapidez de la propagación, deberían haber activado todas las alarmas imaginables.

Sin embargo, incluso ahora apenas se realizan pruebas rutinarias a los trabajadores agrícolas y casi no se rastrean los contactos estrechos de quienes enferman. Todavía tenemos muy poca información sobre cómo se propaga realmente el virus entre las vacas. Sus secuencias genéticas se publican muy tarde, si es que se publican, y sin el tipo de datos necesarios para comprender y rastrear el brote. Y la forma en que el virus se propaga de rebaño en rebaño deja claro que las vacas infectadas siguen siendo trasladadas en lugar de aisladas.

Un estudio reciente de 115 trabajadores agrícolas descubrió que alrededor del 7 por ciento de ellos mostraban signos de una infección reciente por H5N1 no detectada. Habían estado haciendo su vida normal —visitando mercados, iglesias, otros hogares— mientras albergaban la semilla potencial de una nueva pandemia.

El año pasado, cuando una cepa más leve de viruela símica llegó por primera vez a Estados Unidos, vimos un atisbo de lo que es una respuesta eficaz de salud pública. La Casa Blanca nombró a Robert Fenton, un experimentado administrador de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, y a Demetre Daskalakis, un alto funcionario de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), para dirigir la respuesta. Daskalakis tiene amplia experiencia en la lucha contra las enfermedades de transmisión sexual que afectan desproporcionadamente a la comunidad gay. Aunque algunos críticos de derecha se obsesionaron con sus tatuajes, ambos dirigieron una inteligente campaña de vacunación y educación, que puso fin eficazmente al brote.

Sin embargo, para el brote de H5N1 entre el ganado lechero, los CDC tienen poderes limitados. Este asunto lo conduce el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, dirigido bajo el mandato de Biden por Tom Vilsack, un antiguo pupilo del gobierno de Obama que entre esos dos cargos se dedicó a ocupar un poderoso puesto en la industria láctea. La agencia ya se había visto debilitada por los ataques a su vertiente científica durante el primer mandato de Trump. Esta vez, en un momento crítico, ha dado más valor a las ganancias a corto plazo de la poderosa industria láctea que a la salud de miles de millones de personas.

Mientras tanto, siguen apareciendo señales preocupantes.

Hace solo unas semanas, se descubrió que un cerdo de una granja doméstica de Oregón tenía gripe aviar. Parece que se contagió de aves de corral enfermas de la misma granja. Los cerdos causan especial preocupación porque se considera que son recipientes de mezcla ideales para que varios virus de gripe animal se adapten y se propaguen entre los humanos. La semana pasada, se detectó el virus en una bandada de patos en una feria de animales de Hawái, el único estado en el que no se había detectado ningún caso anteriormente, probablemente transmitido por aves silvestres, que siguen propagando la enfermedad por todas partes. De los 34 individuos que habían estado expuestos en esa feria de animales de compañía, incluidos 13 que tenían síntomas respiratorios, a todos se les ofrecieron pruebas voluntarias. Cinco se negaron.

Se infectó un adolescente en Canadá, y el virus mostró algunas mutaciones clave que lo acercan a la adaptación para propagarse entre humanos. Hasta ahora, este brote ha sido mayoritariamente leve en humanos, pero históricamente ha sido mortal, y nuevas mutaciones podrían volver a hacerlo. Ese canadiense se encuentra en estado crítico, incapaz de respirar de forma independiente.

También hay un niño infectado en California de quien no se sabía que hubiera estado en contacto con ningún animal enfermo, lo que plantea la aterradora posibilidad de que se contagiara de otro ser humano. Y los niveles del virus en las aguas residuales de varios estados siguen aumentando.

Es cierto que enfrentarse a los poderosos intereses de la agricultura industrial le habría ocasionado dificultades políticas al gobierno de Biden. Tal vez incluso sea cierto que si hubiera hecho lo correcto y hubiera actuado de manera agresiva para acabar con el brote en el ganado, les podría haber costado a los demócratas la presidencia, la Cámara de Representantes y el Senado… bueno, no importa.

Solo me queda esperar que sigamos teniendo suerte. No tenemos mucho más a nuestro favor.

Bueno, sí tenemos una cosa. Biden es presidente durante otras siete semanas más o menos. No es demasiado tarde para que le haga un regalo de despedida al país. Podría empezar a tomarse estos riesgos tan en serio como debería haberlo hecho cuando se descubrieron por primera vez las infecciones del ganado. Podríamos tomarnos en serio las pruebas obligatorias a las vacas, la leche y los trabajadores agrícolas, y aislar a los rebaños infectados, como ya hacemos con las aves y los cerdos. Podríamos acelerar el desarrollo de la vacuna que ya está en marcha para las vacas, y agilizar todas las precauciones también para los humanos. Es cierto que no se obtiene el crédito adecuado y oportuno por las catástrofes evitadas. Pero la historia, con el tiempo, dará su veredicto."

( , Un. Princeton, The New York Times, 30/1/24)

28.12.21

El COVID-19 mató a mi hermano y hermana en una semana. Esto no debió haber sucedido...

 "Cuando recibí la llamada de que mi hermano y mi hermana estaban en el hospital, dije: “COVID”. Era una afirmación, no una pregunta. Lo sabía. A pesar de nuestras súplicas y diversas estrategias, ambos habían rechazado las vacunas.

De inmediato comencé el proceso de duelo. Me salté la negación y la negociación. Las probabilidades eran innegables, y la negociación requería de fe. La rabia fue mi emoción predominante. Por mucho que los amo, estaba furiosa por el sufrimiento que se estaban provocando, la angustia que le estaban causando a su familia y muchos amigos, y el trauma que le estaban infligiendo al personal de salud abrumado de casos similares al de ellos.

Los siguientes días fueron una montaña rusa de emociones, y vacilaron entre una depresión paralizante y ataques de pánico. Mi corazón se aceleraba; no podía respirar. No sabía que las emociones pudieran causar tal dolor físico: me palpitaba la cabeza, me dolía el corazón, me ardía el estómago, me hormigueaban las extremidades. Conocía los rituales de la muerte, pero no se me permitiría sentarme a su lado ni cantarles mientras se marchaban.

Los hospitales solo podían reservar tiempo para brindarle información a una persona, así que esperábamos los informes y luego se los comunicábamos a los demás. Mi teléfono celular se convirtió en mi recurso vital así como las máscaras de oxígeno lo fueron para ellos. Llevaba mi teléfono constantemente en la mano para poder escuchar y sentir de forma visceral todos los mensajes de texto y llamadas telefónicas que llegaban en tropel. Dejé de utilizar mi cepillo de dientes eléctrico porque dos minutos era demasiado tiempo como para no revisar el teléfono.

Dejé de leer periódicos porque ya no podía soportar más malas noticias. No sabía qué día era. Busqué en Google todo lo que pude sobre COVID-19 para aprender las cosas que los médicos y enfermeras, en su amabilidad, no nos habían dicho. Guardé en mis “favoritos” algunas páginas de funerarias, de obituarios de periódicos y listados testamentarios. Cuando me ofrecieron comida, me sorprendí de que fuera capaz de tener hambre.

Hacer malabares con las comunicaciones en tres zonas horarias distintas significaba que los días comenzaban temprano, a veces incluso a las 3 de la mañana. Anhelaba la llegada de la noche, cuando ya no habría más llamadas o mensajes de texto, pero al mismo tiempo temía el vacío de esos momentos en los que no había nada más que pudiera hacer excepto sumirme en la autocompasión y la angustia.

Esperamos lo inevitable. Oramos, en espera de un milagro, sabiendo que no habría uno.

Mi hermano se quitó la máscara de oxígeno repetidas veces, y suplicó que lo dejaran irse a casa. El médico sugirió sedación y hacia el final, intubación. En menos de una semana desde esa primera llamada, mi hermano murió.

Mi hermano fue un padre soltero que había criado a su hija desde que tenía dos años. Era un jugador de rugby sociable, y su forma de ser estaba repleta de gracia y labia. Era amigo de todos, y su saludo siempre reconfortó el alma de los demás.

Comenzamos los preparativos para su descanso final mientras nos dirigíamos de inmediato hacia la inminente muerte de mi hermana. Yo estaba como entumecida. Repetí información por teléfono tantas veces durante el día que olvidaba qué le había dicho a quién, y ya estaba afónica.

 Me preocupaba haber olvidado algún detalle importante o haber dejado a alguien fuera de la lista de llamadas. Llamé a las personas por el nombre equivocado. Le dije “te quiero” a personas que apenas conocía, y lo dije en serio porque esas personas amaban a mis hermanos.

Una mañana me desperté y, por un breve instante, no recordé que mi hermano había muerto o que mi hermana, con casi toda seguridad, le seguiría. Entonces volví a mi realidad y me pregunté por qué el sol se atrevía a brillar.

Mi hermana se quitó la máscara de oxígeno repetidas veces, y suplicó que la dejaran irse a casa. El médico sugirió cuidados terminales. Murió una semana después que su hermano.

Mi hermana es mi heroína. Era una veterana militar que sirvió un año en Vietnam como enfermera del Ejército. Fue una maravillosa enfermera y luego empresaria. Su esposo había muerto años antes y no tenía hijos, pero su casa y corazón siempre abiertos le habían dado muchos amigos.

Mis hermanos ya no necesitan máscaras de oxígeno. Se han ido, pero no a la casa que añoraban desde sus camas de hospital. Mi hermano y hermana vivieron vidas plenas, pero sé que podrían haber estado más tiempo con nosotros si se hubieran vacunado. Mi corazón está doblemente roto. Hemos perdido la reconfortante risa de mi hermano, el humor fino de mi hermana y el abrazo amoroso de ambos."                

(Michele Genthon es escritora en Mercer Island, Washington. Project Syndicate, 19/12/21)

19.11.21

El fenómeno de la «Gran Renuncia» en Estados Unidos... en septiembre registró la cifra récord de 4,4 millones de personas que abandonaron sus empleos de forma voluntaria, lo que supone el 3 por ciento de la mano de obra del país... los trabajadores «están quemados. Están hartos. Están fritos. Después de tantas dificultades, enfermedades y muertes durante el año pasado, no van a aguantar más”

 "Millones de personas dejan sus empleos y la Casa Blanca evalúa respuestas. Son varios los motivos de este fenómeno, entre los que figura la covid-19 o la falta de acceso a cuidados de menores.

 La Casa Blanca sugirió este viernes que las empresas ofrezcan condiciones más competitivas para atraer a trabajadores, a la luz de la evolución del mercado laboral que en septiembre registró la cifra récord de 4,4 millones de personas que abandonaron sus empleos de forma voluntaria.

De esta manera, el Gobierno reaccionaba a los datos publicados este viernes por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, en inglés) de Estados Unidos, que arrojó que en septiembre hubo 4,4 millones de personas que renunciaron a sus trabajos, lo que supone el 3 por ciento de la mano de obra del país.

 Dentro de esos números, casi 1,8 millones de mujeres abandonaron la población activa en medio de la pandemia en el país, aunque economistas advierten que la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo en Estados Unidos ha estado estancada durante décadas.

La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, apuntó que se está produciendo una escasez de empleados en algunos sectores y las compañías «necesitan tener un paquete más competitivo que ofrecer a los trabajadores».

Además, agregó que la gente renuncia porque busca salarios más altos y «esto es algo que incumbe a muchas industrias». En este sentido, indicó que son varios los motivos de este fenómeno, entre los que figura la covid-19 o la falta de acceso a cuidados de menores.

«Pero no deberíamos dejar de lado el hecho de que muchos trabajadores sienten que es hora de buscar un empleo mejor con un salario mejor y más beneficios», advirtió la funcionaria. 

Por su parte, Robert Reich, ex secretario de Trabajo de la Administración Clinton, declaró a la revista Time que “los empleados no quieren volver a trabajos agotadores o aburridos, con salarios bajos” ya que  «están quemados. Están hartos. Están fritos. Después de tantas dificultades, enfermedades y muertes durante el año pasado, no van a aguantar más”.

De acuerdo al informe de BLS, en septiembre se ofertaron 10,4 millones de nuevos puestos de trabajo, hubo 6,5 contrataciones y 6,2 millones de terminaciones de contratos, que incluyeron los 4,4 millones de renuncias, 1,4 millones de despidos y 410.000 de otros tipos, que abarcan jubilaciones, muertes, bajas, entre otros. 

Ya en agosto se había registrado un récord de renuncias que no se habían visto en 20 años, con 4,3 millones de trabajadores que dejaron su trabajo. Para entonces, la cantidad de puestos disponibles era de 11.1 millones. Este mes cayó levemente, hasta 10.4 millones, una cifra que, sin embargo, sigue siendo alta en relación con los niveles históricos que ha tenido el país.

Los sectores más afectados

“El ritmo de las personas que renuncian en el mercado laboral es notable, pero la concentración entre unos pocos sectores es asombrosa. Los renuncias aumentan más en los sectores donde la mayor parte del trabajo es presencial o con salarios relativamente bajos“, explicó en diálogo con medios internacionales Nick Bunker, director de investigación económica en Indeed Hiring Lab.

 Los sectores más afectados por estas renuncias son los de entretenimiento, artes, recreación, restaurantes y hospedaje; así como los de educación y servicios de salud, sobre todo en el sur y el oeste del país.

Entre los mayores reclamos, se destacan acuerdos de trabajo flexibles, opciones remotas, jornadas laborales con menor carga horario, semanas laborales de cuatro días, entre otras."                (Rebelión, 17/11/21; fuente: Página12)

15.11.21

Lo llaman 'La Gran Dimisión'. En EEUU millones de personas han decidido abandonar sus puestos de trabajo, lo cual ha pillado a muchos por sorpresa. ¿Nuevo paradigma vital? ¿Epifanía pandémica? Lo que está claro es que se está produciendo una mudanza de la noción del trabajo, un cuestionamiento de las condiciones y un hartazgo generalizado, más notable en los jóvenes

Azahara Palomeque @Zahr_Bloom

 Lo llaman 'La Gran Dimisión'. En #EEUU millones de personas han decidido abandonar sus puestos de trabajo, lo cual ha pillado a muchos por sorpresa. ¿Nuevo paradigma vital? ¿Epifanía pandémica? Es complejo de explicar, pero voy a intentarlo. HILO.

La tendencia comenzó en primavera, y con los datos de agosto saltaron todas las alarmas: 4,3M de trabajadores dimitieron, la cifra +alta en 20 años. En septiembre los números continuaron al alza, a pesar de que se terminó la ayuda federal por desempleo.

Los sectores más afectados están siendo la hostelería, el transporte, tiendas y puestos de atención al cliente en general, pero también se han despedido voluntariamente un gran número de trabajadores en la sanidad y otras industrias del cuidado.

Algunos medios apuntan también a un aumento de dimisiones en los trabajos de oficina, burocráticos y mejor pagados, los llamados 'white collar', aunque en menor porcentaje.

¿Y por qué se van? Buena pregunta. Los expertos no se ponen de acuerdo, las causas son múltiples: condiciones laborales precarias, sueldos miserables, reticencia a volver a la oficina en quienes estaban teletrabajando o, simplemente, que han descubierto una vida mejor sin curro.

Otro factor: hay gente que ha podido ahorrar durante la pandemia, debido a los cheques del gobierno, menor gasto en ocio y que la bolsa ha subido mucho. Para quien invierte (más habitual aquí) ha sido un win-win. También ha habido jubilaciones anticipadas.

Lo que se está contando menos es que buena parte de quienes han dejado sus trabajos son mujeres: casi 2M desde que empezó la pandemia. La falta de guarderías y la generalización de la educación online ha jugado un papel decisivo.

Biden propuso un 'plan de familias' que subvencione guarderías y educación preescolar, pero no ha sido aprobado aún (veremos). Algunas think tanks ya afirman que, sin estas mujeres en el mercado laboral, la economía de #EEUU no se va a recuperar del todo.

Así que la historia no es tan maravillosa como la pintan... Sin embargo, la 'Gran Dimisión' ha dado lugar a otro fenómeno: un gran número de huelgas que están teniendo lugar en todo el país, y en industrias muy diversas. Si hay menos currantes disponibles

éstos tienen mayor poder de negociación. De hecho, ahora mismo hay más oferta de trabajo que demanda, lo cual ha producido una *ligera* subida general de sueldos, más alta en algunos sectores: 8.1% en hostelería, por ejemplo. Ya sabéis: 'Pay them more'.

Claro que esas subidas moderadas se las está comiendo la inflación, que ha alcanzado su cifra más alta en 30 años: un 6.2%. Esto es importante porque indica que no ha habido una ganancia real en poder adquisitivo, aunque a veces sí en derechos, según el resultado de las huelgas.

Lo que está claro es que se está produciendo una mudanza de la noción del trabajo, un cuestionamiento de las condiciones y un hartazgo generalizado, más notable en los jóvenes: millenials y Gen Z, que acumulan menos riqueza, no quieren volver a la oficina.

Y los auto-despidos masivos, junto a los clamores por la pérdida de derechos laborales, obedecen no sólo a la pandemia, sino a décadas de sueldos estancados (incluyendo el salario mínimo), a pesar del aumento de la productividad:

Por último, voy a pensar sin datos (el algoritmo predice sobre lo anterior y esto es nuevo). Lo que estamos viviendo es transversal: los de abajo no aguantan la explotación, y los de arriba llevan tiempo planeando la escapada. Ej: el FIRE movement.

Financial Independence, Retire Early, es decir, ahorra para un plan de pensiones privado que te permita jubilarte a los 50. Esto ya existía en los trabajadores de clase alta. Por otra parte, Graeber da pistas del cansancio general en 'Trabajos de mierda':

'Bullshit jobs' son los que, bien remunerados, implican cero contacto humano y utilidad social (relléname la hoja de Excel), mientras que 'shit jobs' serían los que conllevan cuidados y empatía, muchas veces feminizados y mal pagados. Ambos profesionales estaban descontentos.

Termino con@RemediosZafra y su reivindicación de la fragilidad. La pandemia quizá nos haya hecho a todxs más conscientes de nuestra vulnerabilidad y el valor de la vida en común. Nuestras prioridades han mutado, y eso afecta a cómo empleamos el tiempo.

Por mi parte, decir que soy una de ésas que se pira, que no aguanta más ni el curro ni -sobre todo- la emigración, que me dedicaré a escribir (periodismo y literatura) y que no tengo ni idea de qué será de mí, pero en mi casa no faltará un plato de lentejas. FIN.

11:56 a. m. · 12 nov. 2021
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2.11.21

Estados Unidos: la gran huelga de 2021... en EE UU hay entre 8 y 10 millones de personas trabajadoras que siguen sin trabajo... al menos la mitad de los 9 millones que no tienen trabajo se niegan a volver a trabajar por decisión propia. De facto, son entre 4 y 5 millones quienes están de en huelga. Estados Unidos se encuentra en medio de la Gran Huelga de 2021, que involucra a millones de trabajadores estadounidenses mal pagados y superexplotados en prácticamente todas las industrias estadounidenses

 "La mejor definición de una huelga es la de que cuando "los trabajadores dejan de trabajar" para obtener mejoras salariales y mejores condiciones laborales. La idea general es que son los sindicatos hacen huelgas. Pero eso no es cierto del todo. Los trabajadores hacen huelgas sin ser necesariamente miembros de los sindicatos. 

Este hecho es evidente hoy en día en EE UU, ya que millones de trabajadores se niegan a volver a sus puestos de trabajo. Están dejando su trabajo para obtener un mejor salario y un futuro.

Estamos asistiendo a la Gran Huelga de 2021, que en su mayoría está impulsada por millones de trabajadores no sindicados y mal pagados.

Durante el segundo trimestre de 2021 (abril-junio) y a medida que la economía se volvía a abrir, las y los trabajadores volvieron a sus puestos de trabajo a un ritmo de 889.000 al mes. Según el Economic Policy Institute, esa media cayó a sólo 280.000 al mes en el recién finalizado tercer trimestre de 2021 (julio-septiembre).

La cifra más reciente del mes de septiembre fue de sólo 194.000 puestos de trabajo, según el Informe mensual del Departamento de Trabajo estadounidense sobre la situación del empleo. Esta cifra no cumplió con la predicción de los economistas de 500.000 puestos de trabajo.

Según varios gráficos de los Informe mensuales sobre la situación del empleo del Departamento de Trabajo de EE UU, sólo la mitad de los trabajadores que estaban sin empleo a principios de 2021 volvieron a trabajar. Oficialmente, según el Departamento de Trabajo, más de 5 millones aún no lo han hecho. Pero esa cifra está muy por debajo de la realidad. No contiene los 3 millones que han abandonado por completo la población activa y ya no cuentas como desempleados en los registros oficiales. 

Los 5 millones tampoco incluyen a varios millones de trabajadores y trabajadoras que fueron erróneamente clasificadas como empleadas por el Departamento de Trabajo en marzo de 2020, cuando comenzó la pandemia, simplemente porque indicaron, al ser encuestadas por el gobierno, que esperaban volver a trabajar, aunque no estuvieran trabajando en el momento de la encuesta. El Departamento de Trabajo reconoció poco después que era un error contarlas como empleadas, pero hasta la fecha sigue negándose a corregir las cifras. Ese número de personas clasificadas erróneamente como empleadas sigue siendo hoy en día alrededor de un millón o algo así.

Así que, en EE UU hay entre 8 y 10 millones de personas trabajadoras que siguen sin trabajo (sin contar los millones de personas subempleadas que trabajan a tiempo parcial o unas pocas horas a la semana).

Muchos de esas 9 millones de personas no están volviendo a trabajar por decisión propia; es decir, no se han reincorporado al trabajo. En efecto, están en huelga para lograr algo mejor.

Aunque la mayoría están mal pagadas, entre ellas no solo se encuentras los sectores que primero se nos ocurren, como la hostelería o el comercio minorista. Hoy en día, las filas de las personas mal pagadas abarcan a casi todas las industrias de Estados Unidos, no sólo a la hostelería o el comercio minorista. (...)

Son más de 5 millones de empleos menos, sin contar a quienes no están contabilizados como activos o quienes todavía están mal clasificados como trabajadores.

Cabe suponer que al menos la mitad de los 9 millones que no tienen trabajo se niegan a volver a trabajar por decisión propia. De facto, son entre 4 y 5 millones quienes están de en huelga. Estados Unidos se encuentra en medio de la Gran Huelga de 2021, que involucra a millones de trabajadores estadounidenses mal pagados y superexplotados en prácticamente todas las industrias estadounidenses.

Empiezan a aparecer señales de que su ejemplo puede extenderse también a la mano de obra sindicada. Las renovaciones de los convenios colectivos están siendo rechazadas -y las huelgas son inminentes o están en curso- en industrias que van desde el procesamiento de alimentos (trabajadores de Kellogg's) hasta el equipamiento agrícola (John Deere), pasando por los hospitales y la asistencia sanitaria en la costa oeste. Se trata de sectores de negociación sindical importantes que implican a miles y decenas de miles de trabajadores y trabajadoras sindicados.

Ideología capitalista: invertir la causa y el efecto

La patronal, los medios de comunicación empresariales, las y los políticos y la mayoría de los economistas oficiales no reconocen que asistimos a una ola de huelgas tanto de las personas no organizadas en los sindicatos como de las organizadas. Sin embargo, están de acuerdo en el intento de culpabilizar a las y los trabajadores por lo que, de facto, es un paro de millones de personas. Todos se lamentan y se rascan la cabeza, sin respuestas sobre por qué tantas personas trabajadoras no vuelven a sus puestos de trabajo o están dispuestas a dejarlos, especialmente ahora que hay vacantes y las empresas anuncian ofertas de empleo. (...)

Ahora, la patronal, los políticos y los estados rojos se quejan de que las prestaciones para el cuidado de los niños y la mejora de los vales para alimentos impiden que los trabajadores y trabajadoras vuelvan al trabajo. Es la vieja estrategia contra la huelga de la patronal: hazles pasar hambre y volverán a trabajar.

En otras palabras [para la patronal y sus políticos], el hecho de que los trabajadores y trabajadoras se nieguen a volver al trabajo no tiene nada que ver con los bajos salarios insoportables, con la falta de atención sanitaria alternativa para ellos y sus familias, ya que volver al trabajo significa perder los pagos de COBRA o Medicaid del gobierno, con la falta de disponibilidad o la imposibilidad de costear el cuidado de los niños. No tiene nada que ver con el hecho de que la patronal ofrezca volver a trabajar, pero con menos horas y sin garantizar las horas necesarias para lograr unos ingresos semanales suficientes que cubran sus facturas. No tiene nada que ver con que la patronal insista en unos horarios de trabajo inestables que destruyen a las familias, en que no haya permisos retribuidos y, en general, en que no haya ninguna esperanza de salir en el futuro de lo que es, de hecho, un sistema de contrato laboral moderno [precario] que actualmente afecta a decenas de millones de trabajadores y trabajadoras estadounidenses.

Según la mayoría de la patronal, sus medios de comunicación y sus políticos, la culpa es de los propios trabajadores y trabajadoras. Se les ha dado demasiado durante la pandemia y ahora no quieren trabajar. Ese es el mantra capitalista y la explicación para los millones que se niegan a volver. (...)

No se mencionan las prácticas de décadas de pagar salarios bajos e invariables, con pocos o ningún beneficio, y condiciones de trabajo tan inadecuadas que prácticamente todas las demás economías capitalistas avanzadas las han abandonado hace años (es decir, no hay bajas retribuidas, cuidado de niños y niñas, atención médica nacional, etc.).

La forma más rigurosa de ver lo que está sucediendo es que quizás casi la mitad de los 9 a 10 millones que siguen sin trabajo hoy en día rechazan trabajar y buscan mejores salarios, beneficios, condiciones y nuevos empleos que proporcionen alguna esperanza para el futuro. Entre 4 y 5 millones de trabajadores y trabajadoras estadounidenses están en huelga. (...)"                 

Importancia histórica de la Gran Huelga de 2021

Estados Unidos se encuentra en medio de un acontecimiento histórico. Es posible que sectores de la clase obrera estadounidense estén despertando por sí mismos, y no dirigidos por sindicatos que han sido destruidos o que están dirigidos por dirigentes sindicales que no quieren hacer huelga por temor de avergonzar a sus amigos del Partido Demócrata.

La gran huelga de 2021 se compone, por el contrario, de la mayoría de la mano de obra no sindicalizada: los servicios peor pagados, camioneros independientes de larga distancia, conductores de reparto en las ciudades, de hostelería y restauración, del comercio minorista, en proyectos locales de construcción, enseñantes y conductores de autobuses escolares, enfermeras quemadas por las horas extras crónicas, almacenistas y de la industria alimentaria llevados a la extenuación durante los últimos 18 meses, asistentas domiciliarias explotadas por coyotes, etc. La lista es larga. (...)"               

( , Viento Sur, 29/10/21; fuente: Counterpunch)

29.9.21

La desigualdad estructural lastra la vacunación en Estados Unidos... Existen razones de fondo para negarse a la inoculación y eso, justamente, es lo que no se está contando... subyace una desasistencia abismal que atraviesa todos los engranajes de una desigualdad estructural normalizada, desde la falta de derechos laborales hasta la de transporte público, pasando por el abandono sanitario: no es raro encontrar a quien cuestiona ese regalo repentino de inmunidad contra la COVID cuando nunca se le garantizó el acceso a la insulina... Por eso Estados Unidos no logrará nunca la inmunidad de grupo por la vacunación, sino mediante la masificación del contagio y tras una cantidad ingente de muertes evitables... Para muchos, la ayuda de Dios es la única seguridad palpable

 "Hace unos días tuvo lugar en Alabama un evento donde miles de votantes republicanos se congregaron para ver a su ídolo, Donald Trump, disertar sobre cuestiones políticas. En algún momento de la perorata, el ex presidente animó a sus seguidores a vacunarse, ante lo cual fue duramente abucheado y no tuvo más remedio que retractarse: “No pasa nada, ¡tenéis vuestras libertades!”, gritó, en un intento por calmar a las multitudes. 

Alabama, un estado conservador donde la tasa de vacunación es de las más bajas del país, está siendo golpeado por la COVID a un ritmo tan voraz que apenas quedan camas disponibles en las UCI. Cumple así todos los requisitos para favorecer una imagen del movimiento antivacunas que a menudo se alinea con lo que algunos medios señalan: mayoría blanca y republicana, en la llamada ‘América profunda’, habitada en buena medida por fanáticos del magnate televisivo. 

Sin embargo, esta información no deja de ser tan sesgada como hiriente contra una población –la no vacunada– que ni es tan homogénea, ni ha caído súbitamente en las garras del dogmatismo más oscuro, mucho menos en la imbecilidad. Existen razones de fondo para negarse a la inoculación y eso, justamente, es lo que no se está contando.

 En primer lugar, hay que remontarse a una larga tradición de rechazo a las distintas instancias gubernamentales y desconfianza en sus representantes tanto como en el sistema sanitario. Recordemos que Trump hizo campaña en las dos últimas elecciones presidenciales presentándose como un outsider de Washington que iba a “limpiar la ciénaga”, es decir, a librar a los organismos públicos de políticos que son vistos como parásitos incapaces de favorecer cualquier mejora en las condiciones de vida de los más débiles.

 Aunque Biden se ha esforzado por reestablecer esa confianza perdida y, desde luego, Trump no cumplió sus promesas, la misma inquina contra el entramado institucional persiste en muchos colectivos. Por otra parte, un sistema de salud basado en el beneficio económico que –como ya expliqué en otra ocasión– mantiene a unos 30 millones de personas sin seguro médico, arruina incluso a quien está asegurado y cronifica enfermedades en pro del lucro de las farmacéuticas desata legítimas sospechas en bastante gente, por más que la vacuna sea gratuita (de lo cual algunos siguen dudando). Precisamente porque estos problemas son sistémicos y permean cada territorio, la población no vacunada es enormemente diversa

Además de un gran número de republicanos blancos, se sabe que es común la renuencia a inmunizarse entre los grupos negros y latinos. A las causas ya nombradas para este rechazo, se suman aquí otras que tienen que ver con el racismo estructural que ha caracterizado a la medicina estadounidense, además de las carencias propias de una sociedad con un estado del bienestar prácticamente inexistente: la falta de días libres o bajas por enfermedad reguladas, o la ausencia de guarderías públicas, hacen que mucha gente deba elegir entre alimentar a su familia, cuidar a los niños o recibir su dosis, junto a los posibles efectos secundarios

Más allá, se calcula que hay unos 11 millones de personas indocumentadas en Estados Unidos, las cuales han sufrido las mayores agresiones por parte de un sistema migratorio con policía propia, que los criminaliza y deporta a una frecuencia no alterada por la presidencia de Biden.

Es razonable argumentar que el miedo a posibles represalias por carecer de papeles impide a muchos acudir a los múltiples enclaves donde se suministran vacunas. En general, bajo la mayoría de estas circunstancias subyace una desasistencia abismal que atraviesa todos los engranajes de una desigualdad estructural normalizada, desde la falta de derechos laborales hasta la de transporte público, pasando por el abandono sanitario: no es raro encontrar a quien cuestiona ese regalo repentino de inmunidad contra la COVID cuando nunca se le garantizó el acceso a la insulina.

Así, hemos llegado a una situación donde las cifras de casos son similares a las de finales de enero, cuando apenas había vacunas disponibles, y las de hospitalizaciones y fallecidos también continúan al alza. Si bien estos números corresponden parcialmente al surgimiento de la variante Delta, más agresiva, también están íntimamente relacionados con esa historia de violencia institucional que mantiene a los mismos en una constante situación de vulnerabilidad y desencadena, lógicamente, una aversión contra cualquier campaña de salud pública.

 Por eso, me atrevería a decir, Estados Unidos no logrará nunca la inmunidad de grupo, no a base de inoculación como otros países; tal vez sí, con el tiempo, mediante la masificación del contagio y tras una cantidad ingente de muertes evitables.

Sirve de poco ser líderes en investigación y contar con los recursos económicos para proteger a la población, una vez, cuando históricamente esos recursos se han distribuido de manera tan inicua

 No bastan los esfuerzos puntuales si previamente se ha instigado una sospecha generalizada en las instituciones, mediada por la desprotección más aberrante. Como cantaba hace poco una congregación religiosa negra de Philadelphia: “Únete a Jesús, no te fíes del gobierno”. Para muchos, la ayuda de Dios es la única seguridad palpable."                     (Azahara Palomeque, La Marea, 03/09/21)

9.9.21

Joseph E. Stiglitz: el caso estadounidense es una auténtica tragedia, porque lo que ocurre aquí es totalmente innecesario... la cantidad de personas vacunadas en Estados Unidos todavía es insuficiente... ¿Cómo es posible que en un país con una población aparentemente bien educada haya tanta gente que actúa en forma irracional, contra sus intereses, contra la ciencia y contra las enseñanzas de la historia? Un argumento habitual de quienes se niegan a usar mascarilla o mantener el distanciamiento social es que supone una limitación de su libertad. Pero la libertad de uno termina donde empieza la de los demás... En el mundo que seguirá a la COVID, tal vez haya que interpretar que los Diez Mandamientos incluyen «no matarás, y tampoco lo harás transmitiendo enfermedades contagiosas cuando puedas evitarlo»... Y del mismo modo: «Te vacunarás»... Pero en la mayor parte del mundo el problema es una enorme escasez de vacunas... ¿La farmacéuticas esperan que restringir el suministro de dosis aumente los precios y las ganancias? Estados Unidos debe usar todos los instrumentos de los que dispone para aumentar la producción dentro y fuera del país, como la Ley de Producción para la Defensa... Aun si el costo de la vacunación en todo el mundo llegara a varios miles de millones de dólares, no sería nada en comparación con el costo humano y económico de que la pandemia de COVID‑19 continúe

 "El incremento de casos, hospitalizaciones y muertes por COVID‑19 en Estados Unidos es un triste recordatorio de que la pandemia no terminó. La economía mundial no volverá a la normalidad mientras la enfermedad no esté controlada en todas partes.

 Pero el caso estadounidense es una auténtica tragedia, porque lo que ocurre aquí es totalmente innecesario. Mientras los habitantes de países emergentes y en desarrollo anhelan la vacuna (y muchos mueren por no tenerla), el suministro en Estados Unidos es lo bastante grande como para dar una segunda dosis (y ahora también una de refuerzo) a toda su población. Y cuando casi toda la población esté vacunada, es casi seguro que la COVID‑19 «desaparecerá», como en la memorable frase del expresidente Donald Trump.

 Sin embargo, la cantidad de personas vacunadas en Estados Unidos todavía es insuficiente para evitar un nuevo aumento de casos en muchas zonas, como consecuencia de la muy contagiosa variante delta. ¿Cómo es posible que en un país con una población aparentemente bien educada haya tanta gente que actúa en forma irracional, contra sus intereses, contra la ciencia y contra las enseñanzas de la historia? 

Una parte de la respuesta es que pese a ser rico, el país no está tan bien educado como se supone; da cuenta de ello su desempeño internacional comparativo en las evaluaciones estandarizadas. En muchas áreas de Estados Unidos (incluidas algunas con los mayores índices de resistencia a la vacunación) la educación en ciencias es particularmente deficiente, por la politización de temas fundamentales como la evolución y el cambio climático, que en muchos casos se excluyeron de los programas de estudio. 

 En este entorno hay muchas personas que son terreno fértil para la desinformación. Y las plataformas de redes sociales, a salvo de toda responsabilidad por lo que transmiten, han creado un modelo de negocios basado en maximizar el tiempo de conexión de los usuarios difundiendo información falsa (incluso en relación con la COVID‑19 y las vacunas). 

 Pero una parte esencial de la respuesta tiene que ver con un enorme malentendido (presente sobre todo en la derecha) en relación con la libertad individual.

 Un argumento habitual de quienes se niegan a usar mascarilla o mantener el distanciamiento social es que supone una limitación de su libertad. Pero la libertad de uno termina donde empieza la de los demás. Si por negarse a usar mascarilla o vacunarse, algunas personas provocan que otras se contagien la COVID‑19, les están negando el derecho más fundamental a la vida misma. 

 La esencia del asunto es que hay grandes externalidades: en una pandemia, las acciones de una persona afectan el bienestar de otras. Y allí donde existen esas externalidades, el bienestar de la sociedad exige acción colectiva: regular para restringir conductas socialmente perjudiciales y promover conductas socialmente benéficas. (...)

En el mundo que seguirá a la COVID, tal vez haya que interpretar que los Diez Mandamientos incluyen «no matarás, y tampoco lo harás transmitiendo enfermedades contagiosas cuando puedas evitarlo».

 Y del mismo modo: «Te vacunarás». Cualquier limitación de la libertad individual por el hecho de exigir la aplicación de vacunas seguras y muy eficaces contra la COVID‑19 es nada en comparación con los beneficios sociales (y los consiguientes beneficios económicos) de la salud pública. Que todas las personas deben vacunarse (con algunas excepciones limitadas por razones médicas) se cae de maduro. 

Y ya que muchos gobiernos parecen demasiado temerosos de exigirlo, deben encargarse de ello empleadores, escuelas, organizaciones sociales; cualquier ámbito de actividad organizada donde haya contacto entre personas. Como hemos aprendido estos últimos dieciocho meses, la salud mundial es un bien público mundial. 

Mientras la enfermedad siga haciendo estragos en algunas partes del mundo, crecerá el riesgo de que aparezca una mutación más letal, más contagiosa y más resistente a las vacunas. Pero en la mayor parte del mundo, el problema no es que haya resistencia a la vacunación sino una enorme escasez de vacunas.

 Es evidente que el sector privado no consigue aumentar la producción para asegurar un suministro adecuado. ¿Se debe eso a que los productores de vacunas carecen de capital? ¿Hay escasez de frascos de vidrio o jeringas? ¿O esperan tal vez que restringir el suministro de dosis aumente los precios y las ganancias? Uno de los principales obstáculos a un mayor suministro es el al uso de propiedades intelectuales necesarias; por eso la propuesta de suspensión de patentes que se está discutiendo en la Organización Mundial del Comercio es

 Y en vista de la urgencia y de la magnitud del desafío, hace falta más: una de las medidas que puede tomar el gobierno del presidente estadounidense Joe Biden es invocar la Ley de Producción para la Defensa y aprovechar el hecho de que el gobierno federal es titular de patentes fundamentales. Estados Unidos ha dado a las farmacéuticas libre acceso a esos bienes intelectuales públicos, mientras se embolsan miles de millones de dólares en utilidades. Estados Unidos debe usar todos los instrumentos de los que dispone para aumentar la producción dentro y fuera del país.

 Esto también se cae de maduro. Aun si el costo de la vacunación en todo el mundo llegara a varios miles de millones de dólares, no sería nada en comparación con el costo humano y económico de que la pandemia de COVID‑19 continúe."              (

2.9.21

La enésima oleada de coronavirus sigue su camino, devastando los estados del sur de Estados Unidos... El problema es la combinación entre una campaña de vacunación desastrosa, el Partido Republicano que ha permitido que sus voces más extremistas (empezando por Fox News) politizaran e hicieran campaña contra las inmunizaciones, y un número considerable de gobernadores y legisladores republicanos que no sólo no tomaron medidas para controlar la pandemia, sino que incluso han impedido que otras administraciones en sus estados hagan nada. Es difícil de entender cómo los republicanos han conseguido convencerse de que meter a los estados en los que gobiernan en esta catástrofe, es una buena idea

 "(...) La enésima oleada de coronavirus sigue su camino, devastando los estados del sur. En un país donde cualquiera puede vacunarse sin cita desde hace meses más de 100.000 personas están hospitalizadas por COVID.

 Durante las dos últimas semanas, 1.348 personas han muerto cada día por esta enfermedad. Algunos estados del sur, como Mississippi, tienen las peores cifras de muertes por cápita de todo el país desde el principio de la pandemia, con la inmensa mayoría de fallecidos en estos tres últimos meses.

El problema, como he comentado repetidas veces, es la combinación entre una campaña de vacunación desastrosa, un partido político que ha permitido que sus voces más extremistas (empezando por Fox News) politizaran e hicieran campaña contra las inmunizaciones, y un número considerable de gobernadores y legisladores republicanos que no sólo han renunciado a tomar medidas para controlar la pandemia, sino que incluso han trabajado activamente para impedir que otras administraciones en sus estados hagan nada.

Ron DeSantis, el gobernador de Florida que está intentando ser más trumpista que Trump, ha llegado a cortar la financiación estatal en educación a aquellos distritos que impongan el uso de mascarillas en las escuelas. El mismo Ron DeSantis, que tiene los hospitales del estado a reventar, está intentando echarle la culpa de la crisis a Biden y a los inmigrantes llegados de Méjico, como si en Florida él estuviera de paso. En Texas, mientras tanto, el gobernador ha prohibido que nadie haga obligatoria la vacuna, para después sorprenderse de que en el estado haya COVID.

Es bastante obvio que Biden tiene poco que hacer con esta nueva ola de coronavirus, y que todas estas muertes eran previsibles. Es difícil de entender cómo el GOP ha conseguido convencerse de que meter a los estados en los que gobiernan en esta catástrofe es una buena idea, pero así estamos.(...)"    (Roger Senserrich, Four Freedom, 31/08/21)

30.7.21

Hoy estaba paseando y me he topado con un grupo de negros que cantaban "únete a Jesús, no te fíes del gobierno"... no son sólo los trumpistas quienes se niegan a vacunarse, sino toda una población que ha sido históricamente olvidada por el estado, que no cuenta con casi ninguna protección sanitaria, y sospecha de esas Pfizers gratuitas cuando jamás les proporcionaron insulina, antibióticos, o incluso chequeos médicos rutinarios

Azahara Palomeque @Zahr_Bloom 

Hoy estaba paseando y me he topado con un grupo de negros que cantaban "únete a Jesús, no te fíes del gobierno".Y he pensado en lo poco que se entiende el movimiento antivacunas en #EEUU, la sarta de barbaridades que se cuentan, porque no son sólo los trumpistas quienes se niegan

a vacunarse, sino toda una población que ha sido históricamente olvidada por el estado, que no cuenta con casi ninguna protección sanitaria, y sospecha de esas Pfizers gratuitas cuando jamás les proporcionaron insulina, antibióticos, o incluso chequeos médicos rutinarios.

Y los negros suelen votar demócrata, se movilizaron masivamente por Biden, pero eso no restaura una confianza perdida en quienes tantas veces les han fallado. El gran problema de la vacunación en #EEUU es que no se puede perdir adhesión a una campaña de salud pública cuando

previamente has deslegitimado, te has cargado todo lo público, o simplemente nunca ha existido. Si la salud es una responsabilidad individual, la mayoría actúa según sus propios criterios. Y aquí Dios prevalece sobre el gobierno, aunque sólo sea porque les acompaña cada día. 

10:49 a. m. · 29 jul. 2021
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8.6.21

A pesar de esa veneración irracional a Estadoe Unidos por parte de (casi) todos los medios, dentro de poco España superará al país norteamericano en número de vacunados. ¿La respuesta? Sencilla: se llama sanidad pública

 Azahara Palomeque @Zahr_Bloom

 A pesar de esa veneración irracional a #EEUU por parte de (casi) todos los medios, dentro de poco España superará al país norteamericano en número de vacunados. ¿La respuesta? Sencilla: se llama sanidad pública. 1/2

"España supera los 10 millones de inmunizados y un 40% de la población tiene una dosis de la vacuna" (eldiario.es, 04/06/21)

No hablo de recursos: la sanidad pública es capaz de generar la confianza como para que la gente se vacune. Sin eso, sospechas respecto al coste y manipulación de datos, teorías conspirativas... La lógica: cómo creer en las bondades de una salud pública que nunca ha existido.

Añado: los telediarios españoles están dando datos falsos. La pauta completa en #EEUU es del 41.9%, no de +50%, como se ha dicho. Y las cifras están estancadas. Biden prometió inmunidad de grupo para el 4 de julio y luego se rectractó. No se alcanzará. https://bloomberg.com/graphics/covid-vaccine-tracker-global-distribution/.

No creo que el estancamiento de las vacunas en EEUU tenga que ver con la sanidad pública. En otros lugares tampoco hay sanidad pública y no hay tal estancamiento.

2:26 a. m. · 7 jun. 2021
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2.6.21

En el estado de Florida una escuela privada amenazó a sus profesores con perder su empleo si se vacunaban, y pidió a los estudiantes no abrazar a sus padres si estos habían recibido la vacuna. En Estados Unidos el 18% de la la población ha decidido no vacunarse... estamos vivos de milagro

 "La vacunación contra el COVID-19 ha desnudado una paradoja cruel en el continente americano: mientras los países abajo del Río Bravo sufren por conseguir dosis, en Estados Unidos se ofrecen premios de un millón de dólares para que la gente quiera ponérselas.

El presidente estadounidense, Joe Biden, ha señalado que la meta es tener a 70% de los estadounidenses totalmente vacunados para el 4 de julio. Pero al 27 de mayo apenas 51% tiene las dos dosis. La vacunación en ese país comenzó en diciembre pasado, por lo cual no alcanzar aún la meta no tiene que ver con falta de vacunas sino que al menos 18% de la la población ha decidido no vacunarse, según las últimas encuestas.

Las teorías de la conspiración y la infodemia han probado ser muy peligrosas. Entre estas teorías, que ya se ha probado son falsas, está que en las vacunas se introduce un chip de identificación por radiofrecuencia, o que son en realidad una campaña de esterilización disfrazada. Es necesario que la población en Estados Unidos entienda que, si quiere festejar la fiesta de Independencia con menores precauciones contra el coronavirus que hasta ahora, hay que lograr la inmunidad de rebaño y eso implica vacunarse. Y que hay millones de personas en otros países, como muchos en América Latina, que llevan meses esperando por una dosis.

En el estado de Florida, donde yo vivo, hemos llegado al extremo de que una escuela privada amenazó a sus profesores con perder su empleo si se vacunaban, y pidió a los estudiantes no abrazar a sus padres si estos habían recibido la vacuna.

Los manifestantes antivacunas sostienen que si el sector progresista de la sociedad habla de mi cuerpo, mi elección respecto al derecho de las mujeres a interrumpir legalmente su embarazo, entonces también habría que entender que es su cuerpo, su elección respecto a vacunarse o no. La gran diferencia es que “su elección” implica contagiar a otros, pudiendo condenarlos a morir, además de no lograr la inmunidad de rebaño tan esperada por las autoridades.

El gobierno ha intentado combatir las mentiras y teorías de la conspiración regalando premios de un millón de dólares para recién vacunados, cervezas, donas y mariguana. Junto con aplicaciones de transporte, ofrece descuentos de hasta 25 dólares (500 pesos mexicanos) por cada viaje a un centro de vacunación

El contexto es inquietante porque hablamos del país en el que 53% de los simpatizantes del Partido Republicano creen que el verdadero presidente es el exmandatario Donald Trump, según una encuesta reciente de Reuters e Ipsos. Y 25% está convencido de que Biden no es el presidente legítimo. Hay un duelo a muerte entre las conspiraciones y las evidencias científicas acompañadas de datos verificables.

Mientras tanto, el 19 de mayo la directora de la Organización Panamericana de la Salud señaló que solo 3% de la población de América Latina y el Caribe está completamente vacunada contra COVID-19. Carissa F. Etienne señaló que esto es “síntoma de la dependencia excesiva de nuestra región de las importaciones de suministros médicos esenciales. Menos de 4% de los productos médicos en uso durante la respuesta de COVID-19 provienen de la región”.

Hay países que han logrado una alta tasa de vacunación, como Chile, que el 27 de mayo estaba en el sexto lugar mundial con 41% de su población totalmente vacunada. O Uruguay, con 29%. Pero también hay países como Venezuela que solo ha logrado vacunar con la primera dosis a 1.1%, y Nicaragua con 2.6%. En Honduras el número es inexistente. Y en Guatemala, 0.2% de la población tiene una dosis completa.

Países potencia en la región como Brasil, México o Argentina han vacunado totalmente a 10%, 9.3%, y 5.5% de su población respectivamente. Lo que falta en la región, es despreciado en Estados Unidos. La desigualdad entre este y los demás países del continente es abismal y eso debería quedar como un precedente de que la situación no puede continuar igual. (...)

Estados Unidos y su gente deben entender que la vacuna es un privilegio que muchos millones de personas desearían tener, y que alcanzar la inmunidad de rebaño debería ser la meta a alcanzar pronto."               

(Nacho Lozano es periodista y presentador de Noticias Telemundo en Estados Unidos, Revista de prensa, 28/05/21; fuente: The Washington Post)

13.5.21

Una piensa que cuando Biden dice que ya es hora de llevar agua corriente no contaminada a todos los hogares de EEUU, en España se darán cuenta del retraso comparativo... Pues no, lo venden como planes extraordinarios y política de izquierdas

Helena Villar @HelenaVillarRT

 Es que joder, una piensa que cuando Biden dice que ya es hora de llevar agua corriente no contaminada a todos los hogares de EEUU, en España se darán cuenta del retraso comparativo. Pues no, lo venden como planes extraordinarios y política de izquierdas. Dan ganas de retirarse.

2:44 p. m. · 30 abr. 2021
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Saint George .•. @JorgeDeTellus 

En respuesta a @HelenaVillarRT

 Yo la verdad cada vez que visito Estados Unidos y comparo con Canadá me doy cuenta de muchas cosas...no son un país como lo pintan los medios. Partamos de que Nueva York esta llena de cucarachas y ratas.

León #NowInTheGhetto @tengounplanb
En respuesta a @HelenaVillarRT

Vente a USA, Pepe! Nosotros con nuestra boina puesta siempre.

4.5.21

Alrededor de una cuarta parte de los americanos dice que probablemente o con toda seguridad no van a vacunarse. Son, ante todo, votantes republicanos... El porcentaje de votantes con reticencias, además, es mayor en los lugares donde Trump ganó por mayor margen el año pasado... Trump ha politizado las vacunas... y las redes sociales están plagadas de informaciones falsas y conspiraciones contra la vacuna... o sea, el sector trumpista del partido republicano poco menos que intentando matar a sus propios votantes

"(...) Ahora mismo, en casi cualquier lugar del país, es posible recibir inmunizaciones sin cita previa, de forma completamente gratuita. Estados Unidos puede vacunar a todo aquel que lo desee, pero muchos americanos han decidido no recibir el pinchazo.
¿Qué está sucediendo?

Los sondeos, en este caso, son muy consistentes. Alrededor de una cuarta parte de los americanos dice que probablemente o con toda seguridad no van a vacunarse. La composición política y geográfica de este grupo es, además, muy, muy clara. Son, ante todo, votantes republicanos (...)

El porcentaje de votantes con reticencias, además, es mayor en los lugares donde Trump ganó por mayor margen el año pasado, y la correlación se mantiene a nivel de condado (...)

Cuando empezó la campaña de vacunación en diciembre, muchos observadores advirtieron de que podíamos esperar diferencias en vacunación según raza, hablando de la tradicional (y justificada) desconfianza de muchos afroamericanos hacia el sistema médico del país. No ha sucedido; las diferencias son estrictamente partidistas, no raciales (..)

Viendo estas cifras, uno no puede más que primero clamar al cielo por la estupidez colectiva de un nutrido grupo de cretinos que viven en este país, y segundo empezar a buscar las causas detrás de esta divergencia.
Los orígenes de la reticencia

Tradicionalmente, el sentimiento antivacunas en Estados Unidos era cosa de dos grupúsculos más o menos diferenciados. Por un lado, una facción pequeña pero vocal de progres / hippies trasnochados que o querían todo natural o no se fiaban de las farmacéuticas. Este era el motivo por el que lugares como Google o Linkedin han sufrido mini- epidemias de sarampión en tiempos recientes, o como Disneylandia tiene brotes similares de vez en cuando. Por otro lado, tenías una variedad de colectivos religiosos, casi todos pequeños, que insistían en no ser inmunizados.

Ambas minorías eran pequeñas, pero crecientes, hasta el punto de que las autoridades de salud pública en muchos estados estaban empezando a pedir medidas drásticas para revertir el número creciente de niños sin vacunar. Esta misma semana, sin ir más lejos, Connecticut aprobó abolir una exención que permitía a los padres matricular a sus hijos en colegios públicos sin vacunar alegando motivos religiosos, con manifestaciones multitudinarias a las puertas del capitolio incluidas.(...)

Lo que vemos en los sondeos arriba, sin embargo, no son grupitos de chiflados que sólo comen lechuga orgánica o aceptan curas recogidas en la biblia. Son un montonazo de gente. Y el motivo, para variar, es la dichosa palabra que empieza por “p”.
Politizando el final de la pandemia

Las vacunas se han politizado. Durante todo el año pasado, un sector importante del partido republicano, encabezado por el presidente, se dedicó a dudar sobre la severidad de la pandemia y a minimizar sus riesgos y consecuencias. El jefe del ejecutivo, de forma completamente inexplicable en cualquier planeta normal, dedicó gran parte de su tiempo no ya a contradecir sino a pelearse abiertamente con sus propios expertos en salud pública. Y eso era en los días buenos en los que no recomendaba beber lejía para combatir el virus en una rueda de prensa televisada.(...)

Aunque fue la administración Trump la que impulsó el desarrollo de las vacunas, el presidente saliente se ha negado repetidamente a hacer campaña en favor de la inmunización. Trump incluso llegó a vacunarse en secreto antes de salir de la Casa Blanca, y no ha hecho ninguna aparición pública este año centrada en promover lo que fue sin duda el mayor logro de su mandato.

 Muchos dentro de su propio partido han expresado abiertamente su escepticismo a ser vacunados - y no sólo los flipados de siempre estilo Marjorie Taylor-Greene, sino senadores que deberían ser medio sensatos. Si os preguntáis por qué el discurso de Biden ante el congreso esta semana (habrá artículo sobre ello en algún momento, si tengo tiempo) fue ante una cámara de representantes medio vacía, es porque una cuarta parte de legisladores han rechazado ser vacunados.

El problema añadido, además, es la constelación mediática conservadora. Las redes sociales están plagadas de informaciones falsas y conspiraciones contra la vacuna; Fox News está también haciendo el trabajo de siempre intoxicando a su audiencia; y cretinos como Joe Rogan y otros podcasters conservadores se han echado al monte con ello.(...)

De momento, las autoridades están haciendo lo que pueden, intentando convencer a líderes respetados en la comunidad (pastores evangélicos, alcaldes, pequeños negocios) para poco a poco cambiar la opinión de los que dudan. Una cuarta parte del país quizás no parezca demasiado, pero en muchas zonas rurales podemos encontrarnos con poblaciones con un 50% de gente sin vacunar, una quinta ola de COVID, y un virus mutando para evitar la inmunidad de las vacunas.

Si Trump fuera un hombre medio decente estaría dando vueltas por todo el país como un poseso animando a la gente a vacunarse. Lo que tenemos, en cambio, es el sector trumpista del partido republicano poco menos que intentando matar a sus propios votantes.(...)"                    (Roger Senserrich, Four Freedom, 01/05/21)

15.4.21

El plan de Biden trae al debate las palabras prohibidas: producción, Estado e impuestos... para conseguir fortaleza estratégica y cohesión interna... para lo cual lleva a la práctica algunas promesas de la izquierda estadounidense... y supone un paso más en el momento desglobalizador

 "Los fondos de la recuperación ya no son los mismos que fueron. Al margen de la dilación, de los problemas de última hora que siempre aparecen en la UE, de que lo acordado se vaya diluyendo, del Tribunal Constitucional alemán, de las crecientes exigencias para su concesión y demás palos en las ruedas habituales en Europa, han aparecido circunstancias nuevas que deberían impulsar un replanteamiento general. 

Por supuesto, en España el debate ha quedado encajonado en Sánchez, en si los reparte o no correctamente o en si va a poder cumplir las garantías necesarias para su concesión, y en la UE no existe todavía el arrojo suficiente para plantear metas más ambiciosas.

 Pero, mientras tanto, en el mundo están ocurriendo cosas importantes que deberían conseguir que se repensara qué significa el plan y qué objetivos se desean conseguir. 

 Una de ellas, y no es menor, es el plan de infraestructuras que Biden pretende desarrollar en EEUU. Es una gran cantidad de capital, que se añade a la enorme suma ya introducida en su economía, pero que cuenta con elementos totalmente distintos. 

Para empezar, este plan, The American Jobs Plan, está diseñado para apoyar la economía real, para que los empleos se recuperen, para reconstruir unas infraestructuras endebles y para que los recursos disponibles para sus ciudadanos aumenten. Supone, además, una acción decidida desde el Estado, y está previsto que se financie con impuestos, sobre todo de las grandes empresas. 

El plan de Biden contiene un cambio claro de modelo en la medida en que trae al debate las palabras prohibidas: producción, Estado e impuestos.

 Además, se trata de un plan que reenfocará la economía estadounidense sobre sí misma, con el objetivo de fortalecer EEUU internamente y competir con éxito en el nuevo entorno internacional. EEUU quiere dotarse de músculo interior para hacer frente a China, pero también a Europa, que no dejamos de ser rivales comerciales.

 Y el plan supone un paso más en el momento desglobalizador: nos recuerda que estamos en un instante de luchas geopolíticas, en el que EEUU desea aumentar su fuerza, y que obligará al resto del mundo, y particularmente a Europa, a definirse en relación con estas rupturas. (...)

No es un giro decidido hacia la izquierda, no veremos a Biden convertirse en Sanders, pero su plan lleva a la práctica algunas promesas de la izquierda estadounidense. (...)

Veremos en qué para todo esto, cuál es su efecto real, cómo afectan los impuestos a las empresas del Fortune 500 y cómo a las clases medias y trabajadoras, porque ahí estará la prueba definitiva.

En todo caso, este plan surge de la consciencia de que el tipo de sociedad que ha tejido EEUU tiene un sostén complicado, puesto que requiere de mayor cohesión, también en el orden de la reducción de la desigualdad. Una gran potencia dividida solo puede mantener su posición si es hegemónica, y EEUU es la mayor del mundo, pero ya no es la única

En ese orden, su principal problema, como el de Occidente, es el dominio del rentismo financiero, que ha precipitado las grandes diferencias internas y que ha condenado a buena parte de los EEUU a la pérdida en su poder adquisitivo. Biden no trae señales de cambio sustancial en ese aspecto, pero sí parece añadir elementos de equilibrio. 

En fin, por resumir medios y objetivos: Estado, producción, impuestos, fortaleza estratégica y cohesión interna.(...)"                  (Esteban Hernández, El Confidencial, 14/04/21)

6.4.21

James K. Galbraith: el único peligro inflacionario real proviene de quienes avivan las llamas de la guerra contra China... y los problemas de desigualdad y precariedad estadounidenses no son problemas de escasez material, sino de una distribución de la riqueza y el poder inadecuada e insostenible

 "La escala del Plan de Estadounidense de Rescate (PER) del presidente Joe Biden —USD 1 billón este año y USD 900 000 millones más el próximo, junto con la promesa de un programa de infraestructura y energía de USD 3 billones— asustó a muchos macroeconomistas. ¿Se justifican sus temores?

 Podemos desestimar a los economistas de los bancos y del mercado de bonos, quienes ya gritaron que viene el lobo. Hace un año, muchos de ellos advirtieron que el gasto de USD 2,2 billones por la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica por Coronavirus (CARES, por su sigla en inglés) fomentaría la inflación debido a un masivo aumento de la oferta monetaria... no sucedió.

 Entre los críticos destacan neokeynesianos como Lawrence H. Summers, de la Universidad de Harvard, y sus numerosos acólitos. El análisis de Summers es diferente. Fue su tío, Paul Samuelson, quien junto con el futuro colega ganador del premio Nobel, Robert Solow, presentó la curva de Phillips en 1960. (...)

La curva de Phillips se basó en datos británicos de fines del siglo XIX y estadounidenses de posguerra; postulaba una relación inversa entre la inflación y el desempleo: si uno subía, el otro bajaba. Esto es lo que parece incomodar a Summers en la actualidad: los diversos paquetes de rescate y apoyo federal son realmente enormes; tan solo el PER representa aproximadamente el 6 % del PBI. La totalidad del gasto federal es aún mayor y, según una estimación, llega al 13 % del PBI. (...)

Por otra parte, la tasa oficial de desempleo, del 6,2 %, no está tan lejos del 4 %, un nivel que se suele considerar «de pleno empleo».  (...)

Según la lógica tradicional de la curva de Phillips, el nuevo «estímulo» podría reducir la tasa de desempleo hasta el pleno empleo y aumentar la inflación desde el 0,6 % en 2020 hasta al menos el 2 o 3 %.Pero la curva de Phillips no la tuvo fácil desde 1969. Durante unos 25 años a partir de ese momento, el pensamiento económico dominante sostuvo que no se trataba de una curva con pendiente negativa, sino de una línea vertical, al menos «en el largo plazo». 

De ello se deduce que los intentos por reducir el desempleo más allá de una «tasa natural» o «tasa de desempleo no aceleradora de la inflación» (NAIRU, por su sigla en inglés) producirían hiperinflación. Estoy bastante seguro de que Summers tiene más confianza en el capitalismo estadounidense de lo que implica esta concepción, sin embargo, siempre mostró una inclinación por esta melindrosa escuela de pensamiento.

La realidad, por otra parte, arrasó con la curva de Phillips: desde principios de la década de 1980 —e inconfundiblemente desde mediados de la década de 1990 en adelante— no hubo inflación y la reducción del desempleo no tendió a crearla. La relación no tiene pendiente negativa ni es vertical, sino plana. Esto equivale a decir que no existe (si es que alguna vez lo hizo). Señalé esto en 1997, en un artículo titulado «Es hora de abandonar la NAIRU» (en inglés).

 ¿Qué pasó? Podemos resumir la respuesta completamente, o casi, en una sola palabra: China.(...)

 Mientras tanto, todas las fuerzas que impulsaron el alza de los precios para los consumidores estadounidenses después de 1970 —entre ellas, las devaluaciones del dólar, las subas del petróleo y los ajustes en el costo de vida para los trabajadores manufactureros (que se transfirieron a través de precios más elevados)— desaparecieron. Como el pleno empleo nunca fue el culpable, el pleno empleo de fines de la década de 1990 y previo a la pandemia de la COVID-19 no generó inflación. 

Por otra parte, desapareció la tendencia a que las variaciones en el precio del petróleo se transmitan a través de los salarios y otros precios, porque los empleos estadounidenses están ahora principalmente en el sector de servicios, donde el precio del trabajo es lo que uno paga por él.

 ¿Pero no aprovechará China la elevada demanda estadounidense para aumentar los precios? No, porque las empresas chinas temen perder su participación en el mercado ante otros países y porque el espíritu económico chino no prioriza la maximización de beneficios sino la estabilidad social, el crecimiento sostenido de la producción y las reducciones de costos a través del aprendizaje y las nuevas tecnologías. 

(...) el único peligro inflacionario real proviene de quienes avivan las llamas de la guerra contra China. La guerra siempre es inflacionaria y una guerra contra nuestro mayor proveedor de bienes sería una pesadilla inflacionaria. 

Más allá de eso, los hogares estadounidenses no sufren una escasez de teléfonos inteligentes, lavavajillas y calzado deportivo; lo que les falta es confianza y seguridad. Por lo tanto, gran parte del dinero de Biden no irá a China en absoluto sino al ahorro, para cubrir alquileres futuros, hipotecas, servicios públicos y el pago de deudas.Por supuesto, una parte se gastará en servicios que extrañamos durante el año pasado, reviviendo el empleo en esos sectores en alguna medida. 

Una parte irá a al mantenimiento, la reparación o las mejoras de las viviendas (gastos que fueron descuidados cuando la gente temió asumir el costo adicional de un plomero, un electricista o un pintor). Y una parte irá a la construcción de nuevas viviendas, como ya está ocurriendo.

En cuanto al resto, una buena parte irá hacia la compra de acciones, bonos y bienes raíces —especialmente tierras, viviendas suburbanas y refugios en el campo, extremadamente valiosos durante la pandemia—. Será principalmente en esos sectores donde aumentarán los precios, enriqueciendo aún más a quienes ya poseen esos activos. La ya enorme brecha de la riqueza se ampliará. (...)

La lección en términos más amplios es doble: en primer lugar, la macroeconomía neokeynesiana dominante de la década de 1960 no es una guía útil para entender una economía estadounidense completamente enredada con el resto del mundo y modificada en términos fundamentales por el ascenso de China. 

En segundo lugar, los problemas de desigualdad y precariedad estadounidenses no son en realidad problemas de escasez material, sino que reflejan una distribución de la riqueza y el poder inadecuada e insostenible."               (